Ex oficiales de las FAR y el MININT firman manifiesto dirigido a los militares cubanos

Movidos por la actual crisis en la isla, un grupo de ex oficiales de las Fuerzas Armadas de Cuba y del Ministerio del Interior, entre los que figura el General de Brigada Rafael del Pino, han publicado un manifiesto que da inicio al “movimiento de militares cubanos objetores de conciencia”.

La propuesta está inscrita en el 126 aniversario del Grito de Baire, “gesta definitiva por la independencia para iniciar la construcción de la patria que Martí deseaba alcanzar” y reconoce que “mientras en todo el país se generaliza la pobreza, una casta corrupta de altos oficiales y burócratas han constituido un estado mafioso y vive a sus anchas”.

El documento, al que Radio y Televisión Martí tuvo acceso, señala que la élite militar controla “todas las actividades rentables en el monopolio de GAESA sin que nadie fiscalice sus operaciones e ingresos ni se inviertan las ganancias en beneficio del pueblo”.

Además denuncia que el régimen ha desatado “una guerra contra el pueblo y sus iniciativas económicas”.

“El nuevo estado mafioso bajo su control no se responsabiliza por la población, pero tampoco otorga libertades económicas ni políticas para buscar la prosperidad de forma independiente. Los ciudadanos son esclavos en una plantación moderna en la que ni siquiera se les garantiza el alimento”, indica el texto.

​Los firmantes, entre los que se encuentran también el Teniente Coronel Omar Ruiz Matoses FAR-MININT (Fuerzas Armadas Revolucionarias-Ministerio del Interior)  -padre de los opositores Ariel y Omara Ruiz Urquiola-, el Teniente Coronel Mario Riva Morales FAR, el Teniente Coronel Alfredo Lima Pérez FAR, y el 1er Teniente Ángel Madrazo Giro MININT, han declarado lo siguiente como Objetores de Conciencia:

1- Nos oponemos a cualquier orden o plan de usar la fuerza militar para reprimir las justas protestas y demandas de la población. Una casta mafiosa imparte hoy órdenes represivas a los cuerpos armados contra nuestros compatriotas. Esas son órdenes inmorales. Nadie debe cumplir órdenes represivas contra nuestras familias, vecinos, amigos y demás ciudadanos. Exhortamos a todo el que pueda hacerlo que solicite su baja o jubilación de esos cuerpos. Basta ya de reprimir mujeres, ancianos, niños y jóvenes que exigen una vida digna.

2- Nos oponemos a que las FAR continúe el reclutamiento para el servicio militar general en medio de la actual crisis. El único peligro real e inmediato para la nación es la hambruna general. Los núcleos familiares necesitan poder contar hoy con sus jóvenes para que los apoyen en múltiples tareas vinculadas a la supervivencia cotidiana.

3- Nos oponemos a que GAESA continúe siendo un monopolio militar no transparente cuyas propiedades, accionistas, actividades y ganancias no son fiscalizadas de manera independiente ni de dominio público. Sus ganancias tienen que ser conocidas e invertidas en beneficio de toda la sociedad cubana. GAESA es el núcleo financiero de un nuevo estado mafioso. Una élite de militares y civiles corruptos se ha apropiado de las empresas económicas más lucrativas y se enriquece al margen de toda fiscalización. La nueva casta explotadora sigue hablando en nombre de la revolución que ellos mismos enterraron hace mucho tiempo mientras la población –en especial a los jubilados- es abandonada a la más terrible miseria. No hay ya una revolución ni socialismo que defender. ¡Basta ya!

4- Nos oponemos a que las armas sean usadas para agredir al pueblo. Nuestro deber profesional es protegerlo, no asesinar compatriotas. Si llegara el momento en que alguien se atreviera a impartir la orden de disparar contra el pueblo, el verdadero mandato de la patria a todos los militares en esas circunstancias es rechazarla y proteger a los ciudadanos de cualquier ataque. Ha habido demasiadas muertes. Lo que queremos y exigimos es “Patria y Vida”. La patria libre, independiente, soberana, democrática y próspera que soñó José Martí.

En declaraciones a Radio Televisión Martí, Ruiz Matoses, quien sirvió tanto en las FAR como en el Minint y cumplió 20 años de prisión por pedir la renuncia de Fidel y Raúl Castro, expresó que “ya es hora de que se escuche a un sector de las fuerzas armadas cubanas que no comulga con el estado de cosas de reinante en nuestra tierra”. ■

Punto de vista

La prensa española divulga hoy unas declaraciones hechas por el vicepresidente del Gobierno y líder de Podemos, Pablo Iglesias, en las cuales éste afirma que “no hay una situación de plena normalidad política y democrática en España”, puesto que existen políticos independentistas catalanes “en las cárceles y en el exilio”. Es sorprendente esta deducción en boca del señor Iglesias, quien no hace mucho afirmó (el vídeo quizás pueda verse aún en Youtube) que Cuba –ese país con un solo partido político gobernado por los mismos mandamases desde hace 62 años, y que tiene la cuarta parte de su población en el exilio y a los opositores al régimen perennemente vigilados por la policía o encarcelados– es, nada más y nada menos, “una democracia ejemplar”. ¿Qué será la democracia para el señor vicepresidente de España?

Declaración de la UNEAC

 Documento en el cual la dirección de la UNEAC deja constancia de su desacuerdo con los premios de Poesía y Teatro otorgados, respectivamente, a Heberto Padilla y Antón Arrufat en el concurso de 1968.  

El día 28 de octubre de este año se reunieron en sesión conjunta el comité director de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y los jurados extranjeros y nacionales designados por ella en el concurso literario que, como en años anteriores, tuvo lugar en este. El fin de dicha reunión era el de examinar juntos los premios otorgados a dos obras: en poesía, la titulada Fuera del juego, de Heberto Padilla, y en teatro, Los siete contra Tebas, de Antón Arrufat. Ambas ofrecían puntos conflictivos en un orden político, los cuales no habían sido tomados en consideración al dictarse el fallo, según el parecer del comité director de la Unión. Luego de un amplísimo debate, que duró varias horas, en el que cada asistente se expresó con entera independencia, se tomaron los siguientes acuerdos, por unanimidad:

  1. Publicar las obras premiadas de Heberto Padilla en poesía y Antón Arrufat en teatro.
  2. El comité director insertará una nota en ambos libros expresando su desacuerdo con los mismos por entender que son ideológicamente contrarios a nuestra Revolución.
  3. Se incluirán los votos de los jurados sobre las obras discutidas, así como la expresión de las discrepancias mantenidas por algunos de dichos jurados con el comité ejecutivo de la UNEAC.

En cumplimiento, pues, de lo anterior, el comité director de la UNEAC hace constar por este medio su total desacuerdo con los premios concedidos a las obras de poesía y teatro que, con sus autores, han sido mencionados al comienzo de este escrito. La dirección de la UNEAC no renuncia al derecho ni al deber de velar por el mantenimiento de los principios que informan nuestra Revolución, uno de los cuales es sin duda la defensa de esta, así de los enemigos declarados y abiertos como –y son los más peligrosos– de aquellos otros que utilizan medios más arteros y sutiles para actuar.

El IV Concurso Literario de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, tuvo lugar en momentos en que alcanzaban en nuestro país singular intensidad ciertos fenómenos típicos de la lucha ideológica, presentes en toda revolución social profunda. Corrientes de ideas, posiciones y actitudes cuya raíz se nutre siempre de la sociedad abolida por la Revolución, se desarrollaron y crecieron, plegándose sutilmente a los cambios y variaciones que imponía un proceso revolucionario sin acomodamientos ni transigencias.

El respeto de la Revolución cubana por la libertad de expresión, demostrable en los hechos, no puede ser puesto en duda. Y la Unión de Escritores y Artistas, considerando que aquellos fenómenos desaparecerían progresivamente, barridos por un desarrollo económico y social que se reflejaría en la superestructura, autorizó la publicación en sus ediciones de textos literarios cuya ideología, en la superficie o subyacente, andaba a veces muy lejos o se enfrentaba a los fines de nuestra Revolución.

Esta tolerancia, que buscaba la unión de todos los creadores literarios y artísticos, fue al parecer interpretada como un signo de debilidad favorable a la intensificación de una lucha cuyo objetivo último no podía ser otro que el intento de socavar la indestructible firmeza ideológica de los revolucionarios.

En los últimos meses hemos publicado varios libros, en los que en dimensión mayor o menor y por caminos diversos, se perseguía idéntico fin. Era evidente que la decisión de respetar la libertad de expresión hasta el mismo límite en que esta comienza a ser libertad para la expresión contrarrevolucionaria, estaba siendo considerada como el surgimiento de un clima de liberalismo sin orillas, producto siempre del abandono de los principios. Y esta interpretación es inadmisible, ya que nadie ignora, en Cuba o fuera de ella, que la característica más profunda y más hermosa de la Revolución cubana es precisamente su respeto y su irrenunciable fidelidad a los principios que son raíz profunda de su vida.

Como dijimos en dos de los seis géneros literarios concursantes, poesía y teatro, la dirección de la Unión encontró que los premios habían recaído en obras construidas sobre elementos ideológicos francamente opuestos al pensamiento de la Revolución.

En el caso del libro de poesía, desde su título, Fuera del juego, juzgado dentro del contexto general de la obra, deja explícita la autoexclusión de su autor de la vida cubana. Padilla mantiene en sus páginas una ambigüedad mediante la cual pretende situar, en ocasiones, su discurso en otra latitud. A veces es una dedicatoria a un poeta griego, a veces una alusión a otro país. Gracias a este expediente demasiado burdo cualquier descripción que siga no es aplicable a Cuba, y las comparaciones sólo podrán establecerse en la “conciencia sucia” del que haga los paralelos. Es un recurso utilizado en la lucha revolucionaria que el autor quiere aplicar ahora precisamente contra las fuerzas revolucionarias. Exonerado de sospechas, Padilla puede lanzarse a atacar la Revolución amparado en una referencia geográfica.

Aparte de la ambigüedad ya mencionada, el autor mantiene dos actitudes básicas: una criticista y otra antihistórica. Su criticismo se ejerce desde un distanciamiento que no es el compromiso activo que caracteriza a los revolucionarios. Este criticismo se ejerce además prescindiendo de todo juicio de valor sobre los objetivos finales de la Revolución y efectuando transposiciones de problemas que no encajan dentro de nuestra realidad. Su antihistoricismo se expresa por medio de la exaltación del individualismo frente a las demandas colectivas del pueblo en desarrollo histórico y manifestando su idea del tiempo como un círculo que se repite y no como una línea ascendente. Ambas actitudes han sido siempre típicas del pensamiento de derecha, y han servido tradicionalmente de instrumento de la contrarrevolución.

En estos textos se realiza una defensa del individualismo frente a las necesidades de una sociedad que construye el futuro y significa una resistencia del hombre a convertirse en combustible social. Cuando Padilla expresa que se le arrancan sus órganos vitales y se le demanda que eche a andar, es la Revolución, exigente en los deberes colectivos, quien desmembra al individuo y le pide que funcione socialmente. En la realidad cubana de hoy, el despegue económico que nos extraerá del subdesarrollo exige sacrificios personales y una contribución cotidiana de tareas para la sociedad. Esta defensa del aislamiento equivale a una resistencia a entregarse en los objetivos comunes, además de ser una defensa de superadas concepciones de la ideología liberal burguesa.

Sin embargo, para el que permanece al margen de la sociedad, fuera del juego, Padilla reserva sus homenajes. Dentro de la concepción general de este libro el que acepta la sociedad revolucionaria es el conformista, el obediente. El desobediente, el que se abstiene, es el visionario que asume una actitud digna. En la conciencia de Padilla, el revolucionario baila como le piden que sea el baile y asiente incesantemente a todo lo que le ordenan; es el acomodado, el conformista que habla de los milagros que ocurren. Padilla, por otra parte, resucita el viejo temor orteguiano de las “minorías selectas” a ser sobrepasadas poruña masividad en creciente desarrollo. Esto tiene, llevado a sus naturales consecuencias, un nombre en la nomenclatura política: fascismo.

El autor realiza un trasplante mecánico de la actitud típica del intelectual liberal dentro del capitalismo, sea esta de escepticismo o de rechazo crítico. Pero, si al efectuar la transposición, aquel intelectual honesto y rebelde, que se opone a la inhumanidad de la llamada cultura de masas y a la cosificación de la sociedad de consumo, mantiene su misma actitud dentro de un impetuoso desarrollo revolucionario, se convierte objetivamente en un reaccionario. Y esto es difícil de entender para el escritor contemporáneo que se abraza desesperadamente a su papel anticonformista y de conciencia colectiva, pues es ese el que le otorga su función social y cree –erróneamente– que al desaparecer ese papel también será barrido como intelectual. No es el caso del autor que por haber vivido en ambas sociedades conoce el valor de una y otra actitud y selecciona deliberadamente.

La Revolución cubana no propone eliminar la crítica ni exige que se le hagan los ni cantos apologéticos. No pretende que los intelectuales sean corifeos sin criterio. La obra de la Revolución es su mejor defensora ante la historia, pero el intelectual que se sitúa críticamente frente a la sociedad debe saber que, moralmente, está obligado a contribuir también a la edificación revolucionaria.

AI enfocar analíticamente la sociedad contemporánea, hay que tener en cuenta que los problemas de nuestra época no son abstractos, tienen apellido y están localizados muy concretamente. Debe definirse contra qué se lucha y en nombre de qué se combate. No es lo mismo el colonialismo que las luchas de liberación nacional; no es lo mismo el imperialismo que los países subyugados económicamente; no es lo mismo Cuba que Estados Unidos; no es lo mismo el fascismo que el comunismo, ni la dictadura del proletariado es similar en lo absoluto a las dictaduras castrenses latinoamericanas.

Al hablar de la historia como “el golpe que debes aprender a resistir”, al afirmar que “ya tengo el horror/ y hasta el remordimiento de pasado mañana”, y en otro texto: “sabemos que en el día de hoy está el error/ que alguien habrá de condenar mañana”, ve la historia como un enemigo, como un juez que va a castigar. Un revolucionario no teme a la historia, la ve, por el contrario, como la confirmación de su confianza en la transformación de la vida.

Pero Padilla apuesta sobre el error presente –sin contribuir a su enmienda–, y su escepticismo se abre paso ya sin límites, cerrando todos los caminos: el individuo se disuelve en un presente sin objetivos y no tiene absolución posible en la historia. Sólo queda para el que vive en la revolución abjurar de su personalidad y de sus opiniones para convertirse en una cifra dentro de la muchedumbre para disolverse en la masa despersonalizada. Es la vieja concepción burguesa de la sociedad comunista.

En otros textos Padilla trata de justificar, en un ejercicio de ficción y de enmascaramiento, su notorio ausentismo de su patria en los momentos difíciles en que esta se ha enfrentado al imperialismo, y su inexistente militancia personal convierte la dialéctica de la lucha de clases en la lucha de sexos, sugiere persecuciones y climas represivos en una revolución como la nuestra que se ha caracterizado por su generosidad y su apertura, identifica lo revolucionario con la ineficiencia y la torpeza, se conmueve con los contrarrevolucionarios que se marchan del país y con los que son fusilados por sus crímenes contra el pueblo, y sugiere complejas emboscadas contra sí que no pueden ser índice más que de un arrogante delirio de grandeza o de un profundo resentimiento. Resulta igualmente hiriente para nuestra sensibilidad que la Revolución de Octubre sea encasillada en acusaciones como “el puñetazo en plena cara y el empujón a medianoche”, el terror que no puede ocultarse en el viento de la torre Spasskaya, las fronteras llenas de cárceles, el poeta “culto en los más oscuros crímenes de Stalin”, los cincuenta años que constituyen un “círculo vicioso de lucha y de terror”, el millón de cabezas cada noche, el verdugo con tareas de poeta, los viejos maestros duchos en el terror de nuestra época, etcétera.

Si en definitiva en el proceso de la Revolución soviética se cometieron errores, no es menos cierto que los logros –no mencionados en El abedul de hierro— son más numerosos, y que resulta francamente chocante que a los revolucionarios bolcheviques, hombres de pureza intachable, verdaderos poetas de la transformación social, se les sitúe con falta de objetividad histórica, irrespetuosidad hacia sus actos y desconsideración de sus sacrificios.

Sobre los demás poemas y sobre estos mencionados, dejemos el juicio definitivo a la conciencia revolucionaria del lector que sabrá captar qué mensaje se oculta entre tantas sugerencias, alusiones, rodeos, ambigüedades e insinuaciones.

Igualmente entendemos nuestro deber señalar que estimamos una falta ética matizada de oportunismo que el autor en un texto publicado hace algunos meses, acusara a la UNEAC con calificativos denigrantes, y que en un breve lapso y sin que mediara una rectificación se sometiera al fallo de un concurso que esta institución convoca. También entendemos como una adhesión al enemigo la defensa pública que el autor hizo del tránsfuga Guillermo Cabrera Infante, quien se declaró públicamente traidor a la Revolución.

En última instancia concurren en el autor de este libro todo un conjunto de actitudes, opiniones, comentarios y provocaciones que lo caracterizan y sitúan políticamente en términos acordes a los criterios aquí expresados por la UNEAC, hechos que no eran del conocimiento de todos los jurados y que alargarían innecesariamente este prólogo de ser expuestos aquí.

En cuanto a la obra de Antón Arrufat, Los siete contra Tebas, no es preciso ser un lector extremadamente suspicaz para establecer aproximaciones más o menos sutiles entre la realidad fingida que plantea la obra, y la realidad no menos fingida que la propaganda imperialista difunde por el mundo, proclamando que se trata de la realidad de Cuba revolucionaria. Es por esos caminos como se identifica a la “ciudad sitiada” de esta versión de Esquilo con la “isla cautiva” de que hablara John F. Kennedy. Todos los elementos que el imperialismo yanqui quisiera que fuesen realidades cubanas están en esta obra, desde el pueblo aterrado ante el invasor que se acerca (los mercenarios de Playa Girón estaban convencidos que iban a encontrar ese terror popular abriéndoles todos los caminos) hasta la angustia por la guerra que los habitantes de la ciudad (el coro) describen como la suma del horror posible, dándonos implícito el pensamiento de que lo mejor sería evitar ese horror de una lucha fratricida, de una guerra entre hermanos. Aquí también hay una realidad fingida: los que abandonan su patria y van a guarecerse en la casa de los enemigos, a conspirar contra ella y prepararse para atacarla, dejan de ser hermanos para convertirse en traidores. Sobre el turbio fondo de un pueblo aterrado, Etéocles y Polinice dialogan a un mismo nivel de fraterna dignidad.

Ahora bien: ¿a quién o a quiénes sirven estos libros? ¿Sirven a nuestra Revolución, calumniada en esa forma, herida a traición por tales medios?

Evidentemente no. Nuestra convicción revolucionaria nos permite señalar que esa poesía y ese teatro sirven a nuestros enemigos, y sus autores son los artistas que ellos necesitan para alimentar su caballo de Troya a la hora en que el imperialismo se decida a poner en práctica su política de agresión bélica frontal contra Cuba. Prueba de ello son los comentarios que esta situación está mereciendo de cierta prensa yanqui y europea occidental, y la defensa, abierta unas veces y “entreabierta” otras, que en esa prensa ha comenzado a suscitar. Está “en el juego”, no fuera de él, ya lo sabemos, pero es útil repetirlo, es necesario no olvidarlo.

En definitiva, se trata de una batalla ideológica, un enfrentamiento político en medio de una revolución en marcha, a la que nadie podrá detener. En ella tomarán parte no sólo los creadores ya conocidos por su oficio, sino también los jóvenes talentos que surgen en nuestra isla, y sin duda los que trabajan en otros campos de la producción y cuyo juicio es imprescindible, en una sociedad integral.

En resumen: la dirección de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba rechaza el contenido ideológico del libro de poemas y de la obra teatral premiados.

Es posible que tal medida pueda señalarse por nuestros enemigos declarados o encubiertos y por nuestros amigos confundidos, como un signo de endurecimiento. Por el contrario, entendemos que ella será altamente saludable para la Revolución, porque significa su profundización y su fortalecimiento al plantear abiertamente la lucha ideológica.

Comité director de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.
La Habana, 15 de noviembre de 1968, “Año del Guerrillero Heroico”.

François Wahl conversa sobre Severo Sarduy: radicalmente no-realista

Por Oneyda González / RIALTA MAGAZINE / 25, enero, 2020

Esta entrevista, que tuvo lugar en Chantilly, el 26 de mayo de 2013, pertenece al libro “Severo secreto. Entrevistas sobre la vida de Severo Sarduy”, de próxima aparición en el catálogo de Rialta Ediciones, y se realizó como parte de la investigación para el documental Severo secreto, de 2016, dirigido por Oneyda González y Gustavo Pérez.

¿Cómo conoce a Severo Sarduy?

Lo hemos contado muchas veces los dos. Yo estaba en Roma, era una mañana de sábado, el 7 de mayo de 1960. Regresaba al Vaticano, y en la Capilla Sixtina Severo se me aproximó y me dijo una frase completamente banal. No voy a reinventarla, la conozco de memoria, pero es ese tipo de frase que se puede pronunciar ante un montón de pinturas que lo dejen a uno un poco mudo. Y la conversación nació de esa manera.

Era alrededor del mediodía, el museo cerraba a la una, así es que seguimos juntos hasta la salida, fuimos a un café, y como yo tenía una cita en la tarde, nos citamos para esa noche. Yo estaba viviendo en Roma en la casa de la esposa del embajador de Italia, que era la última, después había una colina y después nada. Él fue a buscarme allí, y pasamos juntos la velada hasta medianoche. Creo que él estaba hospedado en una casa de estudiantes.

De pronto empezó a llover, a cántaros, y nos refugiamos en la entrada de una estación de policía. Entonces me dijo que debíamos hablar en italiano, porque yo hablaba el italiano perfectamente y no teníamos otra forma de comunicarnos. Él pasaba del español al italiano muy rápido, y con una facilidad extraordinaria. En ese momento me dijo: “¿Nosotros estamos comprometidos?”. Y yo le respondí: “Sí”. Fue así, simplemente.

En ese momento tenía un proyecto de viaje de París a Italia, de Italia a Grecia y de regreso a París. Y esto merece ser mencionado porque entre todos los estudiantes cubanos (becados en la Casa Cuba de la Ciudad Universitaria), era el único que no estaba conforme con estar allí, sino que decide hacer un recorrido por Europa, la mayor parte del trayecto en autostop.

Con su ayuda, pudo Severo acercarse a la literatura y a la lengua francesa…

Una de las cosas que nos aproximó inmediatamente es el hecho de que yo era editor, de que vivía en un ambiente literario, y estaba en situación de responder a preguntas que él se planteaba en ese momento. Yo podía hacer que su proyecto de escritura no fuera completamente extranjero en Francia. Por mi posición personal, yo era una mediación para él. Pero es cierto que él ya tenía un concepto de la literatura cuando lo conocí. Un concepto que no era en absoluto fácil, ni tradicional. Una de las primeras frases que me dijo cuando estábamos en el café de la Capilla Sixtina fue: “La literatura no debe ser transparente”. Es decir, que la lengua no es una descripción, es una creación. Ahora recuerdo, Severo dijo otra palabra. Él dijo: “La escritura no debe ser evidente”.

Y esa palabra, “evidente”, es muy importante. Quiere decir que para él no se trata, ni se puede tratar, de que la escritura literaria (la escritura en sí) sea la lengua de uso común, la lengua cotidiana. La escritura debe ser creación y recreación de la lengua. Era ese el sentido de lo no evidente para él. Y la manera de salvar esa distancia es a través de la metáfora y la metonimia. Esto prueba que ya tenía un nexo fundamental con la España del siglo xvi y, de hecho, con Góngora. Y era muy importante, porque la raíz cubana, y la raíz literaria más profunda de Severo, procedían del Siglo de Oro español.

Todo lo que escribió de teoría, desde los primeros textos, como aquel sobre la metáfora, trata acerca de lo específico de la escritura: él quería transponer la experiencia de la escritura. Dicho de otra manera: él era radicalmente no-realista, y eso le permitía abordar muy rápidamente lo que era la problemática francesa en ese momento en particular, y en la cual yo estaba muy involucrado como teórico. No es que el estructuralismo influyera en su manera de escribir. Hay una coincidencia histórica entre lo que él buscaba en la escritura y lo que desarrollaba el estructuralismo en ese momento. Junto a eso, la exigencia que él tenía, estaba plenamente conforme con lo que, en Francia, se conoció como nouveau roman.

Así pues, un texto capital es el que Severo escribe sobre Góngora, uno de sus primeros textos en Francia, donde dice (muy cercano al modelo de Góngora) que la literatura debe ser una metáfora al cuadrado, metáfora de metáforas. Esa es especialmente la regla de su manera de escribir: la transposición por movimientos no aparentes (un poco a la izquierda o un poco a la derecha) a una cierta distancia del texto, de manera que la literatura no fuera rebajada.

Quiere decir que, en un momento esencial de la construcción del estructuralismo como doctrina, esa es la conducta de la lengua en forma de comparación, de metáfora, o de secuencia metonímica. Ese es el funcionamiento de la lengua en el estructuralismo. La doctrina tal y como apareció, tal y como fue presentada por los lingüistas, tal y como fue retomada por Lacan. La aparición del estructuralismo, el hecho de que él se encontró por casualidad en ese medio, no fue un accidente en su vida. Era algo totalmente adecuado a su manera de concebir la literatura.

No quiero decir que era un estructuralista como los otros, porque él era un estructuralista cubano. El método suyo, aunque teóricamente fundado, era invadido por una fantasía, por una lúdica, por una danza y una risa típicamente cubanas. Diría, pues, que él podía sentirse cómodo en el pensamiento estructuralista, sin renunciar a sí mismo, y evidentemente era único en su situación dentro del estructuralismo. Para los demás él era a la vez una persona muy cercana y una persona que nos divertía locamente a todos. Recuerdo un psicoanalista, evocando un seminario de Roland Barthes, que de pronto dice: “Estaba allí Severo Sarduy: maravilloso de inteligencia y de comicidad”. Esa es la mirada que los demás tenían sobre Severo. Estaba totalmente cerca para plantearse los mismos problemas que ellos, podía formar parte de los mismos seminarios, tomar los mismos cursos, y al mismo tiempo estaba solo.

Los otros sudamericanos que estaban en París, por lo general, eran mayores que él. Digamos que él podía plantearse realmente el poder creativo del estructuralismo, estaba solo en su situación y era esa, probablemente, una de las razones por las cuales efectivamente no veo a nadie más que tuviera ese papel, o las cualidades que él tenía. Así es que, a partir de ahí, su encuentro con Tel Quel no fue raro. Y fue aún menos raro, hay que decirlo, porque yo era íntimo de Philippe Sollers y Severo estaba conmigo. Uno se acercaba muy rápida y fácilmente a Severo, así es que sucedió. Pero es asombroso de todos modos que en el grupo Tel Quel en su conjunto no había mucho humor, salvo en Sollers. Y que entre todos los del grupo, Sollers fuera el único que apoyara, y al mismo tiempo comprendiera, a Severo.

Es cierto que en los primeros meses en París después de nuestro encuentro, viviendo en la Casa Cuba, él se unió a los estudiantes que fueron a pasar dos o tres días en Ámsterdam. No todos los contactos los hizo a través de mí, sino a través de muy diferentes encuentros que muy rápidamente hizo con la gente. Luego fui yo el eslabón decisivo en el encuentro con Roland Barthes, que fue enseguida, y que fue una especie de ejemplo para él, porque le permitía reflexionar sobre lo que era realmente el texto. Y es que el texto refleja el estilo de la conversación, de la experiencia y de la visión cotidiana. Se trata finalmente de lo que uno ve, de lo que uno vive, pero en una transposición donde la lengua tiene sus propias leyes y es el instrumento del cual se sirve un escritor para crear otra cosa. Así es que, si se puede decir, todo se produjo muy fácilmente, y al mismo tiempo es cierto que él prácticamente no conocía la literatura francesa, y que muchas cosas le fueron reveladas.

Yo llené de manera bastante sistemática lo que me parecía que era necesario que conociera. Y fue así, porque nos daba gusto a los dos. No fue el objeto de una teoría. Comencé a leerle textos y eso duró hasta el final: cada noche yo le leía. Podía durar más o menos, según le interesara. Porque si no le interesaba, él se dormía. Nos reíamos mucho porque hay algo de Marx que yo traté de leerle y no funcionó. Severo lo encontraba realmente aburrido. Pero leímos los clásicos y las grandes novelas del xix. No sé por qué azar no leímos nunca a Stendhal, por ejemplo, fue cuestión de azar. Insisto, no era un programa: yo no hacía de profesor.

Y luego fueron muchas otras cosas: libros de teoría, libros sobre pintura, que a él le interesaban. Y cuando tenía un vínculo más directo con lo que estaba escribiendo, comenzaba a leer por su cuenta muchas cosas sobre esos temas. Cuando escribía La simulación, hizo lecturas que llevó a cabo personalmente. Por ejemplo lecturas de Deleuze, que yo no tenía muchos deseos de leer. Así es que eso era paralelamente, ¿eh? No sé si soy muy claro, pero hubo de mi parte y de la suya un deseo de asimilar la cultura francesa, y no sólo francesa. Juntos leíamos traducciones, y cuando digo que leíamos juntos, en realidad era siempre yo quien leía. Por otra parte, hubo lecturas de reflexión, y ahí también las dos situaciones se mezclaron porque, efectivamente, yo estaba muy ligado a Roland Barthes, con el cual intimó Severo con el tiempo, aún más que yo.

Yo pasé de la filosofía a la edición, porque originalmente yo era filósofo, aún lo soy, y estaba muy involucrado con las revistas literarias, por vocación personal. En particular estaba involucrado con Tel Quel y con Sollers. Más precisamente con Sollers, y fue eso lo que permitió el encuentro entre Severo y Sollers, y lo que luego se desarrolló entre ellos. Era una relación con Tel Quel, pero es sobre todo una relación con Sollers.

Yo quisiera añadir un punto sobre la relación de Severo con la temática francesa, puesto que se le ha clasificado como barroco, y en realidad el barroco es extranjero a Francia. Allí hay una paradoja de la posición, y en la situación que tuvo Severo en Francia. Y es la manera en la que concebía la escritura, totalmente ininteligible para los escritores franceses de su edad. Escritores de su generación que tenían las mismas teorías, y grandes estructuralistas como Barthes, que no poseían el temperamento barroco, es decir, la profusión, una cierta indiferencia hacia el esquema o la búsqueda de la multiplicidad. La escritura francesa en aquel momento era, más bien al contrario, una escritura de la reducción de palabras y de temas.

Había al menos dos personas en Severo. La primera era alguien, y eso creo que no se comprende mucho, alguien extremadamente serio, en el trabajo tanto de escritura como de editor, o en la radio. Era alguien con quien se puede contar, no era para nada un fantasioso, y además en la organización de su vida cotidiana era una persona seria. Incluso, con una cierta ambición de seriedad un poco burguesa. Pero a la vez era una persona que jugaba cuando no escribía. Cuando escribía o pintaba no jugaba en absoluto, pero en su vida diaria jugaba continuamente. Primero, adoraba disfrazarse, de todas la formas posibles e imaginables. Me parece verlo sobre la terraza ante los ojos desorbitados de mi madre, envuelto en una bandera francesa en posición de Juana de Arco. En Tánger, se disfrazaba de árabe en el balcón del hotel. En la India se disfrazaba de todas las formas. Así es que adoraba disfrazarse, adoraba bailar: bailaba muy bien. En Cuba no es sorprendente, pero bailaba muy muy bien. Y adoraba la música, dos tipos de música sobre todo: la música cubana y la música que llamamos clásica.

Entonces el nexo con la escritura se realizó a tal punto, que frecuentemente escribía escuchando música. En cuanto a lo demás, no lo creo todavía, al principio escribió en los lugares más disímiles. Empezó en Venecia, en el verano del sesenta, continuó durante los primeros meses cuando erraba un poco entre la Ciudad Universitaria y mi casa (vivía completamente en mi casa, pero regresaba a la Ciudad Universitaria durante el día), y con frecuencia lo encontré escribiendo acostado en el coche, esperando a que yo llegara.

Luego, cuando llegamos a De donde son los cantantes, esto continuó Porque esa novela fue escrita escuchando discos de cantantes, hombres o mujeres, pero sobre todo de muchas cantantes cubanas, continuamente. Esos discos que volví a escuchar muchas veces fueron al fin donados a la Biblioteca Nacional de Madrid, que me los había pedido. Esto era muy importante para él, y además corresponde al título del libro: era de donde venían esas canciones. Y eran, generalmente, unas cantantes con voz de hombre, o con voz trágica muy marcada, que lo hacían reír mucho, pero estaban siempre presentes y eran muy significativas en el ritmo de su frase. Después me parece que hubo menos de lo cubano, y sobre todo a partir del primer viaje a la India, hubo mucha música india. Eso era en lo que escribía en la casa. Pero como escribía en todas partes, incluyendo en su cama, incluso los poemas, y los poemas que escribía sobre todo de noche.

Era así, pero vuelvo a lo que decía al comienzo, tenía una seriedad extrema ante la escritura, ante el trabajo, aun cuando estaba lleno de música, y estaba lleno de danza. De hecho, el título de la novela se tradujo como Écrit en dansant. Eso fue muy mal visto en Seuil, porque todo el mundo me decía que no iba a venderse, y en efecto no se vendió. Pero ese era el título justo. Ahora recuerdo que en el momento en el que escribía la novela, tomaba un frasco de colonia, respiraba un poco el perfume, y seguía. Un escritor suizo que lo vio en ese momento, me dijo, muy preocupado: “Vas a ver que va a convertirse en drogadicto”, cosa que no sucedió. Ese era su estado.

Parece chiste, pero, por ejemplo, en la parte china de la novela, el general chino pierde la cabeza frente a Flor de Loto, que es un travesti. Luego no es un travesti, es un muchacho que parece una muchacha, y el otro intenta seguirlo por todos lados, hasta que lo ve desmayarse. Se puede decir que es una farsa, pero no tiene en lo absoluto el tono de la farsa, sino el tono de un poema, escrito con un rigor extremo. Así es que, para él, hay que mantener siempre esos dos elementos juntos.

Yo diría que otro elemento, un tercer elemento de la escritura, que está ligado también al gusto por el disfraz, es su extraordinaria adaptación a los ambientes más disímiles, a los marcos más diferentes, a las humanidades más diversas. Es decir, hasta qué punto desde que llegaba a Marruecos, o Argelia, adoptaba la lengua y las maneras de comportamiento de los muchachos que conocía. En la India, no hacía ocho días que habíamos llegado a un minúsculo pueblo del centro, estamos caminando… Ni siquiera vi lo que sucedió, pero en un minuto la gente lo había subido sobre una caja y él se había puesto una tela no sé de quién sobre los hombros, y todo el mundo aplaudía alrededor de él. ¡En un minuto! Es decir, que él entraba inmediatamente en todos los marcos, y todo eso pasaba después a los textos: él se adaptaba. Es más que adaptarse, él se transformaba en lo que veía. El escritor que él es podía transcribir justamente eso que está en el primer capítulo de Diario indio. Podía transcribirlo sin que tuviera aspecto de reportaje. No había nada de eso en su escritura, no hubo nunca nada de eso. Eran simplemente esos viajes, que fueron muy importantes en lo que escribió, y estuvieron marcados por un devenir y un hacer suyo al mismo tiempo. En Villa Hermosa, en la entrada de Yucatán, México, recuerdo muy bien su estupefacción ante una cabeza Olmeca, colosal. Y él quedó simplemente estupefacto.

¿Qué relación cree usted que encuentra Severo entre la creación literaria y el psicoanálisis?

Yo creo que hay que ser muy prudentes en ese punto. De hecho, el psicoanálisis fue interpretado por él, por causa de Lacan y por causa de mi respeto por Lacan, pero él temía a Lacan, y tenía con él una relación psicoanalítica ambivalente típica, que ilustra muy bien en sus obras. Severo se dio cuenta un día, debe haber sido en los años setenta…, se dio cuenta de que siempre olvidaba el nombre de la calle donde vivía Lacan, que era la calle Lille, y un poco después tomó consciencia de que era aún más ambivalente puesto que “Lille” puede ser también l’île (la isla), y de que l’île, evidentemente, era Cuba. Y, bueno, eso quiere decir muchas cosas… Él decía todo el tiempo: “Yo soy cubano”. Él se sentía cubano, es obvio, pero a la vez tenía un sentimiento ambiguo, y en el fondo un cierto temor. Y no de las personas que él conocía en Cuba, sino de algunas costumbres cubanas. Tenía que ver con el horror que él sentía del macho cubano, o sea, del macho con el tabaco en la boca. De eso sentía horror, probablemente porque en su infancia había vivido el contraste entre él mismo y ese tipo de hombre muy macho. Así es que era bastante cómico, porque era la misma ambivalencia (el mismo temor) hacia Lacan que el temor que sentía hacia Cuba.

Él estaba fascinado con Lacan, pero, a la vez, no estaba convencido de lo que le sucedía a una persona que pasaba por el psicoanálisis. Y ese es el tema mismo de Cobra, donde Lacan es el personaje principal (al menos en la primera parte), es el médico que tiene un tabaco en la boca (un tabaco que estaba de moda en aquel momento), hecho de dos tabacos entrelazados. Es el retrato de Lacan, y es el que le cortó la cola a Cobra. Entonces, para él era un mundo aterrador, que podía privarlo a uno de su placer, o del placer, a la manera en la que uno entiende su placer. Así es que no hay que creer que él tenía una posición transparente y sencilla en cuanto al psicoanálisis.

Dicho esto, las pocas veces en que habló con Lacan –conmigo presente–, Severo se sentía muy a gusto, y Lacan también. El diálogo era completamente posible, pero recuerdo que después de la publicación de Cobra… No creo que Lacan la haya leído, pero sí había oído hablar de la novela. No hay que olvidar que los pacientes de Lacan eran esencialmente intelectuales. Y me dijo que oía hablar del libro todo el tiempo sobre el diván. Y en aquel momento, Lacan me dijo: “¿Pero qué es lo que él hace de mí?”. Porque en ese círculo todo el mundo había comprendido muy bien que el doctor de Cobra se trataba de él.

Entonces, cuando se sintió enfermo, eso no tuvo un efecto analítico directo, pero sí utilizó mucho de lo que había leído de mí o acerca de mí para organizar, si se quiere, su muerte. En ese momento creo que el análisis fue tomado muy en serio. En todo caso había muchos elementos analíticos en el penúltimo libro, Cocuyo, y contenía también una mirada retrospectiva bastante severa sobre sí mismo, de una cierta ceguera voluntaria si se puede emplear el término, porque se consideraba un nombre reconocido (totalmente reconocido), pero en un círculo muy reducido. Y ahí, además, es gracioso, porque al retomar seriamente lo que había comprendido de Lacan fue también a retomar a Cuba en el sentido de que: “después de todo eso yo podría ser realmente comprendido”Eso es lo que creo yo hay que decir

¿Qué actitud tenía Severo hacia el budismo? ¿Se trataba de una búsqueda en sentido religioso, o era parte de su sed de conocimiento?

Un poco de cada cosa, ni una ni la otra por sí solas. No hay que olvidar que él había conocido a los chinos, descendientes de los obreros que habían sido llevados a Cuba para construir los ferrocarriles a fines del siglo xix, y que habían creado sociedades allí. Y Severo iba a los teatros chinos de La Habana, que eso no era budismo, pero todo aquello le había dado una cierta inclinación hacia el Oriente. Su hermana tiene una fotografía de Severo (entre 5 y 7 años) donde está disfrazado de chino.

La primera vez que fuimos a la India, en 1971, él había preparado muy bien el viaje desde el punto de vista artístico, pero no desde el punto de vista religioso, ni tampoco desde el punto de vista de los traslados y movimientos de uno a otro sitio: eso lo comprendió allí. Él cuenta, o reconstruye, en el último capítulo de Cobra el primer encuentro, a decir verdad sorprendente, con los budistas. Estábamos en las grutas, me acuerdo, unas grutas pintadas que se han hecho tan famosas que hoy en día están cerradas. Estábamos más o menos solos en la gruta, que son excavaciones en un acantilado con planchas esculpidas, y donde hay pinturas. En el centro de esta cavidad, había un altar budista tradicional, con una copa que representa a la mujer y un falo que representa al macho. Ahí llegaron seis monjes, quizás hasta siete, que comenzaron a dar vueltas alrededor del altar cantando salmos. Ante aquello, era como si fuese, más o menos, lo que llamamos un fantasma. Es como si él, totalmente olvidado, totalmente ido de todo eso, regresara a una forma casi primitiva.

Después de aquella vez, en el 78 fuimos al Himalaya, donde el budismo tenía mucha presencia, y aquello para él fue muy fuerte. Para los dos, ¿eh? Fue un impacto a la vez artístico y moral. Como quiera que sea, es sorprendente ver gente que está siempre alegre. Pase lo que pase, siempre están felices. Y la atmósfera es de una consistencia que para mí fue una experiencia muy importante. Para Severo fue sobre todo una experiencia moral, más que una experiencia religiosa. Él consideraba con buen sentido, y seriamente, que los practicantes budistas y europeos no encajaban, digamos. Y que el meollo mismo del budismo se resume en la fórmula: “No te preocupes” (es una traducción de Severo), que, en el fondo, es el gesto fundamental del Buda: “No te preocupes”“No tomes tus pasiones en serio”. “Distánciate”. Y eso para él era, digamos, una lección necesaria. Y que él la necesitaba justamente porque (y esto me hace volver atrás) si considerábamos la crítica que el recibía en Francia, la que recibía en España, o la que recibía en América del Sur, Severo sí había triunfado; pero si considerábamos el número de lectores que tenía, había fracasado.

Y él no estaba para nada obsesionado con el éxito, pero lo hubiese querido. Entre otras cosas para poder compartirlo con sus padres. Y se ponía, a veces, en una posición un poco falsa, y podía representar un cierto tipo de éxito, pero al mismo tiempo sufría y dudaba. No de su escritura, sino, por decirlo todo, sufría por el supuesto hecho de que su escritura no fuera a permanecer. Cuando tenía 23 años decía: “A mí no me importa lo que haya después de lo que he hecho. Lo que se lea, o no, después de mi muerte, me da igual”. Pero en realidad eso no era verdad, para nada. Su escritura era algo que tenía un valor en su vida. Y creo que es sobre todo en ese aspecto que él tomó el budismo como un pequeño análisis (como una terapia), que en realidad le enseñaba, le mostraba lo que puede lograrse con el distanciamiento de aquello a lo que nos apegamos. Así es que hay que reformular la pregunta sobre el budismo en Severo. No es una cuestión religiosa, es una conducta en su vida, y es una lección de moral.

¿Y con relación a la simulación cómo lo ve usted, François? ¿Es una búsqueda sólo profesional, o es a veces una expresión del ser?

En el tema de la simulación se han mezclado dos cosas. A principio de 1980 hubo cambios en la vida intelectual de Francia. El estructuralismo se había consolidado, pero ya no progresaba. Y surgen obras divergentes respecto al estructuralismo lacaniano, como los escritos de Derrida y de Deleuze. Severo leyó a Deleuze con mucha atención, y aquí voy a decir Severo, como antes dije, porque no fui yo quien lo llevó allí. Eso resonaba en él, porque ese pensamiento le daba mucho más espacio a la imagen que al razonamiento, que prefiere los movimientos del sentido como el de las células que se coagulan y se separan en vez de seguir una a la otra, como en una estructura lógica.

Severo era una persona que vivía en el reino de la imagen, de todas las imágenes. Esto es obvio en su escritura. Y es una de las dimensiones de su escritura de la que ya hemos hablado. Por otro lado, él iba mucho al cine, aunque no podría yo hacer una lista de lo que más le impactó… Pero adoraba el cine, y adoraba la pintura. A la pintura la abordaba, además, con una rapidez de reacción extraordinaria. Tenía una respuesta inmediata a un cuadro que veía por primera vez, y lo que podía decir era totalmente convincente, tanto con respecto a la pintura clásica como a la contemporánea. Ese era un universo al que reaccionaba con una intuición y una espontaneidad sorprendentes.

Porque él había adquirido ya en Cuba un conocimiento sobre pintura. Él era, realmente, un conocedor en el campo del ejercicio pictórico. Durante los dos o tres años que pasó en La Habana, Severo conoció a casi todos los pintores de esos momentos: es decir, los artistas que emergieron justo antes y justo después de la Revolución, a quienes él visitaba. Iba constantemente no sólo a donde vivían, sino a sus estudios. Severo los veía y conversaba con ellos sobre sus técnicas. Él estaba preparado en eso, lo cual hizo que pudiera también ser un pintor.

Así es que ahí en la pintura estaba su universo. ¡Ese era su universo! Y, aunque a alguna gente le choque esto, hay que decir que la selección de los lugares de nuestro viaje a la India (entre otros) fue hecha en lo esencial como viaje de arqueólogos y de especialistas en pintura. Así pues, en ese universo, las ideas mismas pasan por la imagen. Aunque al mismo tiempo, las imágenes tienen la reputación de ser engañosas. Todo eso, y el gusto por el disfraz, lo llevan muy fácilmente a la simulación que hay en la vida animal. Y su interés y su amor por los animales sostienen muy obviamente su visión también.

Así es que de leer a Deleuze tomó Severo el gusto por teorizar un poco. Teorizar es mucho decir, porque ahí no hizo como en Barroco, donde había intentado realmente definir ciertos rasgos de la doctrina barroca. La simulación no es eso, es más bien una colección, que es un ejemplo de simulación. Simulación en el sentido de las máscaras como apariencia, simplemente.

Podemos decir que con respecto a su ejercicio de la escritura es una posición de nuevo ambivalente. Por un lado, él lo transpone todo, transforma diferentes personajes que eventualmente él ha conocido en algo que es una simulación, pero que aún como simulación es una verdad, porque la verdad es simulación. De modo que, quizás, una de las temáticas que podía recuperar era la temática budista. La verdad es un campo. No la verdad, sino la vida, es un campo de imágenes engañosas que se desvanece y del que nada queda. Y de eso él estaba muy convencido, ¿eh? Él estaba muy convencido de que la muerte es la nada: punto final. Y el mundo mismo es, en el fondo, un gigantesco teatro de apariencias. Él lo había dicho, hablando de Góngora: “la metáfora al cuadrado”. También hubiese podido decir: la simulación al cuadrado, pues la simulación es llevar al cuadrado la simulación que ya es la realidad.

Allí había toda una temática, otra temática que fue esencial para él, y vacilo un poco, porque para situar bien todo eso habría que utilizar términos lacanianos que él conocía muy bien. Es decir, la tripartición entre lo simbólico, el decir lo simbólico es también la ley, que todo lo regula. Regula el pensamiento, lo imaginario que es la apariencia, y lo real, que no sabemos lo que es. En fin, lo real es lo imposible, lo imposible de saber. Es cierto que ahí, siendo maestro de la escritura y organizándola como acabo de decir, él se situaba en lo simbólico. Pero también no es menos cierto que con respecto a su espontaneidad, y el tiempo que dedicaba a la escritura, él estaba al nivel de lo imaginario, que, si puede decirse así, él retoma en la simulación.

¿Y qué importancia tiene lo biográfico en la obra de Severo?

Hay que contar algo que es más o menos biográfico, pero tal vez no tanto. En la Escuela de Medicina los estudiantes se iban a la huelga y la universidad cerraba. Los profesores de Anatomía daban clases en sus casas, para que los estudiantes no perdieran del todo su tiempo. Severo era estudiante de Medicina, es lo más extravagante que se pueda concebir, pero para sus padres, un muchacho tan inteligente, para que valiera la pena, tenía que ser médico. Sólo que el día en que le hicieron un examen, se desmayó. Así es que Isidro es ese tipo, que reaparece en otras dos novelas: él los representaba como caballos extremadamente brutales, personajes muy negativos de los que él se burla.

Pero creo que se puede decir que es una obra totalmente autobiográfica. Autobiográfica en el sentido de que, sin parecer serlo para nada, porque es trabajada metafóricamente, lo es, sin embargo, por medio de las transposiciones y por el tema detrás de las figuras, que es todo hecho desde las cosas que él vivió, pero totalmente. El problema es, y va a tener que excusarme (pero quiero decirlo porque es así), soy yo el único que puede decir: “De esto es de lo que se trataba”. Ya cité el ejemplo de Lacan hace un instante. Hay algunas personas de su vida que prácticamente no aparecen. Jamás, casi nunca, sus padres y su hermana. Yo, nunca. Jamás. Y nunca mi madre, con la que sin embargo él vivió muchísimo. Digamos, pues, que es una autobiografía en la que él no podía poner a aquellos a quienes amaba.

Y no podía ponerlos precisamente porque su escritura, al menos sus personajes, eran tratados irónicamente, o si no, a veces, de forma muy grave. La muerte de Cobra, o la muerte de un monje al comienzo de Maitreya, por ejemplo, se hacen de pronto muy grave. Eran cosas de las que él podía hablar, pero no de lo que amaba, de aquellos a los que él amaba. No podía, o no quiso. En todo caso no lo hizo.

Por lo demás, a veces el personaje es él mismo: los recurrentes de Auxilio y Socorro que aparecen al comienzo de Écrit en dansant/De donde… son el mismo Severo, pero él al cuadrado de los cuadrados, por excesivos, pero nunca se sabe si uno de estos personajes era un hombre o una mujer. Son así, y sin embargo son los mismos personajes que aparecen en la última página de Bauhaus.

Así que todos los médicos que intervienen en sus novelas se deben justamente a esos fantasmas de la medicina que él había conocido en La Habana. Habría que tomar a cualquier personaje, que correspondería a cierto momento que él había experimentado.

A partir de un cierto momento, creo que es un rasgo común, hay en sus libros muchas escenas de baño turco, que son todas escenas vividas. En particular hay escenas en un lugar histórico que ya no existe: un baño turco, con una decoración Napoleón III en ruina total, que era frecuentado por gente de la Bastilla. Y a él le divertía enormemente y contaba, él me contó regresando de allí, por ejemplo, de un muchacho que se quejaba porque se había peleado con su amante y temía quedarse solo, pero se confía al dueño del local y el dueño le responde: “Espera, la pregunta sería: ¿de cuál de los dos es el dinero?”. Esas eran cosas que lo divertían como un loco y que luego traspuso en imágenes, pero donde igual lo contó detalladamente.

Y luego hay un día en el extremo sur de Marruecos, creo que era en Tafraout, en el que habíamos parado para almorzar. Era primavera y se encontró en el baño unos colores entre el amarillo y el gris que tuvieron en él un efecto de fascinación y que luego trasladó a sus poemas, y a algunas escenas de sus novelas. En ese sentido es que su trabajo es autobiográfico. Todo lo que contó sobre los monjes budistas, todo, todo eso, estaba al límite del reportaje. Así es que insisto en lo que dije hace un momento: una de las personas que él más apreciaba, y que más quería, es Roland Barthes, y tampoco de él hablaba nunca. No, no hay ninguna imagen de Roland en sus ficciones.

Y, al contrario, sin embargo, todo lo que había visto en la calle, la atmósfera de Ámsterdam al final de Cobra, o algunas escenas de los Estados Unidos… Pero nunca, salvo un poco en Cobra, eso puede verse como “estoy contando mi vida”. Nunca está ubicado dentro de las circunstancias en que él lo vivió: surge así, dentro de una trama.

Hay que añadir que él tenía una memoria extraordinaria. Guardaba una memoria de todas las imágenes que lo habían impresionado, pero era incapaz de ponerlas en orden cronológico, y yo era el único que conocía la historia de su vida. Él no la conocía, incluso el período cubano yo había logrado reconstituirlo; pero él era incapaz de decir exactamente lo que había sucedido cuándo y dónde. En ese sentido, entonces, no es en lo absoluto una autobiografía. Nunca hubo autobiografía a pesar de que un día, tratándose de “El Cristo de la rue Jacob”, dijo: “Voy a hacer algo como una autobiografía. Sí, voy a contar todos los infortunios de mi cuerpo”. Y así, una quemada en el pie, el incidente con un estudiante en Princeton, el diente partido, etc. Pero nada más, hay sólo cinco incidentes si bien recuerdo, pero tampoco es eso tal y como ocurrió.

Está lejos de ser verdaderamente biográfico, no hay noción de continuidad. Porque no se trata de contar su vida, sino de aprovechar todo el material de su vida (en desorden), que de esa forma iba a parar a la escritura. Es así como creo que hay que entender lo autobiográfico. Digamos que algo había sucedido, pero Dios sabe dónde y Dios sabe cuándo. No tenía importancia, y es otra manera de decir que se trata de una inmensa simulación, un desorden. Lo que hace que para él era siempre presente, nunca histórico. Además, él no reconocía la historia, sentía horror por la historia, como sentía horror por la política. Tenía un cuerpo de vivencias extraordinario en el cual hurgaba y de donde dejaba venir las imágenes.

Y tenía una suerte, que yo no puedo explicar, de encontrar siempre signos de sí mismo. Me acuerdo ahora de Villa Hermosa en el sur de México, estábamos en una especie de museo que, de hecho, es un jardín, en el que hay unas estatuas Olmeca (hablé de eso hace un momento), y cuando vi una de esas estatuas, no eran nada más que cabezas, cabezas de gigantes. ¡Y eran su retrato! Pero a un grado tal, que me quedé estupefacto. Y después, él lo reconoció, y todos aquellos que vieron las fotos dijeron: “Sí, es Severo”. Severo en la medida en que es algo que se parece un poco a Adonis.

Otro ejemplo fue algo que nos sucedió, un día de 1966, en Carcassonne. Él me fotografió creo que delante de una de las murallas de Carcassonne, y cuando revelamos la fotografía descubrimos (no lo habíamos visto ninguno de los dos)…, descubrimos que detrás de mí alguien había escrito, y ahí estaba lo cómico, porque no teníamos ninguna consciencia de esto, alguien había escrito “Severo”, lo que lo puso muy nervioso. Y así, tenía un poder para hacer surgir o hacerse surgir por donde quiera que iba. De forma que no podía contar otra cosa que, de cierta manera, no fuera sobre sí mismo.

Y tenía un problema que, como quiera que sea, fue su problema toda su vida: él quería escribir novelas y amaba enormemente a sus personajes, que le importaban muchísimo, eran gentes con las que él vivía. Pero tenía dificultad para montar una trama, simplemente porque para montar una trama hay que tener una mente más inmóvil. Es cierto que era muy serio, pero no tenía facilidad para componer esas maquinarias. Y, de hecho, cuando él comenzaba un libro no sabía lo que iba a suceder.

Ahora quisiera agregar algo que se me ocurre a propósito de la manera en que él trasladaba las experiencias a sus libros. Ya usted lo pondrá si quiere. Aquí, a un kilómetro de San Nicolás, había una casita que era entonces una casa privada, pero fue transformada en un bar. En un momento dado, hacia fines de los años setenta, dos españoles que eran sus dueños convierten esa casa en un bar, pero se fueron a la quiebra porque se bebían la totalidad, si no la mayoría, de los alcoholes que tenían para vender.

Eso era completamente incongruente en San Nicolás, el pueblo vecino, donde ni siquiera hay un café ni nada, él encontró ¡un bar de locas! Había descubierto ese lugar, y había comenzado a ir allí. Y nunca comprendí muy bien cómo había conocido a estos españoles, cuando distribuían volantes anunciando la apertura de su bar. El caso es que lo supo, y también fui. Es un lugar muy pequeño, nada que ver con la Casona de Colibrí, pero es el que dio lugar al inmenso cabaré que ocupa la mayor parte de la novela. Transformado, puede ser, pero ese lugar es el que lo inspiró, y también inspiró los ambientes que aparecen en La simulación, por esa época. La dueña de este cabaré es uno de los personajes de Colibrí. Allí hay un ejemplo del paso de lo vivido al libro.

Usted hablaba hace un rato de la percepción de la política y de la historia que tuvo Severo. ¿Puede hablar de cómo vivió él los eventos de mayo del 68?

Primero, es cierto que Severo no tenía una mente política, pero sería falso decir que no se interesaba por lo que sucedía. Eso sería completamente falso. Pero se interesaba de una manera espontánea, ingenua, y orientada de una manera muy clara. Él era lo que se llama un hombre de izquierda. Estaba muy apegado a lo que podría llamarse la protesta homosexual frente a la sociedad. Era tan antirracista como se puede ser, pero era así, espontáneamente. Y contaba conmigo para explicarle lo que no entendía.

Así es que en el 68 se divirtió enormemente. Le divertía ver cómo a algunos de mis amigos escritores, miembros de la juventud comunista, se les venía encima el hecho de manifestarse. Y hubiese estado muy listo para hacerlo también si yo no le hubiese recordado que, por cosas del azar, se había naturalizado francés sólo ocho días antes: no era el momento para correr riesgos, había que esperar un poco.

Sí estuvo un poco atribulado por la reacción de Barthes. Porque Barthes no estaba contento. No lo estaba porque consideró, con alguna razón también, que se trataba de una manifestación de la palabra, y que la palabra (oral) no es seria. Que no hay seriedad sino en la escritura: ese era su esquema. Así que nosotros cenábamos con Roland una vez por semana, y todavía me parece verlo en medio de todo aquello. Una vez estábamos en un restaurant cerca de Saint-Sulpice y después, como sucedía siempre, yo buscaba el coche y dejaba a Roland en su casa. Pero como se hacía realmente difícil llegar hasta el coche, decidí ir en la dirección donde pasaban las cosas. Es decir, alrededor del Panthéon. No quería cometer imprudencias y al mismo tiempo quería que Severo aprendiera a correr riesgos de ese tipo.

No sucedió nada extraordinario, pero de pronto se encontró en medio de los adoquines que lanzaban los manifestantes. Y ahí estaba él en el 68. Y estaba completamente a favor, estaba comprometido, pero no se hubiese puesto detrás de una barricada. No era su estilo, o si no, hubiese estado por ejemplo con dos o tres amigos que lo hacían. Con Sollers quizás hubiese ido. Pero él no estaba acostumbrado a eso de todos modos.

Él nunca pronunció una palabra contra el régimen cubano, no dijo nada, era una decisión. Digo las cosas como sucedieron: fue una decisión que tomamos. Él era furiosamente antibatistiano y, por supuesto, estaba perplejo con las cosas que estaban pasando en Cuba. Pero cuando Néstor Almendros, que era uno de sus amigos íntimos, quiso hacer una película de cubanos que se encontraban en Europa y que todos eran como era Néstor, anticastristas… vino a verlo, hablaron (esto es muy importante decirlo), porque contestó por sí mismo, y sin que yo tuviera algo que ver. Yo no estaba presente, no habíamos preparado nada para esa cita, y él contestó: “¿Cómo podría yo emitir un juicio sobre un país que abandoné hace más de 20 años?”.

Y existe una anécdota que no es exactamente de los eventos de mayo del 68. Debe ser un poco más tarde cuando aparecieron las radios, las múltiples radios privadas, y que hubo una radio que se llamaba Fríquence Gai. No recuerdo lo que sucedió, pero hubo amenazas de cerrarla, y hubo una manifestación en la plaza de la Concordia al frente de la cual habían hecho desfilar un gran cerdo rosado, y a esa manifestación Severo sí fue.

Y él estaba absolutamente encantado, y se involucró, de esa manera. Pero era incapaz de otra cosa. Si se quiere, no era su vocación, ¿eh? Y otra vez, como francés siempre fue muy proeuropeo y cuando hubo el último referendo, creo que fue el de Schengen, debe haber sido poco antes de su muerte, él quiso absolutamente votar. Estábamos aquí, y él quiso ir antes de que cerraran los centros para votar.

Él adoptó una posición de abstención con respecto a la historia cubana, y una toma de posición con respecto a la historia francesa, lo cual no encuentro inútil decir, además porque sus amigos cubanos tienen todos la tendencia a no querer oír que después de todo él pasó dos tercios de su vida en París y que él se sentía cubano-francés, o franco-cubano, pero que al final la historia que él había decidido asumir (la historia es mucho decir), pero el futuro que él había decidido asumir, era el de Francia. Y es paradójico porque, aunque él haya sido traducido, su escritura en definitiva no es traducible, así es que él es un escritor cubano que se había convertido realmente en un ciudadano francés.

¿Y por qué Severo no regresa a Cuba, ni de visita?

Bueno, primero porque no hay que olvidar que los cubanos le habían retirado su pasaporte. En los primeros años hubo una historia, de la que nunca conocimos el origen, y es que de pronto cuando él fue (él tenía un carnet de residente francés como estudiante), y cuando fue a hacer una prórroga, le dijeron: “No, en lo absoluto. Ud. debe irse de Francia en un mes”. Entonces se descubrió que alguien (X) lo había presentado como un espía cubano, lo cual es la cosa más extravagante que le pudiera suceder a él, y a Cuba.

Se pueden tener muchas interpretaciones de eso, incluyendo que el gobierno cubano había tomado muy mal que él se quedara en Francia y que no regresara. No se puede excluir que fuera el propio gobierno cubano el responsable de esa historia. No sé, nunca lo supimos, pero la historia era de todos modos grave. Y sólo se resolvió por una intervención a nivel de Gaulle en persona, después de lo cual él se quedó durante dos años como “apátrida”.

Y fue justo en 1968 que se naturalizó. Por otra parte, fue revelado en una reunión que un tal ministro había deplorado no sé qué porque no había qué reprocharle a él. En fin, lo habían tomado todo muy mal, lo consideraban como un enemigo, así es que no veo cómo él hubiese podido regresar a Cuba. Dicho esto, yo no diría que no lo deseaba. Y él deseaba ver a sus padres por supuesto, pero ellos vinieron una primera vez en 1969 y una segunda vez en 1979, y su hermana en 1975. A su hermana la vio en Argelia, pero las relaciones con la Isla no mejoraron. Como quiera que sea le retiraron su pasaporte, y nunca se lo devolvieron, así es que no veo yo cómo él hubiese regresado. Sí, claro, si le hubieran dicho “puedes ir a ver a tus padres durante tres semanas”, él se habría precipitado a hacerlo.

¿Y eso no cambió en los últimos años de su vida?

No, muchas veces manifestó que en todo caso él no hubiese podido quedarse allí, que habiendo vivido en Francia con la seriedad francesa…, estoy hablando como él, ¿eh? El desorden sobre todo “mental”, el desorden mental cubano, él no podría ya soportarlo. Eso lo dijo veinte veces, sí, que le hubiera gustado regresar, tal vez si hubiese regresado se hubiese sentido mejor de lo que creía, pero él tenía de todas maneras un juicio, había adquirido como quiera que sea un juicio, y fue él quien se lo hizo, no yo quien se lo dio. Había adquirido un juicio muy severo sobre el desorden general en Cuba. Tenía un sentimiento de que, inclusive los intelectuales más serios, y hasta muy serios, podían tener ese desorden. Que había siempre un momento en el cual no había rigor. Y desde su punto de vista eso era muy confuso, porque él era tan exuberante como riguroso.

¿Le habló Severo de cómo veía él la muerte y quizás cómo la ponía él en relación con su condición de exilado?

A partir de los años ochenta en general la atmósfera intelectual en París estaba cambiando y comenzaba lo que debemos llamar una especie de derrumbe con respecto al pensamiento teórico: ya no hay creación importante. En definitiva, el mundo en que él vivió y conoció, que era el mundo donde él se encontraba, que era el mío al mismo tiempo que el mundo de Barthes, de Foucault, Lacan, Derrida; todos murieron al mismo tiempo, menos Derrida, que muere más tarde. Y olvidé a Deleuze.

A ninguno de ellos hay forma de reemplazarlos hasta el momento. Así es que hubo el fin de algo, y hubo al mismo tiempo algo en política, lo que sucedió en Francia en los años ochenta, una victoria de la izquierda que fue, realmente, una decepción. Y esto llevaba a una indulgencia en los tipos de escritura que hubiesen sido tomadas por irrisorias en los años sesenta y setenta. Así es que hubo un vuelco muy negativo, que es el comienzo del estado de reacción y depresión en el que está Francia actualmente. Además de que para Severo la muerte de Roland fue algo muy grande, porque lo privó probablemente de su mejor amigo.

Al mismo tiempo yo había asumido la responsabilidad de parar Tel Quel, así es que él vivió todo eso, él lo sintió, y sintió al menos el deseo de regresar a la América Latina. Es efectivamente el momento en que fuimos a Argentina, al Brasil, dos veces a Puerto Rico; y él estuvo además una vez sin mí en Venezuela. Ahí tuvo deseos de América Latina, y a partir de los ochenta, pero correspondía también a otro sentimiento, que era el envejecimiento.

Lo más cómico de todo es que me llama “abuelo”. Eso empezó así, ¿eh? Yo estaba sentado delante, ahí, y su tío lo había dejado aquí (su tío es un viejo amigo mío), y lo encontré aquí. Yo salí, y al girar vi que detrás de mí había una sábana que decía “ABUELO”, lo que me hizo estallar en risa. Y desde entonces, en su cama y por todas partes me llama el abuelo.

He estado leyendo que en el ochenta él había tenido ganas de regresar a América Latina, no para quedarse allí sino para volver a verla. Además, él tenía su papel de editor, en Seuil. Durante veinte años él había establecido las relaciones entre Seuil y la América Latina, conocía en definitiva a todos los escritores de América Latina. Y también había tenido con ellos una correspondencia enorme, que está en Seuil y que le pertenece a Seuil, donde se mezclaban historias personales y la cuestión de la edición. Así es que tenía por todas partes gente con quien reunirse, gente que ver, y él tenía necesidad de eso en aquel momento.

Él sintió que la vida intelectual francesa lo estaba abandonando de cierta forma y sintió la necesidad de replegarse en la convicción, que es cierta, de que sus principales lectores están, como es natural, en España, en América Latina y en los Estados Unidos; cuando uno ve el número de sudamericanos y de cubanos que hay allí. En los Estados Unidos, por ejemplo, una de las últimas noches que estuvimos en Nueva York, en la que yo no salí, él fue a un cabaré donde había un actor, no sabría decir exactamente qué tipo de actor. Era alguien muy popular entre los cubanos, pero no sé quién, este actor lo anuncia, y desde ese momento le enfocaron las luces, y la sala entera aplaudió. Así es que ahí él se sentía reconocido, mucho más que en Francia.

Una de sus fuerzas era su increíble manera de hacer reír a los periodistas, y era lo que los periodistas llaman un buen cliente. Vivió mucho de su influencia, en ese momento el prestigio de su persona y la manera en que presentaba su escritura le habían asegurado un aura totalmente real en Francia, pero al mismo tiempo llama la atención, y yo lo lamento mucho, que después de su muerte Francia fue muy pasiva con respecto a él, no así los países de la América Latina y tampoco en los Estados Unidos, donde lo siguen reconociendo. Así es que todo eso él lo sentía. Y de nuevo la muerte de Roland Barthes. Roland era alguien en quien Severo podía descansar, era para él un asidero muy sólido, y desde su muerte se encontró más solo. La relación con Sollers había desaparecido prácticamente ya, y él estaba mucho más aislado. De cierta manera se ocupó más, durante los primeros veinte años, se ocupó más y tuvo más deseos de ser reconocido en Francia que en ningún otro lugar, pero eso es justo lo que no ocurrió, tal vez sencillamente porque, como lo decía Roland, la escritura barroca no es la tradición francesa.

Y este muchacho que se pensaba francés, como quiera que sea, no es un escritor inmediatamente apreciable ni inteligible sino en la tradición sudamericana. Es así, y de eso sufrió en los últimos años. Él estaba muy contento con los artículos en los periódicos españoles, pero lo que realmente era vital en su vida eran las reacciones en Francia. Bueno, es ahí donde él vivía. Así es que después de eso él soñaba con el día en que pudiera regresar a Cuba, pero victorioso. El día en que la evolución del régimen fuera tal que él fuese completamente reconocido. Y yo no estoy seguro, además, de que en Cuba no hubieran preferido a otros, más directamente novelescos que él.

Quiero abordar otro aspecto, que es muy importante, y es el de la poesía de Severo. Él no tiene una vasta obra en versos. La casi totalidad fue publicada en dos volúmenes, pequeños los dos, pero aparte del hecho de que su escritura de novelista siempre fue considerada una escritura de poeta, fuera de ese hecho, la poesía para él era una de las direcciones en donde se manifestaron mejor todas las dimensiones de su originalidad. Pero además escogió sobre todo el soneto, o la décima, precisamente por verse convocado a seguir la exigencia de una regla que dirigiera el discurso. Y a la vez, en ciertos poemas hay una atmósfera evocadora de una danza, de una pieza cubana en el momento en que el sol cubre la tarde.

Y sus poemas están llenos de pintura, si puedo decirlo así. Todas las evoluciones de lo visible son explotadas en el código y la imagen. Y luego están los poemas que no son acerca de una persona, sino dedicados a una persona (en especial a pintores), y que son siempre, no por casualidad, dirigidos a tal o cual amigo, y están, pues, en el orden del conocimiento de alguien. Luego, en los últimos años, sobre todo en los últimos meses, escribió toda una serie de epitafios: epitafios a otros, pero también epitafios dirigidos a sí mismo, que, de nuevo, no es muy abundante, pero es probablemente lo más asombroso de lo que Severo escribió.

Y él lo apreciaba, porque un día muy tarde, hacia 1980, me dijo: “Bueno, en definitiva, he hecho en total una obra de poeta”. Y es verdad, cuando uno junta todos los poemas, hay una obra de poeta, totalmente independiente de la otra obra más conocida, que es la de las novelas y la de sus ensayos. No se puede hablar de Severo Sarduy sin hablar de su poesía, incluyendo la que llega al final. Es totalmente imposible eludirla.

¿Quién fue Severo, finalmente, para François?

Trataré de responder con la mayor sinceridad posible: como homosexual siempre tuve la obsesión de formar una pareja. No es que me encuentre mal con múltiples parejas, y no me he privado con respecto a eso, pero el objetivo que yo seguía con obstinación a través de todo encuentro era que fuera definitivo. Así es que, como lo conté antes, el compromiso fue hecho inmediatamente y en la evidencia del flechazo. Es así: de una cierta manera, mi historia se cumplió.

Luego, justamente, conmigo él cumplió también su historia, aunque de una forma diferente. Primero, porque teníamos doce años de diferencia, y porque la vocación con que he hecho todo en mi vida, y por todos lados, he sido siempre el profesor o el padre. Y no hay que limitarla a eso, pero hubo una relación donde yo tuve una posición paternal con respecto a él, y él tuvo una certeza, de la que tenía una gran necesidad. Tuvo la seguridad de algo estable, de que no corría riesgo de que la relación fallara: era así, era seguro, era…

Un día un profesor, probablemente cubano, me dijo: “Pero bueno, él habla de un montón de aventuras”. Y yo le respondí la verdad. Le dije: “Eso no me concierne, yo sé que él me ama, y que no puede no amarme. Es así”.

En los últimos tiempos, ya enfermo, en las primeras veces que tuvo una especie de ataque (en el 91), y estuvo más o menos un mes en el hospital (en Senlis), yo entraba allí a mi antojo y en todo momento. Estaba a dos kilómetros del hospital, máximo, así es que no estuvimos separados en lo más mínimo. Hubo hospitalizaciones en París, que fueron más difíciles. El último día, en un momento dado se levantó (yo lo sostenía por detrás de los hombros) y al volverse a acostar me dijo: “Es la última cosa que habremos hecho juntos”. Fueron sus últimas palabras. Es decir que, a mi manera, yo había cumplido el papel del sabio budista hacia los que mueren: darle al moribundo los mejores métodos para conducir con éxito su circuito entre una muerte y un renacimiento. Yo estaba a su lado, hablándole así. Vea usted, siempre dijimos –no quiero parecer ridículo…–, pero siempre dijimos que seríamos enterrados juntos.

Heberto Padilla, el hombre arrestado por escribir poemas

Por Douglas Gómez Barrueta

Sus versos fueron premiados, pero el reconocimiento se convirtió en castigo. Fue apresado, obligado a retractarse por sus palabras en un acto humillante. Marchó al exilio a los 48 años de edad, su obra fue prohibida en su patria y murió en un pueblo de Alabama hace 20 años. Su poesía sobrevive al sectarismo, a la política y a las modas. La calidad de su escritura se levanta sobre el olvido.

El poeta cubano Heberto Padilla estuvo tras las rejas durante 38 días, acusado de ser “enemigo del Estado”. Al salir de la cárcel, fue obligado a decir públicamente que los versos que escribió en el libro ‘Fuera del juego’ habían sido “un error”. Este hecho, conocido en la historia como el ‘Caso Padilla’, ocasionó que importantes escritores europeos y latinoamericanos que habían sucumbido al embrujo de la Revolución Cubana dejaran de apoyarla, y en algunos casos se sumaran a combatirla por el resto de sus vidas. Era 1971.

“Lo conocí, aunque no lo traté de cerca. Lo vi varias veces en la desaparecida librería SIBI de Nancy Pérez Crespo. Era un gran conversador. Recuerdo su presentación en la Librería Universal cuando se hizo la edición conmemorativa por los 30 años de ‘Fuera del juego’ en 1998. El evento me entristeció, porque al verlo inquieto y a la defensiva, me di cuenta que Heberto Padilla nunca logró superar el Caso Padilla”, comenta Luis de la Paz, poeta y periodista cubano residenciado en Miami desde la década de los 80.

“Cada época tiene su estética y exige determinadas tareas para con el devenir literario; pero en este caso particular, salvo algunos detalles de cambios que impone el tiempo, la estética es muy parecida, porque la situación social que provocó el libro, se mantiene casi en el mismo lugar”, responde Ena Columbié, poeta y crítica cubana residente en Miami, ante la pregunta ¿Considera que mantienen su vigencia los versos de Padilla? “Sí, definitivamente creo que los versos de ‘Fuera de juego’ son vigentes, la realidad actual cubana sigue siendo la misma”.

 “No puedo decir que soy una gran lectora de Padilla, pero estos versos (que leí primero como epígrafe en un poema del venezolano Luis Enrique Belmonte) han sido mi asidero durante mis dos emigraciones: “Dios mío, ten piedad del errante,/ pues en lo errante está el dolor”. Padilla es ese errante, Padilla fue un paria”, afirma la poeta Kelly Martínez Grandal, quien nació en Cuba, llegó a Venezuela en la infancia y ahora reside en Miami.

“Estamos hablando todavía de ‘Fuera del juego’, y no porque sea un libro político, aunque en su momento fue un desafío al régimen. Independientemente de eso, hay grandes poemas de amor, homenajes a grandes escritores como el poeta chileno Vicente Huidobro y al peruano César Vallejo”, indica el escritor cubano José Abreu Felippe.

Padilla nació en Pinar del Río en 1932. Era nieto de un cultivador de tabaco. A los 17 años de edad publicó ‘Las rosas audaces’, su primer libro de poemas. Estudió filosofía y derecho en la Universidad de La Habana. Cuando los guerrilleros tomaron el poder en 1959, Padilla vivía en Estados Unidos. El joven escritor regresa a la isla y escribe para el suplemento cultural Lunes de Revolución y trabaja en la agencia oficial Prensa Latina en Londres y Moscú.

La caída en desgracia

La obtención del premio Julián del Casal de 1968, otorgado por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), inició el calvario. El galardón fue decidido por un jurado compuesto por los cubanos Manuel Díaz Martínez, José Lezama Lima y José Zacarías Tallet, el peruano César Calvo y el inglés J. M. Cohen. El comité de premiación reconocía el valor poético del libro ‘Fuera del juego’. La decisión enfureció a las autoridades culturales de la isla, quienes presionaron a los miembros del jurado para revertir su escogencia, pero ellos se negaron.

 “Hay poemas en ‘Fuera del juego’ que sobrepasan el contexto del propio libro y ejercerán un gran peso en la poesía cubana, como Poética, Una muchacha se está muriendo entre mis brazos Los hombres nuevos, para solo mencionar unos pocos. Por otra parte, está el libro per se que mantiene su vigencia porque la causa que motivaron esos poemas todavía persiste en Cuba, que es el castrismo, que ha sobrevivido a muchos, incluso al propio Padilla”, afirma De la Paz.

Una lectura de poemas en la Universidad de La Habana –a los que tituló “Provocaciones”– causó el disgusto definitivo de los jefes de la dictadura. Padilla fue detenido, junto a su esposa Belkis Cuza Malé, en la mañana del 20 de marzo de 1971, acusado de ser “enemigo del Estado” y de tener contactos con agentes de la CIA. El 27 de abril del mismo año fue llevado a una sesión pública de la UNEAC a realizar el acto que marcaría su vida: la confesión de “sus errores”.

“El motor de mi poesía ha sido el pesimismo, el escepticismo, el desencanto. Y ese libro, ‘Fuera del juego’, está marcado por ese escepticismo y por esa amargura. Ese escepticismo y esa amargura no entusiasman y no llevan a la revolución. Esos poemas llevan al espíritu derrotista, y el espíritu derrotista es contrarrevolución”, se acusaba a sí mismo Padilla, luego de haber sido torturado.

La ruptura de los intelectuales

El llamado ‘Caso Padilla’ hizo que un grupo de importantes intelectuales dejaran de apoyar a la dictadura de Castro. El primer comunicado de protesta fue escrito en la casa del peruano Mario Vargas Llosa –que en ese entonces vivía en Barcelona– por los españoles Josep María Castellet, Juan Goytisolo, Luis Goytisolo, el alemán Hans Magnus Enzensbeger y el propio anfitrión.

 “Los abajo firmantes, solidarios con los principios y objetivos de la Revolución cubana, le dirigimos la presente para expresar nuestra inquietud debida al encarcelamiento del poeta y escritor Heberto Padilla y pedirle reexamine la situación que este arresto ha creado”, decía el escrito.

Entre las firmas, destacaban las de los franceses Simone de Beauvoir, Marguerite Duras, Hélène Parmelin y Jean-Paul Sartre; los italianos Italo Calvino y Rossana Rossanda; el argentino Julio Cortázar; los mexicanos Carlos Fuentes y Octavio Paz y el español Jorge Semprún, entre otros. El apoyo del colombiano Gabriel García Márquez fue agregado sin su consentimiento por sugerencia de su amigo y compatriota Plinio Apuleyo Mendoza.

El segundo comunicado tuvo un tono más crítico que el primero. “Creemos un deber comunicarle nuestra vergüenza y nuestra cólera. El lastimoso texto de la confesión que ha firmado Heberto Padilla sólo puede haberse obtenido por medio de métodos que son la negación de la legalidad y la justicia revolucionarias. El contenido y la forma de dicha confesión […] recuerda los momentos más sórdidos de la época stalinista”.

Se agregaron a este documento las firmas de los italianos Giulio Einaudi y Pier Paolo Pasolini; los mexicanos Carlos Monsiváis y José Emilio Pacheco; el venezolano Adriano González León y la estadounidense Susan Sontag, entre otros. Cortázar y García

El exilio y los días finales

La vida de Padilla en la isla se convirtió en un infierno. Sus libros fueron ocultados y su obra prohibida. Ignorado y borrado de la historia oficial de su país. Fue expulsado de Cuba en marzo de 1980 y se exilió en Nueva York. Publicó en Estados Unidos y España la novela “En mi jardín pastan los héroes” (1981) ; un libro de recuerdos “La mala memoria” (1989); y varios libros de poemas: “Provocaciones: (1973) , “El hombre junto al mar” (1981) , “Un puente, una casa de piedra” (1989).

“Tengo la impresión de que, más allá del nombre, no es un autor frecuentemente leído entre las nuevas generaciones de poetas, pero puedo estar equivocada. Al menos no es uno del que se hable mucho y tal vez, si se hace, sea para mencionar más el ‘Caso Padilla’ que la misma obra”, asevera Martínez Grandal. “Por supuesto, estoy hablando desde y sobre un contexto particular: Miami, donde el caso no solo se menciona como ejemplo de persecución del régimen castrista hacia los intelectuales, sino también como ejemplo de lo implacable que puede ser el lado más radical del exilio cubano, que nunca perdonó al poeta”, enfatiza.

De la Paz cree que la obra de Padilla sí es recordada, apreciada y leída entre los escritores cubanos del exilio, y también entre lectores de otras nacionalidades. “Durante las conmemoraciones por los 50 años de ‘Fuera del Juego’, en 2018, se realizaron varios eventos rememorando el poemario, algunos los convocó el Pen Club de Escritores Cubanos en el Exilio y en mi propio espacio cultural, Viernes de Tertulia, también se realizó una lectura colectiva de poemas de Padilla. Por su parte, la Fundación Heberto Padilla realizó también un recital en el American Museum of the Cuban Diaspora. No recuerdo si la Feria del Libro de Miami hizo algo ese año, creo que no” explica.

“Debería ser leída –asevera Columbié sobre la obra de Padilla– no sólo por su condición histórico-social, sino también porque marca el comienzo del destape de las verdaderas intenciones de una revolución “verde como las palmas”. Pero sobre todo, porque la tradición literaria está indisolublemente ligada a la renovación en un juego dialéctico endemoniado y provocador, donde todos somos influenciables, influidos y con mucha pero mucha suerte, nos tocará influir”, señala la escritora.

“No se puede olvidar que Dones e Infancia de William Blake, que están recogidos en ‘El justo tiempo humano’, son dos poemas fundamentales de la poesía cubana. Sin duda ha habido y se mantiene, un interés permanente por su obra”, asegura De la Paz. “Es un buen libro de poesía, aparte del desafío político hay una poesía imperecedera en este libro, una poesía que va a permanecer”, remarca Abreu Felippe.

Heberto Padilla dictó clases en las Universidades de Princeton, Nueva York, Miami y Auburn. Allí murió de un infarto el 25 de septiembre de 2000. Sus versos siguen iluminando el tiempo, imponiéndose sobre la barbarie y recordando el dolor que causa el comunismo. La mejor forma de homenajearlo es leer su obra.

El PEN Internacional demanda “respetar la integridad y el ejercicio de la libertad artística del Movimiento San Isidro”

La artista cubanoamericana Coco Fusco pide respaldo de las instituciones culturales estadounidenses, profesionales, periodistas, en torno a la represión actual en Cuba.

 (14/YMEDIO, La Habana, 3/12/2020) El PEN Club International y el PEN Club de Escritores Cubanos en el Exilio demandaron el miércoles al Gobierno cubano poner fin al descrédito, el hostigamiento, las amenazas y las detenciones de artistas, escritores y periodistas críticos, a raíz de los sucesos en torno al Movimiento San Isidro.

“Las tácticas represivas utilizadas por las autoridades cubanas incluyen amenazas, citaciones, interrogatorios, detenciones arbitrarias, allanamientos y confiscaciones de material periodístico u otros bienes y la limitación arbitraria de la libertad de circulación”, lamentan en una declaración.

Condenan además que “la represión y las amenazas se han incrementado notablemente desde los Decretos 370 y 349, que violan la libertad de expresión y de arte: todo contenido artístico debe ser sometido al Estado para su aprobación”.

En tal sentido, condenan la existencia de estos decretos, solicitan su derogación y hacen un llamado urgente al Estado de Cuba para, además de acabar con la represión sobre artistas, escritores y periodistas independientes, “declare nulo el proceso penal contra Denis Solis González y permita su inmediata liberación”.

Asimismo, pidieron “respetar el diálogo y los acuerdos entre el Ministerio de Cultura y los artistas independientes” y “respetar la integridad y el ejercicio de la libertad artística del Movimiento San Isidro y de todos los artistas y escritores de Cuba”.

¿Qué más tiene que pasar para un pronunciamiento?

La artista, escritora y curadora cubanoamericana Coco Fusco publicó este miércoles una carta abierta a instituciones culturales estadounidenses, profesionales de las artes, periodistas y varios cubófilos pidiendo un pronunciamiento con lo que está sucediendo actualmente con activistas que apoyan al Movimiento San Isidro.

Fusco se refirió en específico a las amenazas contra la artista Tania Bruguera y el periodista Carlos Manuel Álvarez, incluida la demonización en los medios estatales. 

Alertó de que “es probable que estas tácticas de intimidación sean el preludio de la presentación de cargos formales contra ellos y contra otros, seguidos de arrestos y posible encarcelamiento”.

“Tanto Bruguera como Álvarez están siendo llamados mercenarios pagados por fundaciones estadounidenses y agencias estatales para desestabilizar la revolución cubana. Otros artistas que participaron en la discusión del 27 de noviembre también están siendo blanco de los medios estatales cubanos. Entre el grupo original de cubanos que se declaró en huelga de hambre en protesta por el arresto del rapero Denis Solís, varios siguen bajo arresto domiciliario”, lamentó.

“¿Qué más tiene que pasar para que las fundaciones, museos y periódicos estadounidenses que han apoyado a Tania Bruguera y Carlos Manuel Álvarez se pronuncien sobre esta situación? ¿Dónde están todos los conservadores del museo que se entusiasman con el trabajo de Tania? ¿Dónde está el MoMA? ¿Dónde están los coleccionistas que lo han comprado? ¿Dónde están los editores que han publicado Carlos Manuel Álvarez? ¿Dónde están los financiadores que han otorgado becas y premios a Bruguera y Álvarez?”, se preguntó.

“¿Dónde están los líderes de Black Lives Matter que se tomaron el tiempo para saludar a Fidel tras su muerte pero no dijeron nada sobre la brutalidad policial contra los artistas negros en Cuba? ¿Por qué los medios progresistas estadounidenses ignoran esto? No ha habido nada de esto en The Nation , Mother Jones , In These Times , The Intercept , Democracy Now , Latino USA o Remezcla o Radio Ambulante”, lamentó. 

Otros apoyos

El escritor argentino Eduardo Sacheri expresó su solidaridad y su respeto por el Movimiento San Isidro en un mensaje que publicó a través de su cuenta en Twitter.

Manifestó su solidaridad “por la lucha que están llevando adelante por algo tan importante y básico como la libertad de expresión, no solo para los artistas e intelectuales, sino para todos los seres humanos”.

También desde Argentina, como recogió un extenso hilo en Twitter la profesora Sabrina Ajmechet, han enviado sus mensajes de respaldo al San Isidro figuras del mundo de la cultura, académicos, políticos, como Graciela Fernández Meijide, Hugo Vezzetti, Jesús Rodríguez, Patricia Bullrich, Marcelo Cavarozzi, Diego Scott, Fernando A. Iglesias, Ernesto Sanz, Lilita Puig, Hilda Sabato, Fabio Quetglas, entre otros.

El fascismo está tan a la izquierda como el comunismo

El término se ha convertido en un arma atómica usada, principalmente, por la izquierda para describir a cualquiera con el que no esté de acuerdo

Por Julio M. Shiling, Miami

Fascismocomunismovocabulario político

(14ymedio, La Habana, 26/12/2020) “Fascista” es uno de los términos más utilizados para marcar a los enemigos políticos. Este fenómeno se ha engrandecido en proporciones épicas dada su inmersión en la cultura popular. Mientras que la mayoría de las personas o los grupos que lo emplean saben, extraordinariamente, poco sobre el fascismo, entienden todo lo que necesitan saber y es que tiene connotaciones negativas. El término se ha convertido en un arma atómica usada, principalmente, por la izquierda para describir a cualquiera con el que no estén de acuerdo. 

Sin embargo, algunos de la derecha, con la intención de obtener puntos de corrección política, también han sucumbido a la tentación y lanzan golpes con ella de vez en cuando.  

La verdad es que su mal uso demuestra el alto nivel de analfabetismo político que existe. Algunos grupos radicales de izquierda, como Antifa, incluso lo tienen incrustado en su nombre: “antifascismo”. Sin embargo, no debería sorprender a nadie que, igual que pocos de ellos se han molestado en leer a Karl Marx o Friedrich Engels, es probable que ni siquiera hayan oído hablar de Giovanni Gentile, el supervisor intelectual del fascismo. Esta farsa ingeniosa de manipulación de conceptos y lenguaje, si se confronta conscientemente, sorprendería a muchos.

Luigi Sturzo, el prominente sacerdote y sociólogo italiano, categorizó al fascismo “como comunismo negro y el comunismo como fascismo rojo”. Sturzo, uno de los fundadores intelectuales de la Internacional Demócrata Cristiana y un antifascista y anticomunista de toda la vida, hizo una sólida conexión entre el fascismo y el comunismo en términos sencillos. El acoplamiento de lo que se percibe falsamente como opuestos en el espectro ideológico, no podría estar más lejos de la verdad.  

Richard Pipes, uno de los individuos más eruditos de la historia rusa, señaló que el comunismo y el fascismo eran concretamente “herejías del socialismo” (Pipes 253). El historiador polaco-estadounidense eminente abordó el hecho de que ambos sistemas utilizaban esquemas totalitarios para organizar la sociedad y el poder político. Este punto fue quizás planteado mejor por Hannah Arendt en su clásico Los orígenes del totalitarismo (1951). Arendt anatomizó el prototipo totalitario, y estableció los paralelismos entre la Alemania de Hitler y la Unión Soviética de Stalin. La politóloga y escritora germano-estadounidense articuló de manera prístina que los elementos comunes en su aplicación sustantiva resultaban ser congéneres. Había una razón fuerte para ese hecho.  

La Primera Internacional (1864-1876) fue testigo de una guerra territorial entre las facciones socialistas en lucha. Las dos corrientes principales fueron el anarquismo colectivo de Mijail Bakunin y el mal llamado “socialismo científico” de Marx. Una vez que el polvo se asentó, fue la secta marxista la que predominó y mantuvo un control hegemónico sobre el socialismo. Grandes problemas comenzaron a desarrollarse cuando la “ciencia” del marxismo comenzó a ser refutada.

A principios del siglo XX, los componentes principales del marxismo se estaban desintegrando. Las predicciones que reposaban sobre una interpretación “científica” de las leyes de la historia y que yacían en el determinismo económico, nunca se realizaron. En lugar de la depauperación incremental prevista de los trabajadores y, por consiguiente, de los capitalistas, los salarios y el nivel de vida crecieron. El proletariado, el esperado agente de lanzamiento de una revolución comunista mundial, encontró atractivo y viable el sistema capitalista y atendió sus imperfecciones por medio de reformas, los sindicatos y otras asociaciones comerciales. En otras palabras, el marxismo, tal como se había vendido en la Primera (1864-1876) y Segunda Internacional (1889-1916), capituló moral y epistemológicamente una vez que las “leyes de la historia” no se materializaron.

Esto presentó una crisis en lo que se conoce como el marxismo clásico. Sus seguidores acérrimos buscaron vías de rescate. En el plano teórico, pensadores como Eduard Bernstein aceptaron el capitalismo, creyeron que podía ser movido hacia la izquierda y formularon una rama llamada socialdemocracia. Otros comunistas, como Antonio Gramsci y el grupo conocido como la Escuela de Frankfurt, señalaron las fallas de la variante clásica en su determinante de cambio: la esfera económica. Estos fundadores de lo que hoy se alude como marxismo cultural o neomarxismo dejaron de lado al proletariado, le entregaron al intelectual la tarea del vanguardismo y excusaron a Marx y Engels proponiendo que solo cuando la cultura fuera controlada hegemónicamente se podía elevar la concienciación popular y comenzar una deconstrucción sistémica radical. Otros revisionistas marxistas, como Georges Sorel, se distanciaron de la estructura inviable del marxismo clásico y abrazaron la noción de sindicalismo revolucionario radical dentro de una sociedad orgánicamente conectada.

No todos los marxistas en esa crisis, sin embargo, se desempeñaron a prescribir recetas intelectuales. Dos de estas personas fueron Vladímir Lenin y Benito Mussolini. Ambos eran hombres de acción revolucionaria. Lenin alteró el marxismo con su infame adendum, usando un partido de vanguardia para implementar una dictadura necesaria del proletariado e institucionalizar el centralismo democrático, un mecanismo rígido de disciplina de partido. Mussolini, un marxista entrenado cuyo padre amigó a Marx en la Primera Internacional, también se impacientó con las leyes de la historia no recurrentes y, como Lenin, promovió la revolución violenta. El socialista francés y ex marxista Sorel, con su sindicalismo insurreccional y la visión orgánica de la sociedad y el Estado, fue el puente intelectual para Mussolini en su camino desde el marxismo al fascismo. De Lenin adoptó el principio de un partido revolucionario de vanguardia.

La inclusión del elemento de nación en el pensamiento fascista fue obra del político italiano, socialista y miembro fundador del Partido Fascista Italiano, Dino Grandi. Ya en 1914, al comienzo de la Primera Guerra Mundial, Grandi sostuvo que los comunistas habían errado y malinterpretado las características de la guerra. Para Grandi fue esta “una lucha de clases entre naciones” (Gregor 121). El comunismo chino, vietnamita y cubano ofrecen ejemplos flagrantes de nacionalismo fusionado con el comunismo. Los movimientos de “liberación nacional”, han sido todos típicamente inspirados por el comunismo y enfocados en el nacionalismo.    

Un fascista es un nacionalista socialista. El Partido Nazi era el Partido Obrero Nacional Socialista Alemán. Joseph Goebbels, ministro de Propaganda de Alemania nazi, se refirió insistentemente al régimen que representaba como una versión superior del socialismo (Mira 125, Peikoff 10). China comunista, con su economía híbrida y Estado marxista-leninista-maoísta, tiene un gran parecido en la práctica al fascismo. Es hora de destruir la etiqueta falsa. El fascismo está tan a la izquierda como el comunismo. Ambos son hijos del socialismo.

Al detalle: Así fue el encuentro entre artistas cubanos y Fernando Rojas en el MINCULT

El viceministro se mostró ajeno a todos los hechos de represión por parte de la Seguridad del Estado narrados por los presentes. Algunos le dijeron que tenían pruebas, pero él ni siquiera les pidió verlas. Él sabía, y todos sabían que él sabía, aunque lo quisiera negar.

Camila Acosta Camila Acosta, 1/12/2020

artistas MINCULT Cuba
Artistas frente al Ministerio de Cultura. Foto Facebook Reynier Leyva Novo

LA HABANA, Cuba.- El 27 de noviembre de 2020 quedará en la historia de Cuba como el día en que los jóvenes salvaron el orgullo y el coraje de la nación cubana. El día anterior, oficiales de la Seguridad del Estado (SE) violentaron la sede del Movimiento San Isidro (MSI) y sacaron a golpes a catorce activistas con la justificación de que allí se estaba propagando coronavirus. Hacía alrededor de una semana que varios protagonizaban una huelga de hambre (otros también de sed) por la libertad de Denis Solís, rapero detenido y condenado a 8 meses de privación de libertad, en juicio sumario, por un supuesto delito de desacato.

A las 11 de la mañana del viernes 27 se congregaron alrededor de 15 jóvenes artistas a las afueras del Ministerio de Cultura (MINCULT). Exigían reunirse con el Ministro de Cultura; su intención era repudiar lo ocurrido con el MSI y exigir un pronunciamiento, también abogar por el respeto a la libertad de expresión y el cese de la censura.

Diez horas más tarde, y luego de haber reunido a cientos de personas y medios de prensa en el lugar, lo lograron. Treinta personas (número exigido por el viceministro de Cultura) y dos invitadas aparte, en representación del resto, fueron recibidas por funcionarios del MINCULT. La presión ejercida por todos los allí reunidos obligó a los funcionarios a hacerlo.

De los 30 representantes, 27 fueron elegidos democráticamente entre los diferentes gremios de artistas presentes a las 4 de la tarde; los otros tres fueron periodistas de medios independientes que habían acompañado el proceso casi desde el inicio: ADN Cuba, Diario de Cuba y CubaNet.

La reunión inició a las 9 p.m. y se extendió por casi 5 horas. En aquel pequeño salón de reuniones, a pocos pasos de la entrada del MINCULT, estaban, de un lado, los 32 representantes y, del otro, los cinco funcionarios del MINCULT.

Fue una reunión muy emotiva, porque todos los artistas hablaron con amor, con sinceridad, desde el corazón; canalizaron décadas de frustraciones personales, profesionales y ciudadanas. Pero también hubo momentos de tensión. Se dijeron fuertes verdades, al menos por la parte de los creadores. Todo sobre la base del respeto y la tolerancia.

No dejaron entrar teléfonos ni grabadoras. Aunque ya fue un logro que permitieran a la prensa independiente en una Institución del gobierno. Pude al menos tomar notas, muchas, que creo que captan la esencia de esa reunión, y es lo que a continuación transcribo.

Fernando Rojas, Viceministro de Cultura, les da la bienvenida y les cede la palabra.

Michel Matosen representación del MSI, exige respeto y transparencia; habla del sufrimiento de MSI.

La Seguridad del Estado se ha adueñado del país, nos tratan de manera militar y somos civiles, hemos sido maltratados por ellos, arrestados, reprimidos, golpeados… y esto no es aceptable. Es inadmisible lo que está sucediendo. La huelga de hambre iniciada por algunos de los miembros del MSI ha sido el resultado de la desesperación. Y todos hemos estado sufriendo este tipo de cosas.

¿En qué país estamos viviendo? ¿En qué nos estamos convirtiendo? Todos somos cubanos, aunque estemos en desacuerdo. Un país no puede dirigirse como se dirige un campamento, y esto es lo que estamos viendo. Estamos desesperados. Los propios medios oficiales están manipulando la realidad.

Estamos en un punto de exigir las libertades elementales que todos deberíamos tener. Exigimos respeto a nuestra individualidad. No somos mercenarios, no somos delincuentes, somos cubanos. Sentimos la necesidad de participar de nuestra nación.

Hace dos años que esperamos respuesta del MINCULT por el debate y oposición que generó el Decreto 349. No nos están respetando, no nos están escuchando. No somos delincuentes, somos creadores. Esto no es un show. La SE, si persiste en sus métodos criminales, va a crear una realidad verdaderamente dramática. Queremos una Cuba soberana, una Cuba próspera y con libertad.

Katherine Bisquet lee las demandas:

-Revisión y transparencia del proceso judicial contra Denis Solís.

-Libertad de Luis Manuel Otero Alcántara (LMOA).

-Derecho a tener derechos, libertad de expresión, libre creación y disenso.

-Cese de la difamación y descrédito por parte de los medios oficiales.

-Reconocimiento y respeto al posicionamiento independiente.

-No más violencia policial, no más odio político.

Fernando Rojas toma nota.

Mauricio Mendoza, periodista de Diario de Cuba, habla del reconocimiento de la prensa independiente, del derecho a participar de esos debates y documentar. También de los bloqueos de esos medios en Cuba. La necesidad de tener libertad de expresión y el derecho a ejercer la profesión, así como los descréditos que sufren los periodistas independientes en la prensa oficial.

Daniel Díaz Mantilla: Debemos recordar los años previos a la fundación del MINCULT, surgió en un momento en que el diálogo parecía imposible, para establecer un canal de comunicación entre los creadores y el gobierno. Debemos poner fin a la falta de comunicación entre los artistas y los funcionarios de Cultura que existe desde hace años. No somos enemigos, tenemos que encontrar puntos en común para dialogar.

Lo que yo veo en estos muchachos es lo mismo que yo viví en los años 90 e inicios de los 2000: censura, recelo, desconfianza. Debemos impedir que se recurra a métodos criminales para tratar a la sociedad cubana; la Seguridad del Estado está violando incluso la Constitución de la República de Cuba. Cuando se recurre a métodos criminales se es criminal y cuando el Estado recurre a métodos criminales, ese Estado también es criminal.

La SE está asumiendo acciones que no le corresponden y con total impunidad, siembran miedo, destruyen amistades, familias… ninguno de los que estamos aquí estamos asumiendo posturas que atentan contra la soberanía ni mucho menos. Ustedes tienen una responsabilidad en esto que está sucediendo.

Hay que tener valor para decir lo que se piensa en este país, como estamos diciendo ahora lo que pensamos. Honren los motivos por los que ustedes existen como Institución.

Yunior García: Los Congresos de la UNEAC han sido un teatro, una puesta en escena. Hay que escuchar la diversidad de Cuba. Este ha sido un año negro por la censura y la represión.

Menciona el caso de Pedro Junco, expulsado recientemente de la UNEAC por motivos políticos.

Yo tengo derecho a decir lo que pienso. No puede ser que a un artista por pensar diferente se le trate como a un criminal y se difame de él en la prensa.

La prensa oficialista, al no contar la realidad, está negando algo que el mundo entero ya sabe por los medios independientes y la prensa extranjera. No mostrar la verdadera realidad cubana o esconderla, es mentir.

Exigimos respeto a la dignidad de los artistas, no censura ni discriminación por motivos políticos.

Entiendan que esta juventud no es la misma de hace años atrás. Basta ya de esa puesta en escena pésima. Esos viejos mecanismos no funcionan. No puede ser que ustedes se parezcan más a la UJC que a nosotros.

La Cuba diversa no se refleja ni en la prensa oficial ni en las instituciones. Las ideas políticas se combaten con ideas, no con censura ni con cárcel.

Menciona el Decreto  349. Salta a la defensiva Fernando Rojas diciendo que no, que de eso no iba a hablar.

Tienen que dejar de vernos como enemigos. No lo somos. Somos cubanos que pensamos distinto.

Juan Pin Vilar: Nadie tiene derecho a decir quién es artista. Todo lo que hemos visto aquí es resultado de la ineficiencia del MINCULT. Estas personas existen y tienen derechos, y ustedes están ahí para ellos.

Por años hemos visto la corrupción en las instituciones. ¿Cómo la prensa no habla de eso y sí nos llama mercenarios? No somos mercenarios. Debe existir libertad de expresión.

Grethel Medina: Debemos insistir en lo que nos ha traído aquí hoy, y esas demandas trascienden la libertad creativa, es la libertad que tenemos de existir, es la libertad ciudadana en general. Todo esto transciende la libertad artística, es la libertad de que alguien en su casa pueda expresarse libremente.

¿Por qué venimos aquí? Porque ustedes son quienes nos representan. No puede ser que en Cuba se estén cometiendo violaciones de la Constitución y las instituciones que nos representan no se hayan pronunciado. No sentimos que ustedes nos representen o protejan. No han mediado en nada de lo que ha ocurrido.

Henry Erick Hernández: “Palabras a los intelectuales” en los años 60, eso que tan bonito se pinta, no fue más que un pacto con pistolas. No fue un pacto inclusivo. En Cuba ha habido muchos quinquenios grises.

Antes de ser artista, se es ser humano y ciudadano.

Menciona el caso de Italo, un artista que se vio obligado a abandonar el país por la censura y la represión.

Son 60 años de represión. Llevamos 60 años pidiendo lo mismo, inclusión, cese de censura, libertad de expresión… Por lo que debemos acabar de resolver esto, con rapidez. Vamos a condenarlos si no hacen nada ahora y van a morir con ese estigma. Abran el camino.

Julio Llópiz-Casal: Hay un escritor cubano en el exilio que se llama Rafael Rojas, que todos deben conocerlo, él escribió un libro que se llama Tumbas sin sosiego. Este libro me lo regaló mi padre luego de un viaje a España, muestra gran parte de la historia de Cuba: habla sobre Roberto Fernández Retamar, sobre los debates entre diferentes partidos políticos para redactar la Constitución del 40, la diversidad de opiniones y el consenso…

¿Cómo es posible que yo haya tenido que esperar a que me cayera un libro de España para tener ganas de conocer mi país, para ver a Cuba desde el corazón?

No se trata de decir arriba o abajo la revolución, se trata de conformar un país, un país con una historia muy triste. En mi familia ha habido incluso divisiones familiares por temas políticos, pero en general nos respetamos, y convivimos pese a nuestras diferencias de opinión. ¿Por qué nuestro país no puede ser así?

Amaury Pacheco: El MSI nace de una anomalía del sistema: el Decreto 349. Desde entonces, hemos sufrido la represión de la Seguridad del Estado e incluso ataques de la prensa. También hemos enfrentado, como parte de esos decretos oscuros, al Decreto-Ley 370.

El 349 le puede funcionar a un gobierno pero le hace mal a la nación. Hemos dicho BASTA y lo estamos asumiendo. Hemos prendido una mecha hacia una pluralidad nacional.

Exigimos el cese de los ataques y el hostigamiento sobre LMOA y el MSI. LMOA está desaparecido y ha resistido más de lo que puede resistir una persona.

Cuba hoy tiene un puesto en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU (Organización de Naciones Unidas) y viola los derechos humanos. Esto no se entiende.

Ian Benavides explica que ese divorcio entre el Estado y la sociedad es provocado por la censura.

Gretell Kairúz: Creo que debemos hablar acerca de lo que nos une, y lo que nos une es que amamos esta tierra, a Cuba, queremos una sociedad que sea bella, próspera. Pero para que eso exista se necesita de sus hijos, de todos y cada uno de sus hijos, de mi madre que fue alfabetizadora y comunista, y de mi padre que fue gusano. Esa es mi familia y también mi patria.

No me interesan conceptos. Cuba es un ajiaco. Esta polis nuestra la llamamos Cuba. Y Cuba necesita de la realización de cada uno de sus hijos. Necesitamos libertad para decir y hacer. A mí me preocupa mucho algo: ¿Qué sociedad tenemos si yo no puedo pensar, decir o hacer? En una Cuba que tiene una gran tradición de pensamiento, que era una luz para América Latina: Martí, Varela… Estos que estamos hoy aquí somos los hijos de esa tradición.

Si no puedo pensar o hacer es porque no puedo soñar. Y sí, sí se puede soñar. Necesito creer que somos capaces de soñar. Todos, los de adentro y los de fuera del país, estamos soñando a Cuba.

Y yo me pregunto: ¿Es esta la Cuba que queremos dejar a nuestros hijos? Se necesita dialogar, respeto para poder dialogar. Es nuestra responsabilidad la Cuba que vamos a legar a nuestros hijos. Por eso estoy sentada aquí.

Yunior García: Debo decirlo, me siento orgulloso de ser parte de esta reunión. Me siento orgulloso de mi generación, de todos los que estamos acá adentro y de los que nos esperan allá afuera.

Tania Bruguera: No se reconoce el arte independiente en Cuba debido a la censura. Yo puedo exponer en el MOMA pero no en mi país. El arte independiente no es enemigo, es un derecho; el artista es independiente por naturaleza.

Tengo una duda: ¿Cuál es la relación entre el MININT y el MINCULT?

Explica el asedio y represión hacia INSTAR tanto por parte del MINCULT como de la Seguridad del Estado.

Yo llevo 30 años censurada en Cuba. Pero esa censura se ha extendido al exterior. He llegado a eventos artísticos en otros países en los que me han contado cómo allí han ido funcionarios de esta institución a hablar mal de mí, a decir que yo no soy artista. Y lo hacen, lo sé, para aislarme, no les basta con censurarme en mi propio país ¿Con qué derecho hacen eso? BASTA, eso está fuera de sus funciones.

Fernando Pérez: Estoy feliz de estar acá, por primera vez siento que acá en el MINCULT hay un grupo diverso; eso es un primer paso. Me siento identificado con muchas de sus intervenciones.

Hay que acabar con la censura, las manipulaciones de la prensa oficial, los actos de repudio. La libertad de expresión es libre o no lo es, y eso hay que aplicarlo a todas las esferas de la realidad.

Tienen que haber respuestas concretas a lo que se ha dicho acá. En la pluralidad, diversidad, está la fuerza de esta nación.

Camila Ramírez Lobón: Yo hoy entré antes que todos acá, con Yunior, en un primer encuentro. Y una funcionaria de ustedes me dijo algo que ya se ha mencionado en los medios, eso de que la calle es de los revolucionarios.

La calle y el espacio público no es de los revolucionarios, sino de todos los ciudadanos nacidos en este país. Y tienen que acabar de entender eso o al menos respetarlo. No se puede atacar las ideas con represión. La política no puede estar por encima de los derechos elementales de las personas; por ese camino se va a la violencia. Estamos desamparados totalmente. Basta del mismo discurso para justificar la brutalidad. A los que más están reprimiendo es a los que están manifestando vías pacíficas para construir el disenso.

Basta. No den más palos. Que los cambios que vayan a venir sean mediante el diálogo, el respeto, el civismo.

Mijaíl Rodríguez: No subestimemos el poder del arte. Con esas acciones de represión están mostrando miedo al arte.

Estamos aquí artistas, pueblo en general. Esto es una esperanza. Este momento nos ha unido. Las instituciones nos obligan a separarnos, pero este momento nos ha unido.

Nos duele Cuba y nos importa Cuba. Hemos perdido el miedo gracias a las redes. Tenemos que tomar la calle porque los espacios pequeños que nos han ofrecido no nos han resuelto nada. Estamos hartos.

Hay que salir de aquí con algo constructivo. El gobierno tiene el deber y la obligación de trabajar para este pueblo.

Reynier Díaz: Aunque a algunos no los han dejado llegar, esta mañana, a las 11, éramos 15, ahora somos 300. ¿Qué dice esto? Que pese al miedo, hay un motivo real, algo que motiva a varias generaciones.

Ulises Padrón: Hoy existe mucha apatía de los jóvenes por la política, por todo, y eso se debe a la inexistencia de espacios de participación. No existen espacios de creación, donde se sientan parte de algo. Los jóvenes necesitan encontrar ese espacio en la sociedad.

Miryorly García Prieto: Espero que esta sea la primera de muchas reuniones para zanjar el abismo entre nosotros y la Institución.

Venimos acá con amor, con voluntad de diálogo. Pero, sobre todo, estamos aquí porque les estamos dando una oportunidad. Es responsabilidad de ustedes hacer lo correcto por la cultura cubana.

Se está mintiendo, se está difamando, se están cometiendo crímenes y, al paso que vamos, algunos pueden incluso morir. Esa es la urgencia.

Reynier Leyva Novo: Hoy ha habido allá afuera todo un dispositivo de seguridad policial, de la SE, militares vestidos de civil, patrullas policiales…. Eso es abuso de poder, intimidación. La SE son paramilitares. Sean conscientes de la presión a la que hemos estado sometidos.

Michel Matos: La Seguridad del Estado se ha adueñado de la nación. LMOA está en huelga de hambre y ha sido golpeado hasta sangrar. Vice Ministro, golpeado hasta sangrar estando incluso esposado, yo lo he visto. Eso suena a Batista o Machado. La SE está operando por encima de la ley.

Si Luis Manuel muere, no tendría palabras para decir que más nunca podremos dialogar. Denis Solís no ha tenido ni siquiera derechos. Estamos desesperados.

Katherine Bisquet narra la represión y arrestos a los que fue sometida solo por leer poesía en las afueras de la estación policial de Cuba y Chacón, días atrás.

Estoy aquí después de todo eso, después de haber dormido en un calabozo, después de haber hecho una huelga de hambre de la que aún no me he recuperado, después de estar a punto de ver a una persona morir. Estoy aquí dispuesta a dialogar. Esto no es presión, es una responsabilidad de ustedes. Por respeto a todos, necesitamos respuestas.

Jorge Perugorría: Es momento de diálogo. Todos tienen derecho a ser escuchados. Hoy se ha dado un paso importante, se han abierto las puertas de este Ministerio. Creo que debemos continuar con el diálogo.

Fernando Rojas dice que él no puede responder de manera inmediata, dice además que él no sabe nada del despliegue militar alrededor del MINCULT y de los manifestantes pacíficos. Se muestra incluso ajeno a todos los hechos de represión por parte de la SE narrados por algunos de los presentes. Algunos le dicen que tienen pruebas, pero él ni siquiera les pide verlas. Él sabe, y todos saben que él sabe, aunque lo quiera negar.

Tania Bruguera le pide que llame y pida la libertad de LMOA. Respuesta de Fernando Rojas: Con ese nivel de confrontación yo no puedo dialogar.

Juan Pin Vilar: Yo vine hoy acá sin saber siquiera lo que estaban exigiendo estos muchachos, pero vine a apoyarlos. Y me he sorprendido que estos sean los que ustedes llamen mercenarios. Si de verdad fueran mercenarios o delincuentes ya hubiesen puesto una bomba en el MINCULT, como hacía el Movimiento 26 de Julio. Si de verdad fueran mercenarios y delincuentes no pidieran diálogo con ustedes.

Miryorly García Prieto: Exigimos que digan la verdad como Institución. Que digan que los muchachos de San Isidro son artistas y hasta que fueran reprimidos. Esa historia está en las redes, están quedando como mentirosos. No tenemos miedo ni lo vamos a tener jamás. Si piensan que dando un escarmiento nos vamos a callar, todo lo contrario. Les estamos dando la oportunidad a ustedes de que no mientan.

Y si mañana me botan del trabajo, no me importa, me pondré a vender croquetas para mantener a mi hijo. Estamos dispuestos a repetir cada palabra dicha acá ante quien sea, incluso ante Raúl Castro.

Fernando Rojas evade un pronunciamiento del MINCULT como Institución.

Fernando Rojas: Estoy de acuerdo con que las vidas humanas son sagradas. Nos vamos a interesar, de la manera que podamos, por el caso de Denis Solís y LMOA.

Y se dirige a Mauricio Mendoza, periodista de Diario de Cuba que estaba justo frente a él tomando notas y le dice: y no me cambies ni una coma, yo sé que Diario de Cuba ha mentido en algunas cuestiones. Y menciona entonces que este medio recibe financiamiento del gobierno de los Estados Unidos.

Mauricio Mendoza intenta responderle, pero no es el momento. Todos se percatan de que Rojas está tratando de desvirtuar la reunión. Y lo hace en al menos par de ocasiones, ambas contra Mendoza.

Grethel Medina: El MINCULT se debe pronunciar sobre la existencia de nosotros como artistas y lo que está ocurriendo en Cuba, y eso sí es responsabilidad de ustedes. La declaración reciente de la AHS es falsa, no contó con los artistas para eso.

Fernando Rojas intentaba aplazarlo todo: Vamos a trabajar en esto, sí, vamos a analizarlo… Insistía en que no sabía nada de los hechos que le narraban, que no estaba dudando de las palabras de los presentes, pero que debía investigarlo.

Juliana Ravelo: ¿Me puede explicar entonces en qué consiste su trabajo?

Fernando Rojas: Yo no tengo que darte cuentas de mi trabajo.

¿Cómo?, dijeron muchos de los presentes.

Luego se pasó a debatir la declaración de la AHS, en donde se llama mercenarios a los artistas del Movimiento San Isidro. Dijeron que era un texto lamentable y que debían retractase.

Yaser Toledo, Vicepresidente Asociación Hernanos Saíz (AHS) explicó que la declaración se había debatido entre el Consejo Nacional de la organización.

-Dinos ahora ₋dijo uno de los presentes₋, ¿tú nos consideras mercenarios?

Consideraban que esa declaración no solo era contra el MSI sino contra los artistas independientes.

Toledo no sabía qué decir. Evadió la pregunta varias veces pero el resto de los interlocutores insistían. Finalmente, reconoció que él no pensaba eso y se comprometió a analizar la declaración con el resto del Consejo Nacional de la AHS y, si se decidiera, retractarse.

Jorge Alfonso, Director Red de Galerías Génesis explicó que esa reunión sería solo el comienzo, que debían seguir debatiendo esos temas.

Tania Bruguera: Nosotros venimos acá con una energía honesta, y lo único que estamos recibiendo son evasivas, postergación.

Marta BonesVice Presidenta Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC): No somos ustedes y nosotros. Acá hemos dejado a un lado nuestra labor creativa para trabajar en pos de la cultura cubana. Me siento acusada y no es justo.

Mientras hablaba Bones se fue la corriente; la primera de al menos dos ocasiones. Quedaron en total oscuridad, pero insistieron los creadores en continuar pese a ello. Alguien interrumpió a Bones para salir a ver si los que esperaban afuera estaban bien. Explicaron que temían por la seguridad de ellos, y que el hecho de que se fuera la luz podría ser exprofeso, una maniobra de la SE.

Jorge Fernández, Director del Museo Nacional de Bellas Artes, continuó explicando que ellos no sabían nada de lo que le exponían los presentes en cuanto a la represión: Vamos a trabajar, a revisar la situación.

Fernando Rojas recalca que hay temas que él no puede responder y que van a crear una agenda de discusión. También, a propuesta de los presentes, se compromete a proponer al MININT entablar un diálogo con los creadores sobre la represión y las violaciones a las leyes por parte de la SE.

Rojas vuelve a atacar a la prensa independiente presente, específicamente a Diario de Cuba.

Fernando Rojas: No creo en la prensa allá afuera (prensa independiente y extranjera). No creo en redes sociales.

Después de casi 5 horas de debate, se toman los siguientes acuerdos:

-El Vice Ministro se interesaría por los casos de LMOA y Denis Solís.

-El MINCULT va a organizar agendas de debate, de encuentros con artistas para negociar sus exigencias.

-El MINCULT organizaría sesiones de debate sobre la aplicación de las leyes y el papel del Ministerio del Interior (MININT), esto referido a la represión a los artistas por parte de la Seguridad del Estado cubana.

-La AHS revisaría su declaración y, si se aceptaba por el Consejo Nacional de la organización, se retractarían.

-TREGUA: Los artistas van a poder reunirse incluso en los espacios independientes sin ser hostigados, para debatir temas relacionados con sus exigencias.

Fernando Rojas transmitió además un mensaje del Ministro de Cultura, Alpidio Alonso, quien prometió reunirse con los artistas a la semana siguiente, después del miércoles 2 de diciembre. Asimismo, cedió a la demanda de los presentes de garantizar que los cientos de personas reunidas allí podrían regresar para sus casas con seguridad y sin violencia policial.

Terminada la reunión, Yunior García, Kaherine Bisquet y Tania Bruguera, informaron a las más de quinientas personas y medios de prensa independientes y extranjeros que esperaban reunidas a las afuera del MINCULT. Habían logrado el objetivo principal: ser escuchados y el compromiso de obtener respuestas.

Fue entonces que supieron que, mientras estaban reunidos, a algunos jóvenes la policía les había tirado gas pimienta, a otros cientos les habían prohibido el paso. Pero nada de eso alteró el ambiente sano, de alegría y también de expresiones culturales; todos habían esperado esas cinco horas, ansiosos por saber los resultados. Algo fue perceptible, habían muchas más personas que cinco horas antes, más de quinientas, quizás. Algo así nunca había ocurrido en la historia del totalitarismo en Cuba.

Poco después, sin más altercados, todos nos retiramos del lugar. Pudimos pasar frente a todos esos cientos de paramilitares y brigadas de respuesta rápida sin que estos pudieran hacer nada.

Hubo artistas de varias generaciones, pero también cubanos comunes que fueron a apoyar, padres con sus hijos, primos, tíos, amigos, hermanos. Hubo personas de izquierda, de derecha, revolucionarios y contrarrevolucionarios connotados; pero a todos los unía algo: el deseo de existir, las ansias de una Cuba mejor para todos los cubanos.

Lo que provocó el MSI se había convertido en algo mucho más grande. No se trataba de ideologías, sino de un pueblo contra el poder.

Listado de personas que debatieron con los funcionarios del MINCULT, 27 de noviembre de 2020

  1. Michel Matos (MSI)
  2. Amaury Pacheco (MSI)
  3. Katherine Bisquet (MSI)
  4. Claudia Genlui (MSI)
  5. Aminta de Cárdenas (MSI)
  6. Tania Bruguera (INSTAR)
  7. Camila Ramírez Lobón (INSTAR)
  8. Juliana Ravelo (INSTAR)
  9. Gretell Kairúz (INSTAR)
  10. Reynier Leyva Novo (Artes Plásticas)
  11. Julio Llópiz-Casal (Artes Plásticas)
  12. Solveig Font (Curadora)
  13. Sandra Ceballos (Artes Plásticas)
  14. Miryorly García Prieto (Historiadora del Arte)
  15. Liatna Rodríguez Jiménez (Historiadora del Arte)
  16. José Luis Aparicio (Cine)
  17. Mijaíl Rodríguez (Cine)
  18. Alejandro Alonso (Cine)
  19. Grethel Medina (Cine)
  20. Juan Pin Vilar (Cine)
  21. Ulises Padrón (Escritor)
  22. Alfredo Martínez (Escritor, colaborador de Tremenda Nota)
  23. Daniel Díaz Mantilla (Escritor)
  24. Henry Erick Hernández (Artes Plásticas)
  25. Yunior García (Dramaturgo)
  26. Ian Benavides (Música)
  27. Reynier Díaz (Artes Escénicas. Actor)
  28. Mauricio Mendoza (Prensa, Diario de Cuba)
  29. Nelson Julio Álvarez Mairata (Prensa, ADNCuba)
  30. Camila Acosta (Prensa, CubaNet)

Invitados

Fernando Pérez (Director de cine) y Jorge Perugorría (Director y actor)

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Camila Acosta. Graduada en Periodismo en la Universidad de La Habana. Investigadora, Documentalista y Especialista en Comunicación del Club de Escritores y Artistas de Cuba (CEAC). Reside en La Habana, Cuba.

Elecciones USA 2020: Paso por paso hasta la toma de posesión


(ContactoMagazine.com / Revista Digital Latina desde 1998, Los Ángeles, California) El proceso comenzó con la votación del 3 de noviembre y concluirá con el juramento presidencial el 20 de enero de 2021.

En Estados Unidos no hay un cuerpo electoral nacional, como existe en la mayoría de los países, donde abundan los tribunales electorales y constitucionales, que se dedican a determinar quién ganó una elección presidencial. El proceso norteamericano es largo y tedioso, pero tiene un rigor ético notable de más de dos meses de duración desde el día de las elecciones. Así ha funcionado el sistema estadounidense desde hace más de dos siglos.

En 2020 y 2021, este proceso seguirá el mismo curso de siempre. Las casillas electorales reportan lo que tienen en sus manos el mismo día de la votación, y los medios de comunicación, basados en esos datos, declaran presidente a uno u otro candidato de acuerdo con el número de votos que ha llegado a sus manos. En 2020, producto de la pandemia del nuevo coronavirus, una enorme cantidad de electores envió su voto por correo, lo cual ha hecho más lento el conteo. Varios tribunales, incluida la Corte Suprema de Estados Unidos, han permitido contar votos que llegaron a los centros de votación después del 3 de noviembre, día de las elecciones, siempre que tengan el matasellos del Servicio Postal con la fecha del día 3 de noviembre.

Por todo lo anterior, nadie se declaró ganador o perdedor el día 3 como suele ocurrir en cada elección. El día 7 de noviembre, la Associated Press, la agencia de prensa más grande del mundo, y otros medios estadounidenses, entre ellos Fox News, declararon presidente electo al candidato demócrata Joe Biden. La declaración de los medios se ha hecho históricamente de esta manera y se ha convertido en una tradición. El presidente en funciones, Donald Trump, denunció fraude electoral y advirtió que disputaría la elección en los tribunales.

Trump y sus simpatizantes han acusado también a las grandes organizaciones noticiosas de haber emprendido una campaña en su contra para favorecer a Biden. Un estudio realizado por el Pew Research Center entre febrero y marzo de 2020, revela que 79% de los encuestados cree que los medios tienden a favorecer a uno de los dos lados de un conflicto, en materia política y temas sociales. Ese porcentaje aumentó 7% con respecto a 2019. El mismo estudio indica que 83% de los participantes culpa a los medios de esa tendencia y solamente 16% a los periodistas.

El proceso administrativo oficial para definir el ganador de las elecciones presidenciales de Estados Unidos continuará ahora como siempre, de esta manera:

* El 8 de diciembre los estados de la nación tienen que presentar a los miembros de su Colegio Electoral. En total son 538 miembros a nivel nacional que otorgan a sus estados la totalidad de los votos electorales que corresponden a cada uno de ellos de acuerdo con su población, excepto Maine y Nebraska, que dividen los votos entre los candidatos. Por ejemplo, California es el estado con mayor número de votos electorales, un total de 55. El candidato que tenga mayoría se lleva los 55 votos.

Los funcionarios electorales de cada estado cuentan los votos entre finales de noviembre y principios de diciembre. Cada estado tiene que concluir el proceso de certficación de votos, para luego entregar los resultados en una fecha límite, conocida como “puerto seguro” y que en 2020 es el 8 de diciembre.

* El 14 de diciembre, los miembros del Colegio Electoral se reúnen en sus respectivos estados y oficialmente emiten su voto por un candidato. Los gobernadores estatales también certificarán los resultados en cada estado.

* El 23 de diciembre, las boletas electorales de los miembros de cada colegio tienen que llegar al Congreso de Estados Unidos. Los miembros del Colegio Electoral pueden cambiar de opinión y votar por otro candidato que no sea el que se comprometieron a respaldar, pero esto podría tener severas consecuencias. A principios de 2020, la Corte Suprema de Estados Unidos mantuvo en vigencia, por unanimidad, leyes estatales que castigan o destituyen a esos electores que cambian su voto, conocidos como “electores desleales”.

* El 6 de enero de 2021, el Congreso cuenta los votos electorales y certifica al ganador. En esta ocasión es importante destacar que el Congreso número 117, es decir los nuevos miembros del Senado y la Cámara de Representantes serán juramentados el 3 de enero. Este nuevo Congreso es el que contará los votos tres días después y certificará al ganador. Miembros del Senado y de la Cámara se reúnen ese día para dar punto final a la elección. Funcionarios elegidos previamente por el Congreso leen en voz alta, por orden alfabético de los estados, las boletas de los electores. Este es el paso final del proceso de pasar de presidente electo a presidente.

Se necesitan 270 votos electorales de los 538, para ganar la elección.

* El 20 de enero de 2021, el presidente electo y su vice tomarán el juramento de servir al país y a la Constitución, y desde ese mismo momento quedan a cargo del poder ejecutivo del Gobierno. Esta ceremonia se conoce como “inauguration” (inauguración) y se lleva a cabo aun si el ganador es el presidente en funciones.

Respuestas a Priscila Guilayn, corresponsal en España del diario brasileño “O Globo”

1. Es usted una figura importante de la generación de los 50 de Cuba. ¿Cómo la Cultura, en Cuba, se ha visto afectada por el régimen de Fidel Castro?

R. Como todos los regímenes comunistas, el de Castro ha pretendido reducir la cultura a la esfera de la propaganda ideológica, por lo cual hacer arte y literatura bajo este régimen ha sido una agonía. La imposición de un discurso único, con la correspondiente ausencia de libertad de expresión, es el peor escenario para la creación cultural, y éste es el escenario en que la cultura ha sido obligada a sobrevivir en la Cuba de Castro. Pero la experiencia cubana vuelve a demostrarnos que la cultura es un bastión que las tiranías nunca consiguen tomar íntegramente.

2. En 1991 usted ha sido uno de los firmantes de la Carta de los Diez intelectuales que le pedían a Castro la liberación de los presos políticos y una reforma en el régimen. ¿Cuál ha sido la reacción de Castro a esa Carta? ¿Qué ha sufrido usted (y sus demás compañeros firmantes de la misma carta) desde entonces?

R. La respuesta de Castro fue la de un gobernante negado a debatir civilizadamente con sus críticos, sobre todo si son cubanos: nos acusó de colaboración con “el enemigo imperialista”. “Traidores abyectos” nos llamaron sus periódicos, que no se atrevieron a publicar la Carta. Quienes la firmamos recibimos diversos castigos, desde la cesantía y la exclusión social hasta la cárcel. Todos tuvimos que exiliarnos.

3. ¿Cuál era su opinión hacia Fidel Castro y su manera de gobernar hasta entonces? ¿Su visión sobre Castro ha ido cambiando con los años?

R. Cuando Castro estaba en la Sierra Maestra y cuando se estrenaba como gobernante, su ideario, contenido en el Programa del Moncada y en sus soflamas de entonces, era el de un socialdemócrata. Después se declaró marxista-leninista y se alió con la Unión Soviética, y a partir de ese momento condujo la revolución hacia el estalinismo. La Unión Soviética lo respaldó económica y militarmente, garantizándole la existencia del modelo totalitario que le ha permitido practicar sin limitaciones el caudillismo de izquierda que con tanto éxito mediático protagoniza desde hace medio siglo. Cuando firmé la Carta, hacía tiempo que mi desencanto de la revolución era irreversible. Mis tropiezos con el régimen se remontan a 1967. Entonces formé parte del jurado que le dio el premio de la Unión de Escritores al poeta contestatario Heberto Padilla, premio que provocó el primer conflicto grave entre el régimen y los intelectuales. En 1968 fui sancionado por el Partido Comunista cubano por esto y por manifestar mi desacuerdo con la invasión soviética a Checoslovaquia, que Castro apoyó. A causa de esta sanción, estuve diez y seis años sin poder publicar ni una letra en mi país y sin poder viajar al extranjero.

4. ¿Cuáles han sido los mayores errores de Fidel Castro y sus actitudes más reprochables en su opinión?

R. Castro jamás se ha equivocado en su contra. Quiso ser el dueño de Cuba y lo consiguió sin cometer ni un solo error. Lo más dañino para Cuba de cuanto ha hecho es haber establecido un sistema rigurosamente autocrático, en el que su voluntad ha sido la primera y la última instancia de poder. Así, la inteligencia y la iniciativa personal del ciudadano, o sea, la fuerza creadora de la nación, quedó abducida por el líder omnímodo, cuyo nombre ha llegado a fundirse simbólicamente con el del país. No olvidemos la aberración, mundialmente generalizada, de que discrepar de Castro significa situarse contra Cuba. Por supuesto, un régimen de estas características sólo se construye mediante el falseamiento de la realidad, la divinización del adalid y la coacción sin límite.

5. ¿Qué, en su opinión, se puede sacar de positivo del régimen de Fidel?

R. La lección de que los caudillismos de izquierda son tan nocivos para las naciones como los de derecha, y que las libertades democráticas son imprescindibles para el progreso material y el equilibrio espiritual de los pueblos. Es una lección oportuna en estos tiempos latinoamericanos, en los que parece prosperar de nuevo el mesianismo populista.

6. ¿Cómo, cuándo y por qué ha tomado usted la decisión de exiliarse? ¿Y por qué en España?

R. Al firmar la Carta de los Diez y el Proyecto de Programa Socialista Democrático, fui echado de la emisora de radio en que trabajaba y quedé políticamente estigmatizado y a merced de la arbitrariedad castrista, por lo cual decidí emigrar. No me fue fácil hacerlo porque el Gobierno se negaba a darme el permiso de salida. Finalmente me lo concedió por gestiones del entonces presidente de la Xunta de Galicia, Manuel Fraga Iribarne, amigo de Castro. Decidí venir a España porque es un país de mi idioma, porque yo tenía una invitación para dirigir un curso de literatura en la Universidad de Cádiz y porque aquí cuento con muchas y buenas amistades.

7. ¿Desde el exilio, cuál es su ligación con Cuba? ¿Consigue usted (o lo desea) desconectarse de la actualidad política? ¿Sufre, se angustia o alimenta expectativas con relación a lo que está pasando y puede pasar?¿Desea usted volver a vivir a Cuba?

R. Mantengo correspondencia con colegas y amigos míos que siguen en Cuba. Por interés propio y también por mis obligaciones como director de la revista Encuentro de la Cultura Cubana estoy al tanto de lo que sucede en la isla, siempre con la esperanza de que de un momento a otro aparezcan señales inequívocas de la tan ansiada transición democrática. En cuanto a volver a vivir en Cuba, no tengo intención de hacerlo, salvo que mis hijas regresen. Soy ciudadano español, tengo setenta años y aquí me siento en casa.

8. Fidel Castro y los castristas insisten que Cuba es un país democrático, porque todos sus cargos son elegidos de manera directa y secreta. Sin embargo, el PCC es el partido único. ¿Qué opina usted?

R. Todos los castristas son elegidos para cualquier cargo de manera directa o indirecta y nada secreta por Fidel Castro. En Cuba no hay elecciones sino votaciones de candidatos al Poder Popular, que es un parlamento decorativo, designados o aprobados por el partido único. Léase la ley electoral cubana y se entenderá perfectamente lo que acabo de decir.

9. ¿El pueblo cubano, en general, ve a Castro como un demócrata? ¿El pueblo le apoya, le quiere, le admira? ¿O le teme?

R. En Cuba queda gente que apoya y admira a Castro y, además de su familia, habrá quien lo quiera, porque en el mundo hay público para todo. En Rusia hay nostálgicos de Stalin que salen en procesión con su retrato, y en muchos puntos del planeta, incluso en Estados Unidos, Hitler aún tiene seguidores. Me atrevería a afirmar que en Cuba o donde sea sólo los ignorantes y los muy ingenuos han de estar convencidos de que Castro es un demócrata. De lo que sí estoy seguro es de que en Cuba todos le temen, empezando por su hermano el general.

10. ¿Qué puede significar que un grupo plantee la formación de un nuevo partido político y solicite su registro legal? ¿Puede conllevar algún tipo de reprimenda? ¿O simplemente sería rechazado? ¿O no sería ni siquiera aceptado para trámite?

R. Muchos grupos opositores y de derechos humanos han hecho los trámites para legalizarse. Los funcionarios del Ministerio de Justicia les reciben los formularios, pero les dan una callada eterna por respuesta. El Gobierno, que no se compromete con una negativa explícita, prefiere mantenerlos en la ilegalidad para represaliarlos “legalmente” cuando lo estime oportuno.

11. ¿Cómo viven los opositores de Castro que no se han ido de Cuba?

R. Viven en el filo de la navaja, entre la calle, la cárcel, el hospital y el paredón de fusilamiento. Castro ha organizado partidas de porristas llamadas Brigadas de Respuesta Rápida, compuestas por policías vestidos de civil y partidarios del Gobierno armados con garrotes, cuya misión consiste en reventar a golpes manifestaciones públicas y reuniones de los opositores. Como la fuerza uniformada no interviene, parece que es “el pueblo indignado” (Castro dixit) el que se enfrenta a los discrepantes. Los opositores, los activistas de derechos humanos y los periodistas independientes son constantemente acosados por la policía política, que los detiene, registra sus domicilios y les confisca sus máquinas de escribir, sus aparatos de fax, sus libros, etcétera, y les orquesta “mítines de repudio” frente a sus casas. En marzo de 2003, tres jóvenes negros que robaron una lancha en La Habana para llegar a Estados Unidos fueron fusilados tras un juicio sumario ordenado por Castro, quien declaró que con estas ejecuciones enviaba un mensaje disuasorio a quienes pensaran secuestrar transportes para salir del país. Es decir, que el asesinato de esos tres infelices que no le dieron un pellizco a nadie fue el texto de un mensaje de terror.

12. ¿Cuál es la situación de la prensa en Cuba? ¿Es posible hacer periodismo independiente? ¿Ha habido libertad de prensa con Fidel?

R. Castro suprimió la prensa libre en Cuba en 1960, año y medio después de tomar el poder y luego de garantizar desde la Sierra Maestra que respetaría la libertad de prensa, e impuso un férreo dominio estatal sobre todos los medios de comunicación. Desde entonces, la única prensa en Cuba es la oficial, en la que, por supuesto, sólo se publica lo que el Gobierno quiere. Hace unos pocos años, desafiando el monopolio informativo del régimen, surgieron en la isla los periodistas independientes, auténticos kamikazes de la comunicación, cuyos textos, prohibidos en Cuba, son divulgados en el extranjero por el exilio cubano a través de Internet y otros canales. El periodismo independiente sobrevive pese al acoso implacable del Gobierno. Reporteros sin Frontera afirma que Cuba es, después de China, el país con más periodistas presos, y el primero en términos porcentuales.

13. ¿Sabe usted cuántos cubanos están actualmente en la cárcel por no compartir las mismas ideas políticas de Fidel Castro? En marzo del 2003, 75 opositores del régimen fueron encarcelados. ¿Desde entonces, han seguido las detenciones?

R. Según las denuncias que he leído últimamente, hechas por organizaciones de derechos humanos que operan dentro de Cuba, hay algo más de trescientos presos políticos en las prisiones castristas. No se dispone de una cifra exacta porque el Gobierno no facilita información al respecto, aparte de que no reconoce tener presos políticos en sus prisiones. Por otro lado, los periodistas independientes siguen siendo detenidos. Por ejemplo, en diciembre último, la policía detuvo a Raymundo Perdigón Brito en la ciudad de Santa Clara y a Ahmed Rodríguez Albacia en La Habana y, como siempre, les requisó sus enseres de trabajo.

14. ¿Cómo ve usted las reacciones de la Comunidad Internacional ante las actitudes represoras de Castro?

R. Por el mundo circula la creencia de que hay dictadores malos, como Pinochet, porque son de derecha, y dictadores buenos, como Castro, porque son de izquierda, y esta tontería forma parte del conjunto de factores que determinan la tibieza con que la comunidad internacional reacciona habitualmente ante la violación de los derechos humanos en el único país con dictadura que existe en América Latina. Sólo cuando en Cuba se comete un abuso espectacular, como el encarcelamiento masivo de opositores en 2003 y el sobrecogedor fusilamiento ese mismo año de tres secuestradores de un bote, la comunidad internacional reacciona enérgicamente, hasta que al cabo de unos días vuelve a fijarse más en los talibanes detenidos en Guantánamo por “el imperialismo” que en los demócratas presos en las infectas cárceles de “la Cuba revolucionaria”.

15. ¿Qué papel ha jugado, en su opinión, el embargo estadounidense, para que Cuba se encuentre tal y como está actualmente? ¿Es el embargo el gran culpable de que la economía cubana sólo haya descrecido en estos años?

R. El embargo estadounidense ha jugado un papel muy menor en el desastre económico cubano y, en cambio, ha proporcionado a Castro una magnífica coartada para cargarle a Estados Unidos la responsabilidad de ese desastre y, además, para reprimir a la oposición interna presentándola como colaboradora de “una potencia extranjera”. El embargo dura cuarenta años y en este lapso Cuba ha comerciado con más países que antes de la revolución, ha recibido créditos internacionales astronómicos que no ha pagado y que probablemente no pague nunca y, sobre todo, disfrutó de una beca soviética que se elevaba a la cifra de 5.500 millones de dólares anuales, más petróleo barato y otros insumos. ¿Qué hizo Castro con esos fabulosos recursos financieros? Guerras y guerrillas. Cuando se derrumbó la Unión Soviética y comenzó el llamado Período Especial, los cubanos constatamos que no teníamos ni agricultura ni industria. Sólo titulares de Granma, un ejército enorme, mucha policía y gritos de Patria o Muerte.

16. ¿Qué papel pueden jugar los presidentes de izquierdas para que el comienzo de la transición tarde más o menos? ¿Brasil, Argentina y Chile pueden hacer algo? ¿La ayuda económica y el apoyo político de Chávez es fundamental para Cuba en este momento? ¿Chávez, Evo Morales, Daniel Ortega y Rafael Correa tienen relevancia o peso político suficiente para influir contra una posible transición en Cuba?

R. Por principio, las democracias deberían favorecer la transición en Cuba. Parece lo lógico. Pero eso depende de la calidad moral, la tendencia política y los intereses de quienes gobiernan. Generalmente, para el político en el poder no cuentan tanto los principios como los fines. Los escritores y los artistas tendemos a sobredimensionar el papel de la ética en la política, de ahí nuestras repetidas perplejidades y decepciones. Los Gobiernos que usted cita, menos el de Chile hasta ahora, y los cuatro mandatarios que usted nombra están cerca o muy cerca de Castro y lejos o muy lejos de la oposición cubana, por tanto son obstáculos en el tránsito de la dictadura a la democracia en mi país natal. Pero ninguno, ni siquiera el Tío Rico McChávez con sus petrodólares, podrá impedir que Cuba se reincorpore, más tarde o más temprano, al sistema democrático.

17. ¿Ha cambiado algo desde julio, cuando Fidel nombró a Raúl Castro como presidente del Consejo de Estado?

R. Sí: ha aumentado el secretismo del régimen, se ha intensificado la represión policial y ha crecido la incertidumbre de los cubanos respecto a su futuro.

18. ¿Cree usted que Cuba ya ha entrado en un proceso de transición? ¿Cree usted en una transición con Fidel vivo?

R. Desde el triunfo de la revolución, es la primera vez que Castro no está visible ni ejerciendo oficialmente el poder. Esta novedad traza la frontera, por el momento sólo psicológica, entre un antes y un después en Cuba. Que esta frontera deje de ser un sentimiento o una expectativa y se convierta en un hecho objetivo depende de que Castro desaparezca. Sin Castro será imparable la descomposición del régimen, primera etapa del proceso de transición.

19. ¿Qué cree usted que pasará con la muerte de Fidel?

R. Raúl Castro y su corte intentarán mantenerse a flote todo el tiempo que puedan, para lo cual harán reformas económicas que alivien las severas condiciones de vida de los cubanos, sin hacer, mientras puedan evitarlas, reformas políticas que pongan en riesgo su permanencia en el poder. Lo más probable es que clonen parcial o totalmente los modelos chino y vietnamita. También buscarán la manera de entenderse con los norteamericanos, pero les será más fácil entenderse con los europeos. Cabe la posibilidad de que remodelen las relaciones con Hugo Chávez y no descarto que, al discutir sus planes, surjan discrepancias y hasta rupturas entre el general y sus subordinados. A la oposición interna, en tanto no se vean obligados a pactar con ella, le seguirán dando en la mera madre, como se dice en México. No me negará usted, estimada Priscila, que esta respuesta parece un oráculo de Ifá.

20. ¿Qué, en su opinión, ha hecho Fidel Castro a Cuba y a los cubanos? ¿Cuál es el legado de Fidel Castro?

R. Sobre este tema podríamos hablar largo y tendido, pero me limitaré a decir que a los cubanos Fidel Castro nos despertó con un sueño y nos abandona con una pesadilla.

21. ¿Un estadista, un líder, un dictador? ¿Quién es Castro en su opinión?

R. El mejor actor del siglo XX.

(2006)