Lorca en La Habana

Pío E. Serrano
Después de permanecer durante seis meses en los Estados Unidos, García Lorca llega a La Habana. Por lo que sabemos, la estancia norteamericana del poeta granadino quedó resuelta en dos experiencias contrapuestas. Por una parte, la grata memoria de la acogida con que es recibido por las figuras mayores del hispanismo en Nueva York —Ángel del Río, Federico de Onís, Ángel Flores…— y por ciertos medios culturales norteamericanos, así como por el encantamiento que le produjo aquella ciudad monumental, esplendente de luz y color, rica en actividades culturales, cruce de caminos de las más diversas razas y nacionalidades; por otra, el descubrimiento de las prácticas más descarnadas de la sociedad capitalista y, sobre todo, el hallazgo del universo del negro norteamericano, la discriminación que padece y la marginación a la que está condenado. Y será esta segunda zona, la dolorosa y airada, la que producirá un vuelco en su expresión poética y, como nunca antes, abre su poesía a la denuncia de la opresión social, a la comprensión de los discriminados y explotados y a la necesidad de mostrar su identificación con los perseguidos.
Después de los sentimientos encontrados que le dejarán los seis meses de permanencia en Estados Unidos y de los pesares que arrastra desde España, García Lorca llega a La Habana. La estancia cubana —98 días— le permitirá a Lorca recuperar su lengua, durante meses menguada durante su estancia en Nueva York; recupera un espacio urbanístico más allegado y cordial en una ciudad que todavía concilia la «ciudad fortaleza», la «ciudad convento» y la «ciudad posada», tan españolas, con el despertar de una «ciudad monumental», favorecida por una burguesía ávida de espacios, que desborda el ámbito doméstico para ocupar el espacio público, y que Lorca hace tan suya que escribe a sus padres: «Si yo me pierdo, que me busquen en Andalucía o en Cuba»; regresa a unas prácticas religiosas más cálidas y vistosas que la frialdad protestante; descubre un frotamiento humano, desinhibido y espontáneo, el cubano, quien al dirigirse al amigo lo palpa, lo toca, palmea su espalda, abraza con el saludo y aún los más humildes —insulares al fin— ejercen la elegancia del gesto, la finura del trato con el visitante extranjero; recupera, en fin, probablemente por primera vez en su vida, el cuerpo, un cuerpo que en su experiencia expresa un deseo de libertad, mediatizado por el vuelco ideológico que se apodera de su escritura en Nueva York y por el erotismo irradiante de la naturaleza tropical y la fascinación que le producen esas «gotas de sangre negra que llevan los cubanos». No en balde, es en La Habana donde se siente capaz de escribir El público.
Nacido en 1898, es muy probable que Lorca recibiera desde fecha temprana las melancólicas referencias de la Cuba recientemente perdida. En cualquier caso, el poeta granadino dejó constancia en varias ocasiones de las habaneras y nanas, algunas originales de autores cubanos, como la habanera «Tú» de Eduardo Sánchez de Fuentes, que escuchaba en sus días de infancia, cantadas en el seno de la familia. A estas evocaciones musicales, añadía Lorca otras de carácter plástico: las sugerentes y ricas en colores fuertemente contrastantes de las marquillas de tabaco, presentes en las cajas de puros que su padre recibía de La Habana, y donde el niño descubriera la frondosa cabellera de Fonseca —Francisco E. Fonseca, industrial tabaquero cubano, fallecido un año antes de la llegada de Lorca a La Habana—, y que más tarde evocaría en su conocido poema «Son», «Son de Cuba», «Son de Santiago de Cuba» o «Son de negros en Cuba», que con todos estos títulos ha sido recogido en las diferentes versiones publicadas y presente como último poema en su Poeta en Nueva York, editado póstumamente en dos ediciones de 1940.
Quizás el impulso último para viajar a Cuba lo recibiera de su amigo José María Chacón y Calvo, hispanista y diplomático cubano, llegado a España en 1918. Se habían conocido en 1922, durante un viaje que Chacón hizo a la Semana Santa de Sevilla, acompañado por Alfonso Reyes, y desde entonces su amistad no dejó de crecer, alimentada por su trato frecuente en Madrid. En el piso de Chacón, en General Pardiñas 32, Lorca conoció a la antropóloga cubana Lydia Cabrera, quien, al parecer, estableciera el fecundo contacto entre el poeta y Margarita Xirgu.
En 1926 Chacón da a conocer por primera vez en Cuba la poesía de Lorca en la revista Social y en 1928, el poeta hispanocubano Eugenio Florit firmó un entusiasta artículo en la Revista de avance con motivo de la aparición delRomancero gitano recién publicado en España, y de nuevo la revista Socialreprodujo «Romance de la luna, luna» y «La casada infiel», poema este último que causó furor en La Habana y que Lorca dedicara a Lydia Cabrera y su negrita (Carmela Bajarano). Y en 1929 el crítico cubano Antonio Oliver Belmás, al tiempo que da noticias del agotamiento del Romancero gitano en las librerías habaneras, publica en la Revista de Avance un amplio ensayo sobre Gerardo Diego y García Lorca.
Aprovechando su estancia en La Habana, Chacón logra interesar a Fernando Ortiz, presidente de la Institución Hispanocubana de Cultura, fundada en 1926, y de la que era vicepresidente, para invitar a García Lorca a Cuba, una idea, sin duda, nacida desde los días en que Lorca prepara su viaje a Nueva York. Durante un breve viaje a Nueva York, en enero de 1930, Ortiz confirma personalmente a Lorca la invitación para visitar Cuba y dar cinco conferencias. El tres de marzo Lorca recibe de la Institución Hispanocubana de Cultura 150 pesos para cubrir los gastos del viaje que hará por barco desde Miami. La llegada a La Habana el 7 de marzo es anticipada por la prensa cubana, que no vacila en calificarlo como «el más eminente poeta español del momento». Acuden a recibirlo al puerto, por supuesto Chacón y Calvo, y algunas de las figuras más relevantes de la cultura cubana, entre ellos el joven poeta Juan Marinello y el profesor Féliz Lizaso.
Ahora bien, cuál era la Cuba a la que llegaba el poeta granadino. En lo político, la isla atravesaba los primeros meses del fraudulento acceso a un segundo periodo presidencial de Gerardo Machado, respondido con indignación por la población, lo que genera un clima de agitación y violencia, que cobra vida en una fracasada huelga general en marzo de 1930; hasta agosto de 1933 la isla viviría una etapa de feroz violencia entre el terrorismo opositor y la sangrienta represión del dictador. En lo económico, el país vivió durante unos pocos años de los beneficios de la política aduanera proteccionista y del incremento de la obra pública gestionada por el primer gobierno constitucional de Machado, un auge económico que comenzó a hacer aguas a partir de la crisis del 29 y que ya en 1930, con el desplome de la venta del azúcar en el mercado internacional, precipitaba a la isla en una tempestad económica de la que no se recuperaría hasta la II Guerra Mundial. Numerosos testimonios cubanos confirman que Lorca no permaneció indiferente al clima político de la isla y que, en más de una ocasión, expresó su simpatía por el rechazo popular a Machado, llegando a desfilar en algunas manifestaciones.
En cuanto al escenario cultural y a la reacción de los grupos intelectuales ante tales perspectivas, desde la década del 20 se comenzó a expresar un clima de contestación. Primero fue la «Protesta de los Trece» (1923), a continuación el surgimiento del llamado Grupo Minorista (1924), posteriormente la creación del movimiento ABC (1931) y la presencia cada vez con mayor visibilidad y efectividad del movimiento comunista, que tuvo entre sus filas a dos de las figuras más relevantes de la época, el líder universitario Julio Antonio Mella y el poeta Rubén Martínez Villena. En lo estrictamente literario, y particularmente en la poesía, las letras cubanas viven el renacimiento aportado por la Segunda Generación republicana, ansiosa por librarse de los flecos últimos del postmodernismo. Su vehículo fue la Revista de Avance (1927-1930), soporte de una nueva ética y de nueva estética alejadas de la inercia tradicional, defensora de la renovación del lenguaje y abierta a los ismos que ya se imponían en el resto de Hispanoamérica. Conviven en el periodo poesía pura y poesía social, alentadas ambas por los aires de la vanguardia y que alcanza uno de sus mejores momentos en la poesía negrista de Guillén. El 20 de abril de 1930, unos días antes de que Lorca escribiera su poema cubano «Son», Guillén publica en elDiario de la Marina sus ocho «Motivos de son», que para algunos fue, no influencia, sino circunstancia que favoreció la escritura del poema lorquiano. En 1930 y a lo largo de la década se publicaron algunos de los textos centrales de la poesía cubana, resultado de la efervescencia renovadora del momento. Ninguna otra ocasión mejor para el entusiasmo y la curiosidad con que fue recibido Lorca en la isla.
Entre el 9 de marzo y el 6 de abril despacha Lorca las cinco conferencias en La Habana que justificaban su viaje, y que después desgranaría en otras ciudades del interior de la isla. El éxito alcanzado por Lorca en sus presentaciones fue extraordinario. Lejos de la solemnidad acostumbrada en estos actos, Federico se presenta desinhibido y cordial, improvisa y desborda simpatía. La recaudación de taquilla, unida a la ayuda económica de sus amigos, posiblemente permitiera a Lorca ampliar su estancia en La Habana. Sobre la recepción del poeta granadino escribió más tarde Juan Marinello:
Las gentes de mejor sensibilidad recibieron con avidez absorta el verso inesperado, y le adivinaron la calidad y la hondura a través de su resonancia popular y de aquella conexión con lo nuestro que lo hacía, de pronto, materia cercana. Por ello se dio el caso, no producido antes ni repetido después, de que un escritor en la etapa ascendente y con lenguaje inusual, fuese recibido en la isla como un valor cumplido, de lograda estatura, de grandeza andadora. Porque es lo cierto que nuestros mejores hombres del año 30 ofrecieron al muchacho presuroso y alegre un homenaje de escritor clásico.
Y Lezama Lima, entonces estudiante, recuerda una lectura de poemas de Lorca en la Universidad de La Habana:
La seguridad de su voz en el recitado, le prestaba un gracioso énfasis, un leve subrayado. La voz entonces se agrandaba, abría los ojos con una desmesura muy mesurada, y su mano derecha esbozaba el gesto de quien reteniendo una gorgona, la soltase de pronto. El recuerdo de los cantaores estaba no solo en el grave entorno de su voz, sino en la convergencia del gesto y el aliento en todo su cuerpo, que parecía entonces dar un incontrastable paso al frente.
Lorca fue recibido y mimado en Cuba por las figuras más representativas de la alta cultura cubana, como Fernando Ortiz, Jorge Mañach, Lydia Cabrera, Félix Lizaso, José Antonio Fernández de Castro, etc. Y encontró un cordial acomodo entre los poetas cubanos contemporáneos: Guillén, Ballagas, Dulce María Loynaz, Florit, Marinello, Tallet, entre otros muchos.
Pero no solo de conferencias y vida pública se alimentó la visita habanera de Lorca. Si exceptuamos al siempre presente Chacón y Calvo, tres fueron los círculos en los que transcurrió su vida privada. El primero, prácticamente desde su llegada, en torno al matrimonio español de Antonio Quevedo y María Muñoz, musicólogos asentados en Cuba desde 1919, una amistad precedida por una cálida carta de presentación de Manuel de Falla. Con ellos compartiría numerosas actividades culturales y poco de su existencia más íntima.
Entre los hermanos Loynaz —Carlos Manuel, Dulce María, Enrique y Flor— Lorca encontraría su mejor acomodo. La variedad de temperamentos, hiperbólicos todos, y el inusual estilo de vida de los hermanos ganó de inmediato el favor de Lorca, al tiempo que su simpatía y su no menos delirante comportamiento le abrieron las puertas de aquella casa de El Vedado que para Lorca sería «la casa encantada». Allí instaló una suerte de taller, sin pernoctar nunca, donde tocaba el piano y cantaba, escribía, dibujaba, bebía whisky con soda, entre apasionados coloquios que solían terminar, ya de madruga, en visitas a las calles y plazas de La Habana Vieja. En aquella casa Lorca escribió El público, algunos de los poemas de Poeta en Nueva York y fragmentos de Yerma y Doña Rosita la soltera. Si difícil fue su relación con Dulce María y Enrique, su trato de exaltada fraternidad con Flor y Carlos Manuel compensó el desencuentro con los mayores de los hermanos.
El tercer círculo en que se desarrolló otro aspecto de la vida privada de Federico en La Habana estaba formado, en primer lugar, por el joven poeta guatemalteco Luis Cardoza y Aragón y, en parte por los españoles, el musicólogo Adolfo Salazar y el pintor Gabriel García Maroto. Con ellos, Lorca conoció la intensidad de la noche marginal habanera, especialmente allí donde la presencia negra, bullanguera y alegremente provocadora, tenía sus recintos. Con ellos visitó por primera vez el popular Teatro Alambra, solo para hombres, donde se representaban delirantes piezas que alternaban la sátira social y política con lo vulgar y grosero, pero que gracias a la eficacia de los actores se convertían en desternillantes parodias que hacían llorar de risa a Federico, desde entonces asiduo asistente a estas representaciones, deslumbrado por la pericia en escena del negrito, el gallego, la mulata, el homosexual y el chino. Con sus amigos más íntimos recorrerá también los poco recomendables bares nocturnos del puerto y con Cardoza visita un elegante burdel que, en palabras del guatemalteco dejó paralizado a Federico «perplejo ante tanta suntuosidad».
Si en la zona portuaria Lorca descubrió la fuerza raigal y el encanto rítmico de la música popular cubana —entonces recién llegado a La Habana el son de Santiago de Cuba— fue en los bares marginados de la playa de Marianao donde Federico fue recibido como uno más entre los soneros negros y mulatos, sorprendidos por la gracia y la espontaneidad de aquel blanquito «gallego» que, primero los escuchaba con seriedad y atención para, a continuación, tomar el ritmo con las claves y hacer coro con los enardecidos intérpretes, ebrios de ritmo y de ron. Sin duda, entre aquellos bares modestísimos y populares, donde mejor se sintió Federico fue en el bar del Chori —Silvano Shueng Hechevarría, como Wifredo Lam, hijo de chino y de negra—, aquel mestizo enorme, santiaguero, de labios protuberantes y expresión inmutable, con un pañuelo rojo atado al cuello, poseedor de un inexplicable talento musical, capaz de extraer sorprendentes armonías de timbales, botellas, sartenes y bocinas, al tiempo que cantaba «Hayaca de maíz», «La choricera» y «Enterrador no la llores». La autenticidad del espectáculo debió de estremecer a Federico.
Si la disputa en torno al viaje de Lorca a Santiago de Cuba —costeado por la sede santiaguera de la Institución Hispanocubana de Cultura— ha quedado definitivamente zanjada por los incontestables testimonios de su visita, lo que hasta el presente no ha sido despejado es la identidad de la persona que lo acompañó. Un misterio más de un viaje que Federico quiso mantener en secreto, pues los Quevedo-Muñoz ni los Loynaz fueron advertidos del mismo. Lo que sí no ha dejado dudas fue la escritura del poema cubano de Lorca, «Son», escrito en el mes de abril en Matanzas, publicado por primera vez en La Habana por la revista Musicalia (abril-mayo de 1930) y cuyo original autógrafo regalará a su director Antonio Quevedo. Las pequeñas divergencias surgidas en las ediciones posteriores son materia de filólogos. En las que no entro. Sí me gustaría señalar que en Lezama Lima he encontrado, a mi parecer, la más acertada interpretación del verso «en un coche de aguas negras», de un hermetismo impenetrable para muchos, y que Lezama descifra considerando la metáfora como alusión al desaparecer el sol en la línea del horizonte. Sigue Lezama: «Ahí Lorca intuyó que el prodigio de nuestro sol es trágicamente tener sonidos negros, como el  caer de una cascada sombría detrás de las paredes donde se lanzan al asalto los cornetines del bailongo».
Todavía hasta el día en que Federico se embarca hacia España el 12 de junio lo persiguen las innumerables anécdotas tan singularmente lorquianas con que, desde sus primeros días habaneros, dejó sembrada su estadía en Cuba y en las que el implacable limitado tiempo no nos ha permitido detenernos.
A su regreso a España, Cuba, lo cubano, permanecerá en el imaginario del poeta. Sus cartas a los cubanos y los testimonios de sus amigos dan fe de un constante relato que revela lo impregnado que Federico quedará por su experiencia cubana. Por otra parte, son numerosos los textos inmediatos que genera el recuerdo del joven poeta durante su breve estancia cubana. Y con motivo de su asesinato, desde el mismo año 36, la respuesta cubana se llena de poemas de rabia, de ternura, de rechazo, de patetismo adolorido. En 1999 César López compiló cerca de un centenar de textos de todos los tiempos, donde los escritores cubanos han asegurado la permanente presencia de Federico García Lorca entre nosotros. Solo citaré el poema de Guillén, escrito en 1937:
ANGUSTIA CUARTA
Federico
Toco a la puerta de un romance.
—¿No anda por aquí Federico?
Un papagayo me contesta:
—Ha salido.
Toco a una puerta de cristal.
—¿No anda por aquí Federico?
Viene una mano y me señala:
—Está en el río.
Toco a la puerta de un gitano.
—¿No anda por aquí Federico?
Nadie responde, no habla nadie…
—¡Federico! ¡Federico!
La casa oscura, vacía;
Negro musgo en las paredes;
Brocal de pozo sin cubo,
Jardín de lagartos verdes.
Sobre la tierra mullida
Caracoles que remueven,
Y el rojo viento de julio
Entre las ruinas, meciéndose.
¡Federico!
¿Dónde el gitano se muere?
¿Dónde sus ojos se enfrían?
¡Dónde estará, que no viene!
Epílogo
José María Chacón y Calvo vivió hasta el final de sus días con la pesadumbre culposa de haberle facilitado a Federico las 250 pesetas para pagar el coche-cama que lo conduciría a la muerte.

(*) Pío E. Serrano, poeta, escritor y editor cubano.

Centro Virtual Cervantes

 

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Sartre entrevista a Daniel Cohn-Bendit

Publicada originalmente en la revista francesa Le Nouvelle Observateur el 20 de mayo de 1968.

Jean Paul Sartre (1905-1980) “Fue ante todo un hombre público que tomó posición y teorizó acerca del compromiso del intelectual con la realidad. Como escritor fue merecedor del Premio Nobel de Literatura en 1964, galardón que rechazó por razones éticas. Fue profesor en El Havre y en París hasta 1945, fecha en la que renunció para consagrarse plenamente a liderar el movimiento existencialista”, dice su biógrafo. El 19 de mayo de 1968 Sartre decidió poner el cuerpo y en plena revuelta, dio una clase magistral en la Universidad tomada por los estudiantes. Días después, se publicó este diálogo con uno de los referentes del movimiento, Daniel Cohn-Bendit, un estudiante de 23 años, cuya participación en la revuelta le valió ser expulsado de Francia. Tras diez años de exilio, regresó. En 2004 fue elegido eurodiputado por el ecologista Partido Verde.

En el diálogo que reproducimos quedó registrada la frase con la que Sartre definió el espíritu del movimiento: “Ustedes llevan la imaginación al poder”.

Sartre: En pocos días, sin que ninguna orden de huelga general fuera lanzada, Francia se encontró paralizada por los paros y las ocupaciones de fábricas. Todo a consecuencia de que los estudiantes se hicieron dueños de la calle en el Barrio Latino. ¿Qué impresión tienen ustedes del movimiento que han desencadenado? ¿Hasta dónde puede llegar? 

Cohn- Bendit: Ha alcanzado una extensión que nosotros no podíamos prever al comienzo. En este momento, el objetivo es derribar al régimen. Pero no depende de nosotros que este objetivo llegue o no a lograrse. Si fuera realmente el del Partido Comunista, el de la c.g.t., y de las otras centrales sindicales, no habría problema: el régimen caería en quince días, pues no hay modo de oponerse a una manifestación de fuerza que comprometa a todo el movimiento obrero.

Sartre: Hay casos, cuando la situación es revolucionaria, en que un movimiento como el de ustedes no se detiene, pero también suele suceder que el impulso declina. En este caso, es preciso tratar de ir lo más lejos posible antes de la detención. ¿Cuál es en su opinión la parte irreversible en el movimiento actual, suponiendo que acabe enseguida?

Cohn- Bendit: Los obreros lograrán el cumplimiento de cierto número de reivindicaciones materiales, al mismo tiempo que importantes reformas tendrán lugar en la Universidad por obra de las tendencias moderadas del movimiento estudiantil y de los profesores. No serán las reformas radicales a las que aspiramos, pero de todos modos tendremos cierto peso: presentaremos propuestas precisas, y sin duda algunas serán aceptadas porque no se atreverán a negarnos todo. De seguro será un progreso, pero nada fundamental habrá cambiado, por lo que continuaremos cuestionando el sistema en su conjunto. De todas maneras, no creo que la revolución sea posible de un día para otro. Creo que sólo será posible obtener mejoras sucesivas, más o menos importantes, pero estas mejoras no podrán ser impuestas sino por acciones revolucionarias. Por esta razón, el movimiento estudiantil, que habrá alcanzado, pese a todo, una reforma importante en la Universidad, aunque transitoriamente pierda energía, toma un valor de ejemplo para muchos jóvenes trabajadores. Utilizando los medios de acción tradicionales del movimiento obrero -la huelga, la ocupación de la calle y de los lugares de trabajo-, hemos derribado el primer obstáculo: el mito por el cual “nada puede hacerse contra el régimen”. Hemos probado que eso no era verdad. Y los obreros se han lanzado por la brecha. Puede ser que esta vez no sigan hasta el final. Pero habrá otras explosiones más tarde. Lo importante es que se ha demostrado la eficacia de los métodos revolucionarios. La unión de los estudiantes y obreros sólo puede hacerse en la dinámica de la acción si el movimiento de los estudiantes y el de los obreros conserva cada uno su impulso y convergen hacia un mismo objetivo. Por el momento existe una desconfianza natural y comprensible de los obreros.

Sartre: Esta desconfianza no es natural sino adquirida. No existía a comienzos del siglo xix y sólo apareció después de las masacres de junio de 1848. Antes, los republicanos -que eran intelectuales y pequeños burgueses- y los obreros marchaban juntos. Después, no hubo ya perspectivas de unión, ni siquiera en el Partido Comunista, que siempre ha separado cuidadosamente a los obreros de los intelectuales.

Cohn- Bendit: De todos modos algo ha sucedido en el transcurso de esta crisis. Ha habido, en realidad, tres etapas. Primero la desconfianza franca, no sólo de la prensa obrera sino del medio obrero. Decían: “¿Qué quieren esos nenes de papá que vienen a fastidiarnos?”. Y más tarde, después de los combates en la calle, después de la lucha de los estudiantes contra los policías, ese sentimiento ha desaparecido y la solidaridad se vuelve efectiva. En este momento estamos en un tercer estadio: los obreros y los campesinos han entrado a su vez en la lucha pero nos dicen: “Esperen un poco, queremos manejar nosotros mismos nuestro combate”. Es normal. La unión sólo podrá realizarse más tarde si los dos movimientos, el de los estudiantes y el de los obreros, conservan su impulso. Después de cincuenta años de desconfianza, no creo que lo que se denomina “diálogo” sea posible. No se trata solamente de hablar. Es natural que los obreros no nos reciban con los brazos abiertos. El contacto sólo se establecerá si combatimos juntos.

Sartre: El problema sigue siendo el mismo: mejoras o revolución. Como usted dice, todo lo que ustedes hacen a través de la violencia es recuperado por los reformistas de una manera positiva. La Universidad, gracias a lo que ustedes han hecho, se verá mejorada, pero siempre dentro del marco de la sociedad burguesa.

Cohn- Bendit: Es evidente; pero creo que no hay otro modo de avanzar. Tomemos el ejemplo de los exámenes. No se discute que se seguirá con ellos. Pero seguramente no se desarrollarán como antes. Se encontrará una fórmula nueva. Y si una sola vez se efectúan de un modo desacostumbrado, un proceso de reforma se pondrá en marcha de modo irreversible. No sé hasta qué punto llegará, lo que sé es que se hará lentamente; pero es la única estrategia posible. Para mí, no se trata de hacer metafísica, ni de indagar cómo habrá que realizar la revolución. Ya he dicho que creo que vamos más bien hacia un cambio perpetuo de la sociedad, provocado, en cada etapa, por acciones revolucionarias. El cambio radical de las estructuras de nuestra sociedad sólo sería posible si se produjera de golpe la coincidencia de una crisis económica grave, con la acción de un potente movimiento obrero y de un fuerte movimiento estudiantil. Hoy estas condiciones no están reunidas. Como máximo puede pretenderse la caída del gobierno. Pero no puede soñarse con hacer estallar la sociedad burguesa. Lo que no quiere decir que no haya que hacer nada; todo lo contrario, es necesario luchar paso a paso a partir de un cuestionamiento global.

La cuestión de saber si puede haber todavía revoluciones en sociedades capitalistas evolucionadas y de lo que hay que hacer para provocarlas realmente no me interesa. Cada cual con su teoría; unos dicen: las revoluciones del Tercer Mundo son las que provocarán el derrumbe del mundo capitalista. Otros: sólo gracias a la revolución en el mundo capitalista podrá haber desarrollo del Tercer Mundo. Todos los análisis están más o menos fundados, pero en mi opinión, eso no tiene mayor importancia. Observemos lo que acaba de pasar. Desde hace mucho tiempo hay gente que busca el mejor modo de provocar una explosión en el medio estudiantil. Nadie lo ha encontrado y finalmente ha sido una situación objetiva la que ha provocado la explosión. Influyó sin duda el manotón del poder -la ocupación de la Sorbona por la policía-, pero es evidente que esta “gaffe” monumental no es el único origen del movimiento. La policía ya había entrado en Nanterre, algunos meses atrás, y eso no había despertado ninguna reacción en cadena. Esta vez se despertó una que no fue posible detener, lo que permite examinar el papel que puede desempeñar una minoría activa.

Lo que ha sucedido desde hace dos semanas constituye, a mi entender, una refutación de la famosa teoría de “las vanguardias revolucionarias” consideradas como las fuerzas dirigentes de un movimiento popular. Ha habido simplemente una situación objetiva, derivada de lo que se llama de un modo vago “el malestar estudiantil” y de la voluntad de acción de una parte de la juventud, decepcionada por la inacción de las clases que ejercen el poder. La minoría activa pudo, por el hecho de ser teóricamente más conciente y estar mejor preparada, encender el detonador y penetrar por la brecha. Pero eso es todo. Los otros podían seguir o no seguir. Sucede que han seguido. Pero después, ninguna vanguardia ha podido tomar la dirección del movimiento. Sus militantes pudieron participar en las acciones de un modo decidido pero desaparecieron absorvidos por el movimiento. Se los encuentra en los comités de coordinación, donde su papel es importante, pero en ningún momento hubo oportunidad de que estas vanguardias desempeñaran un papel directivo.

Es el punto esencial. Sirve para destacar que es necesario abandonar la teoría de “la vanguardia dirigente” para adoptar aquella -más simple y más honrada- de “la minoría activa” que desempeña el papel de un fermento permanente, impulsando a la acción sin pretender la dirección. En efecto, aunque nadie quiera admitirlo, el partido bolchevique no dirigió la Revolución Rusa. Fue empujado por las masas. Pudo elaborar su teoría en la marcha, dar ciertos impulsos hacia un lado o hacia otro, pero no desencadenó, solo, un movimiento que fue en su mayor parte espontáneo. En determinadas situaciones objetivas -con la ayuda de una minoría activa- la espontaneidad retoma su lugar en el movimiento social. Es ella la que promueve su avance, y no las órdenes de un grupo dirigente.

Sartre: Lo que mucha gente no comprende es que ustedes no buscan elaborar un programa, ni dar una estructura al movimiento. Les reprochan querer “destruirlo todo” sin saber -en todo caso sin decir- lo que ustedes quieren colocar en lugar de lo que derrumban.

Cohn- Bendit: ¡Claro! Todo el mundo se tranquilizaría si fundáramos un partido anunciando: “Toda esta gente está con nosotros. Aquí están nuestros objetivos y el modo como pensamos lograrlos…”. Se sabría a qué atenerse y por lo tanto la forma de anularnos. Ya no se estaría frente a “la anarquía”, el “desorden”, la “efervescencia incontrolable”. La fuerza de nuestro movimiento reside precisamente en que se apoya en una espontaneidad “incontrolable”, que da el impulso sin pretender canalizar o sacar provecho de la acción que ha desencadenado. Para nosotros existen hoy dos soluciones evidentes. La primera consiste en reunir cinco personas de buena formación política y pedirles que redacten un programa, que formulen reivindicaciones inmediatas de aspecto sólido y digan: “Ésta es la posición del movimiento estudiantil, hagan según eso lo que quieran”. Es la mala solución. La segunda consiste en tratar de hacer comprender la situación, no a la totalidad de los estudiantes, ni siquiera a la totalidad de los manifestantes, pero a un gran número de ellos. Para eso, es preciso evitar la creación inmediata de una organización o definir un programa que serían inevitablemente paralizantes. La única oportunidad del movimiento es justamente ese desorden que permite a las gentes hablar libremente y que puede desembocar, por fin, en cierta forma de autoorganización. Ante la repentina libertad de palabra en París, se hace preciso que en primer término la gente se exprese. Dicen cosas confusas, vagas, a menudo sin interés, porque se las han dicho cien veces, pero eso les permite, después de haber dicho todo eso, plantearse la siguiente pregunta: “¿Y ahora?”. Eso es lo más importante, y lo que gran parte de los estudiantes se pregunta: “¿Y ahora?”. Nosotros presentaremos propuestas, pero que nos den tiempo. Primero hay que hablar, reflexionar, buscar fórmulas nuevas. Las encontraremos. Pero no hoy.

Sartre: Lo interesante de la acción que ustedes desarrollan es que lleva la imaginación al poder. Ustedes poseen una imaginación limitada como todo el mundo, pero tienen muchas más ideas que sus mayores. Nosotros estamos formados de un modo tal que tenemos ideas precisas sobre lo que es posible y lo que no lo es. Un profesor dirá: “¿Suprimir los exámenes? Jamás. Se puede perfeccionarlos, pero jamás suprimirlos”. ¿Por qué esto? Porque ha pasado por los exámenes durante la mitad de su vida.

La clase obrera ha imaginado a menudo nuevos métodos de lucha, pero siempre en función de la situación precisa en la que se encontraba. En 1936 inventó la ocupación de las fábricas, porque era la única arma que tenía para consolidar y sacar provecho de una victoria electoral. Ustedes tienen una imaginación mucho más rica y las frases que se leen en los muros de la Sorbona lo prueban. Hay algo que ha surgido de ustedes que asombra, que trastorna, que reniega de todo lo que ha hecho de nuestra sociedad lo que ella es. Se trata de lo que yo llamaría la expansión del campo de lo posible. No renuncien a eso. ●

DECLARACIÓN DE BOGOTÁ

2013-03-23Los escritores cubanos reunidos en la ciudad de Bogotá, participantes en el Primer Festival Vista de Colombia,

Teniendo en cuenta la situación de acoso, amenazas y persecución en que desarrollan su labor los artistas y escritores de la Isla que no comulgan con la ideología oficial o simplemente trabajan de manera alternativa,

Ante las continuas violaciones a los derechos de asociación y movimiento de los creadores independientes,

Ante el recrudecimiento de las actividades represivas del régimen vigente en la Isla, las cuales incluyen el secuestro de varios creadores en territorio cubano –casos de los escritores y periodistas Victor Manuel Domínguez, Roberto Quiñones Haces, Henry Constantín Ferreiro, Ileana Alvarez y Francis Sánchez, del escritor y activista LGTB Pedro Manuel González Reinoso, de la escritora y músico Lía Villares y del músico Gorki Águila, a quienes se les ha impedido viajar fuera de Cuba en los últimos 12 meses teniendo incluso sus documentos en regla y sus permisos y pasajes de avión ya pagados; y del escritor Ángel Santiesteban, que el 27 de abril pasó 24 horas en un calabozo de La Habana bajo falsas acusaciones de la policía política, que buscaba impedir su asistencia a la edición de este Festival Vista en la Universidad Sergio Arboleda, de Bogotá,

Conociendo, además, que la lista de creadores cubanos secuestrados por la dictadura en los últimos meses es más amplia (los nombres relacionados en esta declaración son solo los más conocidos o aquellos que en su momento han tenido más impacto mediático),

Acordamos:

a) Condenar la escalada represiva contra los escritores y artistas alternativos residentes en Cuba

b) Exigir al régimen cubano que respete el derecho de los escritores y artistas a crear en libertad, de conformidad con la Declaración Universal de los Derechos Humanos

c) Emprender una campaña internacional de denuncia que dificulte a la dictadura la implementación impune de sus violaciones

d) Pedir la solidaridad, en forma de firmas, de todos aquellos escritores y artistas cubanos, y de otros países, capaces de sensibilizarse con sus colegas retenidos por la fuerza en la Isla

La presente declaración continuará acumulando firmas de adhesión en las próximas semanas para luego circular en todos aquellos medios informativos que se hagan eco de ella, y será propuesta a la comisión de derechos humanos en Ginebra.

Somos conscientes de que, tras 60 años en el poder, el régimen vigente en Cuba ha tejido una vasta red de compromisos y apoyos a nivel internacional, en virtud de una ideología totalitaria. Pero no podemos permanecer impasibles ante el abuso de todo un Estado contra creadores cuyo único “pecado” ha sido pensar con cabeza propia y crear en consecuencia, en un país cuyas instituciones y leyes responden prioritariamente a los intereses del Partido Comunista y sus dirigentes.

Bogotá, Colombia. 30 de abril de 2018

Firmas en Bogotá (30 de abril de 2018):

Ángel Santiesteban-Prats (escritor, Cuba)
Armando de Armas (escritor, Cuba)
Armando Añel (escritor y editor, Cuba)
Faisel Iglesias (escritor, Cuba)
Luis Pérez de Castro (escritor, Cuba)
Rafael Vilches Proenza (escritor, Cuba)

Firmas alrededor del mundo (en progresión):

Aldito Menéndez (artista plástico, Cuba)
Alberto Lauro (escritor, Cuba)
Amir Valle (escritor, Cuba)
Ana María Valenzuela (escritora, Cuba)
Andrés Barca Díaz (fotógrafo y escritor, Cuba)
Ariel Aboal (fotógrafo y escritor, Cuba)
Arístides Pumariega (artista plástico, Cuba)
Armando Chaguaceda (historiador y ensayista)
Alejandro González Acosta (escritor, Cuba)
Armando León Viera (escritor y periodista, Cuba)
Alejandro Querejeta Barceló (escritor, Cuba)
Baltasar Santiago Martín (escritor, Cuba)
Carlos Alberto Dueñas (escritor, Cuba)
Carlos Alberto Montaner (escritor y periodista, Cuba)
Carlos Barrunto (escritor, Cuba)
Carlos Michel Fuentes (escritor y dibujante, Cuba)
Carmen Morales Ramírez (escritora, Cuba)
Daniel Carrazana (teatrista, Cuba)
Daniel Morales (escritor, Cuba)
Delio Regueral (fotógrafo, Cuba)
Denis Fortún (escritor, Cuba)
Francisco Alemán de las Casas (escritor, Cuba)
Jacovo Machover (escritor, Cuba)
Javier Iglesias (escritor y guionista, Cuba)
Joaquín Gálvez (escritor, Cuba)
Jorge Olivera Castillo (escritor y periodista, Cuba)
Jorge Sanguinetty (escritor y economista, Cuba)
José Antonio Navarrete (curador y editor, Cuba)
José Hugo Fernández (escritor, Cuba)
José M. Fernández Pequeño (escritor, Cuba)
Josep Rodríguez (escritor, Cuba)
Juan de Jesús Gutiérrez (artista plástico, Cuba)
Irasema Otero (cineasta, Cuba)
Isbel González (escritor y diseñador, Cuba)
Lilianne Ruiz (periodista y promotora, Cuba)
Lilo Vilaplana (cineasta, Cuba)
Luis de la Paz (escritor y periodista, Cuba)
Luis Felipe Rojas (escritor y periodista, Cuba)
Luis González (escritor, Cuba)
Luis Leonel León (editor y periodista, Cuba)
Mairym Cruz Bernal (escritora, Puerto Rico)
Mamela Fiallo (periodista y traductora, Ecuador)
Manuel Alberto Morejón (periodista, Cuba)
Manuel Díaz Martínez (escritor, Cuba)
Manuel Gayol Mecías (escritor y editor, Cuba)
Manuel Vázquez Portal (escritor, Cuba)
María del Carmen Ares Marrero (dramaturga, Cuba)
María Elena Faguagua (escritora y académica, Cuba)
María Eugenia Caseiro (escritora, Cuba)
Marlene Azor (académica, Cuba)
Massiel Rubio (escritora y actriz, Cuba)
Mayda Anias Martínez (escritora, Cuba)
Mayra del Carmen Hernández (editora, Cuba)
Mercedes Eleine Gonzalez (editora, Cuba)
Michel G. Nuñez (fotógrafo, Cuba)
Nereyda González (académica, Cuba)
Nonardo Perea (escritor y artista audiovisual, Cuba)
Norge Sánchez (escritor, Cuba)
Odette Alonso (escritora, Cuba)
Orlando Luis Pardo (escritor, Cuba)
Pedro Junco López (escritor, Cuba)
Rafael Almanza (escritor, Cuba)
Ramón Fernández Larrea (escritor, Cuba)
Rebeca Ulloa (escritora y promotora, Cuba)
Regina Coyula (historiadora y periodista, Cuba)
Tony Joaquín (escritor y guionista, Cuba)
Verónica Vega (escritora, Cuba)
Waldo González López (escritor, Cuba)
Yoaxis Marcheco (escritora y promotora, Cuba)

En Cuba hubo unas votaciones que la dictadura vende como “elecciones”

(CIBERCUBA, 12/3/2018) A continuación reproducimos el comunicado de CubaDecide sobre el proceso de votaciones para elegir a los 605 diputados al Parlamento y los 1.265 delegados a las 15 Asambleas Provinciales del Poder Popular, celebrado este domingo 11 de marzo en Cuba.

Las organizaciones y ciudadanos que promueven Cuba Decide realizamos hoy un ejercicio de observación de las votaciones que organizan las autoridades de la dictadura.

Aclaramos que la ley electoral vigente en Cuba no permite la elección directa por parte de la ciudadanía de los candidatos a nivel provincial ni a la Asamblea Nacional. Dicha ley contempla que el total de candidatos en boleta sean designados por instancias del oficialismo, y ese total es exactamente igual al número de delegados por elegir, por tanto todos los candidatos en boleta son delegados de facto, y las llamadas elecciones son un mero ejercicio de ratificación en el que es imposible en la práctica que algún candidato no salga elegido.

En consecuencia, la llamada Ley Electoral en Cuba determinadamente imposibilita a la ciudadanía elegir libremente a sus representantes.

En adición, la Constitución vigente declara al Partido Comunista Cubano como “la fuerza dirigente superior de la sociedad”, impone de manera arbitraria que el sistema político y social de partido único y el socialismo son irreversibles, y prohíbe toda reforma constitucional al respecto. En consecuencia, la Constitución cubana viola el principio básico de la democracia y de las leyes internacionales, que se basa en la participación activa de la ciudadanía en la determinación del sistema político económico y social.

En conclusión, el sistema de gobierno y el sistema electoral cubanos están diseñados para garantizar el secuestro de la soberanía nacional a manos del grupo de generales en la dirección del Partido y del Consejo de Estado, y para perpetuar el poder de los mismos.

Lo anterior pone en evidencia a priori la ilegitimidad de los delegados que conformarán las asambleas provinciales y  el parlamento nacional, así como el Consejo de Estado y de Ministros que allí se designe.

La observación realizada por los promotores de CubaDecide dio seguimiento a la convocatoria para que los electores, desafiando las presiones y represalias de la dictadura, no fueran a votar o anularan su boleta durante las votaciones de candidatos a las asambleas provinciales y nacional.

Las decenas de incidentes que reportamos de acoso a los observadores en varias ciudades del país, y la obstaculización activa por parte de las fuerzas represoras del ejercicio de observación, junto al alto número de arrestados, muestran que en la práctica el proceso de votaciones y el escrutinio no es transparente y que está marcado por la represión y el hostigamiento de la ciudadanía por parte de la policía y los agentes de la Seguridad del Estado, cuyo proceder viola incluso la ley electoral vigente.

En los colegios donde de hecho se pudo realizar la observación, el 37% de los electores tuvo el valor de mostrar su rechazo al sistema electoral y de gobierno, así como su apoyo a la realización de un voto libre y con garantías para cambiar el sistema a través de la anulación de la boleta, o no presentándose a votar.

La jornada de hoy ha sido una confirmación de que en nuestro país se pretende imponer una sucesión dinástica por parte de un poder ilegítimo que intenta perpetuarse. Sin embargo, aún bajo condiciones de fuerte represión y vigilancia por parte de las autoridades de la dictadura, una parte significativa del electorado cubano ha demostrado su voluntad y necesidad de cambio de sistema y su apoyo a los objetivos de la campaña CubaDecide.

Esperamos que el mundo se ponga de parte del pueblo cubano en estos momentos decisivos. Exhortamos a todos los cubanos dentro y fuera de la Isla, a los gobiernos democráticos de los países hermanos, y a todos los ciudadanos de buena voluntad a:

1) Denunciar la ilegitimidad de la Asamblea Nacional del Poder Popular, y a los representantes del Consejo de Estado y de Ministros que en este marco se designen.

2) Apoyar el derecho del pueblo cubano a cambiar el sistema en un Plebiscito Vinculante con garantías para poder realizar elecciones libres, justas y plurales.

La Habana, 12 Marzo 2018.

CubaDecide.org

Antología de Izet Sarajlic

Recientemente, Seix Barral (Editorial Planeta) publicó, bajo el título de DESPUÉS DE MIL BALAS, 120 poemas del gran poeta Izet Sarajlić (Bosnia-Herzegovina, 1930-2002), considerado uno de los poetas eslavos más importantes del siglo XX y el más traducido de los balcánicos en todos los tiempos. La traducción fue realizada, directamente del serbocroata, por Fernando Valverde y Branislava Vinaver. La edición lleva un magnífico prólogo de Erri de Luca, el gran amigo italiano de Sarajlić, así como dos apéndices: un texto crítico de Dorde Slavnić y una memoria escrita por Tamara, la hija del poeta. En DESPUÉS DE MIL BALAS, la selección más amplia que se ha publicado de la obra de Sarajlić, retumba la última guerra de los Balcanes, sufrida por el poeta y su familia en la sitiada Sarajevo. De ahí el título de la antología.

SÓLO AHORA

Sólo ahora que en la cabeza ha caído la escarcha,
cuando me temo que por mí doblan las campanas,
sólo ahora que los violines quedan muy lejos
comprendo quién es el poeta: el poeta es aquél
que siempre empieza de nuevo.

Izet Sarajlić

Fidelito es la metáfora de Cuba

 Loris Zanatta
(LA NACIÖN, Argntina, 6/2/2018) Pobre Fidelito. ¿Qué más se puede decir sobre el suicidio del primogénito de Fidel Castro? ¿De la muerte de un hombre que a la edad de 70 años mantenía el sobrenombre de su infancia? ¿De una muerte que todos usarán para hablar sobre el padre? Se podría decir que se suma a la larga lista de los famosos suicidios, o suicidados, de la revolución cubana: Osvaldo Dorticós, Haydée Santamaría, Nilsa Espín, Javier da Varona, Félix Peña, Alberto Mora y muchos otros: para llenar libros. Pero no sería correcto. Él, la Revolución no la hizo: la sufrió. No fue su vocación, sino su destino, ya escrito al nacer. Un destino que, como hijo de Fidel, ni siquiera podía pensar desafiar. Quién sabe cuántas veces lo habrá vivido como una prisión.
Había nacido el 1 de septiembre de 1949 del matrimonio de Fidel Castro con Mirta Díaz-Balart. Fidel era así: hijo de un gallego que se hizo rico pero siguió siendo un campesino rústico, siempre fue un paria entre los vástagos de la burguesía con quienes estudió en los colegios jesuitas. Hacia su clase, maduró así un odio visceral que duró toda la vida, el mismo odio que la España rural y católica en que se había formado tenía por las costumbres liberales y por Estados Unidos, culpables de contagiarlas al puro e inocente pueblo cubano. Sin embargo, se enamoró siempre de mujeres que eran el espejo de esa misma burguesía: bellas, rubias, ricas, cultas, sofisticadas y de excelentes modales. Cómo para sublimar de esa manera el dolor del rechazo padecido. Mirta, la madre de Fidelito, correspondía a la perfección a ese retrato. Más que nadie: los Díaz-Balart formaban parte de la élite burguesa oriental, cosa mucho más relevante que su vinculación con Batista, que de burgués no tenía un pelo.
Desde la infancia, por lo tanto, el niño fue un rehén político: a veces del padre, a veces de la familia de la madre. Lo secuestraron y se lo robaron el uno al otro y Fidel lo exhibió triunfante cuando ingresó a La Habana en enero de 1959. ¿El padre lo amaba? Se supone. ¿El padre lo consideró? Para nada. Porque para Fidel no era una cuestión de afecto familiar: estaba la historia de por medio, una misión a la que ambos debían someterse, aunque él la hubiese escogido y Fidelito no. Quien, como Fidel, se consideraba a sí mismo un hombre de la providencia investido con la misión de redimir a la humanidad del pecado, no podía tener una familia como un mortal común. ¿Los sacerdotes tienen familia? ¿Los guerreros?
Como un Quijote algo fanático y egolatra, profesor de todo y conocedor de nada, Fidel tuvo muchos sueños absurdos y deletéreos: soñó que Cuba se haría más rica que los Estados Unidos y que en los Estados Unidos estallaría la revolución socialista; aseguró que Occidente estaba declinando y que la Unión Soviética triunfaría, porqué así lo decían las leyes de la historia, que él pretendía conocer. Soñó que Cuba produciría mejores quesos que Francia, más leche que Holanda, más citricos que Israel, que exportaría en grandes cantidades todo lo que siempre tuvo que importar. ¿Por qué no soñar con ser potencia nuclear? ¿No lo ayudaría a redimir la humanidad? ¡Esa sería la tarea de su hijo! Cuando finalmente sus sueños se convertían en pesadillas de las cuales otros pagaban las consecuencias, él no era hombre que recitara el mea culpa: Dios no se equivoca. La culpa la tenían entonces el Imperio, los contrarrevolucionarios, los derrotistas, el mismo pueblo, que nunca llegaba a ser tan virtuoso como él quería. ¿Por qué no el hijo también? Fidelito había estado dirigiendo la agencia cubana de energía atómica durante doce años: “no hay monarquía”, dijo el padre monarca al echarlo.
Pobre Fidelito. Ni siquiera pudo imaginar su vida, porque su padre aplastaría a cualquiera bajo sus exigentes mayúsculas: Heroísmo, Sacrificio, Moral, Pueblo, Patria, Muerte. Una sinfonía ensordecedora de trombones. No es coincidencia que en la búsqueda constante de la sucesión dinástica que algún día podría tomar las riendas de Cuba, no aparezcan hijos de Fidel. Son todos hijos y nietos de Raúl, cruel y afectuoso, metódico y despiadado, un hombre de poder y familia. Mejor: Familia, con mayúscula. Fidelito es la metáfora de Cuba y de su dramática historia. Quién sabe qué grandes talentos habría desarrollado si hubiera sido libre. Quién sabe qué gran humanidad hemos perdido. De esa metáfora, el suicidio es la clave.

Martí y la revolución democrática en Cuba

Martí foto

José Martí

Manuel Díaz Martínez

El 5 de enero de 1892 –hace 126 años– se aprobaron las Bases del Partido Revolucionario Cubano. Este partido fue, en primer lugar, el producto de los esfuerzos de José Martí para cohesionar las fuerzas sociales cubanas interesadas en la independencia nacional y para dotar al nuevo movimiento redentor de un órgano de dirección política y de coordinación de las acciones insurreccionales. Definiéndolo, el propio Martí apuntó: “El Partido Revolucionario Cubano es el pueblo de Cuba”.

Los fines que perseguía el PRC están claramente expuestos en sus Bases, redactadas por Martí, y son los siguientes: lograr la independencia absoluta de Cuba y contribuir a la de Puerto Rico; preparar, a ese efecto, la guerra necesaria, “generosa y breve”, mancomunando las voluntades y los esfuerzos de los distintos sectores separatistas; y establecer los fundamentos democráticos de la república que nacería al desaparecer la dominación colonial.

El último punto revela que Martí no sólo pensaba en los problemas inmediatos relacionados con la empresa libertaria, sino que se preocupaba ya de cómo habría de ser el régimen de gobierno de los cubanos en libertad. Para conocer la concepción martiana de este régimen, léanse los artículos 3 y 4 de las Bases. El 3 dice: “El Partido Revolucionario Cubano reunirá los elementos de revolución hoy existentes y allegará, sin compromisos inmorales con pueblo u hombre alguno, cuantos elementos nuevos pueda, a fin de fundar en Cuba por una guerra de espíritu y métodos republicanos una nación capaz de asegurar la dicha durable de sus hijos y de cumplir, en la vida histórica del continente, los deberes difíciles que su situación geográfica le señala”. El artículo 4 expresa: “El Partido Revolucionario Cubano no se propone perpetuar en la República Cubana, con formas nuevas o con alteraciones más aparentes que esenciales, el espíritu autoritario y la composición burocrática de la colonia, sino fundar en el ejercicio franco y cordial de las capacidades legítimas del hombre, un pueblo nuevo y de legítima democracia, capaz de vencer, por el orden del trabajo real y el equilibrio de las fuerzas sociales, los peligros de la libertad repentina en una sociedad compuesta para la esclavitud”.

Las Bases del PRC aluden a un enemigo externo que ponía en peligro a la soberanía de la futura república. Ese enemigo, con el que la prudencia aconsejaba mantener “relaciones cordiales” en los instantes en que se gestaba la guerra independentista, era el imperialismo norteamericano, que se hallaba en su etapa de ascenso vertiginoso. En el artículo 3 de las Bases se subraya que la revolución no debía contraer “compromisos inmorales con pueblo u hombre alguno”.

En las labores del PRC, Martí tuvo la colaboración de dos eminentes cubanos: el socialista utópico Diego Vicente Tejera y el marxista Carlos Baliño.

Tejera fundaría, en 1899, el primer partido socialista cubano, que a duras penas sobrevivió cuatro años al cerco que le tendió la por entonces muy influyente corriente anarcosindicalista y a las prevenciones de relevantes figuras del separatismo que veían en este partido un obstáculo para la unidad nacional y un motivo para que la ocupación militar norteamericana se prolongara. Por su parte, Baliño, que fue uno de los fundadores del PRC, organizó en 1903 un Club de Propaganda Socialista, mediante el cual desplegó campañas de divulgación del “socialismo científico”. En 1925, Baliño fundaría, junto al líder estudiantil Julio Antonio Mella, el primer partido comunista de Cuba.

La presencia de Tejera y Baliño en el PRC fue posible, ante todo, porque éste funcionaba como un “frente nacional”. En el triunfo de la causa del PRC -la independencia del país y la fundación de una república soberana y democrática- estaban interesados diferentes clases y sectores de la sociedad cubana, desde la alta burguesía azucarera, cafetalera y ganadera (en gran parte depauperada por las guerras independentistas), el campesinado y la mediana y pequeña burguesía urbana, hasta el proletariado. Éste último había alcanzado, en las postrimerías del siglo XIX, un notable crecimiento en número y en conciencia de clase. No olvidemos el elocuente detalle de que, en la emigración, la base social del PRC la constituían mayoritariamente los trabajadores de las factorías tabaqueras de Tampa y Cayo Hueso.

El fundado y dirigido por Martí era, pues, como se diría hoy, un partido de frente amplio, con objetivos situados por encima de clases y tendencias ideológicas. En él se reconocían todas las fuerzas sociales que convergían en el anhelo de sustituir el asfixiante autoritarismo de la colonia por un régimen democrático que, en una república soberana, garantizase el desarrollo de las fuerzas productivas de la nación.

A la vista del autoritarismo totalitario que hoy asfixia a nuestro país, los cubanos deberíamos atender la lección básica que nos ofrece el PRC.

Martí, fuente de inspiración política y ética que continúa manando, nuevamente nos señala el camino que debemos seguir. Su partido plural, unitario y democrático debería servir de ejemplo, adecuándolo a las circunstancias actuales, a todos los que deseamos poner fin a la pesadilla nacional.