Basura

En la residencia para estudiantes donde me alojé en París, hace más de cuarenta años, había una femme de ménage, vieja y diminuta, que a todos sorprendía con sus ocurrencias. Allí compartía yo habitación con un pintor cubano que por entonces componía collages con ripios de los afiches más roñosos que hallaba en los muros de la ciudad. Una mañana en que me encontraba solo en el cuarto, madame Léonide, que así se llamaba la mujer, se presentó con sus aperos de limpieza para “hacer la habitación”. Puesta a lo suyo, con la escoba sacó de debajo de la cama del pintor una caja donde éste acumulaba aquellos retazos inmundos, y me preguntó si eso era para botar. Le dije que no y le expliqué cómo con eso mi compatriota hacía cuadros. Le señalé dos recién terminados que colgaban de una pared. Se acercó a ellos y, con el ceño fruncido, los contempló atentamente. En los cuadros, los ripios aparecían pegados en aparente desorden y manchados con brochazos y goterones de pintura blanca. Cuando se hartó de mirar, la viejita se volvió hacia mí y me dijo, apoyada en la escoba y moviendo la cabeza en señal de desolación: “La culpa de todo esto la tiene ese señor Picasso”.

He recordado esta anécdota al enterarme por la prensa de que una empleada de limpieza de la galería londinense Tate Britain tiró al depósito de desperdicios una bolsa de basura que encontró en una sala dedicada al arte de los años 60, y la bolsa era una obra de arte titulada “Recreación de la primera demostración pública de arte autodestructivo”, del plástico alemán Gustav Metzger. El problema fue resuelto por el propio artista, quien hizo un supremo esfuerzo creativo y envió a la galería otra bolsa de basura, la cual se guarda de noche en una caja fuerte para evitar nuevas confusiones. Pienso que lo correcto habría sido que la empleada, para reparar el estrago de que era responsable, hubiese donado a la Tate Britain una bolsa con desperdicios de su casa, con lo cual, además, habría evitado al señor Metzger los gastos de envío y seguro de su segunda bolsa de basura.

Esta noticia me trae a la mente otra que leí en la prensa española hace meses. En un museo del País Vasco —el Kursaal o el Guggenheim—, unos chuscos, aprovechando la ausencia del vigilante, colgaron en una sala un cuadro que ellos habían hecho embadurnando un lienzo con óleos de colores. Allí estuvo atrayendo la respetuosa atención de los visitantes de aquella sala, donde se exhibía arte moderno, hasta que alguien del museo se percató de que esa abstracción estaba colada en la muestra. Después se supo que era una superchería porque, aparte de no estar firmada por ningún artista conocido, sus autores declararon la broma.

Volviendo a París, les cuento que acabo de ver allí, en el Centro Pompidou, un descomunal lienzo de Joan Miró que consiste en una superficie emborronada de azul sobre la que se aburren unos trazos rojos, alargados y oblicuos. Es, creo, de lo último que hizo este pintor que tan juguetona y deliciosa pintura nos dejó. Mientras contemplaba esa especie de mural vacío, ajeno al genio de su autor, descubrí entre los que allí estábamos a madame Léonide. Movía la cabeza desconsoladamente.¨

Discurso en Nueva York

 

MANUEL DÍAZ MARTÍNEZ

 

Queridos amigos:

Por segunda vez estoy en Nueva York. En 1994 me trajo Antonio Benítez-Rojo para hablar en el Amherst College, de Massachusetts, junto a José Lorenzo Fuentes, sobre nuestras experiencias de intelectuales disidentes en Cuba.

Entonces participé, con José Olivio Jiménez y los poetas españoles José Hierro, José Ramón Ripoll y Jesús Fernández Palacios, en el homenaje que la Universidad de Nueva York y la Revistatlántica de Poesía, de Cádiz, ofrecieron al maestro Eugenio Florit en su cumpleaños 90. Concedérseme la oportunidad de ver, oír y abrazar por primera y última vez al poeta de Trópico y Doble acento es, para mí, el primer homenaje que recibí en esta ciudad. El segundo es el presente, por el que doy las gracias al Centro Cultural Cubano de Nueva York y, de manera especial, a mis colegas y amigas Iraida Iturralde, presidenta del Centro, y Lourdes Gil.

También, faltaría más, quiero que conste mi gratitud al Instituto Cervantes.

José Martí aseguraba tener dos patrias: Cuba y la noche. Gertrudis Gómez de Avellaneda y yo tenemos tres: Cuba, España y la noche. La noche es la patria universal de la poesía —”el mármol negro en que se ve uno”, del que habló Miguel de Unamuno desde su severa Salamanca refiriéndose a la oscuridad en el verso martiano.

Recibir, de unos compatriotas ocupados en preservar y difundir en el exilio nuestra cultura, una medalla que se llama La Avellaneda me emociona más que me honra. Es que, más que como galardón, la acojo como símbolo de todo lo que a ellos me une y que a ellos y a mí nos une a aquella camagüeyana del siglo XIX que reclamó a la reina Isabel II, no más subir ésta al trono, atención y justicia para nuestra isla, “que allá, olvidada en su distante zona, (…) libre ambiente a respirar no alcanza”. Es de suponer que doña Tula, autora de tan cubanos versos dirigidos a la hija de Fernando VII, también habría dejado su firma en la Carta de los Diez. Si entonces Cuba no respiraba “libre ambiente”, hoy tampoco lo respira —ahora, claro, no por causa de despotismo colonial alguno impuesto desde una metrópoli europea, sino por el que impone a la nación, desde hace medio siglo, el absolutismo de un monarca vernáculo.

Celebro que el Centro Cultural Cubano de Nueva York relacione la Carta de los Diez con este homenaje que me ofrece y que me permito extender a todos los que, encarando las previsibles represalias, suscribieron la Carta, dos de cuyos principales y más castigados promotores tengo a mi lado: María Elena Cruz Varela y Fernando Velázquez Medina. Lo celebro porque haber suscrito ese desesperado documento —acto de resurrección moral más que de insurrección política— está entre los hechos de mi vida que me enorgullecen.

Soy eso que se llama un hombre de letras, y lo soy en la línea de los mejor dotados para sentir que para pensar. Desde la adolescencia he pretendido ser un poeta, jamás un político. A la política me he acercado siempre desde el ángulo ético, que es de donde suelen acercarse a ella los artistas que no saben nada de política. Pero he comprendido, por propia experiencia, o sea, a fuerza de andar a tropezones en la vida, que proceder de ese ángulo no nos libra de espejismos, ni mucho menos nos hace invulnerables —sino todo lo contrario— a los desdenes, traiciones y desmanes del poder.

Pertenezco a una generación de intelectuales que se enroló en la aventura de convertir en cosa palpable una utopía libertaria guiados por un pastor que, en realidad, se procuraba un feudo, por lo cual no es asombroso que la mía sea una generación frustrada. Lo es, como dije en otra parte, en lo que Lezama llamó “lo esencial político”, pero no sólo o no tanto porque le cambiaron los naipes, sino fundamentalmente porque se dejó avasallar en lo esencial ético.

Esta experiencia, triste y quizás necesaria para entender algunas cosas importantes, me ha deparado una lección que considero el súmmum de cuanto he aprendido en mis setenta años como inquilino de este planeta, que Chateaubriand encontraba aburrido y yo encuentro cada vez más inquietante: nada, sin libertad, es admisible.

La libertad es nuestro bien primario, indispensable bien espiritual, y material, sin el que no somos lo que debemos ser. De ahí que sea lo primero que los pastores de utopías nos escamotean y lo que más nos cuesta recuperar cuando permitimos que nos lo quiten. También he aprendido que la libertad, así sea en el seno de una democracia, se alimenta de coraje. Recordemos a Whitman: “el mundo, oh Libertad, vanamente conspira contra ti”. También hace más de un siglo nos advirtió Mark Twain con su devastadora dicacidad: “La manera más segura de que un hombre se convierta en blanco del desprecio, el oprobio, la difamación y el insulto casi universales es dejarse de las tonterías sobre las inestimables libertades e intentar ejercer una de ellas”.

Quizás mi inseparable pesimismo me confunda, pero siento que, en este milenio que tan infaustamente comenzó —comenzó, para la Historia, muy cerca de donde estamos—, ya apenas se cree en la libertad. Apenas se le hace caso, como si fuese una prenda anticuada, o peor: un ideal reaccionario. Es lo más preocupante que hay ahora mismo.

Quiero terminar estas breves palabras, que son un mensaje de gratitud, leyendo un poema que algunos de los presentes ya me han escuchado:

PATRIA

Una extensión de tierra,

un arco de costa, un mar,

unas casas, unas calles,

tres o cuatro ríos,

un régimen de lluvias,

un jardín, unas montañas,

algunas frustraciones

y quizás una utopía,

un guiso, una canción, un árbol,

una historia en parte emocionante,

una manera de decir las cosas,

los padres que van envejeciendo

en un patio de provincia,

acaso también unos hermanos

que completan la saga familiar,

y unos amigos…

Eso y algo más es patria

si cabe ahí la libertad.

Si no cabe, yo prefiero

morirme de distancia.

Gracias por la paciencia y la generosidad.

 

Nueva York, mayo, 2006

Asesinato en el cielo

El pasado 20 de agosto, el miamense El Nuevo Herald publicó una extensa información, firmada por Wilfredo Cancio Isla, que empieza de esta manera: “El designado sucesor del poder en Cuba, el general Raúl Castro, planificó y ordenó el derribo de las dos avionetas de la organización Hermanos al Rescate en 1996, revela una grabación inédita con su propia voz que obtuvo El Nuevo Herald”.

Escuché la grabación, y todo el que quiera puede oírla en la edición digital del Herald del domingo 20. Dura algo más de 11 minutos y, según los datos aportados por Cancio Isla, la realizaron técnicos de Radio Rebelde el 21 de junio de 1996, durante un diálogo de Raúl con funcionarios y periodistas gubernamentales en el comité del Partido Comunista en la ciudad oriental de Holguín. El general se cuidó de advertir a los presentes que no se publicara nada de lo que allí se decía.

Desde la cinta, refiriéndose a una reunión militar anterior al 24 de febrero de aquel año presidida por él, un Raúl Castro locuaz y distendido hace revelaciones como ésta: “Yo decía que traten de tumbarlos arriba del territorio, pero ellos [los aviones de Hermanos al Rescate] entraban en La Habana y se iban… Claro, con un cohetazo de ésos, avión-avión, lo que viene para abajo es una bola de fuego y que va a caer arriba de la ciudad… Bueno, túmbelos en el mar cuando se aparezcan…”.

El 24 de febrero de 1996, cazas Mig de la Fuerza Aérea de Cuba destruyeron, en cielos internacionales, dos avionetas Cessna 337 de la organización cubana del exilio Hermanos al Rescate, con sede en Miami y dedicada al salvamento de balseros en el Estrecho de la Florida. En la acción perecieron los jóvenes cubanoamericanos Mario de la Peña, Carlos Costa, Armando Alejandre y Pablo Morales. Una tercera avioneta, pilotada por José Basulto, presidente de Hermanos al Rescate, consiguió escapar. Algún tiempo antes de este crimen —al principio reivindicado públicamente por Fidel Castro—, naves similares de la misma organización habían “bombardeado” la ciudad de La Habana con copias de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, considerada subversiva por el Gobierno cubano. (En Cuba, la distribución de este documento es punible.)

La grabación confirma que el ataque a las avionetas fue premeditado y revela que lo autorizó Raúl Castro, quien lo justifica alegando motivos de seguridad.

Nadie mejor que el Gobierno cubano conocía el carácter pacífico de Hermanos al Rescate y que las avionetas abatidas estaban inermes. Era imposible que no lo supiera, teniendo, como tenía, un topo profesional insertado en esa organización; un topo que fue pieza clave en el plan urdido para castigar a quienes, además de salvar balseros, se atrevían a rociar La Habana con la Declaración de los Derechos Humanos y proclamas contra el régimen.

Según la abundante información dispersa por periódicos, revistas y páginas web, Juan Pablo Roque, piloto de la Fuerza Aérea de Cuba, en 1992 llegó a nado a la Base Naval de Guantánamo y pidió asilo a las autoridades norteamericanas, que se lo concedieron. Aunque no era la primera vez que un piloto militar escapaba de Cuba —un caso muy notorio había sido el del general Rafael del Pino, que huyó a Estados Unidos con su familia en un avión civil—, la “deserción” de Roque estuvo presente en la prensa durante cierto tiempo. Poco tardó este agente de la Red Avispa (espías de Castro en Estados Unidos) en alcanzar su objetivo: introducirse en el grupo de pilotos de Hermanos al Rescate, con los que realizó tareas de salvamento de balseros. Escasas horas antes del ataque a las avionetas —él había avisado a La Habana de que éstas volarían el día 24 para arrojar octavillas sobre territorio cubano—, Roque desapareció de Miami y reapareció en la isla imputándole a Hermanos al Rescate la comisión de actividades terroristas contra Cuba.

La operación planificada consistía en pulverizar a cohetazos las tres avionetas cuando estuvieran sobrevolando aguas territoriales cubanas y luego presentar al espía Juan Pablo Roque como el único superviviente. Éste declararía que las avionetas estaban armadas y se dirigían al litoral cubano con una misión bélica.

El fracaso de la operación se debió a que una de las avionetas pudo huir y a que el ataque de los cazas Mig fue observado desde un buque de turismo y un pesquero, cuyos respectivos mandos comprobaron técnicamente, y así lo hicieron saber a la Organización Internacional de Aviación Civil de Naciones Unidas (OACI), que el derribo de las Cessna se produjo sobre aguas internacionales. La OACI certificó este hecho en un informe dado a conocer el 27 de junio de 1996, que fue respaldado por una Resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, en la cual se recuerda que “los Estados deben abstenerse de emplear armas contra aeronaves civiles en vuelo”. Para la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos (OEA) quedó probado que los pilotos fallecidos “fueron objeto de una ejecución arbitraria o extrajudicial por parte de agentes del Estado cubano”.

Ante este asesinato de ciudadanos estadounidenses, Bill Clinton se limitó a refrendar la Ley Helms-Burton, que cada seis meses él mismo desactivaba.

El contenido de la cinta con la voz de Raúl Castro se ha divulgado ahora por primera vez, pero la hermana del piloto Armando Alejandre asegura que una copia de la grabación fue entregada al FBI en enero de 2002 para ser utilizada como prueba en la causa judicial abierta contra los responsables del cuádruple homicidio —una causa que no deberá excluir al Castro menor. El FBI, sin embargo, niega haberla recibido… Pero ésta es otra historia.

La tragedia de las avionetas debe incluirse en los anales de la lucha por la libertad de prensa. Si en Cuba se respetara esta libertad, a nadie se le habría ocurrido lanzar octavillas sobre La Habana desde una avioneta.

TRANSCRIPCIÓN DEL DIÁLOGO ENTRE EL CONTROL DE TIERRA DE CUBA CON LOS MIG Y DE LA COMUNICACIÓN ENTRE ÉSTOS

(FRAGMENTO)

MIG23 a Control: Es blanco y azul, es un pequeño avión, a baja altitud, un pequeño avión.
MIG23 a Control: ¡Dame instrucciones!
MIG29 a Control: ¡Instrucciones!
MIG23 a Control: ¡Oye, autorízame!
MIG29 a Control: Le vamos a dar un pase, le vamos a dar un pase.
MIG23 a MIG29: Si le damos un pase, esto se puede complicar.
MIG29 a MIG23: Le vamos a dar un pase.
MIG23 a Control: ¡HABLA, HABLA!
Control a MIG23: Dime si me estás recibiendo.
MIG29 a Control: Lo tengo en la mirilla, lo tengo en la mirilla.
MIG23 a Control: Lo tenemos en la mirilla. ¡Danos la autorización!
MIG29 a Control: Es un Cessna 337.
MIG23 a MIG29: Ése es, ése. ¡Danos el…(Gritos)!
Control a MIG23: Danos el (gritos)…lo tengo.
Control a MIG29: Autorizado a destruir.
MIG29 a Control: Voy a disparar.
Control a MIG29: Autorizado.
Control a MIG29: Autorizado a disparar.
MIG29 a Control: Ya hemos copiado, ya hemos copiado.
Control a MIG29: Autorizado a disparar.
MIG29 a Control: ¿Dónde está? ¿En frente?
Control a 08: Autorizado a destruir.
MIG29 a Control: Estamos listo.
Control a MIG29: Autorizado.
MIG29 a Control: Roger, ya lo recibí.
MIG29 a Control: “Coño”, ahora.
Control a MIG29: ¿Ya disparaste?
MIG29 a Control: Primer disparo.
MIG29 a Control: LE DIMOS, COÑO, LE DIMOS…(Gritos)
MIG23 a MIG29: …Gritos.
MIG29 a MIG23: LE PARTIMOS LOS COJONES.
MIG23 a MIG29: Espera, espera, ¡mira a ver dónde cayó!
MIG29 a MIG23: LE DIMOS EN LOS COJONES.
MIG29 a MIG23: Marca el lugar donde lo tumbamos: Está (¿Hecho mierda? …ininteligible)
MIG23 a MIG29: Éste no nos jode más.Tomado del portal internet CIRCUITO SUR, Boletín CS abril 1996, http://www.aguadadepasajeros.bravepages.com/menu2/rescate1.htm

El paraíso encontrado

Es imposible escoger el sitio donde se nace. En primer lugar, porque nueve meses no alcanzan para ver todos los catálogos de las agencias turísticas. Además, antes de nacer, uno no sabe, por ejemplo, si le gustará más entenderse con la gente en noruego que en guaraní, o ser canario o lapón. Tampoco sabe si preferirá caer en La Habana, cerca del Floridita, por aquello de tener garantizado un daiquirí a la caída de la tarde, o en Logroño, junto al bar de Colo, para que no le falten los tintos de Alfonso Lanza.

Si me hubiesen preguntado dónde quería nacer, a lo mejor no se me habría ocurrido decir que en Cuba, isla que el acaso seleccionó para que yo pegara mi primer grito y los demás. Ya dijo el áspero Quevedo que “A llanto nace el hombre…”

Hay prójimos que viven orgullosísimos de su lugar de nacimiento, como si lo hubiesen escogido, o los dioses los hubiesen escogido a ellos para poblar ese edén. Para ellos, ésa es la mejor parcela del ancho mundo, el paraíso encontrado. Quizás sea porque nacieron allí. (Ya veríamos si hubiesen nacido en otra parte.) Ahora recuerdo al poeta Carlos Guido y Spano, autor de una redondilla que me alucina y que cito de memoria: “Qué me importan los desaires / con que me trata la suerte. / Argentino hasta la muerte, / he nacido en Buenos Aires”. (Es una lástima que mi suegro, que llevaba mal su parkinson, no fuera argentino.) Una paisana mía, vedette pensionista, proclamó en la televisión su patriotismo con tanta vehemencia que dijo ser “cubana por los cuatro poros” —sin identificarlos—, con lo cual dejó al resto sin DNI, a merced de las autoridades castristas de inmigración.

La idolatría al suelo natal es egolatría sublimada. Tan sublimada, que en las lonjas políticas se vende con marbete de patriotismo. Y se vende bien. No hay pago en que no sean legión quienes compran gato por liebre.

Hace más de un siglo que José Martí notó que el aldeano vanidoso cree que su aldea es el mundo. El habanero Martí, hijo de valenciano y canaria, que murió encima de un caballo por la descolonización de Cuba, dijo paladinamente que la patria —¿por qué no se dirá matria, si el concepto atañe a la maternidad y siempre lo encarna una mujer?— es el palmo de tierra que nos sustenta y donde somos respetados y libres, sea o no aquél en que por azar, bajo un abedul o un papayo, echamos la primera meada.

Su experiencia de eterno exiliado, en tránsito agónico de un país a otro, enseñó a Martí a vivir como ciudadano del mundo, gracias a lo cual tuvo la suerte de concebir el patriotismo como un humanista y no como un aduanero. Leyendo sus discursos, sus poemas, sus cartas, he comprendido que patria es el hombre. El hombre en el universo. Sólo un libertador de la conciencia podía escribir, cuando emprendía la guerra contra el poder colonial español —que él entendía necesaria y quería sin odio—, estos versos sencillos:

Estimo a quien de un revés

Echa por tierra a un tirano:

Lo estimo, si es un cubano,

Lo estimo, si aragonés.


Palabras contra los intelectuales

 

Fidel Castro acaba de cumplir 80 años. Cuando tenía 35, sus laureles de guerrillero vencedor de una dictadura, recién conquistados en la Sierra Maestra, deslumbraban y le otorgaban un prestigio incalculable. Entonces, el joven mesías de pistola al cinto iniciaba el liderazgo de una revolución victoriosa, saludada por casi todos los cubanos, por casi todo el mundo. Aquellos momentos estelares de su entrada en la historia fueron aprovechados por él para echar los cimientos del poder cesáreo que ha ejercido durante más de la mitad de su vida.

Para que una dictadura se sostenga, ante todo tiene que controlar las fuerzas armadas y suprimir la libertad de prensa. Quizás por su propia perspicacia, pero también porque en el Presidio Modelo y en la Sierra fue atento lector de Lenin, de José Antonio Primo de Rivera y creo que también de Curzio Malaparte, Castro tenía esto muy claro. Tan claro, que en asumiendo el poder ocupó los mandos del Ejército y la Policía nacionales con oficiales de su guerrilla y desmanteló la Prensa independiente.

El dictador Fulgencio Batista huyó de Cuba el 1 de enero de 1959, y el día 4 se formó el primer Gobierno de la revolución. Apenas año y medio después son incautados y clausurados todos los periódicos del país, menos el comunista Noticias de Hoy, que durante cinco años más seguiría compartiendo estanquillos con el fidelista Revolución (luego Granma), fundado en la Sierra Maestra. Las emisoras de radio y televisión también fueron nacionalizadas.

Pocos meses después de la desaparición de la Prensa libre, la regimentación ideológica de la cultura sería proclamada por el propio jefe de la revolución. La política cultural del nuevo régimen no pudo tener un nacimiento más revelador de lo que con ella se buscaba: nació, en 1961, con el veto a una película y el cierre de una revista. Estos desmanes, propios de los totalitarismos, ensombrecieron el noviazgo de la mayoría de los intelectuales con los dirigentes revolucionarios, abriendo entre unos y otros una brecha de desconfianza mutua que sucesivos desencuentros fueron ahondando. El más publicitado de tales desencuentros fue el Caso Padilla.

Llegó el Comandante y mandó parar

El periódico Revolución, del Movimiento 26 de Julio (organización insurreccional creada por Castro para combatir la dictadura de Batista), comenzó a circular en 1956. Tres años más tarde, derrocado Batista, dejó de ser una publicación clandestina para convertirse en el principal vocero del Gobierno revolucionario. Su fundador y primer director fue Carlos Franqui, hombre de confianza y amigo personal de Castro.

Franqui, un animador de cultura que había sido militante comunista y que pertenecía al mayoritario sector socialdemócrata del Movimiento 26 de Julio, se propuso contribuir a la renovación y dinamización de la vida intelectual cubana. “Mi idea dentro del país”, ha dicho, “era hacer pensar a la gente y poner a las nuevas generaciones al día”.

Al hilo de la efervescencia social provocada por la victoria revolucionaria, Revolución se dio a la tarea de promover el debate y divulgar lo más vivo de la literatura, el arte y el pensamiento político nacionales y extranjeros. Para ello acogió a un grupo de escritores, periodistas, diseñadores gráficos, dibujantes y fotógrafos, mayoritariamente jóvenes, de proyecciones estéticas y políticas heterogéneas, que estaban por la tarea de incorporar la cultura a la revolución y la revolución a la cultura.

Lo primero que hizo Franqui fue crear una página titulada Nueva Generación, atendida por el poeta y periodista Roberto Branly. Luego ideó un magazine que saldría los lunes con el diario. Así nació, el 23 de marzo de 1959, el tabloide Lunes de Revolución, sin duda el más polémico y leído suplemento cultural de la Prensa cubana. Para dirigirlo escogió a Guillermo Cabrera Infante. El poeta Pablo Armando Fernández asumió las funciones de subdirector.

En las páginas de Lunes, iluminadas por el grafismo novedoso de diseñadores como Jacques Brouté, Tony Évora y Raúl Martínez, colaboraron, entre otros autores del patio, Néstor Almendros, Antón Arrufat, José A. Baragaño, Calvert Casey, Edmundo Desnoes, Roberto Fernández Retamar, César Leante, José Lezama Lima, Heberto Padilla, Virgilio Piñera, Severo Sarduy y José Triana. Lunes también publicó textos de autores extranjeros, como Miguel Ángel Asturias, Jorge Luis Borges, Carlos Fuentes, Jaime Gil de Biedma, Juan y Luis Goytisolo, Nazim Hikmet, Blas de Otero, Pablo Neruda, Jean-Paul Sartre, Nathalie Sarraute y muchos más. Junto a la literatura y el pensamiento político (en este último apartado figuran textos de Fidel Castro, Ernesto Guevara, Mao Zedong, Lenin, Trotski, Milovan Djilas…), en el magazine tuvieron privilegiada presencia las artes plásticas. El número final, aparecido el 6 de noviembre de 1961, contiene un espléndido homenaje a Picasso.

Aunque, como recuerda Pablo Armando Fernández, “Lunes y el periódico Revolución contribuyeron a la desaparición de la prensa capitalista, con campañas muy efectivas y continuas”, y aunque se dedicaron números especiales del magazine a loar a la República Popular China, Laos, Vietnam y Corea del Norte —países donde había cualquier cosa menos libertades democráticas—, Lunes, dando muestra de las ensoñaciones edénicas y confusiones ideológicas imperantes en aquel momento, hasta el último aliento se mantuvo fiel a su praxis aperturista y pluralista. A ella debió su atractivo, pero también su deceso. Pese a su fidelismo y antiimperialismo radicales, Lunes, por su actuación independiente y, para algunos, intelectualista y anárquica, ingrata a los aliados comunistas de un Castro cada vez más distante de su 26 de Julio, sucumbió bajo la misma espada que había ayudado a blandir contra la “prensa capitalista”. Un factor importante en la muerte de Lunes fue el anticomunismo de Franqui y Cabrera Infante.

Los editores de Lunes se presentaron, en el primer número del suplemento, como “un grupo de amigos” sin “una decidida filosofía política”, pero que no rechazaban “ciertos sistemas de acercamiento a la realidad (…) como la dialéctica materialista o el psicoanálisis o el existencialismo”, y anunciaron que dedicarían “buena parte del magazine a divulgar todo el pensamiento contemporáneo que nos interesa y nos toca”, pues tenían el propósito de “realizar para Cuba la labor divulgatoria (sic) que hiciera en España una vez la Revista de Occidente”.

Las discrepancias ideológicas latentes entre el grupo de Lunes y los marxistas ortodoxos del Partido Socialista Popular (PSP), cada vez mejor posicionados en el Gobierno, estallaron cuando el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), dominado por los últimos, confiscó el documental titulado P.M., de Sabá Cabrera Infante, patrocinado por el periódico Revolución. El ICAIC alegó que P.M. ocultaba el clima revolucionario existente en el país ofreciendo una visión frívola de la noche habanera.

La polémica provocada por este suceso dividió a la intelectualidad cubana, que mayoritariamente repudió la censura impuesta por el ICAIC y justificada por el PSP con el respaldo del Gobierno. Los bandos en pugna, que comenzaron polemizando en los periódicos, finalmente se enfrentaron, en la Casa de las Américas, en una masiva asamblea cuyo borrascoso desarrollo reveló a los dirigentes de la revolución la necesidad de “disciplinar” a los intelectuales. (Meter en cintura la intelligentsia es otro requisito para garantizar la estabilidad de una dictadura.)

Fue entonces cuando Castro decidió reunirse con los intelectuales para escucharlos, pero sobre todo para que lo escucharan a él. Los encuentros de los intelectuales con Castro —a los que también asistieron el presidente de la República, el ministro de Educación, la directora del Consejo Nacional de Cultura y otros altos cargos del Gobierno, la mayoría miembros del PSP— se efectuaron en La Habana, en la Biblioteca Nacional, los días 16, 23 y 30 de junio de 1961.

El amplio salón de actos de la Biblioteca resultó pequeño para la cantidad de escritores y artistas que acudieron a aquellas citas, yo entre ellos. Muchos temían que la controversia entre Lunes y el ICAIC, que era un episodio de la inevitable pugna entre la libertad de creación y el dirigismo comunista, la zanjara Castro a favor del ICAIC, con lo cual quedaría abierto el camino a la censura de Estado. Virgilio Piñera, uno de los más notables escritores cubanos contemporáneos, fue el único de los allí reunidos que se atrevió a revelar el miedo que “flotaba en el ambiente”.

Castro clausuró los encuentros confirmando esos temores: no sólo sancionó el veto del ICAIC a P.M., sino que, además, decretó la muerte de Lunes y nos dedicó un discurso, Palabras a los intelectuales, con una receta de la censura —inspirada por otra de Benito Mussolini—, cuya ambigüedad la hace doblemente inquietante: “Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada”.

¿Qué cae dentro de la revolución y qué se le opone? Desde entonces, para evitar problemas, hay (o había) que esperar lo que en cada momento diga (o dijera) el Comandante. 

DIÁLOGO DE VIRGILIO PIÑERA CON FIDEL CASTRO EL 16 DE JUNIO DE 1961 EN LA BIBLIOTECA NACIONAL. (TRANSCRIPCIÓN MECANOGRÁFICA)

PIÑERA: Como Carlos Rafael ha pedido que se diga todo, hay un miedo podíamos calificarlo virtual que corre en todos los círculos literarios de La Habana, y artísticos en general, sobre que el Gobierno va a dirigir la cultura. Yo no sé qué cosa es cultura dirigida, pero supongo que ustedes lo sabrán. La cultura es nada más que una, un elemento… pero que esa especie de ola corre por toda La Habana de que el 26 de Julio se va a declarar por unas declaraciones la cultura dirigida, entonces…

FIDEL CASTRO: ¿Dónde se corre esa voz?

PIÑERA: ¿Eh? se dice…

FIDEL CASTRO: ¿Entre quiénes se corre esa voz? ¿Entre la gente que está aquí se corre esa voz? ¿Y por qué no lo han dicho antes?

PIÑERA: Compañero Comandante Fidel yo puedo decir que he oído hablar de esa voz entre las personas que yo conozco.

MODERADORA: Yo propongo a la asamblea que no interrumpa a los compañeros que están haciendo uso de la palabra. (Risas.)

MODERADORA: No, el compañero Fidel lo que hizo fue una pregunta.

PIÑERA: Los compañeros podrán decir lo contrario, pero como yo lo sabía, pues he querido sacarlo a colación, como se ha sacado algo de una película, entonces eso es porque como Carlos Rafael dijo que había luchas planteadas, y yo no digo que haya temor, sino que hay una impresión, entonces yo no creo que nos vayan a anular culturalmente, ni creo que el gobierno tenga esa intención, pero eso se dice. Que lo niegan, está bien, pero se dice. Y yo tengo el valor de decirlo no porque crea que los que nos van a dirigir nos van a meter en un calabozo ni nada, pero eso se dice.

La realidad es que por primera vez después de dos años de revolución por la discusión de un asunto los escritores nos hemos enfrentado a la revolución y ahora es y propongo a este Congreso que tenemos que rendir cuentas, comprende, y entonces este hecho pues nos produce un poco de impresión, digamos, aunque no digamos el temor. Y eso trae consecuentemente una serie de preguntas y de cosas que uno se hace que van corriendo y se van formando y en ese aspecto como Carlos Rafael pidió una franca franqueza, perdonando la redundancia, yo por eso lo digo, sencillamente, y no creo que nadie me pueda acusar de contrarrevolucionario y de cosas por el estilo porque estoy aquí y no estoy en Miami ni cosa por el estilo. Voy a cumplir 41 años y he dedicado toda mi vida a la literatura y todos ustedes me conocen. Así que como dijo el compañero Retamar, aquí no hay ningún compañero contrarrevolucionario. Todos estamos de acuerdo con el Gobierno y todos estamos dispuestos a defender y a morir por la revolución, etc., etc., pero eso es una cosa que está en el aire y yo la digo. Si me equivoco, bueno, afrontaré las consecuencias.

FIDEL CASTRO: ¿Pero equivocarte de qué?

PIÑERA: No equivocarme no, algunos compañeros dicen que eso no flota en el ambiente, pero yo digo que sí, ¿comprende? E incluso lo digo un poco como chiste de que lo van a declarar el 26 de Julio, pero es una impresión que hay sencillamente y es porque los artistas hasta ahora trabajaron en condiciones anárquicas y porque usted sabe perfectamente y sufriendo explotación como el pueblo y por los gobiernos que teníamos. Ahora no los tiene y entonces tiene que preguntarse por qué se especula, y es sencillamente porque se hace 50 mil preguntas. Porque todo lo que se ha dicho aquí, al fin y al cabo si se va a manifestar como se dice, se han manifestado dudas y reservas sobre cómo debe ser la creación artística. Está en el ambiente, lo que pasa es que no lo han dicho, lo han dicho con optimismo. Yo lo digo “ramplán”.

Transición sí, sucesión no

El traspaso provisional de poderes de Fidel Castro a su hermano Raúl responde a la voluntad continuista de la dictadura que ambos encabezan y que, durante casi medio siglo, ha negado las libertades democráticas al pueblo de Cuba. Este régimen, además, ha arruinado el país y ha dividido a la sociedad cubana.

Cuba necesita y demanda una transición democrática pacífica que dé paso a la reconstrucción nacional, en la que todos los cubanos puedan tomar parte. La continuación de la dictadura seguirá sumiendo a la Isla en el caos y sólo deja abierto el camino a la violencia.

En las actuales circunstancias, es imprescindible la unión de los cubanos demócratas, estén donde estén, porque de su unidad de acción depende que el pueblo de Cuba se libre del caudillismo castrista y recupere su soberanía. Para este fin, recabamos la cooperación de los Gobiernos democráticos, de las Naciones Unidas, de la Unión Europea y de la Organización de Estados Americanos, así como de los partidos políticos, la Prensa, las instituciones y la intelectualidad comprometidos con las libertades y los derechos humanos. Y, desde luego, de todos los que deseen la libertad de la nación cubana.

Firmas:

Ladislao Aguado (escritor. Cuba-España), Armando Álvarez Bravo (poeta, periodista. Cuba-EEUU), Jorge Luis Arcos (poeta, ensayista. Cuba-España), Jesús J. Barquet (poeta, profesor universitario. Cuba-México), Sonia Bravo Utrera (escritora, profesora universitaria. Cuba-España), Madeline Cámara (escritora, profesora universitaria. Cuba-EEUU), Aurora Calviño Hermida (editora, Cuba-España), Alberto Jorge Carol (pintor, Cuba-EEUU), Jorge Castellanos (ingeniero, profesor universitario. Cuba-Canadá), Ena R. Columbié (escritora. Cuba-EEUU), María Elena Cruz Varela (poetisa, novelista. Cuba-EEUU), Francisco José Cruz (poeta, editor. España), Belkis Cuza Malé (poetisa, editora. Cuba-EEUU), Claudia Díaz Gronlier (ingeniera, arquitecta técnica. Cuba-España), Gabriela Díaz Gronlier (teatróloga, librera. Cuba-España), Manuel Díaz Martínez (poeta, periodista. Cuba-España), Nancy Estrada (periodista. Cuba-EEUU), Jesús Fernández Palacios (poeta, editor. España), Pablo Fernández Barba (guionista de cine. España), Lourdes Gil (poetisa, profesora universitaria. Cuba-EEUU), Alejandro González Acosta (escritor, profesor universitario. Cuba-México), Liliane Hasson (escritora, traductora. Francia), Ofelia Hudson (poetisa, profesora universitaria. Cuba-EEUU), Daniel Iglesias Kennedy (novelista, Cuba-España), Alberto Lauro (poeta, novelista. Cuba-España), Felipe Lázaro (poeta, editor. Cuba-España), Jacobo Machover (escritor, profesor universitario. Cuba-Francia), Rita Martín (poeta, narradora, profesora universitaria. Cuba-EEUU), Alfonso Martínez Galilea (editor. España), Ángeles Mateo del Pino (ensayista, profesora universitaria. España), Carlos Alberto Montaner (escritor, editor, presidente de la Unión Liberal Cubana. Cuba-España), Fabio Murrieta (ensayista, editor. Cuba-España), Norma Niurka (periodista, crítica teatral, poetisa. Cuba-EEUU), Stéphanie Panichelli-Batalla (escritora, profesora universitaria. Bélgica), Grace Giselle Piney Roche (editora. Cuba-España), Jorge Pomar Montalvo (escritor, traductor. Cuba-Alemania), Frank Rivera (escritor. Cuba-EEUU), Blanca Reyes Castañón (Cuba-España), Miguel Rivero (periodista. Cuba-Portugal), Raúl Rivero (poeta, periodista. Cuba-España), Osvaldo Rodríguez (ensayista, catedrático universitario. Chile-España), Rafael Rojas (historiador, profesor universitario. Cuba-México), Miguel Ángel Sánchez (periodista. Cuba-EEUU), Mercedes Sarduy (psicóloga, presidenta de Severo Sarduy Cultural Foundation. Cuba-EEUU), Pío E. Serrano (poeta, ensayista, editor. Cuba-España), Fernando Velázquez Medina (novelista, periodista. Cuba-EEUU), Jordi Virallonga (poeta, profesor universitario. España).► Agosto, 30, 2006