Cuentos cubanos, una antología

2012-07-26_1En 1974 apareció la primera edición (se harían dos más: 1979 y 1983) de la antología CUENTOS CUBANOS, publicada en Barcelona por la editorial Laia en su colección Literatura. La editora encabeza el libro con la siguiente nota informativa:

“Imaginación, notable riqueza de formas, tremendismo, penetración en los mundos fantásticos de lo onírico, crítica irónica de las bases mismas de un sistema social autoritario… convergen en esta antología de CUENTOS CUBANOS.

Rogelio Llopis, antólogo y prologuista de la edición original cubana –que publicó también Equipo Editorial de San Sebastián con el título CUENTOS CUBANOS DE LO FANTÁSTICO Y EXTRAORDINARIO–  los había clasificado por capítulos a menudo imprecisos, pero que en su conjunto daban idea del clima que la lectura del libro podía provocar: pérdida de la identidad, sátira, fábula, humor negro, ciencia ficción, realismo mágico… podrían ser, en efecto, los hilos conductores de ese brillante universo que los cuentistas cubanos han sido capaces de crear.

La mayoría de los cuentos son posteriores a 1949: en muchos de ellos, la imagen de la revolución del pueblo está presente, eleva la anécdota casi infantil a profundidades insospechables.

Consideramos, finalmente, que esta antología constituye un ejemplar libro de lectura para adultos, para cuantos consideran que la literatura cumple todavía con una sana función sedante sin perder por ello su más valioso carácter de denuncia.”

Los autores incluidos en este libro son, por orden alfabético: Leonardo Acosta, Armando Álvarez Bravo, Ángel Arango, Reinaldo Arenas, Antón Arrufat, Antonio Benítez Rojo, Onelio Jorge Cardoso, Alejo Carpentier, Miguel Collazo, Arnaldo Correa, Esther Díaz Llanillo, Manuel Díaz Martínez, Eliseo Diego, Arístides Fernández, Manuel Herrera, Juan Luis Herrero, Enrique Labrador Ruiz, José Lezama Lima, César López, José Lorenzo Fuentes, María Elena Llana, Rogelio Llopis, Ángela Martínez, José Martínez Matos, Rubén Martínez Villena, Marinés Medero, Isidoro Núñez Miró, Germán Piniella,  Virgilio Piñera, Évora Tamayo y Ezequiel Vieta.

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Los fracasos históricos de la declaración del Estado catalán

 

En 1873, 1931 y 1934, los catalanistas proclamaron unilateralmente su emancipación de España, en un claro desafío al Gobierno central, que acabó siempre en fracaso.

Israel Viana
(ABC, España, 30/9/2017) La CUP y ERC lo tienen claro. Si gana el «sí» en el referéndum —a pesar de no contar con las garantías democráticas suficientes— hay que declarar unilateralmente la independencia. Debería hacerse, dicen, tan sólo 48 horas después del recuento de votos. Abogan por hacerlo, incluso, si el domingo no les permiten votar, tal y como ocurrió ya en otras tres ocasiones a lo largo de la historia: 1873, 1931 y 1934. Todas acabaron en fracaso.
La cuestión ha dividido al seno del PDECat. Algunos consejeros de la Generalitat como Raül Romeva o la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, defienden aprobar dicha declaración si sale elegida la opción independentista, a pesar de que Carles Puigdemont ha manifestado en una entrevista a Eldiario.es que esa opción «no está encima de la mesa». El presidente regional no quiere convertirse en el José García Viñas, Francesc Macià o Lluis Companys del siglo XXI —los predecesores que cometieron, sin éxito, la misma tropelía—, a pesar de que ha amenazado con ponerlo sobre la mesa si mañana no pueden depositar su papeleta.
El primer Gobierno español que tuvo que hacer frente al desafío de la proclamación de un Estado catalán fue el de Estanislao Figueras. El conato se produjo el 5 de marzo de 1873, un mes después de que se estableciera la Primera República. Como contaba «La Correspondencia de España» el día 8: «Unos 16.000 voluntarios han declarado independiente el Estado catalán y han apresado a las autoridades».
Esta rebelión se produjo en una época realmente inestable de la historia del país. Durante los dos años que duró la Primera República, el Gobierno acogió nada menos que a cuatro presidentes, los cuales tuvieron que abordar un sinfín de problemas: la Tercera Guerra Carlista, sublevaciones separatistas, la indisciplina militar, conspiraciones monárquicas, etc.
1873: una declaración federalista
En esta época comenzaron a surgir en España más de una veintena de movimientos cantonales como los de Camuñas, Jumilla o Motril, cuyo objetivo no era otro que la independencia de pequeñas regiones. Sin embargo, la de 1873 no fue una declaración de independencia como tal, sino federalista republicana. Estaba promovida por la burguesía como medio de presión contra el Gobierno central.
La prensa de la época destacó pronto las dificultades que acarrearía esta nueva organización del Estado: «Ahora falta que se formen, del mismo modo, estados semi-independientes o independientes por donde quiera. Luego surgirán las rivalidades entre ciudad y ciudad por la capitalidad de cada Estado, entre provincia y provincia por ser independientes unas de otras y por no por formar un estado mismo, y hasta entre villa y villa y aldea y aldea», se leía en la «Revista Política».
Los responsables de esta primera proclamación del «Estado catalán federado con la república española», como lo definieron, fueron José García Viñas y Paul Brousse —un andaluz y un francés, respectivamente—, a los que muy poca gente apoyó en sus pretensiones. La rebelión fue aplastada en sólo dos días, pero les dio tiempo a hablar de la formación de un gobierno provisional, de la convocatoria de elecciones catalanas y de la supresión del Ejército español en la comunidad autónica. Sin embargo, nadie apoyó sus pretensiones. En Madrid, incluso, estos dos dirigentes fueron reprobados por los mismos catalanes que, por una vez, se veían responsables del Gobierno central.
1931: Macià y la renuncia a su «Estado»
El segundo intento fue protagonizado por el entonces presidente de Esquerra Republicana, Francesc Macià, el 14 de abril de 1931. Se produjo una hora después de que Lluís Companys saliera al balcón del Ayuntamiento de Barcelona para proclamar la Segunda República. Fue ese el momento en el que Macià apareció por sorpresa en el mismo lugar y manifestó que, «en nombre del pueblo de Cataluña, se hacía cargo del Gobierno catalán». Según contó ABC, el líder de ERC aseguró que «permanecería en aquella casa para defender las libertades de su patria, sin que pudiese sacársele de allí salvo muerto».
La comunicación oficial enviada poco después afirmaba: «En nombre del pueblo de Cataluña, proclamo el Estado catalán bajo el régimen de la República catalana, que libremente y con toda cordialidad anuncia y pide a los otros pueblos hermanos de España su colaboración en la creación de una Confederación de pueblos ibéricos». De esta forma, el político manifestaba públicamente su negativa a aceptar los resultados de las elecciones generales que se acababan de celebrar y llamaba a la rebelión.
Fue el primer problema que tuvo que afrontar la Segunda República, que no quiso recurrir a la fuerza y envió rápidamente a tres ministros a Barcelona para negociar con Macià: Fernández de los Ríos, Lluis Nicolau d’Olwer y Marcelino Domingo. Estos consiguieron que ERC renunciara a su Estado propio, a cambio del compromiso del Gobierno de presentar en las próximas Cortes Constituyentes el estatuto que decidiera Cataluña. De aquel acuerdo salió el germen de la futura Generalitat, así que no se puede considerar un fracaso estrepitoso.
1934: Companys y el estado de guerra
La tercera y última proclamación se produjo en octubre de 1934, inmediatamente después de que se produjera la entrada de tres ministros de la CEDA en el gobierno de Alejandro Lerroux. El protagonista fue precisamente Companys, que era entonces presidente autonómico: «Cataluña enarbola su bandera, llama a todos al cumplimiento del deber y a la obediencia absoluta a la Generalitat, que desde este momento rompe toda relación con las instituciones falseadas». Y lo hacía tras acusar al nuevo gobierno español de «fascista».
El periodista de ABC en Barcelona, Antonio Guardiola, contaba al detalle cómo vivio la tarde de aquella declaración en un artículo titulado «El golpe de Estado de la Generalitat». En él se podían leer: «Horas antes nos había chocado a varios periodistas observar que el coche del presidente Companys no ostentara la bandera de la República, sino solamente la catalana». Y añadía: «A las seis de la tarde, los Mossos d’Esquadra nos invitaron a los periodistas a abandonar el Palacio de la Generalitat. Nadie supo hasta más tarde lo que acababa de acordarse en la reunión que había celebrado el Consejo: proclamar el “Estat catalá”, rompiendo toda relación con el Gobierno central. En una palabra: declarar la guerra al Estado español».
El editorial del día siguiente de este periódico, «¡Viva España!», defendía: «Los catalanes que representa la Esquerra quieren constituir el “Estat Catalá” en la República Federal (?) de España. Hasta última hora son pérfidos, ruines, cobardes y calculistas». La respuesta del presidente Lerroux no se hizo esperar, declarando el estado de guerra y asegurando que «estaba en un momento de lucha y que estaba dispuesto a vencer». Mientras, Companys llamaba a sus seguidores para que acudieran raudos a la Ciudad Condal desde todos los puntos de España y defendieran la Generalitat «del posible ataque del Ejército español».
Las calles de Barcelona pronto se llenaron de jóvenes de Esquerra. «Iban todos armados –contaba ABC–. Algunos llevaban, además de una magnífica carabina Winchester, una soberbia pistola automática, a veces ametralladora». La ciudad se convirtió en el escenario de una batalla entre el Ejército y los Mossos de Esquadra, arropados estos últimos por cientos de simpatizantes catalanistas. A la mañana siguiente, Companys, los consejeros de la Generalitat, el alcalde de Barcelona y varios concejales de ERC fueron detenidos en la sede del Gobierno. Las calles fueron quedando vacías de gente y todo fue volviendo a la normalidad.
Más de 70 años después, la amenaza de una nueva declaración unilateral de independencia por parte de la Generalitat vuelve a estar en el debate político español. Después de la jornada de este domingo, con el referéndum ilegal como telón de fondo, veremos si Puigdemont recoge el testigo de los Macià, Companys y compañía, en este conflicto interminable.

Borges se confiesa

Un chico de 15 años le pidió a Borges en 1982 una cita para hacer un trabajo de la escuela y Borges se la concedió. Treinta años después de la muerte del escritor, aquella entrevista salió a la luz.

Borges foto entrevistador

Claudio Pérez Míguez

(EL PAÍS, Madrid, 15/6/2016) Cuando cursaba el tercer año de la escuela secundaria, en Don Bosco, partido de Quilmes, en la provincia de Buenos Aires, con quince años de edad, la profesora de literatura, una española llevada de pequeña a Argentina y muy admiradora de la obra de García Lorca, Josefa Iglesias de Fanelli, pidió como trabajo práctico que eligiéramos a alguien para hacerle una entrevista.

La literatura y la figura de Borges, tan controvertida en la Argentina de aquellos años, ya había llamado mi atención, por lo que tuve la idea de hacerle a él ese reportaje. Ni yo ni mi entorno próximo teníamos contactos literarios, por lo que pensé ver si encontraba su número en la guía telefónica. Buscando por Borges, encontré que estaba, todavía, a nombre de su madre, Leonor Acevedo de Borges, que ya había muerto. Aún recuerdo el número: 42-2801. Inmediatamente llamé, me atendió Fanny Úbeda, la señora que se encargaba de la casa, y me dijo que Borges estaba de viaje.

Como el plazo para la entrega del trabajo transcurría, buscamos a otras personas para cumplir con la tarea, pero cuando faltaban dos días, se me ocurrió intentarlo de nuevo. Me volvió a atender Fanny, y cuando yo esperaba hablar con alguien para explicarle mi idea y que este se lo trasladara a Borges, ella le pasó el teléfono directamente a él, que habiendo escuchado mi propuesta me dijo: “Venga mañana o pasado, 10 o 10 y media”. Esa misma noche preparé las preguntas. Se las mostré a mi padre para que me diera su opinión sobre el cuestionario, y me dijo por qué en lugar de tratar de hacer una entrevista imitando a la que le hacían los periodistas, buscando generalmente alguna declaración explosiva que diera un titular, no trataba de encararla desde mi punto de vista, viendo lo que pudiera interesarme a mi edad. Me pareció un buen consejo y traté de reformularlo de esta manera.

Como el trabajo había que presentarlo en equipo, invité a mis compañeros, varios me acompañaron, y por supuesto estuvimos en su casa el día siguiente a las 10.

Este encuentro me permitió seguir frecuentándolo en su domicilio, llevarlo a dialogar a mi colegio, a mi casa, y un gran número de encuentros que seguramente definieron mi gusto por los libros y lo literario. Pero esto ya es otra cosa, en lo que nos concierne, la entrevista fue realizada en el piso de Borges, en la calle Maipú 994, de Buenos Aires, el 29 de julio de 1982, más de un año antes del retorno de la democracia a Argentina. El resultado es el que transcribimos a continuación, y que se conservó inédito hasta la fecha. “A mí se me hace cuento” que ya han pasado más de tres décadas de ese día y que se cumplan 30 años de su muerte. “El tiempo que los mármoles empaña”, cambia muchas cosas y otras no, su palabra sigue iluminándome.

¿Podría contarnos cómo estaba constituida su familia?

Sí. Mi madre era criolla, era católica, pero católica a la manera argentina, es decir, más una cuestión social que teológica. Mi abuela inglesa, era de tradición protestante, predicadores metodistas. Ella sabía de memoria la Biblia. Ud. le recitaba un versículo cualquiera y ella le decía, sí, Libro de Job, capítulo tal, versículo tal y seguía adelante. Entre los protestantes hay mucha gente que conoce de memoria la Biblia. En los hoteles, por ejemplo en Inglaterra, en Escocia y en Nueva York también, siempre en el cajón de la mesa de luz hay una Biblia. Y además las citas bíblicas que serían pedantescas en castellano, son comunes en inglés. La gente continuamente está citando versículos de la Biblia o frases bíblicas, y eso no resulta pedante. En cambio, en los países católicos resultaría forzado. De modo que mi abuela era muy religiosa, metodista.

La familia de mi madre era católica, como dije, a la manera de los países latinos, de un modo superficial. Mi padre era agnóstico, es decir, librepensador, y nos llevábamos todos muy bien, eso jamás provocó una discordia.

Que más puedo decir de mi familia. Mi padre era profesor de Psicología, en el Colegio de Lenguas Vivas, y yo recuerdo exactamente lo que ganaba, él era abogado además, era Secretario Civil. Él tenía que dar dos clases de Psicología por semana en Lenguas Vivas y le pagaban 100 pesos al mes. Cien pesos al mes era dinero entonces, y ahora corresponde más bien a la literatura fantástica. Cien pesos no significan nada. En ese tiempo sí, todo era mucho más barato que ahora. Yo recuerdo que el dólar estaba a 2 pesos con cincuenta centavos. Creo que actualmente ha subido el precio, ¿no? Nuestra moneda es la mas baja del mundo, creo.

Por el lado de mi padre y mi madre, era una familia militar, mi abuelo el Coronel Francisco Borges se hizo matar, realmente, en la batalla de La Verde, que ocurrió cerca del pueblo de 25 de Mayo, provincia de Buenos Aires. Mis abuelos hicieron la campaña de la independencia, luego las guerras civiles, la guerra con el Brasil, todo eso.

Ahora, por el lado de mi abuela inglesa, no. Eran predicadores y profesores.

¿Qué estudios realizó usted?

Pocos. Yo estudié en el Collège de Ginebra, estudié y tengo mi bachillerato. Ahí había dos materias principales, que eran el francés y el latín. Yo comprendí que si estudiaba bien francés y latín podía prescindir de las otras materias, lo cual ha hecho que yo sea extraordinariamente ignorante, ya que estudié física, botánica, mineralogía, zoología, música, gimnasia, química y no sé absolutamente nada de ellas. Historia sí me gustaba. Pero historia en Suiza no es una materia obligatoria, es optativa. Si usted quiere puede estudiar historia Suiza, si no, no. Yo estaba interesadísimo en conocer la historia de Suiza ya que yo estaba ahí, entonces la estudié. Sí son obligatorias, la historia antigua, la moderna, etc, pero no la Suiza.

Ese es el único título que tengo, los demás son títulos Honoris Causa, que no son más que generosidades, soy Doctor Honoris Causa de Tucumán, de Nueva York, de universidades italianas, colombianas, mexicanas, luego de Harvard, de Oxford, de la Sorbona, pero creo que no puedo llamarme Doctor ya que estos doctorados Honoris Causa son un favor que le otorgan a uno y que por supuesto agradezco, ya que es un honor, aunque no sé si lo merezco.

Personalmente solo puedo decir que soy bachiller del Collège de Calvino en Ginebra.

¿A qué edad toma conciencia de su vocación literaria?

Yo no sé. No recuerdo una época sin leer ni escribir. Yo siempre estaba leyendo y escribiendo. Ahora mi padre me dijo que solo leyera lo que me interesaba, que no leyera un libro por el sentimiento del deber, porque era famoso. Que leyera solo cuando me interesara, y que solo escribiera cuanto tuviera una necesidad de hacerlo. Que escribiera mucho, que rompiera mucho y que no me apresurara a publicar, ya que publicar no es parte necesaria del destino de un escritor.

¿Cómo llega a publicar su primer libro?

Mi primer libro lo publiqué tardíamente, yo tenía 24 años. Se llamó Fervor de Buenos Aires, y se publicó aquí, en Buenos Aires. Mi padre me dio 300 pesos que me permitieron la impresión de 300 ejemplares. No se puso en venta, lo repartí entre mis amigos. A mí me gustaba mucho. Pero, en realidad, era el cuarto libro que escribía. Había escrito tres antes, que curiosamente, destruí. Tal vez debería haber destruido ese también.

¿Cómo surgen sus obras? ¿Se sienta a escribir sistemáticamente o lo hace cuanto siente la necesidad?

Eso es muy complejo. Yo siento que hay algo que quiere que yo lo escriba, y yo trato de disuadirlo. Pero si hay un tema que vuelve, un argumento de un cuento o un poema que vuelve, entonces lo escribo. Me parece un error buscar temas, hay que dejar que los temas lo busquen y lo encuentren a uno. Si no salen libros fabricados.

Creo que todo el mundo escribe así, aunque los periodistas, no, ellos buscan temas. Y, por ejemplo, un escritor que admiro mucho, Capdevila, escribió un libro sobre las catorce provincias argentinas, es muy raro que todas le interesaran, y menos que le interesaran favorablemente. Eso es ponerse a fabricar un libro. Yo por ejemplo he escrito un poema al agua, y no se me ocurrió escribirle al fuego, a la tierra y el aire. Sería una cosa mecánica. Escribí un poema al agua porque me interesaba. De modo que buscar temas es un error. Hay escritores que se proponen escribir sobre la vida de los campesinos de tal sitio, y así salen los libros.

¿Cuál de sus libros prefiere y por qué?

Bueno, la mayoría no me gusta. Me resigno a ellos. Aproveché las llamadas obras completas para omitir dos libros. Para mí, mi mejor libro es el que se titula El libro de arena. Es de fácil lectura, es un libro breve, no uso ninguna palabra que requiera el uso del diccionario. Es un libro de cuentos, y otro libro de cuentos que me gusta es El informe de BrodieEl libro de arena es el único del que estoy satisfecho. Tal vez el tiempo juzgue así también y borre los demás, que son realmente borrables borradores.

Pero hay mucha gente que admira toda su obra…

Sí, pero yo no me encuentro entre ellos. Eso es un error, y no sé si agradecerlo, porque no sé si hay que agradecer los errores.

¿Cómo se definiría a sí mismo?

Si yo tuviera que definirme diría un escritor, aunque tal vez sería mejor decir un lector, ya que yo creo ser mejor lector que escritor.

¿Cómo trascurre un día en la vida de Jorge Luis Borges?

Bueno por la mañana si tengo suerte, vienen a verme periodistas de Quilmes. Pero generalmente mis días no son tan favorables, luego duermo una siesta y escribo algo.

¿Qué es para usted la amistad?

Cuando Eduardo Mallea publicó el libro Historia de una pasión argentina, yo pensé: será sobre la amistad, ya que la amistad es la pasión argentina, quizá la única. Yo tengo esa impresión de que la amistad es muy importante para nosotros, lo cual está bien, no?

¿Cómo definiría Buenos Aires?

Yo tengo un poema, en mi último libro, que se llama La Cifra. Voy a citar el primer verso, que es una definición: “He nacido en otra ciudad que también se llamaba Buenos Aires”, es decir, que ha cambiado tanto que es otra. Es que uno no llega impunemente a los 83 años. A los 83 años casi todos mis amigos están en La Recoleta. La ciudad ha cambiado enteramente. Yo nací en el centro de Buenos Aires, en la calle Tucumán entre Esmeralda y Suipacha. Toda la manzana, salvo el almacén que estaba en la esquina, era de casas bajas, con azoteas, con patios, con aljibes, había algunas casas altas que se hicieron después, en la calle 25 de Mayo o Reconquista.

¿Qué podría decirle a los jóvenes que se empiezan a interesar por lo problemas del país?

Yo no sé, hay tantos problemas. A lo mejor este país logra salvarse, aunque yo no veo cómo. La situación es mala, y no solo aquí sino en el mundo entero. Tal vez todos los momentos sean terribles y sintamos más este porque está más cerca. Yo no veo salvación posible, y tal vez vayamos hacia la tercera guerra que puede ser la última. Lo que está sucediendo, en el Líbano, lo que sucedió aquí, lo que está sucediendo en Irak o en Irán. Esperemos que no, porque sería un suicidio de la humanidad.

¿Cree que los jóvenes deben interesarse por la política?

Yo no sé. A mí no me interesó nunca la política. Me interesa más la ética. Creo que si cada uno actúa éticamente eso puede tener un efecto político muy grande.

¿Qué forma de gobierno prefiere?

Yo querría un mínimo de gobierno, pero lamentablemente todavía los gobiernos, aún los gobiernos malos, son necesarios. Como la policía, que es evidentemente necesaria. Si fuéramos éticamente perfectos no serían necesarios los gobiernos, que son un peligro, sin duda. Pero yo no puedo opinar en materia política, soy un anarquista conservador. Mi padre era anarquista. Una vez fuimos a Montevideo y mi padre me dijo que me fijara en las banderas, en las aduanas, en los uniformes, en las iglesias, en las comisarías, porque todo eso iba a desaparecer. Nosotros, cuando fuimos a Europa, en el año 14, viajamos sin pasaporte. No había pasaporte, usted pasaba de un país a otro como de una habitación a otra. Luego vino la Primera Guerra Mundial, la desconfianza, el espionaje, y ahora todo ha cambiado, no se puede dar un paso sin identificarse, es muy triste eso. Espero que en Quilmes[1] estén mejor las cosas que en Buenos Aires…

¿Cómo imagina el futuro de Argentina?

Yo quiero pensar que habré muerto, pero creo que vamos barranca abajo. Yo ya no tengo esperanza, ustedes son jóvenes, tal vez tengan esperanzas, yo ya no tengo ninguna.

Muchas declaraciones suyas generan polémica, y hay gente que cree que usted busca ese efecto…

¡Por supuesto que no! El que piense eso no me conoce nada.

Para terminar ¿querría dejarnos algún consejo o mensaje?

Yo no he sabido manejar mi vida, no puedo dirigir la vida de los demás. Mi vida ha sido una serie de equivocaciones. No puedo dar consejos, ando un poco a la deriva, cuando pienso en mi pasado me avergüenza. Yo no doy mensajes, los políticos dan mensajes.

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[1] Quilmes es un municipio de la Provincia de Buenos Aires, anexado a la Capital y a solo 20 km de ésta. Esto que dice Borges es un chiste.

 

Muerte de Roque Dalton, el error más grande de mi vida, dice Joaquín Villalobos(*)

Roque Dalton foto

Roque Dalton

Juan José Dalton

El Salvador.Roque Dalton García, de 39 años de edad, murió «fusilado» a manos de quienes consideró sus compañeros de causa, el 10 de mayo de 1975, hace 18 años, cuando la guerrilla salvadoreña comenzaba a dar sus primeros pasos. Un «tribunal», del cual Villalobos «no quisiera hablar», lo condenó a muerte bajo cargos de «sedición», de «ser agente del enemigo y de la Agencia Central de Inteligencia (ClA)».

Pruebas fehacientes de los cargos que se le imputaron no se presentaron entonces, y en la actualidad las acusaciones son «totalmente devaluadas»; por lo que todo parece indicar, y confirma las denuncias de importantes sectores nacionales e internacionales, que se trató de un asesinato político sin justificación de ninguna índole.

Un manto oscuro se tendió sobre las verdaderas causas que llevaron al crimen de Dalton, quien además de  ser un destacado poeta, era un teórico de la lucha armada latinoamericana, con antecedentes de persecución, cárcel y exilio sufrido por las dictaduras de turno en su país.

Al interior de la izquierda salvadoreña «caso Dalton» ha sido un tabú del cual no se habla para «no provocar asperezas ni dividir a la ex guerrilla».

Algunos, como el ex comandante Eduardo Sancho (a) «Fermán Cienfuegos», jefe de la organización Resistencia Nacional (RN), que se desprendió del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) -en el que militaba Dalton- a raíz del crimen, han pretendido maquillar el asesinato, al expresar que se trató de «un fusilamiento en circunstancias jurídicas concretas».

Sin embargo, la complicidad del silencio y del velo la comenzó a romper el propio Villalobos, tal como él lo explica en la presente entrevista brindada a este corresponsal, quien además es uno de los hijos de Dalton. Lo que Villalobos explica constituye el inicio de un debate que conllevará definitivamente a la verdad de los hechos tal como sucedieron y, entre otras cosas, al aparecimiento del cadáver de Dalton y la entrega a su familia, tal como recientemente fue exigida por ésta.

La llegada de la paz a El Salvador y el conocimiento de la verdad sobre los graves hechos de violencia política cometidos durante el conflicto por los protagonistas de la guerra, permitieron que la verdad sobre «el caso Dalton» comience a ser ventilada.

El caso no fue llevado a la Comisión de la Verdad, que investigó los asesinatos que conmovieron a la sociedad, pues esta entidad sólo indagó sobre lo ocurrido a partir de 1980 hasta 1991, según lo suscrito en el Acuerdo de Paz firmado entre la guerrilla y el Gobierno de Alfredo Cristiani en enero de 1992.

Reconocido por su numerosa obra literaria, especialmente en la rama de la poesía, Dalton se había integrado clandestinamente a El Salvador, luego de un largo exilio que lo llevó hasta la ex Checoslovaquia y Cuba.

En plena madurez creativa, con más de quince títulos publicados, acreedor de numerosos premios nacionales e internacionales; experimentado polemista y brillante periodista, Dalton decidió ser consecuente con su pensamiento y optó por la militancia guerrillera, donde encontró su temprana muerte, víctima de la intriga, la ignorancia y el dogmatismo de quienes lo juzgaron y asesinaron, tal como lo reconoció Villalobos.

El ex comandante expresó que en el seno de su organización, el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), hay un proceso de reivindicación de sí misma; «tenemos un conjunto de reflexiones; lo que hemos estado esperando es un momento propicio para profundizar en el tema y digo no para reivindicar a Roque, sino reivindicarnos nosotros frente a una falta».

El ex comandante rebelde, con 40 años de edad en la actualidad (los que Roque Dalton no llegó a alcanzar ya que su asesinato se consumó a cuatro días de su cumpleaños), conversó sereno con este corresponsal sobre el difícil tema, que ha dejado profundas huellas en su ser, según reconoció en esta entrevista.

– En el marco del conocimiento de la VERDAD sobre graves hechos de violencia política en El Salvador, quisiera preguntarle cómo queda lo acontecido con Roque Dalton, aunque es un caso que no fue investigado por la Comisión de la Verdad?

-En este caso hay dos implicaciones en este momento; hay una que diría, tiene algo de responsabilidad de lo que nos ocurre ahora con relación al caso de Roque Dalton.
Para nosotros en el contexto en el cual se da la muerte de Roque por una disposición totalmente errada, es la que nos lleva a adoptar un principio que es manejarnos por la verdad, porque los costos que nos trajo esa inmadurez -dado desde la inmadurez personal, emocional, el nivel de radicalización ideológica y dogmatismo que tenían las organizaciones en su etapa de surgimiento-, nos dejó con una gran cantidad de lecciones.

Y esas lecciones nos llevaron a la conclusión de que había que reconocer lo bueno y lo malo, aún sabiendo los costos.

Esa misma tesis es la que nos lleva a plantear, hace un año cuando nos insertamos, el hecho de pedir perdón a la nación, sabiendo que íbamos a obtener un resultado a la larga, o sea, consideramos que tiene que construirse una nueva forma de hacer política y no se puede hacer política teniendo una cuenta pendiente con la historia, con la sociedad. El caso de Roque es ése, está en eso.

Hemos venido en un proceso no de reivindicar a Roque, yo creo que él está reivindicado, nunca hizo nada que ameritara semejante destino, sino cómo nos reivindicamos nosotros de cara a la falta que cometimos y que nos llevó a pagar costos hasta esta fecha y nos enseñó a tener cierta valentía que en general no tienen las izquierdas, que es reconocer errores y errores de esta profundidad.

Siempre existía la idea de no hay que decir esto porque está el enemigo enfrente, porque afecta a la unidad, siempre hubo una justificación y creemos que no, que de la misma manera que en determinados momentos hubo fuertes debates al interior del FMLN cuando, por ejemplo, el accionar de los «coches bombas» causaban víctimas civiles, se planteaba hay que reconocerlo, pues a la larga era evidente que había sido el FMLN; hay reconocerlo, hay que decirle a la población, hay que decirle que fue un error, hay que pedir disculpas, hay que resolver ese problema y hay que corregirlo de inmediato. Eso llevó a que se pararan los «coches bombas».

A nosotros el caso de Roque también nos llevó a distinguir la diferencia entre problemas de seguridad y disidencia, porque con el dogmatismo estas cosas se confunden y en mi opinión, para los movimientos armados, fue una de sus problemáticas, más dramáticas.

Creo que el problema es que nadie tuvo en sus manos un caso como el de Roque, tan aleccionador; pero dentro de los movimientos insurgentes esa confusión de que a un disidente y su diferencia de opinión, se le trata como problema de seguridad, se le acusa de que es potencialmente un delator, es de lo más común y así sobre esa base no sólo en El Salvador, sino también en América Latina hay muchos revolucionarios muertos y revolucionarios muchos de ellos que han tenido más razón que los que quedaban vivos; a veces disidencias que ni siquiera existían y ni se sabía por qué era el debate, eran discusiones más emocionales que otra cosa.

Para nosotros el caso de Roque fue un caso ejemplarizante que nos ayudó mucho a tomar una determinada posición.

En 1977 hicimos la primera autocrítica pública, claro en el 77 la capacidad de que nosotros dijéramos algo y se conociera era limitada, tardaba años. Ni El Salvador, ni la guerrilla salvadoreña tenían la connotación que tiene ahora.

Todavía moviéndonos dentro de cierto marco crítico con respecto a la coyuntura internacional y todavía con cierta pelea con los intelectuales que con justificada razón nos habían condenado y habían reaccionado contra nosotros –yo les doy total razón-, pero hay tener  en cuenta el periodo político y emocional que vivíamos como organización.

Éramos en realidad un grupo de jóvenes que habíamos tomado las armas y que no entendíamos ni conocíamos quién era Roque, lo venimos entendiendo después… Incluso, si estuviera en este momento vivo, el aporte que hubiera hecho al proceso sería descomunal, o sea, su falta es evidente ahora, evidente en una izquierda que yo diría que había sido muy creativa en lo político, pero que le faltaba imaginación en la comunicación con el pueblo y ahora en esta etapa de comunicación con la gente, el legado de Roque es de lo poco de gran calidad que queda porque no pudo hacer más…

– En el caso de la Comisión de la Verdad, usted aparece como el principal responsable de hechos violentos pero según se dice, el asesinato de Roque Dalton fue una decisión colectiva, ¿cuál es la verdad?

– Fue una decisión de la dirección de esa época de 1975 que son, tendría que hacer una precisión, pero por ahorita me recuerdo de Alejandro Rivas Mira, Jorge Meléndez, Vladimir Rogel, Alberto Sandoval (Lito) y otro compañero de seudónimo Mateo y yo. Probablemente se me ha quedado un par de nombres más.

Alejandro Rivas Mira, ¿qué papel jugó; él tiene antecedentes oscuros en todo el proceso?

– Ésta es una cosa bastante complicada porque Rivas Mira era en ese momento el cuadro con más antigüedad en la organización, con más experiencia política, con un nivel mayor de madurez, diría yo; pero hay algo que nosotros con respecto a este caso reconocemos: igual que en relación al caso de los alcaldes (asesinados durante la guerra civil), nosotros nunca hemos descargado la responsabilidad en una sola gente, siempre asumimos que ésta era una responsabilidad de todos porque además de lo que nosotros podamos pensar hoy con un mayor nivel de madurez, los siete en aquel momento actuamos creyendo que lo que estábamos haciendo estaba bien, lo que hacemos ahora es que reflexionamos y nos damos cuenta de que ese fue un tremendo error y sería una grave falta venir ahora y decir: no, ahí la culpa fue de Fulano.

Es que realmente el problema es …. veamos el contexto, la edad, el nivel de dogmatismo, esa relación entre seguridad y negar lo político y hacer el afincamiento en la cuestión de seguridad, o sea, son cosas que a mí no me gusta decirlas, pero las tengo que decir porque eran parte de la época.

El hecho de decir que Roque era agente de la CIA, cosa totalmente falsa, pero poniéndose a pensar y creyendo aquello entonces, se llegó a la conclusión -que posteriormente se reflexiona- y se llega al resultado de que no, que eso era totalmente falso, que en el momento de determinada pasión aquello funcionó casi como el mecanismo para consumar el error, la falta.

Incluso cuando Rivas Mira se separa del ERP, recuerdo que fue la primera vez -y esto resulta un tanto contradictorio porque lo tradicional hasta antes de la separación de Rivas Mira, era que toda disidencia iba siempre mezclada con un cuota de interpretación negativa en términos de seguridad y la medida era inmediata, igual que en los casos anteriores; era la pena de muerte-, y recuerdo que discutimos mucho por primera vez, muy a pesar, digamos que podíamos tener un cierto lastre del pasado, en ese caso nosotros aceptamos que no íbamos a cometer otra vez el mismo error y llegamos a la deducción de que debíamos aceptar eso como una disidencia política, a pesar de que se fue solo.

¿Y por qué la aceptamos como una disidencia política?, porque realmente habían serias diferencias con él en ese momento y las diferencias estriban todas en el plano orgánico-disciplinario. Por ejemplo, alguien que hace un rumor o genera un descontento era considerada como una actitud de insubordinación y la insubordinación entonces  significaba pena de muerte; una conclusión bastante común entre las izquierdas armadas que lleva incluso a fenómenos en algunos casos hasta patológicos, diría yo.

Para nosotros fue tan duro el golpe de los primeros años; el efecto que generó el caso de Roque fue tan grande que nos lleva a transformarnos realmente porque es un golpe dado en una edad muy temprana; a tal grado que eso transciende en nosotros.

Ya cuando estábamos en la etapa de la guerra abierta, cuando existía el uso de la pena de muerte contra espías, era lo que más pensábamos antes de hacer una cosa de ese tipo y teníamos una política y era de reconocer todo lo que hacíamos. Incluso, de eso tiene un registro bastante claro la Cruz Roja y el Arzobispado, que toda la vida le reconocimos cada cosa así supiéramos que nos traía una consecuencia política.

Por ejemplo, en el caso de Roque hay quienes en el año 77 decían que era una ingenuidad hacer una autocrítica; sin embargo, la vida nos fue dando la razón porque fuimos siendo reivindicados, asegurándonos de nuevo un espacio entre los revolucionarios… Había derecho a que la gente se sintiera molesta.

– Se habla de un juicio, de que Dalton murió por fusilamiento, ¿cuál es la realidad?

– Sí, hay un juicio… un juicio, te voy dar incluso una incidencia de ese juicio que nunca se la he dicho a nadie; creo que fueron dos momentos del juicio. En uno de esos dos momentos llegó Felipe Peña, uno de los fundadores de las Fuerzas Populares Liberación (FPL)- con un pensamiento renovador totalmente distinto al que tenía Cayetano Carpio (Marcial)-, una de las gentes que admiré y quiero mucho, era casi un hermano para mí, igual que Rafael Arce, y él me hizo una reflexión que te digo no se me olvida nunca porque tenía razón y me dijo: «Mira, están cometiendo un gravísimo error»; simultáneamente habían otros, no voy a profundizar más, que nos recomendaban que lo hiciéramos; pero Felipe me dijo, «esto que están haciendo ustedes aquí, está totalmente amañado».

¿Qué capacidad, en el contexto de clandestinidad, con gente muy joven, sin ninguna formación profesional puede tener valor un juicio? Evidentemente, que aquello más parecía un juego, no había ninguna posibilidad de acumular pruebas, la posibilidad de defensa era incipiente; en ese sentido, yo me atrevería ahora a llamar juicio a aquello; no fue nada más que crear las bases para poder terminar de acometer la falta grave.

Si hay una parte de la historia del proceso nuestro como organización que yo quisiera borrar, sería esa, rectificar y tener a Roque entre nosotros. Indiscutiblemente no hubo juicio, aunque nosotros hayamos dicho que eso fue un juicio. Entonces se llega a esa conclusión y se toma la medida de pena de muerte por fusilamiento por llamar a la insubordinación y se le pone la carga de que era agente enemigo, etc, etc.

A estas alturas no me gusta ni decirlo, porque no tenía ninguna correspondencia con la realidad y es que esto tiene que ver con el nivel de fanatismo y romanticismo con el que se nace.

– ¿Cuáles fueron los cargos en concreto que le formularon?

– Básicamente fueron dos, el cargo más importante que se le imputaba era el de promover la insubordinación y la deserción; el segundo fue un cargo adicional que en realidad nunca llegó a documentarse sino que fue un cargo bajo sospecha.

El cargo insubordinación para aquel entonces se podría considerar como real, pero de lo que se estaba tratando era de un problema político, o sea, parte de los problemas de la etapa fundamentalista de una organización en desarrollo. Lo que él estaba haciendo era tomando contactos con gente para convencerlas políticamente de su posición y eso a la luz de nosotros -en la otra posición- era considerado divisionismo.

Había hablado con un compañero que era muy importante, que fue el primer explosivista, Pancho, y lo había incitado a que no obedeciera, que se insubordinara, a que se fueran juntos porque estaba planteado claramente un problema político.

El segundo cargo en realidad fue formulado bajo sospecha a raíz de una historia que la conocían muchos en el país y es en relación a su fuga de la cárcel de Cojutepeque (1964); hecho en el que quedó como un chisme, de que se produjo su fuga porque había colaborado la CIA.

A esto, ya no a la luz de nuestra posición de aquel momento, no a la luz de aquel debate que teníamos entre nosotros, sino explicándome este fenómeno con la misma lógica que explicó la parte nuestra, el problema es que Roque estuvo con un conflicto dentro del Partido Comunista y en éste también era tradición que los que disentían se les cargaba con motes de este tipo y cualquier cosa era considerada inmediatamente peligro de agente enemigo.

Todavía recuerdo, incluso, que en los años 70 a los que comenzamos a formar los primeros grupos armado se nos tachó de ser de la CIA; era parte de la lógica de la época. Pero, de ninguna manera aquello tenía ni la más mínima seriedad.

A partir de ahí se consideró que era un peligro si se le dejaba en libertad ya que eso podía afectar a la seguridad del resto; estas son las argumentaciones más fuertes que en una etapa de clandestinidad se arguyen para no atender los problemas que a veces constituyen disidencias políticas; incluso, hasta en algunos casos se llega a entender que son disidencias políticas pero por el temor a que se deriven en problemas de seguridad, entonces se incurren en faltas tan graves como el ajusticiamiento y los fusilamientos y la tendencia de eliminar a un opositor, a un adversario político.

– Cuando habla de incitación a la insubordinación y de un problema político, ¿a qué problema se refiere?

-Veámoslo con dos ópticas; cuál era nuestra óptica en aquel momento de inmadurez, de esta etapa fundamentalista de la organización y cuál sería la óptica hoy.

En aquel momento una cosa así era considerada una falta gravísima porque atentaba contra la cohesión interna, la seguridad, la disciplina, pero el problema es que eso coartaba la libertad en el plano político. Pero esa es nuestra óptica hoy.

Cuando en 1976 se produce la separación que podría ser calificada de deserción de Alejandro Rivas Mira, nuestra organización a raíz de todas las consecuencias que había tenido la cuestión de Dalton, no la consideró exactamente una deserción, o sea, muy a pesar de todos los problemas que esto implicaba para nosotros fue considerado una disidencia.

¿Por qué?, porque evidentemente había una diferencia política con respecto a los conceptos de disciplina y a la práctica política que comenzábamos a desarrollar en la organización para fortalecerla internamente y eso es lo que lleva a disentir e irse, osea, él estaba pensando en otro tipo de organización; pero nosotros llegamos a esa conclusión basados en la experiencia dramática que implicó lo de Roque.

– Cuando dice que Roque estaba incitando a que otra gente tomara una posición política ustedes lo interpretaron…

Nosotros lo interpretamos como que estaba dividiendo a la organización, por eso lo importante es aclarar que hay dos posiciones, que las mezclo en el análisis. Se me hace difícil argumentar en un sentido sólo lo que pensábamos en aquella época porque fue una posición absurda: era una etapa gravísima. Evidentemente había mecanismos como una separación política que era totalmente lógica; se pudo haber optado por esa vía y no se dio ese chance.

Prácticamente con lo de Roque estuvimos al borde de una guerra con los compañeros de la Resistencia Nacional, cosa que era un absurdo y que no habría sido el único ocurrido en América Latina, ya han habido hechos similares en Colombia, Argentina y en otros países.

– Se consideró durante algún tiempo que había un enfrentamiento en el ERP entre una tendencia militarista y otra política la que trataba de incorporar las masas a la lucha armada.

– Yo pienso que no; que se trató de un problema básicamente de inmadurez. El problema es que lo que constituía el aparato militar en la organización estaba más del lado del ERP.

Pero la prueba del nivel de coincidencias políticas no de hoy, sino a lo largo de casi todo el proceso de la guerra con la Resistencia Nacional, prueba que en realidad no había una gran diferencia política.

Incluso, ¿cuál era el punto de división más fuerte con la izquierda tradicional en aquel momento? Era el problema de la lucha armada y Roque era un antidogmático y toda su obra va en ese sentido. era un crítico de los partidos comunistas, pero esto llegó a tener incidencias. Cosas que hoy parecen ridículas, como por ejemplo, los debates entre las corrientes marxistas-leninistas pro chinas con las corrientes revolucionarias más pro cubanas el hecho de las divergencias de las relaciones entre Cuba y la Unión Soviética, cosas que en mi opinión ahora me parecen ridículas pero que fueron parte de esa infancia dogmática de la formación de nuestras organizaciones.

Con relación a los compañeros de la Resistencia Nacional, ellos tenían la parte más importante del aparato político de la organización que básicamente era el Frente de Acción Popular Unificado (FAPU).

Hablar de militarismo … si apenas éramos un puñado de gente; estamos hablando de 1975 y básicamente aquel fue un problema de inmadurez.

– ¿Cuál fue la actitud de Dalton en el juicio y a la hora de su ejecución?

La actitud de Roque, en las partes que pude darme cuenta, fue de estar constantemente señalando que eso era un error, que debía de investigarse más.

La actitud durante la ejecución fue de oponerse a ella en el sentido de señalar que no, que eso iba a ser un gravísimo error, que era una injusticia.

Pero quiero señalar una cosa que es importante. Cuando se hace este tipo de preguntas hay como una búsqueda de conferir que en esa etapa existía la posibilidad de procesos muy ordenados y serios.

Yo me voy a remitir a la etapa actual, por ejemplo, una de las cosas que los organismos internacionales de derechos humanos imputaron al FMLN fue precisamente lo de los juicios sumarios y el FMLN hizo muchas defensas de formalizar esto. Lo cierto es que si en la etapa de guerra de mayor desarrollo con territorios bajo control, el FMLN no fue capaz de tener una política ordenada, un marco jurídico, digamos informal, de funcionamiento para este tipo de cosas, sino que tenían una alta cuota de un trabajo de inteligencia y una alta cuota también de arbitrariedad y por eso considero que en esto se cometieron muchos errores en unas zonas más que en otra y que en una zonas se cometieron errores gravísimos en ese sentido.

Entonces en aquella etapa  muchísimo más, actuaba el sentido más emocional, la pasión de las ideas, de las posiciones que se tenían. No era algo ordenado, de pruebas, documentos y evidentemente aquello no podría llegar a tener la calidad de un juicio serio, por eso no se puede hablar de que haya habido un proceso.

– ¿Se le dio a conocer a Dalton de qué se le acusaba?

– Sí, se le hizo saber; hubo reuniones en las que participó, se discutieron las cosas y todo, pero evidentemente no había una oportunidad real de defensa, pero lo importante a señalar es que en esas condiciones era muy difícil, los códigos que se aplicaron fueron más bien basados en elementos subjetivos, porque las condiciones hace imposible que se pueda acumular pruebas, documentos, no se puede prolongar mucho el tiempo de una cosa de esa.

Entonces, lógicamente la tendencia es siempre a que la conclusión sea siempre la de condenar al que está en una situación de este tipo.

Ya después cuando estábamos en una etapa más avanzada de la guerra; recuerdo que cuando ya teníamos condiciones para retenciones prolongadas pudimos resolver muchos casos sobre la base de la retención prolongada, investigación y en algunos casos descubrimos que no había problemas.

Por ejemplo, el caso de un compañero que pasó retenido casi un año por un cargo de ser parte de una infiltración que intentaba destruir la Radio Venceremos y que descubrimos que efectivamente no tenía nada que ver. Pero el problema fue porque lo había señalado una persona a la que sí habíamos efectivamente comprobado pruebas.

¿Pero cómo podíamos hacer eso 15 años atrás?, imposible. Recuerdo que en una ocasión se discutió  la posibilidad de sacar a Dalton del país, pero cómo se sacaba, no se podía; o sea, de una manera muy informal, como una alternativa y frente al cúmulo de problemas de seguridad se llegó a la conclusión de que no había otra alternativa y que había que hacer la ejecución.

 Recuerdo que en un momento el ERP publicó un comunicado en el que diferenciaban la actitud que había tenido Pancho a la hora de la ejecución y la que había tenido Roque Dalton; decían algo así como que Pancho había tenido una actitud «proletaria» y Dalton, «pequeñoburguesa».

– El problema era que Pancho era una gente sin la formación política que tenía Roque, entonces ésa era la actitud lógica, consecuente en esa posición. Mientras que Roque era una gente con argumentos, con lógica, con posición, descubría que lo que se estaba haciendo se tenía que evitar. Yo diría que si le hubiéramos hecho caso…, Pancho no nos dijo ustedes están cometiendo un error, Roque sí nos dijo que estábamos cometiendo un error.

Yo devalúo totalmente lo que dijimos en aquella época, lo que dijimos en ese entonces sería un argumento de tipo fundamentalista, o sea, lo que pesaba más, lo que impactaba más era la aceptación simple de los cosas, pero evidentemente cuando vimos cuáles  fueron los costos de este terror, el llamado que nos hizo Roque de manera persistente al decir que nos estábamos equivocando, tenemos que darle la razón.

 ¿Vale la posibilidad de considerar que pudo haber sido el enemigo de la guerrilla, en el fondo, el culpable de la muerte de Dalton?

– Esto es bien importante tenerlo en cuenta, y creo que lo remitiría a cosas que ya dije. Aquí no hubo ardid de nadie, fue un error nuestro.

Nosotros en medio de la pasión de este error, de este mal tratamiento fruto de la etapa fundamentalista sale este argumento y luego los que están fuera viendo la situación en el fondo con el mismo esquema vienen y sacan que «no fue Roque el de la CIA», sino que fue una manipulación de la CIA desde afuera, lo que condujo a su muerte.

Cuando se dice que si no fueron los ejecutores «tontos útiles» de alguna conjura contra el propio movimiento insurgente, yo creo que no tenía la CIA la capacidad de llegar a este nivel, si lo hubiera tenido nos acaba.

 ¿Qué pasa ahora con Roque?, ¿dónde está su cadáver? En algún momento se dijo que se iba a entregar a la familia.

– Correcto, hemos estado trabajando en eso con un equipo de los compañeros que tenían la información con el propósito de buscar un momento que era de lo que te hablaba hace un rato, que nos permitiera reivindicarnos y enmendar en parte la falta.

Hasta ahora desgraciadamente no hemos tenido resultados porque es mucho tiempo, hay que tomar en cuenta que hablamos de 18 años. Esperamos que al poder crear un equipo un poco más amplio podamos tener resultados, pero también está el riesgo de que no los tengamos.

De cualquier forma con eso o sin eso, nosotros vamos a buscar el momento propicio para ese proceso de explicación de mayor profundidad en el caso, para adoptar una posición más en forma y darla a conocer como organización.

En la coyuntura de la Comisión de la Verdad no quisimos; nos preguntaron si queríamos tocar el caso, pero esto era poner el asunto de Roque en medio de todo esto, era como desnaturalizar lo que en realidad fue; no sólo estaba fuera del tiempo sino también fuera del contexto político; era una falta de otro tipo, dada en otra situación y más bien lo hubiera diluido.

Queremos que se sepa que efectivamente reconocemos el error y cambiamos.

 ¿Cree que éste ha sido su más grande error?

-Mira, yo creo que sí, y tiene elementos que te pueden marcar en sentido positivo y te pueden marcar en sentido negativo. En sentido positivo qué te marca: que es de tal dimensión y que faltaba tanto por vivir que nos ayudó a no equivocarnos en ese sentido.

De ahí cometimos otro tipo de errores pero ese tipo de errores no volvimos a cometer nunca, jamás. La prueba está en que nuestra organización no se volvió nunca más a dividir, nunca tuvimos un problema político interno y ahora  que tenemos discusiones y debates internos ahí está entera, entera; jamás volvimos a resolver una diferencia interna con una medida de ese tipo.

Nos marcó tanto como que fue el error más grave, más difícil, porque es el que nos pudo haber destruido o sea más adelante podías cometer un error pero difícilmente retrocedías, o sea, otros podían seguir el camino, incluso, hace poco cuando salió esta resolución de la Comisión de la Verdad, yo le decía a un compañero que cuando me enteré de la resolución que en el plano subjetivo me parece que es injusta independiente de que la acepte, es injusta; sólo me recordó los momentos más difíciles que he vivido en todo el proceso y uno de ellos, el primer momento más difícil, fue el período de Roque Dalton.

Incluso, implicó la separación de compañeros a los que uno quería mucho, o sea, por un lado, está lo de Roque, por otro lado está el desaparacimiento de Lil Milagro, quien más formó en el plano ideológico-orgánico para el trabajo revolucionario y el caso de Pancho que también muere con Roque en el mismo fusilamiento, que era el primer constructor de armas populares y explosivista de nuestra organización.

Entonces tiene una cantidad de implicaciones subjetivas bien grandes y te digo eso nos marcó, pero menos mal en sentido positivo.

– ¿Qué siente cuando oye hablar de Roque Dalton?

Un sentimiento de responsabilidad, siempre me recuerda la falta y por otro lado, el hecho de pensar lo que hubiera significado si hubiera estado vivo en esta etapa … eso nunca lo dejo de pensar. Roque era una gente con una imaginación increíble, incluso, era la gente más amena que teníamos, con una capacidad de comunicación y de interpretación de los hechos, con sentido de comunicación hacia abajo que yo no lo he vuelto a ver en la organización ni en El Salvador, ni dentro del FMLN, ni dentro de la izquierda.

Era un arma poderosa de comunicación que perdimos en virtud de una falta de la más desgraciada que pudimos haber cometido.

– ¿Cree que esto que está diciendo puede concluir con ese tabú que prácticamente ha existido en el caso Dalton?

– Yo creo que es difícil: creo que se puede ir reduciendo su peso.

Hay quienes pensarán que es cinismo, que es pragmatismo, lo he oído, me ha tocado en algunas ocasiones escuchar que otros piensan que es eso, pero no, yo lo hago con toda sinceridad y no lo hago con el sentido de limpiarnos, pienso queno, que limpiar totalmente esa carga es bien difícil.

Sólo de imaginarse lo que la derecha piensa y maneja sobre este caso: lo que incluso dentro del seno de la misma izquierda, en medio de las pasiones políticas piensa usar … pero ni modo así es, hay páginas en la historia de uno que quisiera borrar y repetirla y rehacerla pero eso no se puede. Tener el valor de reconocer los errores es algo que a la larga fortalece tus opiniones.

 ¿Están dispuestos ustedes a hacer un reconocimiento público de este error, que quede recogido en un documento?

– Creo que en parte he respondido a esto: creo que no se trata de reparar la imagen pública de Roque. Prácticamente el problema acá es cómo medianamente poder señalar un error que volvió a repetirse en nuestra organización.

Yo creo que Roque está reivindicado, no es cuenta de éste, el problema es la pérdida física de Roque, pero su pérdida en términos de imagen creo que no existe, más bien el problema acá es que el reconocimiento nuestro es para poder reivindicarnos nosotros, ese es el punto, no se trata de que él haya quedado manchado.

Por eso otra de las lecciones que nos dejó Roque es que la verdad es una arma revolucionaria. Tarde o temprano, las cosas se saben y por ello reconocer los errores es un elemento sumamente importante, a veces puede tener que esperarse condiciones, etc, etc, pero a la verdad es algo que hay que dar un espacio.

Y en relación a la posibilidad de publicar un documento, sería quizá esta la primera vez que doy una declaración a nombre de la organización sobre este caso en la que he dado más elementos de información que en ningún otro momento y evidentemente es parte de una decisión que teníamos y bajo determinadas condiciones de tal manera que se pudiera destacar el hecho, que no quedara perdido.

Nosotros estábamos por dar pasos como éste.

(*) Entrevista publicada en el periódico Excélsior, de México, en mayo de 1993.

Una enciclopedia sobre Reinaldo Arenas

Arenas Reinaldo foto

Reinaldo Arenas

Daniel Fernández
(EL NUEVO HERALD, EEUU, 20/7/2017) Hay autores inagotables. Quizá nunca sepamos todo acerca de Shakespeare, Cervantes, George Sand o Flaubert. Quizá siempre haya algo nuevo que escribir sobre ellos y siempre haya estudiosos que quieran resumirlos, abarcarlos, iluminarlos con otra luz para las generaciones de su tiempo.
Salvando las distancias con los autores mencionados, el escritor cubano Reinaldo Arenas comienza a erigirse como uno de esos inagotables. Muchos hemos incursionado en su vida y su obra, ambas llenas de contradicciones, misterios, abismos y glorias. Sobre él se han escrito ensayos, cuentos, novelas, se han hecho películas, y hasta una ópera, que se inspira en su autobiográfica Antes que anochezca, pero entre luces y sombras, su persona y sus personajes siguen atrayendo a creadores y estudiosos.
Entre esos estudiosos se encuentra la especialista Stephanie Panichelli-Batalla, que acaba de lanzar su enjundioso libro El testimonio en la pentagonía de Reinaldo Arenas(Tamesis, 2016). Nacida en Bruselas, Bélgica y radicada en Birmingham, Reino Unido, la autora fue profesora titular de español y estudios latinoamericanos en la universidad de Aston, y actualmente trabaja en la de Warwick. Profunda conocedora de la obra y la vida de Arenas, ha logrado con este libro una verdadera enciclopedia sobre el desdichado autor que nació en Holguín, en 1943, y se suicidó en Nueva York en 1990.
Símbolo de su generación, Arenas es también un ícono de los escritores gay, los anticastristas y de todo escritor, artista o persona que haya padecido la persecución por sus ideas o su manera de ser. El que haya contraído el sida (lo que lo lleva al suicidio) le da a su figura una dimensión aun más trágica. No es fácil resumir una vida tan compleja, intensa y multifacética como la de Arenas, quizá por eso, al menos estructuralmente, Panichelli-Batalla se centra en las cinco novelas que él clasificara como pentagonía: Celestino antes del alba, El palacio de las blanquísimas mofetas, Otra vez el mar, El color del verano y El asalto. Se centra, pero no se limita solo a esos títulos; la estudiosa ha realizado un trabajo monumental (de años) que incluye referencias a otros textos del autor y de especialistas en su obra, más el resultado de sus investigaciones personales como entrevistas a quienes lo conocieron. Un utilísimo Index sobre obras, personas, personajes y documentos convierte el trabajo de la investigadora en un valioso instrumento referencial.
Como su título indica, estas nutridas, pero amenas, 368 páginas quieren, y logran, demostrar que, a pesar de que se trata de obras de ficción, la pentagonía de Arenas es también un testimonio. “Todas estas obras de Reinaldo Arenas son, sin ninguna duda, obras de ficción […] Sin embargo, en cada una de ellas se puede reconocer la presencia de un autor-testigo, el contexto sociopolítico de la historia, la denuncia de la opresión y la representatividad del testigo, por lo tanto, nos parece más adecuado usar el término ‘novela testimonial’ que cuestionar la autenticidad del testimonio por el uso de la ficción en una obra literaria”.
Con esas palabras cierra su magnífico trabajo Panichelli-Batalla y, sin duda, tiene razón; aunque la obra de Arenas, rica en creatividad y testimonio, seguirá dando mucho que escribir por mucho tiempo.
Stephanie Panichelli foto

Stephanie Panichelli-Batalla

Bonnefoy: “Yo no he elegido la literatura, sino la poesía…”

Bonnefoy fotoYo no he elegido la literatura, sino la poesía. No son la misma cosa. La literatura es una posibilidad de la lengua, la poesía es una manera de despertar la palabra. Y debemos hacer una distinción fundamental entre la lengua y la palabra. La lengua es un conjunto de nociones que nos permiten encontrar diferentes aspectos de la realidad, la literatura es la construcción que hacemos de ella por medio del lenguaje. Todas las experiencias están aquí permitidas, todas las distracciones e irresponsabilidades. La poesía es la respuesta que se lanza en dirección a la lengua, cuando nos preguntamos acerca de nuestras necesidades fundamentales. No es un lugar para divertimentos, ni de la experimentación existencial: es el lugar de la exigencia de la responsabilidad.
La literatura es una posibilidad de la lengua, la poesía es una manera de despertar la palabra.
 Recuerdo que fui golpeado profundamente por la relación que aparecía entre la palabra y la cosa. Tenía la sensación de que la palabra era la embajadora de la cosa, su representante entre nosotros. Es mi primer recuerdo sobre la experiencia del lenguaje. En ese momento comprendí que la poesía ejercía esta relación con la palabra. Después encontré, en los poemas que nos hacían leer, que existía un ritmo, una música dentro de los poemas, que no era inherente a las conversaciones, sino que existía solo en la poesía. Así consideré que mi destino era practicar ese ritmo que hacía que las palabras entraran en contacto con el mundo.
La poesía está para recordarnos que todas las palabras, incluidas las que usamos automáticamente, o tanto que parecen gastadas y poco relevantes, son las responsables de la realidad. Para nosotros es importante la existencia de una tierra, suficiente, benéfica, que nos permita dar un sentido a nuestra existencia, que nos permita estar unidos en un lugar donde exista la vida, aunque por momentos resulte surreal. Diría que la poesía habla solo acerca de eso, en esencia. Fundamentalmente la poesía debe decir: ‘Existe una Realidad’, debemos ser parte del mundo, no debemos dejarnos llevar por esa distracción que nos hace aceptar nuestras existencias como algo abstracto, o resignado a la irrealidad. ¡La poesía es aquello que exige la existencia del mundo!
El medio ambiente de la Tierra vive amenazado. La lectura de poesía nos regresa a la capacidad fundamental, una apertura si se puede llamar así, de recentrar nuestra atención sobre el lugar terrestre como tal. Ahora en que muchas de las especies desaparecen, en que el aire está contaminado, en que la población es tan numerosa que no hay suficientes recursos, es necesario tomar conciencia de nuestro papel, y el papel de la poesía es facilitar esta toma de conciencias. Necesitamos una voz profética que anuncie los desastres y despierte la conciencia.
En las dudas de Hamlet, en sus angustias, es donde la modernidad encontró su suelo más fértil.
Lo que ha ocurrido es que el sistema educativo ha tenido una preocupación sociológica, científica y psicológica que ha desviado la atención de esta relación que la palabra poética establece con el mundo. Se ha cambiado la experiencia poética directa por la explicación del poema y esa reflexión académica ha dado paso a una situación en la cual la poesía no puede respirar. He ahí el problema con la recepción de la poesía.
La poesía hace acercamientos más profundos a la condición humana, a lo que sabemos y está detrás. Las grandes obras de la poesía se han arriesgado mucho antes por los laberintos de la conciencia nuestra. En las dudas de Hamlet es donde la modernidad encontró su suelo más fértil.
Existir, pero de otra forma, y no en la superficie de las cosas, en el meandro de los caminos, en el azar: como un nadador que se sumergiese en el porvenir para emerger luego cubierto de algas, y más ancho de frente, y de espaldas.
Es la relación con el otro la esencia del pensamiento moral
La sociedad sucumbirá si la poesía se extingue.
YVES BONNEFOY  (Francia, 1923-2016)

Cómplices de Maduro

 

EDITORIAL

Unidos Podemos no puede convalidar más la deriva autoritaria venezolana

(EL PAÍS, Madrid, 28/7/2017) Este domingo, si la presión combinada de la diplomacia y los venezolanos no logran impedirlo, Venezuela cruzará la última línea roja que separa a una democracia de una dictadura.
A partir del momento en el que el régimen de Maduro dé por válida la elección, fraudulenta y anticonstitucional, de la llamada “Asamblea Nacional Constituyente”, habrá disuelto la última institución democrática que queda en ese país: la Asamblea Nacional, elegida en las elecciones el 6 de diciembre de 2015. Esos comicios, recordemos, fueron ganados por la oposición a Maduro, agrupada en la Mesa de Unidad Democrática (MUD). La MUD obtuvo un resultado espectacular dadas las muy adversas circunstancias en las que se celebraron las elecciones: logró el 56,2% de los votos y 112 de los 167 escaños en liza.
Desde entonces, el régimen de Maduro ha vaciado de poderes al órgano legislativo. El resultado de esta labor de demolición, perpetrada con el apoyo de un Tribunal Supremo que el régimen ha atiborrado de magistrados ideológicamente afines, dibuja un brutal sinsentido democrático: la Asamblea, legítima representante del pueblo venezolano, ni tiene competencias legislativas, ni de control del Gobierno, ni capacidad para aprobar los presupuestos generales o supervisar los gastos del Estado, es decir, exactamente todas aquellas funciones que son la razón de ser del parlamentarismo democrático.
Por si fuera poco, valiéndose de su control del Consejo Nacional Electoral, ha impedido con todo tipo de maniobras y triquiñuelas que la oposición pudiera llamar a la convocatoria de una elección presidencial revocatoria, un procedimiento tasado en el artículo 72 de la Constitución de 1999. Y violando de forma aún más flagrante la literalidad de la Ley Fundamental del chavismo, ha convocado esta elección constituyente, que según sus artículos 347 y 348 requiere un referéndum previo para obtener el consentimiento popular, no una elección amañada sin participación de la oposición ni garantías de ningún tipo.
La oposición democrática ha quedado atrapada en una situación imposible. Tras haber aceptado las reglas del juego chavista, se encuentra con que el Gobierno de Maduro las modifica a su antojo cada vez que le perjudican y somete a encarcelamiento injusto a los líderes políticos que se oponen y a represión sin fin a los ciudadanos que se manifiestan contra él. Los 498 presos de conciencia que según la OEA hay en el país y más de 100 muertos en la represión callejera dejan bien clara cuál es la concepción de la democracia y los derechos humanos que tiene el régimen.
En este lamentable estado de cosas, los líderes de Podemos, que declaran día sí y día no querer regenerar la democracia española, guardan silencio, cuando no justifican a Maduro y acusan a la oposición de antidemocrática. Es urgente que Podemos aclare si su estándar de democracia es el mismo que el que representa Maduro. No es una cuestión retórica. Los ciudadanos españoles tienen derecho a saber si la suerte que les esperaría si Podemos gobernara y ellos decidieran oponerse a sus políticas sería similar a las que sufren los ciudadanos e instituciones venezolanas que han decidido defender la democracia del autoritarismo de Maduro.