Cuba y las músicas negras

CUBA MUSICAS NEGRAS Adolfo Salazar“Adolfo Salazar (Madrid, 1890 – Ciudad de México, 1958). Compositor, musicógrafo, historiador y crítico musical fue uno de los primeros en señalar la presencia del jazz en la música clásica. Su interés por las músicas de raíces negras se acrecentará tras su viaje a Cuba durante los meses de mayo y junio de 1930, una experiencia que comparte con Federico García Lorca. Su estancia le permite conocer la música popular cubana y asistir a la aparición del llamado movimiento afrocubano en la música clásica. A partir de ese momento, Salazar se convertirá en un difusor de la música cubana y escribirá tanto sobre el son y la rumba cubanos, como sobre los diferentes compositores que incorporan los ritmos negros a sus obras: Pedro Sanjuán, Amadeo Roldán y, sobre todo, Alejandro García Caturla, cuya obra estudia con interés. La obra de Salazar será clave para el escritor y musicólogo Alejo Carpentier, que encontrará en ella un modelo para ejercer la crítica musical. Asimismo, su trabajo crítico será fundamental para la divulgación de las investigaciones realizadas por el antropólogo Fernando Ortiz sobre la presencia negra en la cultura cubana.” Nota de contraportada.

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Prisión permanente revisable

La prisión permanente revisable es una ley equilibrada. Permite dos posibilidades racionales: que vuelva a ser libre un arrepentido y que jamás vuelva a la calle un peligro público.
 A la vista está que ni la cárcel ni la amputación de las manos han suprimido el robo, ni la pena de muerte ni la cadena perpetua el asesinato; pero es de suponer que esos castigos habrán evitado alguna cantidad de asesinatos y robos. Sin duda, la disminución de los delitos guarda relación con la severidad de las sanciones.

3.345 novedades en el diccionario de la RAE

Carolina Casco

(EL MUNDO, España, 20/12/2017) El presidente de la Real Academia Española, Darío Villanueva, ha presentado esta mañana las correcciones y adiciones a la edición digital del Diccionario de la Lengua Española. Su versión digital registró en 2016 600 millones de visitas, cifra que Villanueva cree se acercará, este año, a las 1.000 millones de visitas. La directora del proyecto, Paz Battaner, ha cifrado en 3.345 los cambios incorporados, incluyendo nuevas palabras, acepciones y formas complejas, además de enmiendas y supresiones. Estas modificaciones ya están disponibles para su consulta.

Para Battaner, “la Academia trabaja en el presente“, un presente reflejado en novedades como buenismo, postureo o acoso escolar.

La RAE se hace eco en esta edición (elaborada con el apoyo de la Obra Social de La Caixa) de la influencia cultural extranjera en ámbitos como la gastronomía, con términos como halal, humus o kosher, o la religión, con sharía o umma.

La Academia ha mirado también al pasado, incluyendo términos que en opinión de Battaner, tenían que haber sido incluidos antes. Es el caso de saga en su acepción de estirpe familiar, o de británico como valor de adjetivo acompañando a humor.

“Una característica de la RAE es que siempre ha atendido a la lengua popular“, ha señalado Battaner. Perro faldero, al habla o una pasada son algunas de las expresiones coloquiales que recoge.

Como novedad, el diccionario recogerá españolismos y los señalará como tal, destacando su uso en España frente a América. Es el caso de bocas, entendido como bocazas, que lleva “la marca España”.

Lenguaje de género

Darío Villanueva ha explicado las medidas tomadas en materia de género en esta edición. “A la hora de definir algunos oficios solo se hablaba de nombres en masculino”, aspecto que ha sido corregido. En algunos casos, como en el de las palabra embajadora o jueza, existía la acepción en femenino, pero su significado era el de “esposa de”. Respecto a la expresión sexo débil, Villanueva ha defendido que “existe en inglés, francés e italiano”, y que se le ha añadido “una marca de expresión sexista y despectiva“, pero ha recordado que “el diccionario no inventa ni promociona el uso”, sino que se limita a recoger el vocabulario existente. Villanueva también ha anunciado que “se ha aconsejado esperar a la inclusión” del neologismo heteropatriarcado, en base a los criterios de frecuencia de uso y dispersión geográfica.

Anglicismos innecesarios

Darío Villanueva ha criticado en anteriores ocasiones la influencia “muchas veces incompresible” del inglés, tendencia a la que se refiere con el término papanatismo. Esta incorporación es según el presidente de la RAE “innecesaria y frívola”.

“La Academia no es purista, pero sí queremos levantar la voz contra este uso“, ha declarado Villanueva. Desde el Refugees welcome al Black friday, pasando por influencerfollowers fake news, la utilización de anglicismos salpica desde los carteles hasta el mundo de internet, e incluso renombra profesiones, como es el caso de baby sitter product manager. El ámbito de la moda es uno de los más afectados por este uso, con expresiones como fashion week, front row o print, entre otras, todas ellas con equivalentes en castellano.

Villanueva achaca este uso a un “complejo de inferioridad”, motivado por la imagen de lengua de prestigio que da el inglés. En este sentido, ha puesto de ejemplo otros países, como “Portugal, que ha ganado Eurovisión con una canción en portugués”. Este uso incontrolado de neologismos “debe ser denunciado por hablantes, instituciones y medios de comunicación”.

Éstas son algunas de las entradas nuevas o modificadas del Diccionario:

Aporofobia. [Adición de artículo]. (Del gr. áporos ‘pobre’ y -fobia). f. cult. Fobia a las personas pobres o desfavorecidas.

Buenismo. [Adición de artículo]. m. Actitud de quien ante los conflictos rebaja su gravedad, cede con benevolencia o actúa con excesiva tolerancia. U. m. en sent. despect.

Chusmear. [Adición de artículo]. intr. 1. coloq. Arg., Par. y Ur. Hablar con indiscreción o malicia de alguien o de sus asuntos. ¿Otra vez están chusmeando sobre los vecinos? 2. coloq. Arg., Hond., Par. y Ur. Husmear, fisgar, curiosear. Estuve chusmeando un poco en la habitación. U. t. c. tr. Se puso a chusmear mi ropa en el armario. tr. 3. coloq. Arg., Par. y Ur. Contar algo con indiscreción o malicia. Le chusmeó todo lo sucedido.

Clic. … m. 2. [Enmienda de acepción]. Pulsación que se hace mediante un ratón u otro dispositivo apropiado de una computadora para dar una instrucción. Hacer clic en un menú.

Especismo. [Adición de artículo] (Del ingl. speciesism). m. 1. Discriminación de los animales por considerarlos especies inferiores. 2. Creencia según la cual el ser humano es superior al resto de los animales, y por ello puede utilizarlos en beneficio propio.

Machismo. … [Adición de acepción]. 2. Forma de sexismo caracterizada por la prevalencia del varón. En la designación de directivos de la empresa hay un claro machismo.

Macho … 6. [Enmienda de acepción]. Hombre en que supuestamente se hacen patentes las características consideradas propias de su sexo, especialmente la fuerza y la valentía. U. t. c. adj. Se cree muy macho. U. t. en sent. despect.

Mariposear. … [Adición de acepción]. 3. Andar o vagar de un lugar a otro cambiando de objeto de interés o sin propósito establecido.

Pasada. … [Adición de acepción]. 10. coloq. Esp. Cosa exagerada, extraordinaria, fuera de lo normal. U. en sent. ponder. Mira ese avión, ¡qué pasada! Qué pasada DE fiesta.

Postureo. [Adición de artículo]. m. coloq. Esp. Actitud artificiosa e impostada que se adopta por conveniencia o presunción.

Posverdad. [Adición de artículo]. (De pos- y verdad, trad. del ingl. post-truth). f. Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales. Los demagogos son maestros de la posverdad.

Sexo. m. […] sexo débil. m. [Enmienda de acepción de forma compleja]. Conjunto de las mujeres. U. con intención despect. o discriminatoria. … sexo fuerte. m. [Enmienda de acepción de forma compleja]. Conjunto de los varones. U. en sent. irón.

Muestra completa de novedades del DLE

La RAE ha facilitado el acceso a las novedades del nuevo Diccionario de la Lengua a través del siguiente enlace, que permitirá a los internautas disponer de ellas en formato PDF.

Una hermosa historia bien contada

Gabi Papito Estrellita libroUn perrito y una perrita, hermanos y muy aventureros, hacen un fatigoso viaje a través de un inmenso bosque, movidos por la ilusión de adquirir uno de los objetos fantásticos que fabrica un búho que es sabio y mago. Pero, en una de las pocas casas que hay en aquel bosque –en la cual, como estaban fatigados, les permiten descansar, y, como estaban hambrientos, les dan de comer–, alguien, muy débil y enfermo, necesita ayuda. A los conmovidos y agradecidos viajeros, entonces, se les ocurre una buena idea, tan buena que hace felices a todos.

PAPITO Y ESTRELLITA. Texto: María Gabriela Díaz Gronlier. Ilustraciones: Manuel Uhia. Editorial Verbum, Madrid, 2017.

La izquierda y el derecho de autodeterminación

Hoy, en ausencia de colonialismo y dentro de un país de la Unión Europea, el derecho a la autodeterminación es una reivindicación reaccionaria, incluso involucionista, impropia de partidos o sindicatos progresistas

Nicolás Santorius 

“El nacionalismo de los de arriba sirve a los de arriba. El nacionalismo de los de abajo sirve también a los de arriba. El nacionalismo cuando los pobres lo llevan dentro, no mejora, es un absurdo total”. Bertold Brecht

(EL PAÍS, 24/10/2017) Desde el principio se sabía que el famoso “derecho a decidir” era un hábil eufemismo con el fin de enmascarar el inexistente, en condiciones de países democráticos, derecho de autodeterminación de “los pueblos”. Este derecho tiene una larga historia que merece algunas reflexiones.
Es conocido que la socialdemocracia internacional reconoció este derecho ya en 1896, en un Congreso celebrado en Londres, en el sentido de que se trataba de un derecho político a la independencia o secesión de la nación o imperio opresores. Este criterio lo adoptaron casi todos los partidos pertenecientes a la 2ª Internacional, incluyendo el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, del que emanaría el partido bolchevique de Lenin. Con el triunfo de la revolución de 1917 —de la que se conmemoran los 100 años—, la libre autodeterminación y la posibilidad de formar un Estado separado se recogió en la declaración de Derechos de los Pueblos de Rusia y, después, en la Constitución de 1924. No obstante, esta posición no fue nada pacífica en los debates de la época. Mientras Lenin, Trotsky, Kautsky y otros defendieron con ardor la consigna autodeterminista, otros como Rosa Luxemburgo, Bujarin y los llamados bolcheviques de izquierda se opusieron con igual empeño. Los primeros, argumentaban que el nacionalismo era una fuerza revolucionaria en la época de las colonias y de los imperios, “cárceles de pueblos”, mientras que los segundos sostenían que en la era de los imperialismos modernos era una antigualla defender las fronteras nacionales y, sobre todo, que el nacionalismo había estado en el origen de la espantosa guerra del 14, cuando incluso una parte de la izquierda había votado los créditos de guerra, costándole la vida al socialista francés Jean Jaurès al oponerse a ellos. Prevalecieron entonces las tesis de Lenin y de otros dirigentes de la izquierda, pues era cierto que la libre determinación tenía sentido en el proceso de descolonización e, igualmente, la independencia de naciones sojuzgadas por los imperios que fueron derrotados en aquella carnicería: el austro-húngaro; el de los zares; el otomano y el del káiser Guillermo. Quedaron en pie el británico y el francés que durarían unos años. En el fondo, las teorías de Luxemburgo y Bujarin se compadecían más con las de Marx, que en su análisis del desarrollo del capitalismo veía más conveniente para la causa de los trabajadores la federación de las naciones con el fin de lograr entidades políticas más fuertes.
Cuando concluyó la Gran Guerra llegó a París el presidente Wilson con sus no menos famosos 14 puntos, entre ellos el derecho de autodeterminación, sobre todo de las naciones que conformaban el imperio de los Habsburgo. Wilson procedía de la tradición anticolonial de EE UU, no le gustaban los imperios europeos y tampoco le interesaba dejar esa bandera en manos de un bolchevique como Lenin. A París fueron en peregrinación todos los nacionalismos irredentos con la finalidad de que el presidente americano les diera su bendición. Aun así, se cuenta que cuando se trató, también, el caso de Cataluña, el presidente francés Clemenceau se limitó a decir “pas des bêtises” (nada de tonterías) y ahí acabó la discusión. El resultado de todo ello fue que el mapa de Europa quedó cual manta escocesa, surgieron múltiples pequeñas naciones y en especial en los Balcanes, origen de múltiples conflictos.
En la actualidad, las condiciones han cambiado radicalmente y sería trágico que la izquierda no se diera cuenta de lo que eso significa. Comprendo que, a veces, no es fácil entender los vericuetos de la dialéctica de los procesos, pero este es un ejemplo de cómo un derecho progresista o liberador, en una fase histórica, se puede transformar en su contrario en otra etapa diferente. Esta es la razón por la cual Naciones Unidas —donde no sé si abundan los dialécticos— ha concretado su doctrina sobre este tema señalando que debe respetarse la libre determinación sólo en los casos de dominio colonial o en supuestos de opresión, persecución o discriminación, pero en ningún caso para quebrantar la unidad nacional en países democráticos.
En las condiciones creadas por la globalización, con mercados y multinacionales globales, inmersos en la revolución digital, cuando ya no existen situaciones coloniales generalizadas ni imperios “cárceles de pueblos”, el derecho de autodeterminación es una reivindicación reaccionaria, impropia de partidos o sindicatos de izquierda. Todavía más involucionista si cabe en el supuesto de los países pertenecientes a la Unión Europea, inmersa en un proceso de integración cada vez mayor, imprescindible para poder medirse, desde la democracia, con los grandes poderes económicos y tecnológicos. Una transformación de actuales regiones o autonomías en Estados independientes haría inviable el futuro de una unión política europea.
Es verdad que durante el periodo de los movimientos anticoloniales, véase la posición contra la guerra de África del PSOE de Iglesias, o durante la última dictadura franquista, la reivindicación de la libre autodeterminación tenía un sentido y así se recogía en los programas de los partidos y sindicatos de izquierda españoles; eso sí, siempre en aquel contexto y supeditado a la unidad de los trabajadores. Pero en condiciones de democracia, en la mundialización y la construcción europea no hay nada más contrario a los intereses de los trabajadores que romper un país. Ese acto profundamente insolidario —en especial cuando los que quieren romper son de los más ricos— divide a los sindicatos; quiebra la caja única de la Seguridad Social, garantía de las pensiones; parte la unidad de los convenios colectivos y el sistema de relaciones laborales, en un espacio de mercado único que, de quebrarse, dejaría a la intemperie a trabajadores y empresas.
En consecuencia, los partidos y sindicatos de izquierda deberían revisar esta cuestión, superar viejas inercias y concluir que en las condiciones actuales lo que antaño era progresista hogaño es retrógrado y antisocial, propio de fuerzas nacionalistas radicales y/o populistas que no tienen nada que ver con los intereses de las mayorías sociales.

Los fracasos históricos de la declaración del Estado catalán

 

En 1873, 1931 y 1934, los catalanistas proclamaron unilateralmente su emancipación de España, en un claro desafío al Gobierno central, que acabó siempre en fracaso.

Israel Viana
(ABC, España, 30/9/2017) La CUP y ERC lo tienen claro. Si gana el «sí» en el referéndum —a pesar de no contar con las garantías democráticas suficientes— hay que declarar unilateralmente la independencia. Debería hacerse, dicen, tan sólo 48 horas después del recuento de votos. Abogan por hacerlo, incluso, si el domingo no les permiten votar, tal y como ocurrió ya en otras tres ocasiones a lo largo de la historia: 1873, 1931 y 1934. Todas acabaron en fracaso.
La cuestión ha dividido al seno del PDECat. Algunos consejeros de la Generalitat como Raül Romeva o la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, defienden aprobar dicha declaración si sale elegida la opción independentista, a pesar de que Carles Puigdemont ha manifestado en una entrevista a Eldiario.es que esa opción «no está encima de la mesa». El presidente regional no quiere convertirse en el José García Viñas, Francesc Macià o Lluis Companys del siglo XXI —los predecesores que cometieron, sin éxito, la misma tropelía—, a pesar de que ha amenazado con ponerlo sobre la mesa si mañana no pueden depositar su papeleta.
El primer Gobierno español que tuvo que hacer frente al desafío de la proclamación de un Estado catalán fue el de Estanislao Figueras. El conato se produjo el 5 de marzo de 1873, un mes después de que se estableciera la Primera República. Como contaba «La Correspondencia de España» el día 8: «Unos 16.000 voluntarios han declarado independiente el Estado catalán y han apresado a las autoridades».
Esta rebelión se produjo en una época realmente inestable de la historia del país. Durante los dos años que duró la Primera República, el Gobierno acogió nada menos que a cuatro presidentes, los cuales tuvieron que abordar un sinfín de problemas: la Tercera Guerra Carlista, sublevaciones separatistas, la indisciplina militar, conspiraciones monárquicas, etc.
1873: una declaración federalista
En esta época comenzaron a surgir en España más de una veintena de movimientos cantonales como los de Camuñas, Jumilla o Motril, cuyo objetivo no era otro que la independencia de pequeñas regiones. Sin embargo, la de 1873 no fue una declaración de independencia como tal, sino federalista republicana. Estaba promovida por la burguesía como medio de presión contra el Gobierno central.
La prensa de la época destacó pronto las dificultades que acarrearía esta nueva organización del Estado: «Ahora falta que se formen, del mismo modo, estados semi-independientes o independientes por donde quiera. Luego surgirán las rivalidades entre ciudad y ciudad por la capitalidad de cada Estado, entre provincia y provincia por ser independientes unas de otras y por no por formar un estado mismo, y hasta entre villa y villa y aldea y aldea», se leía en la «Revista Política».
Los responsables de esta primera proclamación del «Estado catalán federado con la república española», como lo definieron, fueron José García Viñas y Paul Brousse —un andaluz y un francés, respectivamente—, a los que muy poca gente apoyó en sus pretensiones. La rebelión fue aplastada en sólo dos días, pero les dio tiempo a hablar de la formación de un gobierno provisional, de la convocatoria de elecciones catalanas y de la supresión del Ejército español en la comunidad autónica. Sin embargo, nadie apoyó sus pretensiones. En Madrid, incluso, estos dos dirigentes fueron reprobados por los mismos catalanes que, por una vez, se veían responsables del Gobierno central.
1931: Macià y la renuncia a su «Estado»
El segundo intento fue protagonizado por el entonces presidente de Esquerra Republicana, Francesc Macià, el 14 de abril de 1931. Se produjo una hora después de que Lluís Companys saliera al balcón del Ayuntamiento de Barcelona para proclamar la Segunda República. Fue ese el momento en el que Macià apareció por sorpresa en el mismo lugar y manifestó que, «en nombre del pueblo de Cataluña, se hacía cargo del Gobierno catalán». Según contó ABC, el líder de ERC aseguró que «permanecería en aquella casa para defender las libertades de su patria, sin que pudiese sacársele de allí salvo muerto».
La comunicación oficial enviada poco después afirmaba: «En nombre del pueblo de Cataluña, proclamo el Estado catalán bajo el régimen de la República catalana, que libremente y con toda cordialidad anuncia y pide a los otros pueblos hermanos de España su colaboración en la creación de una Confederación de pueblos ibéricos». De esta forma, el político manifestaba públicamente su negativa a aceptar los resultados de las elecciones generales que se acababan de celebrar y llamaba a la rebelión.
Fue el primer problema que tuvo que afrontar la Segunda República, que no quiso recurrir a la fuerza y envió rápidamente a tres ministros a Barcelona para negociar con Macià: Fernández de los Ríos, Lluis Nicolau d’Olwer y Marcelino Domingo. Estos consiguieron que ERC renunciara a su Estado propio, a cambio del compromiso del Gobierno de presentar en las próximas Cortes Constituyentes el estatuto que decidiera Cataluña. De aquel acuerdo salió el germen de la futura Generalitat, así que no se puede considerar un fracaso estrepitoso.
1934: Companys y el estado de guerra
La tercera y última proclamación se produjo en octubre de 1934, inmediatamente después de que se produjera la entrada de tres ministros de la CEDA en el gobierno de Alejandro Lerroux. El protagonista fue precisamente Companys, que era entonces presidente autonómico: «Cataluña enarbola su bandera, llama a todos al cumplimiento del deber y a la obediencia absoluta a la Generalitat, que desde este momento rompe toda relación con las instituciones falseadas». Y lo hacía tras acusar al nuevo gobierno español de «fascista».
El periodista de ABC en Barcelona, Antonio Guardiola, contaba al detalle cómo vivio la tarde de aquella declaración en un artículo titulado «El golpe de Estado de la Generalitat». En él se podían leer: «Horas antes nos había chocado a varios periodistas observar que el coche del presidente Companys no ostentara la bandera de la República, sino solamente la catalana». Y añadía: «A las seis de la tarde, los Mossos d’Esquadra nos invitaron a los periodistas a abandonar el Palacio de la Generalitat. Nadie supo hasta más tarde lo que acababa de acordarse en la reunión que había celebrado el Consejo: proclamar el “Estat catalá”, rompiendo toda relación con el Gobierno central. En una palabra: declarar la guerra al Estado español».
El editorial del día siguiente de este periódico, «¡Viva España!», defendía: «Los catalanes que representa la Esquerra quieren constituir el “Estat Catalá” en la República Federal (?) de España. Hasta última hora son pérfidos, ruines, cobardes y calculistas». La respuesta del presidente Lerroux no se hizo esperar, declarando el estado de guerra y asegurando que «estaba en un momento de lucha y que estaba dispuesto a vencer». Mientras, Companys llamaba a sus seguidores para que acudieran raudos a la Ciudad Condal desde todos los puntos de España y defendieran la Generalitat «del posible ataque del Ejército español».
Las calles de Barcelona pronto se llenaron de jóvenes de Esquerra. «Iban todos armados –contaba ABC–. Algunos llevaban, además de una magnífica carabina Winchester, una soberbia pistola automática, a veces ametralladora». La ciudad se convirtió en el escenario de una batalla entre el Ejército y los Mossos de Esquadra, arropados estos últimos por cientos de simpatizantes catalanistas. A la mañana siguiente, Companys, los consejeros de la Generalitat, el alcalde de Barcelona y varios concejales de ERC fueron detenidos en la sede del Gobierno. Las calles fueron quedando vacías de gente y todo fue volviendo a la normalidad.
Más de 70 años después, la amenaza de una nueva declaración unilateral de independencia por parte de la Generalitat vuelve a estar en el debate político español. Después de la jornada de este domingo, con el referéndum ilegal como telón de fondo, veremos si Puigdemont recoge el testigo de los Macià, Companys y compañía, en este conflicto interminable.

Cómplices de Maduro

 

EDITORIAL

Unidos Podemos no puede convalidar más la deriva autoritaria venezolana

(EL PAÍS, Madrid, 28/7/2017) Este domingo, si la presión combinada de la diplomacia y los venezolanos no logran impedirlo, Venezuela cruzará la última línea roja que separa a una democracia de una dictadura.
A partir del momento en el que el régimen de Maduro dé por válida la elección, fraudulenta y anticonstitucional, de la llamada “Asamblea Nacional Constituyente”, habrá disuelto la última institución democrática que queda en ese país: la Asamblea Nacional, elegida en las elecciones el 6 de diciembre de 2015. Esos comicios, recordemos, fueron ganados por la oposición a Maduro, agrupada en la Mesa de Unidad Democrática (MUD). La MUD obtuvo un resultado espectacular dadas las muy adversas circunstancias en las que se celebraron las elecciones: logró el 56,2% de los votos y 112 de los 167 escaños en liza.
Desde entonces, el régimen de Maduro ha vaciado de poderes al órgano legislativo. El resultado de esta labor de demolición, perpetrada con el apoyo de un Tribunal Supremo que el régimen ha atiborrado de magistrados ideológicamente afines, dibuja un brutal sinsentido democrático: la Asamblea, legítima representante del pueblo venezolano, ni tiene competencias legislativas, ni de control del Gobierno, ni capacidad para aprobar los presupuestos generales o supervisar los gastos del Estado, es decir, exactamente todas aquellas funciones que son la razón de ser del parlamentarismo democrático.
Por si fuera poco, valiéndose de su control del Consejo Nacional Electoral, ha impedido con todo tipo de maniobras y triquiñuelas que la oposición pudiera llamar a la convocatoria de una elección presidencial revocatoria, un procedimiento tasado en el artículo 72 de la Constitución de 1999. Y violando de forma aún más flagrante la literalidad de la Ley Fundamental del chavismo, ha convocado esta elección constituyente, que según sus artículos 347 y 348 requiere un referéndum previo para obtener el consentimiento popular, no una elección amañada sin participación de la oposición ni garantías de ningún tipo.
La oposición democrática ha quedado atrapada en una situación imposible. Tras haber aceptado las reglas del juego chavista, se encuentra con que el Gobierno de Maduro las modifica a su antojo cada vez que le perjudican y somete a encarcelamiento injusto a los líderes políticos que se oponen y a represión sin fin a los ciudadanos que se manifiestan contra él. Los 498 presos de conciencia que según la OEA hay en el país y más de 100 muertos en la represión callejera dejan bien clara cuál es la concepción de la democracia y los derechos humanos que tiene el régimen.
En este lamentable estado de cosas, los líderes de Podemos, que declaran día sí y día no querer regenerar la democracia española, guardan silencio, cuando no justifican a Maduro y acusan a la oposición de antidemocrática. Es urgente que Podemos aclare si su estándar de democracia es el mismo que el que representa Maduro. No es una cuestión retórica. Los ciudadanos españoles tienen derecho a saber si la suerte que les esperaría si Podemos gobernara y ellos decidieran oponerse a sus políticas sería similar a las que sufren los ciudadanos e instituciones venezolanas que han decidido defender la democracia del autoritarismo de Maduro.