No polaridad o declive

Teódulo López Meléndez, Caracas.

TeóduloLa obviedad es que el mundo fue bipolar hasta la caída del muro de Berlín. La obviedad es que el mundo fue unipolar en tiempos remotos. De lo primero, citemos a Estados Unidos y a la Unión Soviética. De lo segundo, a Roma, para no involucrarnos en un listado extenso.

Un mundo multipolar indica la existencia de muchas potencias, cada una con su propia área de influencia y autosustentable para resolverse.

Reclamar un mundo multipolar parece un absurdo ante la realidad de los tiempos presentes cuando todo parece indicar una evolución hacia un mundo no polar. Uno donde hay actores varios y no necesariamente Estados. En la actual geopolítica de este continente hay una situación no polar, dado que Brasil no puede dirigir el subcontinente, a pesar de su influencia creciente de potencia que emerge. Menos Venezuela, limitada a pescar algunos clientes ansiosos de petróleo barato.

De lo que muchos no se han dado cuenta en el caso Honduras es que por vez primera flaquea ostensiblemente la influencia de Estados Unidos en la región. Apartando o eliminando la verborrea de una izquierda sin discurso, o con uno repetitivo y sesentoso, lo cierto es que los norteamericanos no participaron en la defenestración del ridículo hombre del sombrero y, por el contrario, ejercieron todas las presiones para evitar que el Congreso lo destituyese. La pérdida de influencia radica en que los militares actuaron por encima del embajador gringo, una especie de pretendido procónsul en Tegucigalpa. Tal desobediencia es lo que marca la nueva situación latinoamericana. Recalquemos, pues, que ahora los militares actúan contra la opinión de Washington.

Obama ha renunciado a la línea de la superioridad militar para ejercer la vigencia del imperio, comprendiendo la situación no polar del mundo y recurriendo al multilateralismo, como en el caso Honduras o en los entrelineados de sus discursos, por ejemplo,  en Estambul y El Cairo.

De allí su posición de respaldar a Zelaya, caso latinoamericano, y procurar lavarse la vieja cara estadounidense de estar detrás de todo golpe de Estado en América Latina. A ello deberían ayudarlo los izquierdistas trasnochados y no empeñarse en un lenguaje absolutamente falso y desquiciado de estar acusándolo de complicidad o injerencia en lo sucedido en Honduras.

La izquierda ebria no entiende la nueva política exterior de Estados Unidos, independientemente de si ella es válida o no, tanto para el propio actor como para el resto del mundo. Washington quiere asociaciones y para ello se hace tolerante con las discrepancias y se plantea las nuevas formas de ejercicio de su tradicional liderazgo.

El asunto de fondo es si el ejercicio de tal política lo debilitará o no, si dará resultados o no, si marcará el inicio del declive del imperio. No falta quien diga, cínicamente, que un imperio que no ejerce su poderío entra en el tobogán de la historia.

Estados Unidos se torna pragmático y de entrada ello no es malo, quizás sólo para quienes aún sueñan con su participación en el derrocamiento de gobiernos izquierdistas en nuestro continente. Su pérdida de influencia aquí es notoria, y no me refiero a la existencia de algunos gobiernos contestatarios. Me refiero a la disolución de su influencia directa, como ahora lo vemos solicitando los servicios de Brasil para aplacar la intemperancia del dictador venezolano frente a Colombia, a pesar de que el malabarista que es Lula alce su voz contra las bases gringas en ese país. Esta última acción la hace Brasil porque pretende exclusividad policial en este subcontinente.

Resulta claro que no se podía alargar la política exterior de Bush, pero el cambio implica riesgos, en primer lugar para el propio Obama, quien pudiera verse derrotado en las próximas elecciones presidenciales si los norteamericanos perciben una falta de oxígeno en su preeminencia y para los propios Estados Unidos inmerso en un declive que se torne indetenible.

Es cierto que Obama puede verse desafiado, en algún momento o circunstancia, a usar la fuerza y nadie puede tener la menor duda que la usaría, pero ello marcaría el fin de su “política de inteligencia, de cooperación, de multilateralismo”. Contribuye a la sensación de declive la crisis económica que se alargará algún tiempo a pesar de los signos de freno que muestra. También es cierto que nadie llega al gobierno sabiéndolo todo y que hay un período de natural inmadurez, sólo que para la inmadurez hay poco tiempo.

Lo cierto es que la influencia norteamericana sobre su “patio trasero” –detestable expresión heredada desde tiempos de Teodoro Roosevelt y acrecentada en el mundo bipolar– está más que disminuida. Obama se inclina por la vieja tesis de Henry Kissinger que indica que para donde vaya Brasil irá el subcontinente, tesis, en mi opinión, inválida. No marchamos –insisto– hacia un mundo multipolar donde Brasil solo esté en capacidad de imponer criterios –aunque sí, es obvio, de ejercer influencia–. Marchamos hacia un mundo no polar donde los llamados imperios pretenderán ser uno más en el juego, lo que, de hecho, marca el fin de la hegemonía norteamericana y donde los países emergentes se necesitarán unos a otros para resolver los conflictos, esto es, no serán autosuficientes, lo que de entrada prueba la inexistencia de la multiplicidad de polos.

Los pequeños países como Venezuela, destruidos sus aparatos productivos, desarrollados métodos alternativos de energía, en metástasis el cáncer del populismo, quedarán como bazas a jugar entre quienes mantengan su influencia sobre el devenir del mundo.

Holocausto de libros en Venezuela

Chávez caricatura 2

Edgar Cherubini Lecuna

El término “bibliocausto” lo acuño la revista Time en su edición del 22 de mayo de 1933, cuando en el mundo libre se propagó la noticia de la sistemática quema de libros acometida por los nazis en las principales bibliotecas alemanas y posteriormente en los países ocupados. Como bien lo apunta Fernando Báez (Historia universal de la destrucción de los libros), el Holocausto o aniquilación sistemática de millones de judíos por los nazis, fue precedido por el Bibliocausto, en el que millones de libros fueron destruidos por el mismo régimen. Entender cómo se gestó este horror –afirma Baéz– puede permitirnos comprender cuánta razón tenía Heinrich Heine cuando escribió proféticamente en su obra Almanzor (1821) “Allí donde se queman libros, acaban quemando hombres”. La destrucción de libros de 1933 fue apenas el prólogo de la matanza que siguió, “las hogueras de libros inspiraron los hornos crematorios”.

El diario venezolano El Nacional (29.03.09) nos trae una noticia inquietante sobre la destrucción masiva de libros por el régimen de Hugo Chávez. En un reportaje de Laura Helena Castillo, la periodista investiga la destrucción de más de 60.000 volúmenes sustraídos de las bibliotecas públicas del estado Miranda durante la gestión del gobernador Diosdado Cabello, el segundo hombre de la revolución, quien es actualmente ministro del gabinete de Chávez.

“Entre 2007 y 2008, 62.262 libros de las bibliotecas del estado Miranda fueron vendidos como pulpa de papel. La operación quebrantó las normas de descarte de material elaboradas por la Biblioteca Nacional”, escribe la periodista, quien detecta por igual en las auditorías la desaparición de más de un millón de ejemplares. Se trata de “la destrucción de la cultura (…) en la lista hay de todo: religión, historia, literatura, política, material braille, textos infantiles. El número de ejemplares representa 15% de los 401.000 libros que, según el Instituto Autónomo de Bibliotecas del estado Miranda (Iabim), quedan en el estado, aunque debería haber 2.000.000”. El Nacional, entrevista por igual a algunos de los responsables: “La variedad de libros desincorporados es tan grande que uno pudiera imaginar que, en varias áreas, se hizo por ignorancia”, dice María Elena Zapata, directora general del IABIM. “La mayor parte de los libros tiene una ideología capitalista”, así se expresó Ignacio Barreto, recién designado director del Instituto Autónomo Biblioteca Nacional, quien acaba de asumir la dirección del ente rector y de las 727 bibliotecas públicas del país. “El problema de la ideología no es un asunto ni proselitista ni partidista, se trata de la concepción de un Estado, un sistema. La mayor parte de los libros que están en las bibliotecas tiene una ideología dominante capitalista. Los libros de autoayuda incitan al individualismo, a que tu crecimiento personal no tenga nada que ver con el crecimiento del otro. Los libros de historia de hace muchos años ven a la historia desde la dominación. Son libros de ideología capitalista”, afirmó sin pudor. En la Biblioteca Nacional apoyan la creación de la sección ideológica en las salas públicas del país, que contiene sólo libros destinados a promocionar el proyecto político de Hugo Chávez. En muchos de sus anaqueles ya se encuentran libros alusivos a la revolución cubana y en cuanto a libros de texto para la educación primaria han desaparecido acontecimientos relevantes de la historia democrática del país, mientras se magnifica la gesta de Chávez cuando en 1982 lideró un golpe de Estado y en el presente intenta establecer un régimen denominado “Socialismo del Siglo XXI”.

Construir el futuro socialismo significa sacrificar la libertad de conciencia, la manipulación y el control de la población, así como borrar la memoria colectiva. Entre otras denuncias está la desaparición de colecciones fundacionales de regiones, pueblos y personajes que levantaron esas comunidades o contribuyeron a la edificación de la democracia en Venezuela. De allí que retomemos a Fernando Báez cuando dice que “(…) un libro se destruye con ánimo de aniquilar la memoria que encierra, es decir, el patrimonio de ideas de una cultura entera. La destrucción se cumple contra todo lo que se considere una amenaza directa o indirecta a un valor considerado superior”.

En su Mundo feliz, escrito en 1932, Aldous Huxley, anticipándose a muchos de los acontecimientos que vivimos en el presente, al predecir la extinción de la libertad y la democracia bajo yugos totalitarios, habla del concepto de felicidad colectiva y los objetivos superiores del dominador en boca de uno de los personajes de su novela: “Para poder brindar felicidad, la sociedad debe ser manipulada, se debe reducir la libertad de elección y expresión, así como ejercer el control sobre toda actividad intelectual, ya que el libre ejercicio de las ideas produce infelicidad. En relación a los libros:

Shakespeare esta prohibido porque es antiguo. Aquí, no empleamos viejas cosas.
–¿Aunque sean bellas?
–Sobre todo si son bellas. La belleza atrae, y no queremos que seamos atraídos por las cosas antiguas. Queremos que se amen las nuevas.
–Pero las nuevas son casi estúpidas, son ¡horrorosas!
–No solo el arte es incompatible con la estabilidad. Lo es también la ciencia. La verdad es una amenaza, y la ciencia es un peligro público. Estamos obligados de tenerla cuidadosamente encadenada y amordazada.

Los fanáticos seguidores de Chávez en el campo de la cultura y la educación no han tenido miramientos al eliminar recientemente la libre importación de libros, con la idea de que en el país se lea sólo lo que decida publicar el Estado. Así como escasean los productos básicos, pronto veremos anaqueles vacíos en las librerías, que se repondrán sólo con libros nuevos inspirados en las salas situacionales del régimen, de esa forma, no necesitarán secuestrar, quemar o vender como pulpa los libros desviacionistas de su proyecto de dominación. En Cuba, uno de los primeros libros prohibidos y desterrados de las bibliotecas públicas fue 1984, la utopía totalitaria de George Orwell.

Esto último nos remite a otra obra del género de anticipación, Fahrenheit 451 de Ray Bradbury. El título alude a que 451º F, es la temperatura a la que arde el papel. En la trama de la novela, los “bomberos” son ejecutores de una nueva inquisición contra la libertad de pensamiento, en vez de apagar incendios se dedican a quemar libros prohibidos por el régimen. Montag, el héroe de la novela, es un “quemador de libros” (book burner) quien un día, abrumado por su aborrecible faena, percibe que los libros tienen “cuerpo y alma” y al “escucharlos gritar mientras los quema”, decide desertar y unirse al movimiento de resistencia. Hombres y mujeres que han ideado una táctica para preservar su cultura y sus valores, mediante la memorización de un libro por cada uno de los disidentes. Así, en un encuentro casual de dos transeúntes en un parque, una mujer es La República de Platón y el desconocido con quien se tropezó y ahora dialoga, podría ser Los Viajes de Gulliver. En un café, una joven le recita Antígona a otro joven, quien le contesta con fragmentos de La guerra y la paz. Para “leer” un libro había que buscar a otra persona, generalmente un desconocido.

Cualquier parecido de estos libros con la realidad del régimen “biblioclasta” de Hugo Chávez no son meras coincidencias. De allí que hoy decidí aprender de memoria, algunos capítulos de Doktor Faustus y de La Montaña Mágica de Thomas Mann, unos pasajes de El sonido y la furia de Faulkner, un párrafo del Walden de Thoreau, la primera página de El Manantial de Ayn Rand, de René Char Aromas Cazadores y Le nu perdu, Four Quartets de T.S. Elliot. Ya recito de memoria dos capítulos del Sutra del Loto de Budha Shakiamuni: ¿Cuál libro o poema eres tú?

[Tomado de la revista digital Ala de Cuervo, Venezuela.]

Los pantalones de Lubna

Lubna Husein

Lubna Husein

Lubna Husein es una joven periodista sudanesa a quien un tribunal de Jartum ha condenado a recibir cuarenta latigazos por inmoral. Su inmoralidad consiste en usar pantalones. ¿Y a qué barbaridad habrían condenado a Lubna si se le hubiese ocurrido mostrarse en minifalda? Claro está que lo absolutamente inadmisible no es que en un país, por su cultura y sus tradiciones, se considere indecoroso determinado atuendo, sino que la sanción por usarlo consista, en pleno siglo XXI, en atormentar físicamente al infractor o la infractora, como en el medioevo y más atrás. Afortunadamente, parece que la bella y desafiante Lubna va a poder esquivar el castigo. Su abogado alegó que ella goza de inmunidad diplomática porque es empleada de la ONU, y, por lo pronto, el tribunal de sombras que la condenó ha aplazado la ejecución de la sentencia. Un episodio positivo de esta brumosa historia lo protagonizaron muchas mujeres que asistieron al juicio vistiendo pantalones y portando letreros en los cuales reivindicaban que se respetasen los derechos humanos. En Sudán, los musulmanes son mayoría. Lubna, con admirable coraje, sostiene que la flagelación es inconstitucional y escribe en publicaciones sudanesas contra los extremistas que aplican a rajatabla la ley islámica o sharia. Esto puede estar detrás de la condena de Lubna por lucir pantalones.

Nueva cabecera

Calle Mayor de Triana. Las Palmas de Gran Canaria. Principios del siglo XX. Entonces, como prueba la foto, la cruzaban tranvías. Hoy es peatonal y en ella un tramo de raíles se exhibe como reliquia. En Las Palmas de Gran Canaria vivo desde 1992. Aquí estoy inscrito como ciudadano español. Aquí vive una de mis hijas. Aquí murieron mi mujer y mi padre. Irme de esta luminosa villa atlántica sería para mí un segundo exilio.

Opinión ajena

Moratinos esperaba ayer en Caracas a que el caudillo de la revolución bolivariana tuviese a bien recibirlo mientras que en la frontera de Honduras con Nicaragua la realidad parecía imponerse. O quizá sea más exacto decir que se imponía en Washington donde el entusiasmo por el presidente golpista -Zelaya- se atempera. Parece que los hechos incontestables empiezan a calar en la Administración Obama, por más que no reconozcan al nuevo Gobierno. Quienes sostenían que hemos presenciado un golpe militar empiezan a comprender que en Tegucigalpa hay un gobierno enteramente civil, que fue un Tribunal Supremo íntegramente civil el que ordenó al Ejército que detuviese a Zelaya, y que su destitución había sido decidida por un Congreso elegido democráticamente. Quienes sostienen que Honduras ha vivido un golpe militar faltan a la verdad. El Ejército intervino porque tiene atribuidas en la constitución las competencias para actuar en estos casos. […]

Ramón Pérez-Maura: “Con Chávez, el de Zelaya”. ABC, Madrid, 29/7/2009.

Mensaje a la Nación

Texto firmado por 72 organizaciones opositoras un día después del discurso de Raúl Castro en Holguín

La Habana, 27 de julio de 2009.

En esta hora límite de Cuba, donde todo lo aparentemente sólido se desvanece en el aire, enviamos el siguiente mensaje a la nación entera; dentro y fuera: Cuba es un país fallido; los cubanos, unos súbditos agotados y la burocracia, una máquina de incompetencias. Nada nuevo: sólo que la nación ya no aguanta más.

Desde el desastre de la educación, pasando por el marcado deterioro de los servicios de salud, la insolvencia monetaria del Estado, el agotamiento de la economía, el hambre literal en muchas comunidades, la desnutrición de nuestros hijos, la hora cero de los valores, el abuso, prepotencia e insolencia policiales, hasta llegar a la falta de visión estratégica para el país, Cuba describe una acelerada caída en picada.

La magnitud del desastre sobrepasa, por primera vez en cincuenta años, el fértil y eficaz esfuerzo de imaginación de la propaganda positiva en torno a Cuba, avalada en muchos casos por gobiernos, personalidades y organismos internacionales algo irresponsables. Porque habría que ser moral e intelectualmente osado para negar, con independencia del optimismo infantil de las autoridades, la sensación sentida por la mayoría de que estamos sentados sobre una nación en ruinas. La pregunta clave que circula entre ciudadanos y la élite más responsable en el país es la de cómo Cuba pudo llegar a este estado de cosas.

Pero los límites de esta hora confusa dejan ver con claridad el error básico de partida: la identidad, altamente peligrosa, entre la nación, la llamada revolución y un Estado patrimonial. Ella nos ha colocado frente a un problema de seguridad nacional que es necesario desactivar con dedicación, cautela y responsabilidad.

Las consecuencias de esta identidad peligrosa han cristalizado una matriz imposible para desarrollar cualquier proyecto de nación, desembocando en una crisis estructural que atrapa a todos los sectores de la sociedad.

¿Qué tenemos?

Un país sin economía que, sin conexiones con la economía global, no está preparado para enfrentar las consecuencias de su crisis; un país sin visión, porque no busca horizontes; un país sin estrategia, que reproduce en círculo todas las políticas posibles del error; un país autofágico, que destruye sus legados; un país de ciudades y entornos deprimentes por los que no es recomendable transitar; un país anclado a las economías externas, que se supedita a la artificialidad de un proyecto como el chavismo, con su peligrosísimo tono imperial; un país que pervierte el sentido de la solidaridad cuando relega a los nacionales; un país que se niega a sus propias convenciones morales y legales, y a cumplir sus compromisos, y en el que se nos vende la picardía social y de Estado como regla suprema de convivencia y supervivencia; un país sin compasión, donde la crueldad se legitima al servicio supuesto del bien; un país improvisado en el que la seriedad es una excepción burocrática; un país que pierde la ética del respeto sobre el que erigir los valores necesarios; un país grosero donde la decencia del lenguaje y de los comportamientos se pulverizan de arriba hacia abajo; un país que convive sin sonrojo con la institucionalización constitucional del racismo, y que debe admitir un estilo y modelo de gobierno que está por debajo de la cultura, la diversidad, la experiencia e inteligencia de su sociedad. Un país en fin que, a pesar de los medios de comunicación oficiales y de los artistas e intelectuales del poder, se encamina a una desintegración segura y ordenada.

Los que suscribimos este Mensaje a la Nación comprendemos lo difícil que resulta para un gobierno como el actual lidiar con las dificultades de ese país, que desbordan su edad, su época, su lenguaje y sus límites estrechos. Su encierro guerrillero, en una Sierra Maestra simbólica, refleja su estrategia defensiva y militarizada, ya no frente al ejército de Fulgencio Batista, sino frente a la vejez y a la complejidad civil y cultural de Cuba.

Pero, más allá de la lógica del poder, ¿dónde quedan la lógica de las sensibilidades y la capacidad de comprensión del gobierno cubano? ¿Cómo no entender que, gracias a las tecnologías de la comunicación, Cuba va dejando de ser un archipiélago para vivir plenamente en un mediterráneo global? Si siete de cada diez cubanos quieren un cambio de modo de vida es porque un modelo fracasado ya no nos puede tupir.

El dilema de Cuba pasa por este debate: o predomina el poder por encima de los cubanos, o predominan las sensibilidades por encima del poder. El poder persiste en la lectura ilusoria de las duras realidades, insiste en mandar por su real gana, persevera en un dogmatismo sin ideología, intenta enmascarar la quiebra técnica de Cuba en la repetición de sus prácticas y discursos de coacción y represión; niega la posibilidad de un nuevo comienzo geoestratégico con Estados Unidos, Europa y América Latina, reafirmándose en una guerra fría solitaria; institucionaliza un país enmarañado en la corrupción; reinventa la mediocridad de Estado para esconder su insolvencia intelectual; pierde la oportunidad de unir creatividad y crisis, para ahondar esta última con su rigidez; disimula estoicamente la pérdida constante de lealtades auténticas; y, sobre todo, no ofrece el liderazgo imprescindible para imprimirle rumbos ciertos a lo que queda de esperanzas cubanas. Mientras tanto, nuestros compatriotas se fatigan y quiebran psicológicamente, antes de tomar su última decisión vital: abandonar el país, si pueden.

Sin embargo, frente al diagnóstico de nuestros agotamientos, siempre queda asumir con determinación nuestra responsabilidad por Cuba. Los momentos difíciles son también horas fascinantes para trabajar creativamente desde los fundamentos en la reconstrucción de nuestro proyecto nacional. Con la conciencia clara de estas gravedades, a las fuerzas democráticas nos queda mucho por hacer. Y esto lo podemos lograr animando una plataforma para el consenso entre todos.

El gobierno cubano, si decide pegar el oído a la calle, tiene aquí una opción: abrirse a dialogar con la sociedad cubana. Una sociedad que, pese a las angustias y violencias cotidianas a las que se ve obligada, y al malestar profundo por la acumulación de vidas frustradas, tiene una magnífica capacidad para el perdón y para el ejercicio pacífico de la controversia. En todo caso, no es ocioso recordar que Cuba pertenece a todos los cubanos.

Organizaciones que patrocinan Mensaje a la Nación

1. Partido Arco Progresista
2. Partido Solidaridad Democrática
Ámbito Cívico: conformado por:
3. Grupo Mediático Consenso
4. Límite Humano
5. Comité Ciudadano por la Integración Racial
6. Club de Escritores de Cuba
7. Cubabarómetro
8. Ciudadanos por el Estado de Derecho
9. Fundación por la Libertad de Expresión
10. Red de Bibliotecas Cívicas
11. Nuevo País

12. Centro de Salud y Derechos Humanos “Juan Bruno Zayas”
13. Partido Popular Joven Cuba
14. Centro de Documentación “Jaime Guzmán”
15. ONG “Identidad por Cuba”
16. Instituto Juvenil Cristiano de Estudios Sociales
17. Movimiento Viva Cuba Libre
18. Fundación Luisa María García-Toledo
19. ONG “Mensaje de Esperanza”
20. Coordinadora Socialdemócrata de Cuba
21. Coordinadora de Presos y Expresos Políticos
22. Delegación Nacional de Unión por Cuba Libre
23. Corriente Martiana
24. Fundación Isla de Pinos de Derechos Humanos y Fomento Territorial
25. Cooperativa Independiente Ceramistas Pineros
26. Comisión de Atención a Presos Políticos y sus Familiares
27. Movimiento Liberal Cubano
28. Delegación Nacional de la FLAMUR
29. Municipios de Cuba y Derechos Humanos
30. Centro de Información Hablemos Press (CIHPRESS)
31. Consejo Nacional por los Derechos Civiles en Cuba
32. Frente Feminista Aliadas Democráticas
33. Partido Republicano Renovación Ortodoxa
34. Frente Oriental Presidio Político “Pedro Luis Boitel”
35. Alianza Fraternal Martiana
36. Frente Democrático Oriental
37. Club de Presos y Expresos Políticos
38. Comisión Nacional de Derechos Humanos “José Martí”
39. Solidaridad de Trabajadores Cubanos
40. Partido Demócrata Cristiano de Cuba
41. Movimiento Cívico “Calixto García Iñiguez”
42. Círculo Democrático Municipalista de Velazco
43. Delegación Nacional del Partido Republicano de Cuba
44. Consejo Editor de la Revista “Renacer”
45. Proyecto Cultural Pinareño “Libertad”
46. Movimiento Feminista “La Rosa Blanca de Martí”
47. Centro de Distribución de Literatura y Prensa de Velazco
48. Buró de Información y Prensa adscrito a la Coalición Juvenil Martiana
49. Grupo de Apoyo a la Democracia “Quinto Patio”
50. Delegación Pinareña de la FLAMUR
51. Delegación de Velazco del Partido Liberal Cubano
52. Alianza Nacional Cristiana
53. Partido Acción Concertadora Democrática
54. Confederación de Trabajadores Democráticos de Cuba
55. ONG “Cubanos Libres”
56. Comisión de Atención a Presos Políticos y sus Familiares
57. Sindicato Independiente Cambio Regional de Pinar del Río
58. Centro de Derechos Humanos Jan Karsky
59. Atención al Preso Político de Pinar del Río
60. Sociedad Civil y Bibliotecas Independientes de Pinar del Río
61. Sindicato Independiente de Conductores de Bicitaxis
62. Sindicato Independiente de Zapateros
63. Sindicato de Trabajadores Independientes
64. Movimiento de Resistencia y Desobediencia Cívica “Mario Chanes de Armas”
65. Comisión Nacional Cuba
66. Colegio de Pedagogos Independiente de Cuba
67. Confederación de Trabajadores Independientes
68. Biblioteca Independiente “Hermanos al Rescate”
69. Partido Autónomo Pinero
70. Frente Democrático Libertad de Cuba
71. Movimiento Democrático Occidental 10 de Diciembre
72. Movimiento de Derechos Humanos Máximo Gómez

Cubaencuentro logo