El último libro de Luis Antonio de Villena

L A Villena libroManuel Díaz Martínez

La primera vez que estuve en Madrid, hace una tira de años, un editor español amigo mío me invitó a una especie de club cultural donde, bebiéndonos unas cervezas, escucharíamos la conferencia que allí iba a ofrecer un poeta que mi acompañante admiraba y cuya obra yo aún no conocía. El poeta era un joven pelirrojo, atildado y desenvuelto que fue muy aplaudido. Lo veía por primera vez, pero su nombre ya me sonaba en mi distante Habana, ciudad que siempre ha sido un una caja de resonancia. ¿Quién podía imaginar entonces que, andando el tiempo, aquel poeta y yo nos sentaríamos, codo con codo, para presentar un libro suyo en la Feria del Libro de Las Palmas de Gran Canaria?

Luis Antonio de Villena, además de poeta de extenso recorrido y justamente muy bien valorado –soy un agradecido lector de su poesía–, es dueño de una prosa incisiva, ágil y diestra, situada en la línea de un Ramón Gómez de la Serna o un Francisco Umbral. Y se da el caso en su escritura que prosa y poesía –o sea, reflexión e intuición, cogitación y sensorialidad– crean una fértil sinergia que singulariza su estilo –incluso cuando hace crítica o periodismo– y potencia la expresión de sus preocupaciones y obsesiones, de sus fobias y filias, que no son pocas ni banales, y se aviene con su modo de pensar, que es libérrimo y arisco, como es conveniente que sea el de los artistas. Y artista es Villena, fundamentalmente.

El libro que he venido a recomendarles, IMÁGENES EN FUGA DE ESPLENDOR Y TRISTEZA, publicado en la Colección Visor de Poesía, pone de relieve tres características dominantes de este autor: su franqueza desprejuiciada, su criticismo ilustrado y su filiación a una estética y una ética que hicieron época en la cultura española del siglo XX como reacción emancipadora ante el acartonamiento y el oscurantismo impuestos por la dictadura franquista. Por supuesto, me estoy refiriendo a la memorable Movida Madrileña, la cual, más que un movimiento político, fue la erupción de un estado de ánimo de la sociedad española, sobre todo del estamento más joven y despierto de la misma; un estado de ánimo que venía dando señales de vida en plena dictadura y era parte de la resistencia popular a la misma, y que estalló y se expandió inconteniblemente al mismo tiempo que se iniciaba la Transición, esa modélica demolición controlada del franquismo.

De la literatura de la Movida, hecha por una hornada de audaces creadores que en su mayoría han quedado en la neblina de los años, han sobrevivido pocos. De éstos, veo dos que fueron acentuando su presencia, y lo lograron renovándose al paso del tiempo, pero sin traicionar el espíritu inconforme, desafiante, iconoclasta y humanista de aquella suerte de Renacimiento del siglo XX que acompañó a la Transición por el flanco cultural: uno de ellos es Leopoldo María Panero, quien compartió los últimos años de su vida con nosotros en esta ciudad, y el otro es Luis Antonio de Villena, quien hoy nos honra con su presencia.

¿Y qué es esto que ahora nos trae Villena? ¿Qué es este libro singular e intenso, inteligente y provocativo, tierno y áspero, humano hasta la piedad, que puede leerse página tras página o a saltos –como un diario o prontuario de realidades vividas o leídas–, y que no dejará indiferente a ninguna sensibilidad que lo visite? Para mí, que sólo soy un lector de los muchos que debería tener, es, sobre todo, una experiencia. Una experiencia de honestidad y literatura, similar a la que recibí de joven en las páginas del Marqués de Sade o en las de mi compatriota Virgilio Piñera, quien por dar semejante lección recibió el castigo de la hipocresía política en mi país.

Resumiendo, para mí IMÁGENES EN FUGA DE ESPLENDOR Y TRISTEZA es un poliédrico canto a la belleza y, por extensión, a la libertad. Es una insaciable, hirsuta, tumultuosa alabanza de la libertad, como fue, hasta sus últimas pavesas, aquella Movida que estremeció a Madrid y a media España y parió a Luis Antonio de Villena.

Termino confesándoles que cerré este libro al tiempo que me preguntaba: ¿cuánto de autorretrato, de espejo, habrá en estas páginas? Quizás la respuesta no sea necesaria. Cuenta Villena en la evocación que en este libro hace de Vicente Aleixandre que éste le dijo una vez: “¿Persigues la belleza? Persevera”.

[Presentación del más reciente libro de Luis Antonio de Villena, Imágenes en fuga de esplendor y tristeza, en la Feria del Libro de Las Palmas de Gran Canaria 2016.]

El desmoronamiento de la revolución cubana

 

Yoani Sánchez

(14YMEDIO, La Habana, 26/4/2016) Hay finales épicos, de película. Sistemas cuyos últimos minutos transcurren entre el ruido de los martillos que derriban un muro o el rugido de miles de personas en una plaza. El castrismo, sin embargo, transita por una agonía sin imágenes gloriosas ni heroicidades colectivas. Su mediocre desenlace se ha hecho más evidente en los últimos meses, en que las señales del desmoronamiento ya no pueden ocultarse tras la parafernalia del discurso oficial.

El epílogo de este proceso, que una vez se hizo llamar Revolución, está salpicado de hechos ridículos y banales, pero que son ?eso sí? claros síntomas del final. Como una mala película, con un guion apresurado y pésimos actores, las escenas que ilustran el estado terminal de este fósil del siglo veinte parecen dignas de una tragicomedia:

-Raúl Castro monta en cólera cuando le preguntan en una conferencia de prensa sobre la existencia en Cuba de presos políticos, se enreda con los audífonos y pronuncia una sarta de disparates a poca distancia de Barack Obama, quien luce dueño y señor de la situación.

-Al concluir la visita del presidente estadounidense, los medios gubernamentales lanzan sobre él toda su furia, mientras el discurso de Obama en el Gran Teatro de La Habana se vuelve el número uno en la lista de los materiales audiovisuales más solicitados dentro del Paquete semanal.

-Dos policías cubanos llegan vestidos de uniforme a las playas de Florida, después de haber navegado en una rústica balsa junto a otros migrantes ilegales a los que ayudaron a escapar de Cuba.

-Un grupo de pioneritos, vestidos con uniforme y pañoleta, se contorsionan en movimientos explícitamente sexuales a ritmo del reguetón en una escuela primaria. Son filmados por un adulto y el video es subido a las redes sociales por un orgulloso padre al que le parece que su hijo es un genio del baile. Esa misma mañana de seguro pronunciaron en el matutino la frase “pioneros por el comunismo: seremos como el Che”.

-El canciller cubano, Bruno Rodríguez acusa a Obama de haber perpetrado un ataque “a nuestra concepción, a nuestra historia, a nuestra cultura y a nuestros símbolos” a pocos días de recibirlo en el aeropuerto y no haberle dicho ninguna de esas críticas de frente y sin miedo.

-Un oscuro funcionario de la embajada de Cuba en España asegura en una charla ante “amigos de la Revolución” que ésta “vive el momento más difícil de su historia” y cataloga la cobertura de los medios internacionales a la visita de Obama como una “muestra de una guerra cultural, psicológica y mediática sin parangón”.

-Raúl Castro vuelve a ser elegido por unanimidad como primer secretario del Partido Comunista para los próximos cinco años y opta por el inmovilismo. Pierde así la última oportunidad de pasar a los libros de Historia con un gesto de generosidad con la nación, aunque fuera tardía, en lugar de por su egoísmo personal.

-Fidel Castro aparece en la clausura del congreso, enfundado en una chaqueta de Adidas, e insta a que “no sigamos como en los tiempos de Adán y Eva comiendo manzanas prohibidas”.

-Pocos días después de terminada la cita partidista el Gobierno anuncia una irrisoria rebaja de precios para intentar elevar los ánimos caídos. Ahora, un ingeniero no deberá trabajar dos días y medio para comprar un litro de aceite de girasol, sino que solo necesitará laborar dos jornadas.

-Miles de cubanos se aglomeran en la frontera entre Panamá y Costa Rica intentando continuar su ruta hasta Estados Unidos, sin que el Gobierno de la Isla invierta un solo centavo en ayudarles a tener un techo, algo de comida o atención médica.

-Un economista que explicaba por el mundo las bondades de las reformas raulistas y sus progresos es expulsado de la Universidad de La Habana por mantener contactos con representantes de Estados Unidos y pasarles información sobre los procedimientos del centro académico.

-Dos jóvenes hacen el amor en pleno Boulevard de San Rafael, a la vista de decenas de curiosos que filman la escena y que les gritan obscenas incitaciones pero nunca llega la policía. La arcilla fundamental de la Revolución se escapa en la líbido individual y colectiva.

Los créditos comienzan a pasar y en la sala donde se proyecta esta pésima cinta apenas quedan espectadores. Unos se cansaron y se fueron, otros se quedaron dormidos durante la prolongada espera, unos pocos vigilan los pasillos y exigen que desde las butacas todavía salgan sonoros aplausos. Tras el proyector, un hombre anciano quiere colocar el nuevo rollo que alargue el interminable celuloide… pero ya no queda nada. Todo ha terminado. Solo falta que el cartel de “fin” aparezca en la pantalla.

Nuestra desgracia y la solución

Pedro Campos, La Habana

(DIARIO DE CUBA, 23/4/2016) A propósito de todo lo que ha ocurrido con este VII Congreso del PCC aparecen análisis diversos, todos con sus razones, tratando de explicar el salto en el vacío que acaba de dar esa organización partidista, la cual no alcanza a comprender que ya pasó su carnaval, que estamos en otra época por mucho que se quiera detener la máquina del tiempo, que ya no es posible hacer creer a la gente en el futuro si no hay presente, que el estatismo-asalariado nació herido de muerte y por tanto con vida limitada.

Y es lógico que la gente busque explicaciones, porque el PCC se ha tomado demasiado al pie de la letra lo del artículo 5to de la Constitución, —El Partido Comunista de Cuba, martiano y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista— y, efectivamente, se ha convertido en una traba irresistible para el desarrollo individual y social, simplemente porque no es martiano ni marxista.

Ahora no solo pretende el Congreso del PCC (mil cubanos) que Cuba sea y viva como ellos quieran, como ellos creen que debe ser el futuro, sino que además organizan planes de desarrollo para 15 años, cuando ninguno de ellos podría explicar qué pasaría mañana si EEUU —para “no seguir atacando a la revolución”, según el sentido dado por el canciller Bruno Rodríguez Parrilla a la visita de Obama—, decide echar atrás el proceso de normalización.

¿Cómo es posible hablar de planes económicos estratégicos en un país que hasta ayer basaba su desarrollo en lo que pudiera lograr en sus relaciones con el “enemigo histórico” y hoy prácticamente está batiendo tambores de guerra porque se siente agredido por su acercamiento diplomático?

Ojalá que EEUU no tome en serio las palabras del experimentado diplomático y siga adelante en sus planes para levantar el embargo y cooperar en el desarrollo del pueblo cubano. Pero en fin, al tema de marras.

Algunos achacan nuestra desgracia a la existencia de un Fidel Castro, al fatalismo geográfico, al clima, a Batista y su golpe de Estado, los cohetes atómicos rusos, la desaparición de Camilo Cienfuegos, la “flojera de los gobiernos americanos”, la caída de la URSS y el campo socialista, etc.

Sin embargo si analizamos cualquier fenómeno de los últimos 56 años, encontramos que todo gira en torno a la propiedad. Fue la incautación de tierras y propiedades en los primeros años de la revolución, lo que generó el aumento de la contrarrevolución, el agudo enfrentamiento en el seno de la sociedad, la actuación de EEUU contra el Gobierno cubano, lo que provocó la explosión de La Coubre, Girón, el Escambray, el acercamiento a la URSS y la crisis de Octubre y hasta el “período especial”.

Fue la concentración de la propiedad de la tierra y los recursos en manos del Estado, la que trajo o facilitó el desabastecimiento, la brigada Che Guevara, el fracaso de la zafra del 70, la destrucción de la industria azucarera y la ganadería, los fracasos de los grandes planes lecheros, cafetaleros, de plátano y otros, el abandono de la tierra al marabú, los fracasos de todos los planes quinquenales, el desastre de la vivienda y las vías de comunicación, y todo ese grupo de etc., que todos conocen. Fue lo que posibilitó la Constitución Estado-céntrica de 1976.

El PCC y su Gobierno se proponen planes y más planes que todos fracasan porque la propiedad estatal, en verdad de la burocracia, sobre la tierra, las fábricas, las empresas, los hoteles, y —muy importante— la fuerza de trabajo de la que disponen como esclava moderna (asalariada) o venden a empresas extranjeras o a países que la necesitan, no es capaz de generar interés en los productores, simplemente porque no satisface sus necesidades.

El Estado, entelequia que solo sirve a los intereses de la burocracia y a su auto reproducción, no valora ni le interesa valorar la fuerza de trabajo, que tiene a pululo, pues si lo hiciera, no podría sostenerse. El Estado-dueño actual, es la versión moderna de la esclavitud generalizada, de Mesopotamia y América, que José Martí identificó y rechazó como socialismo de Estado, en su inmortal La futura esclavitud.

Por eso el Partido-Gobierno-Estado es tan reiterativo en que “nuestro socialismo se basará en la propiedad estatal sobre los medios fundamentales de producción” y sustenta todo el sistema económico, político y social en ese modelo de propiedad. La “no-estatal” es accesoria.

Si no existiera esa concentración de la propiedad, no tuviéramos esa burocracia partidocrática y parásita que hace medio siglo controla el país, no fueran necesarios tantos ministerios y sus cientos de miles de burócratas para “controlar y dirigir” la producción, nadie podría pretender imponer nada a los demás que fueran también dueños de medios de producción, ni políticas arbitrarias de producción y precio, ni definiciones de cómo debería vivir.

En una sociedad de muchos, todos, propietarios individuales o asociados de medios de producción, nadie podría imponer nada a los demás y sería esa la base para la democracia soñada por Martí.

En fin que la concentración de la propiedad en el Estado ha sido nuestra desgracia y su socialización, nuestra solución.

Presentación de un libro de Antonio Arroyo Silva

Queridos amigos:

Esta tarde tengo una tarea sumamente grata: voy a compartir con ustedes algunas reflexiones que me ha suscitado la lectura de un libro notable, MIS ÍNTIMAS ENEMISTADES, publicado por Nueva Asociación Canaria para la Edición (NACE). La tarea me resulta dos veces grata porque el autor, Antonio Arroyo Silva, es uno de los amigos que más aprecio, intelectual y personalmente, de los muchos que por fortuna tengo en esta isla.

Este libro, como suele decirse, me ha “llegado”, me ha “tocado”. Gran parte de los poemas que lo integran están entre los mejores que he leído últimamente, y yo no ceso de leer buenos poetas.

Tratándose de poesía, siempre me ha resultado más fácil identificar las razones por las cuales un texto se me cae de las manos que aquéllas por las cuales otro me seduce. Supongo que esto me sucede –y seguramente no sólo me sucede a mí– porque anda por medio la emoción estética, y ésta, como el flechazo de Cupido, suele ser enigmática y determinante. En el prólogo que hizo para el libro de Antonio Arroyo Silva, la escritora canaria Cecilia Domínguez Luis inserta una cita de Gao Xingjian en la que este Premio Nobel chino dice que “A la literatura le basta con suscitar en el hombre algún sentimiento, alguna emoción, alguna certeza. Si lo induce a la reflexión, se convierte en necesaria”. Las palabras de Xingjian me eximen de explicar por qué el poemario que nos ocupa se me ha hecho “necesario”.

DE ÍNTIMAS ENEMISTADES es lo que llamo un libro mayor. Uno de ésos con posibilidad de abrirse un sitio destacado en la escala valorativa de una época. O de una literatura. Su autor es ya un nombre insoslayable en el actual momento de la poesía en Canarias. Buen momento, por cierto, en el que se advierte una fuerte voluntad renovadora.

Conozco parcialmente la obra poética anterior de Antonio Arroyo Silva, recogida en los nueve libros que aparecen en su bibliografía, pero si esa obra no hubiese sido suficiente para legitimar el sitio destacado que este autor ocupa en la poesía canaria contemporánea, DE ÍNTIMAS ENEMISTADES se encargaría de hacerlo inmediatamente.

No es Antonio Arroyo Silva un autor para ser leído a pie de calle o en un momento libre antes de cenar. No es fácil. No es complaciente. En la intrincada ciudadela de cogitaciones, intuiciones y fabulaciones que es su poética no hay, para decirlo de manera gráfica, jardines para pasear al perro y fumar sin molestar a nadie. Es un poeta ilustrado que hace uso de su cultura. De ahí la versatilidad de su poesía, versatilidad que es síntoma de sus múltiples intereses espirituales y de una avidez intelectual que lleva su verso de la gravedad al humor, del lirismo a la ironía, de la oscuridad a la transparencia.

Quien no lo haya leído podría pensar, por lo que acabo de decir, que estamos en presencia de un intelectualista cerebral y frío. Y nada más lejos de la realidad. Culteranismo hay en parte de sus textos –que no son precisamente los que más me atraen–; pero, en los que considero sus momentos más afortunados, Antonio Arroyo Silva ha llevado a su escritura, eficazmente y con voz propia, la angustia existencial del humanista que es. Muestra de ello es este poema del libro al que hoy he dedicado mis comentarios de lector:

Hasta donde llega la soledad
de un periódico abierto, sin letras; ante
una cara sin rostro que no espera por nadie.

Y en un fondo pintado, mientras ni el silencio
florece en la enramada, la ausencia de los pájaros
pone cruces en un labio. Y la tristeza
¿dónde está con su abrigo gris de cretona,
con su lágrima en el botón de su camisa?
¿Dónde está si no ocupa la nada alrededor
del poso de café ni el frío tintineo
del cubierto al mover la noche de este insomnio?

Las Palmas de Gran Canaria, Abril de 2016.

Viruta

Mono lengua afuera

Por supuesto que estoy en contra del lenguaje sexista. Por eso he comenzado mi último relato de esta manera, acatando las normas dictadas por los/as lingüistas de la Junta de Andalucía: “Pepito era un niño despabilado y su hermana era una niña despabilada. [La carcundia sexista prefiere decir: Pepito y su hermana eran niños despabilados.] Tan pequeño/a como eran y ya sabían que a las gaviotas y gaviotos les encantan las sardinas y sardinos. Eso sí, seguían teniéndoles miedo a los/as fantasmas…” Yo, como las/os feministas más avanzados/as, sé que la lengua es lo esencial. Estoy convencido de que, por ejemplo, las mujeres comenzarán a ganar lo mismo que los hombres por hacer el mismo trabajo cuando de una puñetera vez se use la lengua igualmente para ambos sexos.

Muere Benigno

Benigno foto

Dariel Alarcón Ramírez –conocido por Benigno, su alias de guerra–, uno de los contados supervivientes de la guerrilla que el Che Guevara encabezó en Bolivia en 1967, murió de cáncer el pasado jueves, a los 76 años, en un hospital de París. Estaba refugiado en Francia desde 1994 y la noticia de su fallecimiento la hizo pública Jean Cormier, autor de una biografía del Che.

Alarcón Ramírez era un campesino de la región de Manzanillo (oriente de Cuba) cuando, en 1957, se incorporó a la lucha armada contra Batista en la Sierra Maestra, donde alcanzó el grado de coronel y se convirtió en uno de los hombres de confianza del Che. En su muy interesante libro MEMORIAS DE UN SOLDADO CUBANO (publicado en España por Tusquets) narra la caótica aventura guerrillera en tierra boliviana y la huída de él y otros supervivientes hacia Chile a través de los Andes, y explica cómo Fidel Castro traicionó al Che, abandonándolo a su suerte en Bolivia.

Benigno libro

De Barack Obama al pueblo cubano. Un discurso histórico

Discurso del presidente de EEUU, Barack Obama, pronunciado el día 22 de marzo de 2016, en La Habana, durante su visita a Cuba

«Gracias. Muchas gracias. Muchas gracias. Muchas gracias.

Presidente Castro, el pueblo cubano, muchas gracias por la cálida bienvenida que he recibido, que mi familia ha recibido, y que nuestra delegación ha recibido. Es un extraordinario honor estar hoy aquí.

Antes de comenzar, si me lo permiten, quiero mencionar los ataques terroristas que han sucedido en Bruselas. El pueblo estadounidense está pensando y rezando por el pueblo belga. Nos solidarizamos con ellos y condenamos estos ataques atroces contra personas inocentes. Haremos lo que sea necesario para apoyar a nuestra amiga y aliada, Bélgica, para ajusticiar a aquellos que sean responsables. Y este es otro recordatorio de que el mundo debe unirse, debemos estar juntos, independientemente de su nacionalidad o raza, o la fe, en la lucha contra el flagelo del terrorismo. Podemos y debemos derrotar a los que amenazan la seguridad y la protección de las personas en todo el mundo.

Al gobierno y al pueblo de Cuba, les doy las gracias por la bondad que me han demostrado a mí y a Michelle, Malia, Sasha y a mi suegra, Marian.

“Cultivo una rosa blanca”. En su poema más famoso, José Martí hizo su ofrenda de amistad y de paz, tanto a su amigo como a su enemigo. Hoy, como Presidente de Estados Unidos de América, le ofrezco al pueblo cubano: el saludo de paz.

La Habana se encuentra tan solo a 90 millas de Florida, pero para llegar hasta aquí tuvimos que recorrer una gran distancia: derribar las barreras de la historia y la ideología; las barreras del dolor y la separación. Las aguas azuladas bajo Air Force One transportaron en su día los barcos de batalla estadounidenses hasta esta isla, para liberar pero también para ejercer control sobre Cuba. Esas aguas también transportaron a generaciones de revolucionarios cubanos hasta Estados Unidos, donde consiguieron apoyo para su causa. Y esa corta distancia ha sido cruzada por cientos de miles de exiliados cubanos, en aviones y balsas improvisadas. Exiliados que llegaron a Estados Unidos en busca de libertad y oportunidad, a veces dejando atrás todas sus posesiones y a todos sus seres queridos.

Al igual que tantas personas en nuestros dos países, mi vida abarca un periodo de aislamiento entre nosotros. La revolución cubana ocurrió el mismo año que mi padre llegó a Estados Unidos desde Kenia. Bahía de los Cerdos ocurrió en el año en que yo nací. Al año siguiente el mundo entero quedó en suspenso observando a nuestros dos países mientras la Humanidad se acercaba más que nunca antes al horror de una guerra nuclear. Con el paso de las décadas, nuestros gobiernos se estancaron en un enfrentamiento sin fin, luchando batallas por medio de representantes. En un mundo que se ha reinventado una y otra vez, una constante ha sido el conflicto entre Estados Unidos y Cuba.

He venido aquí para enterrar el último resquicio de la Guerra Fría en el continente americano. He venido aquí para extender una mano de amistad al pueblo cubano.

Quiero dejar una cosa clara: Las diferencias entre nuestros gobiernos en todos estos años son reales y son importantes. Estoy seguro de que el Presidente Castro diría lo mismo. Lo sé porque le he oído hablar sobre esas diferencias largo y tendido. Pero antes de hablar sobre esos temas, también es nuestro deber reconocer cuánto tenemos en común. Porque en muchos sentidos, Estados Unidos y Cuba son como dos hermanos que han estado incomunicados durante años, incluso cuando compartimos la misma sangre.

Ambos vivimos en un nuevo mundo, colonizado por europeos. Cuba, como Estados Unidos, fue construida en parte por esclavos que trajeron aquí desde África. Al igual que en Estados Unidos, el pueblo cubano puede encontrar sus orígenes tanto en los esclavos como en los dueños de los esclavos. Ambos hemos abierto nuestras puertas a inmigrantes que recorrieron grandes distancias para empezar vidas nuevas en el continente americano.

Con el paso de los años, nuestras culturas se han mezclado. El trabajo del Dr. Carlos Finlay en Cuba abrió el camino a generaciones de doctores, incluyendo a Walter Reed, que se basó en el trabajo del Dr. Finlay para ayudar a luchar contra la fiebre amarilla. Al igual que Martí escribió algunas de sus palabras más conocidas en Nueva York, Ernest Hemingway hizo su hogar en Cuba, y encontró la inspiración en las aguas de sus costas. Compartimos un pasatiempos nacional, La Pelota, y esta misma tarde nuestros jugadores competirán en el mismo campo de La Habana donde jugó Jackie Robinson antes de hacer su debut en las Grandes Ligas. Se dice que nuestro mejor boxeador, Muhammad Ali, hizo un tributo una vez a un cubano con quien nunca podría luchar, diciendo que solo podría empatar contra el gran cubano Teófilo Stevenson.

Incluso mientras nuestros gobiernos se convertían en adversarios, nuestros pueblos siguieron compartiendo estas pasiones comunes, sobre todo puesto que tantos cubanos vinieron a Estados Unidos. En Miami y en La Habana se pueden encontrar lugares para bailar el chachachá o la salsa y comer ropa vieja. La gente de nuestros dos países ha cantado las canciones de Celia Cruz y de Gloria Estefan y ahora escuchan reguetón y a Pitbull. Millones de personas de nuestros países tienen una religión en común, una fe a la que di homenaje en el Santuario de Nuestra Señora de la Caridad en Miami, una paz que los cubanos encuentran en la Cachita.

Con todas nuestras diferencias, el pueblo estadounidense y el pueblo cubano comparten los mismos valores en sus propias vidas. Un sentido de patriotismo y de orgullo… mucho orgullo. Un amor profundo por la familia. Una pasión por nuestros hijos y un compromiso con su educación. Ese es el motivo por el que creo que nuestros nietos mirarán atrás a este periodo de aislamiento como una aberración; como solo un capítulo en una historia más larga de familia y amistad.

Pero no podemos y no debemos pasar por alto las diferencias muy reales que existen entre nosotros, sobre cómo organizamos nuestros gobiernos, nuestras economías y nuestras sociedades. Cuba tiene un sistema de un solo partido; Estados Unidos es una democracia de múltiples partidos. Cuba tiene un modelo económico socialista; Estados Unidos es un mercado libre. Cuba ha reforzado el papel y los derechos del estado; Estados Unidos está fundado sobre los derechos individuales.

A pesar de esas diferencias, el 17 de diciembre de 2014, el Presidente Castro y yo anunciamos que Estados Unidos y Cuba iniciarían un proceso para normalizar las relaciones entre nuestros países. Desde entonces, hemos entablado relaciones diplomáticas e inaugurado embajadas. Hemos lanzado iniciativas para cooperar en temas de salud y agricultura, educación y autoridades del orden público. Hemos llegado a acuerdos para recobrar vuelos directos y servicios de correo. Hemos expandido los lazos comerciales y aumentando las opciones de los estadounidenses para viajar y hacer negocios en Cuba.

Estos cambios han sido bien recibidos, a pesar de que aún hay personas que se oponen a estas políticas. No obstante, muchas personas en ambos lados del debate han preguntado: ¿por qué ahora?

La respuesta es sencilla: lo que estaba haciendo Estados Unidos no funcionaba. Debemos tener el valor de reconocer esa verdad. Una política de aislamiento diseñada para la Guerra Fría no tenía mucho sentido en el siglo XXI. El embargo solo hacía daño al pueblo cubano en lugar de ayudarlo. Y siempre he creído en lo que Martin Luther King, Jr. llamaba “la urgencia feroz de ahora”. No debemos temer el cambio, debemos acogerlo.

Eso me lleva a la razón más grande e importante de estos cambios: Creo en el pueblo cubano. Creo en el pueblo cubano. Esto no es solo una política de normalizar relaciones con el gobierno cubano; Los Estados Unidos de América está normalizando relaciones con el pueblo cubano.

Y hoy quiero compartir con ustedes mi visión de cómo puede ser nuestro futuro. Y quiero que el pueblo cubano, sobre todo la gente joven, entienda por qué creo que deben mirar al futuro con esperanza; no la falsa promesa que insiste en que las cosas están mejor de lo que realmente están ni el optimismo ciego que dice que todos sus problemas desaparecerán mañana. Esperanza que tiene una base en el futuro que ustedes pueden elegir; que ustedes pueden moldear; que ustedes pueden construir para su país.

Yo tengo esperanzas porque creo que el pueblo cubano es tan innovador como cualquier otro pueblo en el mundo entero.

En una economía global, potenciada por ideas e información, el valor más importante de un país es su gente. En Estados Unidos tenemos un monumento claro de lo que pueden construir los cubanos: se llama Miami. Aquí en La Habana, vemos ese mismo talento en cuentapropistas, cooperativas y autos viejos que aún funcionan: el cubano inventa del aire.

Cuba tiene un recurso extraordinario; un sistema de educación que valora cada niño y cada niña. Y en años recientes, el gobierno cubano ha empezado a abrirse al mundo, y a abrir más espacios para que ese talento prospere. En tan solo unos años, hemos visto como los cuentapropistas pueden prosperar mientras mantienen un espíritu decididamente cubano. Ser trabajador autónomo no se trata de ser más como Estados Unidos, sino de ser ustedes mismos.

Miren a Sandra Lidice Aldama, que eligió abrir un pequeño negocio. Los cubanos, dijo, podemos “innovar y adaptarnos sin perder nuestra identidad… nuestro secreto es no copiar ni imitar pero simplemente ser nosotros mismos”.

Miren a Papito Valladeres, un barbero, cuyo éxito le permitió mejorar las condiciones en su vecindario. “Me doy cuenta de que no voy a resolver todos los problemas del mundo”, dijo. “Pero si puedo resolver los problemas en el pequeño pedazo de mundo en el que vivo, puede expandirse por La Habana”.

Ese es el principio de la esperanza; la habilidad de ganarse uno la vida y de construir algo de lo que se pueda sentir orgulloso. Por eso nuestras políticas están enfocadas en apoyar a los cubanos, en lugar de hacerles daño. Por eso pusimos fin a los límites en los giros, para que los cubanos de a pie tuvieran más recursos. Por eso estamos animando a la gente a viajar, para construir puentes entre nuestros pueblos y generar más ingresos para los pequeños negocios cubanos. Por eso hemos abierto más espacios para comercio e intercambios, para que los estadounidenses y los cubanos puedan trabajar juntos para encontrar curas, crear empleos y abrir la puerta a más oportunidad para el pueblo cubano.

Como Presidente de Estados Unidos, he hecho un llamado al Congreso para levantar el embargo. Es una carga anticuada que lleva a cuestas el pueblo cubano. Es una carga para el pueblo estadounidense que quiere trabajar y hacer negocios o invertir en Cuba. Es hora de que levantemos el embargo. Pero aunque levantáramos el embargo mañana, los cubanos no podrían alcanzar su potencial sin hacer los cambios necesarios aquí, en Cuba. Debería de ser más fácil abrir un negocio aquí, en Cuba. Un trabajador debería de poder conseguir trabajo directamente con las compañías que inviertan aquí. Dos divisas no deberían separar el tipo de salarios que pueden ganar los cubanos. Debería de haber Internet disponible en toda la isla, para que los cubanos se puedan conectar con el mundo entero y a uno de los motores de crecimiento más fuertes en la historia de la humanidad.

No hay límite impuesto por Estados Unidos para que Cuba pueda dar estos pasos. Eso es cosa suya. Y les puedo decir, como amigo, que la prosperidad sustentable en el siglo XXI depende de la educación, la sanidad y la protección del medio ambiente. Pero también depende del intercambio libre y abierto de ideas. Si no pueden acceder a información en Internet; si no pueden estar expuestos a diferentes puntos de vista; entonces no alcanzarán su pleno potencial. Y con el tiempo, la juventud va a perder la esperanza.

Sé que estos temas son sensibles, sobre todo cuando vienen de un presidente estadounidense. Y desde 1959, algunos estadounidenses veían Cuba como un lugar del que se podían aprovechar, ignoraron la pobreza y permitieron la corrupción. Desde 1959, hemos sido como boxeadores con un contrincante imaginario en esta batalla de geopolítica y personalidades. Conozco la historia, pero me niego a verme atrapado por ella.

He dejado claro que Estados Unidos no tiene ni la capacidad ni la intención de imponer cambios en Cuba. Lo que cambie dependerá del pueblo cubano. No vamos a imponerles nuestro sistema político ni económico. Reconocemos que cada país, cada pueblo, debe trazar su propio camino, y darle forma a su propio modelo. Pero ahora que hemos quitado la sombra de la historia de nuestra relación, debo hablar honestamente sobre las cosas en las que yo creo – las cosas en las que nosotros, como estadounidenses, creemos. Como dijo Martí: “La libertad es el derecho de todo hombre a ser honesto, pensar y hablar sin hipocresía”.

Así que déjeme decirles lo que yo creo. No los puedo obligar a estar de acuerdo, pero deben saber lo que pienso. Creo que cada persona debe ser igual bajo la ley. Cada niño se merece la dignidad que viene con la educación, la sanidad y los alimentos que tiene sobre la mesa y un techo sobre sus cabezas. Yo creo que los ciudadanos deberían ser libres de expresar sus ideas sin miedo, de organizarse, y de criticar a su gobierno y protestar pacíficamente, y que el estado de derecho no debería incluir detenciones aleatorias de las personas que hacen uso de esos derechos. Yo creo que cada persona debería tener la libertad de practicar su fe de forma pacífica y pública. Y, si, yo creo que los votantes deberían de elegir sus gobiernos en elecciones libres y democráticas.

No todo el mundo está de acuerdo conmigo sobre esto. No todo el mundo está de acuerdo con el pueblo estadounidense sobre esto. Pero creo que estos derechos son universales. Creo que son los derechos del pueblo estadounidense, del pueblo cubano y de todo el mundo.

Ahora, no es un secreto que nuestros gobiernos estén en desacuerdo con muchos de estos temas. He tenido discusiones sinceras con el Presidente Castro. Durante muchos años, ha señalado los fallos del sistema estadounidense: la desigualdad económica; la pena de muerte; la discriminación racial; las guerras en el extranjero. Eso es solo un ejemplo. Él tiene una mucho más lista larga. Pero esto es lo que tiene que entender el pueblo cubano: estoy dispuesto a tener este debate y diálogo abierto. Es bueno. Es saludable. No le tengo miedo.

Sí que hay demasiado dinero en la política estadounidense. Pero en EEUU, todavía es posible que alguien como yo, un niño que fue criado por una madre soltera, un niño de raza mixta que no tenía mucho dinero, pueda ir atrás de y conseguir el cargo más alto del país. Eso es lo que es posible en EEUU.

Sí que hay dificultades de discriminación racial en nuestras comunidades, en nuestro sistema penal, en nuestra sociedad – el legado de esclavitud y segregación. Pero el hecho de que tengamos debates abiertos dentro de la propia democracia estadounidense es lo que da lugar a que mejoremos. En 1959, el año en que mi padre se mudó a Estados Unidos, era ilegal para él casarse con mi madre, quien era blanca, en muchos estados del país. Cuando empecé a ir a la escuela todavía estábamos luchando por eliminar la segregación en las escuelas del sur de Estados Unidos. Pero la gente se organizó; protestaron; debatieron estos temas; desafiaron a los oficiales del gobierno. Y gracias a esas protestas y debates y la movilización del pueblo, puedo alzarme aquí hoy, como afroamericano, y como Presidente de Estados Unidos. Eso fue por las libertades otorgadas en los Estado Unidos que pudimos traer el cambio.

No digo que sea fácil. Todavía hay problemas enormes en nuestra sociedad. Pero la democracia es la forma de cambiarlos. Es como conseguimos servicios de salud para una mayor cantidad de personas del país. Es como hicimos grandes avances en los derechos de las mujeres y de los homosexuales. Es como hablamos de la desigualdad que concentra tanta riqueza en la cima de nuestra sociedad. Puesto que los trabajadores se pueden organizar y la gente de a pie tiene una voz, la democracia estadounidense le ha dado a nuestro pueblo la oportunidad de perseguir sus sueños y disfrutar de un alto nivel de vida.

Ahora, aún quedan luchas difíciles y no siempre es bonito, el proceso de la democracia. Muchas veces es frustrante. Lo podemos apreciar en las elecciones que están en curso ahora mismo en mi país. Pero párense y piensen en este hecho sobre la campaña de Estados Unidos que se está llevando acabo ahora: habían dos cubanos-americanos en el partido republicano, haciendo campaña contra el legado de un hombre de raza negra que es el Presidente, mientras discuten que cada uno tiene más posibilidades de derrotar al candidato demócrata que será una mujer o un social-demócrata. ¿Quién habría apostado por eso en 1959? Esa es la medida de nuestro progreso.

Este es mi mensaje para el gobierno y pueblo de Cuba: Los ideales que son el punto de partida de toda revolución – la revolución de Estados Unidos, la revolución de Cuba, de los movimientos de liberación de todo el mundo– encuentran su expresión más verdadera, yo pienso, en la democracia. No porque pienso que la democracia en Estados Unidos sea perfecta, sino precisamente porque no lo somos. Y nosotros –al igual que todos los países– necesitamos el espacio que la democracia nos da para cambiar. Les da a los individuos la capacidad de ser catalizadores para pensar en nuevas maneras, y re-imaginar cómo nuestra sociedad debe ser, y hacerlas mejor.

Ya hay una evolución que se está llevando a cabo dentro de Cuba, un cambio generacional. Muchos han sugerido que vengo aquí para pedir al pueblo cubano que destruya algo; pero yo me dirijo a los jóvenes de Cuba quienes alzarán y construirán algo nuevo. El futuro de Cuba tiene que estar en las manos del pueblo cubano.

Y al presidente Castro –a quien le agradezco que esté aquí hoy─ quiero que sepa, creo que mi visita demuestra que no tiene por qué temer una amenaza de los Estados Unidos. Teniendo en cuenta su compromiso con la soberanía y la autodeterminación de Cuba, también estoy seguro de que no tiene que temer las diferentes voces del pueblo cubano –y su capacidad para hablar, y reunirse, y votar por sus líderes. De hecho, tengo la esperanza para el futuro porque confío en que el pueblo cubano tomará las decisiones correctas.

Y mientras las toman, también estoy seguro de que Cuba podrá seguir desempeñando un papel importante en el hemisferio y en todo el mundo – y mi esperanza es que ustedes pueden hacerlo como un socio de Estados Unidos.

Hemos desempeñado papeles muy diferentes en el mundo. Pero nadie debe negar el servicio que miles de médicos cubanos han prestado a los pobres y a los que sufren. El año pasado, los trabajadores sanitarios estadounidenses –y las fuerzas militares de EE. UU.– trabajaron hombro a hombro con los cubanos para salvar vidas y acabar con el ébola en África Occidental. Creo que deberíamos continuar con ese tipo de cooperación en otros países.

Hemos estado en el lado contrario de muchos conflictos en el continente americano. Pero hoy día, los estadounidenses y los cubanos están sentados juntos en la mesa de negociación, y estamos ayudando a los colombianos a resolver una guerra civil que se arrastra desde hace décadas. Ese tipo de cooperación es bueno para todos. Le brinda esperanza a todos en este hemisferio.

Tomamos diferentes pasos en nuestro apoyo al pueblo de Sudáfrica para acabar con el apartheid. Pero el presidente Castro y yo pudimos estar allí en Johannesburgo para rendir homenaje al legado de gran Nelson Mandela. Y al examinar su vida y sus palabras, estoy seguro de que ambos nos damos cuenta de que tenemos mucho trabajo por hacer – para reducir la discriminación basada en la raza en ambos países. Y en Cuba, queremos que nuestro compromiso ayude a animar los cubanos que son de ascendencia africana, que han demostrado que no hay nada que no puedan lograr cuando se les da la oportunidad.

Hemos sido parte de diferentes bloques de naciones en el hemisferio, y seguiremos teniendo profundas diferencias sobre la manera de promover la paz, la seguridad, la oportunidad y los derechos humanos. Pero a medida que se normalizan nuestras relaciones, creo que eso puede ayudar a fomentar un mayor sentido de unidad en el continente americano –todos somos americanos.

Desde el inicio de mi mandato, he instado a los pueblos del continente americano a dejar atrás las batallas ideológicas del pasado. Vivimos en una nueva era. Sé que muchos de los problemas de los que he hablado carecen del drama del pasado. Sé que parte de la identidad de Cuba es su orgullo de ser una nación isleña pequeña que podría luchar por sus derechos y agitar el mundo.

Pero también sé que Cuba siempre destacará por el talento, el trabajo duro y el orgullo del pueblo cubano. Ese es su fortaleza. Cuba no tiene que ser definido por estar en contra de los Estados Unidos, al igual que los Estados Unidos no tiene que ser definido por estar en contra de Cuba. Tengo esperanza para el futuro debido a la reconciliación que está teniendo lugar entre el pueblo cubano.

Sé que para algunos cubanos de la isla, puede existir la sensación de que los que se fueron de alguna manera apoyaban el viejo orden en Cuba. Estoy seguro de que hay una narrativa persistente cual sugiere que los exiliados cubanos ignoraron los problemas de la Cuba pre-revolucionaria y rechazaron la lucha de construir un nuevo futuro. Pero les puedo decir hoy que muchos exiliados cubanos llevan consigo el recuerdo de una dolorosa y, a veces, violenta separación. Aman a Cuba. Una parte de ellos aun considera este su verdadero hogar. Es por eso que su pasión es tan fuerte. Es por eso que la pena en sus corazones tan grande. Y para la comunidad cubano-americana que he llegado a conocer, esto no se trata solo de política. Se trata de la familia: el recuerdo de una casa que se ha perdido; el deseo de reconstruir un lazo roto; la esperanza de un futuro mejor, la esperanza del regreso y la reconciliación.

Por toda la política, las personas son personas; y los cubanos son cubanos. Y he venido aquí –he viajado esta distancia– sobre un puente construido por los cubanos a ambos lados del Estrecho de la Florida. Primero llegué a conocer el talento y la pasión de los cubanos de Estados Unidos. Y sé que han sufrido más que el dolor del exilio: saben lo que se siente al ser un extraño, al luchar, al trabajar más duro para asegurarse de que sus hijos puedan llegar más lejos en los Estados Unidos.

Así que la reconciliación de los cubanos –los hijos y nietos de la revolución, y los hijos y nietos del exilio– es fundamental para el futuro de Cuba.

Se puede ver en Gloria González, que viajó aquí en 2013, por primera vez después de 61 años de separación, y fue recibida por su hermana Llorca. “Tú me reconociste, pero yo no te reconocí”, le dijo Gloria a su hermana después de abrazarla. Imagínense, después de 61 años.

Se puede ver en Melinda López, que vino a la vieja casa de su familia. Y mientras caminaba por las calles, una anciana la reconoció como la hija de su madre, y se puso a llorar. La llevó a su casa y le mostró un montón de fotos que incluían la foto de bebé de Melinda, que su madre le había enviado hacía 50 años. Melinda comentó más tarde: “Tantos de nosotros estamos recibiendo tanto ahora”.

Se puede ver en Cristian Miguel Soler, un joven que fue el primero de su familia en viajar aquí después de cincuenta años. Al conocer a sus parientes por primera vez, comentó: “Me di cuenta de que la familia es la familia sin importar la distancia que exista entre nosotros”.

A veces los cambios más importantes comienzan en lugares pequeños. Las mareas de la historia pueden dejar a las personas en situaciones de conflicto, exilio y pobreza; se necesita tiempo para que esas circunstancias cambien. Sin embargo, el reconocimiento de una humanidad común, la reconciliación de las personas unidas por lazos de sangre y una creencia del uno en el otro –ahí es donde comienza el progreso. Entendiendo, escuchando, y perdonando. Y si el pueblo cubano se enfrenta junto al futuro, será más probable que los jóvenes de hoy puedan vivir con dignidad y alcanzar sus sueños aquí mismo en Cuba.

La historia de Estados Unidos y Cuba abarca revolución y conflicto; lucha y sacrificio; retribución y ahora reconciliación. Ha llegado el momento de que dejemos atrás el pasado. Ha llegado el momento de que juntos miremos hacia el futuro –un futuro de esperanza.

Y no será fácil, y habrá reveses. Tomará tiempo. Pero mi visita aquí a Cuba renueva mi esperanza y mi confianza en lo que hará el pueblo cubano. Podemos hacer este viaje como amigos, y como vecinos, y como familia – juntos. Sí se puede. Muchas gracias».