Cuentecitos cubanos

Un cubano que hacía senderismo por un paraje selvático es súbitamente acosado por un grupo de caníbales y, aterrado, echa a correr. Los caníbales le caen detrás. Tras una frenética persecución, el cubano, exhausto, se detiene y pide a los caníbales que le respondan unas preguntas antes de comérselo. Éstos vacilan un momento, pero, como eran antropófagos corteses, aceptan.
-¿Ustedes tienen Partido Comunista de Cuba? -les pregunta el resignado cubano.
-Nooo -responden a coro los caníbales.
-¿Y tienen Comités de Defensa de la Revolución?
-Nooo.
-¿Y tienen Instituto Cubano de la Reforma Agraria?
-Nooo.
-¿Y tienen Central de Trabajadores de Cuba?
-Nooo.
-¿Y tienen Asamblea Nacional del Poder Popular?
-Nooo.
-¿Y entonces por qué tienen tanta hambre?
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Pepito jugaba en el campo con unos amiguitos. De pronto los niños ven que un hombre se despeña por un barranco y van en su ayuda. El hombre, incorporándose trabajosamente, les dice:
-Compañeritos, yo soy el comandante Fidel Castro. Ustedes me han salvado la vida y quiero demostrarles mi agradecimiento concediéndoles lo que me pidan. ¿Qué quieres tú? -le preguntó a uno de los chiquillos.
-Yo quiero una bicicleta nueva, comandante –dijo el niño con entusiasmo.
-¿Y tú? -le preguntó a otro.
-Yo, un mes de vacaciones en la playa de Varadero con mis papás y mis hermanitos.
-Y tú -dirigiéndose a Pepito-, ¿qué quieres?
-Nada, comandante.
-Pide, hijo, pide lo quieras. ¿Cómo no vas a querer algo?
-Bueno, está bien. Lo que quiero es un entierro con banda de música.
-¡Cómo un entierro! ¿A qué viene eso, si eres un niño todavía?
-Es que cuando yo le diga a mi padre que le salvé la vida a usted me va a matar.

Cincuentenario de “Ciclón”

Portada del número final de la revista.

Portada del número final de la revista.

Hace 50 años, en enero de 1955 apareció el primer número de CICLÓN, una de las mejores revistas literarias cubanas de todos los tiempos. Su fundador fue el ensayista  José Rodríguez Feo, quien hasta un año antes había codirigido con José Lezama Lima la célebre revista ORÍGENES. Ambas publicaciones fueron posibles gracias a la munificencia del culto y acaudalado Rodríguez Feo, cuyas excelentes relaciones internacionales en el plano cultural le permitieron obtener, para sus dos revistas, colaboraciones de autores de primera magnitud, como T. S. Eliot, Wallace Stevens, Francis de Miomandre, Octavio Paz, Juan Ramón Jiménez, Vicente Aleixandre, Luis Cernuda, Julio Cortázar y un largo etcétera. Por supuesto, el grueso de las colaboraciones lo aportaban figuras ya consagradas de las letras y las artes nacionales, así como jóvenes valores, muchos de los cuales alcanzarían relieve posteriormente. En CICLÓN, Rodríguez Feo contó con la decisiva ayuda del gran Virgilio Piñera, que era el secretario de redacción de la revista. El número final de CICLÓN es el correspondiente a enero-marzo de 1959, o sea, que el óbito de la revista coincidió con el nacimiento del poder revolucionario. (¿Coincidencia premonitoria?) Aquel número, dedicado a presentar la nueva ola de escritores cubanos, contiene textos, entre otros, de Severo Sarduy, Calvert Casey, Nivaria Tejera, Luis Marré, Rolando Escardó, Roberto Branly, Pedro de Oraá, Frank Rivera y míos.
Estudio sobre la revista.

Estudio sobre la revista.

Muere Jorge Valls

Jorge Valls

Jorge Valls

El poeta, ensayista y narrador Jorge Valls (La Habana, 1933) ha muerto en Miami tras un largo exilio. La democracia ha perdido a uno de sus más tenaces y lúcidos defensores. Se enfrentó a las tiranías de Fulgencio Batista y Fidel Castro y ambos dictadores lo encarcelaron (Castro, durante dos décadas). En su libro Veinte años y cuarenta días. Mi vida en una prisión cubana ofrece un inapreciable testimonio del presidio político en Cuba durante el régimen castrista. En el exilio publicó su antología poética En donde estoy no hay luz y está enrejado (1981), la cual contiene textos introductorios del escritor británico Stephen Spender y de René Tavernier, presidente del Pen Club de Francia. Otros poemarios suyos son A la paloma nocturna y Hojarasca y otros poemas, ambos de 1984. Fue distinguido con varios importantes premios literarios, entre ellos el Gran Prix en el Festival Internacional de Poesía de Rotterdam 1983.

UN DÍA, HIJO

Un día, hijo, cuando ya estemos en el cielo,
cuando ya nada estorbe ni derribe
la poca luz que con amor alzamos,
cuando ya no pueda hacerte daño
marchitándote con mi propia agonía,
cuando nada nos sea extraño ni horrible
y lo miremos todo con la paz librada,
te diré que sentía lo que tú sentiste,
que se llagó mi planta con igual escollo,
porque éramos los dos la misma masa,
y suero idéntico de alcohol y estrellas
nos dilataba el grano.
Todo el cielo temblaba en nuestras luces
y un infierno en las sombras se empozaba.
toda la primavera azul, de añil florida,
irradiaba de nardos nuestro espacio,
y un seco invierno gris
los tallos subterráneos retorcía.
Teníamos los ojos deslumbrados de nieve
que sólo en los picachos,
como en sueños,
apenas si nuestros dedos tocaron.
Tuvimos sed de sol y de caminos,
y hambre de derramadas datileras
por las crestas de las ciudades en flor
hacíamos remolinar nuestro espíritu,
y no sé qué rebaños
de gamos y corderos
balando nos buscaban en el valle.
Nos inclinábamos a recoger todas las rosas
y en todas las espinas nos hincábamos.
nuestro amor era un conejo pálido
siempre acosado por los perros
o estrangulado por las víboras.
Íbamos de la inopia al reino,
y nuestra fe fue siempre una promesa.
Allá donde no existan los cuchillos
para cortar las frágiles arterias,
ni nos corrompa el agua
una hez de alimañas muertas,
cuando al fin sea la pureza alcanzada,
nos contaremos sonriendo
los cuentos de nuestras muertes,
y a la luz indomeñable
andaremos por fin nuestros senderos.
JORGE VALLS

Punto de vista

Uno de los platos más indigestos de la cocina política es el transfuguismo. En estos días está provocando vituperios y burlas en la prensa española el salto que una diputada de UPyD, hasta ayer enemiga acérrima de los socialistas, ha dado hacia el PSOE. El transfuguismo no es siempre sinónimo de oportunismo porque no es igual cambiar de convicciones que de casaca; pero también es verdad que la mayoría de las veces es travestismo de vodevil. De ahí su descrédito. Nicolás Guillén contaba que en el Camagüey de su juventud, durante un mitin del Partido Liberal, un veterano político conservador convertido al liberalismo, y deseoso de explicarse, le preguntó al público “¿Saben por qué cambié de partido?”, y un descreído, sin pensarlo dos veces, le gritó “Porque te vendiste, hijo de puta”. En la etapa de la república liberal, el cambiacasacas más contumaz y brillante que hubo en Cuba, el insumergible Alonso Pujol, llegó a ponerle a su marrullería la elegante etiqueta de “Permanente Renuevo”. Es aconsejable analizar con espíritu justiciero los casos de transfuguismo antes de condenar a alguien por ejercer el derecho a cambiar de opinión. Por cierto, derecho que defendió con razones sencillas un gran poeta, Fernando Pessoa, en un artículo publicado hace cien años.

La “dolce vita” de los izquierdistas

Raúl Castro

Raúl Castro

RENIEGAN DEL CAPITALISMO, PERO LES ENCANTAN LOS LUJOS

Tania Díaz Castro
(CUBANET, La Habana, 13/10/2015) Nunca olvidaré la primera vez que supe de un izquierdista que vive con mucho dinero. Me ocurrió en 1961, en Santiago de Chile, donde pasé unos días. Allí vi por fuera las impresionantes residencias de Salvador Allende y del poeta Pablo Neruda.
Pasaron los años y un buen día visité el magnífico penthouse de otro poeta, esta vez de Nicolás Guillén, en el edificio Someillán, del Vedado, donde por los años cincuenta del siglo pasado solo vivía la clase social más alta de La Habana. Más tarde pude conocer otras residencias de los nuevos ricos de Cuba, pertenecientes a la Revolución castrista.
No sé cómo me acostumbré a verlos como dirigentes de los más pobres, disfrutando de una vida de lujos, en casas que no eran suyas.
Y es que los que se dicen “de izquierda”, sean políticos, intelectuales, futbolistas, pintores y sobre todo mandatarios, no sienten ninguna pena o pudor alguno por vivir como ricos entre los pobres, como si eso fuera la cosa más natural del mundo.
Si hubiera visto por un huequito a Neruda, mi poeta preferido en aquellos tiempos, sentado ante una cena opulenta y servido por su mayordomo elegantemente uniformado, me hubiera muerto de tristeza.
Es por eso que dejé de creer en el comunismo, de todos esos cínicos que se dicen “de izquierda”.
En esta historia no queda títere con cabeza.
Empecemos con Anita Halkin. En 2006, siendo presidenta del Partido Comunista Británico y a sus 62 años, se embolsó treinta millones de euros al vender en subasta una obra pictórica de Ernst Ludwing Kirchner, según dijo, herencia de su familia.
Al año siguiente, otro hecho dio a conocer que el ex líder soviético, Mikhail Gorbachev, en busca de buenas sumas de dinero, se prestó a exhibir un elegante bolso marca Vuitton, sentado en un auto y usando como fondo una gran foto del Muro de Berlín. Las fotos fueron publicadas durante la campaña de la marca Louis Vuitton, donde participaron además célebres actrices del cine europeo.
Pero lo que más llama la atención en estos momentos son esos mandatarios izquierdistas, que por una parte critican la desigualdad social y por el otro, llevan una vida de lujos y privilegios, a la vista de los pobres que, o son miopes, o morbosos. Mandatarios que se han hecho de una fortuna sólo modificando la Constitución de sus países, ante su evidente sed de poder perpetuo.
Mencionar a muchos de ellos no es difícil.
Dejemos a un lado el millonario del Vaticano y comencemos con el acaudalado Putin y los veinte millonarios rusos de la nueva Rusia –uno es mujer–, y con Kim Jong Un, líder de Corea del Norte. Le sigue Cristina Fernández, de Argentina, con sus viajes en helicópteros y grandes negocios privados, la Primera Dama nicaragüense, con sus 400 vestidos para seguir a su millonario marido junto a los ocho hijos en “misiones de trabajo”, Dilma de Brasil y las 52 habitaciones en un hotel de lujo que reservó, más 17 coches, para una visita de tres días al Papa Francisco, Hugo Chávez, con sus costosos trajes de marca que usó durante sus 14 años de mandato, acompañados de relojes que usan sólo los millonarios y sus jets privados para toda la familia.
¿Y qué me dicen del avión que se compró Evo Morales, a un costo de 29 millones de dólares, para sus viajes por el mundo, que nada benefició a los indios bolivianos? ¿O de Rafael Correa, que compró en 170 mil euros un lujosísimo apartamento en Bélgica, para su esposa e hijos de nacionalidad belga?
Todos ellos pertenecen al selecto club de los intranquilos millonarios izquierdistas, que jamás se esforzaron trabajando para lograr sus millones. Son, eso sí, socialistas y antiimperialistas que, para perpetuarse en el poder, se valen de los pobres tontos.
Y hablando de los pobres tontos, dejemos para el final a la familia Castro Ruz, hijos, yernos y todo lo demás. Un verdadero imperio económico en medio de un pueblo que se alimenta a base de picadillo de soya, pan crudo sin sal ni manteca y ron a granel para olvidar las penas diarias.
Esa extensa familia disfruta de las propiedades de aquellos cubanos que se hicieron ricos en base a su esfuerzo durante años, a través de industrias, fincas y otros medios laborales y que fueron despojados de lo que les sigue perteneciendo por derecho propio.
El viejito vietnamita Ho Chi Minh no se libra de esta corrida, al recibir con agrado por los años sesenta un avión semanal, fletado especialmente para él desde La Habana, confrascos del famoso helado cubano marca Copelia.

Punto de vista

Desde las primeras horas del arribo del papa Francisco a La Habana, la policía del régimen se dedicó a detener disidentes. Unos fueron detenidos violentamente por intentar acercarse al papa para informarlo de la realidad cubana (uno lo logró y en su detención intervino un escolta vaticano del Sumo Pontífice); otros fueron arrestados temporalmente para impedir que asistieran a actos oficiales con el papa, a los que estaban invitados por la Iglesia cubana. Los primeros siguen presos, acusados de varios delitos, incluido el muy grave de “atentado”. No sorprende, por supuesto, que los genízaros castristas hayan reprimido a los disidentes -es lo habitual-, sino que el Santo Padre no se haya dado por enterado de algo tan grave que estaba ocurriendo a su alrededor y de lo que es inverosímil que no fuese informado por su comitiva. En el avión que lo llevó de Santiago de Cuba a Washington, Francisco confesó a los periodistas que lo acompañaban que en su agenda no figuraba ningún diálogo con la disidencia cubana -tan inicuamente castigada por los tiranos a los que rindió pleitesía-. También dijo, respondiendo una pregunta, que no sabía nada de las detenciones. ¿Y sigue sin saber? Callar ante tales abusos -cometidos, para colmo, estando él en la isla- será diplomático, pero no es cristiano y, por lo tanto, anula la autoridad moral que se atribuye a su jerarquía eclesiástica y lo rebaja a la categoría de mero muñidor político.