Ha muerto Alberto Míguez

Míguez Alberto

El 27 de este mes, con 68 años muy viajados, murió Alberto Míguez. Coruñés. Gran amigo. Estupendo periodista. Anoche, mientras escuchaba una tertulia de radio en la que participó durante mucho tiempo, me enteré de su muerte, ocurrida en Madrid.

En la librería Archipiélago, de Las Palmas de Gran Canaria, hará cinco años, una mañana me entretenía mirando las novedades cuando entró el poeta Leopoldo María Panero, quien me saludó pronunciando en alta voz mi nombre. Un desconocido, que estaba allí haciendo lo mismo que yo, alzó la cabeza, me clavó los ojos y me preguntó si yo era el poeta cubano relacionado con el Caso Padilla y la Carta de los Diez. Al oír mi respuesta, visiblemente entusiasmado, me dio la mano al tiempo que se presentaba y me decía que él se había interesado como periodista en ambos sucesos. Míguez me invitó a tomar algo y en una terraza de la calle Perdomo estuvimos conversando el resto de la mañana. Me dio sus teléfonos, sus direcciones postales en España y en Francia y me brindó su casa para cuando yo pasara por Madrid. Al despedirnos, me regaló un libro sobre la caída de Berlín, que había comprado para él, y un precioso bolígrafo. Coleccionaba estilográficas y se quedó con la que acompañaba al bolígrafo.

A su domicilio madrileño le envié un ejemplar de mi libro de recuerdos Sólo un leve rasguño en la solapa. Días más tarde me respondió con este mensaje electrónico:

Querido Manuel, acabo de concluir tu libro de memorias. Estamos en plena sierra madrileña y hace un frío que pela de modo que leí tu obra al lado de la lumbre, algo muy navideño.

Te felicito por este “leve rasguño en la solapa”. Me supo a poco y no sólo porque está espléndidamente escrito –con la cabeza y el corazón– sino porque me enseñó muchas cosas. La primera parte fue muy instructiva porque conocía mal la vida literaria de Cuba en los cincuenta y sesenta. La segunda parte en la que cuentas la tragedia cotidiana de Cuba y el funcionamiento implacable de la dictadura ayuda a refrescar algunas realidades que aquí parecen haberse olvidado con suma facilidad. Después están esos retratos al minuto de personalidades tales como Alberti, Lezama, Marinello, Quiñones, Guillén, etc. ¿Por qué no los amplías –los retratos– y haces otro libro titulado más o menos así “Como los conocí”. Si lo extiendes a políticos, oportunistas y demás fauna, sería estupendo. Muchos te lo agradeceríamos como se agradecen estas memorias magníficas.

Gobiernos “de facto” y dictadores “electos”

Marta Colomina, Caracas.

Viajó a reunirse en Margarita con los dictadores más crueles y sanguinarios del mundo

La salida de Manuel Zelaya de la Presidencia hondureña por decisión de todos los poderes públicos que, Constitución en mano, nombraron al presidente del Congreso como nuevo mandatario provisional, ha puesto en evidencia los juegos políticos perversos de la OEA, la ONU, y de muchos gobiernos del mundo que han permanecido callados y haciendo negocios con dictadores sangrientos, sin que se hayan molestado en pedir su salida de los organismos internacionales. La semana pasada el embajador de Honduras fue sacado virtualmente a patadas de la Comisión de DDHH de la ONU, mientras Cuba y Libia, violadores durante más de 40 años de todos los derechos humanos, han permanecido como miembros de esa comisión durante décadas. Comentaba la internacionalista Milagros Betancourt, que el Chile del sanguinario dictador Pinochet fue miembro de la OEA y ningún Insulza de turno pidió sanciones o propició su salida. ¿Cuántos golpes militares (y no institucionales, como el de Honduras) se han cometido en las dos últimas décadas en América Latina sin que hayan protestado la OEA, ni la ONU ni se escuchasen los falsos escrúpulos de los zapateros, lulas, o chávezes?

¿Qué ha ocurrido entonces para que todas las perversiones de la diplomacia hayan construido un bloque mundial de rechazo contra el muy excepcional régimen de Micheletti, en cuyo ascenso al poder no se disparó ni un tiro de fusil y lo hizo con el apoyo de todas las instituciones democráticas de Honduras, vale decir, Congreso, Poder Electoral, Fiscalía y Corte Suprema, además del apoyo de la Fuerza Armada? ¿Cómo un gobierno así, que ya convocó para este noviembre a elecciones presidenciales libres, en las cuales participa hasta el partido de Zelaya con candidato propio, puede ser tratado por la mal llamada “comunidad internacional” como si fuera el de un Mobutu o un Idi Amin cualquiera?

Quienes insisten en la restitución de Zelaya en el poder apelan a su indiscutible condición de presidente elegido por los hondureños para un período que debe finalizar en enero de 2010. Sin embargo, ¿no se debería tomar en cuenta que Zelaya violentó abiertamente la Constitución y permitió la ostensible injerencia del presidente venezolano Hugo Chávez en los asuntos hondureños, cuya soberanía Zelaya estaba obligado a defender y preservar y, en consecuencia, no puede ser tratado como un demócrata impoluto y ejemplar?

Raúl, Zelaya, Chávez, Ortega

Cuatro electos: Raúl, Zelaya, Chávez, Ortega.

Quienes hoy se rasgan las vestiduras contra Micheletti ¿qué deberían hacer con aquellos presidentes que al llegar al poder por vía del voto, empiezan a manifestar rasgos autoritarios y terminan por convertirse en dictadores que asumen el control absoluto de todos los poderes públicos, violentan la Constitución, reprimen y encarcelan a la disidencia, acaban con los sindicatos y con la propiedad privada, cierran medios de comunicación, persiguen a periodistas, prohíben la educación libre y plural, confiscan los derechos de alcaldes y gobernadores disidentes y elaboran leyes que convierten las elecciones en un simulacro fraudulento?

La decepcionante respuesta es que la ONU y la OEA no hacen, ni harán nada ante ese dictador “electo”, y mucho menos si regala a quienes allí tienen voto, millones de barriles de petróleo, aviones, helicópteros, casas, plantas eléctricas y hasta hipoteca la industria petrolera a través de convenios “ocultos” que no conocerá el pueblo. Podrá también impunemente financiar la subversión interna de aquellos países pacíficos que, como Honduras, se oponen a formar parte de su proyecto político, mientras los zapateros, las cristinas y los lulas apelan a la mudez o a la defensa abierta, gracias a la mil millonaria balanza comercial que les prodiga el dictador “electo”.

Chávez llamaba “dictador” a Micheletti desde la tribuna de la ONU, mientras en la embajada de la OEA en Caracas estudiantes se declaraban en huelga de hambre en protesta por la prisión de su compañero Julio Rivas. Y cuando el orador hablaba de “justicia social”, los jueces rojitos de Guayana encarcelaban al secretario general de Sintraferrominera por reclamar los derechos de los trabajadores. Mientras ataca la “represión mediática” en Honduras, Conatel anunciaba el control ideológico de la programación por vía de los “productores independientes” y sigue la amenaza de cerrar otras 29 emisoras. El orador clama contra el capitalismo salvaje que produce daños ambientales, mientras su Pdvsa convirtió el Lago de Maracaibo en un muladar de pestilencia y contaminación. Chávez critica a Obama porque “no ha denunciado a la dictadura militar de Honduras”, mientras viaja raudo a reunirse en Margarita con sus invitados, los dictadores más crueles y sanguinarios del mundo, algunos “electos” durante más de 40 años. ¿Ese es el paradigma “democrático” de los zapateros, de los lulas y de la muy inescrupulosa “comunidad internacional”?

Por cortesía de la autora, reproduzco este magnífico artículo aparecido ayer en EL UNIVERSAL, de Caracas.

Presentarán nuevo libro de Eduardo González Ascanio

Eduardo libro

Mañana, lunes 28, a las 20:00 h, en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés (Avenida Mesa y López, Las Palmas de Gran Canaria), se presentará un nuevo libro del narrador y poeta canario Eduardo González Ascanio. Se trata de una colección de relatos que, bajo el título de Qué haría yo sin la música, ha publicado Ediciones Idea, de Santa Cruz de Tenerife.

Nacido en Valle Gran Rey, isla de la Gomera, en 1956, este gomero afincado en Gran Canaria es un narrador de estilo muy personal, que en su nuevo libro invade el ámbito de la música para desplegar su sutil imaginación y brillante oficio. Es autor de otros dos libros de relatos: Para después de colgar (Premio Ateneo de La Laguna 1999) y Cuentos del Bárbara Bar (2008).

INFORME SOBRE DESTITUCIÓN DE ZELAYA

A. Schock

A. Schock

Un estudio elaborado por el Servicio de Investigaciones de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos halló que la destitución de Manuel Zelaya de la presidencia de Honduras fue legal y apegada a la Constitución.

El informe, divulgado por el congresista republicano Aaron Schock, de Illinois,  también sostiene que la expulsión de Zelaya del país no fue constitucional.

“En resumen, uno de los fundamentos de la comunidad mundial es el respeto a las leyes internacionales”, dijo Schock en un comunicado. “El Servicio de Investigaciones del Congreso, una agencia apolítica, concluyó que la destitución del ex presidente Zelaya fue constitucional y debemos respetar ese hallazgo. Es inaceptable que nuestro gobierno trate de obligar a Honduras a violar su propia Constitución al cortarle la ayuda extranjera”.

Schock recomendó reanudar la asistencia estadounidense e internacional a Honduras, reanudar las visas de funcionarios hondureños, cooperar con el gobierno hondureño enviando observadores para las elecciones de noviembre, y reconocer la legitimidad de tales comicios si se celebran de manera justa e imparcial.

Debido a que el informe también sostiene que la expulsión de Zelaya del país no fue constitucional, Schock recomendó que el gobierno hondureño permita la salida de Zelaya de la embajada brasileña, reconozca que su derrocamiento fue castigo suficiente por las medidas que él tomó y que llevaron a los hechos actuales, abandone los planes de procesarlo y emita una amnistía general para todos los involucrados en su destitución. [La amnistía podría otorgársele a Zelaya (reclamado por la Corte Suprema de Justicia, que le imputa diversos delitos), pero no a los involucrados en su destitución (salvo los militares que lo desterraron) porque, al ser ésta legal, no necesitan ser amnistiados. Nota del Bloguista.]

Schock sostiene que, como ciudadano privado, Zelaya tendría derecho a hacer campaña para el candidato de su preferencia en las venideras elecciones, pero si incita a la violencia [que es lo que está haciendo, a ojos vista, desde la embajada de Brasil en Tegucigalpa. N. del B.] debería ser arrestado y procesado.

El enredo hondureño

Florentino Portero, Madrid.

(LIBERTAD DIGITAL) La crisis diplomática desatada tras la deposición del presidente Zelaya es más el resultado de la inacción de los que tenían que haber defendido el papel jugado por el Parlamento y la Justicia hondureños que por la acción de los que buscan la trasformación del régimen democrático en un Estado populista de corte bolivariano.

Zelaya intentó que el Parlamento modificara la Constitución para poder volverse a presentar a las elecciones presidenciales previstas para dentro de unas semanas. El Parlamento no consideró su petición y ahí comenzaron los problemas, las maniobras… que concluyeron en su deposición. Honduras se estaba jugando su futuro democrático y una clara mayoría decidió resistir con firmeza a la andanada bolivariana.

A nadie le extrañó que sus compañeros de filas en la región orquestaran una campaña en contra de lo ocurrido, denunciando un supuesto golpe de estado militar que nunca existió. Los militares que se encargaron de echar a Zelaya del país obedecían órdenes del Tribunal Supremo, no actuaban por propia voluntad ni estaban defendiendo una determinada opción política. Simplemente cumplieron con su obligación. La acusación no era sólo falsa, además era burda, como cualquiera podía y puede comprobar.

Estatua de Zelaya que él mandó hacer, también "destituida".

Estatua de Zelaya que él mandó hacer, también "destituida".

La sorpresa vino del comportamiento norteamericano. El Departamento de Estado no oculta su preocupación por la expansión del bolivarianismo, por sus connivencias con el narcotráfico y por la compra masiva de armamento. La propaganda venezolana descarga su artillería contra Obama, que ha pasado a convertirse en el emperador por necesidad del discurso populista. Por todo ello lo lógico es que Estados Unidos hubiera manifestado preocupación por la crisis hondureña, al tiempo que hubiera dejado que las elecciones se desarrollaran con normalidad. Una posición clara y firme de Washington hubiera animado a otros a actuar de forma semejante. Sin embargo, esa no fue la opción que Obama tomó.

La presidencia norteamericana está obsesionada con mejorar su imagen internacional y dejar atrás el estilo unilateralista a la hora de defender ideales o intereses. Por una parte no están tan seguros de la superioridad de sus valores. Por otra no se encuentran con fuerzas para mantener más pulsos internacionales. Quieren ser un país “normal”, gobernar con otros y poder volcarse a la trasformación de la sociedad norteamericana.

En este marco Obama optó por abandonar a los demócratas hondureños a cambio de ganar imagen entre las sociedades latinoamericanas. Es evidente que eso era hacer el juego a los bolivarianos, pero en Washington se tiende a pensar, como ha señalado Carlos Alberto Montaner, que ese es un problema de los propios latinoamericanos, que un auge de Chávez y cía sólo puede dañar a las sociedades que los amparan, no a Estados Unidos.

La incoherencia de esta política se pone de manifiesto si la comparamos con la crisis colombiana. Estados Unidos ha solicitado y logrado el uso de bases militares en este país para combatir de forma más efectiva el narcotráfico, que es el medio a través del cual se financian las FARC, a su vez aliadas con los bolivarianos ¿Qué sentido tiene defender la democracia colombiana frente a la injerencia de venezolanos y ecuatorianos si luego se deja caer la hondureña? Ninguno. Pero eso no es el problema a ojos de Obama. Honduras es un precio aceptable para mejorar la imagen de Estados Unidos o eso creen.

El nada sencillo futuro económico del mundo

Teódulo López Meléndez, Caracas.

TeóduloLa cuestión no es tan sencilla como partir de Immanuel Wallerstein y afirmar que el capitalismo se acabará en determinado número de años o proclamar con Thomas Friedman que donde hay un MacDonald no hay guerras.

La historia es larga desde la postguerra. Había que diseñar la institucionalidad económica y política de un mundo bipolar. Cuatro conferencias fueron necesarias para lo segundo: Teherán (diciembre 1943), Yalta (febrero 1945), Potsdam (julio 1945), Londres (septiembre-octubre 1945). Para lo primero la clave está en Bretton Woods (1944), con asistencia de 45 países y donde se decide que es el dólar la reserva monetaria mundial y donde se crean dos organismos, el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF), que luego se transforma en el Banco Mundial (1946) y el Fondo Monetario Internacional (FMI). En el plano político surge la Organización de las Naciones Unidas resultante de las conferencias de Dumbarton Oaks (septiembre-octubre 1944) y San Francisco (abril-junio 1945).  Desde 1948 el sistema de comercio vino a ser regulado por el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT). La Organización Mundial de Comercio nació el 1º de enero de 1995,  como consecuencia de una ronda de negociaciones que fue conocida como la Ronda Uruguay, efectuada por los largos años que van desde 1986 hasta 1994.

Es esta la estructura del mundo económico internacional que hemos conocido en algo más de seis décadas. Una cosa es un mundo de relaciones internacionales entre Estados-nación y una cosa muy distinta es una reglamentación económica para un mundo globalizado. El Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz ha señalado algunas de las políticas fracasadas, como la contracción fiscal y monetaria. Esto es, el mundo económico internacional se manejó bajo la égida neoliberal.

De la muerte o enfermedad terminal de viejo de Bretton Woods no se habla desde la presente crisis, se hace desde hace muchísimos años, especialmente con la incidencia de la crisis asiática. Los requerimientos para la transformación y adecuación de esas viejas instituciones de postguerra ha sido una constante. El dominio ejercido por Estados Unidos sobre el BM y el FMI se originó en una realidad económica mundial que ya no existe. Es obvio, además, que ya no nos movemos en un plano de relaciones internacionales, sino en uno de relaciones globales, diferencia a recalcar pues el mundo que se derrumba no es el mismo que emerge.

La resistencia a todo cambio quedó de manifiesto cuando el todavía presidente George W. Bush insistió en que bastaba una reforma del sistema de mercado liberal, al asegurar que en momentos de incertidumbre económica no se podían estar cambiando “métodos probados para crear prosperidad y esperanza”. Por su parte, frente a la situación actual, el G-20 decidió una millonaria inyección al FMI que parecía destinado a la desaparición. Podemos admitir los requerimientos de la emergencia, pero la emergencia terminará y entonces no habrá excusa válida para enfrentar las reformas.

Tanto el BM como el FMI en verdad han ido perdiendo facultades y entorpeciendo iniciativas. Numerosas conferencias de la ONU sobre bienes públicos globales y desigualdad social se vieron obstaculizadas por las restricciones fiscales de la ortodoxia vigente. Instituciones del viejo Bretton Woods y la Organización Mundial del Comercio definieron las políticas macroeconómicas. Ejercieron un papel vigilante e interventor para procurar el crecimiento, pero la reducción de las desigualdades o la pobreza en aumento no fueron temas de su interés. Es necesario mencionar el desempeño del FMI durante la crisis financiera asiática de 1997, ya que contribuyó al empujar a esos países a eliminar los controles de los movimientos de capitales y a liberalizar sus sectores financieros, favoreciendo la entrada masiva de capital especulativo. El Fondo empujó a los gobiernos al recorte presupuestario con la teoría de que la inflación era el problema. Tal medida pro-cíclica terminó acelerando el colapso regional, convirtiéndolo en una recesión. Finalmente, miles de millones de dólares de los fondos de rescate del FMI no fueron a parar al rescate de unas economías colapsadas, sino a compensar las pérdidas de instituciones financieras extranjeras.

Como un Nuevo Bretton Woods fue saludada la reunión de abril de 2009. Sin embargo, amén de la escasa participación (20 países) –si se compara con los más de 40 de Bretton Woods–, el G-20 se dedicó a un reciclaje: más dinero para el FMI, reflote del Fórum de Estabilidad Financiera (FSF) y el Banco de Pagos Internacionales. En verdad, una comisión de expertos en reforma del sistema monetario y financiero, presidida por Joseph Stiglitz, ya ha hecho el trabajo para la convocatoria de una asamblea que diseñe el nuevo orden económico global. De esa eventual asamblea podría salir un “Consejo de Coordinación Global” y una regionalización de estructuras para enfrentar los asuntos financieros.

Quizás debamos mirar las instituciones económicas aptas para el mundo global con la misma óptica que hemos mirado la organización política. Para bien o para mal se crearon normas de gobernanza supranacional, inspiradas en el modelo descrito, pero con instituciones sin efectividad. Ya hemos hablado de las tendencias equivocadas. El mundo se ha hecho interdependiente en los ámbitos del comercio y del movimiento de capitales y personas, aunque falta avanzar en temas como la salud, la energía y el medio ambiente. Con la crisis quedó al descubierto que los movimientos financieros a corto plazo eran los peor regulados. Ya hemos llamado la atención sobre la obsoleta distribución del poder en el seno de las viejas instituciones de Bretton Woods. Es claro que toda reforma en la supranacionalidad del asunto económico va paralela con una reforma en las instituciones políticas.

Teódulo viñeta¿Hacia donde vamos? Vamos hacia dos millardos de pobres. Ante un mundo no polar hay que resaltar la oportunidad de recreación de las instituciones económicas internacionales. Es aquí donde entra con fuerza la necesidad de lo que denominaremos el pacto social-global. El llamado Estado de Bienestar ha colapsado y se hace necesario defender al ser humano. Es cierto que ha habido hechos como la “cumbre social” de Copenhague (1994), territorio para una batalla seguramente equivocada entre reformistas y revolucionarios. Lo cierto es que definir el futuro económico del mundo que se asoma es harto difícil.

Es evidente la necesidad de reformar o de construir nuevas organizaciones globales para lo económico. La crisis reciente puso de manifiesto la capacidad dañina del dinero fácil y la urgencia de acelerar la evolución del sistema financiero internacional. Ese capital voraz vivió sumido en el apetito del retorno cada vez más rápido. Sin embargo, la degeneración toca profundamente las concepciones de lo ético y de lo moral, lo que ha replanteado la necesidad de crear reglas restrictivas a un mercado desaforado. A pesar de los planteamientos del G-20, parece haber países que se niegan a abandonar Bretton Woods.

Hay que agregar, en este último concepto, lo que los economistas llaman “efecto esloveno”, esto es, la existencia de pequeños mercados sin crecimiento y sin reformas estructurales y sin atractivo para la inversión extranjera. Es lo que el profesor Adolfo Castilla (catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Antonio de Nebrija) llama “Los cinco dedos de la muerte económica”, tomando la expresión del inglés “The five fingers of death”, utilizada por las películas americanas del cine negro. Al “efecto Eslovenia” agrega la subida continua de los tipos de interés, el decrecimiento de los Estados Unidos, la presión fiscal al alza y la apreciación continuada de los tipos de cambio. El peligro radica en una eventual reactivación de la crisis por una actuación incorrecta de las instituciones reguladoras de la economía mundial.

Hay que agregar que las tensiones políticas cambian el marco en que se hacen negocios en el mundo. Las economías emergentes ofrecen peligros de este tipo, por la disparidad en sus ingresos. Ya, en buena parte, el éxito no depende del uso de avanzada tecnología o de los costes sino del juego político, especialmente antinorteamericano. Sumemos la corrupción y la inseguridad jurídica.

En definitiva, la reciente crisis dejó heridas en lo que Marcelo Manucci (Doctor en Ciencias de la Comunicación –USal–) llama la hasta ahora “estructura económica forzadamente idealizada”. Más aún, la crisis afectó severamente un modelo de realidad. El nacimiento del nuevo mundo global presenta desafíos y acontecimientos inéditos. Ahora el cambio en el manejo económico mundial o es coherente con esta nueva realidad o marchará hacia otro ciclo de paradojas. Es necesario abandonar aquí también los viejos paradigmas e inmiscuirse en el nuevo sentido.

Vivimos en un entorno circular en movimiento. “No hay ni comienzo ni terminación del proceso”, asegura Jay W. Forrester, considerado el padre de la “Dinámica de sistemas”. Stefano Zamagni (Departamento de la Economía de la Universidad de Bologna y experto en economía del Tercer Sector Europeo) nos recuerda acertadamente que las teorías económicas no son nunca neutrales y también que el paradigma vigente hasta ahora llamado “neoliberal” olvida esta verdad. Ahora bien, la crisis nos planteó el recuerdo de la reunión de Rambouie (1975), en las cercanías de París, en la cual los jefes de los seis países más desarrollados acordaron poner en marcha la privatización y la liberalización. Y es precisamente eso lo que ha quedado desestructurado y donde se puede poner el énfasis de lo que yo he llamado repetidas veces el predominio de la economía sobre la política. Y un dato que Zamagni injerta, el que las guerras civiles desde los años 70 se han dado en gran medida por el aumento de la desigualdad (Kosovo, tutzis y hutos, Eritrea y Somalia, Chechenia, etcétera). Y por supuesto, la segunda emersión, la de nuevas formas de totalitarismo. De allí la teoría neo-estatalista que se practica en Venezuela, la de un Estado voraz que se lo come todo, que se enfrenta al desmoronamiento del Estado-nación considerándolo una simple maniobra neoliberal, olvidando que ese poder está perdido en el altar global y que no conduce más que a un neomercantilismo.

Tal vez inspirados en el espíritu de Rambouie hoy todavía muchos sostienen “dejar pasar”, olvidando la obligación humana de la economía. El nuevo mundo económico tiene que estar marcado por una subsidiaridad horizontal que implica el reconocimiento de una sociedad civil transnacional. Esto es, una buena parte de la cooperación internacional para el desarrollo tiene que ir a la sociedad civil organizada y no a las instituciones del Estado-nación desfalleciente. La preocupación por lo humano conlleva a lo que ha sido mi planteamiento base sobre el tema: la política debe recobrar su primacía sobre la economía, las estrategias deben dirigirse a atender la pobreza creciente y las emigraciones consecuentes, más los nuevos grandes temas como la salud, la salud ecológica y la energía, en un envoltorio de lo humano.

Discurso a la nación

Honduras bandera

DISCURSO A LA NACIÓN DEL PRESIDENTE CONSTITUCIONAL DE HONDURAS, ROBERTO MICHELETTI

(21 de septiembre de 2009)

Buenas Noches.

Hoy el pueblo hondureño es, nuevamente, protagonista en el escenario político internacional.

Como huésped provisional en la embajada de Brasil, el ex presidente Manuel Zelaya ha regresado de modo irregular a Honduras.

A pesar de ello, nuestro país está en calma. Prevalece la ley y el orden; y no hay informes de disturbios ni violencia. Y así va a permanecer Honduras.

Hago un llamado a todos mis conciudadanos a permanecer tranquilos. La presencia del Sr. Zelaya en el país no cambia nuestra realidad.

El pasado 28 de junio, el ex Presidente Zelaya fue removido de su cargo legalmente, por decisión de la Corte Suprema de Justicia y el Congreso de este país.

Como lo estipula el Artículo 30 de nuestra Constitución, al decidir regresar a Honduras, el Sr. Zelaya acepta su deber de presentarse ante las autoridades para enfrentar los cargos en su contra por repetidas violaciones a las leyes de Honduras.

No queda claro por qué ha regresado ahora a Honduras el Sr. Zelaya. Solo él lo sabe. Pero yo no puedo arribar a otra conclusión m s que está aquí para continuar obstaculizando la celebración de nuestras elecciones el próximo 29 de noviembre, como lo ha venido haciendo desde hace semanas.

Pero su presencia en el país tampoco cambia el compromiso de todos los hondureños con el proceso electoral, el cual comenzó bajo el propio mandato del Sr. Zelaya hace casi un año y culminará con las elecciones presidenciales el 29 de noviembre.

Mi gobierno respeta el estatuto internacional de la representación brasileña en Honduras.

Esto, pese a que Brasil no nos ha extendido la cortesía de reconocer al gobierno Constitucional de Honduras.

Hago un llamado al gobierno de Brasil a que respete la orden judicial dictada contra el Sr. Zelaya, entregándolo a las autoridades competentes de Honduras. El Estado de Honduras está comprometido a respetar los derechos del Sr. Zelaya al debido proceso.

Los ojos del mundo están puestos sobre Brasil y también sobre Honduras; no dejemos que las pasiones de unos pocos manchen la reputación e imagen de nuestra gente.

El problema que se le ha presentado a Honduras, es uno de naturaleza interna, que debe ser resuelto por autoridades Hondureñas y conforme a su derecho interno.

Este no es un problema que concierna a la paz y la seguridad internacional.

Confiados en el respeto al derecho, defenderemos nuestra democracia representativa, nuestra soberanía y autodeterminación, juntos gobierno, pueblo y sociedad civil.