CUBA / NUEVO VAPULEO A DAMAS DE BLANCO

Cuando algún parlamentario o alto cargo de la Unión Europea sienta la tentación de aludir a los “cambios” en Cuba para abogar ante sus colegas por un trato comunitario de favor hacia la tiranía castrista, debería recordar los hechos que aquí se relatan. Si lo hace, probablemente frene su impulso y se libre de incurrir en ridículo o ignominia.

EL RÉGIMEN RECIBE A BELKIS CASTIILLO CON UNA GOLPIZA TRAS SU VISITA AL PARLAMENTO EUROPEO

(Santiago de Cuba, 29/4/2013) Varias Damas de Blanco recibieron una fuerte golpiza este domingo cuando intentaban asistir a misa en la Iglesia Nuestra Señora del Rosario, en Palma Soriano, Santiago de Cuba, según denunciaron en videos difundidos por la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU). Entre las golpeadas estuvo Belkis Cantillo, líder de las Damas de Blanco en Santiago de Cuba, quien acaba de regresar a la Isla tras recoger en Bruselas, junto a otras líderes del grupo, el Premio Sajarov que la Eurocámara les concedió en 2005.

“Me dijeron que yo no podía entrar (a la iglesia) porque denuncié mucho al Gobierno de los Castro en el Parlamento” Europeo, dijo Castillo, quien durante su estancia en Bruselas relató la situación en la Isla y la represión contra Damas de Blanco y opositores.

Belkis Castillo

Belkis Castillo

Tanto ella como las otras agredidas afirmaron que fueron golpeadas por hombres. “Me dieron un piñazo en un seno, una patada en las costillas. Los hombres fueron los que nos golpearon”, dijo Cantillo. “Nos agredieron hombres vestidos de civil, que no se quisieron identificar”, indicó por su parte Denia Fernández. “Nosotros lo que hicimos fue levantar las manos y decir que éramos pacíficas. Aún así nos fueron dando golpes desde la loma que íbamos subiendo hasta la guagua (del Ministerio del Interior). Allí nos cayeron mujeres –que ellos dicen que son del pueblo, pero son policías también (…)–. Nos arrastraron por el suelo, nos arañaron, nos dieron golpes con sombrillas”, relató.

Las Damas de Blanco que lograron llegar a la iglesia de Palma Soriano se encontraron con un “acto de repudio” organizado por el Gobierno frente al templo. Una de ellas, Yenisel Rodríguez, dijo que la policía política estaba allí “desde temprano” con “bastante represores, paramilitares”, esperándolas. Algunas fueron arrestadas y luego liberadas. A Taimí Vega “la policía política le dijo que la soltaba para que la reventara el pueblo”, afirmó Yenisel Rodríguez. Otras estuvieron detenidas desde el sábado por la tarde hasta el domingo para impedirles asistir a misa. Vega pudo llegar a la iglesia, pero pasando por los “empujones y golpes” de la turba convocada por el régimen, indicó Rodríguez. Un video difundido por la UNPACU mostró ese incidente.

Tanto Rodríguez como Vega dijeron que algunos de los represores se situaron dentro templo. “Entraron a golpearnos dentro de la iglesia. Estaban sentados en los bancos ofendiéndonos”, señaló Vega. “Personas dentro de la iglesia nos apoyaron (…) el padre de Palma estuvo todo el tiempo con nosotras (…) incluso se montó en la guagua que los represores nos tenían preparada para sacarnos de allí”, indicó Rodríguez.

Otras agredidas fueron Yaima Naranjo, Mariela Rodríguez, Niurka Carmona, Madelaine Santos, Yasnay y Yanela Ferrer. 

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ELIZARDO SÁNCHEZ EN LA FHC

“UN ACUERDO UE-CUBA DARÁ MÁS RECURSOS A CASTRO”

FHC(FUNDACIÓN HISPANO CUBANA, Madrid, 23/4/2013) El disidente cubano Elizardo Sánchez advirtió hoy de que un eventual acuerdo entre la Unión Europea y Cuba que dé a este país un estatus preferente en la cooperación sólo permitirá que los hermanos Fidel y Raúl Castro tengan más recursos para seguir con la “represión”.

Elizardo Sánchez empezó en Madrid una serie de viajes por capitales europeas en su primera salida de Cuba en once años tras beneficiarse de una flexibilización en la política migratoria. La misma que hizo posible en las últimas semanas que dejaran La Habana con visado temporal otros disidentes, como Yoani Sánchez, la líder de las Damas de Blanco Berta Soler y la hija del histórico dirigente opositor Oswaldo Payá, Rosa María Payá.

Elizardo Sánchez (derecha) junto a Guillermo Gortázar, presidente de la FHC.

Elizardo Sánchez (izquierda) junto a Guillermo Gortázar, presidente de la FHC.

En la sede de la Fundación Hispano Cubana de Madrid, Sánchez dijo en una rueda de prensa que esa facilidad para que algunos obtengan visados de salida es “una señal falsa que emite el régimen para engañar a la Unión Europea”. El objetivo es que Europa suscriba un acuerdo de cooperación preferente con Cuba, pero Sánchez avisó de que el régimen de La Habana no “tiene méritos” para conseguirlo. “Son falsas señales de cambio, cosméticas, pero no hay una sola reforma. El régimen tiene una poderosa máquina de propaganda y represión. Hay 200 prisiones con la mayor tasa relativa de encarcelados de toda América Latina”, añadió. Afirmó que es favorable a que los países democráticos tengan canales diplomáticos con el Gobierno de La Habana, pero no un acuerdo de cooperación con la UE: “sería muy mala noticia, una derrota”.

Sobre la situación de la oposición interna, dijo que ahora ya no está dividida, sino “multiplicada” y que se acabó la “sopa de letras” que caracterizó a los disidentes tradicionalmente. El objetivo ahora de esa oposición es preparar el día después a la desaparición de los Castro. “En nuestra agenda está ya la reconstrucción de Cuba, estamos insuficientemente preparados. Cuando ellos (los Castro) no estén se acabará el castrismo, pero dejarán un país arruinado y endeudado”, indicó.

Elizardo Sánchez dijo que en la actualidad hay más de 40 personas en huelga de hambre en el este de Cuba para protestar por la represión y que, frente a algunos disidentes que pudieron obtener la visa de salida, hay una quincena que siguen en las cárceles y más de un millón de cubanos en el exterior a los que no se les permite entrar en su país.

En Madrid, Sánchez vio al ex presidente del Gobierno José María Aznar y a altos funcionarios del Ministerio de Exteriores, y espera ver al también ex presidente Felipe González y a representantes de la izquierda política y ONG. En las próximas semanas acudirá a otras capitales, como Ginebra y Bruselas.

Respecto a la muerte, el año pasado, de Oswaldo Payá en un accidente de coche que conducía el español Ángel Carromero, Sánchez reiteró que le gustaría una investigación internacional, “porque tenemos dudas” de cómo se desarrolló el suceso. 

PENSAR LA POLÍTICA

Teódulo López Meléndez, Caracas.

2012-06-16_1Pensar es una actividad intelectual que pretende comprender un  hecho. Pensar la política implica mucho más, pues llega hasta la configuración de un mundo. Hanna Arend señaló que el pensamiento tiene un efecto destructivo dado que socava lo establecido. Cuando pensamos la política, desde ella y desde lo político, es evidente que hay dificultades y es preciso recomenzar. Pensar la política busca la posibilidad de un mundo común.

Cuando se deja de pensar la política y se instaura la mediocridad de la búsqueda del poder y no más, se entra en la barrena de la inestabilidad y la decrepitud. Cuando la política se burla de la consistencia de la complejidad del pensamiento y se reduce a las maniobras y a hacer de ella misma un deterioro las sociedades languidecen en las formalidades y se encuentran incapaces de saltos cualitativos.

Es impresionante ver cómo la sociedad venezolana no entiende nada, ni a un nuevo gobierno cuya preocupación única parece ser el establecimiento de “una nueva mayoría”, ni a un candidato opositor jugando a huir hacia adelante para lo cual recurre al último argumento de mantenimiento de clientela: habrá nuevas elecciones presidenciales.

Ciertamente uno puede entender la política como lo opuesto a lo estático. Resulta irritante ver a un cuerpo social sembrado en él y cuya supuesta “inocencia” no es justificable y menos perdonable. La única posibilidad que cabe es remitirse a un fracaso educativo y cultural que lo lleva a maniqueísmos como el de negar la existencia misma de quien no esté en alguno de los bandos. Menos logra entender cuando se le habla desde una mirada de país.

La política es una revisión permanente y la democracia una interrogación que nunca termina. El que se mueva en los parámetros agotados es un insuficiente que desconoce totalmente hasta la definición misma del verbo “pensar”. Vivir desde y para la asfixiante coyuntura, gritar de entusiasmo frente a la aparente palabra dura y solazarse en los radicalismos estériles, es propio de una sociedad en sí misma estéril. Nadie puede pretender borrar de un plumazo la angustia del presente. Lo que se pretende es recordar que las realidades son construibles, que hay que modificar el ángulo de los observadores y, sobre todo, que la política se piensa y se piensa alejándose de la linealidad y de la miseria. Hay una crisis política puntual envuelta en otra de igual o mayor gravedad: la absoluta inconsistencia de los políticos.

Esto que vivimos en Venezuela no es la política. No llega ni a rango de antipolítica. La política es hoy una voluntad colectiva y ella no existe porque tenemos a unos actuantes que giran sobre sí mismos embebidos en el odio mutuo y en la incapacidad manifiesta de escaparse de las maniobras de una praxis envenenada. Se olvida la caída de todos los conceptos, hasta del poder mismo. Cuando se piensa la política las estrecheces comienzan a diluirse. Se inventan los caminos y se inventa en el futuro. Los presentes sólo son diluibles cuando se tiene la mirada más allá, en la escritura de un relato a transitar, uno que nos hace pensar el presente desde el futuro.

Hoy ya ni sabemos lo que es la política.  La labor pedagógica pasa por comenzar a decir que en el siglo XXI la política no es lo que fue. Hay que inventar el siglo que sólo será posible si inventamos la política de este siglo, pues nada es construible en cuanto a organización humana que no esté marcada por la nueva concepción de la política. No se trata de la aparición de iluminados. Hoy el líder es un modesto suministrador de insumos que ejerce la más detestada de las actividades: pensar para los demás, porque pensar por los demás resultaría una simple manifestación totalitaria. Pensar la política es una acción liberadora pues, en primer término, permite entender los atascos de los actores de la no-política y autoriza a vislumbrar sacudírselos. Cuando se piensa la política aparecen los acontecimientos que nadie creía posibles y las soluciones van conformándose en una realidad distinta de la realidad real. Entonces habrá aparecido el nuevo concepto de poder, el del común hecho líder, que pasará por encima de quienes encarnan el Estado en lo momentáneo y de quienes lo encarnan desde talismanes, llámese unidad o llámese como se llame, organizados en el vacuo propósito único de sacar del poder, del viejo poder, a quienes hoy se solazan en él.

ES CUBA

El sello cubano está presente en la campaña de infamias lanzada contra Henrique Capriles

 Miguel Sanmartín

(EL UNIVERSAL, Venezuela, 27/4/2013) ¿Dictadura castrocomunista? Algunos (¿ilusos o miedosos?) todavía lo dudan a pesar de los niveles de intolerancia y represión ordenados por un asustadizo poder. Esos “despistados” no lo admiten, aunque tampoco lo comparten, pero eso es lo que hay. Tales escapistas prefieren fijarse en las trazas del barniz seudo democrático (cada vez reluce menos) que procuraba (a duras penas) mantener el Supremo que se ausentó.

También hay quienes niegan la presencia del castrocomunismo porque les estremece admitir que en este país se entronizó un régimen forajido, opresor, fascista y entreguista. Efectivamente, este siniestro proyecto de poder omnímodo, etiquetado Socialismo del Siglo XXI, concebido a perpetuidad y de corte cívico-militar, fue diseñado y es padroteado desde La Habana. Por su “asesoría y servicios” Cuba percibe de Venezuela 10 mil millones de dólares anuales con los que aferra a la vida a su decrépita dictadura. Para asegurar la perennidad de la revolución vernácula y los beneficios que de ella obtiene, la gerontocracia cubana minó con sus “técnicos” estamentos clave de la administración pública local, desde donde desatan contra la sociedad democrática toda la vesania y saña vistas en los últimos días.

Signos de esa aberrante opresión (muy cubana, muy comunista) son la campaña de infamias lanzada contra Henrique Capriles y otros dirigentes de la MUD; los agravios contra instituciones como la Iglesia, gremios y medios de comunicación; la brutalidad empleada para disolver manifestaciones pacíficas y los vejámenes contra los estudiantes: violencia física, maltrato moral, retención ilegal, amenazas a sus familias y apertura de juicios con cargos simulados. También el espionaje, el sapeo y el fusilamiento moral del adversario.

El declive de infraestructuras y servicios públicos no puede compararse, todavía, con el de Cuba. Pero rodamos en esa dirección. Parte del deterioro es intencionado para minar la moral de los ciudadanos contagiándoles frustración e impotencia. Lo intentan bombardeando consignas políticas en favor de una ideología. La suya, totalitaria, castrocomunista. El colapso del metro, los apagones, la inseguridad, la basura sin recoger y la anarquía en el tránsito son parte de la táctica de socavamiento espiritual. Lo es también la informalización del trabajo, la agresión a los espacios públicos, la conducta chabacana, la escasez de productos (racionamiento) y el control de cambio que limita la libertad de acción y movimiento de las personas.

Pero nada tan indignante y violatorio de los derechos y libertades ciudadanas como la invasión de la privacidad con las cadenas de radio y televisión para agraviar y amenazar a la gente en la intimidad de su hogar.

LAS ELECCIONES VENEZOLANAS Y LA RELACIÓN BILATERAL CON ESPAÑA

Carlos Malamud

(REAL INSTITUTO ELCANO) El ajustado resultado de las elecciones venezolanas originó una cascada de reacciones internacionales, de muy distinto signo, pero la gran mayoría se decantó en apoyar las posiciones de una u otra candidatura. Como suele ocurrir en estos casos, las reacciones en apoyo del candidato gubernamental (básicamente provenientes de los países sudamericanos más otros como Irán, Corea del Norte, China y Rusia) fueron interpretados como un claro respaldo a la legalidad y al orden de Venezuela, mientras que las discrepancias (EEUU, los países de la UE y la OEA) fueron rápidamente calificadas como un acto de injerencia en los asuntos internos del país. Desde la óptica gubernamental, estas últimas fueron contestadas con dureza, especialmente notable en aquellas dirigidas contra la administración de Barack Obama, el secretario general de la OEA José Miguel Insulza y las autoridades españolas.

Esto fue lo que ocurrió con las declaraciones del ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, quien al día siguiente de celebrados los comicios constató la existencia de una fuerte polarización en Venezuela y agregó que para evitar incertidumbres era necesario confirmar cuanto antes el resultado electoral efectuando un recuento de los votos. Concluyó sus palabras señalando que “sea quien sea el vencedor” final era necesario que ambos países mantuvieran buenas relaciones bilaterales, lo que fue entendido por las autoridades bolivarianas como el desconocimiento español de la victoria de Maduro. Y tal como se vio en las reacciones posteriores, se trataba de un extremo intolerable desde la perspectiva del gobierno de Caracas.

Si el objetivo de García-Margallo era preservar unas relaciones bilaterales bastante complicadas desde 2002, sus palabras casi provocaron el objetivo contrario al buscado. Los sucesos de abril de ese año, que supusieron el alejamiento temporal de Hugo Chávez del poder, marcaron el principio de fuertes desavenencias entre los gobiernos de Venezuela y España. Esto ocurrió después de que Chávez acusara a José María Aznar, uno de los primeros en reconocer a Pedro Carmona como presidente venezolano, de respaldar el golpe de Estado que lo alejó del poder. Desde entonces Aznar fue, junto con George Bush, uno de los grandes demonios de la mitología chavista.

Los esfuerzos de Miguel Ángel Moratinos, durante el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, por recomponer la maltrecha relación tampoco dieron frutos duraderos. Y esto más allá de la labor componedora del entonces embajador de España en Venezuela, Raúl Morodo, que parecía más el embajador de Chávez ante España que viceversa. El incidente del “por qué no te callas”, en la Cumbre Iberoamericana de Santiago de Chile, en noviembre de 2007, que enfrentó a Hugo Chávez con el Rey D. Juan Carlos, escenificó las dificultades por las que entonces atravesaba la relación bilateral, y que de alguna manera todavía atraviesa.

Los temas más conflictivos de la agenda bilateral, desde la perspectiva de Madrid, con independencia del partido que gobierne desde la Moncloa, son el estado de la colonia de inmigrantes españoles y las agresiones que sufren (expropiaciones de tierras, robos y secuestros, etcétera), la protección otorgada a los terroristas de ETA (ejemplificadas en el caso de Arturo Cubillas), las dificultades que atraviesan las empresas españolas presentes en Venezuela (comenzando por Repsol) y los constantes enfrentamientos entre las posturas de ambos países en los diversos foros multilaterales compartidos. En este sentido, es particularmente sensible el apoyo venezolano a Irán, Libia (Gaddafi) y Siria (Bashar-al-Assad).

2013-04-27Dado el grado de conflictividad existente, casi nadie se sorprendió en el gobierno de Madrid por la sobreactuación de su contraparte venezolana, provocada por las declaraciones de García-Margallo. La reacción de Maduro y los suyos llegó incluso a amenazar el futuro de la relación bilateral hispano-venezolana. Tras este conflicto subyacen algunas cuestiones que tratarán de responderse a lo largo de este análisis. En primer lugar, ¿cuál era el objetivo del gobierno venezolano al desatar de forma casi gratuita una tormenta desmesurada por unas declaraciones que en ningún momento suponían una injerencia en sus asuntos internos? Y en segundo lugar, ¿por qué las autoridades venezolanas minusvaloran tanto la relación bilateral con España?

Como ya se ha señalado más arriba, tras el ajustado resultado de las elecciones presidenciales venezolanas, que supusieron un duro varapalo para el oficialismo, que esperaba una victoria mucho más amplia, el ministro García-Margallo apoyó la petición del candidato opositor, Henrique Capriles, de efectuar un recuento del 100% de las papeletas con el fin de despejar incertidumbres y reducir la conflictividad que podría emerger en Venezuela. Pero bastaron estas declaraciones para que se desatara una verdadera tormenta sobre la relación bilateral, gracias a unas respuestas venezolanas claramente sobreactuadas.

El primer acto estuvo a cargo del ministro de Exteriores venezolano, Elías Jaua, que llamó a consultas a su embajador en Madrid, Bernardo Álvarez. Se da la circunstancia de que esta reacción fue previa a cualquier otra reclamación ante el gobierno de España, en contra de los usos diplomáticos establecidos. Paralelamente, el presidente Maduro amenazó con tomar medidas en todos los niveles si no había una rectificación formal por parte de España. Según algunos trascendidos se habría llegado incluso a amenazar a algunas empresas españolas con represalias en su contra si el gobierno de Rajoy no reconocía el triunfo de Maduro.

Este hecho inusitado en lo que según las partes implicadas es una correcta relación bilateral fue seguido de durísimas declaraciones por parte de las más altas instancias venezolanas: el presidente Nicolás Maduro, el ministro Jaua y el presidente de la Asamblea Nacional Diosdado Cabello. Jaua amenazó con reservarse acciones “si persiste esta actitud de desconocimiento del gobierno español”. Las declaraciones gubernamentales fueron acompañadas de la reacción habitual en los medios venezolanos y latinoamericanos prochavistas, que sirvieron de caja de resonancia al discurso oficial. Incluso se criticó a TVE (Televisión Española) por el programa emitido el lunes 15 de abril por la noche, al día siguiente de las elecciones, para analizar los resultados electorales, calificándolo de “proimperialista”.

Si Diosdado Cabello publicó en su cuenta de twitter que “Sería muy bueno que el Gobierno de España se ocupe de sus propios problemas, que tiene muchos”, y que “Hace años esta Gran Patria dejó de ser colonia”, Nicolás Maduro advirtió al gobierno español de que debería tener cuidado con sus declaraciones sobre los asuntos venezolanos. Tras advertir que tomarían medidas en “todos los niveles”, agregó “Ocúpense del 25% de desempleo, que le están quitando la vivienda a los trabajadores… preocúpense de eso, no de Venezuela, que es un país libre y tiene una democracia”. En su primer discurso tras ser electo, Maduro advirtió “Cuidado España: el Gobierno de España se mete con el digno pueblo de Venezuela. Respeten para que lo respeten”. “El pueblo de Venezuela ya se liberó. Somos el pueblo de Bolívar que derrotaron (sic) a las tropas del rey hace tiempo”, y recordó que España tiene importantes intereses económicos en Venezuela, como los de Repsol en la Faja del Orinoco, que podrían verse afectados si se vulneran los derechos de Venezuela.

Fue precisamente ese último punto, la presión sobre las empresas españolas y las consecuencias que una escalada verbal podría tener, el que llevó al Ministerio español de Exteriores a presionar por aclarar el “malentendido”, detallando una por una las palabras de García-Margallo, con el argumento de que no se habían entendido adecuadamente, aunque sin ofrecer excusas. El ministro se manifestó sorprendido por la magnitud de la reacción venezolana a sus declaraciones iniciales, a las que definió como “muy medidas” y “coincidentes” por las apuntadas por otros actores internacionales como la UE, la OEA y EEUU. Luego habló varias veces con el embajador Álvarez, a quien le entregaron una cinta con la declaración íntegra del ministro español. El embajador español en Caracas, Antonio Pérez-Hernández, convocado por la cancillería venezolana para dar explicaciones por las declaraciones del ministro, también tiene la cinta. Sin embargo, no hubo diálogo alguno entre los ministros García-Margallo y Jaua.

En su descargo García-Margallo dijo lo siguiente: “Ayer dije en primer lugar que tomaba nota de que el Consejo Electoral Nacional había declarado vencedor de las elecciones a Nicolás Maduro. Dije también que tomaba nota de que Capriles había pedido un recuento de votos y dije que la solicitud debía tramitarse y resolverse de acuerdo a la legislación venezolana y que en el supuesto de que hubiese un recuento de votos, que es lo que dijo la UE, debía resolverse con rapidez… Añadí que las elecciones habían demostrado una gran polarización en la sociedad venezolana y que eran tiempos de tender puentes y de abrir diálogo. Acabé diciendo, y es lo que digo ahora, que espero que las relaciones entre los dos gobiernos sean tan amistosas y tan fraternales como son las relaciones entre los dos pueblos”. Por eso reiteró su llamamiento “al diálogo, al consenso, al acuerdo para que el pueblo venezolano pueda afrontar los desafíos de una etapa… distinta a la anterior”.

Finalmente, el gobierno de Mariano Rajoy reconoció a Maduro como “presidente de la República de acuerdo con el ordenamiento constitucional”, lo que sirvió para normalizar la situación. Y también para el lanzamiento de nuevas declaraciones altisonantes por parte del nuevo presidente venezolano: “Excelente, muy bien Gobierno de España. Cuenten con nuestra amistad para el trabajo. Vamos a querernos y respetarnos”. Es obvio que según la lectura del gobierno venezolano el respeto no puede tener lugar en la discrepancia sino únicamente asumiendo al pie de la letra todos sus presupuestos.

La situación creada tras la elección y las respuestas desmedidas de las autoridades venezolanas influyeron decididamente a la hora de decidir la composición de la delegación española que debería asistir a la toma de posesión de Maduro. Finalmente se optó por que el Príncipe de Asturias no viajara a Caracas, pese a que su presencia ha sido una constante en actos de esta naturaleza en América Latina. En su lugar viajó el presidente del Congreso, Jesús Posada (la tercera autoridad del Estado, tras el Rey y el presidente del gobierno), acompañado del secretario de Estado de Iberoamérica, Jesús Gracia.

Nuevamente una tensa calma se cierne sobre la relación bilateral, pero nadie sabe cuánto durará o cuál será el hecho novedoso que dispare una nueva crisis. La situación se agrava por la debilidad del nuevo gobierno. Maduro no es Chávez y carece de su visión estratégica. Resulta curioso que cuando fue presentado por Chávez como su sucesor, medios diplomáticos de distintos países creyeron ver en Maduro a un hombre dialogante, siguiendo la pauta de su comportamiento como principal referente del Ministerio de Exteriores. Sin embargo, su labor al frente del gobierno en los últimos meses ha demostrado totalmente lo contrario. No se trata únicamente de mimetizarse tras la figura del líder bolivariano, sino sobre todo de presentar un perfil más radicalizado con el objeto de neutralizar a los sectores más duros del PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela). En este sentido, la labor de Maduro se realiza contemplando permanentemente las reacciones del presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, su gran rival en el control del liderazgo del oficialismo venezolano. Fue Cabello quien tras conocerse los resultados electorales consideró necesario efectuar una profunda autocrítica de lo ocurrido y del retroceso del voto chavista.

Es en torno a estas cuestiones donde se encuentran los argumentos para responder a la pregunta de por qué el gobierno de Nicolás Maduro lanzó tan dura ofensiva contra España. Si por un lado se trataba de minimizar el impacto de la petición de la oposición de recontar los votos, por el otro se buscaba acallar a las voces más críticas con la gestión de Maduro durante la campaña electoral. El cálculo del cual se parte es que el coste político de criticar a España es muy bajo y el económico aún menor. El gobierno venezolano estima que es fácil presionar al gobierno español amenazando a las empresas con un endurecimiento de las condiciones bajo las cuales actúan en el país. Y esto es así porque sus estimaciones no valoran el impacto negativo que estas actuaciones puedan tener sobre la inversión extranjera.

(Carlos Malamud es investigador principal de América Latina del Real Instituto Elcano.)


(*) El 6 de enero de 2006 Raúl Morodo publicó en El País el artículo “Venezuela, ¿hacia una democracia avanzada?” que era una apología del populismo y de la “Revolución bolivariana”. Entre otras cosas, allí se podía leer: “A diferencia de anteriores mistificaciones populistas, más dentro de la demagogia, el nuevo populismo pretende -y otra cuestión es que lo consiga- ser democrático, acudiendo a elecciones periódicas, no utilizando la violencia y ajustándose a la legalidad constitucional establecida: Chávez, Lula, Kirchner, Morales, Tabaré Vázquez y, eventualmente, López Obrador, en México, y Ortega, de nuevo, en Nicaragua, tienen entre sí divergencias, pero también supuestos finalistas comunes: pretender un amplio desarrollo social, salir de la endémica pobreza y de la dependencia frustrante, no prescindir de las libertades y asentar una multilateralidad productiva”.

FASCISMO PURO, CON MADURO

Angélica Mora

2013-04-26_3(Nueva York, www.cubanet.org) Comenzó el Fascismo en Venezuela.

Los chavistas, en este nuevo período de gobierno, se sienten más temerosos que nunca del futuro. Por ello, están tratando de acallar las protestas de los millones de venezolanos que exigen una auditoría para conocer cuáles fueron los verdaderos resultados de las elecciones del 14 de abril.

El régimen de Nicolás Maduro sabe que Henrique Capriles, con sus denuncias de robo de las elecciones, es uno de los principales escollos en seguir adelante con el fraude electoral. Por eso, están tratando de formularle cargos al líder opositor para así poder enviarlo a la cárcel.

La Asamblea Nacional acaba de crear una comisión, integrada por diputados chavistas, que investigará las supuestas responsabilidades de Capriles en las protestas de la semana pasada y así probar que fue el causante de 9 muertos y decenas de heridos. La ministra venezolana para Asuntos Penitenciarios, Iris Varela, ya lo acusó de consumir estupefacientes y dijo que tiene lista la celda en la que purgará sus “crímenes”. Y en el más puro estilo fascista, Diosdado Cabello, quien es presidente de la Asamblea Nacional, declaró que al empleado que no le guste el Gobierno, no podrá quedarse en el cargo.

Lo ridículo es que Cabello tilda de fascista a Capriles y a los que votaron por él (más de la mitad de los electores). Dijo: “… Por eso, hay que trabajar en la calle, no por televisión, ni periódicos y ni por Twitter, porque después el pueblo se confunde y pasa lo que ocurrió el 14 de abril que el pueblo se confunde y vota por un fascista”. Las amenazas se están haciendo realidad y hay una cacería de brujas por toda Venezuela.

Treinta y dos obreros adscritos a la Gobernación de Nueva Esparta ya fueron despedidos y el gobierno estudia los expedientes de miles de funcionarios públicos que se presume votaron por Capriles.

“El régimen se está poniendo solito la soga al cuello” me dice Marcos, un periodista amigo desde Caracas en un correo electrónico. Y agrega:  ¿Desde cuándo en Venezuela a un funcionario tiene que gustarle el gobierno para trabajar como empleado del Estado?

El gobierno de Nicolás Maduro, en el poco tiempo que está en el poder, ha superado en brutalidad y torpeza al de Hugo Chávez, empleando tácticas al más puro estilo fascista. No quiere ver que eso le puede costar muy caro.