Diarios de Marina Tsvietáieva

Difícilmente se hallará un lector de poesía, que se precie de serlo, que a estas alturas ignore quiTsvietáieva Diarios libroén fue Marina Tsvietáieva. Su nombre está en la lista de los grandes poetas del siglo XX. Y, desgraciadamente, también en la interminable nómina de quienes sufrieron las consecuencias de los delirios políticos de esa tempestuosa centuria. Uno de éstos –el comunista, causante del holocausto rojo– la llevó al exilio y al suicidio. La editorial Acantilado publicó el año pasado, y aún se encuentran ejemplares en librerías, DIARIOS DE LA REVOLUCIÓN DE 1917 (fragmentos), de Marina Tsvietáieva. Traducción de Selma Ancira. 223 pp.

“Visión de Max friendo cebolla en un escaloncito de la torre, con Taine en las rodillas. Y mientras la cebolla se fríe, el repaso en voz alta, a S. y a mí, del mañana y el pasado mañana de Rusia.

–Y ahora, Seriozha, pasará esto y esto…

Y, con encanto, casi con alegría, como un mago bueno a los niños, imagen tras imagen –toda la revolución rusa con cinco años de adelanto: el terror, la guerra civil, los fusilamientos, los puestos fronterizos, la Vendée, la crueldad, la pérdida de identidad, los espíritus desencadenados de los elementos, la sangre, la sangre, la sangre…” [M. Tsvietáieva, DIARIOS DE LA REVOLUCIÓN DE 1917.]

Prohibido alancear y matar al Toro de la Vega

(EL NORTE DE CASTILLA, 19/5/2016) El Gobierno de Castilla y León, del PP, aprueba un decreto-ley con el que trata de salvar la tradición de Tordesillas impidiendo que el animal muera alanceado.

El Consejo de Gobierno de Castilla y León ha aprobado hoy jueves 19 de mayo de 2016 un decreto-ley que prohibirá la muerte del Toro de la Vega. Eldecreto-ley modifica el Reglamento de Espectáculos Taurinos de la comunidad autónoma, que hasta el momento efectuaba una excepción a la prohibición general de que se pueda dar muerte en público a los animales que participen en espectáculos taurinos populares (encierros, suelta de vaquillas, probadillas y concursos de cortes). Esa excepción, precisamente, amparaba al Torneo del Toro de la Vega para que el animal pudiese morir alanceado en la vega tordesillana.

El decreto-ley marca un punto de inflexión histórico en el que en los últimos años es el espectáculo taurino más polémico de toda España por la oposición que ha generado en amplias zonas y estratos sociales precisamente que el Toro de la Vega muriese de la manera que lo hace. La Junta de Castilla y León, gobernada por el Partido Popular, se pone así al frente de una solución que pueda por un lado garantizar la continuidad de la tradición y, por otro, se adapte a los tiempos que vive la sociedad, que cada vez de forma más unánime rechaza la forma en la que el Toro de la Vega moría.

Las muertes del iluso

MDM foto solo

ENTREVISTADO: MANUEL DÍAZ MARTÍNEZ

ENTREVISTÓ: YOE SUÁREZ

Él y yo nos parecemos. No del modo en que un hijo a un padre, sino desde el genoma las circunstancias. Siento ser destinatario de algunas de sus preguntas: «¿quién toca las maderas que toqué, quién ve los resplandores que yo vi, quién vive las penumbras que viví, quién sueña en la ventana en que soñé?».

Muy joven para todo: para publicar, para la rebelión. Manuel Díaz Martínez ordeña los recuerdos entre verso y verso mientras envejece en Gran Canaria, su isla de repuesto.

Cuando Raúl Castro asumió la presidencia derogó trabas para que los cubanos viajaran libremente. No hace mucho se reimplantaron fórmulas similares a los mercados libres campesinos para estimular la producción agrícola. Cada visita papal saca de las rejas a presos por cargos políticos.

Esas cosas que hoy nadie reprocha y vemos con la normalidad de una lluvia de aerolitos, condenaron a Manuel en 1991. En un documento que él reconoce como «pacífico gesto de autonomía» el poeta añorante pedía al gobierno junto a otros intelectuales cubanos cambios para enfrentar el Crack de los 90. Pero la llamada Carta de los Diez «adquirió la calidad de una insurrección».

A la ciudad de Las Palmas llegan lloviznas de ayer: fue diplomático de la Revolución, defendió a los barbudos desde un diario comunista, estudió en el extranjero gracias a una beca gubernamental…Manuel se siente un iluso cuando merodea el recuerdo. Pero de aquella ilusión salió el hombre que es.

Era un adolescente cuando lo expulsan del bachillerato por oponerse a la dictadura de Fulgencio Batista. La experiencia de sentir un sistema en tu contra, a una edad tan temprana, tiende a calcificar el carácter, el modo de ver la vida cambia. Usted ha hablado poco de ese episodio…

En el Instituto de Segunda Enseñanza de La Víbora, donde yo estudiaba cuando Batista dio el golpe de Estado de 1952, un grupo reducido de estudiantes creamos, con el apoyo de unos pocos profesores, una organización estudiantil que titulamos Círculo de Estudios Martianos.

Con este nombre académico pretendíamos disimular lo que nos proponíamos: estimular, entre docentes y alumnos, la resistencia ideológica a la nueva dictadura. Para ello teníamos un programa de conferencias y debates sobre el pensamiento político de Martí y otros próceres demócratas e independentistas cubanos. Por la información que a través de la prensa teníamos sobre las dictaduras militares en América Latina, como la del general Tacho Somoza en Nicaragua, entonces en pleno apogeo, temíamos que la de Batista fuera tan liberticida y homicida como las demás y empeorara las condiciones de vida en el país.

Pudimos hacer sólo el acto de fundación, que se celebró en el teatro del Instituto. En él fuimos acompañados por muchos estudiantes y unos cuantos profesores. Entre éstos estuvo el historiador Fernando Portuondo, que hizo uso de la palabra, y el catedrático de Literatura Cubana Salvador Bueno, que permaneció en el público. También estuvo, en la presidencia, el biógrafo español de Martí Manuel Isidro Méndez.

Pronto hubo chivatos del régimen en el Instituto y, un día, los dirigentes del Círculo fuimos llamados, uno a uno, al rectorado, donde el nuevo rector, el doctor Blanco, batistiano, nos esperaba con un documento en el que renunciábamos a nuestras actividades políticas en el Instituto.

A quienes rehusamos firmarlo nos fue negada la matrícula para el siguiente curso, por lo cual quedábamos expulsados del Instituto.

Al podar su poesía en selecciones como Objetos personales (2012) deja afuera Frutos dispersos (1956) y Soledad y otros temas (1957). Eso señala que el estruendo del 59 tuvo un peso significativo en su obra, ¿ o es que la madurez poética llegaba con la edad irremediablemente?

Mis libros Soledad y otros temas y Frutos dispersos, los primeros que me atreví a publicar, son mi prehistoria de poeta.

Considero que mi obra la inicia El amor como ella, un poema de amor en el que ya se siente, como dice usted, “el estruendo del 59”: Yo grito y amo aquí, / en medio de los fusiles dispuestos / y los emblemas sonoros de la multitud.

Tampoco incluí en Objetos personales, por considerarla todavía “verde”, una parte de Los caminos. Quise que Objetos personales fuera un libro referencial de lo más representativo de mi trabajo como poeta.

La hornada de autores a la que pertenece, ¿por qué hizo de lo coloquial una línea estética?

Una década atrás hablaba del tema y decía que mi generación de poetas se interesó vivamente por “las tribulaciones de la vida de los demás” y se propuso “humanizar el canto” (cito palabras de Milosz).

En la década de los 50, en el marco de la poesía cubana, esto venía a significar alejarse de Lezama y Orígenes y acercarse a Piñera y Ciclón. En primer lugar, porque nuestro país, que se revolvía contra la dictadura de Batista, había entrado en un proceso revolucionario y los jóvenes poetas que nos comprometimos con dicho proceso buscamos para nuestro mensaje, dirigido a los “nómadas del valle”, un idioma directo, todo lo directo y transparente que la comunicación poética permitiera.

Así, reaccionando contra el barroquismo, nos hicimos coloquialistas para “humanizar el canto”.

Entre las pugnas ideológicas más encarnizadas dentro de los años 60 cuenta la del semanario Lunes de Revolución con el diario Hoy, de cuyo suplemento cultural usted era jefe de redacción. ¿Cómo se vivía al interior de la publicación el enfrentamiento?

Se vivió con pasión partidista.

Puesto que las anécdotas, como las imágenes, valen por mil palabras, contaré que en París, en 1960, le hice una entrevista al gran poeta español Blas de Otero y la envié a Lunes… para quedar bien con Guillermo Cabrera Infante, quien en reiteradas ocasiones me había pedido una colaboración para su magazine y yo le había prometido complacerlo.

Cuando la entrevista apareció en Lunes…, en mi periódico me reprocharon con dureza mi “deslealtad”, como si yo hubiese colaborado con la prensa enemiga.

Aquel estallido de celo sectario me resultaba incomprensible en esos momentos: ambos magazines, Hoy domingo y Lunes…, formaban parte de la prensa revolucionaria.

En 1971 el Caso Padilla polarizó a la intelectualidad latinoamericana respecto a la Revolución, y a lo interno resquebrajó la confianza entre el mando barbudo y los autores cubanos. César López me comentaba que es un capítulo sobre el que no se ha escrito toda la verdad. Si le encargaran contarlo para las futuras generaciones, ¿qué detalles, desde sus vivencias personales, no dejaría de mencionar?

En mi libro Sólo un leve rasguño en la solapa, publicado en España en 2002, expongo detalladamente todo cuanto sé del Caso Padilla, y lo que sé es lo que viví como miembro del jurado que premió el libro de Heberto.

No me sorprendería que haya algo más, pero lo ignoro. Hay, eso sí, un incidente que para mí sigue siendo un enigma. En aquellos días yo era el jefe de redacción de La Gaceta de Cuba, puesto del que fui destituido inmediatamente después de votar por Fuera del juego, el libro del conflicto.

La tarde que volví a mi despacho en la Unión de Escritores (UNEAC) para recoger mis pertenencias, encontré entornada la puerta (yo siempre la dejaba cerrada con llave) y un espeluznante desorden en el local. Sobre los libros y papeles tirados en el suelo y sañudamente pisoteados, y sobre la máquina de escribir, habían vertido la cola de maquetar el periódico.

Llamé en el acto al administrador de la UNEAC, Bienvenido Suárez, para que viera aquello y diera parte a la policía. Nunca supe nada más de ese sabotaje. Supongo que fue hecho para que se me culpara de él.

Entre el 61 y el 67, cuando Vivir es eso recibe mención en el Casa de las Américas y se lleva el primer Premio UNEAC de Poesía, publica seis libros. De 1969 hasta 2001 no hay otro título. ¿Qué ocurrió con su voz en esos más de 30 años?

El Caso Padilla comienza en el concurso literario de la UNEAC de 1968. Ese mismo año fui involucrado en el proceso de la llamada “microfacción” y condenado a no poder ejercer, durante tres años, ningún cargo ejecutivo político, administrativo o militar. Además, me separaron del jurado del premio de Poesía de la UNEAC.

Recurrí la sanción ante el Comité Central del Partido y éste dictaminó que yo me reincorporara al jurado de la UNEAC y me quedara en La Gaceta de Cuba como simple redactor. Desde ese momento no se me permitió publicar nada, salvo en La Gaceta, donde aparecieron algunos textos periodísticos míos, pero sin mi firma.

En 1984, dieciséis años después, me “rehabilitan” y Ediciones Unión publica mi libro Mientras traza su curva el pez de fuego, y un año más tarde la Editorial Letras Cubanas publica mi antología Poesía inconclusa y, en 1989, El carro de los mortales.

El último libro mío aparecido en Cuba antes de mi salida al exilio es la antología Alcándara, publicado por la UNEAC en 1991.

Fuera de Paso a nivel (2005), pareciera que el arroyo de la poesía se ha secado en usted. ¿Qué le diría a los que creen eso?

Les diría que están mal informados.

Desde 1992, año en que llegué a España, he publicado libros de poemas. Memorias para el invierno, por ejemplo, obtuvo el Premio de Poesía Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria 1995; y Paso a nivel salió por la Editorial Verbum en 2005.

En estos momentos está en proceso editorial mi poemario En La Isleta y estoy a punto de entregar al editor Cantos y cuentos (poemas y narraciones).

A su juicio, ¿qué condenó la Declaración de los Diez? La he leído y me parece un documento moderado, aunque atrevido para la época de acantonamiento en la isla tras el derrumbe del bloque comunista.

La Carta de los Diez es un pliego de peticiones dirigido, desde Cuba y por ciudadanos cubanos, al Gobierno y al partido que gobierna.

En ella demandamos, de nuestras autoridades, determinadas actuaciones políticas y administrativas que considerábamos pertinentes en vista de la crisis en que entraba el país.

¿Es cierto que el pronuciamiento de la UNEAC contra la Carta incluía firmas de intelectuales ya fallecidos?

Recuerdo que entre los firmantes del pronunciamiento de la UNEAC, publicado en el periódico del Partido el 17 de junio de 1991, se incluyó al pintor Mariano Rodríguez, fallecido en 1990.

Por cierto, también aparece el pintor Alberto Jorge Carol, quien, en carta que me envió niega haber firmado.

¿En qué momento exacto decide dejar Cuba?

Poco después de conocerse la Carta de los Diez, la poetisa María Elena Cruz Varela, promotora de esa iniciativa y dirigente de una organización política de la oposición cubana, y su hija, entonces menor de edad, fueron víctimas, en su casa, de una agresión física muy violenta por parte de miembros del Comité de Defensa de la  Revolución del barrio donde ellas vivían.

Sin embargo, fue la poetisa agredida la condenada por un juez y encarcelada. A mí, por firmar la Carta, me dejaron sin trabajo, me expulsaron de la Unión de Escritores y de la de Periodistas y me acusaron, en el principal periódico del Gobierno, de ser traidor a mi país y agente de una potencia enemiga.

Es obvio que había llegado el momento de ir con mi familia a vivir a otra parte.

Algunos lo interpretan como una negación de todo lo que fue. Usted, que fue becario en La Sorbonne a través del gobierno revolucionario, lo representó diplomáticamente en la Bulgaria comunista, e ingresó al Partido Socialista Popular en 1959, ¿qué experimenta internamente con ese giro de tuercas?

Si, en cualquier circunstancia, los gobernantes de un país interpretan un documento moderado como “un giro de tuerca” y reaccionan como ocurrió en mi caso, es que en ese país la libertad tiene un grave problema.

Lo sucedido con la Carta de los Diez acabó de convencerme de que yo estaba equivocado. Y cuando uno descubre que está errado y rectifica, deja de ser lo que fue: un iluso. ●

Venezuela se desmorona

El país vive un tipo de implosión que casi nunca ocurre en una economía de rentas medias. Escasez, delincuencia, hambruna: escenas de la vida cotidiana en un Estado fallido 

Moisés Naím, Francisco Toro

(EL PAÍS, Madrid, 15/5/2016) Cuando un empresario venezolano que conocemos abrió un negocio en el oeste de Venezuela, hace 20 años, nunca imaginó que un día se enfrentaría a una pena de cárcel por culpa del papel higiénico en los baños de su fábrica. Sin embargo, Venezuela sabe convertir lo inimaginable del pasado en lo cotidiano del presente.

Para comprar alimentos hay que guardar largas colas en los supermercados, como este caso en Caracas. Marco Bello Reuters

 El calvario de Carlos comenzó hace un año, cuando el sindicato de la empresa empezó a insistir en el cumplimiento de una extraña cláusula de su convenio colectivo, según la cual los aseos de la fábrica tenían que disponer de papel higiénico en todo momento. El problema era que, dada la escasez creciente de todo tipo de productos básicos (desde arroz y leche hasta desodorante y condones), encontrar un solo rollo de papel higiénico era prácticamente imposible en Venezuela. Cuando Carlos por fin logró hacerse con una cantidad suficiente, sus trabajadores, como es comprensible, se lo llevaron a casa: encontrarlo en el mercado les resultaba igual de difícil que a él.

El robo de papel higiénico puede sonar a tomadura de pelo, pero para Carlos es un asunto grave: si no repone el producto infringe el convenio colectivo, lo que expone a la fábrica al riesgo de una huelga prolongada, que a su vez podría conllevar su nacionalización por parte del Gobierno de Nicolás Maduro. Así las cosas, recurrió al mercado negro, donde encontró una solución aparente: un proveedor capaz de entregar, de golpe, papel higiénico para varios meses. El precio era alto, pero no tenía elección: su empresa corría peligro. Por desgracia, conseguir suficiente papel higiénico no acabó con el calvario de Carlos.

En cuanto la entrega llegó a la fábrica, la policía secreta entró en escena. Se incautaron del papel higiénico y afirmaron que habían desbaratado una importante operación de acaparamiento, parte de la “guerra económica” respaldada por Estados Unidos que, según el Gobierno de Maduro, es la principal causante de la escasez. Carlos y tres de sus principales directivos se enfrentaban a un proceso penal y a una posible condena de cárcel. Y todo por el papel higiénico.

Carlos es una de las personas reales detrás de esas historias chistosas del tipo “no hay papel higiénico en Venezuela”, que utilizan la crisis del país para conseguir risas y clics. Pero a los venezolanos el giro siniestro que ha dado nuestro país no nos hace ni pizca de gracia. El experimento del “socialismo del siglo XXI” propuesto por Hugo Chávez, el autodenominado paladín de los pobres que juró repartir la riqueza del país entre las masas, ha sido un cruel fracaso.

Los países en vías de desarrollo, como los adolescentes, son propensos a tener accidentes. Se diría que casi esperamos que tengan una crisis económica, una crisis política, o ambas, con cierta regularidad. Las noticias que llegan de Venezuela —como la escasez de productos básicos y, más recientemente, los disturbios provocados por apagones, la imposición de una semana laboral de dos días para los funcionarios, supuestamente para ahorrar energía, y una campaña para expulsar al presidente que cobra cada vez más impulso— son tan funestas que resulta fácil tacharlas como uno más de esos episodios recurrentes.Pero eso sería un error. Lo que nuestro país está viviendo es algo monstruosamente único en los tiempos que corren: ni más ni menos que el hundimiento de un país grande, rico, aparentemente moderno y democrático, a solo tres horas en avión de Estados Unidos.

En los últimos dos años, Venezuela ha vivido ese tipo de implosión que casi nunca ocurre en un país de renta media a menos que haya una guerra: las tasas de mortalidad se disparan; los servicios públicos se desmoronan uno tras otro; la inflación de tres cifras ha sumido a más del 70% de la población en la pobreza; una oleada de crimen incontrolable obliga a la gente a permanecer encerrada en sus casas; los consumidores tienen que hacer cuatro o cinco horas de cola para comprar; los recién nacidos, y también los ancianos y enfermos crónicos, mueren por la falta de medicamentos y aparatos sencillos en los hospitales. Ahora hay una auténtica hambruna en el país.

¿Pero por qué? No es que al país le falte dinero. Sentado sobre las reservas de petróleo más grandes del mundo, el Gobierno dirigido primero por Chávez y desde 2013 por Maduro ha recibido más de un billón de dólares en ingresos derivados del crudo a lo largo de los últimos 17 años, y no ha tenido que enfrentarse a ninguna restricción institucional sobre cómo gastar esa bonanza sin precedentes. Es cierto que el precio del petróleo lleva un tiempo cayendo un riesgo que todos preveían, y frente al que el Gobierno no se preparó—, pero eso difícilmente puede explicar lo que ha ocurrido: la implosión de Venezuela empezó mucho antes. En 2014, cuando el petróleo seguía vendiéndose a más de 100 dólares el barril, los venezolanos ya se enfrentaban a una importante escasez.

El auténtico culpable es el chavismo, la filosofía imperante nombrada en honor a Chávez y perpetuada por Maduro, y su asombrosa propensión a la mala gestión (el Gobierno despilfarró los fondos estatales en inversiones descabelladas), la destrucción institucional (primero Chávez y luego Maduro se volvieron más autoritarios y paralizaron las instituciones democráticas del país); las decisiones políticas sin sentido (como los controles de precios y divisas) y el hurto puro y duro (la corrupción ha proliferado entre un sinfín de mandatarios y sus familiares y amigos).

Un buen ejemplo son los controles de precios, que se aplican a más y más productos: alimentos y medicamentos vitales, sí, pero también baterías de coches, servicios médicos, desodorantes, pañales y, cómo no, papel higiénico. El objetivo aparente era controlar la inflación y hacer los productos asequibles para los pobres, pero cualquiera con unas nociones básicas de economía podría haber previsto las consecuencias: cuando los precios se fijan por debajo del coste de producción, los vendedores no pueden permitirse reponer los estantes. Los precios oficiales son bajos, pero es un espejismo: los productos han desaparecido.

Cuando un país está en pleno proceso de hundimiento, las dimensiones de la decadencia se retroalimentan, creando un ciclo para el que no hay solución. Los regalos populistas, por ejemplo, han fomentado el ruinoso flirteo de Venezuela con la hiperinflación, y el Fondo Monetario Internacional prevé que los precios suban un 720% este año y un 2.200% en 2017. El Gobierno prácticamente regala la gasolina: según los tipos de cambio del mercado negro, con un billete de 100 dólares se puede comprar suficiente combustible para dar la vuelta al mundo 11 veces a bordo de un Hummer H1. Es el mismo tipo de política descabellada que ha sumido al Estado en una escasez de fondos crónica, obligándolo a imprimir cada vez más dinero para financiar sus gastos, lo que espolea aún más la inflación. Más útil que el debate teórico sobre las fuerzas profundas que han destruido la economía de Venezuela, desgarrado su sociedad y arrasado sus instituciones es ofrecer algunos relatos que ilustran una crisis humanitaria por la que nadie rinde cuentas.

¿Quién mató a Maikel Mancilla?

A sus 14 años, Maikel Mancilla llevaba seis luchando contra la epilepsia. Su enfermedad estaba más o menos controlada gracias a la lamotrigina, un anticonvulsivo corriente para el que se necesita receta. Conseguirlo era desde hace tiempo una lucha para su familia, pero a medida que aumentaba el desfase entre el coste real del fármaco y el precio máximo que las farmacias podían cobrar, encontrarlo se volvió imposible.

El 11 de febrero, la madre de Maikel, Yamaris, le dio la última pastilla de lamotrigina que había en su botiquín; a ninguna de las farmacias a las que acudió le quedaban anticonvulsivos. Yamaris recurrió a las redes sociales —que actualmente en Venezuela están repletas de gente desesperada en busca de unos medicamentos que escasean—, pero no hubo suerte. Durante los días posteriores, Maikel sufrió una serie de ataques epilépticos cada vez más graves, ante la mirada impotente de su familia. El 19 de febrero, a la 1.15 de la madrugada, murió a causa de una insuficiencia respiratoria.

El caso de Maikel no es único. El hundimiento del sistema sanitario y la escasez de medicamentos se cobran vidas todos los días. Los pacientes psiquiátricos que sufren esquizofrenia tienen que apañarse sin antipsicóticos. Decenas de miles de pacientes seropositivos se las ven y se las desean para encontrar los antirretrovirales. Los enfermos de cáncer no disponen de quimioterapia. Incluso la malaria —que prácticamente había desaparecido de Venezuela hace una generación y se puede tratar con medicamentos baratos— ha regresado con resultados mortíferos.

El piloto de carreras

Mientras los venezolanos morían por la falta de medicamentos básicos, su Gobierno socialista radical gastaba decenas de millones al año para que su compatriota Pastor Maldonado compitiese en el circuito mundial de Fórmula 1. Maldonado, amigo de las hijas del presidente Chávez, solo logró ganar una sola carrera en cinco años de competición. Así y todo, la petrolera estatal de Venezuela, PDVSA, gastaba más de 45 millones de dólares al año para que Maldonado siguiese corriendo con su logo. Este año, Maldonado, cuya costumbre de estrellarse una carrera sí y otra también acabó valiéndole el apodo de Crashtor, se vio obligado a abandonar el circuito de Fórmula 1, cuando PDVSA no pudo aportar el dinero del patrocinio.

La generosidad de Chávez y Maduro con el petróleo venezolano es legendaria. Han repartido el dinero del crudo por todo el planeta, desde los 18 millones de dólares pagados a Danny Glover en 2007 para producir una película ideológicamente apropiada (que sigue sin verse) hasta los millones gastados para mantener a flote la economía cubana o financiar a movimientos de izquierdas desde El Salvador hasta Argentina, pasando por España y más allá.

El robo del almuerzo

Entretanto, el Gobierno venezolano ni siquiera puede garantizar el sistema de derecho más elemental, lo que convierte a Caracas, la capital, en una de las ciudades con más asesinatos del mundo. Los traficantes de droga dominan amplias zonas rurales. En las cárceles, los líderes de las bandas disponen de armas militares y los ataques con granadas ya no son una novedad. Hasta los niños sufren robos. En el colegio de Nuestra Señora del Carmen, en El Cortijo, un barrio desfavorecido de Caracas, los suministros del comedor escolar ya han sido robados dos veces este año. El segundo robo supuso que el colegio no pudiese dar de comer a los niños durante una semana.

En otros sitios, el comedor escolar ha dejado de funcionar. En las comunidades más pobres, los padres optan por sacar a sus hijos del colegio: son más útiles haciendo cola a las puertas de un supermercado que sentados a sus pupitres, ya que para optar a las raciones adicionales para sus hijos los padres tienen que llevar a los niños en persona a la tienda. El régimen colocó hace tiempo la educación en el centro de su propaganda, pero la realidad actual es que a una generación de niños desfavorecidos se les está negando la educación a causa del hambre.

Al mismo tiempo, la Asamblea Nacional, controlada por la oposición, denuncia el robo de unos 200.000 millones de dólares mediante estafas en la importación de alimentos desde 2003.

El brote de crimen alimenta el brote de zika

Venezuela se enfrenta a uno de los peores brotes de zika de Sudamérica. El Instituto de Medicina Tropical de la Universidad Central de Venezuela —eje de las respuestas del país a las epidemias tropicales— fue desvalijado hasta 11 veces, que se dice pronto, en los dos primeros meses de 2016. Los últimos dos robos dejaron al laboratorio sin un solo microscopio. Así resulta imposible que los investigadores puedan hacer su trabajo. Además, los intentos por reparar el daño se ven afectados por las mismas disfunciones que afligen al resto de la economía: simplemente no hay dinero para sustituir el costoso equipo importado que los criminales robaron.

Otros aspectos del hundimiento del Estado también agravan la crisis del zika. La infraestructura hidráulica de las ciudades venezolanas se está viniendo abajo tras casi dos décadas de negligencia. Este año, además, el fenómeno El Niño ha provocado una grave sequía. Las empresas de agua públicas han respondido a la rebaja del nivel de las reservas con duras medidas de racionamiento. Algunos barrios pobres pasan días e incluso semanas sin agua corriente. La mayoría de las personas llenan varios cubos cuando se restablece el servicio, preparándose para los periodos secos. Y almacenar agua en cubos es precisamente lo último que hay que hacer cuando uno se enfrenta a una epidemia: los recipientes se convierten en zona de cría para los mosquitos que transmiten el virus del zika, la chikunguña, el dengue e incluso la malaria.

Falta de electricidad y sobra impunidad

Vivir sin agua y sin electricidad se ha vuelto una realidad cotidiana. Las empresas públicas tienen problemas para mantener suficiente agua en las reservas para evitar un colapso total de la red eléctrica. No tendría por qué ser así. Desde 2009 se han destinado centenares de millones de dólares a construir nuevas plantas de energía a base de diésel y gas natural, cuyo objetivo era aliviar la presión de una red hidroeléctrica antigua. Sin embargo, buena parte de la capacidad nunca llegó al sistema, y nunca se rindieron cuentas sobre el dinero, que fue desviado.

Es un reflejo de la impunidad que reina en todos los ámbitos del Estado. El 4 de marzo, 28 mineros desaparecieron cerca de la frontera brasileña, y los testigos hablan de una masacre. Hasta ahora solo se ha detenido a cuatro personas: son familiares de las víctimas, que habían osado pedir justicia. A finales del año pasado, dos sobrinos de la poderosa primera dama fueron arrestados en Haití por agentes de la DEA por tráfico de cocaína. La reacción de la primera dama fue acusar a la DEA de secuestrar a sus sobrinos.

¿Y qué pasó con Carlos, nuestro empresario en busca de papel higiénico? Tras ser arrestado con absurdos cargos de “acaparamiento”, cayó en la cuenta de que aquello solo era una extorsión por parte de la policía. “Su oferta inicial fue alta, del orden de los cientos de miles de dólares”, asegura. Al final, los agentes retiraron los cargos a cambio de unas decenas de miles de dólares.

No es posible entender la Revolución Bolivariana y su fracaso sin incorporar en el análisis el enorme impacto que ha tenido el masivo saqueo del erario público por parte de funcionarios, oficiales militares y sus cómplices del “nuevo sector privado”, la burguesía bolivariana enchufada al Gobierno. En Venezuela la cleptocracia disfrazada de ideología socialista y amor a los pobres destruyó al Estado. Es urgente comenzar la reconstrucción de un país devastado.

[Moisés Naím es distinguished fellow de la Fundación Carnegie para la Paz  Internacional. Francisco Toro es editor de CaracasChronicles.com]

La hija de Franco, insólita turista en La Habana

LA HIJA DE FRANCISCO FRANCO ACABA DE HACER UN CRUCERO QUE HA RECALADO EN LA CAPITAL CUBANA

RECUERDA LA ESPECIAL RELACIÓN QUE UNÍA A SU PADRE CON CASTRO: “FIDEL TAMBIÉN ERA GALLEGO Y MI PADRE NUNCA QUISO CORTAR”

María Eugenia Yagüe

(EL MUNDO, Madrid, 7/5/2016) Cuba está de moda. La isla se ha convertido en el destino favorito de celebridades y millonarios, fascinados por las hermosas ruinas de una Habana capital del último reducto comunista del mundo Occidental.

El viaje del presidente Obama, el concierto de los Rolling Stones o el desfile de Chanel esta misma semana abren el camino a todos aquellos que no se atrevían a desafiar la prohibición norteamericana de visitar el país de los hermanos Castro.

Pero quizá la turista más insólita en pasear últimamente por La Habana Vieja, ha sido Carmen Francola hija del general, quien por cierto resultó un sorprendente aliado de Fidel Castro.

Carmen, de 89 años y salud envidiable, acaba de hacer un crucero por el Caribe que empezó y terminó en La Habana. Y está encantada de haber regresado a un país que conoció en los últimos días del gobierno de Batista, derrocado por una dictadura que permanece desde hace 60 años.

– Su padre siempre mantuvo relaciones diplomáticas con la Cuba de Castro, le comentamos, y eso que se parecían poco.

– Es que siempre fue un país muy español, lleno de españoles, Fidel también era gallego y mi padre nunca quiso cortar, no. Consideraba que no siempre tienes que hacer todo lo que dicen otros países y que no puedes estar obedeciendo a ciegas, él tenía su propio criterio. Y ellos están por eso muy agradecidos a España”, declara Carmen a LOC.

En una entrevista de 1985 en ‘El País’, Fidel Castro aseguraba: “Franco no se portó mal, hay que reconocerlo. Pese a las presiones que tuvo, no rompió las relaciones diplomáticas y comerciales con nosotros. No tocar a Cuba fue su frase terminante…”.

A su vez, Fidel correspondió con tres días de luto oficial y banderas a media hasta, cuando Franco murió. Esta curiosa relación entre Franco y Fidel, se mantuvo intacta incluso con un incidente diplomático de consecuencias imprevisibles.

El 20 de enero de 1964, el embajador español Juan Pablo Lojendio, interrumpió un programa de la televisión cubana en el que Fidel en persona acusaba a la embajada de España de “conspiraciones fascistas y contrarrevolucionarias”.

Llamó a Castro mentiroso y le exigió una rectificación inmediata. La escena le costó el puesto al marqués de Lojendio que abandonó la isla antes de las 24 horas siguientes y fue trasladado a Suiza. Sin embargo, Franco no llamó a consultas al embajador de Cuba en España y asombrosamente no ocurrió nada más.

La buena sintonía entre Franco y Fidel quedaba ampliamente demostrada aunque nunca llegaron a tratarse personalmente. “Papá siempre decía que Fidel había acabado con el analfabetismo”, recuerda la hija de Franco.

Carmen Franco ha vuelto a una Habana muy diferente a la que conoció hace años. “La gente de la calle es educada y la ciudad sigue siendo muy bonita aunque falten tantas cosas. Quise volver a ver al cabaré Tropicana que está igual, con mucho ritmo y las mulatas son estupendas”.

Cuba fascina por igual a visitantes de todos las ideologías y colores.

Homenaje a Francisco Lezcano

Francisco Lezcano foto

EL MUSEO DOMINGO RIVERO DEDICARÁ EL DÍA INTERNACIONAL DE LOS MUSEOS A FRANCISCO LEZCANO

El próximo día 18 de mayo celebramos el Día Internacional de los Museos. Este año, el Consejo Internacional de los Museos establece que la temática será MUSEOS Y PAISAJES CULTURALES.

El objetivo del Día Internacional de los Museos es sensibilizar al público sobre el hecho de que “Los museos son un medio importante para los intercambios culturales, el enriquecimiento de culturas, el avance del entendimiento mutuo, la cooperación y la paz entre los pueblos”. El tema “Museos y Paisajes Culturales” pone de manifiesto la responsabilidad de los museos con el paisaje del que forman parte, al cual pueden contribuir aportando sus conocimientos y competencias propias, siendo protagonistas activos de su gestión y buen mantenimiento. La misión principal de los museos es velar sobre el patrimonio, ya esté dentro o fuera de sus muros. Su vocación natural es la de ampliar su misión y desplegar sus propias actividades en el campo abierto del patrimonio cultural y del paisaje del que forman parte, del cual pueden asumir distintos niveles de responsabilidad.

Para tal fin, la dirección del Museo Poeta Domingo Rivero, de Las Palmas de Gran Canaria, ha decidido dedicar el Día Internacional de los Museos al pintor, cineasta y poeta canario Francisco Lezcano y a su trayectoria artística.

Próximamente, se ofrecerá una amplia información acerca de este evento.

Sátira de Miguel Hernández contra Franco

(Sin título)

Tu famosa, tu mínima impotencia,
desparramar intento
sin detener el paso ni un instante.
Para lo tal, me apeo en mi paciencia,
pulso un acordeón llorón de viento
y socarrón de voz, y ya es bastante.

Tu cornicabreada decrepitud purgante
exige estos reparos de escritura,
y con ellos ayudo a someterte,
no al manicomio al tonticomio oscuro
que tu idiotez sin mezcla de locura,
pide hasta que la muerte
venga a sacar tu vida de este apuro.

Llevas el corazón con cuello duro,
residuo de una momia milenaria
concurso de idiotas,
que necesita la alabanza diaria
y descosido en la alabanza explotas.

Cocodrilito pequeñito, ñito,
lagartija de astucia,
mezquina subterránea, con el rabo marchito,
y la mirada alcantarilla sucia.

Tarántula diabética y escuálida,
forúnculo político y gramático,
republico de triste mierda inválida,
oráculo, sarcófago enigmático.

Demócrata de dientes para fuera,
altares solicita tu zapato
No hagas más reflexiones de topo y madriguera
en tu conejeril rincón de mentecato.

Humo soberbio, sapo que te hinches
cuando oyes un piropo:
disuélvete en berrinches

resuélvete, desaparece, topo.
España no precisa
tu vaciedad de calabaza neta,
tu mezquindad que duele y que da risa,
tu vejez inconcreta,
venenosa, indecisa.

No te toca la sangre de los trabajadores,
sus muertes no salpican tu chaleco,
no te duelen sus ansias, ni su lucha,
tu tiniebla trafica con sus puros fulgores
su clamor no haya en ti ni voz, ni eco,
tu vanidad tu mismo ruido escucha
como un sótano seco.

Hay ojos que derraman raíces amorosas.
Sobre tus ojos tienes
uñas que a hacerse dueñas de las cosas
avanzan por tus sienes.

Necesitan incienso e incensario
tu secundaria vida,
tu corazón de espino secundario,
tu soberbia de zarza consumida.

Sobre tu pedestal o tu peana,
monumento de oficio,
cuando su salvación está cercana
quieres llevar un pueblo al precipicio.

Te rebuznó en el parto tu madre, y más valiera
a España que jamás te rebuznara
con esa cara de escobilla fiera,
de vieja zorra avara.

No llevarás mi pueblo al precipicio,
dictador fracasado, rey confuso,
y caerás por la punta de una bota
sobre tus flacos días puesta en uso.

28 de febrero de 1937

[Miguel Hernández,  Obra Completa, Espasa Calpe, Madrid, 1992. Edición de Agustín Sánchez Vidal, José Carlos Rovira y Carmen Alemany.]