Muerte de Roque Dalton, el error más grande de mi vida, dice Joaquín Villalobos(*)

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Roque Dalton

Juan José Dalton

El Salvador.Roque Dalton García, de 39 años de edad, murió «fusilado» a manos de quienes consideró sus compañeros de causa, el 10 de mayo de 1975, hace 18 años, cuando la guerrilla salvadoreña comenzaba a dar sus primeros pasos. Un «tribunal», del cual Villalobos «no quisiera hablar», lo condenó a muerte bajo cargos de «sedición», de «ser agente del enemigo y de la Agencia Central de Inteligencia (ClA)».

Pruebas fehacientes de los cargos que se le imputaron no se presentaron entonces, y en la actualidad las acusaciones son «totalmente devaluadas»; por lo que todo parece indicar, y confirma las denuncias de importantes sectores nacionales e internacionales, que se trató de un asesinato político sin justificación de ninguna índole.

Un manto oscuro se tendió sobre las verdaderas causas que llevaron al crimen de Dalton, quien además de  ser un destacado poeta, era un teórico de la lucha armada latinoamericana, con antecedentes de persecución, cárcel y exilio sufrido por las dictaduras de turno en su país.

Al interior de la izquierda salvadoreña «caso Dalton» ha sido un tabú del cual no se habla para «no provocar asperezas ni dividir a la ex guerrilla».

Algunos, como el ex comandante Eduardo Sancho (a) «Fermán Cienfuegos», jefe de la organización Resistencia Nacional (RN), que se desprendió del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) -en el que militaba Dalton- a raíz del crimen, han pretendido maquillar el asesinato, al expresar que se trató de «un fusilamiento en circunstancias jurídicas concretas».

Sin embargo, la complicidad del silencio y del velo la comenzó a romper el propio Villalobos, tal como él lo explica en la presente entrevista brindada a este corresponsal, quien además es uno de los hijos de Dalton. Lo que Villalobos explica constituye el inicio de un debate que conllevará definitivamente a la verdad de los hechos tal como sucedieron y, entre otras cosas, al aparecimiento del cadáver de Dalton y la entrega a su familia, tal como recientemente fue exigida por ésta.

La llegada de la paz a El Salvador y el conocimiento de la verdad sobre los graves hechos de violencia política cometidos durante el conflicto por los protagonistas de la guerra, permitieron que la verdad sobre «el caso Dalton» comience a ser ventilada.

El caso no fue llevado a la Comisión de la Verdad, que investigó los asesinatos que conmovieron a la sociedad, pues esta entidad sólo indagó sobre lo ocurrido a partir de 1980 hasta 1991, según lo suscrito en el Acuerdo de Paz firmado entre la guerrilla y el Gobierno de Alfredo Cristiani en enero de 1992.

Reconocido por su numerosa obra literaria, especialmente en la rama de la poesía, Dalton se había integrado clandestinamente a El Salvador, luego de un largo exilio que lo llevó hasta la ex Checoslovaquia y Cuba.

En plena madurez creativa, con más de quince títulos publicados, acreedor de numerosos premios nacionales e internacionales; experimentado polemista y brillante periodista, Dalton decidió ser consecuente con su pensamiento y optó por la militancia guerrillera, donde encontró su temprana muerte, víctima de la intriga, la ignorancia y el dogmatismo de quienes lo juzgaron y asesinaron, tal como lo reconoció Villalobos.

El ex comandante expresó que en el seno de su organización, el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), hay un proceso de reivindicación de sí misma; «tenemos un conjunto de reflexiones; lo que hemos estado esperando es un momento propicio para profundizar en el tema y digo no para reivindicar a Roque, sino reivindicarnos nosotros frente a una falta».

El ex comandante rebelde, con 40 años de edad en la actualidad (los que Roque Dalton no llegó a alcanzar ya que su asesinato se consumó a cuatro días de su cumpleaños), conversó sereno con este corresponsal sobre el difícil tema, que ha dejado profundas huellas en su ser, según reconoció en esta entrevista.

– En el marco del conocimiento de la VERDAD sobre graves hechos de violencia política en El Salvador, quisiera preguntarle cómo queda lo acontecido con Roque Dalton, aunque es un caso que no fue investigado por la Comisión de la Verdad?

-En este caso hay dos implicaciones en este momento; hay una que diría, tiene algo de responsabilidad de lo que nos ocurre ahora con relación al caso de Roque Dalton.
Para nosotros en el contexto en el cual se da la muerte de Roque por una disposición totalmente errada, es la que nos lleva a adoptar un principio que es manejarnos por la verdad, porque los costos que nos trajo esa inmadurez -dado desde la inmadurez personal, emocional, el nivel de radicalización ideológica y dogmatismo que tenían las organizaciones en su etapa de surgimiento-, nos dejó con una gran cantidad de lecciones.

Y esas lecciones nos llevaron a la conclusión de que había que reconocer lo bueno y lo malo, aún sabiendo los costos.

Esa misma tesis es la que nos lleva a plantear, hace un año cuando nos insertamos, el hecho de pedir perdón a la nación, sabiendo que íbamos a obtener un resultado a la larga, o sea, consideramos que tiene que construirse una nueva forma de hacer política y no se puede hacer política teniendo una cuenta pendiente con la historia, con la sociedad. El caso de Roque es ése, está en eso.

Hemos venido en un proceso no de reivindicar a Roque, yo creo que él está reivindicado, nunca hizo nada que ameritara semejante destino, sino cómo nos reivindicamos nosotros de cara a la falta que cometimos y que nos llevó a pagar costos hasta esta fecha y nos enseñó a tener cierta valentía que en general no tienen las izquierdas, que es reconocer errores y errores de esta profundidad.

Siempre existía la idea de no hay que decir esto porque está el enemigo enfrente, porque afecta a la unidad, siempre hubo una justificación y creemos que no, que de la misma manera que en determinados momentos hubo fuertes debates al interior del FMLN cuando, por ejemplo, el accionar de los «coches bombas» causaban víctimas civiles, se planteaba hay que reconocerlo, pues a la larga era evidente que había sido el FMLN; hay reconocerlo, hay que decirle a la población, hay que decirle que fue un error, hay que pedir disculpas, hay que resolver ese problema y hay que corregirlo de inmediato. Eso llevó a que se pararan los «coches bombas».

A nosotros el caso de Roque también nos llevó a distinguir la diferencia entre problemas de seguridad y disidencia, porque con el dogmatismo estas cosas se confunden y en mi opinión, para los movimientos armados, fue una de sus problemáticas, más dramáticas.

Creo que el problema es que nadie tuvo en sus manos un caso como el de Roque, tan aleccionador; pero dentro de los movimientos insurgentes esa confusión de que a un disidente y su diferencia de opinión, se le trata como problema de seguridad, se le acusa de que es potencialmente un delator, es de lo más común y así sobre esa base no sólo en El Salvador, sino también en América Latina hay muchos revolucionarios muertos y revolucionarios muchos de ellos que han tenido más razón que los que quedaban vivos; a veces disidencias que ni siquiera existían y ni se sabía por qué era el debate, eran discusiones más emocionales que otra cosa.

Para nosotros el caso de Roque fue un caso ejemplarizante que nos ayudó mucho a tomar una determinada posición.

En 1977 hicimos la primera autocrítica pública, claro en el 77 la capacidad de que nosotros dijéramos algo y se conociera era limitada, tardaba años. Ni El Salvador, ni la guerrilla salvadoreña tenían la connotación que tiene ahora.

Todavía moviéndonos dentro de cierto marco crítico con respecto a la coyuntura internacional y todavía con cierta pelea con los intelectuales que con justificada razón nos habían condenado y habían reaccionado contra nosotros –yo les doy total razón-, pero hay tener  en cuenta el periodo político y emocional que vivíamos como organización.

Éramos en realidad un grupo de jóvenes que habíamos tomado las armas y que no entendíamos ni conocíamos quién era Roque, lo venimos entendiendo después… Incluso, si estuviera en este momento vivo, el aporte que hubiera hecho al proceso sería descomunal, o sea, su falta es evidente ahora, evidente en una izquierda que yo diría que había sido muy creativa en lo político, pero que le faltaba imaginación en la comunicación con el pueblo y ahora en esta etapa de comunicación con la gente, el legado de Roque es de lo poco de gran calidad que queda porque no pudo hacer más…

– En el caso de la Comisión de la Verdad, usted aparece como el principal responsable de hechos violentos pero según se dice, el asesinato de Roque Dalton fue una decisión colectiva, ¿cuál es la verdad?

– Fue una decisión de la dirección de esa época de 1975 que son, tendría que hacer una precisión, pero por ahorita me recuerdo de Alejandro Rivas Mira, Jorge Meléndez, Vladimir Rogel, Alberto Sandoval (Lito) y otro compañero de seudónimo Mateo y yo. Probablemente se me ha quedado un par de nombres más.

Alejandro Rivas Mira, ¿qué papel jugó; él tiene antecedentes oscuros en todo el proceso?

– Ésta es una cosa bastante complicada porque Rivas Mira era en ese momento el cuadro con más antigüedad en la organización, con más experiencia política, con un nivel mayor de madurez, diría yo; pero hay algo que nosotros con respecto a este caso reconocemos: igual que en relación al caso de los alcaldes (asesinados durante la guerra civil), nosotros nunca hemos descargado la responsabilidad en una sola gente, siempre asumimos que ésta era una responsabilidad de todos porque además de lo que nosotros podamos pensar hoy con un mayor nivel de madurez, los siete en aquel momento actuamos creyendo que lo que estábamos haciendo estaba bien, lo que hacemos ahora es que reflexionamos y nos damos cuenta de que ese fue un tremendo error y sería una grave falta venir ahora y decir: no, ahí la culpa fue de Fulano.

Es que realmente el problema es …. veamos el contexto, la edad, el nivel de dogmatismo, esa relación entre seguridad y negar lo político y hacer el afincamiento en la cuestión de seguridad, o sea, son cosas que a mí no me gusta decirlas, pero las tengo que decir porque eran parte de la época.

El hecho de decir que Roque era agente de la CIA, cosa totalmente falsa, pero poniéndose a pensar y creyendo aquello entonces, se llegó a la conclusión -que posteriormente se reflexiona- y se llega al resultado de que no, que eso era totalmente falso, que en el momento de determinada pasión aquello funcionó casi como el mecanismo para consumar el error, la falta.

Incluso cuando Rivas Mira se separa del ERP, recuerdo que fue la primera vez -y esto resulta un tanto contradictorio porque lo tradicional hasta antes de la separación de Rivas Mira, era que toda disidencia iba siempre mezclada con un cuota de interpretación negativa en términos de seguridad y la medida era inmediata, igual que en los casos anteriores; era la pena de muerte-, y recuerdo que discutimos mucho por primera vez, muy a pesar, digamos que podíamos tener un cierto lastre del pasado, en ese caso nosotros aceptamos que no íbamos a cometer otra vez el mismo error y llegamos a la deducción de que debíamos aceptar eso como una disidencia política, a pesar de que se fue solo.

¿Y por qué la aceptamos como una disidencia política?, porque realmente habían serias diferencias con él en ese momento y las diferencias estriban todas en el plano orgánico-disciplinario. Por ejemplo, alguien que hace un rumor o genera un descontento era considerada como una actitud de insubordinación y la insubordinación entonces  significaba pena de muerte; una conclusión bastante común entre las izquierdas armadas que lleva incluso a fenómenos en algunos casos hasta patológicos, diría yo.

Para nosotros fue tan duro el golpe de los primeros años; el efecto que generó el caso de Roque fue tan grande que nos lleva a transformarnos realmente porque es un golpe dado en una edad muy temprana; a tal grado que eso transciende en nosotros.

Ya cuando estábamos en la etapa de la guerra abierta, cuando existía el uso de la pena de muerte contra espías, era lo que más pensábamos antes de hacer una cosa de ese tipo y teníamos una política y era de reconocer todo lo que hacíamos. Incluso, de eso tiene un registro bastante claro la Cruz Roja y el Arzobispado, que toda la vida le reconocimos cada cosa así supiéramos que nos traía una consecuencia política.

Por ejemplo, en el caso de Roque hay quienes en el año 77 decían que era una ingenuidad hacer una autocrítica; sin embargo, la vida nos fue dando la razón porque fuimos siendo reivindicados, asegurándonos de nuevo un espacio entre los revolucionarios… Había derecho a que la gente se sintiera molesta.

– Se habla de un juicio, de que Dalton murió por fusilamiento, ¿cuál es la realidad?

– Sí, hay un juicio… un juicio, te voy dar incluso una incidencia de ese juicio que nunca se la he dicho a nadie; creo que fueron dos momentos del juicio. En uno de esos dos momentos llegó Felipe Peña, uno de los fundadores de las Fuerzas Populares Liberación (FPL)- con un pensamiento renovador totalmente distinto al que tenía Cayetano Carpio (Marcial)-, una de las gentes que admiré y quiero mucho, era casi un hermano para mí, igual que Rafael Arce, y él me hizo una reflexión que te digo no se me olvida nunca porque tenía razón y me dijo: «Mira, están cometiendo un gravísimo error»; simultáneamente habían otros, no voy a profundizar más, que nos recomendaban que lo hiciéramos; pero Felipe me dijo, «esto que están haciendo ustedes aquí, está totalmente amañado».

¿Qué capacidad, en el contexto de clandestinidad, con gente muy joven, sin ninguna formación profesional puede tener valor un juicio? Evidentemente, que aquello más parecía un juego, no había ninguna posibilidad de acumular pruebas, la posibilidad de defensa era incipiente; en ese sentido, yo me atrevería ahora a llamar juicio a aquello; no fue nada más que crear las bases para poder terminar de acometer la falta grave.

Si hay una parte de la historia del proceso nuestro como organización que yo quisiera borrar, sería esa, rectificar y tener a Roque entre nosotros. Indiscutiblemente no hubo juicio, aunque nosotros hayamos dicho que eso fue un juicio. Entonces se llega a esa conclusión y se toma la medida de pena de muerte por fusilamiento por llamar a la insubordinación y se le pone la carga de que era agente enemigo, etc, etc.

A estas alturas no me gusta ni decirlo, porque no tenía ninguna correspondencia con la realidad y es que esto tiene que ver con el nivel de fanatismo y romanticismo con el que se nace.

– ¿Cuáles fueron los cargos en concreto que le formularon?

– Básicamente fueron dos, el cargo más importante que se le imputaba era el de promover la insubordinación y la deserción; el segundo fue un cargo adicional que en realidad nunca llegó a documentarse sino que fue un cargo bajo sospecha.

El cargo insubordinación para aquel entonces se podría considerar como real, pero de lo que se estaba tratando era de un problema político, o sea, parte de los problemas de la etapa fundamentalista de una organización en desarrollo. Lo que él estaba haciendo era tomando contactos con gente para convencerlas políticamente de su posición y eso a la luz de nosotros -en la otra posición- era considerado divisionismo.

Había hablado con un compañero que era muy importante, que fue el primer explosivista, Pancho, y lo había incitado a que no obedeciera, que se insubordinara, a que se fueran juntos porque estaba planteado claramente un problema político.

El segundo cargo en realidad fue formulado bajo sospecha a raíz de una historia que la conocían muchos en el país y es en relación a su fuga de la cárcel de Cojutepeque (1964); hecho en el que quedó como un chisme, de que se produjo su fuga porque había colaborado la CIA.

A esto, ya no a la luz de nuestra posición de aquel momento, no a la luz de aquel debate que teníamos entre nosotros, sino explicándome este fenómeno con la misma lógica que explicó la parte nuestra, el problema es que Roque estuvo con un conflicto dentro del Partido Comunista y en éste también era tradición que los que disentían se les cargaba con motes de este tipo y cualquier cosa era considerada inmediatamente peligro de agente enemigo.

Todavía recuerdo, incluso, que en los años 70 a los que comenzamos a formar los primeros grupos armado se nos tachó de ser de la CIA; era parte de la lógica de la época. Pero, de ninguna manera aquello tenía ni la más mínima seriedad.

A partir de ahí se consideró que era un peligro si se le dejaba en libertad ya que eso podía afectar a la seguridad del resto; estas son las argumentaciones más fuertes que en una etapa de clandestinidad se arguyen para no atender los problemas que a veces constituyen disidencias políticas; incluso, hasta en algunos casos se llega a entender que son disidencias políticas pero por el temor a que se deriven en problemas de seguridad, entonces se incurren en faltas tan graves como el ajusticiamiento y los fusilamientos y la tendencia de eliminar a un opositor, a un adversario político.

– Cuando habla de incitación a la insubordinación y de un problema político, ¿a qué problema se refiere?

-Veámoslo con dos ópticas; cuál era nuestra óptica en aquel momento de inmadurez, de esta etapa fundamentalista de la organización y cuál sería la óptica hoy.

En aquel momento una cosa así era considerada una falta gravísima porque atentaba contra la cohesión interna, la seguridad, la disciplina, pero el problema es que eso coartaba la libertad en el plano político. Pero esa es nuestra óptica hoy.

Cuando en 1976 se produce la separación que podría ser calificada de deserción de Alejandro Rivas Mira, nuestra organización a raíz de todas las consecuencias que había tenido la cuestión de Dalton, no la consideró exactamente una deserción, o sea, muy a pesar de todos los problemas que esto implicaba para nosotros fue considerado una disidencia.

¿Por qué?, porque evidentemente había una diferencia política con respecto a los conceptos de disciplina y a la práctica política que comenzábamos a desarrollar en la organización para fortalecerla internamente y eso es lo que lleva a disentir e irse, osea, él estaba pensando en otro tipo de organización; pero nosotros llegamos a esa conclusión basados en la experiencia dramática que implicó lo de Roque.

– Cuando dice que Roque estaba incitando a que otra gente tomara una posición política ustedes lo interpretaron…

Nosotros lo interpretamos como que estaba dividiendo a la organización, por eso lo importante es aclarar que hay dos posiciones, que las mezclo en el análisis. Se me hace difícil argumentar en un sentido sólo lo que pensábamos en aquella época porque fue una posición absurda: era una etapa gravísima. Evidentemente había mecanismos como una separación política que era totalmente lógica; se pudo haber optado por esa vía y no se dio ese chance.

Prácticamente con lo de Roque estuvimos al borde de una guerra con los compañeros de la Resistencia Nacional, cosa que era un absurdo y que no habría sido el único ocurrido en América Latina, ya han habido hechos similares en Colombia, Argentina y en otros países.

– Se consideró durante algún tiempo que había un enfrentamiento en el ERP entre una tendencia militarista y otra política la que trataba de incorporar las masas a la lucha armada.

– Yo pienso que no; que se trató de un problema básicamente de inmadurez. El problema es que lo que constituía el aparato militar en la organización estaba más del lado del ERP.

Pero la prueba del nivel de coincidencias políticas no de hoy, sino a lo largo de casi todo el proceso de la guerra con la Resistencia Nacional, prueba que en realidad no había una gran diferencia política.

Incluso, ¿cuál era el punto de división más fuerte con la izquierda tradicional en aquel momento? Era el problema de la lucha armada y Roque era un antidogmático y toda su obra va en ese sentido. era un crítico de los partidos comunistas, pero esto llegó a tener incidencias. Cosas que hoy parecen ridículas, como por ejemplo, los debates entre las corrientes marxistas-leninistas pro chinas con las corrientes revolucionarias más pro cubanas el hecho de las divergencias de las relaciones entre Cuba y la Unión Soviética, cosas que en mi opinión ahora me parecen ridículas pero que fueron parte de esa infancia dogmática de la formación de nuestras organizaciones.

Con relación a los compañeros de la Resistencia Nacional, ellos tenían la parte más importante del aparato político de la organización que básicamente era el Frente de Acción Popular Unificado (FAPU).

Hablar de militarismo … si apenas éramos un puñado de gente; estamos hablando de 1975 y básicamente aquel fue un problema de inmadurez.

– ¿Cuál fue la actitud de Dalton en el juicio y a la hora de su ejecución?

La actitud de Roque, en las partes que pude darme cuenta, fue de estar constantemente señalando que eso era un error, que debía de investigarse más.

La actitud durante la ejecución fue de oponerse a ella en el sentido de señalar que no, que eso iba a ser un gravísimo error, que era una injusticia.

Pero quiero señalar una cosa que es importante. Cuando se hace este tipo de preguntas hay como una búsqueda de conferir que en esa etapa existía la posibilidad de procesos muy ordenados y serios.

Yo me voy a remitir a la etapa actual, por ejemplo, una de las cosas que los organismos internacionales de derechos humanos imputaron al FMLN fue precisamente lo de los juicios sumarios y el FMLN hizo muchas defensas de formalizar esto. Lo cierto es que si en la etapa de guerra de mayor desarrollo con territorios bajo control, el FMLN no fue capaz de tener una política ordenada, un marco jurídico, digamos informal, de funcionamiento para este tipo de cosas, sino que tenían una alta cuota de un trabajo de inteligencia y una alta cuota también de arbitrariedad y por eso considero que en esto se cometieron muchos errores en unas zonas más que en otra y que en una zonas se cometieron errores gravísimos en ese sentido.

Entonces en aquella etapa  muchísimo más, actuaba el sentido más emocional, la pasión de las ideas, de las posiciones que se tenían. No era algo ordenado, de pruebas, documentos y evidentemente aquello no podría llegar a tener la calidad de un juicio serio, por eso no se puede hablar de que haya habido un proceso.

– ¿Se le dio a conocer a Dalton de qué se le acusaba?

– Sí, se le hizo saber; hubo reuniones en las que participó, se discutieron las cosas y todo, pero evidentemente no había una oportunidad real de defensa, pero lo importante a señalar es que en esas condiciones era muy difícil, los códigos que se aplicaron fueron más bien basados en elementos subjetivos, porque las condiciones hace imposible que se pueda acumular pruebas, documentos, no se puede prolongar mucho el tiempo de una cosa de esa.

Entonces, lógicamente la tendencia es siempre a que la conclusión sea siempre la de condenar al que está en una situación de este tipo.

Ya después cuando estábamos en una etapa más avanzada de la guerra; recuerdo que cuando ya teníamos condiciones para retenciones prolongadas pudimos resolver muchos casos sobre la base de la retención prolongada, investigación y en algunos casos descubrimos que no había problemas.

Por ejemplo, el caso de un compañero que pasó retenido casi un año por un cargo de ser parte de una infiltración que intentaba destruir la Radio Venceremos y que descubrimos que efectivamente no tenía nada que ver. Pero el problema fue porque lo había señalado una persona a la que sí habíamos efectivamente comprobado pruebas.

¿Pero cómo podíamos hacer eso 15 años atrás?, imposible. Recuerdo que en una ocasión se discutió  la posibilidad de sacar a Dalton del país, pero cómo se sacaba, no se podía; o sea, de una manera muy informal, como una alternativa y frente al cúmulo de problemas de seguridad se llegó a la conclusión de que no había otra alternativa y que había que hacer la ejecución.

 Recuerdo que en un momento el ERP publicó un comunicado en el que diferenciaban la actitud que había tenido Pancho a la hora de la ejecución y la que había tenido Roque Dalton; decían algo así como que Pancho había tenido una actitud «proletaria» y Dalton, «pequeñoburguesa».

– El problema era que Pancho era una gente sin la formación política que tenía Roque, entonces ésa era la actitud lógica, consecuente en esa posición. Mientras que Roque era una gente con argumentos, con lógica, con posición, descubría que lo que se estaba haciendo se tenía que evitar. Yo diría que si le hubiéramos hecho caso…, Pancho no nos dijo ustedes están cometiendo un error, Roque sí nos dijo que estábamos cometiendo un error.

Yo devalúo totalmente lo que dijimos en aquella época, lo que dijimos en ese entonces sería un argumento de tipo fundamentalista, o sea, lo que pesaba más, lo que impactaba más era la aceptación simple de los cosas, pero evidentemente cuando vimos cuáles  fueron los costos de este terror, el llamado que nos hizo Roque de manera persistente al decir que nos estábamos equivocando, tenemos que darle la razón.

 ¿Vale la posibilidad de considerar que pudo haber sido el enemigo de la guerrilla, en el fondo, el culpable de la muerte de Dalton?

– Esto es bien importante tenerlo en cuenta, y creo que lo remitiría a cosas que ya dije. Aquí no hubo ardid de nadie, fue un error nuestro.

Nosotros en medio de la pasión de este error, de este mal tratamiento fruto de la etapa fundamentalista sale este argumento y luego los que están fuera viendo la situación en el fondo con el mismo esquema vienen y sacan que «no fue Roque el de la CIA», sino que fue una manipulación de la CIA desde afuera, lo que condujo a su muerte.

Cuando se dice que si no fueron los ejecutores «tontos útiles» de alguna conjura contra el propio movimiento insurgente, yo creo que no tenía la CIA la capacidad de llegar a este nivel, si lo hubiera tenido nos acaba.

 ¿Qué pasa ahora con Roque?, ¿dónde está su cadáver? En algún momento se dijo que se iba a entregar a la familia.

– Correcto, hemos estado trabajando en eso con un equipo de los compañeros que tenían la información con el propósito de buscar un momento que era de lo que te hablaba hace un rato, que nos permitiera reivindicarnos y enmendar en parte la falta.

Hasta ahora desgraciadamente no hemos tenido resultados porque es mucho tiempo, hay que tomar en cuenta que hablamos de 18 años. Esperamos que al poder crear un equipo un poco más amplio podamos tener resultados, pero también está el riesgo de que no los tengamos.

De cualquier forma con eso o sin eso, nosotros vamos a buscar el momento propicio para ese proceso de explicación de mayor profundidad en el caso, para adoptar una posición más en forma y darla a conocer como organización.

En la coyuntura de la Comisión de la Verdad no quisimos; nos preguntaron si queríamos tocar el caso, pero esto era poner el asunto de Roque en medio de todo esto, era como desnaturalizar lo que en realidad fue; no sólo estaba fuera del tiempo sino también fuera del contexto político; era una falta de otro tipo, dada en otra situación y más bien lo hubiera diluido.

Queremos que se sepa que efectivamente reconocemos el error y cambiamos.

 ¿Cree que éste ha sido su más grande error?

-Mira, yo creo que sí, y tiene elementos que te pueden marcar en sentido positivo y te pueden marcar en sentido negativo. En sentido positivo qué te marca: que es de tal dimensión y que faltaba tanto por vivir que nos ayudó a no equivocarnos en ese sentido.

De ahí cometimos otro tipo de errores pero ese tipo de errores no volvimos a cometer nunca, jamás. La prueba está en que nuestra organización no se volvió nunca más a dividir, nunca tuvimos un problema político interno y ahora  que tenemos discusiones y debates internos ahí está entera, entera; jamás volvimos a resolver una diferencia interna con una medida de ese tipo.

Nos marcó tanto como que fue el error más grave, más difícil, porque es el que nos pudo haber destruido o sea más adelante podías cometer un error pero difícilmente retrocedías, o sea, otros podían seguir el camino, incluso, hace poco cuando salió esta resolución de la Comisión de la Verdad, yo le decía a un compañero que cuando me enteré de la resolución que en el plano subjetivo me parece que es injusta independiente de que la acepte, es injusta; sólo me recordó los momentos más difíciles que he vivido en todo el proceso y uno de ellos, el primer momento más difícil, fue el período de Roque Dalton.

Incluso, implicó la separación de compañeros a los que uno quería mucho, o sea, por un lado, está lo de Roque, por otro lado está el desaparacimiento de Lil Milagro, quien más formó en el plano ideológico-orgánico para el trabajo revolucionario y el caso de Pancho que también muere con Roque en el mismo fusilamiento, que era el primer constructor de armas populares y explosivista de nuestra organización.

Entonces tiene una cantidad de implicaciones subjetivas bien grandes y te digo eso nos marcó, pero menos mal en sentido positivo.

– ¿Qué siente cuando oye hablar de Roque Dalton?

Un sentimiento de responsabilidad, siempre me recuerda la falta y por otro lado, el hecho de pensar lo que hubiera significado si hubiera estado vivo en esta etapa … eso nunca lo dejo de pensar. Roque era una gente con una imaginación increíble, incluso, era la gente más amena que teníamos, con una capacidad de comunicación y de interpretación de los hechos, con sentido de comunicación hacia abajo que yo no lo he vuelto a ver en la organización ni en El Salvador, ni dentro del FMLN, ni dentro de la izquierda.

Era un arma poderosa de comunicación que perdimos en virtud de una falta de la más desgraciada que pudimos haber cometido.

– ¿Cree que esto que está diciendo puede concluir con ese tabú que prácticamente ha existido en el caso Dalton?

– Yo creo que es difícil: creo que se puede ir reduciendo su peso.

Hay quienes pensarán que es cinismo, que es pragmatismo, lo he oído, me ha tocado en algunas ocasiones escuchar que otros piensan que es eso, pero no, yo lo hago con toda sinceridad y no lo hago con el sentido de limpiarnos, pienso queno, que limpiar totalmente esa carga es bien difícil.

Sólo de imaginarse lo que la derecha piensa y maneja sobre este caso: lo que incluso dentro del seno de la misma izquierda, en medio de las pasiones políticas piensa usar … pero ni modo así es, hay páginas en la historia de uno que quisiera borrar y repetirla y rehacerla pero eso no se puede. Tener el valor de reconocer los errores es algo que a la larga fortalece tus opiniones.

 ¿Están dispuestos ustedes a hacer un reconocimiento público de este error, que quede recogido en un documento?

– Creo que en parte he respondido a esto: creo que no se trata de reparar la imagen pública de Roque. Prácticamente el problema acá es cómo medianamente poder señalar un error que volvió a repetirse en nuestra organización.

Yo creo que Roque está reivindicado, no es cuenta de éste, el problema es la pérdida física de Roque, pero su pérdida en términos de imagen creo que no existe, más bien el problema acá es que el reconocimiento nuestro es para poder reivindicarnos nosotros, ese es el punto, no se trata de que él haya quedado manchado.

Por eso otra de las lecciones que nos dejó Roque es que la verdad es una arma revolucionaria. Tarde o temprano, las cosas se saben y por ello reconocer los errores es un elemento sumamente importante, a veces puede tener que esperarse condiciones, etc, etc, pero a la verdad es algo que hay que dar un espacio.

Y en relación a la posibilidad de publicar un documento, sería quizá esta la primera vez que doy una declaración a nombre de la organización sobre este caso en la que he dado más elementos de información que en ningún otro momento y evidentemente es parte de una decisión que teníamos y bajo determinadas condiciones de tal manera que se pudiera destacar el hecho, que no quedara perdido.

Nosotros estábamos por dar pasos como éste.

(*) Entrevista publicada en el periódico Excélsior, de México, en mayo de 1993.

Una enciclopedia sobre Reinaldo Arenas

Arenas Reinaldo foto

Reinaldo Arenas

Daniel Fernández
(EL NUEVO HERALD, EEUU, 20/7/2017) Hay autores inagotables. Quizá nunca sepamos todo acerca de Shakespeare, Cervantes, George Sand o Flaubert. Quizá siempre haya algo nuevo que escribir sobre ellos y siempre haya estudiosos que quieran resumirlos, abarcarlos, iluminarlos con otra luz para las generaciones de su tiempo.
Salvando las distancias con los autores mencionados, el escritor cubano Reinaldo Arenas comienza a erigirse como uno de esos inagotables. Muchos hemos incursionado en su vida y su obra, ambas llenas de contradicciones, misterios, abismos y glorias. Sobre él se han escrito ensayos, cuentos, novelas, se han hecho películas, y hasta una ópera, que se inspira en su autobiográfica Antes que anochezca, pero entre luces y sombras, su persona y sus personajes siguen atrayendo a creadores y estudiosos.
Entre esos estudiosos se encuentra la especialista Stephanie Panichelli-Batalla, que acaba de lanzar su enjundioso libro El testimonio en la pentagonía de Reinaldo Arenas(Tamesis, 2016). Nacida en Bruselas, Bélgica y radicada en Birmingham, Reino Unido, la autora fue profesora titular de español y estudios latinoamericanos en la universidad de Aston, y actualmente trabaja en la de Warwick. Profunda conocedora de la obra y la vida de Arenas, ha logrado con este libro una verdadera enciclopedia sobre el desdichado autor que nació en Holguín, en 1943, y se suicidó en Nueva York en 1990.
Símbolo de su generación, Arenas es también un ícono de los escritores gay, los anticastristas y de todo escritor, artista o persona que haya padecido la persecución por sus ideas o su manera de ser. El que haya contraído el sida (lo que lo lleva al suicidio) le da a su figura una dimensión aun más trágica. No es fácil resumir una vida tan compleja, intensa y multifacética como la de Arenas, quizá por eso, al menos estructuralmente, Panichelli-Batalla se centra en las cinco novelas que él clasificara como pentagonía: Celestino antes del alba, El palacio de las blanquísimas mofetas, Otra vez el mar, El color del verano y El asalto. Se centra, pero no se limita solo a esos títulos; la estudiosa ha realizado un trabajo monumental (de años) que incluye referencias a otros textos del autor y de especialistas en su obra, más el resultado de sus investigaciones personales como entrevistas a quienes lo conocieron. Un utilísimo Index sobre obras, personas, personajes y documentos convierte el trabajo de la investigadora en un valioso instrumento referencial.
Como su título indica, estas nutridas, pero amenas, 368 páginas quieren, y logran, demostrar que, a pesar de que se trata de obras de ficción, la pentagonía de Arenas es también un testimonio. “Todas estas obras de Reinaldo Arenas son, sin ninguna duda, obras de ficción […] Sin embargo, en cada una de ellas se puede reconocer la presencia de un autor-testigo, el contexto sociopolítico de la historia, la denuncia de la opresión y la representatividad del testigo, por lo tanto, nos parece más adecuado usar el término ‘novela testimonial’ que cuestionar la autenticidad del testimonio por el uso de la ficción en una obra literaria”.
Con esas palabras cierra su magnífico trabajo Panichelli-Batalla y, sin duda, tiene razón; aunque la obra de Arenas, rica en creatividad y testimonio, seguirá dando mucho que escribir por mucho tiempo.
Stephanie Panichelli foto

Stephanie Panichelli-Batalla

Bonnefoy: “Yo no he elegido la literatura, sino la poesía…”

Bonnefoy fotoYo no he elegido la literatura, sino la poesía. No son la misma cosa. La literatura es una posibilidad de la lengua, la poesía es una manera de despertar la palabra. Y debemos hacer una distinción fundamental entre la lengua y la palabra. La lengua es un conjunto de nociones que nos permiten encontrar diferentes aspectos de la realidad, la literatura es la construcción que hacemos de ella por medio del lenguaje. Todas las experiencias están aquí permitidas, todas las distracciones e irresponsabilidades. La poesía es la respuesta que se lanza en dirección a la lengua, cuando nos preguntamos acerca de nuestras necesidades fundamentales. No es un lugar para divertimentos, ni de la experimentación existencial: es el lugar de la exigencia de la responsabilidad.
La literatura es una posibilidad de la lengua, la poesía es una manera de despertar la palabra.
 Recuerdo que fui golpeado profundamente por la relación que aparecía entre la palabra y la cosa. Tenía la sensación de que la palabra era la embajadora de la cosa, su representante entre nosotros. Es mi primer recuerdo sobre la experiencia del lenguaje. En ese momento comprendí que la poesía ejercía esta relación con la palabra. Después encontré, en los poemas que nos hacían leer, que existía un ritmo, una música dentro de los poemas, que no era inherente a las conversaciones, sino que existía solo en la poesía. Así consideré que mi destino era practicar ese ritmo que hacía que las palabras entraran en contacto con el mundo.
La poesía está para recordarnos que todas las palabras, incluidas las que usamos automáticamente, o tanto que parecen gastadas y poco relevantes, son las responsables de la realidad. Para nosotros es importante la existencia de una tierra, suficiente, benéfica, que nos permita dar un sentido a nuestra existencia, que nos permita estar unidos en un lugar donde exista la vida, aunque por momentos resulte surreal. Diría que la poesía habla solo acerca de eso, en esencia. Fundamentalmente la poesía debe decir: ‘Existe una Realidad’, debemos ser parte del mundo, no debemos dejarnos llevar por esa distracción que nos hace aceptar nuestras existencias como algo abstracto, o resignado a la irrealidad. ¡La poesía es aquello que exige la existencia del mundo!
El medio ambiente de la Tierra vive amenazado. La lectura de poesía nos regresa a la capacidad fundamental, una apertura si se puede llamar así, de recentrar nuestra atención sobre el lugar terrestre como tal. Ahora en que muchas de las especies desaparecen, en que el aire está contaminado, en que la población es tan numerosa que no hay suficientes recursos, es necesario tomar conciencia de nuestro papel, y el papel de la poesía es facilitar esta toma de conciencias. Necesitamos una voz profética que anuncie los desastres y despierte la conciencia.
En las dudas de Hamlet, en sus angustias, es donde la modernidad encontró su suelo más fértil.
Lo que ha ocurrido es que el sistema educativo ha tenido una preocupación sociológica, científica y psicológica que ha desviado la atención de esta relación que la palabra poética establece con el mundo. Se ha cambiado la experiencia poética directa por la explicación del poema y esa reflexión académica ha dado paso a una situación en la cual la poesía no puede respirar. He ahí el problema con la recepción de la poesía.
La poesía hace acercamientos más profundos a la condición humana, a lo que sabemos y está detrás. Las grandes obras de la poesía se han arriesgado mucho antes por los laberintos de la conciencia nuestra. En las dudas de Hamlet es donde la modernidad encontró su suelo más fértil.
Existir, pero de otra forma, y no en la superficie de las cosas, en el meandro de los caminos, en el azar: como un nadador que se sumergiese en el porvenir para emerger luego cubierto de algas, y más ancho de frente, y de espaldas.
Es la relación con el otro la esencia del pensamiento moral
La sociedad sucumbirá si la poesía se extingue.
YVES BONNEFOY  (Francia, 1923-2016)

Baudelaire y el “tonto” Victor Hugo

Christie’s subasta una carta desconocida en la que el autor de ‘Las flores del mal’ tacha de ‘estúpidas’ las misivas del escritor de ‘Los miserables’

(EL PAÍS, Madrid, 18/6/2014) Una carta inédita de Charles Baudelaire demuestra que la relación con su colega escritor Víctor Hugo estaba lejos de ser amistosa y, mucho menos poética. Así lo revela un documento que hoy subasta Christie’s en Nueva York, junto a una primera edición de la famosa colección de poemas de Baudelaire Las flores del mal, y de los que se hace eco el diario The Guardian.
Charles Baudelaire (Paris,1821-1867) adulaba en público al autor de Los miserables; en una reseña que hizo de esta novela en la publicación Le Boulevard en 1862 se deshacía en elogis, pero en privado arremetía contra él. En la carta que ahora se subasta, escrita en enero de 1860 a un destinatario desconocido, Baudelaire se queja de Hugo. “No para de enviarme cartas estúpidas”, dice, y añade que le inspiran “escribir un ensayo para demostrar que, por una ley fatal, un genio siempre es un idiota”. También en otra carta que Baudelaire remitió a su madre describía a Hugo como un “inmundo e inepto” e ironizaba sobre su propia capacidad de juzgar a su colega: “He demostrado que poseo el arte de la mentira”.
Cuando Baudelaire publicó en 1857 la primera edición de Las flores del mal se enfrentó a la censura de la época: tuvo que suprimir seis poemas de la colección por orden de un juez. Víctor Hugo se solidarizó con él y en agosto de 1857 le comentó: “Tus flores brillan como estrellas”. Más tarde, en 1859, le diría: “Nos provocas una nueva clase de estremecimiento”. En retorno a los halagos, Baudelaire le dedicó tres poemas, pero no era sincero en sus demostraciones.
Victor Hugo (Besançon, 1802-París, 1885) alcanzó gran popularidad como novelista, poeta y dramaturgo y esto causaba la envidia de otros escritores. En concreto, Charles Baudelaire le tenía “una envidia corrosiva”, según apunta la especialista en literatura francesa Rosemary Lloyd, autora de The Cambridge companion to Baudelaire.
El volumen de Las flores del mal de la primera edición de 1857 que subasta Christie’s , con un precio de salida de 88.400 euros, contiene los seis capítulos que después fueron censurados y también tiene adosadas al final la carta en la que descalifica a Hugo, así como otras misiva dirigida a su editor y amigo Auguste Poulet-Malassis.
La casa de subastas lanza asimismo a la venta otras edicionesde Las flores del mal, una de 1868-69, con una introducción de Theophile Gautier, y otra de 1910, ilustrada por Georges Rochegrosse.

Entrevista con Juan Goytisolo

Pablo Vives / NOTICIAS DE HOY. La Habana, Mayo 5, 1962

(Tomado de LES LETTRES FRANÇAISES. Traducción de Manuel Díaz Martínez.)
El semanario LES LETTRES FRANÇAISES, que se edita en París bajo la dirección del poeta francés Louis Aragon, ha dedicado uno de sus últimos números a destacar la actividad intelectual y artística cubana. Entre el material que publica, se halla una antología de poetas cubanos. También aparece en dicho número la presente entrevista de Pablo Vives con el destacado novelista español Juan Goytisolo, la cual, por su interés, damos a conocer a nuestros lectores. ●
¿Cuáles son las impresiones dominantes que usted extrajo de su viaje a Cuba?
–La impresión extraordinaria de un pueblo volcado hacia el porvenir. En Cuba, la distancia en el futuro no cuenta casi. Yo mismo he constatado, en menos de dos meses y medio, los grandes cambios. Es por esto que intitularé “Pueblo en Marcha” el reportaje que preparo acerca de Cuba. Este hecho  es mucho más sensible para nosotros, pues en España, como usted sabe, el tiempo parece no existir. De esta manera la obra de Larra, ciento cuarenta años más tarde, conserva toda su actualidad. Y nosotros estamos autorizados para decir con él: “Para ustedes los días no pasan”. Esto explica que a los ojos del pueblo español, Cuba sea un ejemplo a seguir. El interés que nosotros dedicamos a la Revolución Cubana se evidencia claramente en la en la colección de poemas que ha sido publicada por las Ediciones Ruedo Ibérico bajo el título ESPAÑA CANTA A CUBA y que agrupa obras de cuarenta y cuatro poetas y artistas nuestros. Pero los escritores cubanos se preocupan también por la suerte de España, como lo demuestra, entre otros, el bello poema “España libre y en armas”, de Heberto Padilla.
–¿Podría usted precisar la naturaleza de los vínculos que existen entre España y Cuba?
–A pesar de que ha sido el último país que se liberó de nuestro viejo colonialismo, Cuba guarda un recuerdo fresco del pueblo español. El cubano ama a España. Para los cubanos, nuestra guerra civil era ya la guerra. En el presente, los papeles se han invertido: nosotros, españoles, seguimos la Revolución Cubana como si ella nos perteneciera.
Los malos recuerdos de la colonización se han esfumado, sobre todo después de 1939. Con el arribo de los grupos de exilados, los más reticentes cubanos se dieron cuenta de que el pueblo español no tenía nada en común con nuestros ancestros que se instalaron en Cuba para explotarlos. Hoy, el cubano libre participa de los afane del pueblo español por ver nuestro país liberado de las viejas estructuras de que nacieron los conquistadores.
–¿Después de la Revolución se ha asistido en Cuba al nacimiento de una poesía nueva?
–En efecto. La poesía cubana ha sido renovada en los años veinte por escritores revolucionarios de gran talla, tales como Nicolás Guillén, Juan Marinello y Manuel Navarro Luna. La poesía actual parte de aquel movimiento.
–Pero supongo que esta poesía no es uniforme. ¿Cuáles son las tendencias dominantes?
–Es difícil hablar de tendencias, mejor hablar de individualidades. La poesía actual presenta una gran variedad de poetas líricos –aparentemente poco preocupados por los problemas de la vida–, hasta los que hacen poesía de consigna, como Pita Rodríguez, por ejemplo. De hecho, esta división resulta demasiado teórica, pues los “líricos” hacen también poesía “realista”.
Sin pretender establecer una escala de valores, entre los mejores poetas jóvenes se encuentran Pablo Armando Fernández, Heberto Padilla, Nivaria Tejera, Fernández Retamar, Fayad Jamís, y otros muchos. Su obra, ya importante, nos permite apreciar en ellos una innegable personalidad.
–El Primer Congreso de Escritores y Artistas Cubanos, en agosto de 1961, se planteó como objetivo la lucha, en el campo de la creación artística y literaria, por un mundo mejor. ¿Cree usted que los escritores cubanos han llegado a encontrar los medios de expresión adecuados?
–En el Congreso hubo dos planteamientos que nos ayudan a comprender el problema. En el suyo, Fidel Castro dijo: “Dentro de la Revolución, los escritores y los artistas gozan de todos los derechos. Contra la Revolución no gozan de ninguno”. Esta idea fue completada por el presidente Dorticós: “El Gobierno Revolucionario no limitará jamás la libertad formal en literatura y en arte”. Se puede observar en ciertos jóvenes escritores algunas dificultades contradictorias. Algunos, entre los que están los de mejor formación intelectual, no han asimilado todavía el profundo sentido de la Revolución, mientras que otros, nacidos de la Revolución, no cuentan con una experiencia suficiente para expresarse de una manera artísticamente válida. Pero éstos son fenómenos de crecimiento, fenómenos transitorios y de casos extremos. En efecto, para no citar sino algunos nombres, poetas como Manuel Díaz Martínez, Félix Pita Rodríguez, Fayad Jamís, Heberto Padilla, Nivaria Tejera, etc., han abordado inteligentemente los problemas planteados por la vida, con medios de expresión de gran calidad estética. Éstos son escritores en los cuales la sinceridad y el talento forman un maridaje fecundo.
–¿Qué importancia tiene la novela cubana de hoy?
–En general, aparte el caso aislado del gran escritor Alejo Carpentier, Cuba ha dado siempre muy buenos poetas, ensayistas y admirables narradores, pero muy pocos novelistas. La novela cubana está en sus inicios. Es de esperar que el fenómeno revolucionario favorezca su desarrollo en los años próximos. El lector cubano prefiere el cuento y la novela corta. Las revistas literarias, sin duda alguna, han contribuido a esta preferencia del público. Los dos narradores más importantes son Onelio Jorge Cardoso y el joven Guillermo Cabrera Infante, cuyo libro ASÍ EN LA PAZ COMO EN LA GUERRA aparecerá próximamente editado por Gallimard. Entre los novelistas, aparte de Alejo Carpentier, se destacan José Soler Puig, Jaime Sarusky, Edmundo Desnoes, Dora Alonso.
–¿Puedo preguntar si su viaje a Cuba tendrá repercusiones sobre su obra?
–Naturalmente. Es el acontecimiento más importante que yo he vivido. Yo creo que el porvenir de los pueblos de lengua hispana será en parte determinado por la Revolución Cubana. Cuba no es solamente Cuba. Cuba es también, de alguna manera, España, el Perú, Colombia. Defender a Cuba es también, para nosotros, españoles y latinoamericanos, laborar para nuestros respectivos países. En lo que concierne a mi obra, estoy preparando el reportaje de que ya le he hablado. Usted verá, yo lo espero, que no se trata de un simple reportaje.

Juan Goytisolo entrevista foto

 

 

Carta a un comunista

Hermann Hesse fotoHermann Hesse

Mi postura personal frente al comunismo no es difícil de formular. El comunismo (bajo el cual esencialmente, entiendo los objetivos y pensamientos del antiguo Manifiesto marxista) está en camino de conseguir su realización en el mundo, y éste se halla maduro para ello, no sólo desde que el sistema capitalista presenta tan claros síntomas de decadencia, sino también desde que la socialdemocracia de “mayorías” ha abandonado por completo la bandera revolucionaria.

Para mí, el comunismo no sólo está justificado, sino que lo considero lógico. Llegaría y vencería aunque todos estuviéramos en contra. Quien hoy esté de parte del comunismo, afirma el porvenir.

Aparte del “sí” que mi entendimiento da a su programa, ha hablado en mí, desde que vivo, una voz a favor de quienes padecen; siempre estuve de parte de los oprimidos y contra los opresores; de parte del acusado y contra los jueces, y de parte de los hambrientos y contra los atiborrados. La única diferencia reside en que nunca se me hubiera ocurrido llamar comunistas a esos sentimientos que considero naturales, si no cristianos.

Bien: creo, con usted, que el camino marxista, que pasa por encima del capitalismo moribundo en dirección a la liberación del proletariado, es, en efecto, el camino del futuro, y que el mundo debe seguirlo, quiera o no.

Hasta este punto estamos de acuerdo.

Pero ahora usted preguntará seguramente por qué yo, si creo en la razón del comunismo y defiendo a los avasallados, no me uno a usted en la lucha y pongo la pluma al servicio de su Partido.

La respuesta a esto ya es más difícil, porque se trata de aquí de cosas que para mí son sagradas y obligatorias, mientras que para usted apenas existen. Yo rechazo totalmente, y con firme decisión, convertirme en miembro del Partido o poner mi trabajo literario al servicio de su programa, pese a que la perspectiva de tener hermanos y camaradas, de vivir en comunidad con un mundo de correligionarios, sería sumamente atractiva.

Pero es que, en realidad, no pensamos igual. Porque, aunque yo apruebe sus objetivos o, para decirlo más claramente, aunque crea que el comunismo está maduro para subir al poder y hacerse cargo, con ello, de la tremenda responsabilidad, empezando por la necesidad de cargar con la sangre y la guerra, para mí eso no tiene más importancia que cuando, en noviembre, pienso que ya está próximo el invierno. Creo en el comunismo como programa para las horas venideras de la humanidad; lo considero indispensable e ineludible. Sin embargo, no creo que el comunismo pueda dar mejores respuestas a las grandes preguntas de la vida que cualquier otra doctrina anterior. Creo que, después de cien años de teoría y del gran intento ruso, ahora no tiene sólo el derecho, sino también la obligación de realizarse en el mundo, y creo y espero sinceramente que conseguirá suprimir el hambre y librar a la humanidad de una gran pesadilla. Pero que con ello se logre lo que las religiones, las legislaciones y las filosofías de pasados milenios no pudieron conseguir, es cosa que no creo. Que el comunismo, aparte de su razón de defender el derecho de todo hombre a que no le falte el pan y se le reconozca su valor, sea mejor que cualquier otra forma anterior de fe, no lo creo. Tiene sus raíces en el siglo XIX, en medio del más árido y presuntuoso dominio del intelecto, de un sabihondo imperio de profesores, carente de fantasía y amor. Carlos Marx aprendió su modo de pensar; es extraordinariamente parcial e inflexible: su genialidad y justificación no reside en un espíritu más elevado, sino en su decisión de actuar.

Si hoy estuviéramos en 1831, en lugar de tener ya el año 1931, yo, como poeta y escritor, probablemente sentiría gran preocupación por los problemas y las amenazas del mañana y pasado mañana, dedicando todas mis fuerzas, durante algún tiempo, al estudio del inminente cambio. Así lo hizo el poeta Heinrich Heine entonces, y durante un cierto tiempo, quizás el más fecundo de su vida, fue en París el amigo y colaborador del joven Carlos Marx. Pero hoy, ese mismo Heine volvería a preocuparse más por el mañana y el pasado mañana que por la realización de lo que ha quedado reconocido ya, desde hace tiempo, como acertado y digno de ser llevado a cabo. Hoy reconocería sin duda que el socialismo ha dejado atrás su escuela y tiene que asumir el dominio del mundo o, de lo contrario, está listo. Y aprobaría este proceso, la conquista del mundo por los comunistas, y lo encontraría bien, mas no sentiría el impulso, en su persona, de tener que ayudar a tirar de un carro que con tanto empuje rueda por sí solo.

El poeta no es ni más ni menos importante que el ministro, el ingeniero el tribuno, pero sí es totalmente distinto a ellos. Un hacha es un hacha, y con ella se puede cortar madera o, también, cabezas. Un reloj o un barómetro, en cambio, tienen otras funciones, y si con ellos pretendemos cortar leña o cabezas, se romperán sin que nadie haya obtenido provecho alguno.

No es ésta la ocasión para enumerar y explicar los deberes y funciones del poeta como instrumento especial de la humanidad. Quizás sea una especia de nervio, en el cuerpo de la humanidad; un órgano destinado a reaccionar ante delicados avisos y menesteres, un órgano cuya función es la de despertar, advertir y llamar la atención. Mas no es un órgano con el que se puedan redactar anuncios y colgarlos, y no se prestar para pregonarlo a grandes gritos en el mercado, pues su fuerza no reside en el volumen de la voz. Eso queda para Hitler. De cualquier forma, y sean sus funciones unas u otras, el poeta sólo tiene un valor y sólo merece que se le tome en serio si no se vende y no permite abusos con él, si prefiere sufrir o morir que ser infiel a lo que considera su vocación.

Carlos Marx tuvo mucha comprensión para la poesía y el arte del pasado; por ejemplo, para todo lo griego, y si bien en algún punto de su doctrina no fue, quizá, totalmente sincero, pudo deberse a que, pese a ser conocedor de las artes, no vio en ellas un órgano de la humanidad, sino sólo un trocito de “superestructura ideológica”.

Precisamente quisiera advertiros a vosotros, los comunistas, del peligro que pueden constituir aquellos poetas que os ofrezcan y se presten para pregoneros y combatientes. El comunismo tiene muy poco de poético; ya era así en tiempos de Marx y ahora lo es todavía más. El comunismo, como toda gran ola de poder material, llegará a constituir un serio peligro para la poesía; tendrá poco sentido de la calidad y, con paso tranquilo, aplastará gran número de cosas hermosas sin lamentarlo siquiera. Traerá consigo grandes cambios y un nuevo orden, hasta que esté edificada la nueva casa para esa nueva sociedad, por doquier abundarán los escombros, y nosotros, los artistas, nos veremos desplazados si tenemos que hacer de peones. La gente aún se reirá más de nosotros y de nuestras rebuscadas preocupaciones, tomándonos todavía menos en serio que en tiempos de la burguesía.

Mas en la nueva casa de la humanidad volverá a imperar muy pronto el descontento, y tan pronto se haya desvanecido el miedo al hambre, se demostrará que también el hombre del futuro y de la masa posee un alma, y que ésta crea en su interior sus propios tipos de hambre y necesidades, deseos y sueños, y que los impulsos y las necesidades y los deseos y los sueños de esta alma participan extraordinariamente en todo lo que la humanidad piensa y hace y ansía. Y será un bien para la humanidad que, entonces, haya hombres entendidos en las cosas del alma: artistas, poetas, entendedores, consoladores e indicadores del camino a seguir.

De momento, vuestras tareas son claras de ver. Vosotros, los comunistas, tenéis un programa claramente establecido que realizar y es vuestro deber defenderlo. Actualmente, vuestra labor parece mucho más clara, más necesaria y seria que la nuestra. Pero eso cambiará, como ha cambiado ya tantas veces.

Con el derecho del combatiente tal vez mataréis a este o aquel poeta, porque compone cantos de guerra para vuestros enemigos, y probablemente se demostrará, después, que no era un verdadero poeta, sino únicamente un redactor de cartelones. Pero os equivocaréis en perjuicio vuestro, si creéis que un poeta es un instrumento del que la clase que gobierna en ese momento pueda servirse como de un esclavo o de un talento comprable. Os llevaréis un chasco con vuestros poetas, si no cambiáis de opinión, y sólo quedarán pegados a vosotros los que no valen nada.

A los auténticos artistas y poetas los reconoceréis, en cambio, si es que algún día decidís preocuparos de ellos, en que tienen un indomable afán de independencia y dejan inmediatamente de trabajar cuando se les quiere obligar a trabajar de forma distinta a cuanto les dicta la conciencia. No se venden por mazapán ni por apetitosos altos cargos, prefieren que les maten antes que ser objeto de abuso. En eso les reconoceréis.

(1931)

[Hermann Hesse, Escritos políticos (1914-1932).]

Hoy, Día del Libro

Antología de Spoon RiverEl abogado Edgar Lee Masters (EEUU, 1868-1950) dedicó más tiempo y entusiasmo a la literatura que a las leyes. En un momento no muy tardío de su larga vida, abandonó las últimas por la primera y se convirtió en un escritor ermitaño. Me atrevo a decir que, además de ermitaño, obsesivo: según biógrafos suyos, hasta su muerte luchó con denuedo para superar con nuevas obras el libro gracias al cual lo recordamos: SPOON RIVER ANTHOLOGY (Macmillan & Co. Nueva York, 1915). Pero aquélla fue una batalla perdida, como la de Flaubert contra MADAME BOVARY. El culmen de cuanto escribió Masters son los imaginarios epitafios de las ficticias lápidas pertenecientes a los falsos difuntos que supuestamente reposan en el mítico cementerio de un pueblo que –poco importaría que existiera– él se inventó.

Mi descubrimiento de ANTOLOGÍA DE SPOON RIVER se produjo mientras, animado por la ilusión de encontrar algo diferente, que me sorprendiera, exploraba una librería de Las Palmas de Gran Canaria. El nombre de su autor no me decía absolutamente nada, pero, tan pronto como leí, al pie de un estante de aquella librería, algunas páginas de esta obra (editada en España por Cátedra, Colección Letras Universales) me invadió el regocijo de haber dado con lo que a tientas buscaba. Libro raro, aún hoy, en su tiempo fascinó a unos cuantos poetas mayores, entre los cuales estaba Ezra Pound, quien lo saludó con un aleluya a nombre de la poesía norteamericana.

Lo que más me atrae en él, la razón por la cual siento no haberlo leído mucho antes, es la desinhibida sencillez con que desnuda la trascendencia de esa parte de la realidad que parece no tenerla: lo cotidiano. Los doscientos y tantos poemas-lápidas que nos dejó Masters en su asombrosa ucronía de Spoon River configuran un coro de voces sin tiempo en el que todos cantamos.