25 mil estudiantes venezolanos varados en el extranjero

No pueden regresar. El gobierno de Maduro retiene sus divisas

Yusnaby Pérez, Miami.
(CUBANET, 18/2/2015) Desde hace varios meses, unos 25.000 estudiantes venezolanos en el exterior se están viendo seriamente afectados por la imposibilidad de acceder a divisas en su país, lo que ha llevado a algunos al extremo de la indigencia. Así nos cuenta Carlos Moreno, de 32 años, Coordinador Mundial de Estudiantes Venezolanos en el Exterior.
“Yo estuve un año y tres meses siendo analizado, sin que me aprobaran las divisas de CADIVI. Mi papá fue a Caracas y le dijeron que yo estaba siendo investigado porque supuestamente yo no estaba estudiando. Mi papá les dijo que era mentira, que yo incluso era el presidente estudiantil de mi universidad”, narra Carlos.
Los venezolanos para adquirir divisas deben pasar por un proceso burocrático. El renombrado CADIVI, ahora CENCOEX (Centro Nacional de Comercio Exterior), es el encargado de regular la moneda fuerte, que los venezolanos pueden comprar con bolívares.
Desde hace más de cuatro meses el Gobierno de Nicolás Maduro le ha cortado el acceso a los dólares a los miles de estudiantes que actualmente se encuentran en el exterior. Al no tener dólares, los estudiantes son expulsados de los centros de enseñanza y luego de un período determinado deben abandonar el país de forma legal.
“Muchos están en estado de indigencia. Hay jóvenes en España durmiendo en refugios para personas que no tienen casa. Hay estudiantes pidiendo alimentos en bancos de comida”, explica Carlos Moreno, quien ha estado buscando soluciones para este problema.
Lo cierto es que si estos estudiantes no pueden pagar la mensualidad al centro educativo, tampoco pueden pagar el pasaje de regreso a Venezuela en el peor de los casos. Los países más atractivos para los estudiantes venezolanos que pretenden superarse y desarrollar sus conocimientos son Estados Unidos (10 000 estudiantes) y España (4 000 estudiantes).
“En mi caso, he ido a buscar muchachos que han estado durmiendo en los McDonalds por 2 ó 3 días. Uno de ellos tiene 18 años, es casi un niño y está desamparado en Estados Unidos”, explica Carlos.
El 12 de octubre del año anterior, Carlos Moreno y otros estudiantes fueron a Washington y entregaron un documento a la OEA (Organización de Estados Americanos), explicando lo que venía sucediendo. También en busca de ayuda se reunieron con congresistas norteamericanos.
“Otros fueron al consulado de Venezuela en Barcelona y los trataron como delincuentes. Fueron recibidos por cubanos, quienes les negaron desde el principio cualquier ayuda.”
Hasta el momento, la solución que Carlos vislumbra es presionar al Gobierno venezolano para que apruebe las divisas y los estudiantes puedan continuar sus estudios o regresar a Venezuela. A su vez, pesimista ante una posible solución por parte del Gobierno, también está negociando con los diferentes países en que se encuentran los estudiantes venezolanos desamparados, alguna concesión humanitaria que saque a los afectados del limbo migratorio en que se encuentran.
“Hace dos días, Diosdado Cabello me mencionó por televisión nacional diciendo que yo estaba envuelto en actos de conspiración. Y no, lo que estamos haciendo es buscándole soluciones al desastre político que tiene a 25.000 venezolanos pasando penurias en el exterior”, se queja.
La mayoría de los estudiantes tienen miedo de denunciar este atropello porque temen que su familia pueda tener problemas en Venezuela.
Anyeli García, venezolana afectada que se encuentra en la ciudad de Los Ángeles, Estados Unidos, nos amplía la información con una entrevista exclusiva vía telefónica con Cubanet:
  1. Entrevista a Anyeli Gonzalez

(Yusnaby Pérez, bloguero y periodista independiente residente en Cuba, se encuentra de visita en Miami, Estados Unidos)

 

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Censura en Cuba

La telenovela censurada por el Partido

Frank Correa, La Habana.

(CUBANET, 9/2/2015) La telenovela La otra esquina, que se exhibe en el espacio estelar de la noche por el canal Cubavisión, posee una sub trama desconocida para el gran público: los avatares que sufrió para que la autorizaran a salir a escena, luego de largas discusiones en el Comité Central del Partido Comunista.
Escrita por Yamila Suárez, con música de Raúl Paz y dirigida por Ernesto Fiallo, cuenta en su elenco figuras relevantes de la escena cubana donde destacan Blanca Rosa Blanco, Julio César Ramírez, Diana Rosa Suárez, Paula Alí, Fernando Hecheverría, Rogelio Blaín, Cristina Obín, Enrique Molina y el recientemente fallecido actor de la televisión y el cine Raúl Pomares.
Es un periodista del ICRT [Instituto Cubano de Radio y Televisión] quien me cuenta la anécdota. Dice que arde en deseos de escribirlo pero no puede. Por supuesto que pide anonimato y a cambio lo dejo que la cuente:
“Lo de la novela fue de verdad de novela. Después que estuvo terminada y editada, no pudo pasar la censura. En el Comité Central negaron su exhibición. ¿La causa? El argumento central se enmarcaba en torno a la relación homosexual de dos personas de la tercera edad, uno que fallece en los primeros capítulos y el otro, que intenta borrar la distancia que los separa con el hijo de su pareja perdida.
“Argumentaron los sesudos del Comité Central, que era demasiado: ¿dos viejos homosexuales? No. Se permitían ciertos abordes de homosexualidad entre los jóvenes, muy retocadas, pero ¿dos viejos? ¡No…! Finalmente la intervención de Mariela Castro [hija de Raúl Castro y directora del Centro Nacional de Educación Sexual] inclinó la balanza en favor de la libertad de sexo. Por suerte el trabajo de muchos meses y el gasto de recursos no se vieron tirados por la borda”.
¨Pero exigieron a cambio suprimir las escenas donde se abordaba el carácter homosexual de los ancianos. Reconocerlos en su identidad resultaba depravante para la juventud, y poco educativo. Hubo cortes sobre lo editado, es por eso que se impregnó tanta opacidad en el asunto, que quedó como un misterio. Ya se está acercando el final. Se pondrá buena cuando el viejo lo diga por fin¨.
La homofobia aún no está desterrada por completo de las filas del Partido. Los televidentes disfrutan de una versión de La otra esquina, finalmente revisada y editada por el Comité Central, quien dentro de sus prioridades aún cuenta: “Velar porque lleguen al pueblo los valores más altos y excelsos que eduquen y fortalezcan a las futuras generaciones de la sociedad socialista”

Osvaldo

Osvaldo fotoA las tristezas que inevitablemente vamos acumulando a lo largo de la vida, el lunes sumé la muerte de Osvaldo Rodríguez Pérez, uno de los mejores amigos que la suerte me ha deparado. Lo conocí a los pocos días de mi llegada a Las Palmas de Gran Canaria, hace veintidós años. Se le daba bien el humor, tanto como la reflexión sobre asuntos graves. Había nacido en Chile, en la austral y lluviosa Valdivia. En su país padeció la dictadura de Pinochet, la que lo privó de su plaza de profesor universitario, y vino para España. Osvaldo era catedrático de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Las Palmas, en la cual fue responsable del Doctorado de Literatura y dirigía la Cátedra Vargas Llosa. Con la muerte de Osvaldo perdió Pablo Neruda uno de sus críticos más capaces y devotos, y yo a un amigo inolvidable. (En este blog se puede leer el ensayo de Osvaldo Rodríguez Pérez “La poesía póstuma de Pablo Neruda: viaje al interior de sí mismo”, publicado el 16 de julio de 2009.)

El poeta y la Historia

El 20 de enero se cumplieron 83 años del nacimiento de Heberto Padilla, y a propósito de esta efeméride reproduzco el presente artículo, que publiqué en el 2000, año en que falleció el polémico autor de Fuera del juego.
 Padilla y yo. Estocolmo, 1994.

Padilla y yo. Estocolmo, 1994.

Manuel Díaz Martínez
Con la muerte de Heberto Padilla, hace apenas dos meses, ha vuelto a la actualidad el escándalo político que protagonizó el poeta.
El llamado Caso Padilla se inició en 1968, cuando en el concurso de ese año de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) fue premiado el libro Fuera del juego, calificado por el Gobierno de contrarrevolucionario, y culminó en 1971 con el arresto y la autocrítica forzada del poeta.
Sobre este asunto he escrito en otras ocasiones, pero hoy quiero responder una pregunta que se me ha formulado recientemente: ¿Por qué el régimen cubano concedió tanta importancia a Padilla y su libro?
Para responderla hay que situar el Caso Padilla en su contexto histórico, caracterizado, en lo que a las ideas políticas se refiere, por el auge en Occidente de una nueva izquierda ilustrada, no comunista, y por la aparición, dentro de los regímenes comunistas del Este, de grupos de intelectuales disidentes.
Esa nueva izquierda ilustrada consideraba que la revolución cubana era la única de su especie orientada hacia el humanismo, el cual, según Julio Cortázar, es “el único socialismo”, amenazado tanto por el sistema capitalista como por el comunismo dogmático. Esta creencia propiciaba el apoyo de los intelectuales progresistas, antiestalinistas, al proceso revolucionario cubano. Pero, al mismo tiempo, causaba desconfianza en la izquierda dura, empezando por los dirigentes de la Unión Soviética y del resto de las “democracias populares”, cuyo apoyo necesitaba Castro para mantener su revolución y sostenerse en el poder.
En esa pugna entre ortodoxos y heterodoxos se origina el Caso Padilla.
Padilla jugó en Cuba un papel similar al de Evgueni Evtushenko y Alexander Solzhenitsin en la Unión Soviética. Era el mismo que jugaban en Checoslovaquia el dramaturgo Václav Havel y el filósofo Jan Patočka, ideólogos de Foro Cívico y Carta 77. Pero Padilla, a diferencia de esos intelectuales descontentos y de otros que surgieron en Polonia, Hungría, Rumanía, Alemania y Bulgaria, no se oponía al socialismo. Él aspiraba, al igual que sus colegas occidentales de la nueva izquierda y que muchos del Este, a una reforma humanista del sistema, una reforma proyectada hacia la justicia social con libertad. Lo que refleja Fuera del juego es, básicamente, el rechazo de Padilla al hegemonismo del Estado sobre la persona, inherente al modelo soviético. En su libro hay, por tanto, una crítica implícita a la implantación en Cuba de este modelo. Era una crítica peligrosamente oportuna por cuanto llegaba en el instante en que Fidel Castro se echaba en brazos de los soviéticos, con lo cual pasaba cerrojo a los principios democráticos del programa de la revolución -conocido como Programa del Moncada-.
El régimen tenía motivos para inquietarse: de pronto, un poeta brillante que le había servido como periodista y funcionario, con una cultura política enriquecida en sus viajes por los países socialistas, con amigos disidentes en éstos, presenta a concurso un libro cargado de un criticismo que, según la directiva de la UNEAC, era ejercido “desde un distanciamiento que no es el compromiso activo que caracteriza a los revolucionarios”. Además, el conflictivo poemario es elegido para el premio por todos los jurados del concurso de la UNEAC, entre los cuales hay tres poetas cubanos (José Zacarías Tallet, José Lezama Lima y el que esto escribe), quienes resisten las presiones del poder para que no emien el libro.
Cuando desde el Gobierno se afirmó, en medio de la polémica en torno al libro de Padilla, que existía una conjura de intelectuales contra la revolución, se estaba desvelando la causa de la zozobra oficial. El Gobierno creía ver en esa supuesta conjura la aparición en la isla de un grupo de intelectuales contestatarios equivalente a los surgidos en la Europa comunista.
Ninguna prueba más convincente de la inquietud que el Caso Padilla produjo en el régimen, y de por qué la produjo, que el Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura, celebrado en La Habana a fines de abril de 1971, una semana después de la autocrítica de Padilla. Castro usó ese congreso para fusilar políticamente a la intelectualidad democrática que hasta entonces lo había apoyado, presentada ahora por él como instrumento del imperialismo. Allí Castro cerró el cerco en torno a la libertad de expresión en Cuba con el fin e asfixiar en el huevo a una oposición antitotalitaria que ya sentía nacer. Es significativo que en su discurso de clausura del congreso anunciara el cierre, por tiempo indefinido, de las fronteras cubanas a los intelectuales extranjeros -“ratas” los llamó- que condenaron el encarcelamiento de Padilla y denunciaron el giro de la revolución hacia el estalinismo. Entre estos intelectuales figuraban Mario Vargas Llosa, Juan Goytisolo, Jean-Paul Sartre, Susan Sontag, Margueritte Yourcenar e Ítalo Calvino, entre otros muchos.
Aprobando la intervención armada soviética (1968) en la Checoslovaquia secesionista de Dubček y, simultáneamente, rompiendo su ya inconveniente romance con la izquierda heterodoxa -para lo que le vino pintado el Caso Padilla-, Castro halló la manera de reparar sus relaciones con el Kremlin, averiadas desde la Crisis de los Misiles.