¿Por qué los Castro aprietan más las tuercas?

Roberto Álvarez Quiñones

(DIARIO DE CUBA, 25/7/2016) En momentos en que el pueblo cubano comienza a ser hundido  a fuego lento en otro “Periodo Especial” y se necesita una mayor apertura del sector privado para paliar el agravamiento de la permanente crisis económica, y cuando el presidente Barack Obama espera tozudamente al menos una señal de empoderamiento de los cuentapropistas, los hermanos Castro hacen todo lo contrario: en vez de aflojar la mano, la aprietan más.

En la Asamblea Nacional del Poder Popular, hace dos semanas, según informó Granma y reportó el periodista independiente Orlando Freire Santana, muchos diputados arremetieron contra el sector privado. Uno de ellos, Alpidio Alonso, al rechazar la riqueza en manos privadas  sentenció: “eso no debemos aceptarlo en el modelo de socialismo que nos estamos proponiendo”.  

Otro diputado, Miguel Limia, insistió en que hay que evitar que la propiedad privada conduzca al país “hacia la restauración del capitalismo”En la Comisión Agroalimentaria incluso propusieron la eliminación de los mercados campesinos, los llamados Mercados Agropecuarios de Oferta-Demanda, porque ya hay mercados estatales con precios topados.

Hubo también fuertes ataques a los transportistas particulares porque cobran a sus pasajeros según la ley de la oferta y la demanda. “Casualmente”,poco después comenzaron en La Habana a retirarles las licencias a los choferes privados que cobran altas tarifas.

Tan retrógrada oposición a la única fuente riquezas que existe, la propiedad privada, no fue obra de personas que quieren  lograr ascensos laborales y políticos. A nadie se le publican expresiones políticas en Granma si no son  aprobadas por el Departamento Ideológico del Partido Comunista (PCC). Les ordenaron que dijesen eso.

Hace varias semanas, el canciller Bruno Rodríguez, espetó delante de los representantes de la Asociación de Estados del Caribe (AEC) reunidos en La Habana: “La independencia y la justicia social en América Latina y el Caribe están amenazados por una contraofensiva imperialista…”.

Este rebrote estalinista —ofensiva contra los cuentapropistas, repunte del discurso antinorteamericano, aumento de la represión política— se produce cuando las circunstancias exigen precisamente más libertad para las constreñidas fuerzas productivas.

Manipulación de la pobreza

Pero no hay por qué sorprenderse. Fidel y Raúl Castro son maestros en la manipulación de la escasez y las penurias para fomentar la envidia, la delación, el sometimiento y la resignación, como válvula de escape de la caldera social. Les ha dado buenos resultados.

La lógica para ambos hermanos es simple, mientras más tiempo emplee la gente en “resolver” sus  necesidades cotidianas menos tiempo tiene para pensar en un cambio de sistema político. Además, la pobreza y la desesperanza alimentan la emigración, que le quita presión al régimen y le proporciona divisas (remesas, viajes a la Isla, etc).

El general Castro y su equipo consideran que el chavismo en Venezuela está tan bien apuntalado militarmente que no va a caer. Y “orientado” por ellos, ya el régimen de Caracas ha decidido que en caso de un intento de golpe militar contra Nicolás  Maduro, una revuelta popular, o si se realiza el revocatorio este año, entregará miles de fusiles rusos automáticos AK a las milicias chavistas homicidas.

Contando con que todavía seguirá recibiendo dinero y petróleo de Caracas, y sobre todo con el aumento constante de las remesas, paquetes y los viajes desde EEUU a Cuba, la cúpula castrista no quiere conceder más libertades económicas porque eso le obstruye el camino para monopolizar totalmente las relaciones comerciales con EEUU cuando se levante el embargo.

Cuando Castro II anunció que se avecinan tiempos difíciles, afirmó que no será una crisis tan profunda como la de los años 90. Mintió, pero se advierte que el General da por seguro el incremento de los recursos financieros que recibe desde EEUU, vía turismo, remesas y paquetes de todo tipo, y cuyo monto en 2016 podría superar los 7.500 millones de dólares, cifra probablemente superior este año a los subsidios venezolanos. Y en Washington se comenta que en el Senado hay ya votos suficientes para eliminar la prohibición de los viajes turísticos a Cuba.

Mayor beneficiario, el régimen

Al cumplirse por estos días el primer aniversario del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países, es obvio que no ha funcionado la política de Obama basada en el supuesto de que un acercamiento a Cuba debe suavizar al régimen y abrir oportunidades para un mayor bienestar de los cubanos.

Eso no es lo que está ocurriendo. La dictadura militar es la que realmente se beneficia. Se ha puesto de moda viajar a La Habana. Los gobiernos de todo el mundo están perdonando las deudas de Cuba, e incluso el Gobierno ha comenzado a recibir créditos —hasta de Arabia Saudita—, algo que no lograba desde que en los años 80 dejó de pagar hasta los intereses de su deuda externa.

Los Castro perciben las concesiones de Obama como una derrota de EEUU.  Envalentonados, se sienten impunes y aumentan descaradamente la represión contra los opositores políticos. Y la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba (FDHC) reveló en Miami que han sido reactivadas las Brigadas de Respuesta Rápida. Bajo la dirección del MININT esas milicias fascistas van a propinar palizas a quienes osen manifestarse y tirar piedras cuando se generalicen los apagones interminables.

No con el chavismo en el poder

Mientras tanto, continúan llegando a la Isla empresarios millonarios para explorar cómo hacer negocios, aunque todos regresan a sus países convencidos de que no arriesgarán ni un centavo  mientras no cambien allí muchas cosas. Muchos analistas alegan que la avalancha de gente y el mayor flujo desde EEUU es una vía para abrir más paladares, ampliar la capacidad de alojamiento privado para turistas y la utilización de los transportistas privados, etc.

Con los Castro a cargo eso no es muy probable, al menos mientras el chavismo siga instalado en el Palacio de Miraflores. Ambos se niegan a liberar las fuerzas productivas como en China y en Vietnam. En vez de aflojar las tuercas, las aprietan.  Solo con el desplome del régimen chavista y la supresión total de subsidios y petróleo a La Habana, el régimen liberaría un poco las fuerzas productivas, aunque muy controladas con regulaciones, impuestos abusivos y multas.

Quienes sí se están empoderando son las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), que controlan la economía cubana. Y un levantamiento del embargo facilitará el traspaso del poder a familiares, generales y altos jerarcas del PCC para instaurar el modelo neocastrista de capitalismo de Estado, probablemente a partir de 2018.

Hay una relación inversamente proporcional entre los subsidios de Venezuela y el “deshielo” Washington-La Habana: mientras más declinen las subvenciones y el petróleo regalado  por Caracas, mayor será la dependencia de la dictadura castrista del dinero de EEUU y de la “gusanera” cubana.

Por eso, lo menos que debe hacer el  próximo inquilino de la Casa Blanca es poner fin a las contemplaciones unilaterales implantadas por Obama y exigirles a los hermanos de Birán que muevan fichas o no continuará el  torrente de divisas desde EEUU que mantiene a flote la economía cubana y con vida a la peor dictadura de la historia continental.

Pero si la nueva presidenta es Hillary Clinton, es muy difícil que lo haga. Y no hay tampoco razones muy claras para creer que el impredecible Donald Trump lo haría en forma tan terminante.

Finalmente, la respuesta al título de este artículo es: porque el chavismo aún vive, y porque La Habana conoce mejor a Washington que Washington a La Habana.

Nueva entrega de “Sibila”

SibilaEstá en circulación el Nº 49 de SIBILA, preciosa revista de arte, música y literatura que se publica en Sevilla (España) los meses de octubre, enero y abril, bajo la dirección de Juan Carlos Marset y asistida por un consejo editorial integrado por Rosario Acal, César Camarero, Francisco José Cruz, Joaquín Gallego, Antonio Gamoneda, Antonio Garrigues Walker, Hans Ulrich Gumbrecht, Cristóbal Halffter, Cristina Iglesias, Pedro Lastra, César Antonio Molina, Mercedes Monmany, Luis de Pablo y Mario Vargas Llosa.

En esta entrega aparecen textos de Jaime Jaramillo Escobar, Manuel Díaz Martínez, Rafael Cadenas, Lucía Estrada, Mercedes Escolano, Ada Salas, Sergio Rodríguez Saavedra, Eduardo Hurtado, Federico Díaz-Granados, Gustavo Adolfo Garcés, Yolanda Pantín, José Iniesta, José Luis Rey, Juan Carlos Mestre, Álvaro Valverde, Francisco Jarauta, Alberto Ruiz de Samaniego, Ryszard Krynicki, Pedro Serrano, Ednodio Quintero, Ilan Stavans, Victoria de Stéfano, Tomás Marco, Noni Benegas y Mercedes Zavala. Las ilustraciones son de Tony Cragg. (Suscripciones: informacion@sibila.org)