El gobierno omnisciente

Teódulo López Meléndez, Caracas.

teodulo1La legitimidad surge del acto electoral, la confianza proviene del convencimiento moral de que un gobierno busca el bien común. Sin confianza no hay estabilidad. Una mayoría electoral no es equivalente a una mayoría social. El voto es una preferencia, la confianza una sensación convincente de pertenencia. Frente a las exigencias sociales no puede producirse una reacción populista reactiva. Hay que partir de una programación de ejecución gradual, consistente y constante. Quiere decir, una acción incesante sobre las situaciones. Las mayorías electorales son una suma de votos. Las mayorías sociales son una suma que se llama pertenencia. La esencia de las democracias del siglo XXI no es tanto el derecho al voto y a elegir sino la opinión que las sociedades tienen de su gobierno.

La verdadera revolución es la voz moral. El populismo es una asunción de un modo radical para lograr la homogeneidad sobre lo imaginario. La posibilidad de un gobierno omnisciente no cabe en el siglo XXI. Muchos políticos creen que entienden a la gente cuando ofrecen soluciones concretas a los problemas concretos. El verdadero político es el que hace el mundo inteligible para el pueblo, esto es, el que le suministra las herramientas para actuar con eficacia sobre lo ya entendido. El populismo no se combate con populismo. El populismo debe ser combatido con la siembra de la comprensión llevada al grado de un estado de alerta.

La legitimidad electoral y la legitimidad social pueden contrastarse o encontrarse. La manera de encontrar la segunda excede al simple hecho de buscar el voto en una campaña electoral plena de promesas, generalmente demagógicas. Buscando la segunda suele encontrarse la primera. El planteamiento inteligible que produce efectos previos mejora notablemente la capacidad de escogencia. Las campañas electorales son la culminación de un proceso en donde el individuo manifiesta una preferencia. La masificada propaganda en nada podría modificar una asunción previa ganada en una democracia de cercanía generada por los líderes verdaderos que en ese proceso electoral buscan la voluntad mayoritaria del pueblo.

No se puede combatir demagogia con demagogia. El proceso de crear lucidez y pertenencia es ajeno a las palabras altisonantes y mentirosas. El proceso de repetición demagógica por parte de dos o más adversarios en una contienda por el voto conduce a soliviantar un individualismo feroz que se traduce en apostar a la mayor oferta engañosa. El vencedor, naturalmente, será el que ejerce el poder –si el caso es de una reelección– o, si se ha cumplido con la tarea pedagógica, el que ha hecho una obra previa de configuración de cuerpo sobre el que limita su acción a la campaña electoral misma.

En la democracia contemporánea se ha perdido el sentido de pertenencia, sustituida por el fervor de la antipolítica. Frente a un poder sobre el cual no se tiene control social, en cualquier país –especialmente de América Latina–, uno escucha a la población desguarnecida repetir “todos son iguales”. Uno de los dramas de nuestro continente es el abandono de la seriedad pedagógica, de la proximidad a los ciudadanos, quienes son, en primer lugar, seres pensantes, para ser, en segundo plano, sólo en segundo plano, electores. En el fondo, cuando hablo de la necesidad de una democracia del siglo XXI, estoy pensando en varias democracias que pueden convivir o enfrentarse. Se debe a que han aparecido las instituciones invisibles, una de las cuales es la confianza y otras que deben reaparecer, como el concepto de ciudadanía –sólo visible a mediano plazo– y de ejercicio diario de la política, condenada por los manipuladores de todos los bandos sólo a época electoral. Casi instintivamente se generan los contrapoderes no visibles, pero que van creciendo imperceptiblemente hasta el momento en que hacen erupción sin previo aviso. Son, estos últimos, una reacción generada contra el virus de la política prostituida, de la demagogia y del populismo.

Comencé por decir que mayoría electoral no es mayoría social por acto automático. Comencé por decir que legitimidad no es confianza. Hay que aprender que la segunda debe ganarse cada día. Si seguimos con esta plaga de activistas de la política, mentirosos y demagogos, se mantendrá el punto en que la gente va a preferir a quien menor desconfianza le produce, pues ninguno le produce confianza. Así la legitimidad del poder y la legitimidad del ejercicio democrático estarán afincadas sobre un barro extremadamente frágil y, lo más grave, la democracia se derrumbará por efecto directo de todos, de los que ejercen el poder y de quienes pretenden sustituirlo, de los demagogos multiplicados, obligando al poder al ejercicio de la fuerza para atender compulsivamente las exigencias sociales. Terminará así la era de las elecciones y de la libertad, terminará así la democracia, matada en una acción conjunta por quienes no entendieron de la existencia de instituciones invisibles y de la necesidad de hacerle comprender el mundo al pueblo, de hacérselo inteligible, de hacerlo producir una acción consecuencial de posesión de los instrumentos para cambiar el entorno, de los cuales el principal es la conciencia.

Recordando a don Antonio Machado (1875-1939), a los 70 años de su muerte

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NOTAS SOBRE EL MAGISTERIO DE ANTONIO MACHADO

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manolo-foto1¿Pretendió Antonio Machado ejercer un magisterio? Inventó dos agudos profesores: Martín, Mairena. Dejó a medio inventar otro: Meneses. Mediante ellos, con ademán casi siempre sentencioso, risueñamente irónico a veces, dictó su poética, su preceptiva y su filosofía de la filosofía y de la vida. Es de suponer, pues, que Machado tuvo pretensiones de magíster. Pretensiones, diríase, vergonzantes: pareciera que con sus heterónimos hubiese resuelto la contradicción entre su inoportuna modestia y la compulsiva viveza de su intelecto. No obstante, si tomamos en cuenta su temperamento, sabiduría y lucidez, y otra vez su temperamento, lo sensato es suponer que Machado no aspiró a ser maestro de nada ni de nadie, y mucho menos de poetas, que implica serlo de poesía —pretensión chueca, como se sabe—. Algunas cosas dijo, además, que parecen negar en él toda voluntad de magisterio. En sus “Notas sobre poesía” se apresuró a subrayar, en referencia a sus propios criterios acerca de la lírica: “No soy lo que se llama un convencido. No aspiro demasiado —tampoco— a convencer…” Y en su carta a Ernesto Giménez Caballero, después de dirigir serias advertencias a los poetas españoles que eran jóvenes en 1929, seguidores de corrientes, modos y modas de los que él discrepaba, concluyó diciendo: “Pero mejor harán en seguirse a sí mismos, no tomando nuestra crítica demasiado en serio. Es casi seguro que lo mejor de estos nuevos poetas ha de ser aquello que a nosotros nos disguste más en su obra. Nuestro elogio, como nuestra censura, puede ser desorientador y descaminante”. Como Machado era un excelente maestro, sólo se permitió aconsejarles “un poco de severidad para sí mismos” y “más orgullo, menos docilidad a la moda y, en suma, más originalidad”.

Pero el hecho de que Machado no se propusiera ser mentor de nadie no impidió que ejerciera un doble magisterio: ético y estético. Ese magisterio suyo está dado fatalmente por una ley de la vida espiritual que las miserias del mundo no han podido abolir, gracias a la cual no quedan nunca sin resonancia ni la poesía genuina ni el raro ejemplo de la honestidad.

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La imagen de Machado que nos han ofrecido quienes lo conocieron es punto menos que la de un santo. Quienes no lo conocieron la han venido reproduciendo como quien copia un pergamino. De “santo poeta” lo califica sin reparos Rafael Alberti en La arboleda perdida. Para Rubén Darío era “un hombre de buena fe”. El propio Machado se ve a sí mismo como un hombre, “en el buen sentido de la palabra, bueno”. Añadirá también: “Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido”. Y todo parece indicar que, efectivamente, era así. Se siente en su escritura —espada que él prefería “famosa por la mano viril que la blandiera” y “no por el docto oficio del forjador preciada”— la nobleza de un espíritu transparente y grave. Esa nobleza espejea también en su conducta ante los trágicos conflictos sociales y políticos que agitaron su tiempo, dentro y fuera de España. Tanto ha sido el afán sacralizador con que se ha esculpido la figura de Machado, que, en respuesta al uso y abuso que de esta laica beatería se ha hecho en beneficio de ciertos extremismos de estética política o de política estética, Jorge Guillén ironizó: “Ante todo predomina el mito de un San Antonio de Collioure, que ayuda a encontrar, paralelo al de Padua, la inspiración perdida”.

Lo de “santo poeta” dicho por Alberti en sus memorias es una hipérbole elocuente del respeto que sintieron por Machado, ante todo por el de la postura cívica, sus contemporáneos, muy especialmente los más jóvenes, y que involucró en su forma extrema a tres generaciones de poetas españoles: las llamadas del 27, del 36 y del 50.

Si volvemos la vista a la España de los años 20 y 30 y fijamos la atención en sus pulsaciones políticas y culturales, no nos será difícil comprender por qué la actitud cívica de Machado tuvo acogida fervorosa en la Generación del 27. La dictadura de Primo de Rivera, el crecimiento de la ola fascista, el caciquismo de cuño medieval y el enorme peso del viejo conservadurismo español en gran parte de la vida cultural del país habían provocado una vigorosa reacción subversiva en los estamentos jóvenes de la intelectualidad. Un síntoma de esa reacción fue, por ejemplo, la revista Octubre —nombre de por sí elocuente—, editada en Madrid por Rafael Alberti y María Teresa León. Un Cernuda jacobino publicó en esa revista, en 1933, un panfleto en el que proclamaba: “Es necesario acabar, destruir la sociedad caduca en que la vida actual se debate aprisionada. Esta sociedad chupa, agosta, destruye las energías jóvenes que ahora surgen a la luz”. En aquellos días tumultuosos y cargados de presagios, Federico García Lorca provocaba a sus futuros asesinos hablando ante multitudes en defensa de la URSS y de dirigentes comunistas perseguidos.

Machado se había situado en lo que podría llamarse el ala izquierda de la Generación del 98, junto a Unamuno, Valle-Inclán, Baroja —cada uno con su dosis, mayor o menor, de ochocientos, es decir, de romanticismo. Pero, de todos ellos, fue el que tuvo una visión más realista y moderna —lo que equivale a decir menos quimérica o quijotesca— de los problemas nacionales e internacionales de su momento. Fue, asimismo, el que evolucionó hacia posiciones más audaces, llegando incluso a aceptar, sin ser marxista, el socialismo “como una etapa inexcusable en el camino de la justicia” y como “la gran experiencia humana de nuestros días, al que todos de algún modo debemos contribuir”. Machado, por lo mismo, estaba apto para que la intelectualidad del 27, que por ser mayoritariamente de izquierda o izquierdizante pensaba en una frecuencia ideológica semejante a la suya, pudiese sintonizar con él. Mediante esa sintonía se canalizó el respeto que los del 27 le profesaron, y pudo ejercer el gran poeta su impremeditado magisterio cívico sobre aquellos jóvenes de alguna manera removidos y conmovidos, al igual que él, por los vientos, entonces promisorios, que soplaban de la reciente Rusia bolchevique.

La iluminadora repercusión cívica de Machado en los poetas y prosistas españoles surgidos en el período inmediatamente anterior a la Guerra Civil se siente en lo que Cernuda nos dice sobre el inventor de Abel Martín y Juan de Mairena: “Quien esto escribe”, dice Cernuda, “recuerda que, al aparecer en revista los primeros comentarios de Abel Martín y las primeras notas de Juan de Mairena, allá por 1925, oyó decir a aquel pobre Benjamín Jarnés, en la tertulia de la Revista de Occidente: ¿Para qué publica Machado esas notas en prosa, que no tienen interés alguno? En dichas notas hacía entonces Machado, sin que nadie se apercibiera, el comentario más agudo de la época; si las comparamos con los libros en que Ortega y Gasset, por las mismas fechas, pretendía diagnosticar el presente y vislumbrar el futuro inmediato, se comprenderá cuál de los dos veía mejor y más claro”.

Pero el de Machado, como casi todos los magisterios cívicos —pues así lo exige la incredulidad o la indiferencia de los hombres—, necesitaba una prueba de fuego para alcanzar la plenitud, para ser creído, para ser genitor. La tuvo, y tuvo también un holocausto. Todo comenzó en julio del 36. Fue en el ámbito de estruendo, furia, delito y heroísmo de la Guerra Civil donde Machado, ese hombre que Darío vio “misterioso y silencioso” y que nos pintan meditabundo y apartadizo, dictó su más elocuente y conmovedora lección de civismo, patético corolario de su ética y su poética. Esa lección habría de rubricarla Machado con su muerte —estoica, dignísima, en consonancia con su vida— en un exilio que su amor a la “España de la rabia y de la idea” le escogió y al que fue empujado por la “España inferior que ora y embiste”. Su alineación con la fe democrática que teóricamente representaba la República, su repudio a la guerra civil y el sacrificio personal con que abonó su apoyo a la causa republicana hicieron que Machado se irguiera, como paradigma moral, ante los ojos de la juventud más avanzada de su país, en los espantosos días de la contienda fratricida y después de la victoria franquista. Es Machado la única figura del 98 que se incorpora al panteón de los grandes poetas mártires del antifascismo, junto a Federico García Lorca y Miguel Hernández.

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Con razón se ha dicho que el Machado que mayor estima halló en los hombres de la Generación del 27 es el de la reflexión y la probidad, fundamentalmente el de lo que Cernuda llamó “la crítica nacional”. En lo tocante a poética y poesía, Machado no despertaba, en sus colegas jóvenes, lo que se llama una devoción. “La poesía de Antonio Machado nos gustaba mucho —nada más—”, ha dicho Jorge Guillén. La estética del maestro, que no era “la del nuevo gay trinar”, iba por rumbo diferente al de los gustos y tendencias de la época (gongorismo, poesía pura, experimentación vanguardista).

No debe sorprendernos que el Machado poeta que más atrajera a los nuevos de entonces no fuese el de Campos de Castilla, libro de “la palabra en el tiempo” (que sería el preferido de los poetas “sociales” del 36 y el 50), sino el de Soledades, Galerías y Otros poemas, libro de “lo humano esencial”. El testimonio de Guillén es revelador: “Durante aquellos años se leía y admiraba al Machado total, al de las Soledades tanto o más que al de Campos de Castilla”. Sin embargo, teniendo a la vista la poesía de Pedro Salinas, de Alberti, de Manuel Antolaguirre, incluso la de Dámaso Alonso, me parece que la mirada del 27 sobre la lírica machadiana en general tuvo consecuencias que sobrepasaron la natural admiración que despertaba Machado. Para Cernuda era evidente que éste había influido en los del 27 “de un modo no por difuso menos cierto”.

Creo que una de las enseñanzas de Machado que los del 27, y asimismo los del 36 y el 50, asimilaron mejor —a su manera, como debe ser— fue la de poner ojos y oído en la poesía de cepa popular, ésa que, habiendo sido consagrada por el genio y el ingenio colectivos, resulta un confiable espejo espiritual de la nación. Esta enseñanza, que Machado tomó a su vez de Santillana, Manrique y los románticos (pienso sobre todo en Bécquer y Rosalía de Castro) ha sido cara, siglo tras siglo, a casi todos los grandes líricos de la Península. Y en este punto me parece oportuno subrayar que uno de los aciertos en que descansa el magisterio poético de Machado, quizás su legado más precioso en lo que a continuidad de la lírica española se refiere, es el de haber conducido determinados valores de la tradición popular (la apretada sabiduría de la copla, la capacidad narrativa del romance, la vibración del claroscuro del mejor romanticismo) a una nueva plenitud, concebida y conseguida en los términos de la sentimentalidad moderna.

Machado ha aportado también a la poesía de nuestro idioma una concepción vital del paisaje. En él, el paisaje no es el escenario donde acontecen historias, ni es un simple efecto decorativo para ambientar confidencias y complicidades del corazón. En Machado, el paisaje es tiempo y, por lo tanto, experiencia y memoria: historia. De ahí que, en su poesía, el paisaje no sea contemplado o recordado por mero placer visual; de ahí que jamás sea un telón de fondo, sino metáfora, referencia poética, factor dinámico en el diálogo del poeta con su contemporaneidad (“la poesía es el diálogo del hombre, de un hombre con su tiempo”): ese diálogo en que, según la poética machadiana, el creador intenta acceder al “tú esencial” a partir del “yo fundamental”.

Este conato de tránsito al “tú esencial” desde el “yo fundamental” es el eje de la proposición poética de Machado; tránsito emprendido a partir de la huella que la circunstancia —la experiencia en el tiempo— imprime en el poeta y que éste intenta comunicarnos “escogiendo entre las voces una”, la suya, la más íntimamente suya, la de la universalidad yacente en la indivisible unicidad que él es. En el prólogo a las Soledades, un Machado joven, pero ya muy maduro, dirá: “Pensaba yo que el elemento poético no era la palabra por su valor fónico, ni el color, ni la línea, ni un complejo de sensación, sino una honda palpitación de espíritu; lo que pone el alma, si es que algo pone, o lo que dice, si es que algo dice, con voz propia, en respuesta animada al contacto del mundo. Y aun pensaba que el hombre puede sorprender algunas palabras de un íntimo monólogo, distinguiendo la voz viva de los ecos inertes”.

En nuestros días, Machado no es ya el dios tutelar que nos fue presentado durante el apogeo de la “poesía social”, allá en los años de la posguerra española. Otros poetas —Juan Ramón, Cernuda, Aleixandre— ocuparon su sitio cuando nuevas proyecciones de la lírica lo determinaron así. Pero pensar que la hora de Machado pasó es una superficialidad. ¿Pasó ya la hora de Quevedo, de Tiziano, de Mozart? Suponer que una obra esencial como la suya es efímera o que puede ser acallada por las tendencias sucesivas es descreer de la poesía. No hay un gran poeta, y Machado lo es, que no sea al mismo tiempo un hombre de su época y un huésped permanente de la actualidad.

Para una parte considerable de los poetas cubanos, sobre todo desde la década de los 50, Machado se convirtió en un modelo entrañable. No padeció don Antonio, en Cuba, la mutilación que le infligió la lectura demasiado tendenciosa que de su obra hicieron en España los cultores de la “poesía social” —lectura, en definitiva, comprensible en las circunstancias de la encarnizada lucha ideológica contra el franquismo—. También ese tipo de lectura se hizo en Cuba, pero sin bruscos desbalances en el aprecio de las diferentes zonas de la obra machadiana.

(Texto leído en la Universidad de Turín, en febrero de 1990, en el Congreso Internacional Antonio Machado ante Europa, e incluido en mi libro Oficio de opinar, Valencia, España, Editorial Aduana Vieja, 2008.)

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Manuscrito de Machado perteneciente al libro "Campos de Castilla".

PARA DON ANTONIO MACHADO

Don Antonio, es catorce de febrero
y está usted en el fondo de la tierra.
Arriba, los alcores, el otero,
los grises encinares de la sierra,

las hileras de chopos junto al Duero,
el golpe de otra azada que se entierra,
el pardo ruiseñor, el limonero,
los ya verdes caminos de la guerra

y los jadeos de este terco mundo
que levanta la luz de un nuevo día
sobre la turbia mole de su historia.

Don Antonio, cantor meditabundo,
no puede usted saber cuánto daría
por saberlo otra vez soñando en Soria.

MDM  (Febrero, 1975)

Callejón del Gato

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Serafín el Bonito: El ministro de Justicia, Fernández Bermejo, ha dimitido.

Zaratustra: ¡Se jodieron los animales del bosque!

Don Latino: Sí, el señor tendrá ahora más tiempo para divertirse con su escopeta y su perro.

Max Estrella

Llama el Movimiento Cristiano Liberación al Diálogo Nacional “Todos Cubanos”

La expresión Todos Cubanos proclama que todos los hijos de este pueblo y sus descendientes, vivan dentro o fuera de Cuba, somos cubanos y somos hermanos y todos debemos poder vivir con libertad, con todos los derechos y fraternalmente, en esta tierra hermosa que Dios nos dio, construyendo una sociedad cada vez mas libre, mas humana y mas justa y abriéndonos a toda la humanidad, a todos los pueblos de todas las razas y culturas como la gran familia de la que formamos parte.

El pueblo de Cuba amanece a la nueva aurora de este año 2009, en silencio, sin hablar sobre su futuro, pero deseando que sea el comienzo de una nueva etapa en su historia.

La esperanza está en la buena voluntad de todos los cubanos, porque quieren y ya humanamente procuran, la reconciliación. Este es el signo de que el amor entre cubanos y a la Patria se impone sobre los prejuicios sobre el futuro y los juicios sobre el pasado. Las experiencias diversas vividas por cada cubano y por cada familia, no se pueden y no se deben ocultar, pero estas experiencias no deben enfrentarnos. Si no podemos ahora, ponernos de acuerdo sobre el pasado, sí tenemos la responsabilidad de ponernos de acuerdo sobre el futuro. Y el futuro comienza ahora.

No renunciar a nuestros sueños, sino despertar para hacerlos realidad, todos unidos.

Y el mundo se está abriendo a Cuba y Cuba se está abriendo al mundo, pero la primera justicia es que Cuba se abra para los propios cubanos.

La liberación de los encarcelados en Cuba por motivos políticos será el comienzo de esa justicia para todo el pueblo.

Sólo reconociéndonos como hermanos, hijos de un mismo pueblo, podemos edificar por nosotros mismos, esta nueva etapa de nuestra historia y entregarles a nuestros hijos, a los jóvenes y niños su propio tiempo, en un país libre y en paz y en una sociedad sin odios, ni miedos, ni discriminaciones de ningún tipo. Pero los jóvenes no deben ser espectadores, sino que están llamados a ser protagonistas, no los únicos, pero sÍ los más dinámicos, creativos, audaces y generosos de este proceso de diálogo al que llamamos Todos Cubanos.

Este Diálogo Nacional será un camino bueno para todos los cubanos y trabajaremos con transparencia y lealtad para lograr su realización, sin excluir a ningún cubano que quiera participar en este proceso pacífico y reconciliador por los cambios que el pueblo quiere y necesita. El resultado de este diálogo serán los derechos y el bienestar para todos, inclusive para los que no quieran participar o rechacen el diálogo. Será un gran bien para el pueblo si el gobierno acepta e impulsa este diálogo y participa. Las autoridades deben poner en función de este proceso todos los recursos, medios de difusión y espacios que pertenecen al pueblo para que todos puedan expresarse libremente.

Lograr este diálogo y que produzca los frutos esperados también es responsabilidad de todos los que formamos la oposición democrática pacífica dentro y fuera de Cuba y de todos los cubanos, sin exclusiones, que tengan la voluntad de trabajar en lo adelante en este proceso pacifico y cívico.

Debemos recordar que los derechos de los cubanos no pueden depender de la realización de este diálogo, ni ser decididos en este. Los cubanos tenemos derecho a los derechos porque somos seres humanos, hijos de Dios todos, y por eso tenemos una dignidad y libertad que nadie puede quitarnos ni darnos. Por eso debe continuar y continuará la campaña del Proyecto Varela en la que los protagonistas son los propios ciudadanos y demandan que en las leyes y en la práctica se garanticen los derechos fundamentales. El Proyecto Varela no es el único camino, ya que el Diálogo Nacional y otras vías pacíficas, pueden lograr los mismos objetivos. Pero la campaña del Proyecto Varela continuará mientras no se logren sus demandas. Esto es indeclinable, porque los derechos de los cubanos no son negociables.

Para hacer realidad este diálogo es necesario el encuentro personal. Por eso debemos tener encuentros entre los miembros de la oposición democrática y también debemos encontrarnos con representantes del gobierno.

LLAMAMIENTO AL DIÁLOGO NACIONAL

  • Llamamos al Gobierno cubano y a los representantes de la oposición democrática a organizar juntos y realizar un diálogo para abrir el proceso de cambios pacíficos en las sociedad cubana. La meta principal de este diálogo será garantizar en la ley y en la práctica el ejercicio de los derechos políticos y civiles de los ciudadanos y los demás derechos humanos y la participación democrática, en ese proceso de cambios, de todos los cubanos, en un ambiente de libertad y reconciliación. La etapa de diálogo entre el gobierno y la oposición democrática, que es una parte del Diálogo Nacional, sólo será posible después de la liberación de los que permanecen encarcelados en Cuba por motivos políticos.
  • Llamamos a todos los miembros de la oposición democrática pacífica dentro y fuera de Cuba a que concertemos una base común y designemos una representación que pueda presentar al gobierno, a toda la sociedad civil y al pueblo de Cuba sus propuestas para este diálogo.
  • Llamamos a todos los cubanos, que viven dentro y fuera de Cuba a que apoyen e impulsen este proceso de diálogo y a que participen con pleno derecho y responsabilidad.
  • Llamamos a todas las iglesias, a sus Obispos, pastores, sacerdotes, religiosas, religiosos y laicos y a todos los miembros de organizaciones fraternales, asociaciones y organizaciones sociales y a todos los miembros de la sociedad civil a que participen en este Diálogo Nacional, lo apoyen, lo promuevan con su expresión pública y a que ofrezcan su cooperación para facilitar su realización.
  • Llamamos a todos los gobiernos instituciones y ciudadanos del mundo a que apoyen al pueblo cubano en este proceso de diálogo que busca darle la voz al propio pueblo. Esa es la solidaridad que necesita Cuba ahora y será la mejor muestra de respeto al derecho de autodeterminación de los cubanos.

LÍNEAS DE ORIENTACIÓN PARA EL DIÁLOGO NACIONAL

Para la realización de este Diálogo Nacional proponemos las siguientes Líneas de Orientación.

I.- El espíritu del diálogo:

Abrir los corazones y las mentes movidos por el amor a la Patria y reconocernos como hermanos. El diálogo no es para una distribución del poder, ni para negociar posiciones, sino para servir al pueblo sembrando el perdón y la reconciliación entre cubanos y trabajando juntos por un futuro mejor. Todos tenemos la responsabilidad de escuchar a los demás y el derecho de ser escuchados y tomados en cuenta. Todos los cubanos, vivan dentro de Cuba o en el exterior, como un solo pueblo, sin exclusiones, pueden participar con plenos derechos en este proceso pacífico y por la paz, por la libertad y los derechos, con todos y para el bien de todos. Somos los cubanos los protagonistas de nuestra propia historia y los únicos que podemos diseñar y protagonizar nuestro proyecto nacional en nuestra Patria soberana e independiente. La etapa de este Diálogo Nacional en la que trabajaran juntos representantes del Gobierno y la Asamblea Nacional del Poder Popular con representantes de la oposición democrática sólo comenzaría si antes son liberados todos los que están encarcelados en Cuba por motivos políticos.

II.- Los Objetivos del Diálogo Nacional:

1. Lograr la meta principal definida en este Llamamiento al Diálogo Nacional. Darle al pueblo lo que es del pueblo. Trabajar juntos el gobierno, la oposición democrática pacífica y otros miembros de la sociedad civil y todos los cubanos, sin ruptura del orden, ni de la institucionalidad, para echar a andar un proceso en el que se puedan transformar, rápidamente, las leyes para que estas garanticen el ejercicio de todos los derechos civiles y políticos, entre estos la libertad de expresión y la libertad asociación con respeto al pluralismo. También para garantizar el derecho de todos los cubanos a viajar libremente desde y hacia Cuba, vivan dentro o fuera del país.

2. Presentar para su aprobación en la Asamblea Nacional del Poder Popular una nueva ley electoral y la recomendación de una Comisión Electoral, para que entonces se convoquen a nuevas elecciones libres y democráticas. De tal manera que los cubanos, ejerciendo plenamente sus derechos a través de sus nuevos representantes, participando en el dialogo nacional o por otras vías cívicas, puedan definir y decidir soberanamente sobre todos los cambios en las leyes y en la Constitución y diseñar y realizar el proyecto nacional para la nueva etapa de nuestra historia.

3. Propiciar un ambiente y un marco legal de respeto a la pluralidad, de paz, de orden, de participación ciudadana y reconciliación entre los cubanos superando rencores, miedos, exclusiones y fomentado la confianza sobre la base de la buena voluntad.

III. Método de Trabajo

-Un Equipo Gestor Inicial formado por algunos miembros de la oposición democrática y de otros miembros de la sociedad civil, realizará los contactos para lograr la participación más amplia de este sector y de otras componentes de la sociedad civil que quieran trabajar en el diálogo para logar la meta inicial proclamada en el Llamamiento al Dialogo Nacional. Este quipo propondrá una metodología de participación para definir las propuestas básicas que este sector de la sociedad llevaría a los encuentros con los representantes del Gobierno, siempre con el objetivo transparente de lograr la meta inicial definida en el Llamamiento. También se podrán proponer otros objetivos que vayan encaminadas a reforzar y ampliar esa meta.

-En los contactos y encuentros que se realicen dentro de la oposición democrática y otras componentes de la sociedad civil, dentro y fuera de Cuba, se definirá la forma de designar los representantes de este sector que participarían en el diálogo con el Gobierno.

-La metodología de trabajo para el Dialogo Nacional deberá ser acordada entre sus participantes.

MOVIMIENTO CRISTIANO LIBERACIÓN

La Habana, 19 de enero de 2009.

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NOTA DEL MOVIMIENTO CRISTIANO LIBERACIÓN:

Los que en el exterior quieran colaborar a la instrumentacion de este proceso de dialogo, pueden comunicarse con nosotros en info@oswaldopaya.org

Otra carta pública de Roberto Ampuero a la presidenta Bachelet

Excelentísima Presidenta:

En la carta pública que le dirigí a Ud. por este medio antes que iniciara su periplo a La Habana, le advertí que cuando un demócrata abraza a un tirano, el demócrata siempre termina con el poncho manchado. Es lamentable para la imagen de nuestro país que Ud., máximo representante de la nación, en Cuba haya terminado efectivamente con su traje manchado y sufrido una afrenta de parte de Fidel Castro que pasará a encabezar la sección “bochornos presidenciales” del libro de Guinness.

El papelazo que el oficialmente “máximo líder de la revolución” la hizo pasar con el tema de la salida al mar para Bolivia me embarga de profunda frustración, pero no me sorprende. Se lo digo porque yo conocí el sistema y la forma en que Fidel Castro maneja la isla. Viví allá y conocí el socialismo real desde la perspectiva de la nomenklatura y como joven sin techo ni libreta de racionamiento. Su visita me sugiere a mí que Ud. nunca entendió lo que era el socialismo real, menos el cubano. De haberlo hecho, Ud. debió haber sabido dos cosas esenciales antes de aterrizar en la isla. Una, que el régimen cubano odia a Chile por su historia y porque es modelo esperanzador que proyecta en el mundo por su recuperación de la democracia y logros económicos. Otra, que Fidel Castro sólo respeta a quien no se pliega a sus dictados, a quien osa oponerse a él; que el resto no cuenta para él, pues son sólo o sus compañeros de ruta o bien despreciables subordinados. Es la lógica propia de todo dictador.

Por esto sentí vergüenza ajena cuando este jueves la vi salir trotando, emocionada, olvidando el homenaje a Salvador Allende y a la colonia chilena allí reunida, porque Fidel Castro -que en estos meses no debe tener mucha agenda, que digamos- la había mandado a buscar para que se apersonara en una de sus residencias. Nunca imaginé que iba a ver a un Mandatario chileno corriendo enfervorizado y agitado por ver a un dictador. Le confieso que hubiese esperado, por respeto al cargo que usted ejerce, una actitud de estadista, más decorosa, quizás pausada y acorde con su investidura. No era además que Ud. estuviese atrasada, porque el encuentro estaba pactado para el día siguiente. Y fue así como Ud. dejó la ceremonia como si se hubiese producido una tragedia en Chile o hubiesen detectado una bomba en el sitio, sin explicar siquiera a los compatriotas por qué salía con tanta premura. También sorprende que Ud. se haya subido a la caravana del Presidente anfitrión, zafándose de su propia seguridad, y haya permanecido por hora y media, ingenuamente e inundada de admiración, en un lugar secreto con el hombre que después le clavó el puñal por la espalda con la declaración sobre Bolivia.

Usted debiera saber, Presidenta, que cada uno de sus gestos, así como su trotecito y semblante emocionado por la perspectiva de ver al líder quedaron registrados para los funcionarios cubanos y fueron útiles a la hora de calibrar su estado de ánimo. Como Fidel Castro ya tenía conocimiento de su obsesivo interés por verlo a la hora que él dispusiera y se enteró después de su ansiedad gracias a su, a mi juicio, poca presidencial retirada del homenaje a Allende, se la echó en el bolsillo de la forma en que todos vimos con azoro. Ud. olvidó que él lleva 50 años en el poder, y para eso hay que ser además astuto. Lo inquietante es que las reflexiones de ayer de Castro demuestran que a Ud. ya la ve como un cadáver político. La sacrifica sin asco y revela al mundo la sensible conversación que Uds. habían sostenido, y que Ud. había callado ante los chilenos. Él no cree en la Concertación, Presidenta; su alternativa para Cuba y el mundo es otra. Ahora Ud. lo sabe. De pasadita, seguramente tras impartirle una cátedra de 90 minutos sobre la industria vitivinícola y el cobre chilenos, se sentó en nuestra historia, ridiculizó a nuestros héroes y sembró la cizaña en Chile nuevamente. ¿Le sorprende? A mí no. Yo viví en ese sistema, lo conozco y lo temo.

Ahora me queda claro, gracias a las reflexiones del comandante, que Ud. ni mencionó el tema de los derechos humanos en la isla, pero sí tuvo Ud. que escuchar su perorata antichilena y pro boliviana. Permítame señalarle el otro asunto que sé por mi experiencia en la isla: para los Castro, Chile es un país insoportable porque transitó de una dictadura a una democracia con estabilidad y prosperidad, y es hoy el gran símbolo -no Cuba- de la esperanza de libertad y prosperidad de millones en el mundo del Sur. En 1973, Chile y Cuba tenían exportaciones similares, Cuba estaba en el auge de la exportación de guerrillas y Chile enfrentó una crisis que lo condujo a una dictadura. Hoy las diferencias son evidentes. Cuba hoy ya no es ejemplo ni símbolo de nada positivo. Chile sí lo es. Y eso es una espina diaria para los Castro. Ellos, que sí necesitan inversiones de Chile, no le perdonan a la izquierda, Ud. incluida, que haya co-administrado por casi 20 años un modelo neoliberal que nació de Augusto Pinochet, el peor enemigo de Castro en el continente, odio por cierto mutuo entre dos dictadores de signo diferente. Que Fidel Castro no sólo le diera una mano en La Habana, sino también esa sorpresa, era imaginable. Entre lo que representa Ud., una izquierda de corte neoliberal en los hechos, aunque de corte revolucionario en la retórica, y el Evo Morales de una Bolivia indígena y pobre, subvencionada por Hugo Chávez, para Castro no hay dónde perderse.

Y el jueves por la noche, Presidenta, cuando Ud. aún ignoraba la sorpresa que Fidel Castro le preparaba, se dejó fotografiar en la Feria del Libro habanera con un Raúl Castro que sostiene mi novela, Nuestros años verde olivo, en sus manos. Esto fue posible porque un stand chileno se atrevió a llevar copias de ese libro censurado en Cuba. En otra “jugadita” castrista, la Presidenta chilena contribuye a crear la imagen de que mi novela -así como las de centenares de autores cubanos y de la cultura mundial hoy censuradas en esa isla- puede circular libremente en Cuba. Usted, que conoció Alemania Oriental y otros países comunistas, sabe bien que allí no circulan libros críticos al régimen.

Pero lo que son las cosas, Presidenta: ahora también Ud. enfrenta una situación difícil con la sorpresa que le deparó Fidel Castro y, al igual que yo, saboreará lo que es una dictadura. Nada de lo que Ud. diga con respecto a la forma en que le mancharon el traje, ni siquiera su rostro decepcionado ni el debate que estalló en Chile, aparecerán en medio cubano alguno. Pero tal vez un día, cuando haya democracia en Cuba, yo podré ir a la Feria del Libro de La Habana a presentar esa novela hoy censurada en la isla y revelar cómo Fidel Castro violó el acuerdo de que la conversación con Ud. sería privada, y la zambulló de lleno en el peor bochorno presidencial de estos últimos veinte años.

Es increíble, señora Presidenta, que Fidel Castro le haya enrostrado a Ud. una supuesta injusticia ocurrida hace 130 años, y Ud. no fuese capaz de enrostrarle una injusticia que ocurre ante sus ojos.

“Para los Castro, Chile es un país insoportable porque transitó de una dictadura a una democracia con estabilidad y prosperidad, y es hoy el gran símbolo -no Cuba- de la esperanza de libertad y prosperidad de millones en el mundo del Sur”.

Roberto Ampuero

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Publicada en El Mercurio, Santiago de Chile, 15/2/2009.

Opinión ajena

Hace una semana terminó la temporada de caza con galgo y empezaron las matanzas habituales, los bosques espectrales adornados con el fruto atroz de los perros ahorcados. A veces me entra un desaliento abrumador, un cansancio infinito de ser de este país. De una sociedad bruta e incivil sin tradición en el respeto a los seres vivos. Miren por ejemplo lo que sucede en el Metro de Madrid: El Refugio ha denunciado que los perros utilizados en la seguridad son duramente maltratados. Y lo peor es que muchos maltratadores ni siquiera creen serlo porque no perciben el sufrimiento del animal: así de primitivos y de crueles son. Ese mismo sustrato de insensibilidad hace que el PSOE incumpla descaradamente una promesa electoral sin que pase nada. Porque se comprometieron a elaborar una ley marco de protección animal, pero el Gobierno acaba de declarar que no la hará y que las competencias son de las autonomías (se han presentado 1.300.000 firmas en pro de la ley, pero se ve que les importa un pito).

Rosa Montero: “Desaliento”. El País, Madrid, 17/2/2009.