MORINGA

Cristóbal Colón descubrió en Cuba el tabaco –cohíba, en lengua taína– después de navegar durante días y noches interminables en una frágil embarcación por un océano desconocido. Hernán Cortés descubrió en México el chocolate –xocolatl, en lengua náhuatl– cuando exploraba, jugándose el pescuezo, el ignoto imperio de los aztecas. Fidel Castro, sin salir del Punto Cero –mastaba tropical climatizada donde ejerce de augur–, ha descubierto la moringa, exótica planta nutricia y curativa, más prodigiosa que el jamón de Jabugo y el bálsamo de Fierabrás. Gracias al Comandante, ¿a quién si no?, al fin los cubanos han encontrado la dicha, el bienestar, el sosiego. Tras medio siglo construyendo heroicamente el socialismo, tienen ya lo que tenían que tener: la moringa (cuyo único inconveniente, en la Antilla mayor, es la rima que provoca).

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TOMÁS MORALES: POLÉMICA

Caricatura de Tomás Morales, por José Hurtado de Mendoza. 1921.

El nombre del poeta grancanario Tomás Morales (1884-1921) aparece en la prensa local en estos días por una polémica en la que están involucrados, de una parte, los descendientes del poeta y una plataforma de antiguos alumnos del Instituto Tomás Morales, y, de otra, la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias. Los primeros protestan porque al citado plantel de enseñanza secundaria le retiran el nombre de Tomás Morales, lo que han interpretado como un agravio a este icono de la literatura insular. La nieta del autor de Las rosas de Hércules, doña Leonor Morales Manrique de Lara, ha manifestado su indignación y la de toda su familia. He leído en el diario La Provincia que el Instituto Tomás Morales pierde su nombre al fundirse con el Instituto Santa Teresa de Jesús, que también pierde el suyo, y pasar a llamarse IES Gran Canaria el nuevo centro docente que resulta de dicha fusión. No obstante, y sin reconocer en este caso ningún motivo de indignación, voto por que al nuevo instituto le den el nombre del poeta, aunque plazas, calles, parques y bustos no le faltan a éste en su isla natal, donde, que yo sepa, nadie se propone hundirlo en el olvido. Seguro estoy de que Santa Teresa de Jesús, santa al fin y con tantos altares y rezos que la exaltan en el mundo, no se enfadaría. Claro, habrá que ver qué pasa con sus devotos.

TESTAMENTO POLÍTICO DE ELOY GUTIÉRREZ MENOYO

Ayer murió en un hospital de La Habana, a los 77 años, Eloy Gutiérrez Menoyo. Un hombre de vida novelesca. Había nacido en Madrid, de padres españoles, y siendo niño emigró a Cuba con su familia. Fue comandante en la contienda guerrillera contra la dictadura de Batista, amigo y enemigo sucesivamente de Fidel Castro, preso político en calabozos de la revolución, exiliado en Miami y fundador del grupo anticastrista Cambio Cubano. Desde el exilio regresó a la isla por su cuenta y riesgo en dos ocasiones: la primera, en 1965, para hacerle oposición armada a Castro, y la segunda, en 2003, para hacerle oposición pacífica. Lo conocí personalmente en Madrid y conversé con él media hora en la terraza de un bar. Gobernaba entonces Felipe González, quien consiguió sacarlo de la cárcel donde Castro pensaba tenerlo treinta años.

  • HECHA AÑICOS Y SIN EL SOCORRO DE LA DESAPARECIDA ESFERA COMUNISTA, NO LE QUEDABA A CUBA OTRA SALIDA QUE NO FUERA EL CAMBIO.
  • ME ENFRENTO HOY A UNA CUBA DESOLADA EN LA QUE EL CARÁCTER ÉTICO DEL PROCESO DE 1959 SE HA HECHO INEXISTENTE.
  • LA EXTRANJERIZACIÓN DE LA ECONOMÍA SE MONTA PRECARIAMENTE SOBRE UNA FÓRMULA ABSURDA Y DESBALANCEADA QUE EXCLUYE EL PROTAGONISMO Y LA INICIATIVA NACIONAL.
  • EL GOBIERNO CUBANO NO DEJA DUDA DE SU INCAPACIDAD DE CREAR PROGRESO.

Eloy Gutiérrez Menoyo, cubano nacido en Madrid en 1934, comandante de la revolución que depuso al dictador Fulgencio Batista, dictó este texto a su hija durante su enfermedad para que fuese publicado a su muerte:

Gutiérrez Menoyo

El año 1959 registró un acontecimiento que parecía marcado por la poesía: la Revolución Cubana. De aquella Revolución, esparcidos por la isla y por el mundo, quedan hoy restos dolorosos de un naufragio. En el 2003 regresé a Cuba. Enemigo en un tiempo del Estado cubano y percibido así oficialmente, intentaba una actividad pacífica que fecundara a favor de un espacio político. Durante años, desde el exilio en visitas puntuales a Cuba, habíamos dialogado con este gobierno con vista a una apertura política. Con el país hecho añicos, sin el socorro de la desaparecida esfera comunista, no le quedaba a Cuba otra salida que no fuera el cambio.

Así se lo manifesté a Fidel Castro en nuestros encuentros que consideré breves pero sustantivos. Sin embargo, desde mi llegada sorpresiva, no se me ha extendido el carnet de identidad ni se me ha otorgado el espacio político que se discutió en un tiempo. Es cierto que se ha tolerado mi presencia pero ello ha ocurrido bajo el ojo orwelliano del Estado que se ha preocupado por observar de cerca a nuestra militancia.

En el tiempo que he pasado aquí, he visto también la destitución de sus cargos de algunos de los funcionarios oficiales que compartieron conmigo y otros activistas de Cambio Cubano, no sólo la preocupación por los problemas que asolan a nuestro pueblo, sino también la urgencia de producir la necesaria apertura política. Esa apertura política traería consigo grandes transformaciones que se hacen impostergables y para las cuales no faltó en los momentos de nuestras conversaciones cierto estímulo alentador por parte del más alto liderazgo de este país.

Hoy día, sin perder mi fe en el pueblo cubano, denuncio que aquella empresa, llena de generosidad y lirismo, que situaría de nuevo a Cuba a la vanguardia del pensamiento progresista, ha agotado su capacidad de concretarse en un proyecto viable.

Comparto esta realidad con los mejores factores del pueblo cubano, estén en el gobierno, en sus depauperadas casas o en el exilio, y asumo la responsabilidad de este tropiezo a la vez que me reafirmo en las ideas que en su inicio suscitaron la admiración de amplios sectores cubanos e internacionales. Hago esta declaración en medio también de un diagnóstico médico en lo que va menguando mi salud personal. Asumo la responsabilidad de esta batalla y no me amedrenta el hecho de que algunos puedan calificarla de fracaso. La voluntad de perpetuarse en el poder de Fidel Castro ha podido en este caso más que la fe en la posible renovación de los mejores proyectos cubanos desde fecha inmemorial. ¿Cuál es la Cuba a la que me enfrento hoy en medio de mi enfermedad? Es una Cuba desolada en la que el carácter ético del proceso de 1959 se ha hecho inexistente. El ciudadano ha ido perdiendo consciencia de sí mismo: se resiste aunque a veces no lo exprese y la juventud se sustrae y convierte el deseo de escapar en una obsesión desmesurada. Grandes sectores de la gente de a pie ya sabe de memoria que esta revolución ya no tiene sentido moral. El cubano ha ido perdiendo su esencia. Sobrevive en la simulación y en ese extraño fenómeno del doble lenguaje. Las estructuras son irracionales. La extranjerización de la economía se monta precariamente sobre una fórmula absurda y desbalanceada que excluye el protagonismo y la iniciativa nacional.

El gobierno que pregonó ser del pueblo y para el pueblo no apuesta por la creatividad y la espontaneidad nacional y el sindicalismo brilla por su ausencia.

Me ha tocado vivir de cerca la ardua faena de intentar hacer oposición en este país. He sido firme en mi posición independentista y en mi llamado a marcar distancia de cualquier proyecto vinculado a otros gobiernos. Pero el gobierno cubano ha sido tenaz en su minuciosa labor de hacer invisible a la oposición, a la que se coacciona y cohíbe de movilizarse y no se le permite insertarse en las áreas importantes de las comunicaciones o la legislación.

¿Cómo indemnizar a un país por 50 años de disparates contra su ciudadanía? ¿Cómo se indemniza a un pueblo de tantos daños directos contra la colectividad y el ciudadano? ¿Cómo se le indemniza de los errores por consecuencia?

El gobierno cubano no deja duda de su incapacidad de crear progreso. Como resultado de esta realidad el cubano deambula por sus calles como un ciudadano disminuido, inquieto, triste e insolvente. En la mentalidad de los que se aferran al poder a toda costa ese ciudadano es el modelo y candidato perfecto a la esclavitud. La Constitución no funciona. El sistema jurídico es una broma. La división de poderes no es siquiera una quimera. La sociedad civil es, como el progreso, un sueño pospuesto por medio siglo.

¿Burla la justicia la madre desesperada que busca leche para su hijo en la bolsa negra? Hace unos 60 años, Fidel Castro se dirigió a un magistrado, en medio de una dictadura pero con prensa libre como testigo, y explicó que si se le acusaba por uso de fuerza militar revolucionaria, ese agravio, ese desacato a la ley, y aquella querella oficial contra él, debían ser desestimados ya que el gobierno existente era producto ilícito de un golpe de estado. Aquella lógica, inexpugnable y cierta, podría aplicarse hoy día, en nombre de la oposición para decir que el gobierno cubano hace un grosero uso del poder absoluto y que su consolidación a perpetuidad es una intolerable disposición testamentaria. Se usaría bien aquel planteamiento de Fidel ante un magistrado para decir que nadie puede hacerse custodio eterno de un país ni llevar adelante una meticulosa empresa de abolir la realidad y de paralizar el avance. También se me ocurriría preguntar dónde está la dirección originaria del proceso por el que murió mi hermano Carlos o cuándo terminará la desazón de sentir que el futuro está hipotecado. Durante 50 años de destreza política y control policiaco el cubano ha sido un verdadero héroe de la subsistencia dentro de un laberinto dialéctico. Ha manejado el desencanto y el extravío y el desdoblamiento y la fatiga. ¿Qué tiene de nuevo que decirle este gobierno a ese cubano acerca de su destino incierto? Según los médicos, mi diagnostico es irreversible. Voy sintiendo que cada día será más opaco y a la vez más cierto en la brevedad de mi destino. No temo el diagnóstico que parece ser una ruta y la caminaré con calma y con esperanza en el futuro de Cuba, esta tierra de hombres y mujeres inigualables. Quisiera decir que me reitero en las ideas que alentaron en mí y en mis hermanos mis padres generosos; ni tamizo ni renuncio a mi vinculo con la socialdemocracia, una vinculación que es, cada vez más, a partir de la visión incluyente de la historia; las posibilidades de éxito de cualquier visión política se engrandecen o achican a partir de la generosidad y el sentido de compromiso colectivo, la capacidad de acuerdo de sus portadores.

Si ofendí a alguien, si los fantasmas de las diferentes contiendas me tentaron a faltarle a la generosidad, pido benevolencia, al igual que olvido a quienes pudieron haberme juzgado de manera apresurada hoy reflexiva. Creo haber servido a Cuba en diferentes etapas por encima de los errores de mi autenticidad, de cualquier falta de visión de mi parte o de cualquier terquedad en el camino. Durante la revolución, creo haber sido una voz de humanismo que se manifestó quizá mejor en el sentido de oponerme a los fusilamientos. Haber vivido en mi infancia la guerra civil española me había preparado para intentar al menos el dominio de las pasiones. No creo haber sido de los que permitieron el reverso del sueño que acabó en convertirse en la peor pesadilla. Alguien podría interpretar este documento como un lamento pesimista. Sin embargo, no es ese su propósito como no va en él ninguna forma de cólera aunque me haga eco de estos duros quebrantos de la familia cubana a la que me uní desde mi niñez al llegar a Cuba como miembro de una familia de exilados españoles republicanos. Mi optimismo se basa en la fuerza telúrica de esta isla; en la ternura infinita de la mujer cubana; en el poder de innovación de su gente más sencilla. La herencia de perdurabilidad de la Nación cubana resistirá todos los ciclones de la Historia y a todos los dictadores. Varela es más que una seña. Maceo es más guía que guerrero admirable. Martí no es una metáfora. La suerte llegará.

Cuando el último cubano errante regrese a su isla. Cuando el último joven nacido en Madrid, en Miami o en Puerto Rico se reconozca en la isla. Cuando sanen las heridas y desaparezca el dolor habrá un pueblo que tendrá cautela de celebrar su nueva dicha y de cuidarse de magos iluminados y de proyectos mesiánicos. Porque, no importa cómo, la suerte llegará: delgada, silenciosa y frágil como una mariposa llena de júbilo, como una señal para este pobre pueblo que merece algo mejor. Yo sé que habrá una mariposa que se posará en la sombra. Me habría gustado poderle decir que habría querido dar más; acaso ella habría entendido que sólo pude dar mi vida y que tuve el privilegio de ser parte de esta isla y de este pueblo.

De izquierda a derecha: Fidel Castro, Eloy Gutiérrez Menoyo y el norteamericano William Morgan, comandante de la revolución fusilado por orden de Castro. 

DOS SEMANAS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO

Este mes se cumplen 50 años de la Crisis de los Misiles, o Crisis del Caribe, o Crisis de Octubre. Nunca el mundo ha estado más cerca de incinerarse en la hoguera nuclear que entre los días 14 y 28 de octubre de 1962. En aquellas dos semanas de vértigo –que viví dentro de Cuba y no olvidaré– se desarrolló el capítulo más peliagudo de la Guerra Fría, en el cual los protagonistas fueron Nikita Jruschov, John F. Kennedy y Fidel Castro. El conflicto giró, como se recordará, en torno a unos cohetes atómicos emplazados absurdamente en Cuba por la URSS. Absurdamente digo porque con esos cohetes se quería disuadir a EE.UU. de atacar la isla y, sin embargo, los soviéticos querían mantenerlos en secreto. Kennedy se aterró al enterarse de la presencia de tales artefactos devastadores, de alcance intercontinental, a escasa distancia de su país, y ordenó un bloqueo naval a Cuba. (Pero él mantenía rodeadas las fronteras de la URSS con cualquier cantidad de artefactos similares sin que le quitara el sueño el insomnio de los ciudadanos soviéticos.) Para mí la perla de todo aquel aquelarre histórico es la carta en la que Fidel Castro recomendó a Jruschov que sorprendiera a los yanquis dándoles el primer golpe nuclear. Afortunadamente, don Nikita tenía más frente que espalda y rechazó el consejo. Incluso, en su carta de respuesta, le advirtió a Castro que el primer país que iba a desaparecer en el contraataque norteamericano era Cuba. He aquí un detalle que el tórrido líder antillano había pasado por alto o se había pasado por lo bajo. Esto aún es motivo de debate.

AYUDEMOS A LOS VECINOS DE LA “CORRALA UTOPÍA”

El pasado mes de mayo, 36 familias víctimas de la crisis y que habían perdido sus viviendas se realojaron en un inmueble de Sevilla que llevaba ya tres años terminado y vacío. Desde entonces, estas familias viven en dicho edificio, nombrado la Corrala Utopía. En la actualidad, este inmueble pertenece a IberCaja, que lo mantiene paralizado como uno de esos “activos tóxicos”que serán comprados con dinero público.

Creemos que es legítimo que la ciudadanía exija a las entidades bancarias que han sido o van a ser rescatadas acuerdos y compromisos hacia las personas que más están padeciendo esta crisis.

Las 36 familias de la Corrala Utopía han manifestado desde el primer momento que quieren regularizar su situación y pagar un alquiler social asequible según sus circunstancias. Se trata de una solución que podría beneficiar a ambas partes, ya que actualmente el inmueble donde se asienta la Corrala Utopía no tiene ninguna salida en el mercado inmobiliario.

Si quieres ayudar a estas 36 familias, firma aquí http://www.change.org/es/peticiones/ibercaja-negociad-un-alquiler-social-para-las-familias-de-la-corrala-utop%C3%ADa y pídele a Ibercaja que llegue a un acuerdo con las familias refugiadas en la Corrala Utopía para que puedan pagar un alquiler social a cambio de permanecer en estas viviendas.

DOS POETAS ME LEEN

SOBRE “OBJETOS PERSONALES”, DE MANUEL DÍAZ MARTÍNEZ

Eduardo González Ascanio
(en su blog La lupa sobre el cuadro)

El miércoles 26 de septiembre tuve la satisfacción de intervenir en la presentación celebrada en la Librería Altaïr, de Las Palmas de Gran Canaria, de la obra completa de Manuel Díaz Martínez, Objetos Personales (Sibila-Fundación BBVA). Lo que sigue es un extracto de lo que allí leí:

Quien, como yo, haya conocido primero la poesía de Manuel Díaz Martínez por alguno de sus libros de poemas o alguna de las antologías que de su obra se han hecho, habrá podido apreciar en la selección de sus versos todo, o buena parte, de lo que sobre ellos han destacado los muy ilustres comentaristas que han tenido (Raúl Rivero, Luis Alberto de Cuenca, Agustín Acosta, Virgilio López Lemus o Eliseo Diego, entre otros). En efecto, basta una buena muestra de su obra, creo yo, para convenir en que Manuel Díaz Martínez, poeta, tiene la gravedad –a veces la “reflexiva melancolía”– de un pensador, o que la tiene en muchas de sus páginas, y que parece venir “de muy lejos, de darle la vuelta a las cosas por su flanco nocturno”; que manifiesta un coloquialismo filtrado en un tono íntimo y una notable contención formal. Se puede estar de acuerdo en que el “yo” de sus poemas no es un “yo” apabullante sino cortésmente adelgazado. Y se entiende que se le considere “una simbiosis perfecta entre lo español y lo cubano”, hasta el punto de encontrarle bastante sentido a que Lezama Lima halle que en la poesía de Díaz Martínez “el hueso quevediano se une con las brisas habaneras”, aunque tales brisas sean en ocasiones portadoras de noticias sombrías y aunque sea difícil encontrarle el hueso a don Francisco de Quevedo en sus escritos más festivos.

Pero estas obras completas llamadas Objetos Personales extienden el conocimiento de la poesía de Manuel Díaz Martínez a una multitud de poemas menos conocidos, tan dignos de lectura y examen como los seleccionados en las antologías; también dan a conocer estos Objetos Personales los libros primeros, que ya desde muy temprano respondían a las características que sus lectores, estudiosos y prologuistas han observado en la totalidad de sus poemas, libros tan maduros como candorosos como pueden ser El amor como ellaLos caminos o El país de Ofelia.

Y, más allá de eso, la edición de estos libros completos y ordenados confieren a esta obra poética un cierto carácter de algo que sin ser biografía lo recuerda; o un no sé qué que, sin ser Historia, lo sugiere. Aclaremos: Manuel Díaz Martínez, poeta, ha sido también periodista, docente, diplomático e investigador del Instituto de Literatura y Lingüística de la Academia de Ciencias de Cuba. Ha habitado y visitado por motivo de sus diferentes actividades diversos lugares de Sudamérica, Estados Unidos, Rusia y Europa. En sus poemas se da fe de su paso, por breve y accidental que fuera, bien por Praga, Bulgaria o Bilbao, o bien por Madrid o Logroño y otros tantos lugares.

Entre las amistades que, como la geografía conocida, ha atesorado se encuentran tanto Lezama Lima, Severo Sarduy como otras primeras figuras de la cultura sobre todo española y sudamericana. La fidelidad, y una sorprendente memoria para ubicar los recuerdos con detalle, dan a sus poemas –como a sus conversaciones– una calidad de escenas sobrias, precisas, pero vivas merced a la apropiada familiaridad con el castellano de diferentes épocas y niveles de uso: desde apariencias y atmósferas hasta genealogías dan animada fe de su variado y ubicuo paso por el mundo.

En un poema sobrecogedor, “El viajero”, de su libro Vivir es eso (1968) se lee: “Viajero no es quien camina, sino quien regresa y trae todos los odios y todas las conmiseraciones, todas las fatalidades y todas las esperanzas; viajero es quien, de vuelta a la penumbra de su casa, piensa, gime y maldice, hace planes monstruosos o llenos de piedad para el hombre y su resistencia”.

Tal parece una seña de identidad anticipada de su quehacer andariego y pensativo por el planeta.

Así que por más que el poeta clame en algunos versos más recientes por el olvido (“Dios no me quite el coraje de olvidar, / Dios no permita que lo odie”), y por más que proclame haber acumulado ya una satisfactoria cantidad de olvidos, crudo lo tiene lo de olvidar, incluso después de estas obras completas, completas solo por ahora. Y no solo por la noble fidelidad, o por esa memoria de infinidad de pormenores intactos y elocuentes, sino porque en esa permanente rememoración cabe con igual exactitud que lo trágico el aroma de las buenas tabernas (“Me casaré en Logroño”), el condimento de las más exuberantes recetas que dan lugar a pasmosos poemas (“Oda con noticia y lírica receta”) que parecen la recuperación del viejo género anacreóntico o la entrega a la moderada pasión por las conversaciones chispeantes.

LA POESÍA COMPLETA DE MANUEL DÍAZ MARTÍNEZ

Luis Antonio de Villena
(en su blog Noticias)

Manuel Díaz Martínez (Santa Clara, Cuba, 1936) es un alto poeta cubano de su generación que, desde los primeros años 90, vive en España, en concreto en Las Palmas de Gran Canaria. Como muchos de los cubanos que viven acá –aunque creo que tiene nacionalidad española– participa poco en la vida cultural del país, lo que si me permiten decirlo con afecto, creo un error. Uno (y más si es escritor y poeta) debe tomar parte de la sociedad en la que vive, eso no quita que no añore Cuba y que no piense en su futura libertad, pero mientras… Díaz Martínez (hombre tranquilo y afable) participó como muchos en los primeros tiempos de la Revolución castrista y viajó a los antiguos países soviéticos, hasta que cayó en la cuenta de que el Régimen cubano era y es una dictadura, aunque a veces parezca atenuarse algo de cara al exterior.

Díaz Martínez que empezó a publicar en 1961 con El amor como ella, ha hecho una poesía que recorre con elegante trazo su vida, sus avatares, sus sentires y su cultura. Poesía en la mejor tradición del clásico realismo meditativo. Tiene libros estupendos como Vivir es eso (1968), El carro de los mortales (1989) o Memorias para el invierno (1995) entre otros, pero su poesía reunida, con prólogo del amigo Raúl Rivero, ha salido en la Biblioteca Sibila de la Fundación BBVA con el título Objetos personales.1961-2011. Es un libro que recomiendo muy sinceramente porque hay en él mucha buena poesía con recuerdos para muchos poetas donde no faltan cubanos como Lezama o Regino Pedroso, ni españoles como Antonio Machado, Luis Cernuda o Blas de Otero y no agoto nada, ni a Emily Dickinson. Díaz Martínez es un poeta de valía y hay que buscarlo, aunque él parezca a gusto en su rincón canario. “Vivir es levantar un mundo / sobre el mundo / a cada instante (…)” Gana en general en los poemas largos, aunque no se desdeñe nada. La foto en que aparece un grupo de poetas cubanos visitando a Lezama Lima (en el centro de la foto) muestra a un joven Díaz Martínez –supongo que estamos en los finales años 60– el primero a la izquierda con gafas y barbita. Un saludo, amigo Manuel, y como dicen por acá, no se venda usted tan caro…

De derecha a izquierda: Onelio Jorge Cardoso, Fayad Jamís, Armando Álvarez Bravo, José Lezama Lima, César López, Roberto Branly y Manuel Díaz Martínez. (La Habana, 1966.)

SALVEMOS EL ANTÁRTICO

En pocos días, algunos gobiernos podrían empezar a proteger amplias zonas del océano Antártico creando el mayor santuario marino del mundo –salvando el hábitat de ballenas, pingüinos y miles de otras especies polares de las flotas pesqueras industriales–. Pero ellos no actuarán a menos que alcemos nuestras voces ahora.

La mayoría de los países apoyan la creación de este santuario. Pero Rusia, Corea del Sur y algunos otros, están amenazando con oponerse a esta iniciativa con el propósito de saquear estas aguas –ahora que otros mares ya han sido diezmados–. Esta semana, un pequeño grupo de negociadores se reunirá a puerta cerrada para tomar una decisión. Una gran marea de presión ciudadana podría abrir las negociaciones al público, aislar a quienes intentan bloquear el santuario, y asegurar un acuerdo que proteja los más de seis millones de kilómetros cuadrados del valioso Océano Antártico.

Las ballenas y los pingüinos no pueden defenderse solos y dependen de nuestra ayuda. Cambiemos la opinión de los negociadores con una ola masiva de presión pública. Avaaz rodeará esa reunión desplegando mensajes y anuncios impactantes, y juntos haremos llegar nuestra petición a los delegados a través de un grito ensordecedor en las redes sociales.

Más de 10.000 especies tienen como hogar las remotas aguas del Antártico, incluyendo la ballena azul, la foca leopardo o el pingüino emperador y muchas no habitan en ningún otro lugar del planeta. El cambio climático ya ha dejado una cicatriz profunda en su frágil hábitat, pero se verán aún más amenazadas por las redes kilométricas de los pesqueros industriales al acecho en esas preciosas aguas. Solo la creación de un santuario marino aumentará sus posibilidades de supervivencia.

La entidad que regula los mares Antárticos ya se ha comprometido a crear estas reservas marinas protegidas. Pero los dos planes que se están negociando –uno para proteger parte del frágil Mar de Ross y otro para la Antártida del Este– están bajo riesgo de ser diluidos o retrasados. Es un escándalo que estas negociaciones no hayan aparecido en los medios, hecho que le permite creer a países como Rusia y Corea del Sur que su oposición pasará inadvertida. Pero si convertimos las negociaciones en foco de la atención pública, podremos obligarles a retroceder y de paso, motivar a EE.UU. y la UE para que propongan medidas de protección aún más contundentes.

El futuro del Océano Austral está en nuestras manos. Desatemos una tormenta internacional de presión ciudadana y asegurémonos de que los gobiernos no antepongan sus beneficios económicos a la vida de nuestro planeta. Por favor, firma y comparte esta petición con todos tus conocidos:

http://www.avaaz.org/es/save_the_southern_ocean_5/?bqvWAbb&v=18901