José Corredor-Matheos en la Fundación Ory

JOSÉ CORREDOR-MATHEOSLa Fundación Carlos Edmundo de Ory, en colaboración con la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Cádiz, acogerá el miércoles 1 de octubre la lectura poética de José Corredor-
Matheos. El acto tendrá lugar a las 19:30h en el Centro Cultural Reina Sofía (Cádiz). El autor estará acompañado por Jesús Fernández Palacios, que actuará de presentador, y Laure Lachéroy, presidenta de la Fundación. Al término del mismo, se ofrecerá una copa de vino a los asistentes por gentileza de Tío Pepe.

José Corredor-Matheos (Alcázar De San Juan, 1929). Licenciado en Derecho por la Universidad de Barcelona, ciudad donde reside. Ha sido director de los Suplementos de la Enciclopedia Espasa y asesor literario de la Editorial Espasa-Calpe, jefe de redacción de Cuadernos de Arquitectura y Urbanismo, asesor artístico del Colegio de Arquitectos de Barcelona, director de la enciclopedia Gran Larousse Català y crítico de arte de las revistas Destino, Triunfo y Cambio 16. Como autor, ha publicado quince libros de poesía, entre ellos: Poesía 1951-1975 (1981), Poesía 1970-1994 (2000), El don de la ignorancia (2004), Un pez que va por el jardín (2007), Desolación y vuelo. Poesía reunida (2011) y Sin ruido (2013). Es autor asimismo de la antología Poesía Esencial de la Poesía Catalana (1983 y 2001) y de más de cincuenta libros sobre arte contemporáneo, cerámica, historia del juguete, arquitectura y diseño industrial. Entre sus muchos reconocimientos, destacan el Premio Boscán de Poesía 1961, el Premio Nacional de Traducción entre Lenguas Españolas 1984, el Premio de Artes Plásticas de la Generalitat de Catalunya 1993, el Premio Nacional de Poesía 2005, el Premio Ciudad de Barcelona de Literatura en Lengua castellana 2008 y la Medalla de Oro al Mérito Cultural del Ayuntamiento de Barcelona.

Reeditan biografía de Capablanca

Miguel Angel Capablanca libroJosé Raúl Capablanca (La Habana, 1888-Nueva York, 1942), considerado mundialmente como un genio del ajedrez, fue Campeón de Cuba en 1901, cuando tenía 13 años. En 1921, derrotando en La Habana al maestro alemán Emanuel Lasker, ganó el titulo de Campeón Mundial, y lo perdió en 1929, en Buenos Aires, frente al maestro ruso Alexander Aliejin.

J. R. Capablanca

J. R. Capablanca

En 1978, el periodista y ajedrecista cubano Miguel Ángel Sánchez publicó en Cuba Capablanca, Leyenda y Realidad, excelente biografía que fue recibida con elogios de críticos y lectores dentro y fuera de la isla. Ahora la revista norteamericana New in Chess anuncia que en la próxima primavera la editorial McFarland lanzará en Estados Unidos una edición en inglés de este libro con el título de José Raúl Capablanca, A Chess Biography. Me informa el autor -con quien me une una añeja amistad- que se trata de una edición muy ampliada. “Aspectos sobresalientes de la reedición”, me dice Miguel Ángel, “son nuevos detalles de la historia del ajedrez en Cuba en el siglo 19; los orígenes de la familia Capablanca desde el siglo 18; la historia del primero de ellos que llegó a Cuba en 1860 como refuerzo del ejército español”, así como datos no conocidos de la niñez de Capablanca en las ciudades cubanas de Santa Clara y Matanzas. Además, la reedición incluye comentarios sobre más de cien partidas, fotografías inéditas y cartas y otros documentos que permanecían en el archivo del Club Argentino de Ajedrez. A esto se añaden dos anexos: el primero, un estudio sobre la enfermedad y el fallecimiento de Capablanca, escrito especialmente para la obra por el Dr. Orlando Hernández-Meilán; y el segundo, un estudio de Capablanca sobre sus predecesores, publicado originalmente en el periódico porteño Crítica en septiembre de 1939, “más abarcador, original y profundo que el publicado por Capablanca en la revista de ajedrez uruguaya Mundial también ese año”. Como si fuera poco, en la nueva edición se incluye, en el texto o en notas, todo el archivo correspondiente a la carrera diplomática de Capablanca, desde 1913 hasta 1942. Miguel Ángel Sánchez me dice que éste “es un libro incomparablemente superior a la versión original; mucho mejor trabajado y sin requisitos de autocensura”.

Un recuerdo

Papaloapan río

VIAJE A TUXTEPEC

Hace veintidós días diluvia en la Sierra de Oaxaca
y el lodo corre entre las piedras, los ranchos, las raíces
hasta dar en las aguas, ya pesadas y sombrías,
del Papaloapan y el Tonto,
hinchados de rumores como reses muertas.
Voy con la frente apoyada en la ventana del bus
sintiendo el sudor del vidrio y mirando,
por entre los hilos de lluvia que resbalan,
un paisaje de aguas anegando corrales y plantíos
y la autopista Veracruz-Tuxtepec,
donde mi bus, como un viejo buey exhausto,
jadea.

MDM

(Tuxtepec, México, 1981.)

Homenaje a don Antonio Machado en Carmona (Sevilla)

Antonio Machado cartelCon motivo del 75 aniversario de la muerte en el exilio de Antonio Machado, la Sede Olavide en Carmona, dado su sostenido interés, recupera el acto en su memoria, suspendido el pasado julio, para el próximo 26 de septiembre, a las 20’00 h en el Palacio de los Briones. Si siempre es oportuno recordar al gran poeta sevillano, uno de los maestros de la poesía del siglo XX en cualquier lengua, lo es más que nunca en los tiempos tan confusos y desconcertantes que corren. Su lúcida y compasiva figura, en cuya obra ética y estética son una sola cosa, será evocada por la poeta Francisca Aguirre, viuda del escritor Félix Grande. Nacida en 1930, es una fervorosa machadiana casi por destino, pues ya con nueve años atravesó la frontera hacia Francia junto a su familia la misma noche en que lo hizo Antonio Machado. Hija del pintor Lorenzo Aguirre, asesinado a garrote vil en 1942 por el régimen franquista, sobrevivió, sin embargo, a la miseria moral y económica de posguerra gracias a los principios humanistas que, pese a todas las dificultades imaginables, heredó, a través de los suyos, de la Institución Libre de Enseñanza, donde Antonio Machado se educó hasta ser un modelo cabal de la misma. Francisca Aguirre, en su charla, nos mostrará, con su pasión y elocuencia acostumbrada, cómo unos versos verdaderos, rumiados durante más de setenta años, han sido decisivos para que su vida, llena de humillaciones, lejos de caer en el odio, sea tan fructífera como generosa, tan comprensiva como entusiasta. Su poesía, que es una fiel indagación de sus experiencias vitales y artísticas –en ella vida y arte resultan, en el fondo, inseparables– se reúne hasta 2000 en el volumen titulado Ensayo General, al que le siguen, entre otros libros, Nanas para dormir desperdicios o Historia de una anatomía, por el que recibió el Premio Nacional de Poesía en 2011. Espejito, espejito es su libro de recuerdos, un estremecedor testimonio personal de esta mujer admirable, que por primera vez visita Carmona.

“Mi vecino”, en portugués

O MEU VIZINHO

Para Miguel Rivero, um dos amigos
que já não me escrevem.

Dou-me bem com este homem taciturno,
incansável e robusto a quem chamam Caronte.
É meu vizinho. Os filhos brincam com os meus cães.
Os miúdos despedem-se dele quando o dia cai
e de manhã, quando regressa, vêm esperá-lo
onde ele amarra a barca, ali, entre aquelas rochas
que o Letes lambe junto às minhas janelas.
Muitos dos meus amigos já viajaram com ele.
Amigos e amigas que não voltei a ver.
Velhas amizades que nem sequer escrevem
para me contarem das suas vidas distantes.
Esqueceram-me, penso, talvez me tenham esquecido.
Num domingo feriado, tomando juntos um vinho,
confessei ao barqueiro esta amarga suspeita.
Nada me respondeu esse homem e serviu-me mais um copo.
O sol pintava um lampejo festivo na garrafa.

(Traducción de Ana Glória Lucas.)

MI VECINO

A Miguel Rivero, uno de los amigos
que ya no me escriben.

Me llevo bien con este hombre taciturno,
infatigable y fornido al que llaman Caronte.
Es mi vecino. Sus hijos retozan con mis perros.
Los críos lo despiden cuando el día declina
y en las mañanas vienen a esperar su regreso
donde amarra la barca, allí, entre esas rocas
que el Leteo lame al pie de mis ventanas.
Muchos amigos míos han viajado con él.
Amigos y amigas que nunca más he visto.
Viejas amistades que ni siquiera escriben
para contarme algo de sus vidas lejanas.
Me han olvidado, pienso, quizás me han olvidado.
Un domingo de feria, bebiéndonos un vino,
le confesé al barquero esa amarga sospecha.
Nada me dijo el hombre y me sirvió otro vaso.
El sol hacía un guiño festivo en la botella.

MDM

Paradojas del intelectual peronista

El autor de este artículo, el notable y polémico politólogo argentino Héctor Ricardo Leis, ha fallecido, a los 71 años, en Brasil, adonde emigró en 1976 huyendo de la dictadura militar que asoló a su país, a la que combatió desde las filas de los Montoneros. Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Rio de Janeiro, fue profesor de Sociología y Ciencia Política de la Universidad Federal de Santa Catarina. Entre los libros que escribió destacan El Movimiento por los Derechos Humanos y la Política Argentina (1989), Intelectuales y Política: Estudio del Debate Intelectual Argentino (1991) y Testamento de los años 70 (2013). Sus artículos aparecían regularmente en el periódico La Nación, de Buenos Aires. Refiriéndose a su participación en la guerrilla de los Montoneros, inspirada ésta en la experiencia cubana, Leis dijo : “No puedo arrepentirme por lo que hice porque lo hice queriendo y empujado por el espíritu de época. Pero sí pido perdón por el sufrimiento causado por mis acciones, lo nuestro fue una locura que fue al encuentro de otra locura”. Recomiendo la lectura atenta de este artículo. Sobre todo se la recomiendo a los españoles. En él encontrarán las claves para comprender la esencia de actuales fenómenos políticos latinoamericanos, de los que dimana el amenazante y clónico movimiento neofascista titulado Podemos.

Héctor Ricardo Leis
Héctor Ricardo Leis(LA NACIÓN, Argentina, 20/11/2012) La figura del intelectual ganó una importancia decisiva en la modernidad. Las principales fuerzas políticas de nuestra época fueron inspiradas por intelectuales. Locke fue un impulsor fundamental del liberalismo, no menos que Marx del socialismo y Burke del conservadurismo. En contraste con lo anterior, existe una corriente política anómala en la que los intelectuales son meros coadyuvantes de la acción. Es el caso de los movimientos fascistas europeos de la primera mitad del siglo XX y de los populismos latinoamericanos que surgieron a partir de la segunda mitad de ese siglo.
Por cierto, hubo intelectuales de renombre que apoyaron a Hitler y Mussolini, que no fueron pocos, pero su influencia, salvo excepciones, fue insignificante. Ellos apoyaban públicamente al movimiento y a su líder, pero no contribuían en la definición de líneas políticas estratégicas. Ni podían: los movimientos no demandan ideas de valor universal sino impulsos concretos para su propio accionar.
Ya en el siglo XIX, Lorenz von Stein (1815-1890) pensó a los movimientos en contraposición dialéctica a la noción de Estado. Según el autor, mientras el Estado es un elemento estático, el movimiento es supuestamente la expresión de las fuerzas dinámicas de la sociedad. El movimiento antagoniza con el Estado aun cuando su líder sea gobierno, lo cual explica por qué éste tiende a reformar la Constitución para aumentar su poder. El líder -conductor, caudillo, führer, duce, etcétera- usa su carisma para personificar y unificar al movimiento. Para sobrevivir, el movimiento precisa vencer batallas y derrotar enemigos, y el líder es quien sabe realizar esas tareas de acuerdo con las circunstancias y posibilidades históricas. No importa que las oportunidades vayan de la derecha para la izquierda o viceversa, las ideas son traídas al campo político sólo para facilitar y justificar la dinámica del movimiento, lo cual implica, lógicamente, una inferiorización del papel de los intelectuales.
El fascismo renació travestido como populismo en gran parte de los países de América latina. Antes de la Segunda Guerra había una creciente hegemonía de las ideas de derecha. La derrota del Eje fue dejando progresivamente ese espacio a las ideas de izquierda. Fue así que en el inicio del siglo XXI surgieron en contexto democrático los regímenes de Chávez, en Venezuela; Correa, en Ecuador; Ortega, en Nicaragua; Morales, en Bolivia, y los Kirchner, en la Argentina. La dinámica de sus líderes y movimientos los aproxima a las experiencias fascistas, pero su signo ideológico es de izquierda. Son regímenes populistas autoritarios que persiguen las libertades públicas, pero por haber surgido en un contexto democrático tuvieron que adaptarse a las circunstancias y moderar sus apetitos. Si no fuera por eso, ahí están los elogios al despotismo castrista para demostrar realmente cuál es la verdadera preferencia de sus dirigentes.
El peronismo es el eslabón perdido de una particular evolución política subterránea de las masas en el siglo XX. Su historia ejemplifica impecablemente la continuidad existente entre el movimientismo de derecha (fascista) y el movimientismo de izquierda (populista). Los analistas tienden a no hacer esta aproximación porque se dejan engañar por el barniz democrático de los actuales populismos. Pero aun siendo regímenes surgidos de elecciones legítimas, no por eso son políticamente menos perversos. Estos movimientos dividen los países en bandos antagónicos a costa del Estado de Derecho, postergando por décadas valiosas una construcción sustentable del Estado, la democracia y la economía.
¿Qué papel les cupo a los intelectuales en el fascismo y les cabe en el populismo? Un papel trágico, por cierto. Esas experiencias atraen y fascinan a los intelectuales; muchos de ellos se encantaron con los líderes del fascismo y hacen lo mismo ahora con los del populismo, pero su influencia real en la política continúa siendo prácticamente nula. Entre la voluntad del líder y las necesidades del movimiento no existe ningún espacio de mediación para las tradicionales preocupaciones intelectuales con la verdad. Es más: la dinámica movimientista es portadora natural de un sentimiento antiintelectual. No por nada Ignacio B. Anzoátegui (1905-1978), un intelectual que se asumió públicamente como nazi, falangista y peronista, acuñó una frase célebre: “Basta ya de mariconerías ilustradas”.
No puede extrañar, entonces, que cuando los antagonismos llegan al interior del peronismo ellos se resuelvan muchas veces a los tiros. Dadas la prolongada y variada historia política e ideológica del peronismo y la ausencia de una tradición intelectual coherente, los diversos grupos del movimiento están imposibilitados de una elaboración más o menos racional de su identidad que les permita evitar la violencia para descubrir quién es más peronista que el otro. El peronismo es un magma que contiene numerosos grupos con intereses diversos, pero igualmente peronistas. Todos luchan por el poder y, aunque busquen cosas diferentes, lo hacen en nombre de la misma identidad. Se matan precisamente por eso: si asumiesen que tienen identidades diferentes se separarían en relativa paz, tal como ocurre habitualmente en los campos de la vida pública y privada.
El intelectual peronista se siente realizado elogiando la relación del líder con las masas, denigrando a la oposición y pidiendo la reforma de la Constitución para garantizar la continuidad del líder y el proyecto en curso. Su destino trágico se verifica en la extraña ceguera para con la realidad, fruto de la soledad ontológica de la función intelectual dentro del movimiento. Al mismo tiempo que puede construir complejas teorías discursivas para justificar el populismo, no consigue observar cosas obvias. Como, por ejemplo, que en su larga vida el peronismo intentó implantar proyectos radicalmente diferentes entre sí que sólo tenían un punto en común: la reforma de la Constitución para la reelección del líder. Fue así con Perón en 1949, con Menem en 1995 y lo mismo quiere hacer ahora Cristina K. Desde una óptica republicana puede argumentarse a favor de los primeros gobiernos de Perón, de Menem y de los Kirchner, rescatando su importancia para la búsqueda de nuevas alternativas de gobernabilidad y de políticas públicas. Pero éste no es el caso de sus segundos gobiernos, que pusieron más en evidencia los apetitos de poder personales antes que las ventajas de sus proyectos políticos. El segundo gobierno de Perón, de 1952, acentuó sus componentes fascistas en vez de atenuarlos, y el segundo mandato de Menem aumentó la corrupción de su modelo neoliberal. El actual segundo mandato de Cristina Kirchner está radicalizando cada vez más su herencia ideológica generacional de una izquierda estatista y autoritaria que anuncia nuevos ciclos de angustia para el país.
La ceguera de los intelectuales peronistas cercanos al oficialismo no les permite siquiera ver una simple manifestación de voluntad ciudadana en defensa de derechos individuales como la del 8-N. Ellos no ven ciudadanos con ideas diferentes sino amenazas al movimiento y a su líder por parte de golpistas y gorilas semejantes a los del drama peronista de los años 50. Pasan por encima así, olímpicamente, los episodios de los años 70, que son los menos resueltos por la memoria argentina. Con relación a esos años, la ceguera parece ser de 360 grados: tanto no consiguen ver la violencia terrorista de la guerrilla peronista contra el Estado, durante los gobiernos democráticos habidos de 1973 a 1976, como la violencia entre peronistas en el mismo período.
La excepción que confirma la regla de la ceguera trágica de este grupo de intelectuales está dada por aquellos pocos que consiguen escapar de los laberintos existenciales del poder, declarando su desacuerdo con las políticas del líder peronista de turno. Con ellos es posible buscar acuerdos y pensar la realidad. Su miopía no es diferente, ni en género o grado, a la del resto de los intelectuales de otras corrientes.