LOS NIETOS

El otro día vi en una cadena televisiva española a un nieto de Franco que hablaba de su abuelo como si el Generalísimo y Caudillo de España por la Gracia de Dios no hubiese tiranizado este país durante casi cuarenta años, imponiéndole un régimen teocrático-policial de tres pares de narices, aliado de la Italia fascista y de la Alemania nazi. Ahora leo en un periódico, también español, que el nieto de Stalin ha demandado por difamación al Canal Uno de la televisión rusa por sostener que su tenebroso abuelo autorizó, a comienzos de la Segunda Guerra Mundial, la ejecución –tiro en la nuca–, en Katyn, de miles de oficiales polacos hechos prisioneros en la parte oriental de Polonia, que el Ejército Rojo invadió al mismo tiempo que la Wehrmacht ocupaba la occidental –operación de pinza que, como se sabe, fue concertada por Hitler y el abuelete del mostacho y la pipa cuando ambos totalitarismos, el nazi y el soviético, eran un par de narizones que hallaron, momentáneamente, una manera de besarse–. Me parece que el señor Yievguieni Dzhugashvili, el nieto indignado, debe proyectar su acción vindicativa también contra la Duma (Parlamento de Rusia), que, el año pasado, aprobó (con votos en contra sólo de los comunistas) una declaración institucional en la que se afirma que “el crimen de Katyn fue perpetrado por orden directa de Stalin y otros dirigentes soviéticos”. Para los que no lo sepan, la matanza en el bosque ruso de Katyn (más de 21.000 oficiales del Ejército polaco asesinados) es uno de los episodios de la enorme masacre de ciudadanos polacos que tuvo escenarios en diversos puntos de la URSS en la primavera de 1940.

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EL DESAMPARO DE LA LITERATURA

Teódulo López Meléndez, Caracas.

Buena parte de los libros que se publican son la mejor prueba de que la literatura lleva el mismo camino de la realidad global: la escritura ha dejado de ser demostración (ética o estética) para convertirse en mostración. Bien lo explica Paul Virilio en El procedimiento silencioso cuando advierte de la desaparición de la geopolítica, ahora sustituida por una “cronopolítica”, para evidenciar el surgimiento del ciudadano virtual de la ciudad mundial, que no es ciudadano sino contemporáneo. Ya la literatura no quiere demostrar, según lo han determinado los editores preocupados por sus ingresos.  El escritor tiene que “echar un cuento”, plagarse de anécdotas en menoscabo de la “dentritud” del lenguaje. La naturaleza misma de la literatura está en peligro, pues ha asumido “la estética de la desaparición” para ocupar las reglas massmediáticas establecidas, que no son otra cosa que dar prioridad absoluta a la notificación. Es claro, como lo recuerda Virilio, que el “arte moderno” fue paralelo a la revolución industrial, mientras el arte “posmoderno” marcha con el lenguaje analógico, con el progreso tecno-científico, con la revolución informática.

No hay duda de que el mundo está desquiciado. Y la literatura con él. Si procuramos con Derrida entender, habría que decir “el presente es lo que pasa, el presente pasa”. Así, la literatura se ha colocado en lo transitorio, “entre lo que se ausenta y lo que presenta”. En otras palabras, la literatura ha tomado para sí la huida. La pregunta es si será así siempre, si ha terminado la literatura como la hemos entendido. El porvenir de la literatura sólo puede pertenecer al pasado en el sentido de modificar con las nuevas técnicas y con todas las innovaciones posibles la vieja misión de demostrar, de crear, es decir, de volver a ser arte. Esta presencia sólo la encontramos en los viejos textos, de los cuales podemos decir “está escrito a la vieja manera”, en cuanto a estilo o a sintaxis, pero en los que pervive el afán de una tarea por realizar, aceptando que lo heredado no está dado. Quizás debamos comenzar desde aquí: partir de una inconclusión y convencernos de que este dominio de la mostración pasará, como pasa siempre toda hegemonía.

El mundo anda muy mal y muy mal anda la literatura. Es probable que no percibamos en toda su magnitud su actual desgaste. Comprendamos que siempre ha habido desarreglos y desajustes. El futurismo desencadena su perorata sobre la máquina en pleno auge de la era industrial. El arte actual se copia de la perorata de los medios radioeléctricos, esto es, de la intrascendencia. El escritor quiere ser actor de televisión y no escritor. En otras palabras, la literatura se hace incompetente, pierde la legitimidad que venía de su antiguo espacio. El lector, por supuesto, asume que ya no habrá más literatura, que la literatura es lo que se le ofrece paralelo al bodrio informático. Sin embargo, todo muta y se reelabora. Lo tele-tecno-mediático, la mostración que cunde en putas, en exguerrilleros, en drogadictos, en sobrevivientes de dictaduras y, en fin, en personajes sin misterio, sólo se entienden como símbolos mediáticos de masas, la gran concesión de la literatura a los programas, a las modas y a los discursos de la pantalla-ojo. Es obvio que el contemporáneo, el sustituto del ahora del hombre alerta, se mueve en inertes rutinas prácticas y todo lo que le perturbe es rechazado como una intensidad indeseable. La masa quiere desechar toda expresividad, está integrada por individuos de vulgaridad invisible y, en consecuencia, procura leer sólo lo que refuerce una condición masiva y vulgar. En materia literaria cabe recordar aquella frase de Hannah Arend donde habló de “desamparo organizado”.

¡COSA TAN FERMOSA!

La aleccionadora historia de Lily y Maddison pone contra las cuerdas a quienes sólo ven a los animales como objetos de uso, bien para trabajar, bien para jugar o bien para divertirse y lucrar con ellos atormentándolos inmisericordemente, como sucede en la tauromaquia y en otros pasatiempos bárbaros.

Periódicos del Reino Unido y España se han hecho eco del conmovedor ejemplo de amistad, solidaridad y cooperación protagonizado por Lily y Maddison. Lily, una perra danesa de 6 años, totalmente ciega a causa de un accidente, tuvo la suerte de topar en su camino con Maddison, un año mayor que ella, y desde entonces tiene un hábil lazarillo que no se separa de ella y la ayuda a vivir.

NO CESA LA REPRESIÓN EN CUBA

El Movimiento Cristiano Liberación (MCL) ha dado a conocer, desde el interior de Cuba, una noticia que confirma el auge que en los últimos tiempos ha experimentado la actividad intimidatoria de la dictadura castrista contra sus opositores pacíficos. En la presente ocasión las víctimas han sido Niovis Rivera Guerra, miembro del Movimiento Resistencia y Democracia, su esposa y sus tres hijas menores (de 13, 9 y 3 años), residentes en Guantánamo, al oriente de la isla. El propio Rivera Guerra y el activista Rogelio Tabío relataron por teléfono que una turba gobiernista dirigida por la Seguridad del Estado rodeó y apedreó durante horas la casa de esta familia. El coordinador del MCL, Oswaldo Payá Sardiñas, pidió en su cuenta de Twitter a la comunidad internacional que exija “a la junta militar de la isla el cese inmediato de estos actos de terror contra personas indefensas y pacíficas”.

LIBIA

El espeluznante linchamiento del tirano Gadafi, la proclamación de la ley islámica (sharía) como fundamento jurídico del Estado, la reactivación de la poligamia (hasta cuatro mujeres por hombre) y el vandalismo que están protagonizando los milicianos rebeldes -sin control y armados hasta las cejas- han disparado las alarmas en el mundo occidental respecto a Libia. Esto es visible, sobre todo, en los crudos comentarios que los lectores de esas noticias no cesan de enviar a los periódicos. Creo que hicieron bien las naciones occidentales que apoyaron militarmente la rebelión popular contra el régimen sangriento y liberticida de Gadafi, pero harían muy mal si se cruzaran de brazos frente al riesgo de que Libia, potencia petrolera, se convierta en un bastión del islamismo radical frente a las costas de Europa. Sería una dejadez imperdonable que nos costaría muy cara.