Fallece Oscar Espinosa Chepe

Hoy murió el destacado economista Oscar Espinosa Chepe en un hospital de Madrid, donde se hallaba ingresado desde su arribo a España en marzo de este año. Había nacido en Cienfuegos, Cuba, en 1940. Condenado a 20 años de cárcel en la llamada Primavera Negra (2003) por sus análisis críticos de la política económica del régimen castrista publicados en la prensa extranjera, fue puesto en libertad condicional un año después a causa de su grave padecimiento hepático. Antes de pasar a la oposición, trabajó en el Banco Nacional de Cuba y en la embajada cubana en Yugoslavia. Tres libros suyos fueron publicados en España: Crónicas de un desastre, Cuba, revolución o involución y Cambios en Cuba: pocos, limitados y tardíos.

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Severo Sarduy: un testimonio epistolar

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Manuel Díaz Martínez

A propósito del vigésimo aniversario de la muerte de Severo Sarduy, ocurrida en París el 8 de junio de 1993, se ha publicado el libro Cartas a mi hermana en La Habana (Severo Sarduy Cultural Foundation, Miami, 2013), en el cual Mercedes Sarduy reúne, comenta y anota la incesante correspondencia que con ella mantuvo su hermano durante los treinta y cuatro años que duró el exilio de éste.

Severo y yo salimos juntos de Cuba hacia España, con sendas becas del Gobierno Revolucionario, el 12 de diciembre de 1959. Para él fue –muy a su pesar, pero incuestionablemente para bien de su desenvolvimiento como escritor– un viaje sin retorno.

En una de las cartas que me envió luego de mi regreso a La Habana (Severo Sarduy, Cartas, prólogo y notas de Manuel Díaz Martínez, Editorial Verbum, Madrid, 1996), Severo califica su biografía de “aburrido ejercicio literario”. Sin embargo, como la de cualquier intelectual que de algún modo haga resistencia a una dictadura, su vida es, además de un “ejercicio literario”, un conjunto de experiencias que un estudioso de las relaciones entre cultura y poder no debería desdeñar, sobre todo si se interesa en conocer cómo ha sido –y sigue siendo–, en el marco del totalitarismo castrista, esa siempre difícil relación.

Libro estructurado atendiendo a la diversidad temática de los testimonios que contiene, Cartas a mi hermana en La Habana es una inapreciable fuente de información respecto de la vida cotidiana, la evolución política –desde la fe en el proyecto revolucionario de 1959 hasta el desengaño– y la frenética actividad literaria de Sarduy durante su etapa de exiliado, la más extensa y trascendente de su biografía.

Sería injusto concluir esta breve reseña sin destacar la encomiable labor de Mercedes Sarduy como editora y comentarista de la correspondencia de su hermano con ella. Sus notas referenciales y sus esclarecedoras explicaciones facilitan considerablemente la lectura, y hasta a los lectores menos avisados de la tragedia cubana los ponen en condiciones de apreciar el valor humano e histórico de este libro conmovedor.

Protesta la hija de Silvio por veto a músico en Cuba

Recientemente, el joven músico cubano Roberto Carcassés se atrevió a expresar, en un acto oficial que se efectuaba en La Habana y que transmitía en directo la televisión gobiernista (la única que existe en Cuba), una queja por la insoportable situación política que se vive en el país bajo la dictadura de los hermanos Castro. Carcassés pidió elecciones democráticas y libertad de expresión e información. De inmediato, como siempre ha respondido el régimen a los intelectuales y artistas que osan criticarlo y exigirle cambios, Carcassés fue vetado sine die, o sea, condenado al silencio y la marginación por tiempo indefinido. Un fuerte rechazo a este desmán del absolutismo castrista se desató fuera y dentro de Cuba y ha obligado al régimen a dar marcha atrás, al menos en apariencia. Entre quienes han defendido el derecho de Carcassés a opinar libremente sobre lo que acontece en su país figura Violeta Rodríguez Chaviano, y lo ha hecho en Facebook con el texto que a continuación reproduzco, a cuya contundencia argumental se suma el hecho de que su autora es hija del famoso cantautor Silvio Rodríguez, denodado paladín del castrato. Por cierto, todo hay que decirlo, Silvio también se manifestó a favor de su desobediente amigo, compatriota y colega. 

TEXTO DE VIOLETA RODRÍGUEZ CHAVIANO

¿Vivimos en una república o en una escuelita? Solía decir un viejo amigo mío. Definitivamente insistimos en ser una escuelita.

Mientras sigamos viviendo en la Edad Media no tendremos República y sí la Inquisición. Creo, que lo más terrible de la “medida disciplinaria” (como en la escuelita) que han tomado con Roberto Carcassés, alejarlo por tiempo indefinido de la música y de su proyecto Interactivo es, sobre todo, la constatación para todos los artistas cubanos de que efectivamente vivimos en una escuelita y que en cualquier momento la maestra nos manda para “la dirección” y nos supenden de la actividad que, en definitiva, nos da vida. Alejar a un músico de su instrumento, de su música, a un artista de su arte es confinarlo “al hueco” y en el caso de Roberto a cadena perpetua con aquello de: por tiempo indefinido. ¿No se había acabado el pavonato? ¿Quién da estas órdenes? Estamos todos expuestos a medidas como estas. A Roberto Carcassés lo han condenado a morirse de hambre. ¿De qué va a vivir Robertico y su familia si no puede tocar? Somos nosotros mismo los que fabricamos a los discrepantes. Somos nosotros mismos los que les ponemos en bandeja de plata nuestros artistas, nuestra gente, al sediento enemigo.

A Roberto no solo lo castigaron a no tocar, tampoco lo dejan entrar a lugares públicos donde se hace música en vivo y ni siquiera se puede hablar de él en TV. Hoy estuvo Oliver en Mediodía en TV, anunciando el lanzamiento de su DVD en Casa de las Américas, y lo regañaron directivos del ICRT por decir en cámara que Roberto no iba a tocar en el evento. Simplemente dando una disculpa al público porque Roberto, al contrario de como estaba anunciado, no tocaría en el concierto. Pero, ¿en qué acápite de la constitución dice que alguien no puede entrar en algún lugar? ¿Dónde está esa ley? ¿Dónde está escrito el glosario de las palabras que podemos o no decir en los medios? Roberto no ha cometido ningún delito, ni está esperando un juicio bajo prisión domiciliaria. ¿Y tampoco podemos mencionar su nombre en la TV? ¿Pero qué es esto? ¿Cómo pueden tener ese derecho?

Repito, lo que más me impresiona y preocupa del hecho es, sobre todo, este punto: estamos todos expuestos a esta censura. A que nos regañen simplemente por mencionar un nombre, a que un día no nos permitan tocar, actuar, pintar, bailar, ecribir. A que de pronto no nos permitan acceder a un centro nocturno, a un teatro. A que no podamos mencionar a nuestros compañeros de trabajo en los medios. Me parece que eso a estas alturas es una problema infinitamente grave. Eso sí que da miedo.

Conozco a Roberto desde que era una niña y si algo lo identifica es su espíritu pacífico, creo que eso quedó muy claro en el notorio y penado coro. Pensar que Roberto puede representar una amenaza es lo más ridículo que he escuchado en mi vida. Vi en vivo, desde mi casa, el reclamador coro del Robert, me pareció un desatino tremendo sobre todo porque presentí lo que se avecinaba y aunque sigo pensando que ese no era el contexto adecuado para desplegar su pregón , hoy por hoy creo que han sobredimensionado el hecho los Torquemada que nos cobijan. Yo también pensé, como Robertico, que estábamos en una Cuba mejor

Creo que el problema más grande no lo tiene ahora mismo Robertico Carcassés, el problema más grande, gordo, complicado y difícil de componer lo tienen ahora mismo los autores de esta medida, porque lo único que sí han hecho y con creces es destapar una intrincada, profunda e interminable caja de Pandora. Vamos a ver si logran cerrarla.

No pierde Roberto Carcassés a su patria, a Cuba, esa no hay quien se la arranque. La pregunta es: ¿Quiere Cuba perder a su tremendísimo músico Roberto Carcassés? ¿Quiere esta escuelita perder a uno de sus más destacados alumnos?