Maduro no importa

Es simplemente el tonto útil, el títere de quienes realmente mandan en Venezuela

Moisés Naím
 (EL PAÍS, 14/5/2017) Nicolás Maduro no debe seguir siendo presidente de Venezuela.
Es difícil decidir cuál es su peor defecto. ¿Qué es más grave, la cruel indiferencia que muestra ante el sufrimiento de millones de venezolanos o sus brutales conductas dictatoriales? ¿Qué es más indignante, su inmensa ignorancia o verlo bailando en televisión mientras en las calles sus esbirros asesinan a jóvenes indefensos? La lista de fallas es larga y los venezolanos la conocen; 90% de ellos repudian a Maduro. Y no son solo los venezolanos. El resto del mundo también ha descubierto —¡por fin!— su carácter despótico, corrupto e inepto.
Y sin embargo… Maduro no importa. Sacarlo no basta. Él es simplemente el tonto útil, el títere de quienes realmente mandan en Venezuela: los cubanos, los narcotraficantes y los viudos del chavismo. Y, por supuesto, los militares. Tristemente, las fuerzas armadas han sido subyugadas y están al servicio de los verdaderos dueños del país. Así, vemos a diario cómo los uniformados están dispuestos a masacrar a su pueblo con tal de mantener en el poder a la oligarquía criminal que domina Venezuela.
El componente más importante de esta oligarquía es el régimen cubano. Hace tres años escribí: “La ayuda venezolana es indispensable para evitar que la economía cubana colapse. Tener un Gobierno en Caracas que mantenga dicha ayuda es un objetivo vital del Estado cubano. Y Cuba lleva décadas acumulando experiencia, conocimientos y contactos que le permiten operar internacionalmente con gran eficacia y, cuando es necesario, de manera casi invisible”. Es obvio: la prioridad para La Habana es seguir controlando y saqueando Venezuela. Y sabe cómo hacerlo. Los cubanos han perfeccionado las técnicas del Estado policial: la represión constante pero selectiva, la compra de conciencias a través de la extorsión y el soborno, el espionaje y la delación. Pero, sobre todo, el régimen cubano sabe cómo cuidarse de un golpe militar. Esa es la principal amenaza para toda dictadura y, por eso, controlar a las fuerzas armadas es un requisito indispensable para cualquier dictador que se respete. Los cubanos han exportado a Venezuela sus técnicas de control y sus efectos son evidentes: los militares que no simpatizan con el régimen de Chávez y Maduro han sido neutralizados, mientras que quienes lo apoyan se han enriquecido. No es casualidad que en Venezuela haya hoy más generales que en la OTAN o en EE UU. O que muchos altos oficiales estén exiliados, encarcelados o muertos. Por eso la esperanza de que militares patriotas, democráticos y honrados defiendan a la nación y no a quienes la expolian ha sido hasta ahora tan solo eso, una esperanza.
Las fuerzas armadas han sido subyugadas y están al servicio de los verdaderos dueños del país
Pero, además, Cuba se topó en Venezuela con un regalo inédito en los anales de la geopolítica: el presidente de una potencia petrolera, Hugo Chávez, invita a una dictadura en bancarrota a que controle funciones vitales en asuntos de inteligencia, elecciones, economía, política y, por supuesto, vigilancia militar y ciudadana. Hay pocas decisiones importantes del Gobierno de Venezuela que no sean aprobadas, moldeadas u ordenadas furtivamente por el régimen cubano.
O influidas por los narcotraficantes. Ellos constituyen el otro gran poder que hace que Maduro no importe mucho. Venezuela es hoy una de las principales rutas de la droga a EE UU y Europa. Esto significa que hay miles de millones de dólares en juego y que en el país opera una vasta red de personas y organizaciones que controlan ese comercio ilícito y la enorme cantidad de dinero que genera. Según las autoridades estadounidenses, una de esas personas es el vicepresidente Tareck El Aissami, así como un buen número de militares y de familiares y socios de la oligarquía chavista.
Esa oligarquía, formada por los herederos políticos de Chávez, es el tercer gran componente del poder real en Venezuela. Naturalmente, Nicolás Maduro; su esposa, Cilia Flores, y muchos de sus parientes y socios forman parte de esa oligarquía. En esa élite hay diferentes “familias”, “carteles” y grupos que rivalizan por el poder político, por influir en las decisiones del Gobierno y en nombramientos de importancia, así como por el control de mercados ilícitos, del tráfico de personas al contrabando de armas o al lavado de dinero. El contrabando y la comercialización de comida, medicinas y productos de todo tipo así como la especulación con las divisas, con los bonos de la deuda y el negocio de finanzas y seguros son algunas de las muchas otras actividades corruptas con las que se lucra la oligarquía chavista. Y también los cubanos, los militares y sus cómplices civiles. Los tres grupos se entremezclan en negocios, corrupción y ejercicio del poder.
Sacar a Maduro es necesario. Pero no es suficiente. Es indispensable neutralizar a los tres nefastos carteles criminales que realmente mandan en Venezuela. No será fácil. Pero es posible.

VENEZUELA: Un autogolpe de ida y vuelta

El Supremo rectifica y renuncia a atribuirse poderes del Parlamento

Gina Montaner

(EL MUNDO, España, 2/4/2017) Evidente que la situación en Venezuela es muy cambiante y los acontecimientos de las últimas horas ponen de manifiesto las fisuras en el seno del gobierno de Nicolás Maduro.

El pasado miércoles la noticia era un autogolpe fulminante del Poder Judicial sobre el Poder Legislativo, con dos sentencias polémicas del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) que le arrebataban las competencias a la Asamblea Nacional y le otorgaba facultades supraconstitucionales a Maduro. O sea, le pisaban el tubo de oxígeno a los restos de una democracia desguazada.

Sin embargo, después de romper un hilo constitucional que provocó denuncias internacionales y protestas de la oposición en Venezuela, inesperadamente este sábado el TSJ en su página web anunció que se revertían las decisiones que habían atentado contra una Asamblea Nacional cuyo control mayoritario está en manos de la oposición. Veinticuatro horas antes la fiscal general Luis Ortega Díaz había denunciado que las sentencias representaban una clara violación al orden Constitucional. Esa misma noche el propio Maduro convocó una reunión del Consejo de Defensa de la Nación para revisar los contenidos de las polémicas sentencias.

Para desentrañar este comportamiento bipolar del chavismo hay que juntar las piezas de un rompecabezas que apunta a divisiones en el núcleo duro del gobierno. Justo cuando el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA) se acababa de reunir en un pleno extraordinario para discutir la grave crisis institucional y humanitaria que atraviesa Venezuela, el ardid en Caracas de un autogolpe no hizo más que consolidar el clamor internacional y debilitar los argumentos de los aliados de la revolución bolivariana. No tenia sentido hablar de intenciones de una “intervención militar” liderada por Estados Unidos cuando el propio gobierno de Maduro orquestaba un golpe de mando para solidificar una dictadura al estilo totalitario de Cuba.

¿Le convenía a Maduro desenmascararse como el victimario del pueblo venezolano y no como la víctima de una “injerencia” imperialista? Parece que el sucesor de Hugo Chávez no estaba por la labor de unas medidas que, según ha publicado ‘El Nacional de Caracas’, fueron tramadas por el ala más extremista del chavismo, con Diosdado Cabello y Tareck Al Aissami a la cabeza. Aparentemente el presidente estaba más inclinado a enviar un “mensaje duro y contundente” al Parlamento, pero no al extremo de estrangularlo.

Lo cierto es que Cabello, primer vicepresidente del Partido Unidos de Venezuela (PSUV), no perdió tiempo en aplaudir la decisión del TSJ y en su programa semanal ‘Con el mazo dando’ dijo que los representantes de la oposición debían someterse a las nuevas sentencias del máximo tribunal.

En este juego de poderes donde unos y otros mueven hilos, merece la pena resaltar lo que dijo Maduro en la clausura de un evento poco después de las declaraciones de la fiscal general: “No sabía nada del pronunciamiento que iba a hacer la fiscal como no sabía nada de la sentencia n° 156 que emitió la Sala Constitucional”. Lejos de un lenguaje confrontacional, se mostró como alguien ajeno a los insólitos acontecimientos y preocupado por señalar que en Venezuela no hay una dictadura de facto. Poco después escenificó el desmontaje de un autogolpe de ida y vuelta.

Es en este tira y afloja dentro del chavismo donde podría producirse una ruptura que profundice aún más las grietas entre las distintas facciones, sin perder de vista hacia dónde pudieran apuntar las lealtades e intereses de las fuerzas armadas y la policía política que ejercen la represión. Por lo pronto, queda por ver si la fiscal general tomará medidas contra los magistrados que produjeron las controvertidas sentencias. La única manera de que este extraño episodio termine correctamente es si Luisa Ortega Díaz los acusa ante los tribunales por vulnerar el orden democrático. Sólo así Venezuela no caerá en una dictadura definitiva.

Crímenes de lesa humanidad en Cuba

Crean la Comisión Internacional para la Fiscalización de los Crímenes de Lesa Humanidad del Régimen Castrista

(DIARIO DE CUBA, 27/3/2017) Dirigentes políticos y activistas de derechos humanos de diferentes países latinoamericanos dieron a conocer la conformación de una Comisión Internacional para la Fiscalización de los Crímenes de Lesa Humanidad del Régimen Castrista, según informa la web de la Comisión.

Esta iniciativa surge “en el contexto de un aumento significativo de la represión en las últimas semanas en Cuba, con arrestos, requisas y allanamientos de activistas por toda la Isla, pero sobre todo en la zona oriental”.

La Comisión estará encabezada por el abogado y profesor mexicano René Bolio y contará con la participación de la activista de derechos humanos costarricense María de los Milagros Méndez, con el ingeniero y dirigente político peruano Jorge Villena, con el presidente de la Junta Patriótica Dominicana Hipólito Ramírez, con el dirigente político uruguayo Martin Elgue y con el concejal venezolano y líder estudiantil Martín Paz.

“La Comisión se dedicará en su primera etapa a documentar, investigar y organizar el cúmulo de evidencias existentes sobre la más longevas de todas las dictaduras latinoamericanas, un feroz estado totalitario que ha oprimido a su pueblo para perpetuarse en el poder por casi seis décadas, algo incompatible con la misma esencia de los valores de la comunidad internacional”, señaló René Bolio.

“En la segunda etapa, después de quedar plenamente organizado el trabajo de la Comisión, abogaremos a nivel nacional e internacional por la creación de un Tribunal Internacional para Fiscalizar los Crímenes de Lesa Humanidad del Régimen castrista”, agregó.

De acuerdo con Hipólito Ramírez, “el trabajo de esta Comisión debe servir de claro aviso a los militares cubanos de que no participen en la represión, de que no apoyen a los que dan órdenes inmorales”.

“Quisiera dedicar el trabajo de esta Comisión al joven Mario Manuel de la Peña, piloto voluntario de Hermanos al Rescate que fue asesinado con otros tres compañeros el 24 de febrero de 1996 por el régimen castrista.  Es más, propondré que la Comisión Fiscalizadora lleve su nombre”, añadió Ramírez.

Por su parte, María de los Milagros Méndez precisó que pretenden “organizar audiencias públicas en diferentes capitales sobre lo acontecido en materia de violación de los derechos humanos en Cuba durante los últimos 57 años”.

“Creo que los militares cubanos tienen que decidir entre perpetuar la represión o dar paso a una transición pacífica a la democracia y la justicia”, añadió.

Asimismo señalaron que contactarán con los representantes de la sociedad civil cubana tanto dentro como fuera de la Isla.

Los integrantes de la Comisión anunciaron que próximamente celebrarán una rueda de prensa donde especificarán detalladamente los pormenores del trabajo futuro de la Comisión.

En internet ya se encuentra disponible el sitio para la Comisión.

En el Día de los Padres

 

MDM foto papá y mamá

Mi madre, mi padre y yo. Parque Central, La Habana. 1939.

Mi padre, Juan Manuel Díaz Bello, nació en el poblado de La Isabel, en la provincia cubana de Matanzas, el 8 de marzo de 1909. Murió, con 92 años,  en Las Palmas de Gran Canaria. O sea, a mi lado en el exilio. En su juventud fue aprendiz de repostero en un café de Jovellanos y obrero en ingenios de azúcar. Después se dedicó al comercio de víveres en la ciudad de Santa Clara, donde nací.  Un día de 1939, con su mujer, su hijo y sus ahorros, se mudó a La Habana. Trabajó sin descanso en las bodegas que fue abriendo y cerrando por casi todos los barrios de la capital, hasta la ruina absoluta. Probó suerte fabricando tabacos en un chinchal que montó en La Habana Vieja. Su mejor cliente era un americano llamado Ernest Hemingway. Los sábados, casi siempre conmigo, iba a la finca del americano a llevarle los tabacos, que debían ser de capa clara y no debían tener anillas. Como a mi madre, lo atrajo la política. Fue guiterista y militó en la Joven Cuba y en el partido de Chibás. Durante la tiranía batistiana leyó libros de Lenin que le prestaron compañeros de trabajo. Con la revolución de Castro se afilió al Partido Comunista, y como miliciano combatió en Playa Girón. Cuando me castigaron por firmar la Carta de los Diez, ya se había esfumado su fe revolucionaria y, con su honestidad característica, devolvió el carnet del Partido. Lo devolvió exponiendo sus duras razones en una carta que pudo traerle malas consecuencias de no haber sido ya un pobre viejo jubilado. Hasta su último aliento se mantuvo fiel a una máxima que le gustaba repetir: los problemas existen para resolverlos. Se pasó la vida resolviendo problemas a los demás, y no conozco ninguno que él creara. Su bonhomía, su acogedora serenidad, su sentido dele humor y su natural desdén por lo superfluo lo premiaron, creo, con la larga vida que disfrutó. Hombre muy inteligente, siempre quiso saber. Aunque sus estudios se reducían a la cartilla y las cuatro reglas, tras jubilarse se dedicó, lupa en mano, a devorar libros. Paradiso, de Lezama, está entre los últimos que leyó en Canarias. Sin duda, Don Manuel, Manolo, fue mi mejor amigo y maestro de vida.

Punto de vista

Hace unos días, el eurodiputado polaco Janusz Korwin-Mikke sumió en el desasosiego al Parlamento Europeo con la siguiente reflexión: “¿Sabe usted qué puesto ocupaban las mujeres en las Olimpiadas griegas? La primera mujer, ya se lo digo yo, ocupó el puesto 800. ¿Sabe usted cuántas mujeres hay entre los primeros cien jugadores de ajedrez? Se lo diré: ninguna. Por supuesto que las mujeres deben ganar menos que los hombres porque son más débiles, más pequeñas, menos inteligentes”. Al recibir el impacto de tan documentada gilipollez, me vinieron a la mente los nombres de dos paisanas del señor diputado: Maria Skłodowska-Curie, Premio Nobel de Química en 1911, y Wisława Szymborska, Premio Nobel de Literatura en 1996.

Muere Tzvetan Tódorov

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Ayer, en París, a la edad de 77 años, nos abandonó Tzvetan Tódorov, testigo insomne de ese siglo exasperado que fue el XX, así como de la confusión con que ha iniciado su andadura el que ahora padecemos. Búlgaro de nacimiento, vivió en su rincón balcánico la experiencia del totalitarismo comunista, y, refugiado en Francia, empleó la libertad para exponer esa experiencia con lucidez y erudición implacables. El último libro de Tódorov que leí es EL HOMBRE DESPLAZADO (1996), suerte de vademécum de sus vivencias y reflexiones. A este libro pertenecen los siguientes párrafos:
“La unánime condena que suscita hoy el totalitarismo puede erigirse en un obstáculo para su comprensión. El habitante de una democracia occidental querría creer que el totalitarismo es enteramente extraño a las aspiraciones humanas normales. Pues bien, si así fuera, el totalitarismo no se habría mantenido durante tanto tiempo, ni habría arrastrado tras de sí a tantos individuos. Es, por el contrario, una maquinaria de temible eficacia. La ideología comunista propone la imagen de una sociedad mejor y nos incita a aspirar a ella, pues el deseo de transformar el mundo en nombre de un ideal es parte integrante de la identidad humana. Al mismo tiempo, reina en esta sociedad la ley de la supervivencia del más apto, y el goce del poder se afirma en ella como verdad última de la condición humana. Los valores de la “vida” encuentran también aquí su confirmación. Dicho de otro modo, ideología y sociedad se prestan ayuda recíproca, y el individuo se desquita en una de todas las decepciones que haya sentido a causa de la otra.
Además, la sociedad comunista priva al individuo de sus responsabilidades: siempre son “ellos” los que deciden. Ahora bien, la responsabilidad es un fardo a menudo difícil de llevar. ¿No soñamos todos secretamente, en algunos momentos, en volver a ser niños y dejar a los padres el cuidado de tomar las decisiones? La felicidad del prisionero y la angustia del que recobra la libertad no son invenciones arbitrarias. La atracción por el sistema totalitario, seguida inconscientemente por numerosos individuos, proviene de un cierto miedo a la libertad y a la responsabilidad. Ello explica la popularidad de todos los regímenes totalitarios (es la tesis de Erich Fromm en EL MIEDO A LA LIBERTAD). Existe una “servidumbre voluntaria”, decía ya La Boétie. El “homo sovieticus” se identificaba automáticamente con lo que afirmaba la autoridad y eso le tranquilizaba. Pero ningún otro “homo” ignora del todo esa tentación. Por eso es por lo que había desconcertante en la expresión “Imperio del Mal” aplicado a la URSS, aun cuando, comparado a la democracia, el totalitarismo sea indiscutiblemente un mal. Tal expresión permitiría identificar el Mal con un lugar y con un régimen, como su fuera enteramente extraño a “nosotros”, encarnación confortable de Bien. Del mismo modo que no está encerrado en el diablo, el Mal no es la propiedad exclusiva de ningún imperio.”

Recordando a Félix Grande

MDM Grande Branly

De izquierda a derecha: Manuel Díaz Martínez, Félix Grande y Roberto Branly. Hotel Habana Libre, La Habana, 1967. (Archivo: MDM)

Ayer se cumplieron tres años del fallecimiento de Félix Grande, un gran poeta de la generación española del 50, además de noble persona y entrañable amigo. Había nacido en la extremeña Mérida en 1937 Entre los numerosos e importantes premios que obtuvo figura uno cubano, el Casa de las Américas de 1967, otorgado a su libro BLANCO SPIRITUALS. Félix y yo nos conocimos en La Habana, cuando él fue a recibir su premio. La foto que publico aquí fue tomada en aquella ocasión. En ella aparece el poeta Roberto Branly, miembro, como yo, de la generación cubana del 50, otro de mis amigos inolvidables.