OPINIÓN AJENA

[…] Todos recordamos la sutil dialéctica de “el momento”. Habitualmente, en Cuba cualquier crítica solo es admisible si se pronuncia en “el momento” histórico correcto. Y ello requiere una delicadísima percepción de hacia dónde soplan los alisios de la política nacional. Normalmente, nunca es “el momento”, y lo más frecuente es que “el momento”, fugaz milisegundo histórico, pase por nuestro lado sin que nos demos cuenta, y la próxima estación del crítico sea enterarse de que ya no es “el momento”.

“El momento” es una dama famélica a dieta de puro silencio. Camina con un dedo sobre los labios. Pide silencio, porque cualquier palabra no autorizada puede servirle al enemigo para componer una copla satírica. No hay que darle argumentos. Que se resigne a la música instrumental. Los muertecitos de Stalin no estaban muertos sino en terapia intensiva; se les proporcionaba respiración artificial de discursos, himnos en vena. Hasta la intervención de Nikita Kruschov en el XX Congreso. Ese día los desconectaron de golpe. Y fíjese bien, compañero, sabemos que hay un bache en la carretera de Viñales, pero no es el momento histórico de mencionar ese bache, que es bache pero es nuestro. El enemigo usaría nuestra autocrítica para decir que toda la carretera de Viñales es un bache, que el comunismo es un bache en la carretera de la Historia. ¿Comprende, compañero?

Entre “Fidel, Kruschov, estamos con los dos” y “Nikita, mariquita, lo que se da no se quita” hubo un interregno de duda en que un error de cálculo podía ser fatal. Como lo fue el titular del diario Revolución ante la invasión rusa a Checoslovaquia de 1968. Los chinos han sido, alternativamente, hermanos y peones del imperialismo. En 1978, los “gusanos” se convirtieron en “comunidad cubana en el exterior”, “mariposas”, para abreviar. Los sancionados por escribir a sus padres y hermanos de Miami, pudieron recibirlos en persona y sin disimulo. Nunca el género epistolar fue tan maltratado. La revista Sputnik pasó de recomendable a prohibida. Silvio Rodríguez, de prohibido a obligatorio. Y Fidel Castro, en 1985, durante el “Proceso de rectificación de errores y tendencias negativas”, censuró el desempeño de su propia revolución como quien acaba de regresar de un largo viaje y encuentra la casa desordenada. […]

Luis Manuel García Méndez: “El momentómetro”. CUBAENCUENTRO, España, 28/6/2011.

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PRESENTARÁN LIBRO DE DAVID PULIDO SUÁREZ

Ediciones Idea, de Canarias, acaba de publicar, en su Colección Vid Nueva, el primer libro del joven poeta David Pulido Suárez: Dame un nombre. Este libro lleva prólogo del escritor Antonio Bordón y se presentará el viernes 1 de julio, a las 20:00 h, en la Casa-Museo Pérez Galdós, sita en la calle Cano, 6, en Las Palmas de Gran Canaria.

David Pulido Suárez nació en Las Palmas de Gran Canaria en 1981. Es graduado de Filología Hispánica por la Universidad de Las Palmas. Ha colaborado con cuentos y poemas en las revistas Calibán, Ínsula Barataria, Aenigma y La Plazuela de las Letras. Tiene inédito un poemario dedicado a los niños y jóvenes titulado Décimas de juguete.

LA ENFERMEDAD DE EUROPA

Teódulo López Meléndez, Caracas.

No han sabido las élites construir una verdadera Europa sino una especie de patchwork institucional basado sobre equilibrios que en nada contribuye a la mejoría real de la vida. Hay, pues, una crisis de confianza. Y la vertiente económica que afecta al empleo y las prestaciones sociales.

En pocas palabras, Europa se convirtió en el segundo escenario de la crisis financiera global. The Times sentenció: “El sistema bancario es insolvente, el desempleo se acelera, los ingresos por impuestos caen, los mercados están en un estado de choque, la construcción se derrumba, los déficits aumentan vertiginosamente y la confianza de los consumidores sufre una masiva contracción en todo el sistema que podría salirse de control”.

La derecha aparece impotente y achantada generando extremismos que por momentos hacen recordar los grandes males del siglo XX. La izquierda ha perdido la brújula y se mueve enloquecida y sin ideas, nutriéndose del pasado o dando muestras de su incapacidad de sustituirlo.

La izquierda no logra refundarse sobre nuevo pensamiento, se manifiesta impotente para ofrecer respuestas. La derecha, ante su confusión encerrada en el traje del nacionalismo, sólo encuentra acción en planes de seguridad y de reactivación económica. No parece existir una política anti-crisis de ninguno de los dos lados que conlleve a los objetivos comunes y a la reaparición de una verdadera solidaridad.

Pero es la crisis moral la más grave. Algunos la denominan de moral civilizadora. La historia parece ha dejado de ser competencia por el poder o competencia por la riqueza. Europa era el centro de la cultura mundial y ya no lo es. Quedó de manifiesto al final de la Guerra Fría. Una crisis de cultura necesariamente lleva a una crisis política. El siglo XXI se está convirtiendo para Europa en el siglo de la nada. El nihilismo que he puesto de relieve en otros textos conlleva a un profundo cansancio y a un relativismo moral.

Hay un malestar intelectual que hace a los europeos incapaces de definir el resultado de la presente transición. El proceso de pensamiento parece paralizado en un proceso cultural de choque psicológico. El desgaste político se acentúa como normal consecuencia. La relación del individuo con la sociedad ha alcanzado altos grados de empobrecimiento.

Europa puede estallar como proyecto político o recomponerse. Como he insistido, el problema radica claramente en la política. La pretensión que asoman algunos líderes de estatismo como solución contradice claramente el deslizarse del Estado-nación lo que implica la necesidad de un avance hacia el fortalecimiento de un poder público comunitario. Europa debe hacerse reinvención de la democracia en sustitución de esta casta impermeable que parece rodearla y que la hace caer en la desesperación impotente y en la corrupción. La democracia actual es la del siglo XX sin que Europa se dé cuenta de lo que sí se han dado unos pocos: la necesaria intervención de las comunidades en las instituciones supranacionales.

Si bien la situación económica provoca ansiedad e interrogaciones sobre el futuro, es el marco general donde debemos buscar la irritación, la desesperación juvenil y la frustración. Cada ser humano vive su propia crisis subjetiva y la desadaptación se convierte en miedo y posteriormente en reacción.

Crisis económica, crisis cultural, crisis psicológica, crisis social, hasta quizás ser crisis humana. Aparte de lo puntual como consecuencia del quiebre económico, esto es, reducción de beneficios sociales y despido de empleados públicos –lo que refleja una reducción del Estado en medio de la paradoja de renacimiento del estatismo–, la otra causa son las migraciones y la xenofobia. Y la otra cara de Jano: pretendieron construir a Europa sin la participación activa de sus ciudadanos. Y lo dijeron explícitamente al
eliminar del Tratado de Lisboa la referencia a democracia participativa para quedarse en un concepto desmoronado de democracia representativa. Las quejas por las derrotas de una Constitución quizás deban ser reemplazadas con una autocrítica por el empujón de rechazo dado a los ciudadanos europeos.

Esta es la Europa de la crisis con la consecuencial pérdida de confianza en una clase política burocratizada con claras manifestaciones de ineptitud.

OPINIÓN AJENA

[…] Mientras en el exterior discutimos sobre si el régimen castrista evolucionará hacia un modelo chino o vietnamita, en el interior lo único que preocupa a la oligarquía castrista es cómo reformar la economía para mantener el poder político absoluto de la nomenclatura, en la que participan la familia Castro, los mandos militares, la policía política y los burócratas del régimen. En la duda, se ha depurado a los que querían más cambios y más poder, y se ha optado, nuevamente, por la represión política y autorizado unas mínimas reformas para evitar las hambrunas.

[…] El castrismo, como ideología, sólo tiene un dogma: que “el comandante” es el único cubano con capacidad para pensar y decidir lo que necesitan sus súbditos. El dogma tiene dos caras: la primera que el poder tiene que ser absoluto; la segunda, que nadie pueda disponer de medios económicos suficientes para vivir al margen de lo que decida el líder máximo. El gran enemigo es, en esta elemental ideología, la propiedad privada. Por eso se nacionalizaron primero y se estatizaron después todos los medios de producción, desde las fábricas hasta los comercios, desde la tierra hasta las oficinas o los medios de transporte. Fidel Castro se ha disfrazado con todo tipo de ropajes a lo largo de los interminables 52 años en los que ha ejercido la tiranía. Ha sido guevarista, soviético ortodoxo, golpista en América Latina, militar en África, colaborador de narcotraficantes, incluso cercano al sistema capitalista a mediados de los 70, pero siempre ha tenido claro un principio: en Cuba nadie debe poder ganarse la vida autónomamente de una forma continuada. Siempre ha tenido claro que la propiedad privada es el germen de la libertad de pensamiento. Y en Cuba sólo él se considera con capacidad para pensar correctamente y decidir lo que conviene a todos y cada uno de los 11 millones de cubanos. […]

Alberto Recarte: “El castrismo: una herencia económica catastrófica”. LIBERTAD DIGITAL, España, 21/6/2011.

CUBA E IRÁN, LOS MÁS REPRESIVOS

En su más reciente informe, el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ, siglas en inglés), con sede en Nueva York, inicia con Cuba e Irán la lista de los mayores enemigos de la libertad de expresión en el mundo. En los últimos 12 meses, según el CPJ, alrededor de 70 periodistas han tenido que huir de sus respectivos países para evitar la cárcel, y más de la mitad de ellos son cubanos e iraníes. El citado informe, presentado por el CPJ con motivo del Día Mundial de los Refugiados, concluye con el capítulo titulado “Irán y Cuba expulsan a sus críticos”.

BATALLA LINGÜÍSTICA EN ESPAÑA

Ayer se celebró el día del idioma español (el segundo idioma de comunicación internacional), promovido por el Instituto Cervantes. Hace tres años, el 23 de junio de 2008, dieciocho conocidos intelectuales presentaron en el Ateneo de Madrid el siguiente manifiesto, que pocos días después contaba con más de 130.000 adhesiones, la mía entre ellas. Considero oportuno desempolvar este ya histórico alegato porque el castellano sigue sufriendo, hoy intensificado, el asedio chauvinista en las regiones españolas con lenguas cooficiales, lo cual constituye, además de un atentado a los derechos de las personas y una gravísima necedad en términos culturales, un desacato a la Constitución vigente, irresponsablemente permitido por el Gobierno central.

MANIFIESTO POR UNA LENGUA COMÚN

Desde hace algunos años hay crecientes razones para preocuparse en nuestro país por la situación institucional de la lengua castellana, la única lengua juntamente oficial y común de todos los ciudadanos españoles. Desde luego, no se trata de una desazón meramente cultural -nuestro idioma goza de una pujanza envidiable y creciente en el mundo entero, sólo superada por el chino y el inglés- sino de una inquietud estrictamente política: se refiere a su papel como lengua principal de comunicación democrática en este país, así como de los derechos educativos y cívicos de quienes la tienen como lengua materna o la eligen con todo derecho como vehículo preferente de expresión, comprensión y comunicación.

Como punto de partida, establezcamos una serie de premisas:

1. Todas las lenguas oficiales en el Estado son igualmente españolas y merecedoras de protección institucional como patrimonio compartido, pero sólo una de ellas es común a todos, oficial en todo el territorio nacional y por tanto sólo una de ellas -el castellano- goza del deber constitucional de ser conocida y de la presunción consecuente de que todos la conocen. Es decir, hay una asimetría entre las lenguas españolas oficiales, lo cual no implica injusticia (?) de ningún tipo porque en España hay diversas realidades culturales pero sólo una de ellas es universalmente oficial en nuestro Estado democrático. Y contar con una lengua política común es una enorme riqueza para la democracia, aún más si se trata de una lengua de tanto arraigo histórico en todo el país y de tanta vigencia en el mundo entero como el castellano.

2. Son los ciudadanos quienes tienen derechos lingüísticos, no los territorios ni mucho menos las lenguas mismas. O sea: los ciudadanos que hablan cualquiera de las lenguas cooficiales tienen derecho a recibir educación y ser atendidos por la administración en ella, pero las lenguas no tienen el derecho de conseguir coactivamente hablantes ni a imponerse como prioritarias en educación, información, rotulación, instituciones, etc… en detrimento del castellano (y mucho menos se puede llamar a semejante atropello «normalización lingüística»).

3. En las comunidades bilingües es un deseo encomiable aspirar a que todos los ciudadanos lleguen a conocer bien la lengua cooficial, junto a la obligación de conocer la común del país (que también es la común dentro de esa comunidad, no lo olvidemos). Pero tal aspiración puede ser solamente estimulada, no impuesta. Es lógico suponer que siempre habrá muchos ciudadanos que prefieran desarrollar su vida cotidiana y profesional en castellano, conociendo sólo de la lengua autonómica lo suficiente para convivir cortésmente con los demás y disfrutar en lo posible de las manifestaciones culturales en ella. Que ciertas autoridades autonómicas anhelen como ideal lograr un máximo techo competencial bilingüe no justifica decretar la lengua autonómica como vehículo exclusivo ni primordial de educación o de relaciones con la Administración pública. Conviene recordar que este tipo de imposiciones abusivas daña especialmente las posibilidades laborales o sociales de los más desfavorecidos, recortando sus alternativas y su movilidad.

4. Ciertamente, el artículo tercero, apartado 3, de la Constitución establece que «las distintas modalidades lingüísticas de España son un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección». Nada cabe objetar a esta disposición tan generosa como justa, proclamada para acabar con las prohibiciones y restricciones que padecían esas lenguas. Cumplido sobradamente hoy tal objetivo, sería un fraude constitucional y una auténtica felonía utilizar tal artículo para justificar la discriminación, marginación o minusvaloración de los ciudadanos monolingües en castellano en alguna de las formas antes indicadas.

Por consiguiente los abajo firmantes solicitamos del Parlamento español una normativa legal del rango adecuado (que en su caso puede exigir una modificación constitucional y de algunos estatutos autonómicos) para fijar inequívocamente los siguientes puntos:

1. La lengua castellana es común y oficial a todo el territorio nacional, siendo la única cuya comprensión puede serle supuesta a cualquier efecto a todos los ciudadanos españoles.

2. Todos los ciudadanos que lo deseen tienen derecho a ser educados en lengua castellana, sea cual fuere su lengua materna. Las lenguas cooficiales autonómicas deben figurar en los planes de estudio de sus respectivas comunidades en diversos grados de oferta, pero nunca como lengua vehicular exclusiva. En cualquier caso, siempre debe quedar garantizado a todos los alumnos el conocimiento final de la lengua común.

3. En las autonomías bilingües, cualquier ciudadano español tiene derecho a ser atendido institucionalmente en las dos lenguas oficiales. Lo cual implica que en los centros oficiales habrá siempre personal capacitado para ello, no que todo funcionario deba tener tal capacitación. En locales y negocios públicos no oficiales, la relación con la clientela en una o ambas lenguas será discrecional.

4. La rotulación de los edificios oficiales y de las vías públicas, las comunicaciones administrativas, la información a la ciudadanía, etc… en dichas comunidades (o en sus zonas calificadas de bilingües) es recomendable que sean bilingües pero en todo caso nunca podrán expresarse únicamente en la lengua autonómica.

5. Los representantes políticos, tanto de la administración central como de las autonómicas, utilizarán habitualmente en sus funciones institucionales de alcance estatal la lengua castellana lo mismo dentro de España que en el extranjero, salvo en determinadas ocasiones características. En los parlamentos autonómicos bilingües podrán emplear indistintamente, como es natural, cualquiera de las dos lenguas oficiales.