PAZ POR DÓLARES

Florentino Portero, Madrid.

(LIBERTAD DIGITAL) En la antesala de la Conferencia de Londres sobre Afganistán la prensa internacional se centra en la cantidad de dólares dedicados a comprar la voluntad de dirigentes talibán y jefes de clan. Según parece los aliados esperan doblegar la resistencia de los islamistas y autoridades a base de repartir dinero.

Mientras leo los titulares no puedo dejar de recordar lo que pasó en nuestro país en una situación semejante. Había finalizado la II Guerra Mundial y el régimen del general Franco aparecía como una anomalía en la nueva Europa, un resto arqueológico del Eje. Para tratar de acelerar la trasformación de España, en línea con lo que había ocurrido en otros estados europeos, la inteligencia aliada elaboró un plan de compra de voluntades de autoridades militares, con la idea de que sólo los generales disponían de los medios para forzar la retirada, más o menos voluntaria, de Franco, dando así paso a una monarquía con vocación integradora. Los generales Aranda y Kindelán actuaron como arietes de la operación, el dinero se repartió… y no pasa nada. En realidad, algo sí paso. Según parece, los generales sondeados tuvieron la precaución de dirigirse al Caudillo y solicitarle, con el debido respeto, permiso para quedarse con el parné. Franco manifestó comprensión ante su delicada situación. Eran años difíciles y un extra venía de perlas para rematar el mes o el trimestre. No parece que aquellos generales sintieran gran simpatía por la acumulación de poder en manos del general Franco, pero de ahí a plegarse a una operación política urdida en el extranjero había algo más que un trecho. Quizás hubiera sido más digno por su parte rechazar aquel dinero, que también venía del extranjero, pero…

En el plan original del general McChrystal, los sobornos cumplían un papel limitado. Tras una intensa y prolongada campaña dirigida a buscar y eliminar los focos insurgentes y después de haber convencido a la población de que estaban dispuestos a permanecer allí hasta el triunfo final, el reparto de dinero ayudaría a algunos jefes talibán y de clan a cambiar de bando. A falta de expectativas de triunfo y con la mayor parte de los afganos en su contra, la combinación de dólares, garantías de que se les respetaría y reconocimiento de su autoridad les ayudaría a dar el paso hacia la reinserción. Sin embargo, ese escenario no parece realista. Obama ha incrementado en 30.000 hombres el contingente, una cantidad importante pero considerablemente inferior a la que los mandos militares consideran necesaria. Además, ha afirmado públicamente que comenzará a reducir el contingente en 18 meses y que entregará el poder a las autoridades afganas lo antes posible. No está nada claro que la ofensiva prevista sea capaz de dañar a las fuerzas talibán hasta el punto de que pierdan la esperanza del triunfo ni que las declaraciones de Obama sobre su deseo de reducir el contingente ayuden a convencer a la población de su compromiso con la seguridad. Lo más probable es que muchos acepten el dinero con la misma sinceridad que los generales españoles. El riesgo de que esos dólares acaben nutriendo las arcas talibán es sólo comparable a la posibilidad de que los esfuerzos aliados por formar a militares y policías afganos concluyan en el ridículo de haber empleado tiempo y dinero en crear los cuerpos de seguridad y unidades militares del renacido Emirato.

Sin disposición a combatir hasta el final no habrá victoria y esa disposición no existe. La Alianza no quiere salir de Afganistán derrotada, pero se engaña si piensa que sólo con dinero y colaboración será suficiente. No puede extrañarnos que los servicios de inteligencia occidentales informen del optimismo que reina en las filas talibán.

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EL PROYECTO DE UNA ESPINA DORSAL

Teódulo López Meléndez, Caracas.

El 23 de enero de 1958 caía la dictadura militar de Marcos Pérez Jiménez. El 23 de enero de 2010 una multitud avanzaba en sentido contrario al sitio donde se localiza el poder. Al final, la multitud se encontró con oradores que no hicieron referencia alguna a los problemas claves que afectan a la democracia venezolana.

La misma tarde, un gobierno empecinado y embrutecido sacaba de la “parrilla” de la televisión por cable a RCTV, ya previamente echada de la señal abierta. Ello condujo a la reacción de manifestaciones estudiantiles en Caracas y en una cuantas ciudades del país, manifestaciones que asemejaron a una protesta puntual sobre un hecho puntual y, en ningún caso, un estado de insurrección popular contra el presente régimen.

Se produce la renuncia del Vicepresidente y de su esposa la Ministro del Ambiente. El régimen alegó “razones personales”, pero es evidente que se trató de una ruptura. El término “renuncia” tiene sus implicaciones. Los funcionarios renunciantes fueron sustituidos por incondicionales “duros”.

El régimen recurrió a soltar a sus perros de presa encarnados en las bandas armadas que le sirven de apoyo, desencadenando, especialmente en la ciudad de Mérida, enfrentamientos mortales entre civiles, lo que a simple vista pudieron verse como atisbos de guerra civil.

La conclusión: víctimas mortales, numerosos heridos, destrozos al por mayor, al no existir un Estado que recurra con prudencia al uso de los recursos de contención, o que los mezcla o los intercambia con civiles armados. Luego, hemos visto como las protestas se apagan, a excepción de algunas ciudades del interior del país, donde las causas provienen más bien de los constantes apagones a las que están sometidas.

Ciertamente, los reclamos por el cierre de un medio de expresión parecen, en esta ocasión, de más corta duración. Así mismo, hemos visto cómo los estudiantes no han sido acompañados por la sociedad civil, que anduvo el 23 de enero en una nueva acción de “marcha” absolutamente intrascendente, a excepción de algunas zonas del interior del país donde se han producido ataques directos contra zonas residenciales. Han sido, pues, acciones estudiantiles sin que nada nos haga observar un estado de conmoción interna parecido a una acción popular de desobediencia o de insurgencia.

Los estudiantes dan luego una rueda de prensa no satisfactoria. Adoleció de consistencia y una especie de cortina parecía cubrirla. Un aire de presencia diluida fue la característica predominante. Pocos momentos después la alianza de partidos denominada “La mesa” se vio en la obligación, cinco días después del inicio de los sucesos que nos conmueven, a emitir una declaración de apoyo a las acciones estudiantiles y a ratificar que esa alianza se mantenía en lo que denominaron “ruta democrática”. Esto es, al dar su apoyo tibio a los estudiantes la alianza de partidos ratificaba de manera precisa que su objetivo seguía siendo la participación en las elecciones legislativas supuestamente de septiembre, con lo que advertía que las protestas debían mantenerse en los límites de esa estrategia absolutamente electoral.

Asistimos al para algunos insólito enfrentamiento entre la Guardia Nacional y un grupo armado en la ciudad de Mérida. Ese grupo armado, a la luz de todas las constancias que emiten los habitantes de la ciudad, actúa en connivencia o bajo coordinación con el poder local. Ese grupo armado, a pesar de una tensa calma producida por una supuesta suspensión de los cortes de energía eléctrica, se dedica al pillaje, a secuestrar un camión cargado de bombonas de gas, peligroso instrumento. Esto es, el grupo armado de Mérida mantiene una actitud de agresión y la Guardia Nacional, que en otras ciudades reprime a los estudiantes, esta vez debe enfrentar a un sector íntimamente vinculado al régimen.

Durante meses he estado planteando que el protagonismo le corresponde al interior. Pues bien, se produjo un asomo de ello, aunque sin conexión, sin coordinación y sin que se estableciese una red de comportamiento acordado. Lo importante es que en el interior no se hacen ecos de los manipuleos caraqueños o los manipuleos caraqueños no llegan al interior. Cualquiera de las dos versiones apunta, en cualquier caso, a un interior de Venezuela asumiendo protagonismo.

La cadena presidencial mostró un cinismo ultramontano, cuando, por ejemplo, se refirió a los GN heridos en Mérida sin mencionar con quién se enfrentaban esos efectivos y dejando caer un general “disparan contra la guardia”, haciendo creer que fueron estudiantes o gente de la oposición o simple ciudadanos merideños quienes practicaron tiro al blanco, cuando todo el mundo sabe que quienes disparaban eran miembros de un grupo armado que opera en la ciudad andina. El resto de su disertación encadenada no merece otros comentarios, pues es la misma cháchara de costumbre, con sus amenazas y sus retos y sus chistes de mal gusto.

Lo que ha quedado patéticamente en evidencia es que el país no tiene columna vertebral. No hay todavía una conexión osteofibrocartilaginosa articulada y resistente, fuerte y flexible, lo suficientemente extendida para unir a las regiones en acciones conjuntas y en una estrategia común. El apaciguamiento final será cosa de horas y entonces los candidatos a diputados podrán hacer uso pleno del escenario. El proyecto de una sensible espina dorsal de la república ha quedado allí, expuesto, a la espera de que la mejor inteligencia venezolana –la que vive en la provincia– se decida a asumir el reto de la conducción y de la armazón de una sustitutiva de la deteriorada dirigencia caraqueña. Cuando digo Caracas me refiero a ese anticuado concepto de “dirección nacional” que los partidos de la democracia vencida del siglo XX han practicado y siguen practicando y a una provincia que la espera con las últimas instrucciones.  Cuando digo Caracas me refiero a ese monopolio de toma de decisiones que al parecer otorga vivir en la capital.  Cuando digo Caracas me refiero a una especie de sincretismo en relación al poder. El poder está donde se ejerce y la provincia debe aprender a ejercerlo.

Ahora mismo asistimos a los estertores de esta dramática semana. Hagamos memoria y veremos cómo los ataques salvajes contra la Universidad Católica se practicaron también en el penúltimo drama y como los estudiantes redujeron su presencia al Metro y a algunos semáforos. Recordemos el uso que el régimen da a sus bandas armadas. Este parece un copión del libreto conocido. Las consecuencias de su interpretación están demasiado claras en nuestra memoria como para olvidarlas. Mientras tanto, la alianza de partidos llamada la “Mesa” anuncia para dentro de unos días el anuncio de los sitios donde harán primarias para escoger candidatos. Quiere decir que ya están listos los candidatos donde no hay necesidad de primarias. En definitivas palabras, la “ruta democrática” que la alianza de partidos ha trazado sigue su rumbo mientras el país se estremece frente a todo lo que vendrá en los meses que faltan para septiembre. Entonces las condiciones no serán sólo “electorales”, serán de resquebrajamiento total de la ya escasa vida misma de un país.

DE MI ARCHIVO

Cuando, en los primeros años de la revolución castrista, el periódico Hoy –en el que yo trabajaba– se instaló en el edificio que había sido del Diario de la Marina (frente al Capitolio Nacional), el archivo gráfico de éste sufrió una severa limpieza para abrirle espacio al del Hoy. La limpieza resultó una purga indiscriminada, y tanto, que en la montaña de grabados y fotos destinados al basurero encontré maravillas, como una foto de Unamuno, ya amarillenta, en cuyo dorso se leía un mensaje ológrafo de don Miguel a un tal señor Precioso, posiblemente un periodista del Diario. Perdí la postal, que quizás estaba en uno de los bultos de mi archivo que se extraviaron en el tránsito de La Habana a Las Palmas de Gran Canaria, pero conservo fotocopia del manuscrito de Unamuno, con el cual ilustré un artículo mío –“Martí en Unamuno”– publicado en La Gaceta de Cuba hace treinta años. Este breve escrito es un monumento a la identificación espiritual del gran sentidor español con Martí. Dos Quijotes modernos, en fin de cuentas.

Amigo Precioso: Diga en Cuba que no puedo mirarlos ya con ojos puros pues que los tengo empañados no de lágrimas sino de rubor de vergüenza. Vienen del 98. Allí se engendró el pretorianismo que ha parido la tiranía que está devorando a nuestra pobre España. Y cuando pienso en Martí que tanto me ha enseñado a sentir -más que pensar- siento en él ante todo al ciudadano, al hombre civil, al mártir del antimperialismo y al apóstol de la eterna y universal hispanidad quijotesca. MIGUEL DE UNAMUNO. En el destierro de Hendaya, 17 II 1928.

UNA HISTORIA REAL

Claudia Díaz Gronlier

Cada mañana me despertaba la melodía de la armónica, un soplo breve recorría todas las notas: del grave al agudo y vuelta al grave, una pausa, y de nuevo la escala. Así se anunciaba el afilador de tijeras.

Entonces yo vivía en el pueblo, un caserío espontáneo plantado a lo largo de la carretera, ahora secundaria, que en su día fue la arteria principal que nos unía con el resto del mundo.

Más de una vez corrí, por encargo de mi madre, al encuentro con el afilador de tijeras. Me gustaba sorprenderlo en la esquina, ser la primera en llegar. Le extendía las tijeras, las tomaba y las observaba con atención juzgando la pieza, como para valorar la intensidad del trabajo.

Ponía en marcha la rueda haciéndola girar al son de su pie sobre el pedal. La hoja metálica silbaba contra la cinta afiladora, y un festín de chispas encandilaban mis ojos.

Terminado el trabajo, el afilador, con precisión, hacía unos cortes limpios en retazos de tela, y satisfecho me las devolvía al tiempo que me decía con una expresión severa: cuidado con las tijeras afiladas, son muy peligrosas.

Yo le pagaba y me iba tomando todas las precauciones.

Un día dejó de venir. No lo vi más.

Ahora vivo en la ciudad, estoy en el último año de mi carrera y deseo ser escritora.

Una tarde, Vivian, mi compañera de piso, llegó con el periódico y lo dejó sobre la mesa. Estaba doblado por la parte de los sucesos. Podía leerse el titular en letras grandes y negras: “Otro acto vandálico”. Recorrí con la vista el artículo, decía así: en la Biblioteca Nacional, un lector solicitó un libro y, al abrirlo, encontró que de algunas páginas habían sido extraídas frases con cortes muy precisos, alterando el sentido de la lectura, pero sin perder el texto, en ningún momento, la coherencia. Es más, se afirmaba que el resultado era otra obra literaria que nada desmerecía de la original.

Podía decirse que este suceso ya no era noticia. Durante el último año, que es cuando todo comenzó, habíamos vivido doce casos similares, y todos sin resolver.

La ciudad, desde que se hacía pública la noticia, no dormía. Era sabido que este acto vandálico anunciaba un próximo asesinato.

El asesino esperaba la publicación de la noticia para actuar, y los periodistas, en su avaricia por la primicia, no podían contenerse.

Los detectives leían minuciosamente los textos de la obra, buscando alguna pista que les permitiera adelantarse a la próxima tragedia.

La dificultad mayor radicaba en que siempre había tres posibles versiones:

una, la que resultaba de la modificación del texto; otra, la del texto resultante de las palabras extraídas; y, por último, la de la obra original inalterada.

Hasta ahora, las víctimas elegidas tenían estrechas similitudes con las historias y personajes de las obras seleccionadas por el matarife, aunque la forma de matar a sus víctimas era de su propia inspiración.

Ante la impotencia del cuerpo policial para resolver los casos, los ciudadanos corrían a comprar o extraer de las bibliotecas un ejemplar para leer y juzgar por sí mismos si podían guardar alguna relación con los personajes o la historia en cuestión.

Pero esta vez la ciudad se estremeció, tembló, balbuceó, al darse a conocer la obra elegida: La Comedia Humana. Sin duda, una jugada maestra del asesino.

Aún así, todos se volcaron en la gran empresa de leer los ochenta y tantos tomos que alcanzó Balzac a escribir en su ambicioso proyecto. Algunos, por falta de tiempo, escogían las novelas que mejor reflejaban sus actividades y comportamientos. Por ejemplo, los editores, publicistas, periodistas, escritores, artistas, leyeron Las Ilusiones Perdidas; otros, propietarios de terrenos, agricultores, recaudadores de fortunas, se entregaron a las inquietantes páginas de Eugenia Grandet; y los políticos, coincidieron en leer Un Tenebroso Asunto.

En las calles, en los cafés, a la salida del cine, a la hora del té, se creaban verdaderas tertulias literarias. La gente debatía sobre lo leído: cuestionaba los personajes, buscaba similitudes y diferencias con sus propias vidas. Fue tanto el fervor y la pasión de los lectores, que casi llegó a olvidarse la amenaza.

Los que indagaron más a fondo, leyeron sobre el autor, y descubrieron con pavor que la obra había quedado inconclusa, lo cual hacía más impreciso el terreno para la  investigación.

La vigilancia en las calles se triplicó, los editores contrataban guardaespaldas particulares; a los periodistas siempre se les veía en grupos de tres; los políticos ya no hacían vida pública. La desconfianza creció, y cualquier transeúnte solitario era motivo de sospecha.

En medio de tanta tensión, decidí irme una temporada para mi pueblo. Saqué un billete de tren y partí.

A la mañana siguiente, aún en la duermevela, una melodía lejana, pero muy familiar, me desperezó. Eran las escalas de la armónica: el afilador de tijeras había vuelto.

Tuve un deseo enorme de verle y llevarle las tijeras como antaño. Me acerqué a la esquina; todo era igual a como lo recordaba, sólo que él había envejecido un poco.

Le di las tijeras, las observó como siempre hizo y comenzó a afilarlas.

Cuando detuvo la rueda, tomó un folio impreso y recortó un rectángulo con mucha precisión, lo colocó sobre la estructura de hierro, de tal forma que pude leerlo; decía: y no pude dejar de hacer una comparación entre la muerte y la inmortalidad.

Me devolvió las tijeras y severamente me dijo: cuidado, las tijeras afiladas son muy peligrosas.

Me fui con una sensación rara. Parecía que ese encuentro no había sido casual. Sentí que me había reconocido y que me hacía partícipe de algo.

Esa noche dormí mal, tuve miedo; pero no entendía por qué.

Al día siguiente decidí volver a la ciudad. Me reuní con Vivian y le conté lo sucedido. Ella estaba muy metida en la histeria colectiva de la muerte anunciada, y rápidamente le dio un giro de investigación policial:

–Querida, fíjate bien: una comparación entre la muerte y la inmortalidad. Es un mensaje, ¿no lo ves? Y es un fin, es la razón de sus asesinatos. Ese hombre es el asesino y, además, es afilador de tijeras. Nada más apropiado.

–No entiendo nada, Vivian. ¿A dónde quieres llegar?

–Todas sus víctimas están relacionadas con personajes de la literatura, ficticios, pero inmortales.

–Quieres decir que sus asesinatos son un homenaje a la literatura, una demostración de su inmortalidad.

–Sí, creo que sí. Es un juego: las personas somos mortales, los personajes no. Ese hombre es un gran lector, y lo más inteligente y retorcido es que ha conseguido, a través del terror, imponer la lectura de sus obras favoritas.

–Parece una locura, pero tiene algún sentido.

–Es un loco, sin duda.

–Pero esa frase que me dio a leer… la conozco.

Pasamos unos días debatiendo si debíamos ir o no a la policía; pero no nos atrevimos con nuestra débil historia. Temíamos hacer el ridículo, y eran tantos los que acudían con infinidad de supuestos, o pidiendo protección por sentirse reconocidos en alguno de los personajes de Balzac, que era muy probable que no nos escucharan.

Vivian y yo tomamos la precaución de salir siempre juntas, y nunca de noche.

Al cabo de dos semanas sucedió lo que todos temíamos.

Fue la última vez que el asesino actuó.

Pasaron los años y la ciudad poco a poco fue olvidando el terror en el que un día se vio sumida.

La policía jamás dio con el asesino.

Yo me licencié en Literatura francesa.

El primer libro que publiqué fue un estudio sobre la vida y obra de Víctor Hugo. Leyendo sus memorias, encontré lo siguiente:

“Descendí y me llevé en la imaginación aquel semblante lívido. Cuando pasé por el salón volví a ver el busto, inmóvil, insensible, altivo y que irradiaba un brillo vago, y no pude dejar de hacer una comparación entre la muerte y la inmortalidad”.

Eran los recuerdos de la última visita que le hizo a Balzac en su lecho de muerte.

NATALICIO DE JOSÉ MARTÍ

Con motivo de cumplirse hoy el aniversario 157 del nacimiento de José Martí, reproduzco este artículo, publicado originalmente en 1991 en la revista Cádiz e Iberoamérica, editada por la Diputación de Cádiz y dirigida por el poeta Jesús Fernández Palacios.

EN EL CENTENARIO DE VERSOS SENCILLOS

Este año se cumple un siglo de la publicación de Versos sencillos (Nueva York, Louis Weiss & Co., Impresores, 1891), de José Martí, a quien Juan Ramón Jiménez vio como “héroe más que ninguno de la vida y la muerte” y Fernando de los Ríos consideraba “la personalidad más conmovedora, patética y profunda que ha producido hasta ahora el alma hispana en América”.

No faltarán suspicaces en el mundo que piensen –la obra literaria de Martí no es tan conocida como se desea– que los cubanos exageramos cuando decimos que José Martí es un poeta excepcional. Que exageramos, ofuscados, por devoción al hombre que vivió y murió por hacernos libres colectiva e individualmente. Podría ser –porque hay una pasión cubana por Martí–, pero no es. Y si bien nuestro héroe se incorporó a la historia por actos en que se revela su ser poético, la poesía que escribió no necesita del prestigio de tales actos para merecer el lugar que ocupa entre lo más sustantivo de la lírica moderna. En principio, los versos valen, o no, por sí mismos: nada que no sean ellos ni los salva ni los pierde.

Martí fue, por extensión de su grandeza poética, un adalid y un mártir de la libertad entera. Su altura como poeta es la medida de su magnitud como libertador. Su tamaño total debe fijarse, mejor que por lo que hizo para zafarle a Cuba la atadura colonial española y preservarla de la norteamericana, por lo que se esforzó, en letra y ejemplo cotidiano, para insuflarnos –a cubanos y a españoles, y a todos– un amor alerta y beligerante por la dignidad humana. “La dignidad plena del hombre” es, en la poética y la política de Martí, supremo valor, bien raigal sin cuya existencia resulta imposible la libertad ni íntima ni pública, ni de individuo ni de pueblo.

Nacido en La Habana, de padre valenciano y madre canaria, en 1853, murió en la batalla de Dos Ríos, al oriente de Cuba, en 1895. Afrontó cárcel y destierro siendo adolescente, padeció un exilio casi perpetuo (España, México, Guatemala, Estados Unidos, Venezuela, Jamaica), fundó el Partido Revolucionario Cubano y su periódico Patria, creó una revista preciosa para los niños de América (La Edad de Oro), organizó expediciones armadas y la Guerra de Independencia. Además de poeta fue orador, dramaturgo, novelista, ensayista, periodista, conspirador. Cuando creyó llegado el momento de ser también soldado, se precipitó en la muerte empuñando un revólver en medio de la guerra que él preparó y que quería sin odio porque la concebía justa y necesaria.

Martí reunió poemas suyos en tres libros que, con los de Rubén Darío, anunciaron la modernidad en la literatura de nuestro idioma: Ismaelillo, Versos libres y Versos sencillos. El primero apareció en 1882; el tercero, nueve años después. No le alcanzó la vida para ver impresa toda su obra poética. Flores del destierro (poemas compilados bajo este título por Gonzalo de Quesada) es un libro que se publicó en 1933, y todo parece indicar que Versos libres fue editado por primera vez, como libro independiente, por el poeta malagueño Manuel Altolaguirre en su imprenta habanera La Verónica, en 1939.

Martí y el Modernismo

Es indudable que ciertas proposiciones estéticas hechas por Martí, derivadas del parnasianismo y defendidas por él al comienzo de su carrera literaria, así como la índole de sus aportes a la renovación del verso y la prosa castellanos de su época, fueron elementos genitores del Modernismo. Martí influyó a fondo en Darío, y esto es elocuente. Juan Ramón Jiménez lo advirtió: “…Martí vive (prosa y verso) en Darío, que reconoció con nobleza, desde el primer instante, el legado. Lo que le dio me asombra hoy que he leído a los dos enteramente. ¡Y qué bien dado y recibido!”.

Pero, salvo aquellas proposiciones estéticas de juventud, lo modernista en Martí se circunscribe al idioma, al estilo, a la métrica. En lo tocante a la actitud frente a las circunstancias sociales, Martí se situó en las antípodas de los modernistas netos.

Tempranamente planteó Martí la necesidad de rescatar el idioma literario español del marasmo en que por entonces se hallaba. Señaló el empobrecimiento del idioma por el exceso de rutina a que fue sometido, y emprendió la tarea de romper los esquemas fósiles en que estaba atascada la inmensa mayoría de los románticos españoles e hispanoamericanos. En un artículo de su juventud mexicana dijo: “Es ley que ya termine la fatigosa poesía convencional, rimada con palabras siempre iguales que obligan a una semejanza enojosa en las ideas. No se hacen versos para que se parezcan a los otros…”.

Martí acababa de regresar de París cuando escribió eso. Se ha apuntado la posibilidad de que, atraído por el revuelo que produjo en los círculos intelectuales franceses la aparición de Romances sans paroles (libro que se había publicado meses antes de la llegada de Martí a la capital francesa), conociera las novedades de Verlaine y que éstas lo sedujeran. La hipótesis no parece aventurada porque, poco tiempo después, en una de sus “Escenas mexicanas”, manifiesta criterios perfectamente verlaineanos: “La música es más bella –escribe Martí– que la poesía porque las notas son menos limitadas que las rimas: la nota tiene el sonido, y el eco grave, y el eco lánguido con que se pierde en el espacio: el verso es uno, es seco, es solo: –alma comprimida– forma implacable –ritmo tenacísimo. […] La poesía es lo vago: es más bello lo que de ella se aspira que lo que ella es en sí”. Compárense estas palabras del joven Martí con la primera estrofa del “Art poétique” de Verlaine:

De la musique avant toute chose,
Et pour cela préfère l’Impair
Plus vague et plus soluble dans l’air,
Sans rien en lui qui pèse ou qui pose.

Algún tiempo más tarde, en el prólogo de Versos libres, Martí declara sus gustos poéticos. En ese texto dice que ama “las sonoridades difíciles, el verso escultórico, vibrante como la porcelana, volador como un ave, ardiente y arrollador como una lengua de lava”. Creemos descubrir en estas manifestaciones a un adorador de la forma, a un devoto del artificio, a un modernista radical. Sin embargo, en el párrafo siguiente revela su concepto de la labor del poeta y hace un canto a la espontaneidad, enfrentándose ya a lo que Juan Marinello ha llamado el fetichismo de la forma: “Tajos –escribe Martí– son éstos de mis propias entrañas –mis guerreros–. Ninguno me ha salido recalentado, artificioso, recompuesto, de la mente; sino como las lágrimas salen de los ojos y la sangre sale a borbotones de la herida”. Uniendo estas declaraciones de carácter estético a la profesión de “fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, en la utilidad de la virtud” aparecida en la dedicatoria que encabeza a Ismaelillo, comprobamos que Martí, antes que el Modernismo llegara a sus límites finales, tácitamente lo reprobaba. Martí le oponía su fe en la fuerza del hombre para transformar el medio social y para transformarse a sí mismo. Él se sentía optimista ante el devenir histórico, ante el cual el Modernismo puro, esencialmente escéptico, levantó el desdén de su preciosismo retórico y los paraísos artificiales de su irrealismo.

Mente política, observador alerta de la realidad social del Continente, espíritu batallador, Martí asumió como un apostolado las responsabilidades que al hombre de pensamiento se le pide que asuma ante la Historia. Su identificación con las apetencias revolucionarias latinoamericanas lo condujo a una postura militante, como ciudadano y como escritor, incompatible con la respuesta modernista al desafío de la época.

En varias ocasiones, Martí denunció el decadentismo que veía en parnasianos y simbolistas y, por extensión, en los modernistas. A este respecto son elocuentes los reproches que hizo a Julián del Casal: “De él se puede decir que, pagado del arte, por gustar del de Francia tan cerca, le tomó la poesía nula, y de desgano falso e innecesario, con que los artífices del verso parisiense entretuvieron estos años últimos el vacío ideal de su época transitoria”. Finalmente, en este mismo párrafo, propone al poeta encarar la vida –“odiosa a veces por la brutal maldad con que suelen afearla la venganza y la codicia”– y evoca una sentencia de Antonio Pérez, el patético secretario de Felipe II, que es un elogio a la entereza espiritual, al compromiso y a la lucha: “Sólo los grandes estómagos digieren veneno”.

Noticia de los Versos sencillos

Martí escribe los Versos sencillos en 1890, durante una temporada de reposo en las montañas Katskill (Estados Unidos). “Me echó el médico al monte”, dirá, aludiendo al motivo de ese súbito paréntesis: su quebrantada salud. Acaba de librar, con brío y brillo, en la Conferencia Internacional Americana de Washington, una batalla difícil que exigió mucho esfuerzo de su cuerpo y de su mente. Allí levantó, ante Estados Unidos y sus seguidores latinoamericanos, su oposición a “todo cuanto tienda a acercar o identificar en lo político a este país y los nuestros”.

Los agrestes parajes de las Katskill lo ayudan a serenar las angustias patrióticas y las tribulaciones personales, y por unos días le propician un vivificador encuentro con la naturaleza y consigo mismo. Entonces siente, acaso con más fuerza que nunca antes porque “tal vez la poesía no es más que la distancia”, la necesidad del consuelo “que viene de las letras, bellas y fieles”. Echado bajo el palio de hojas y cielo que la montaña le ofrece, vuelve Martí sobre su vida, en la cual la vida le ha permitido pensar muy poco. “Los grandes miedos”, “las grandes esperanzas”, “el indómito amor de libertad” y el “amor doloroso a la hermosura” que se la construyeron –tiene entonces el poeta treinta y ocho años– hallan espacio en un cuaderno que día a día se va llenando de estrofas que más parecen compuestas a viva voz que escritas.

Toda la sabiduría literaria de Martí se muestra en estos poemas, en los que, como dijo Borges refiriéndose a los de Sandburg, hay “habilidades que quieren pasar por descuidos”. Aparentan la premura del boceto, del apunte a mano alzada. La copla popular española les presta, como le prestó a Lope, el trazo ágil y el talante sentencioso. Del simbolismo francés les llega un provocador enmascaramiento del trasfondo. Hay tres diosas profundas gobernando estos poemas: Cuba o la libertad, la Naturaleza o la autenticidad, la Poesía o el amor.

Los Versos sencillos son el resultado de una urgencia existencial. Son confesiones –“Mis amigos saben cómo se me salieron estos versos del corazón”–. Un hombre intenso, que ha vivido, soñado y sufrido por y para los otros y que está en vísperas de salvar el último tramo que lo separa del holocausto, se reserva un instante para sí y repasa su vida. Y, para que quede algo más que su angustia solitaria frente a las cumbres de Katskill, la ilumina: escribe los Versos sencillos.

HONDURAS

Mientras en Venezuela la dictadura bolivariana, cada día más “castrificada”, cierra radioemisoras y canales de televisión que no se le someten, y los genízaros del Sultán Escarlata se emplean en detener la ola de protestas populares que inunda las calles de ese sufrido país, Honduras celebra jubilosamente la toma de posesión de su nuevo mandatario, electo en comicios irreprochables, según el dictamen de los observadores internacionales que los fiscalizaron. Estos comicios, que inician el fin de la crisis provocada por Manuel Zelaya al conspirar desde el poder para convertir a Honduras en una sucursal bolivariana, y que esperamos inauguren una venturosa singladura de la democracia hondureña, han sido posibles gracias al civismo, la lucidez y la firmeza de los hombres e instituciones –“golpistas” para la mayoría de la prensa internacional– que le cortaron el paso al inefable hombre del sombrero y soportaron de pie el acoso del cártel castrochavista, respaldado, en este caso, por la estolidez, la cobardía o el sectarismo de una amplia gama de líderes políticos, incluyendo al mesías Obama. Hoy, cuando el nuevo presidente hondureño, Porfirio Lobo Sosa, asume su cargo, cedo a la tentación de ofrecer a los lectores de este blog el detallado reportaje que publicó ayer el diario La Prensa, en el que se rinde homenaje justiciero al admirable Roberto Micheletti. Algunos Michelettis más necesita América Latina. MDM

MICHELETTI: UN HÉROE TACHADO DE GOLPISTA

(LA PRENSA, Honduras, 26/1/2010) Para muchos gobiernos extranjeros e incluso, para un sector de hondureños, Roberto Micheletti Baín se convirtió en un villano. Para la mayoría, es el personaje que salvó la democracia por una sencilla razón: logró que se realizaran las elecciones generales de noviembre pasado, comicios que estaban amenazados.

Micheletti fue juramentado como Presidente Constitucional de la República por el Congreso Nacional, en sustitución de Manuel Zelaya Rosales, el pasado 28 de junio. A partir de ese día las presiones y amenazas iniciaron.

Por no doblegarse a las presiones internacionales la embajada de Estados Unidos optó por revocarle la visa a él y a parte de su gabinete. También, la Asamblea General Extraordinaria de la Organización de los Estados Americanos, OEA, decidió suspender el derecho de participación en la institución a Honduras.

A Micheletti no sólo le tocó luchar contra las injerencias del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, sino que tomó un gobierno con una deuda interna de 13,700 millones contraída con bancos nacionales.

De eso han transcurrido ya siete meses en los cuales se destacó por su desempeño a favor de la democracia y dejó claro ante los ojos del mundo y especialmente de América Latina que Honduras rechaza el socialismo promovido por Chávez.

El ahora ex mandatario fue objeto de burlas y lo tildaron de golpista. Recibió amenazas a muerte y por su cabeza ofrecían un millón de dólares, según denunció. “Nosotros hemos confirmado que un ciudadano de Venezuela hizo unas ofertas, incluso se trasladó hasta La Mosquitia, donde nos dimos cuenta de que había una oferta de un millón de dólares para asesinarme”, declaró Micheletti.

Pero ni las presiones, ni el aislamiento a través de la suspensión de ayudas de organismos e instituciones de crédito internacional lo hicieron flaquear.

Medios no favorecieron

Otro de los obstáculos con el cual luchó fue con la información difundida por algunos medios nacionales e internacionales, que se empeñaron en transmitirle al mundo sólo una ínfima parte de la historia.

Tanto en medios televisivos, a través de internet y radio se volcaron desde el inicio a apoyar al ex presidente Zelaya, sin darle la oportunidad a las autoridades legalmente nombradas a explicar que lo que había ocurrido era y es respaldado por las leyes hondureñas.

“Quieren intimidar a la población con falsa información, se les acusará de terrorismo mediático”, expresó Micheletti tras desmentir información en la que se decía que había sido detenido por militares y expulsado del país en la madrugada. También pidió respetar la “libre autodeterminación” de los pueblos.

“Es una determinación hecha por el pueblo hondureño y, simple y sencillamente, hay un establecimiento claro, legal que hay una sucesión constitucional”, indicó.

El ataque mediático contra las nuevas autoridades y el llamado a la violencia de los mismos medios de comunicación nacionales obligaron a aprobar en consejo de ministro el decreto PCM-M-016, el cual decía “a toda persona que sea encontrada fuera del horario de circulación establecido, o que de alguna manera se presuma como sospechoso por las autoridades policiales y militares de causar daños a las personas o a sus bienes, según el artículo 187 de la Constitución de Honduras, el Gobierno tiene la potestad de suspender los derechos citados en los casos de “invasión del territorio nacional, perturbación grave de la paz, de epidemia o de cualquier otra calidad general”. Después de este anuncio, Zelaya Rosales, desde la embajada de Brasil denunció que el decreto “es una barbaridad que indigna” y volvió a llamar a la resistencia a salir a las calles aunque se “derramara sangre”.

Héroe nacional

Las acciones de Micheletti contagiaron de confianza a miles de hondureños y mientras la comunidad internacional creía que no duraría ni una semana en el poder, él respaldado por la Carta Magna cumplió su promesa de apoyar las elecciones generales para ponerle fin a la crisis política.

El esfuerzo y valentía del mandatario fue reconocido con un homenaje en el cual fue declarado como “El primer héroe nacional del siglo XXI” y como diputado vitalicio por su trayectoria política. También, cientos de hondureños le mostraron su cariño solicitando en Casa Presidencial tomarse una fotografía y conseguir un autógrafo.

Otros se reunieron en la Plaza La Democracia, el pasado 17 de enero, en las inmediaciones de la Casa Presidencial, para rendir homenaje y despedir de su cargo al ahora ex presidente que contra viento y marea peleó por Honduras.

Al acto coordinado por la Unión Cívica Democrática asistieron personas de diferentes edades y estratos sociales.

Miembros de la UCD consideran a Micheletti Baín “un baluarte de la libertad y defensor de la democracia”. Éste fue sólo uno de los muchos homenajes ofrecidos. “Que viva el presidente Micheletti que se las jugó con este pueblo; nos la jugamos junto, pueblo, Ejército y Gobierno”, agregaron. También se le agradeció a las Fuerzas Armadas, Policía Nacional y diputados.

Su compromiso

El nombre de Roberto Micheletti Baín quedará grabado en la historia del país porque cumplió al pie de la letra lo que prometió el día que fue juramentado.

“Mi tarea inmediata será la de trabajar incansablemente para restablecer la paz y la tranquilidad que hemos perdido, trabajaré para reafirmar la paz y la hermandad entre todos los hondureños. Trabajaré por la justicia social para que de una vez para siempre no existan odios, divisiones, ni resentimientos ni injusticias entre los hondureños.

Mi consigna será la conciliación de la gran familia hondureña y el gran diálogo nacional. En mi poco tiempo como gobernante me dedicaré incansablemente a buscar la seguridad, erradicar la pobreza, el hambre, la falta de techo y la incertidumbre por la falta de trabajo en las familias más necesitadas.

Prometo engrandecer nuestro estado de derecho, fortificar constituciones democráticas y trabajar en armonía con todos los poderes del Estado. Vamos a fortalecer el sistema electoral y político para que las próximas elecciones del 29 de noviembre sean las más transparentes y las más democráticas de la historia de Honduras. A todos los hondureños y hondureñas, hoy no hay vencedores ni vencidos, la patria es de todos, pero sí hay héroes y patriotas, hombres y mujeres responsables que han tomado decisiones con valentía inspirada en los altos valores de la patria, para ellos el agradecimiento imperecedero de la patria”, expresó.

OPINIÓN AJENA

[…] Allende sus fronteras hoy se escenifica la primera gran derrota de Chávez en la región: su peón, Mel Zelaya, abandona Honduras por la puerta de atrás y Porfirio Lobo toma el poder con el pleno reconocimiento del mundo relevante, en el que no están incluidos ni los países del frente bolivariano chavista, ni España, que hace méritos para tener en amplios sectores de la región el mismo peso que el Gobierno de Taiwán. […]

Ramón Pérez-Maura: “Venezuela se subleva”. ABC, Madrid, 27/1/2010.