Callejón del gato

Gatos Goya

Serafín el Bonito: La comunidad internacional está muy contenta con el acuerdo entre Micheletti y Zelaya porque serán el Congreso Nacional y la Corte Suprema de Justicia los que decidan si el cacique del sombrero vuelve o no a la presidencia.

Dorio de Gádex: ¿Pero no fueron ese mismo Congreso y esa misma Corte los que destituyeron a Zelaya?

Don Latino: Sí, los mismos que la comunidad internacional no reconocía cuando desde Insulza hasta Obama, pasando por la Unión Europea, hablaban de golpe de Estado.

Max Estrella

La llave palestina

Florentino Portero

(LIBERTAD DIGITAL). Uno de los mantras del pensamiento progre en política internacional es que la paz en Oriente Medio depende de que previamente se solucione la cuestión palestina. Los demás conflictos estarían así vinculados por un cordón umbilical con la suerte final de los árabes de la Cisjordania. Resuelto su futuro los demás temas irían solucionándose cual piezas de dominó colocadas en línea, cayendo una tras otra en perfecta armonía. Es una tontería, algo que cualquiera que se moleste en estudiar un poco la región puede comprobar, pero una de las ventajas del pensamiento progre es que no necesita ajustarse a razonamiento alguno. Es lo bueno de militar en el nuevo y post-moderno relativismo.

Tarde pero con visión los distintos movimientos islamistas han hecho suya la cuestión palestina. Aunque su agenda sigue otra lógica han asumido esta causa con el objetivo de atraer la simpatía de amplias capas de la población. Pero lo que tiene su razón de ser en el activismo del islam radical no la tiene tanto entre la “inteligencia” occidental.

La situación del pueblo palestino hay que resolverla porque es un problema grave, no porque de ella dependa el futuro de este o aquel conflicto. Los primeros que tienen que ocuparse son los propios palestinos, porque es su vida, su futuro lo que está en juego. A menudo se habla de la dificultad para resolverlo. Es un lugar común que, como tantos otros, habría que matizar. En realidad, y como me recordaba un colega de la Universidad Hebrea de Jerusalén que estaba de paso por Madrid, el acuerdo final está escrito y es de todos conocido. Es el que a instancias de Bill Clinton aceptó el Gobierno presidido por Ehud Barak en Taba. Se podrá mover alguna coma de sitio, pero no mucho más. El problema es cómo lograr que el Gobierno israelí y la Autoridad Palestina lo acepten.

En Taba fue Arafat quien lo rechazó, porque no estaba dispuesto a manchar su brillante carrera de terrorista y delincuente común con el sacrificio que aquel acuerdo representaba. Barak, el más brillante y condecorado de los generales israelíes, aceptó el sacrificio y eso le costó perder el poder y arruinar su carrera política. En la actualidad la situación es mucho más complicada. La Autoridad Palestina es una ficción mantenida por Israel y Estados Unidos. El campo palestino está roto y uno de los dos bandos, el que lidera Hamás, rechaza la mera existencia de Israel.

No es verdad que la solución de la cuestión palestina resuelva, por ejemplo, la tensión con Irán. Sin embargo, la resolución del problema iraní es fundamental para encauzar el futuro de los territorios situados en la margen izquierda del Jordán. Si Hamás se ha convertido en una fuerza determinante se debe tanto a la corrupción e incompetencia de los nacionalistas de Fatah, con Arafat a la cabeza, como al dinero que vienen recibiendo de los países del Golfo, y al armamento y entrenamiento que Irán les proporciona. Son ellos los que han agravado la situación hasta el punto de bloquear el proceso de paz. Palestinos e israelíes son las víctimas del fundamentalismo avivado desde el exterior.

Es verdad, como dicen nuestros progres de la izquierda post-socialista, que hay un vínculo entre la cuestión palestina y otros conflictos en la región, pero exactamente en la dirección contraria a la que ellos suponen. No podremos aplicar la solución que todos conocemos mientras desde Irán y desde el Golfo se siga alimentando a los extremistas de Hamás. Rindiendo pleitesía al monarca saudí, cediendo ante los ayatolás en la cuestión nuclear o con ambiguos y contradictorios discursos, como el ya famoso de El Cairo, sólo se conseguirá dar alas al enemigo.

Valle-Inclán dibujado

Valle libro

Sergio Constán, joven escritor grancanario amigo mío, conoce mi devoción por el autor de los esperpentos y me prestó un libro que él estaba seguro de que me fascinaría: Valle-Inclán dibujado. Caricaturas y retratos del escritor. La edición, a cargo de los investigadores Javier Serrano Alonso y Amparo de Juan Bolufer, data de 2008 y debemos agradecerla al Concello de Lugo y la Cátedra Valle-Inclán de la Universidad de Santiago de Compostela.

Habría sido un milagro que la excéntrica efigie de Valle quedara ilesa ante los ojos de los caricaturistas de su tiempo, muchos de los cuales hicieron deliciosas y siempre cordiales travesuras con aquel “rostro español y quevedesco, de negra guedeja y luenga barba”, y no sólo con el rostro.

Entre las mejores caricaturas de Valle que encontré en este libro están las de los españoles Bagaría, Gori, Sepúlveda, Cas, Toño Salazar, Vivanco y Cebreiro (quien redujo a don Ramón a la mínima representación gráfica), la del colombiano L. Martínez y las de los cubanos Conrado W. Massaguer y Sirio. La de Sirio y tres de las cuatro de Massaguer son de 1921 -año en que Valle estuvo en La Habana por segunda vez- y todas fueron publicadas en la revista Social, que había fundado y dirigía el segundo.

CARICATURAS DE MASSAGUER

Massaguer

Valle Massaguer 2

Valle Massaguer 3

Valle Massaguer 4

CARICATURA DE SIRIO

Valle Sirio

Técnica “bolivariana” del golpe de Estado

Ortega, Mel, Chávez

Ortega, Zelaya, Chávez

Bajo el título de “Un reich de 15 años” y firmada por José Adán Silva, en la edición digital del periódico nicaragüense El Nuevo Día apareció ayer una detallada información sobre un “documento denominado “Proyecto Socialismo Siglo XXI, Hermandad Revolucionaria”, cuya autoría algunos opositores achacan al gobernante Frente Sandinista de Liberación Nacional, que dirige el presidente Daniel Ortega”. Dicho documento “habla de un plan para gobernar al país por 15 años mediante varias estrategias, incluyendo el adoctrinamiento y reclutamiento del Ejército de Nicaragua y de la Policía Nacional”.

A continuación, fragmentos del reportaje de José Adán Silva:

El documento llegó a la redacción de EL NUEVO DIARIO por medio de correos electrónicos enviados a reporteros y a trabajadores de este medio, con copias a decenas de contactos de la sociedad civil, organismos no gubernamentales, estudiantes universitarios, empresas privadas y una que otra institución estatal. […]

El documento señala que el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, le propuso en una reunión privada en enero pasado al presidente Daniel Ortega Saavedra, el “Proyecto del Socialismo del Siglo XXI, Hermandad Revolucionaria”, como una plataforma latinoamericana de sostenimiento del poder en los países de la Alianza Bolivariana para las Américas, que integran Cuba, Venezuela, Honduras, Nicaragua, Bolivia, Ecuador y otros, a los que se sumarían El Salvador y República Dominicana.

Según el documento, entre los ejes rectores del citado “Proyecto”, la principal condición es mantener el control de los gobiernos de los países mencionados en plazos mínimos de 15 años, con sucesiones continuas en el poder de los líderes “revolucionarios” Manuel Zelaya, Daniel Ortega, Evo Morales, Rafael Correa, Raúl Castro y Hugo Chávez.

En Nicaragua y Honduras, donde todavía no está asegurada la sucesión revolucionaria de los presidentes actuales, debería arrancar de lleno, con una campaña ininterrumpida iniciándose con el próximo congreso sandinista a realizarse en octubre de 2009. En el caso de Honduras se trabajará en la reelección de Zelaya para Noviembre 2009”, reza el documento, que no está escrito en papelería con membrete y sellos oficiales ni firmas del FSLN.

En el texto se habla de “Recuperación de los Derechos Revolucionarios Perdidos” y otros planes que requieren “una Nueva Constitución Política. En donde se reformen todos los Poderes del Estado, restándole y quitándole completamente las cuotas del poder a la derecha, así se terminará para siempre con el chantaje el pacto y nuestros adversarios no podrán recuperar el poder en los próximos 15 años”, se lee. […]

“Se debe romper el vínculo que pueda existir de los miembros de las Fuerzas Armadas con la derecha y adoctrinarlos en nuevos conceptos revolucionarios, bajo la cooperación de nuestros hermanos venezolanos y cubanos”, dice el texto.

Cuentecito

La ONU acababa de finalizar la encuesta más grande e importante de su historia. La pregunta fue:

“Diga honradamente qué opina de la escasez de alimentos en el resto del mundo”.

Los resultados no han podido ser más desalentadores. La encuesta ha sido un total fracaso, porque:

–Los europeos no entendieron qué significaba escasez.
–Los africanos no sabían qué eran alimentos.
–Los israelíes no entendieron qué quería decir por favor.
–Los estadounidenses preguntaban qué significa el resto del mundo.
–Chinos y cubanos pedían que les explicaran qué significa opina.
–Y en los Parlamentos argentino, colombiano, chileno, boliviano, peruano, brasileño y venezolano se sigue debatiendo al día de hoy qué coño es eso de honradamente.

España vuelve a equivocarse en Cuba

Manolo fotoEl pasado miércoles 22, en Santiago de Cuba, fue condenado a dos años de cárcel el disidente Agustín Cervantes, miembro del Movimiento Cristiano de Liberación, que exige cambios en el país apoyándose en la Constitución vigente. Con este nuevo preso político, el general Raúl Castro reemplazó en los calabozos de la dictadura al que le había regalado a Miguel Ángel Moratinos cuando finalizó la reciente visita de éste a la isla.

Hace unos días, en un severo editorial sobre la política de España hacia Cuba, The Wall Street Journal llamó a Moratinos “El hombre de Castro en Europa”. Pero, por razones obvias, a quien en justicia le corresponde ese título es a José Luis Rodríguez Zapatero, el hombre que, al tiempo que acusa de “golpismo” a los dirigentes interinos de Honduras y promueve el bloqueo diplomático y económico a ese pobrísimo país que se defiende del chavismo, regala millones de euros a los Castro, que llevan medio siglo tiranizando y hambreando a los cubanos, y les promete servirles de abogado defensor en la Unión Europea (UE).

Si, como afirma Rodríguez Zapatero, lo que él persigue con su política de compadreo con los Castro es contribuir a la apertura del régimen y propiciar las reformas democráticas en Cuba, el señor presidente tiene garantizado el fracaso. ¿Por qué estos tiranos envejecidos y enriquecidos en el poder, con incontables muertos sobre los hombros, habrían de cambiar nada si las democracias los miman a la vez que dan la espalda a quienes se rebelan contra ellos?

Ahora aparece en los periódicos, destacado como si no fuese más de lo mismo, lo que Obama le pidió al presidente español que le trasmitiese a Raúl: “Decidle a Castro que si él no da pasos, yo tampoco podré darlos”. ¿Cuántas veces, en medio siglo, hemos oído palabras semejantes en boca de presidentes norteamericanos? Este mensaje expresa la posición correcta, pero ya no es noticia. Hoy la noticia es lo que, virando la tortilla a favor de los Castro, dijo en La Habana el canciller de Rodríguez Zapatero: “No hay que pedirle gestos a Cuba”. Como, además, el canciller prometió que el Gobierno español continuaría abogando por que la UE modifique su posición hacia Cuba, queda meridianamente claro que, para el Gobierno de España, los que tienen que cambiar no son los Castro, sino los que les exigen reformas democráticas. El Gobierno de Rodríguez Zapatero –que, por supuesto, protege las inversiones españolas en Cuba– se ufana de liberar de vez en cuando algún preso político, pero de lo que se trata es de liberar a todo un pueblo.

Recientemente, el ex presidente checo Václav Havel, que luchó contra una dictadura similar a la que sufren los cubanos, hizo unas reflexiones que no deben ser desoídas: “La UE padece esa antigua enfermedad europea que es la tendencia a aceptar el mal, a cerrar los ojos y cooperar con países autocráticos y a veces incluso dictatoriales. Creo que los nuevos miembros de la UE, que tienen una experiencia reciente del totalitarismo, deberían alertar a la UE en este sentido. Porque la complacencia hacia el mal nunca ha obligado al mal a retirarse” (El País, 21/10/2009).

Nuevo libro de Jacobo Machover

Ediciones Universal, Miami, 2009. Presentación de Isis Wirth.

Ediciones Universal, Miami, 2009. Presentación de Isis Wirth.

Desde la toma del poder por el régimen castrista, hace ya medio siglo, los fusilamientos, las detenciones arbitrarias, los juicios decididos de antemano, los destierros forzados se sucedieron ante la indiferencia de la comunidad internacional y en un ambiente festivo dentro de la isla. El Líder Máximo se atrevía a desafiar a los Estados Unidos. Eso era suficiente para cerrar los ojos sobre los métodos empleados. Balseros, ex-revolucionarios, intelectuales insumisos, poetas rebeldes, ex-presos plantados que se negaron a aceptar la rehabilitación por el trabajo y el adoctrinamiento, disidentes, Damas de Blanco: todos cuentan la revolución desde las cárceles y la represión contra ellos. Sus relatos muestran la cruda realidad de la isla pero también la extraordinaria fuerza interior, el valor y la obstinación de la resistencia cubana a la opresión.

Jacobo Machover nació en La Habana en 1954. Exiliado, vive en Francia desde 1963. Catedrático universitario en Francia, periodista, traductor, escribe indistintamente en español y en francés. Sus libros más recientes son La dinastía Castro. Los misterios y secretos de su poder, Áltera, Madrid, 2007; y La cara oculta del Che. Desmitificación de un héroe romántico, Planeta, Barcelona, 2008.

EXTRACTO DE MI LIBRO

Jacobo Machover

Jacobo MachoverEl 31 de julio de 2006, Fidel Castro delegó provisionalmente el poder a su hermano Raúl, antes de oficializar definitivamente su traspaso en febrero de 2008. El castrismo no tenía entonces en mente ninguna transición. Lo que pretendía era asegurar la continuidad del régimen.

Había que ocultar lo más posible los crímenes cometidos durante medio siglo y hacer desaparecer las huellas de la represión. El tiempo siempre fue el mejor aliado del castrismo. Un reinado tan largo hace olvidar a veces la violencia que lo engendró y que siguió practicando para mantenerse en vida. Hacía falta también dar la impresión de que algo podía cambiar, de que la población no tendría que aguantar más las mismas escaseces materiales y de que, tal vez, un mínimo de libertad de expresión podría ver la luz.

Raúl Castro, el hombre que había encabezado todos los órganos represivos –a la vez las Fuerzas armadas revolucionarias, primero, y la Seguridad del Estado también, luego– pretendía mostrar que había cambiado, que se había vuelto más pragmático que su hermano, apartado del poder por la enfermedad y también por el inmovilismo que había demostrado, sobre todo después de la caída del muro de Berlín. Raúl intentó presentarse como un jefe de Estado de un nuevo tipo, capaz de impulsar la evolución del país hacia una apertura al mundo. De alguna manera su objetivo consistía en que se olvidara el pasado. Sin embargo, la realidad de la represión dentro del país recayó tanto en él como en Fidel.

Los gobiernos occidentales, particularmente los de la Unión Europea, encabezados por España, le facilitaron la tarea. Sin la menor garantía en torno a una eventual evolución de la isla hacia la democracia bajo la dirección de Raúl Castro, la UE levantó las sanciones que había adoptado a raíz de la detención de los setenta y cinco disidentes de la “primavera negra” de 2003 y de la ejecución posterior de tres jóvenes. Ésa fue la primera manifestación de reconocimiento internacional al “raulismo”. Los europeos aceptaron sin rechistar las más insignificantes señales de apertura del régimen. Nunca llegaron a cuestionar la legitimidad de la sucesión dinástica entre los hermanos Castro ni la forma, tan antidemocrática en que se produjo la designación de Raúl, quien obtuvo cerca del 99% de los votos en su distrito durante las “elecciones” a la Asamblea nacional del poder popular, el pseudo-parlamento encargado de ratificar las decisiones adoptadas en la cumbre del Estado.

Sin embargo ¿es realmente concebible un cambio con Raúl Castro, conociendo su papel en la instauración del aparato represivo en Cuba y en la práctica diaria del terror institucionalizado?

A pesar de todo, ciertos exilados, esencialmente los que, después de haber formado parte de las capas dirigentes del castrismo, fueron víctimas de una u otra de las innumerables purgas que marcaron el reinado absoluto y exclusivo de los hermanos Castro, ven en Raúl una oportunidad para acabar con su desgracia y así recobrar sus antiguas funciones, evitándose de esa manera un cuestionamiento de la represión en la que participaron. Raúl Castro podría, pues, redimir su propio poder de los errores y los crímenes de su hermano mayor. Con la única condición de que su papel sea minimizado u ocultado. El tiempo otorgado al castrismo no es infinito.

Aunque haya logrado obtener el reconocimiento de la comunidad internacional, sin el más mínimo cuestionamiento de su poder, adquirido oficialmente por herencia familiar, Raúl Castro sabe, mejor que nadie, que ese poder no puede ser eterno. Su papel consiste en estabilizar una etapa provisional, antes de poder implementar una solución más duradera. No obstante, esa continuación no se perfila para nada en el horizonte. El control total de la familia Castro impide cualquier alternativa política en el seno de las instituciones –las Fuerzas armadas revolucionarias y el Partido comunista– susceptibles de preparar una normalización del régimen cuando sus fundadores hayan desaparecido. Mas pasa el tiempo y menos posibilidades hay de que la opinión pública internacional decida ir un día a examinar de cerca los crímenes del castrismo, que han sido minimizados en relación con los que fueron cometidos bajo otras latitudes por toda clase de dictaduras, comunistas o no.

¿Por qué tanta indulgencia con un régimen cuya longevidad se debe a la represión ejercitada sin piedad contra todos los que pudieran oponerse a sus dictados, no solamente en actos, sino también por medio del pensamiento? En eso consistió siempre la pretensión del castrismo: en controlar hasta los sentimientos de los cubanos, obligarlos a amar a Fidel Castro, padre y después abuelo de la revolución y del país. Y fue lo que se produjo, efectivamente: desde su más temprana edad todos los cubanos se vieron obligados a alabar las hazañas de su libertador y benefactor. Se aprendieron tan bien la lección que los observadores extranjeros los creyeron sin dudar un segundo. Eran incapaces de entender que detrás de las sonrisas circunstanciales de las declaraciones indefectibles de apoyo a la revolución, se ocultaba una profunda desconfianza hacia esos visitantes tan complacientes, listos para acatar y repetir como loros lo que la propaganda les machacaba insistentemente y dispuestos, sobre todo, a cerrar los ojos sobre la otra cara de la moneda, sin embargo tan poco halagüeña.

Una de las víctimas más emblemáticas del castrismo, el poeta Heberto Padilla, muerto en el exilio, escribía en su poemario Provocaciones (publicado en 1973, después de su “autocrítica”, por las ediciones La Gota de Agua, en Madrid), refiriéndose a aquellos turistas revolucionarios, los “viajeros”:
“He aquí las ropas de la abundancia,
mientras más informales, más bellamente escandalosas,
Títulos universitarios, grandes libros
especialmente escritos
para los departamentos de sociología
de prestigiosas universidades que han pagado los gastos.
Las visas las obtienen rápidamente.
Buenos informes sobre campañas antibelicistas.
Protestas contra la guerra del Vietnam.
En fin, son gentes que han elegido
el curso sano y correcto de la Historia.
Han tomado el avión contra sus leyes,
pero son los viajeros más cómodos del porvenir.
Se sienten dulcemente subversivos,
en paz con sus conciencias…”

José Mario, poeta también fallecido en el exilio, cuestionaba a su vez, en su prefacio al poemario de Heberto Padilla, esa injustificable complacencia: “Que los intelectuales extranjeros (comprometidos con el proceso castrista) que hicieron factible en Cuba, con su silencio y complicidad, la tortura, así como todo tipo de atropellos y vejaciones a los principios de la dignidad humana hayan reaccionado demasiado tarde, nos descubre, más que una actitud no asumida a tiempo, una inmoralidad.”

Hay que señalar, sin embargo, que el régimen logró ocultar perfectamente lo que menos le convenía en términos de imagen. El castrismo presentó la revolución como un modelo de espontaneidad, de desorganización, de informalidad, para poder atribuir a los errores de unos cuantos burócratas demasiado estrictos las actuaciones de un sistema represivo perfectamente organizado.