El ciruelo de Yuan Pei Fu

Por Pío E. Serrano

Como señala Manuel Díaz Martínez, eficaz editor y prologuista del volumen, El ciruelo de Yuan Pei Fu es “el libro más excéntrico de la poesía cubana”

(CUBAENCUENTRO, Madrid  / 15/06/2011) El orientalismo, como tendencia literaria, llegó a Hispanoamérica de la mano del modernismo, que produjo un imaginario oriental desde una postura más esencial y de vocación universalista que la que venían desarrollando los escritores europeos. Como expusiera E. Said, los acercamientos al “orientalismo” de Occidente (Europa) han creado una representación errónea y generalizada del Oriente, donde priman las visiones exóticas, románticas y extraordinarias. En los modernistas hispanoamericanos —Darío, Casal, Martí y J.J. Tablada, entre otros—, sin embargo, el propósito es la búsqueda de una suerte de fusión, abierta y dialógica, conducida por una voluntad de identificación.

Es en esta tendencia desde la que Regino Pedroso (1896-1983) da a conocer tardíamente su espléndido El ciruelo de Yuan Pei Fu (1955), tan alejado de los exotismos y relumbrones del orientalismo banalizador, acertadamente rescatado ahora por la colección Palimpsesto del ayuntamiento de Carmona, en Sevilla.

Significativa importancia tiene este texto por su acercamiento a una de las zonas de la identidad nacional menos investigadas por la crítica. Me refiero a la huella cultural que la presencia china dejara en la Isla. Llegados a Cuba los primeros ciudadanos chinos procedentes del puerto de Amoy en 1847, bajo el eufemismo formal de colonos, pronto se convirtieron en la segunda fuerza de trabajo después de la trata de africanos. Dispersos a lo largo de la Isla para ocuparse de labores agrícolas, una vez que vencían sus abusivos contratos por ocho años e imposibilitados económicamente de regresar a China pasaron a fundirse lentamente con la población local. Hacia finales del siglo XIX y en las primeras décadas del XX la visibilidad social del chino en las letras cubanas. Ramón Meza publica en 1887 su novela Carmela, en la que el comerciante chino Asma ocupa un papel importante. Pronto le siguieron cuentos de Alfonso Hernández Catá y Antonio Ortega, y Severo Sarduy en su novela De donde son los cantantes (1967). Más recientemente, Mayra Montero ha fundido con gran eficacia narrativa el mundo subterráneo de las sociedades secretas chinas con celebraciones sincréticas afrocubanas en el eje central de su novela Como un mensajero tuyo (1998) y Zoé Valdés se ha asomado al universo doméstico chino-cubano para entregarnos un personaje entrañable, el abuelo Mo Ying. Por su parte, los matrimonios mixtos, generalmente de chino con negra o mulata fueron enriqueciendo la demografía nacional con una prole de criollos mestizos, algunos de los cuales habrían de marcar significativamente la cultura cubana a partir del imaginario heredado de sus mayores, como, entre otros, lo hicieran Wifredo Lam en la plástica y Regino Pedroso en el libro que comentamos.

Regino Pedroso publica sus primeros poemas inscritos en un refinado lirismo subjetivo para, a partir de finales de la década del 20, pasar a una vigorosa poesía social, abiertamente comunicadora y humana, cuya excelencia se aprecia en los versos de “Salutación fraternal al taller mecánico” (1927), quizás la expresión mejor de la vanguardia en la poesía cubana, también experimentada por la poesía afrocubana inaugurada por Nicolás Guillén en 1930 con Motivos de son.

Como señala Manuel Díaz Martínez, eficaz editor y prologuista del volumen, El ciruelo de Yuan Pei Fu es “el libro más excéntrico de la poesía cubana”. Concebido como un homenaje a los ancestros chinos del autor, el texto es también, formalmente, un regreso a sus inicios modernistas, pero esta vez alimentado por un sereno escepticismo ante el desalentador escenario político y social de la Cuba de los 50.

El libro se abre con un Prólogo del autor donde nos revela la ficción de haber recibido en herencia de su abuelo “el retrato de un anciano mandarín” y “un amarillento legajo lleno de variados caracteres y cuyo sentido sólo vine a penetrar en estos últimos años de mi vida”. Los poemas, pues, corresponden a la traducción de los textos recibidos en herencia. Nos anuncia también el Prólogo que los poemas se construyen en un diálogo entre el Maestro Yuan Pei Fu y el “pobre y flaco discípulo que día y noche lo siguiera”, adoptando una perspectiva didáctica, tan cara a los clásicos y renacentistas.

Poema tras poema, el autor nos revela el propósito de las enseñanzas del Maestro. Sin acritud y lleno de una serena sabiduría, extiende ante el discípulo, mediante bellas alegoría, el conocimiento sobre “la eterna mutabilidad de lo existente”, la naturaleza mutante de toda ambición, lo efímero de toda vanidad, la fragilidad del poder, los paradójicos vericuetos de la existencia, la irónica experiencia del vivir, la mendacidad de los poderosos, la dócil credulidad del menesteroso, la callada lealtad de la amistad y los delicados juegos a los que el amor conduce (“El Pabellón de los Secretos”, uno de los más hermosos poemas del género de la poesía cubana).

Y para que el lector no se despiste, Regino Pedroso nos advierte, al concluir su Prólogo, de que ha sacrificado la “primorosa delicuescencia estilística” y que la suya “se trata de una obra de prosaica experiencia de vida y no de dulce ensoñación poética. Los campos en que brotaron estas yemas de bambú parecen haber sido las tierras pantanosas donde madura el arroz, no los pardos celestes de la luna”.

Un trozo de la vida de Galdós en Las Palmas

Por Manuel Herrera Hernández (Asociación Internacional de Hispanistas)

Introducción

Desde hacía tiempo existían problemas con las propiedades de la familia Pérez Galdós en Gran Canaria y, de manera especial, con las de la «madrina» Magdalena Hurtado de Mendoza y Tate. Cuando la familia decidió que era necesario viajar a Las Palmas la autoritaria «madrina» le dijo a Benito Pérez Galdós que él era la persona adecuada. Pero a don Benito los viajes largos en barco le producían cinetosis, mareo acompañado de vómitos, provocados por el movimiento. Sin embargo, le hacía ilusión volver a su tierra natal y encontrarse con sus hermanas Soledad, Tomasa, Dolores y Manuela en su casa de la calle del Cano. Por esto planeó un viaje de corta duración después de realizar una excursión a Ansó, en el Pirineo aragonés, durante el verano de 1894. Sin embargo su preocupación por «Los condenados» le forzó a posponerlo hasta el año siguiente. Ni siquiera la muerte de sus padres y de sus dos hermanos le había inducido a volver a casa en años anteriores. Es una falacia que olvidara a su tierra natal. Lo cierto es que don Benito mantuvo con las islas íntimos vínculos de familia, de amigos, de recuerdos de su niñez y de su juventud. Incluso el uso de los dialectismos canarios aumenta a medida que Galdós acrecienta el dominio y empleo del lenguaje coloquial en sus obras. Se comentaba que Galdós recibía con regocijo a todos los isleños que le visitaban en Madrid. Y cuando en 1897 fundó su propia casa editorial en la calle Hortaleza número 132 (hoy 104) su oficina y su estudio eran el lugar donde se reunía la colonia canaria en Madrid por lo que fue popularmente conocida como la canariera. En la fachada de esa casa hay una placa colocada por el Ayuntamiento de Madrid en 1993 con la inscripción «En este entresuelo estuvo la editorial “Obras de Pérez Galdós” fundada por el escritor en 1897 hasta su cierre en 1904». También al doctor Gregorio Marañón le causaba impresión la legión de paisanos para quienes era un deber la visita a don Benito. Una carta autógrafa de Galdós dirigida al Ayuntamiento de la ciudad de Las Palmas en 1894 fue hallada en el archivo de las Casas Consistoriales de Las Palmas en 1972 por el Archivero Rodríguez Acosta. Esta carta tiene importancia ya que coopera a romper la falsa creencia de que don Benito olvidara su isla una vez trasladada su residencia a Madrid. Como hemos señalado, Galdós sintió siempre un gran amor por Canarias reflejado en gran número de sus personajes. La carta fue remitida desde Santander por don Benito a don Felipe Massieu y Falcón, que entonces presidía la Corporación, y era contestación a un telegrama que el Ayuntamiento en pleno había enviado al ilustre escritor con motivo del estreno, con extraordinario éxito, el 27 de enero de 1894 de «La de San Quintín» en el teatro de la Comedia. Esa noche María Guerrero hizo una creación magnífica junto a Emilio Thuillier. Galdós fue acompañado por muchos espectadores hasta su casa en entusiástica manifestación:

Señor Alcalde Presidente del Excmo. Ayuntamiento de Las Palmas. Muy señor mío: Poseído del más profundo agradecimiento, me apresuro a contestar el telegrama que en nombre de la Corporación que tan dignamente preside, se sirvió dirigirme con motivo del estreno de mi última obra dramática. Ninguna prueba de simpatía entre las que he recibido, me ha sido tan grata como la que a V. debo; porque el agradecimiento que en mí despiertan esas manifestaciones de afecto de cuantos me las dispensan, se une en esta ocasión la satisfacción inmensa de ser de paisanos las más sinceras y expresivas. Inútil será decir a V., señor Alcalde, la gratitud que por ellas les guardo. Dispénseme el señalado favor de hacerlo así presente a esa Corporación de su presidencia y reiterándole las gracias me repito de V. afmo. s.s., q.e.s.m. B. Pérez Galdós, 10 de febrero de 1894.

Manuel de Tolosa Latour fue un médico pediatra que, además, era médico de cabecera de la familia Pérez Galdós. Destacó como escritor español, por las que recibió la Medalla de Oro en la Exposición de Higiene de la Infancia de París, y fue miembro de número de la Real Academia Nacional de Medicina. En una carta de Pérez Galdós a Tolosa Latour desde Santander le dice:

 Santander. 22 de abril, 94 Mi adorado Doctorcillo: contesto a tu grata epístola que en efecto recuerdo que me hablaste de esa publicación […]. A Dª Magdalena la tenemos tan profundamente trastornada de los nervios que hemos resuelto llevarla unos días a Madrid, a ver si con el cambio, viviendo en la Moncloa, se repone. Martínez dice que es lo único que puede aliviarla, y allí iremos, probablemente antes de fin de mes. […] Y hasta que nos veamos, querido Doctorcillo, Tu siempre fiel, Don B.

Cuatro meses después del estreno en Madrid de «La de San Quintín», como hermoso acto en homenaje a don Benito Pérez Galdós, en la noche del martes 29 de mayo de 1894, tuvo lugar en el Teatro Tirso de Molina, organizado por el Ayuntamiento, la Sociedad Económica de Amigos del País, el Gabinete Literario y otras sociedades culturales, el estreno en Las Palmas de esa misma obra dramática con gran éxito.

A mediados de 1894 Magdalena Hurtado de Mendoza presentía que no le quedaba mucho tiempo de vida. Padecía de «ruidos, dolores y jaqueca» y fue tratada por el profesor Rafael Martínez Molina, maestro del doctor Manuel Tolosa Latour, que la había diagnosticado como una enferma del sistema nervioso que padecía, además, arteriosclerosis e hipertensión arterial. Y, puesto que sus asuntos personales requerían inmediata atención, decidió que don Benito viajara a Las Palmas. Él aceptó esta oportunidad por varias razones. En primer lugar, tendría la ocasión de investigar de cerca la fortuna de la familia. Su interés por la herencia fue creciendo a medida que los ingresos por sus obras no arreglaban su problema económico. Asimismo, su breve visita complacería a sus compatriotas después de haber estado ausente un cuarto de siglo y, asimismo, abrazaría a sus hermanas Soledad, Tomasa, Dolores y Manuela. Tolosa Latour, que gozó de gran prestigio como médico, fue no solo amigo entrañable de Benito Pérez Galdós sino también el médico de cabecera de su familia. Y a través de Magdalena Hurtado de Mendoza conoció la intención de don Benito de viajar a Las Palmas.

Desde Santander don Benito comunica a María Guerrero su viaje a Las Palmas y aprovecha para tranquilizarla porque «Los condenados», que es una obra que se pensó y se escribió para ella, van camino de Madrid:

1º de octubre de 94 Mi señora Dª Mariquita: le contesto a escape, porque me voy, me voy…Pero pronto volveré, pronto quiere decir a principios de noviembre. […] Mi viaje es largo. Me voy a Cádiz mañana o pasado. Allí me embarco para mi tierra. Regresaré por Cádiz también, y en seguida me voy a Madrid, con escala en Sevilla. Adiós, mi señora Dª Mariquita. Hasta la vuelta. No se olvide V. de mí. Mis recuerdos a su familia. Siempre queriéndola a V. re-muchísimo. Don Benito

El 24 de agosto de 1894 escribe el doctor Manuel Tolosa Latour a don Benito:

Queridísimo D. Benito: Hoy salgo para Chipiona con el arquitecto para convertirme en el D. Manuel de «La Loca de la casa». […] Ya sé que te vas a Canarias. ¡Qué bonito viaje! Si no fuera por el miedo que me produce el mareo iba allá. Pero no se puede hacer todo lo que viene en ganas. Da muchos afectos a las Sras., recíbelos de todos y un abrazo de tu af.º amigo, Miquis

A María Guerrero le escribe anunciando su próximo viaje

Santander 21 de Set. 94 Mi señora D/a Mariquita: desde que llegué aquí estoy haciendo propósito de escribirle. […] Debí mandarla ayer; pero no irá hasta el 27, fecha en que yo parta ¡ay¡ para Canarias. […] B.P. GALDÓS alias Don Benito

Y a José de Cubas le da detalles sobre su deseo de verle en la estación de Atocha.

4 de octubre, 1894 Mi querido Cubas: cuando V. reciba esta, si la recibe, estaré ya en Madrid; pero como si no estuviera, porque en la tarde del mismo día, salgo para Cádiz en el expréss de Sevilla a las 6,20 de la tarde. No puedo ir a verle, porque al llegar me voy a la Moncloa, donde está mi familia, y la distancia y las dos o tres ocupaciones que tengo que evacuar (como diría Torquemada) me imposibilitan de buscarlo a V. Si quiere que nos veamos, bájese a la estación de Atocha a las 6,20 de la tarde, suyo Galdós

Luego, un día más tarde, escribe desde Madrid a Concha Morell:

5 X 1894 Viernes Miquina: no hay novedad. Llegué bien, algo molesto. Coche lleno hasta aquí. Vete con (ilegible) al Astilllero a pasar unos días y no hagas tonterías. […] Hoy no escribo más. Hasta Cádiz. Tuyo siempre, siempre, Tu Ojirris

El 4 de octubre de 1894 Galdós baja de Santander a Madrid y dos días más tarde, el día 6, viaja a Cádiz a donde llega el sábado, día 7, con la intención de salir hacia Las Palmas, su tierra natal. Allí, para resolver los urgentes asuntos familiares, le espera su hermano el general Ignacio Pérez Galdós. En Madrid se enteró que ya habían salido los correos ordinarios y venía confiado en algún viaje extraordinario. En el puerto de Cádiz no había ninguno y, entonces, se telegrafió a Gibraltar de donde contestaron que el primero en salir, era el Espagne de una compañía francesa el día 13 de octubre. Entonces decidió embarcar el día 10 para Tánger en el Piélago para emplear el tiempo. A bordo del Piélago, se encontró con su antiguo amigo de Las Palmas de Gran Canaria el abogado don Eduardo Benítez González con quien concurriría algunos días en Tánger. Cuando el día 13 regresó a Cádiz del norte de África se encontró con la noticia de que su cuñada Magdalena Hurtado de Mendoza había fallecido. También los despachos telegráficos recibidos en la ciudad de Las Palmas comunicaban la noticia del fallecimiento en Santander de doña Magdalena Hurtado de Mendoza y Tate, viuda de don Domingo Pérez Galdós.

A Concha Morell escribe al llegar a Cádiz impaciente y preocupado:

Cádiz. Domingo 7 Caro bene: Aquí estoy desde ayer, derrengado y aburrido, lo primero por el largo y penoso viaje, lo segundo porque a causa de los «potititos», he tenido, he perdido el vapor. ¿Ves, ves, lo que te digo? Por los «potititos» de dos minutos, perdía casi todos los días el último tren; por los «potititos» de días, (que hoy, que mañana…) he perdido el vapor, y ahora tengo que fastidiarme, y tomar el caminito de Gibraltar. Verdad que de estos «potititos» de días, no tenías tu la culpa, sino yo que siempre lo dejaba para el día siguiente. Yo debí salir el martes. Me quedé para el jueves, y ahora a Gibraltar. Pero no me importa. Voy por mar, y de paso veo a Tánger y los moros. Ojirris

El 14 de octubre Galdós quiere decirle a Concha Morell con todo detalle las vicisitudes de su viaje:

  Cádiz, 14 Chiquita: Mi viaje ha sido lo más desgraciado que puede imaginarse. Llego a Cádiz el 6, como sabes, y me dice que no hay vapor hasta el 14, que en Gibraltar lo encontraría con seguridad. Me voy a Tánger con una travesía de mar malísima, en Tánger paso dos días, molestado por un catarro; y el 10 salgo para Gibraltar, con una travesía de mar, peor que la primera. En efecto, dos vapores salían de Gibraltar, uno el 0, otro el 13; pero en ninguno de ellos me dan billete para Las Palmas, porque trayendo de Marsella patente sucia, temen no ser admitidos. Me vuelvo a Cádiz, y anoche, a poco de llegar aquí, me da el gobernador el jicarazo comunicándome la noticia tristísima de la desgracia acaecida en mi familia (627). Me quedé completamente anonadado. Pasé una noche malísima, y hoy después de haber telegrafiado a Santander, Las Palmas y Madrid, me encuentro indeciso, sin saber qué resolución tomar. Mi primera determinación, anoche, al saber lo ocurrido fue quedarme y mandé retirar el equipaje que ya tenía a bordo del vapor. Recibo en este momento telegrama de mi hermana, diciéndome que siga viaje, y esto me decide a seguir. No tengo tiempo que perder. Mira, no extrañes que a mi llegada a la tierra, no pueda escribirte. Me figuro que será imposible en los primeros días. Tero ti. 628 Otra cosa: este retraso no motivará que me retrase a la vuelta. Volveré en la fecha indicada. Tero ti. Camuñas

El día 15 de octubre envía el siguiente disimulado telegrama:

Ibáñez Pedrueca, 15 pral. Texto: Cádiz, nº 15, palabras: 19 depositado el 15 a las 7,20 Pérez Galdós salió 15 Canarias Vapor Pio Nono. González

Don Benito había escrito el 14 de octubre a D. Miguel Honorio de la Cámara («Prisco») desde Cádiz5:

Grand Hotel de Cadix CADIX Ricca Frères Directeurs – Proprietaires Oct 14 Querido D. Prisco: No puedo escribirle con extensión, porque tengo jaqueca. Todo el día he estado vacilando entre seguir o no seguir el viaje, y al fin, su telegrama, que recibí esta tarde, me decide a continuar. El amigo Vila, que tan deferente ha sido conmigo en estas tristes circunstancias ha vuelto a llevar mi equipaje a bordo del vapor, y me embarcaré a las 7 de mañana lunes. De Gibraltar volví aquí porque en el vapor francés «Espagne», no quisieron darme billete porque temen que llevando, como llevan de Marsella, patente sucia les ocasione alguna dificultad el transporte de pasajeros. Anoche, a poco de llegar aquí supe lo ocurrido y ya puede V. comprender lo que me ha afectado. Supongo que mi hermana Carmen irá a Santander, o que Concha se irá con Pepe a Madrid, pues no creo que Pepe pueda permanecer mucho tiempo fuera. De esto no tendré noticia hasta que llegue a Las Palmas, que será el 18. Con desgracia empieza este viaje. No puedo escribir más. Si se le hubieran ocasionado gastos de importancia, puede pedir lo que necesite a Don Ricardo Martz Rodríguez. Escríbame a Las Palmas. Suyo afmo. B. P. Galdós.

La muerte de Magdalena Hurtado de Mendoza conmovió a Galdós y dudó si era conveniente coger el barco. Pero, después de haber consultado con su familia en Madrid, continuó el viaje. Por ese motivo rogó a las autoridades gaditanas que el recibimiento fuera discreto y dentro de los moldes del respeto al dolor que sufrían los familiares de la finada.

Pérez Galdós en Cádiz

La entrada de Galdós en la «Tacita de Plata», con su modestia característica y la sencillez de sus hábitos, pasó desapercibida. Llegó de Madrid con el célebre compositor y violinista Tomás Bretón. Dejó la maleta en el Gran Hotel de Cádiz y, después de almorzar, estuvo en la delegación de la Compañía Trasatlántica, preguntando al conserje señor Beres, por el conocido capitán don Pablo Vila. No estaba en la casa y, con sencillez, esperó sentado en los bancos del patio algún rato. El conserje, que no sabía quién era, le explicó que la causa del retardo del señor Vila era que estaba celebrando el bautizo de un hijo suyo. Don Benito Pérez Galdós preguntó las señas de la casa y, aceptando la guía de un portero, se presentó en la casa del señor Vila, que quedó sorprendido al abrazar a su antiguo amigo. El cansancio del viaje no le permitió aprovechar el resto del día como era su intención hacer.

Al día siguiente, domingo, convidó a un almuerzo al señor Vila y al capitán del «Ciudad de Santander». Luego paseó por la ciudad visitando con mirada curiosa casi todas las iglesias. En el Oratorio de San Felipe Neri estuvo un rato largo observando el escenario de las Cortes de Cádiz que dieron a luz a la Constitución de 1812. En seguida pareció que revivía este hecho histórico preguntando en la iglesia y tomando datos. Y con su insaciable curiosidad se dirigió también esa tarde hasta la iglesia de Santo Domingo. Luego fue al Parque Genovés con sus compañeros de paseo los señores Vila y García. Galdós había estado en Cádiz, de paso como ahora, en varias ocasiones sobre todo en su época estudiantil. Recordaba perfectamente el antiguo paseo del Perejil, llamado así por la inicial modestia de su vegetación, que fue remodelado a finales del siglo XIX por el jardinero valenciano Eduardo Genovés. Este lo convirtió en un auténtico muestrario de botánica y se le cambió su nombre por el actual de Parque Genovés. A solas, sin otra compañía, recorrió el Parque en todas direcciones y ascendió a la cascada. Al salir del parque confesó a sus acompañantes lo hermoso que había sido contemplar aquel paisaje con la puesta de sol. Toda esta manifestación de entusiasmo de Galdós se explica por sus aficiones al mar y las flores. Del parque Genovés pasaron al Bosque, donde pidió Galdós que se hiciera tiempo para poder apreciar el aspecto fantástico del sitio en las penumbras del oscurecer. Sentados en uno de los recodos del Bosque estuvieron hasta el anochecer. La permanencia durante casi nueve días en Cádiz le trajo gratos recuerdos de su época de estudiante cuando llegaba a Cádiz para continuar a Madrid.

En el camino hacia su tierra natal

El martes 16 de octubre de 1894 se conoció en Las Palmas que el día 15 había embarcado en Cádiz, con destino a Las Palmas, Benito Pérez Galdós en el Pio IX, cuyo capitán era D. Abilio de Ugoste, de Vapores Trasatlánticos de Pinillos Sáenz y Cª, que hacía hacia viajes no sólo entre Cádiz y Canarias sino también para Puerto Rico y La Habana. Se esperaba que el Pio IX llegara al Puerto de la Luz en las primeras horas del jueves, día 18, y se organizara un recibimiento entusiasta. Por esto el Ayuntamiento de Las Palmas junto a los representantes de corporaciones y sociedades programó los actos del recibimiento. El programa que se pensó hacer por el Ayuntamiento de Las Palmas tuvo que suspender muchos actos cuando se conoció el fallecimiento de doña Magdalena Hurtado de Mendoza. Esta fue la causa de que el recibimiento fuera menos brillante que lo deseado.

Existía también el temor de que el pueblo llano de Las Palmas, ignorante de la obra de Galdós y también movido por opiniones equivocadas sobre el canarismo de don Benito, no acudiera en masa a recibirle. No obstante, se confiaba que toda la sociedad respondiera a la cultura oficial demostrando la admiración a su insigne paisano. Por lo anterior, el día 17 de octubre de 1894, fue necesario que el alcalde Felipe Massieu y Falcón publicara una alocución a los habitantes de Las Palmas:

Después de una ausencia prolongada por más de veinte años, habremos de sentir muy en breve intenso júbilo al ver, en el querido suelo natal, a nuestro conciudadano ilustre D. Benito Pérez Galdós. Abrigo la confianza de que, sin incitación alguna de mi parte, todas las Corporaciones y Sociedades, todas las clases de este pueblo noble y leal, que a ninguno cede su entusiasmo cuando se trata de rendir tributo de loor y admiración a sus compatriotas insignes, acudirán en cariñosísima manifestación a recibir en el Puerto de la Luz al esclarecido hijo de Las Palmas que, en la mañana de ayer, salió de Cádiz en el vapor Pío IX. Mas, aun cuando tal convicción íntima sustento, porque conozco el candoroso civismo de estos habitantes, me creo en el deber de rogar encarecidamente a la Ciudad reciba con efusión al eximio canario, príncipe de la literatura patria y gloria de España. Las Palmas, Octubre 16 de 1894. El Alcalde, Felipe Massieu.

Al mismo tiempo, que esta alocución circuló en la mañana del día 17 de octubre en la Ciudad de Las Palmas, el Alcalde también se dirigió a los presidentes de corporaciones y sociedades invitándoles para recibir «mañana día 18 a nuestro distinguido paisano». En Las Palmas le esperaba su hermano el general Ignacio Pérez Galdós, que anteriormente fue Gobernador militar de Santander en 1879. Al fallecer en Las Palmas su hermano Domingo en 1870, la administración del patrimonio de la familia Pérez Galdós iba mal y la ruina del marqués de Villanueva del Prado hacía imprescindible liquidar la deuda que éste tenía con ellos y que había garantizado con sus posesiones en La Aldea de San Nicolás. El litigio emprendido en 1881 finalizó en 1893, pero a la familia Pérez Galdós era necesario que Ignacio Pérez Galdós se pusiera al frente de todo.

El día 18 de octubre, jueves, después de 25 años de ausencia llegó a Las Palmas don Benito Pérez Galdós. Las autoridades junto con representantes de todas las corporaciones y sociedades, además de un grupo no numeroso de ciudadanos, se trasladaron al Puerto de la Luz para tributarle una cordial bienvenida. A las diez de la mañana fondeó en el puerto el Pío IX. Mucho antes ya se habían dirigido al costado del vapor algunas embarcaciones menores que llevaban diversas comisiones. En la falúa de Sanidad, entoldada y luciendo diversas banderas, se hallaban el alcalde, el delegado del gobierno y el general Pérez Galdós. Todos los buques del puerto estaban engalanados así como todas las casas consignatarias. Algunos remolcadores luciendo banderolas cruzaban en todas direcciones las aguas del puerto y daban mayor alborozo al acontecimiento. Alrededor de las once el estallido de los cohetes anunciaba que las embarcaciones se alejaban del vapor para dirigirse al muelle. Con las referidas autoridades y otras personas, acompañado de su hermano, venía Galdós en la falúa de Sanidad. Al poner el pie en tierra resonó una salva de aplausos y algunos gritos entusiastas de «¡viva Galdós!, ¡viva el príncipe de las letras patrias!». Desde la escalinata del muelle hasta el lugar donde se hallaba situado el carruaje Galdós fue aclamado y cumplimentado por las distintas comisiones y corporaciones. Ocupó un carruaje acompañado de su hermano Ignacio Pérez Galdós, del Alcalde y del Delegado del gobierno siguiendo luego una larga fila de coches hasta la casa de recreo que la familia de Galdós posee en Santa Catalina. En esta bonita casa de recreo se hizo alto, descendiendo Galdós del carruaje con los acompañantes. Después de haber llegado e instalado en la casa quería descansar y, algunos días, pasear por la ciudad.

Sin embargo todos los días se levantaba muy temprano para escribir y, después, cogía el tranvía de vapor, que comunicaba el casco antiguo de la ciudad de Las Palmas con las nuevas instalaciones portuarias, dirigiéndose al mercado de Las Palmas. Allí, casi de incógnito, observando todo minuciosamente, caminaba por la antigua calle de la Carnicería (actual calle Mendizábal), hacia el Colegio de San Agustín como en sus días de estudiante. Paseaba por la ciudad y por los barrios encontrándose con viejos amigos y tomando siempre nota.

1. Una lápida conmemorativa en la casa natal

En la sesión del 19 de octubre, viernes, de 1894 acordó el Ayuntamiento de Las Palmas dirigir un mensaje de bienvenida, que podían firmar todos los vecinos de esta ciudad que lo deseara, al ilustre paisano Benito Pérez Galdós. También el Ayuntamiento en esa sesión plenaria, presidida por el alcalde don Felipe Massieu y Falcón, acordó por unanimidad entre otros honores colocar solemnemente en la casa natal de Don Benito una lápida conmemorativa. Existen muchas conjeturas sobre la fecha de la colocación de la lápida conmemorativa en la casa donde nació Galdós. Al pasar por delante de la Casa-Museo Pérez Galdós se observa la sencilla lápida colocada en su frontis con la inscripción:

En esta casa nació D. Benito Pérez Galdós el 10 de Mayo de 1843. Homenaje acordado por el Ayuntamiento de esta Ciudad

Lógicamente muchos pensaron que la lápida se colocaría, a más tardar, a principios de 1895. Sin embargo, pasaron los años y la lápida no fue colocada por motivos políticos locales. A causa de las distintas conjeturas formadas decidí investigar la fecha exacta de la colocación de esta lápida. Así podemos afirmar que en 1901, con motivo de la celebración del 418 Aniversario de la Incorporación de Gran Canaria a la Corona de Castilla, el programa de los festejos firmado por el entonces alcalde don Tomás Sintes Llabrés y el secretario don Francisco Morales Aguilar distribuía la celebración de los actos en cuatro días desde el 28 de abril hasta el día 1 de mayo. Este programa de las fiestas tenía el interés especial de anunciar la colocación de esa lápida en el exterior de la casa natal de Galdós en la calle del Cano. El día grande de la celebración del 418 Aniversario de la Incorporación a la Corona de Castilla, el 29 de abril de 1901, a las nueve de la mañana tuvo lugar la procesión cívico-religiosa del pendón de la conquista y, a las diez y media, la misa solemne a toda orquesta en la Catedral Basílica. A continuación, a la una, en un acto justo aunque tardío, se colocó solemnemente la lápida conmemorativa en la casa donde nació don Benito Pérez Galdós. El concejal don Francisco González Díaz, que no acudió con sus compañeros de Ayuntamiento en Corporación a la ceremonia, sino como un ciudadano particular interesado en aquel acto, recibió del Alcalde don Tomás Sintes Llabrés, que era trabado de lengua, la petición de que dijera unas palabras desde una ventana de la casa natal de don Benito. Junto a don Francisco González estaban doña Soledad, doña Tomasa y doña Manuela hermanas de don Benito, su hermano don Ignacio, teniente general, y su hermana política doña Caridad Ciria, esposa del anterior, dama nacida en Cuba. En la calle Cano la multitud se aglomeró y don Francisco González con su conocido arte de pronunciar discursos reflejó las glorias de Galdós siendo muy aplaudido. Dejo así aclarada con estas precisiones la historia de la lápida que recuerda el nacimiento de nuestro glorioso escritor.

2. Un paseante y un capricho

A finales de octubre de 1894 se preguntaba la prensa de Las Palmas «qué hace Pérez Galdós durante el tiempo que se encuentra entre nosotros». Encerrado en la casa de Santa Catalina se deleitaba contemplando el panorama del puerto en los intervalos en que cesaba de escribir. Pero Galdós también paseaba discurriendo por las campiñas del Monte Lentiscal y visitando los sitios que fueron confidentes de sus primeros sueños cuando Sisita le esperaba coqueta con un par de flores de tuberosa en la cabeza, de color crema y deliciosa fragancia.

Pero tampoco olvidaba a Concha y le escribe:

Las Palmas, 27 Bribona: Desde que estoy aquí no me has escrito ni media letra. Ya me dispongo al regreso. Saldré en el primer vapor, desde Cádiz te avisaré cuando llega. Te tero. Tero ti. Minina: ¿en qué piensas que no me has escrito?

Y, mientras más cuidado ponía él en ocultarse, más excitaba la curiosidad pública. Galdós era para muchos una incógnita por la reserva casi impenetrable en que se mantenía. Sólo se le veía en algunas ocasiones paseando por las calles habituales de su juventud. Envuelto en su modestia vivía en la penumbra, gozando de los encantos de la familia y escribiendo. Los amigos íntimos que le acompañan en sus paseos manifiestan que no cesaba de ponderar la impresión favorable que le ha producido la isla transformada por completo en los veinticinco años de ausencia. Pero, a pesar de los cambios realizados, recuerda los amigos y la antigua ciudad con sorprendente precisión. Observaba, tomaba notas, ordenaba apuntes y trabajaba mucho en la casa de Santa Catalina, que se asentaba en la playa, con la montaña de la isleta y el puerto al frente, teniendo ante la vista las montañas de la isla escalonadas en lejana perspectiva y cercanas al mar siempre azul.

A finales de octubre se conoció «un capricho de Galdós». En uno de sus paseos conoció a Manuel Miranda Romero, que era carpintero de ribera. Acompañado de este nuevo amigo don Benito visitó una mañana la ermita de San Telmo y saludó al presidente de la Confraternidad de Mareantes de San Telmo. «Entonces don Benito -dice Néstor Álamo- se propone ser dueño del mejor galeón que estaba en los tirantes de la capilla y que eran exvotos de los navegantes en peligro. Y lo logró por medio de Miranda, que llevaba la rueda del timón en aquel feudo de armadores y navegantes». Don Benito veladamente insinuó su propósito de que figurara en el lugar que conserva para las colecciones en su palacete San Quintín, en Santander. Luego firmó en el libro de la Confraternidad en prueba de gratitud por el obsequio. Este capricho de Galdós tiene su origen en su infancia cuando iba con frecuencia al templo con el deseo de admirar la colección de hermosos barquichuelos que en aquella época poseía la iglesia de San Telmo. Este recuerdo de su niñez explica que una de sus primeras visitas fuese a la mencionada iglesia. Cuando Galdós tuvo en sus manos aquel viejo barquichuelo al instante encargó a Manuel Miranda Romero que lo restaurara y se lo enviara por vía marítima para instalarlo en su despacho de San Quintín. Meses más tarde Galdós agradeció a Manuel Miranda Romero el envío del galeón restaurado, que esperaba con vehemente deseo:

Madrid, 1º de Febrero, 95 Sr. D. Manuel Miranda. Mi muy estimado amigo y paisano: por su grata del 24 del pasado, veo que el galeón salió de ese puerto navegando con rumbo a Cádiz, desde donde tomará la derrota del Cantábrico. Deseo mucho verlo, y me figuro que habiendo V. puesto las manos en ello, la restauración del barquito habrá resultado primorosa y digna la pequeña embarcación de figurar en nuestro Museo Naval. De seguro que no habrá en éste, ni en otro alguno, muchos que le superen en elegancia, ni en la perfección de la obra de su mano. En todas partes, por efecto de las construcciones de hierro, se va perdiendo el arte de la carpintería de ribera, y de él solo quedan vestigios en nuestra ciudad de Las Palmas. No necesito decirle cuánto le agradezco la diligencia, esmero y entusiasmo con que ha realizado V. la restauración de este modelo, que de sus manos, estoy de ello seguro, habrá salido como nuevo, de tal modo que lo reconocería por suyo el mismo don Juan de Austria, capitán general de las galeras del Rey Católico y de la Liga contra el Turco. Ahora me falta, dar también las gracias a la Confraternidad de San Telmo por su delicado obsequio, que no olvidaré nunca. En otro correo lo haré; pues no es cosa de escribir a ésos de prisa y corriendo. Hágame el favor de dar la adjunta al Sr. D. Pedro del Castillo y sabe que me tiene V. a las órdenes para todo. Me alegraría mucho de tener una ocasión de manifestarle cuánto estimo su amistad, y con qué agrado veo su pericia en un arte que de tal modo honra a la Gran Canaria. Suyo afectísimo amigo y paisano, q.b.s.m. B. Pérez Galdós S/C. San Mateo, 11 bajo Cuando vaya a Santander y vea el galeón volveré a escribir a v.

Galdós se encontró, en uno de sus paseos por la mañana, a uno de sus antiguos amigos, el maestro Joaquín Gutiérrez que aún vivía, era carpintero, charlatán y bebedor. Los dos amigos se hicieron inseparables. Y todos los días al atardecer se sentaban en los poyos del Obispo, más allá del barrio San José, en la carretera a Telde, observando las plataneras situadas debajo del barrio de San José y, a lo lejos, el azul del Atlántico.

En la prensa de Las Palmas se publicó el 29 de octubre la siguiente esquela mortuoria:

R. I. P. La Sra. Doña Magdalena Hurtado de Mendoza y Tate, Viuda del Señor Don Domingo Pérez Galdós. Falleció en Santander el 15 del corriente. Sus hermanos, sobrinos y amigos ruegan a las personas piadosas se sirvan encomendarla a Dios y asistir a las misas que por el eterno descanso de su alma se dirán en la Parroquia de San Francisco el día 31 del corriente, de 6 a 8 de la mañana.

Tal vez don Benito asistió a ese acto y recordaría las campanas de San Francisco. Años más tarde, recordando cuando vivía en su casa de la calle del Cano número 33, diría en la entrevista realizada por El Bachiller Corchuelo para la revista Por esos mundos, julio 1910, que «cuando he oído el tañido de sus campanas, siempre he sentido una emoción entre triste y dulce. Su son no lo confundiría con ninguno. Lo distinguiría entre cien que tocasen a un tiempo».

Escribe Néstor Álamo que, en la visita que don Benito hizo cuando lo llevaron a ver la primera instalación de El Museo Canario, fundado por el doctor Gregorio Chil y Naranjo en 1879, se ubicó en la planta alta del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, que cedió generosamente algunas salas, hasta que el legado del Dr. Chil fuera recibido en 1913 fecha de la muerte de su viuda. Aun así, el traslado de El Museo Canario a la que fue vivienda del ilustre benefactor en el barrio de Vegueta, donde se instaló definitivamente, se retrasó hasta 1923. El Dr. Chil tenía mucho empeño en la visita de Galdós al reciente Museo Canario, pero don Benito dijo solamente esto: «¡Qué hermoso es el Museo Canario!». Y don Gregorio no se lo perdonó aunque ese laconismo de Galdós al firmar en el libro de El Museo Canario no le ofendió al investigador mucho tiempo.

Invitado por el alcalde de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, don Felipe Massieu y Falcón, Galdós visitó en la tarde del martes, día 30 de octubre, la magnífica quinta del Batán. Don Benito admiró la diversidad de plantas que había en esta finca. Galdós amaba los animales, las plantas y las flores que «son unas como sonrisillas que echa la tierra». El señor Massieu con la galantería que le era peculiar estuvo obsequioso con el gran novelista y demás distinguidos amigos que le acompañaban.

3. Galdós en la Villa de Teror

Una excursión destacada tuvo lugar a principios de noviembre. Don Benito mostró a su amigo el alcalde accidental de Las Palmas, Rafael Massieu y Falcón, interés en visitar la Villa de Teror. El viaje a Teror el día 6, martes, fue muy cansado porque aún no se había terminado la carretera desde Las Palmas. No obstante, al ilustre novelista le agradó en extremo la visita a Teror y los preciosos paisajes que tuvo ocasión de ver. En Teror conoció al comerciante Manuel Acosta Sarmiento que era el alcalde de Teror en 1894. Don Manuel Acosta fue alcalde durante más de veinte años y su gestión hizo posible la terminación de la carretera de Teror a Las Palmas en 1895. También existía en 1894 un comercio, con la denominación Juan Bautista Yanes y Compañía, cuyo socio del titular era Juan Rivero García. Este nació en Cuba, hijo de emigrantes canarios en la ciudad de Matanzas tan familiar para los Galdós, y que acumuló un gran patrimonio en parte de la mano de Juan Negrín, padre. Pérez Galdós recibió, además, atenciones en la Villa de Teror invitado en la finca de Osorio en la que Adán del Castillo y Westerling invitaba a los visitantes ilustres. En su recinto se conservaban restos de bosques de laurisilva y una amplia extensión de castañar. Y con Rafael Massieu y Falcón visitó la Iglesia de Nuestra Señora del Pino.

En las crónicas de terorenses hay que anotar algunos hechos relacionados con el estamento militar. El Regimiento de milicias de Canarias eligió en 1787 por su Patrona a la Virgen del Pino. El párroco de Teror, don Judas Antonio Dávila, le informaría acerca de la historia del templo y de la Virgen del Pino. Hay buenas razones para pensar que conversarían de las crónicas terorenses relacionadas con el estamento militar. Galdós evocaría cuando, sobre las rodillas de su padre, escuchaba la actuación de las unidades canarias en la Península durante la Guerra de la Independencia. La Granadera Canaria contó con un cronista de sus andanzas. Fue don Domingo Pérez Macías y su hermano don Sebastián, el que sería padre de don Benito Pérez Galdós, que formaron parte como capellán y subteniente respectivamente. El capellán don Domingo Pérez dejó el manuscrito titulado «Expedición a España del batallón de granaderos de Canaria. Notas del Diario que hizo don Domingo Pérez Macías, capellán de dicho Batallón».

El propio Sebastián Pérez Macías en las notas que redacta para completar las páginas extraviadas del diario de operaciones de su hermano don Domingo, el capellán de la Unidad, relata que:

En la Isla de León fue dicho Batallón agregado al Real cuerpo de Artillería, haciendo el servicio de todas aquellas Baterías que diariamente se batían con los franceses, hasta que se dio la Batalla de Chiclana, en la cual formaron dichos Granaderos una Batería, a pesar del fuego vivo que hacían los franceses, sólo con el entusiasmo de ¡Viva la Virgen del Pino!, por cuyo valor se les dio a todo el cuerpo, la Cruz de Chiclana, y además se puso a dicha batería el nombre de Batería de Granaderos de Canaria, según la orden del capitán general y Presidente de la Regencia el Señor Castaños, que nos mandaba.

Los grancanarios atribuyeron el hecho a la protección milagrosa de la Virgen del Pino, que todos aseguraron haber visto con su manto tendido ante ellos. De ahí que sus integrantes hicieron la promesa, para que salvara sus vidas la Virgen del Pino, de ofrecerle un manto cuando regresaran a Gran Canaria. En aquellos momentos los grancanarios defensores de Cádiz se jugaban la vida y, su invocación fervorosa a la Virgen del Pino, les envalentonó en tal alto grado que un sargento llamado Juan Miguel Padrón escribió en una carta que «… nos tiraron 180 tiros y no lastimaron siquiera un hombre, fue un milagro patente de la Virgen del Pino». Por estos hechos ofrecieron por agradecimiento a la Virgen del Pino un manto nuevo que andando el tiempo se ha perdido.

Es probable que don Benito igualmente preguntara en Teror por la casa de los Manrique de Lara, antiguos amigos suyos desde su juventud y luego en Madrid. La Casa de los Manrique en Teror, Patronos de la Virgen, se encuentra situada frente a la basílica de la Virgen del Pino. La casa, anteriormente, fue residencia de los Rodríguez del Toro y allí nació Bernardo Rodríguez del Toro en 1675, quien fue el origen de una familia venezolana de cuyo seno nacerían María Teresa Rodríguez del Toro y Alayza, esposa del Libertador Simón Bolívar.

Ahora, a principios de noviembre, don Benito ya mostraba sensación de estar cansado por las atenciones de sus paisanos, de no poder pasear solo y de no poder trabajar como acostumbraba. Por supuesto los asuntos familiares, que le habían llevado a Las Palmas, estaban casi solucionados. Pero su vida placentera estaba entre Santander y Madrid. Y Concha Morell, a quien había escrito que estaba «cansado con las atenciones de mis paisanos», le esperaba en Madrid.

El último viaje

Benito Pérez Galdós determinó embarcar, en la mañana del viernes día 9, en el vapor Hespérides, de la Compañía de Navegación e Industria, con destino a Cádiz. Y para evitar una tibia despedida, como habían valorado algunos el recibimiento, formaron un programa anunciando lo que se pensaba hacer en la despedida de la ciudad de Las Palmas al gran novelista canario. Así una banda de música iría a bordo del vapor interinsular Viera y Clavijo, facilitado por don Rosendo Ramos, representante de los correos Interinsulares, cuyo buque estaría a disposición del Ayuntamiento y representantes de corporaciones públicas y sociedades. También saldrían del puerto varios remolcadores y embarcaciones menores perfectamente engalanadas. Con todo esto se confiaba que un gran público asistiera a la salida del Hespérides expresando su afecto y admiración a Galdós.

Después de la breve estancia de tres semanas en su tierra natal llegó el triste día de la despedida del eximio escritor grancanario. Don Benito embarcó el 9 de noviembre, viernes, para Cádiz en el vapor Hespérides. Si poco expresivo fue el recibimiento que la ciudad de Las Palmas hizo a su ilustre hijo, magnifica y entusiasta fue la despedida. Aquel día a las nueve se trasladó a la casa familiar de Santa Catalina una numerosa comisión del Ayuntamiento. Don Benito expresó a las autoridades, y asimismo rogó lo transmitiera a los ciudadanos, su agradecimiento por las atenciones durante su estancia en Las Palmas. A continuación entró en el landó con el Alcalde y su hermano el general Ignacio Pérez Galdós. Desde allí, y seguido de los demás carruajes que ocupaban las comisiones del Ayuntamiento y sociedades, se dirigió al dique de abrigo donde se hallaba atracado el vapor Hespérides. En el momento en que llegó a su costado, la banda municipal hizo los honores al egregio escritor engalanando a seguida sus mástiles el Hespérides. En estos instantes presentaba el puerto un aspecto de gran solemnidad. Empavesados todos los buques, que lucían múltiples banderolas en sus elegantes arboladuras, y exornadas también con banderas todos los buques surtos en aquellas apacibles aguas y cruzando en todas direcciones los remolcadores ocupados en las faenas marítimas, se presentaba un cuadro hermoso lleno de vida y animación.

Ya a bordo Benito Pérez Galdós estuvo durante largo rato recibiendo afectuosas muestras de consideración de numerosas comisiones y amigos que allí fueron a despedirle. Llegado el instante de la maniobra de desatraque y leva la comisión del Ayuntamiento, presidida por el alcalde accidental Rafael Massieu y Falcón, salió del Hespérides y embarcó en el vapor correo interinsular León y Castillo que, engalanado profusamente, hallábase también atracado al dique. A su bordo estaba el comandante de esta provincia marítima, Antonio Moreno Guerra, y allí embarcó también la banda municipal y numerosos admiradores de Galdós, deseosos todos de rendirle cariñosísimo homenaje de simpatía.

El vapor León y Castillo inició la marcha, desatracando del dique, y se situó en la boca del puerto a esperar al Hespérides que a los pocos momentos surcaba velozmente aquellas dormidas aguas. Al cruzar el Hespérides por estribor del León y Castillo se produjo en este una verdadera explosión de entusiasmo. Los vivas a Pérez Galdós, al Cervantes canario, a España y a Gran Canaria, los acordes de la música, el ruido de los silbatos de ambos buques y de los remolcadores que seguían al Hespérides y el vivo cañoneo con que saludaba el vapor León y Castillo determinaron en todos el más alto grado de expansión patriótica. Pérez Galdós, verdaderamente emocionado, no cesaba de agitar el pañuelo y el sombrero, contestando con efusión al saludo que en igual forma se le hacía. Ya cerca del roque de la Isleta, el Hespérides suspendió su marcha, deteniéndose también el León y Castillo y demás vaporcitos remolcadores que le escoltaban. En aquel instante el goce inefable que produce el amor a las glorias patrias, revelábase en los conmovidos semblantes de todos, vitoreando y aclamando, a compás de los acordes de la marcha real, al eminente novelista.

Con millares de firmas fue suscrito el mensaje, redactado por acuerdo del Ayuntamiento en honor de Pérez Galdós y que le fue remitido en un álbum con tapas lujosamente artísticas, a fin de que el eximio escritor grancanario lo conserve en su gabinete de estudio como recuerdo de reciente visita a esta su ciudad natal.

El referido mensaje dice así:

La ciudad de Las Palmas se complace vivamente en dar la más cordial bienvenida a su preclaro hijo, el artífice eminente que ha esmaltado con inestimables joyas la historia patria, el ingenio fecundísimo que emulando por lo castizo de su dicción y la galanura de sus formas la gloria de Cervantes ha creado la novela española dándole nuevos rumbos y abriéndole amplios horizontes en multitud de obras, que, a juicio unánime de propios y extraños, son brillantes ornamentos de la literatura universal y orgullo legítimo del rico idioma castellano. Aquí se meció la cuna de Pérez Galdós, y es éste un título que nos envanece porque lo consideramos como una de nuestras más señaladas horas. Salud y prosperidad al hijo ilustre cuya vida conserve la Providencia por dilatados años para mayor gloria de las letras españolas y del teatro nacional. Octubre de 1894.- (Siguen las firmas).

En su corta estancia en Santa Cruz de Tenerife Don Benito Pérez Galdós, al llegar desde Las Palmas a aquella localidad, de paso para la Península, fue cumplimentado por los presidente de corporaciones y sociedades, lo mismo que por las autoridades. La noche antes de su partida se le obsequió con una serenata por la banda militar.

El periódico de Cádiz «La Nueva Era» decía que en el vapor Hespérides llegó, el lunes día 12, por la mañana de Canarias el notable novelista Benito Pérez Galdós. Apenas tuvo noticia de su llegada una comisión del Ateneo, compuesta del presidente don Adolfo de Castro y los señores Viesca, García de Castro, Alberti y Alonso, pasaron al Gran Hotel de Cádiz, donde se hospedaba el eximio literato, para visitarle en nombre de la Sociedad que representaban. Pérez Galdós no pudo acceder al banquete, con que se le pensaba obsequiar en el antedicho Centro, por las pocas horas que pensaba estar en Cádiz y por estar de luto tras la muerte de su entrañable cuñada doña Magdalena Hurtado de Mendoza hacía menos de un mes. Declaró, asimismo, que se había mareado durante todo el viaje. Manifestó Galdós, igualmente el mismo día de la llegada, que tenía planeado marchar en el correo directamente a Madrid donde pensaba estrenar este año varias obras. En el Teatro de la Comedia se preparaba «Los condenados» y, en el Teatro de Novedades, se pondría en escena por primera vez un melodrama suyo.

Desde Cádiz, todavía confuso a causa de los trastornos del viaje escribe a Concha:

Cádiz, 13 de Nov. 94 Mon enfant: esta mañana al llegar aquí recibí tu parte, que me alegró mucho. Allá recibí pocos días antes de salir, la tuya del 1*, única tuya que ha llegado a mis manos desde que no nos vemos. […] Descanso hoy, y mañana salgo para Madrid. Aun ignoro si mi hermana está en Madrid. Si continuase en Santander, al momento iría yo para allá. Nada sé hasta que llegue a Madrid, por Mora de la interrupción del telégrafo. […] Tengo que contarte muchas, muchas cosas. Vengo rendido, y con no muy buena salud. Si no echó a correr para acá, mis paisanos acaban conmigo, a fuerza de obsequios. […] Tuyo siempre, Camuñas o Tío Juan

Al llegar a Madrid don Benito escribe a su amante Concha:

Madrid – Moncloa, 16 de Nov. 94
Borrica: aquí estoy desde ayer. Bastante cansado, pues el viaje ha sido demasiado rápido y penoso. Hoy habrás recibido la que te escribí en Cádiz. Espero que me escribirás a vuelta de correo, y que no harás lo de otras veces. Aquí me he encontrado un lío doméstico, un pequeño drama de familia, que me ocasiona grandes disgustos. Está escrito que este viaje mío empezó con una desgracia acabe también de un modo poco grato. No sé si recordarás que te dije y mi sobrina tiene un novio, pretendiente, o como se llame. La madre y toda mi familia si opone resueltamente, con una tenacidad propia de los tiempos medievales […] Yo que desde Las Palmas vi armada la nube, hice propósito de no meterme en nada; pero la fatalidad ha querido que al llegar aquí me encuentre en el cráter del volcán. […] De todos modos, yo voy a Santander, con mi sobrino y estaré cuatro días. Hablaremos largo, y examinaremos las ventajas y los inconvenientes de que tú vengas a Madrid, si lo quieres. […] Tuyo, Ojirris

Galdós se había llevado una impresión tan grata de su tierra que manifestó mantener la promesa que hizo a su familia de volver a Las Palmas en la próxima primavera de 1895. No obstante no regresó a su tierra natal esa primavera ni tampoco lo hizo nunca en los veintiséis restantes años de su vida. Don Benito regresó a su tierra natal en octubre 1894, y éste fue el último viaje a su tierra natal. Algunos biógrafos afirman que don Benito expresó su deseo de ser enterrado en Madrid. Pero no existe, al menos yo no lo he encontrado, escrito alguno en el que don Benito manifestara ese deseo. Tampoco lo afirman los amigos que le acompañaban en la tertulia de su casa como Marciano Zurita, Emiliano Ramírez Ángel, Victorio Macho, Rafael de Mesa, José de Lara y Luís Doreste Silva, entre otros. Apuntó Francisco Ruano García que Galdós se encuentra en Madrid y que, no tardando mucho, sería traído a la tierra donde él nació. Igualmente el escritor Ildefonso Maffiotte reclamó en su día que se colmará la misión del monumento en Las Palmas cuando se llene ese hueco con los huesos para los que se labró la hornacina. El 15 de marzo de 1921 publicó El Cantábrico, de Santander, que «…Victorio Macho, en breve irá a Canarias a realizar su valioso trabajo escultórico y, en la cripta que forma el basamento, han de ser depositados los restos mortales de aquel gran español que tanto amaba a Santander». Y Luís Doreste Silva afirmaba que la sedente estatua de Galdós que se encontraba sobre la cripta en el muelle de Las Palmas «está destinada a guardar sus restos mortales».

¿Por qué no reposan los restos mortales de don Benito en su tierra natal? Su hija doña María no accedió a ello pues, hallándose residiendo en Madrid, era su deseo seguir dedicando ante la tumba de su padre sus oraciones. Doña María no sintió por Gran Canaria más afecto que el paternal. Han pasado noventa y seis años de la muerte de don Benito. Ahora es imposible el traslado de Galdós a Las Palmas de Gran Canaria. La tierra de Galdós. Acaso se perdió la posibilidad después del fallecimiento de doña María Pérez Galdós y Cobián. Para muchos grancanarios los restos de Galdós no están en su tierra porque no se reclamó resueltamente los mismos y se incurrió así en una responsabilidad histórica.

Fuentes directas

Hemerotecas (1894): El Museo Canario y Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, ABC (Madrid), Diario de CádizDiario de las PalmasEl Pueblo (Canarias), Heraldo de MadridLa Dinastía (Cádiz), La Orotava (Tenerife), La Opinión (Canarias), La Vanguardia (Barcelona).

A la izquierda le encanta la censura

Por Pedro Fernández Barbadillo

(LIBERTAD DIGITAL, Madrid, 26/4/2020) La izquierda ha sacado el censor que lleva dentro. Quiere antes declaraciones falsas que la desagradable realidad. Quien diga la verdad, provoca desafección, desmoraliza y desgasta al Gobierno más progresista, más feminista, más numerosos y más inepto que ha padecido España.

En los últimos días, hemos sabido por boca de ministros y generales que se nos vigila y que el mismo Gobierno que es incapaz de contar los muertos por el Covid19 y de suministrar mascarillas y EPIs a los sanitarios no va a consentir que nadie le critique. Lo ha dicho Isabel Celáa: “No podemos permitir que haya mensajes negativos“. Otro socialista, Alfonso Gómez Celis, encima vicepresidente del Congreso, acaba de decir estas palabras: “En esta pandemia tenemos que desechar a los que señalan con el dedo los errores”. ¿A qué se refiere con ‘desechar’? Conociendo el pasado del PSOE, ese verbo produce miedo.

De momento, los socialistas se están contentado con manipular las ruedas de prensa para que nadie pueda preguntar por qué ha sido España durante semanas el país del mundo con más muertos por millón de habitantes y con denunciar a quienes refutan su discurso de “Sólo era una gripe”, “Todos los países europeos están igual”, “El Gobierno no tiene nada de lo que arrepentirse”, “Hay que arrimar el hombro”. Así, el PSOE ha denunciado a Vox y a la tertuliana Cristina Seguí por ‘delito de odio’, ese nuevo crimen político que sustituye al de ‘contrarrevolucionario’ aplicado en las tiranías comunistas.

“Envenenar el ambiente” en 1931

Por ahora, los socialistas y sus aliados morados no pueden cerrar los periódicos que molestan sus desayunos. Cuando en España las izquierdas en sus distintas manifestaciones han gozado de la facultad legal para hacerlo, se han quedado a gusto. El gobernante que más periódicos ha ordenado clausurar ha sido Manuel Azaña.

Al cumplirse el mes de la huida de Alfonso XIII y la proclamación de la II República, el Gobierno Provisional había permitido el asalto a un centro monárquico, encarcelado al propietario de ABC por sospechoso de haber cometido un asesinato aunque el cadáver no aparecía, una quema de iglesias y conventos y el cierre de varios periódicos de derechas.

El ministro de Gobernación, Miguel Maura, con unos modales de cacique que su padre habría repudiado, convocó a finales de mayo a su despacho a los directores de los diarios de Madrid para pedirles que diesen la noticia de la muerte, por la Guardia Civil, de ocho miembros de la CNT que formaban parte de una columna que quería arrasar San Sebastián, a fin de demostrar a todos los españoles que él haría cumplir la ley.

Acudieron todos, incluso aquellos cuyos diarios estaban suspendidos desde el 12 de mayo (…). Les rogaba diesen a conocer la noticia del motín en San Sebastián. Ahora bien –continué-: el diario que utilice la noticia para su campaña política, o intente envenenar el ambiente con ella, será suspendido, y suspendido quedará mientras yo esté en este Ministerio.

“Envenenar el ambiente” de Maura no se distingue mucho de “los bulos y desinformaciones que generan un gran nivel de estrés y alarma social” de la Guardia Civil sumisa al Gobierno de Sánchez.

La Ley de Defensa de la República

El 10 de agosto de 1932, se produjo la ‘sanjurjada’, el último pronunciamiento decimonónico. El mismo general que había contribuido a traer la República como director general de la Guardia Civil se sublevó en Sevilla y Madrid. El Gobierno, presidido desde octubre anterior por Azaña, conocía los planes de Sanjurjo y venció sin problemas el cuartelazo.

Azaña aprovechó la ocasión para aplicar la terrible Ley de Defensa de la República (vigente desde octubre anterior), que daba al gobierno un poder inmenso para reprimir a la oposición y perseguir a los ciudadanos que se le antojasen.

El artículo 42 de la Constitución establecía que “En ningún caso podrá el Gobierno extrañar o deportar a los españoles, ni desterrarlos a distancia superior a 250 kilómetros de su domicilio”; pero Azaña y su compañero Casares Quiroga, ministro de Gobernación, amparados en la Ley de Defensa de la República, deportaron a sospechosos a Villa Cisneros, en el Sáhara. Meses antes habían deportado a varios anarquistas a Guinea Ecuatorial.

Respecto a la prensa, el Gobierno republicano, en el que había tres ministros socialistas (Largo Caballero, Prieto y De los Ríos) y uno de ERC (Carner Romeu), ordenó el cierre de docenas de periódicos.

Casi 130 periódicos cerrados

Desde semanas antes de la ‘sanjurjada’, según el periodista Julián Cortés Cavanillas, estaban suspendidos La Correspondencia, El Imparcial, El Popular, El Mundo y Mundo Obrero, todos editados en Madrid. La lista de las publicaciones cerradas por orden gubernamental, sin que lo decidiera ningún juez, la hizo Justino Sinova (La Prensa en la Segunda República española. Historia de una libertad frustrada). En total, 127 periódicos.

La mayoría, por no decir la totalidad, de las cabeceras eran de derechas, católicas, tradicionalistas/carlistas y monárquicas. El único punto común entre ellas no era su implicación en la rebelión militar (inexistente, como se comprobó al no producirse procesamientos), sino su línea editorial desfavorable al Gobierno. Había semanarios de humor como Gracia y Justicia, revistas como Blanco y Negro dedicadas a la moda, las variedades y el cotilleo, y publicaciones de pensamiento de difusión muy reducida como Acción Española.

La suspensión, que en varios casos duró hasta meses, afectó a cabeceras que existen hoy, como ABCLas Provincias de Valencia, El Adelantado de Segovia, El Ideal de Granada, La Verdad de Murcia, Diario de JerezEl Día de Palencia, La Gaceta Regional de Salamanca, El Correo de AndalucíaDiario Montañés de Santander, El Pueblo Vasco de Bilbao, El Diario de Ávila y el Diario de Navarra, entre otros.

Se trató del mayor cierre de periódicos ordenado jamás por un Gobierno español. En la guerra civil cada bando cerró los periódicos que no coincidían con su ideología, pero no fueron tan numerosos. Se dieron casos como el de La Vanguardia, que pasó a publicarse entre el 22 de julio de 1936 al 25 de enero de 1939 con una línea editorial favorable al Frente Popular y la Generalidad de Companys a convertirse, después de un día de cierre para adaptarse, en partidario exaltado de Franco a partir del 27 de enero de 1939.

‘ABC’, cerrado por más de cien días

ABC, bestia negra de los republicanos por su carácter monárquico, fue suspendido el 10 de agosto por la noche y reapareció el 30 de noviembre. En el editorial de ese día, el periódico se quejó de la dureza de la medida, tomada por un Gobierno supuestamente democrático:

“La suspensión gubernativa de ABC ha durado nada menos que tres meses y medio, ¡quince semanas! Ni en los tiempos de Calomarde, ni en los de Narváez, ni en los de Primo de Rivera… Durante todos los gobiernos de seis reinados y de dos repúblicas se aplicó jamás a un periódico una sanción gubernativa tan dura sin justificación legal.”

En una medida admirable, la empresa mantuvo el pago de los salarios de sus trabajadores, aunque carecía de ingresos: 837 obreros de talleres, 67 redactores y 81 empleados. El 20 de julio de 1936, el ABC fue incautado por la UGT y regresó a sus propietarios el 29 de marzo de 1939.

Las repetidas sanciones y persecuciones contra los periódicos por parte de los Gobiernos de la República, en su mayoría de izquierda, convirtieron en una burla el artículo 34 de la Constitución republicana:

“Toda persona tiene derecho a emitir libremente sus ideas y opiniones, valiéndose de cualquier medio de difusión, sin sujetarse a la previa censura. En ningún caso podrá recogerse la edición de libros y periódicos sino en virtud de mandamiento de juez competente. No podrá decretarse la suspensión de ningún periódico, sino por sentencia firme.”

Quizás por la omnipotencia gubernamental y la violación de la Constitución, las izquierdas son admiradoras de los años republicanos…

 

 

La obra de Antonio Machado ya es de todos

La obra del escritor sevillano pasa al dominio público 80 años después de su muerte a la vez que la Biblioteca Nacional digitaliza su producción literaria y sus misivas.

Tommaso Koch

(EL PAÍS, España, 2/1/2020) Es obvio que Antonio Machado era único. Aun así, ciertos días, se parecía bastante a los demás. Aquel viernes 11 de enero de 1929, por ejemplo, debía de sentir una frustración muy común. Todavía descansaba en Madrid, pero la vuelta a la cotidianeidad ya le amargaba la existencia. “Comienzo la carta que echaré, ay, en Segovia el Domingo. Porque mis vacaciones acaban sin remedio”, se lamentaba. Como cualquiera, incluso hoy en día. Pero, a partir de este año, los lectores pueden compartir mucho más que los sentimientos del poeta: tienen como regalo su obra completa.1939. Así que, 80 años después, sus escritos ya están libres de derechos de autor, como establece la ley. A la vez, la Biblioteca Nacional (BNE) ofrece desde hoy, online, prácticamente toda su producción. Manuscritos, portadas, primeras ediciones y decenas de documentos para leer y descargar. En esa marea, también navegan los cuatro folios que completan esa melancólica misiva de 1929, dirigida a Pilar de Valderrama. “Adiós reina y gloria mía, el corazón de tu poeta, inmenso para ti —y solo para ti— te acompaña”, escribe el autor a su amada.

La BNE, en realidad, ha publicado una lista con otros 180 autores que pasan al dominio público. “Hay artistas de todas las Comunidades Autónomas, desconocidos u olvidados, que merece la pena recuperar”, subraya Ana Santos, directora de la institución, que desde hace cuatro años recopila en enero los creadores libres de derechos. Aunque ella misma es consciente de que un coloso como Machado haría sombra incluso a otros gigantes de la literatura. “Rara es la casa española donde no haya una obra suya”, lo resume Manuel Álvarez Machado, sobrino nieto del poeta, presidente de honor de su fundación y uno de los herederos de su legado.

Ahora, además de adquirirlos, cualquiera podrá publicar o disponer de sus textos como desee. Solo hay dos límites: el derecho moral y la autoría. Puede que la liberación despierte un renovado interés editorial, aunque tanto Cegal (la confederación de los libreros) como la Federación de Gremios de Editores señalan que la llegada al dominio público no suele tener un impacto notable en ventas o publicaciones. En todo caso, Alberto Sánchez, presidente de Cegal, cree que no debe de haber librería en España que no ofrezca obra de Machado. La que él regenta, Taiga, en Toledo, ayer mismo tenía tres o cuatro ejemplares.

Al margen de una mayor difusión, Manuel Ñúñez Encabo, presidente de la Fundación Española Antonio Machado (FAM), expresa otra esperanza: “Lo que no existe y es necesario es una profundización en su obra. Representa un ejemplo de democracia y una lección cultural, poética, social y política. Hay algunas publicaciones sobre Machado de enorme superficialidad. Es quizás el poeta más citado por los políticos, pero también el más deformado”.Tal vez sea el destino de cualquier genio. Muchos quieren apoderarse de él. El riesgo, ahora que se ofrece a todos, puede incluso aumentar. Pero Álvarez Machado espera que crezca, más bien, el trabajo de investigación sobre el autor. Lo cierto es que el catálogo ya es inmenso: una búsqueda en el índice ISBN (que registra los libros publicados) devuelve unos 200 títulos de Machado editados, además de otros 550 sobre él. Y el éxito de afluencia de la reciente exposición sobre él y su hermano en Sevilla y Madrid demuestra su vigencia.

Generación del 98

Se suele decir que el maestro de la Generación del 98 comparte con García Lorca el trono de poeta español más conocido. Su sobrino nieto ofrece un dato: “Hace cuatro décadas, en los quioscos, salió una colección de clásicos. La obra de Machado apareció en el número 16. Vendió 1,6 millones de ejemplares”. Y Núñez Encabo agrega que es el único español reconocido como “poeta universal y de la humanidad” por la Unesco.

Ambos parecen considerar la liberación de los derechos como una buena noticia. El sobrino nieto no se preocupa mucho de que la familia pierda una fuente de ingresos: a falta de hijos, Antonio Machado lo dejó todo a sus hermanos. Solo dos tuvieron herederos: sus derechos acabaron distribuidos entre esas seis niñas, sobrinas del poeta. Y, hoy en día, entre los hijos de estas, incluido Álvarez Machado. “Si se hubiera concentrado todo en una sola persona, habría podido vivir de ello. Y bien. Pero siempre ha estado muy repartido”, aclara.

El tardío fin del siglo XX

Slavoj Zizek

(EL MUNDO, España, 30/11/2016) Todos recordamos la escena clásica de dibujos animados: un gato camina sobre el precipicio y mágicamente sigue adelante, flotando en el aire; se cae sólo cuando mira hacia abajo y se da cuenta de que no hay suelo bajo sus pies… De la misma forma puede decirse que, en las últimas décadas, el socialismo cubano continuó viviendo sólo porque aún no se había dado cuenta de que ya estaba muerto. Soy crítico con Cuba no porque sea anticomunista sino porque sigo siendo comunista.
Está claro que Fidel Castro era diferente del tipo habitual de dirigente comunista y que la propia Revolución cubana era algo único. Su especificidad se interpreta mejor mediante la dualidad de Fidel y el Che Guevara: Fidel, el líder de verdad, la autoridad suprema del Estado, frente al Che, el eterno rebelde revolucionario que no podía resignarse simplemente a gobernar un Estado. ¿No es esto algo así como una URSS en la que Trotsky no hubiera sido rechazado como el architraidor? Imagínese que, a mediados de los años 20, Trotsky hubiera emigrado y renunciado a la ciudadanía soviética con el fin de alentar la revolución permanente en todo el mundo y que entonces hubiera muerto poco después, y que al poco de su muerte Stalin lo hubiera elevado al culto y que monumentos que conmemoraran su amistad proliferasen por toda la URSS…
Uno acaba por cansarse de las historias contradictorias del fracaso económico y del desprecio de los derechos humanos en Cuba, así como de la dualidad de la educación y la asistencia sanitaria constantemente evocada por los amigos de la Revolución. Uno se cansa incluso de la verdaderamente inconmensurable historia de cómo un pequeño país puede plantar cara a la mayor superpotencia (con la ayuda de la otra superpotencia, cierto). Lo realmente triste de la Cuba de hoy es una circunstancia claramente representada por las novelas del policía Mario Conde, de Leonardo Padura, ambientadas en La Habana de hoy: la atmósfera no es tanto de pobreza y opresión como de oportunidades perdidas, de vivir en un lugar del mundo al margen, en gran medida, de los enormes cambios económicos y sociales de las últimas décadas.
Todas estas historias no cambian el triste hecho de que la Revolución cubana no produjo un modelo social que tuviera algo que ver con el definitivo futuro comunista. Cuando visité Cuba hace una década, la gente de allí me mostraba con orgullo casas en ruina como prueba de su fidelidad al hecho revolucionario: «¡Mira, todo se está cayendo a pedazos, vivimos en la pobreza, pero estamos dispuestos a soportarlo antes que traicionar a la Revolución!». Cuando las propias renuncias se experimentan como prueba de autenticidad, tenemos lo que en psicoanálisis se llama la lógica de la castración. Toda la identidad político-ideológica cubana descansa en la fidelidad a la castración; no es de extrañar que el líder se llamara Fidel Castro.
La imagen de Cuba que se obtiene de alguien como Pedro Juan Gutiérrez (en su Trilogía sucia de La Habana) es reveladora: la realidad común de Cuba es la verdad de lo sublime revolucionario: la vida cotidiana de lucha por la supervivencia, desde la huida hasta las relaciones sexuales promiscuas violentas, de aprovechar el día sin ningún tipo de proyectos orientados al futuro. En un extenso discurso público, allá por agosto de 2009, Raúl Castro arremetió contra aquellos que simplemente gritan “¡Muerte al imperialismo estadounidense! ¡Viva la Revolución!” en lugar de comprometerse en un trabajo difícil y paciente. Toda la culpa de la miseria cubana (una tierra fértil que importa el 80% de sus alimentos) no se puede achacar al embargo de los Estados Unidos: hay gente ociosa por un lado, tierras vacías por otro, y no hay más que empezar a trabajar los campos… Si bien todo esto es obviamente cierto, Raúl Castro se olvidó, sin embargo, de incluirse a sí mismo en la imagen que estaba describiendo: si nadie trabaja en el campo, es evidente que no es porque sean unos vagos sino porque el sistema de dirección estatal de la economía no es capaz de ponerlos a trabajar. En lugar de arremeter contra el pueblo llano, Raúl Castro debería haber aplicado el viejo lema estalinista según el cual el motor del progreso en el socialismo es la autocrítica y ejercer una crítica radical del sistema que él y Fidel personifican. Aquí, una vez más, el mal está en la mirada sumamente crítica que percibe el mal por todas partes…
Entonces, ¿qué pasa con los izquierdistas pro-castristas occidentales, que desprecian a los que los propios cubanos llaman gusanos, los que emigraron? ¿Pero, con toda solidaridad hacia la Revolución cubana, qué derecho tiene un típico izquierdista occidental de clase media a despreciar a un cubano que decidió abandonar Cuba no sólo por el desencanto político sino también por culpa de la pobreza? En el mismo sentido, yo recuerdo a principios de los 90 a docenas de izquierdistas occidentales que con arrogancia me lanzaban a la cara cómo, para ellos, Yugoslavia todavía existía y que me reprochaban que traicionara la irrepetible oportunidad de mantenerla viva, a lo que yo siempre respondía que no estaba dispuesto, sin embargo, a conducirme en mi vida de una manera que no decepcionase los sueños de los izquierdistas occidentales. Gilles Deleuze escribió en alguna parte: “Si vous êtes pris dans le rêve de l’autre, vous êtez foutus”. Los cubanos han pagado el precio de estar atrapados en los sueños de otro.
Las aperturas graduales de la economía cubana al mercado son compromisos que no resuelven el punto muerto sino que tan sólo prolongan la inercia predominante. Después de la inminente caída del chavismo en Venezuela, Cuba tiene tres opciones: continuar vegetando en una mezcla de régimen del Partido Comunista y concesiones pragmáticas al mercado; abrazar de manera plena el modelo chino (capitalismo salvaje con gobierno del partido), o simplemente abandonar el socialismo y, de este modo, admitir la derrota total de la Revolución. Pase lo que pase, la perspectiva más triste es que, bajo la bandera de la democratización, se perderán todos los pequeños pero importantes logros de la Revolución, de la asistencia sanitaria a la educación, y los cubanos que escaparon a EEUU van a imponer una violenta reprivatización. Existe una pequeña esperanza de que se impida este retroceso extremo y se negocie un compromiso razonable.
¿Cuál es entonces el resultado de la Revolución cubana en su conjunto? Lo que me viene a la mente es lo que le sucedió a Arthur Miller en el Malecón de La Habana, donde dos chicos sentados en un banco cerca de él, manifiestamente pobres y necesitados de un afeitado, estaban enfrascados en una intensa discusión. Un taxi se detuvo al poco en la acera frente a ellos y de él salió una hermosa joven con dos bolsas de papel de estraza llenas de comestibles. La joven hacía malabarismos con las bolsas para abrir el monedero al mismo tiempo y un tulipán estaba oscilando peligrosamente en un tris de rompérsele el tallo. Uno de los hombres se levantó y le cogió una de las bolsas para sostenérsela mientras que el otro se le unió para sujetarle la otra bolsa, y Miller se preguntó si no estarían a punto de apoderarse de las bolsas y echar a correr. Nada de eso ocurrió; en su lugar, uno de ellos sostuvo delicadamente el tallo del tulipán entre su índice y su pulgar hasta que la joven pudo sujetar las bolsas con seguridad en sus brazos; ella les dio las gracias con una cierta dignidad formal y se alejó.
Éste es el comentario de Miller: “No estoy seguro de por qué, pero esta transacción me pareció digna de mención. No se trataba sólo de la galantería de estos hombres pobres de solemnidad, que era impresionante, sino de que la mujer parecía que se la tomaba como algo natural y en modo alguno extraordinario. Ni que decir tiene que no les ofreció ninguna propina, y tampoco ellos parece que esperasen ninguna, a pesar de la relativa riqueza de ella en comparación.
Después de haber protestado durante años por el encarcelamiento y el silenciamiento de escritores y disidentes por el Gobierno, me preguntaba si, a pesar de todo, incluso del fracaso económico del sistema, se había creado una corriente alentadora de solidaridad humana, posiblemente a espaldas de la simetría relativa de la pobreza y de la uniforme futilidad inherente al sistema, de la que pocos eran capaces de sacar cabeza a menos que escaparan navegando” (Arthur Miller, A visit with Castro, The Nation, 12 de enero de 2004).
Es en este nivel más elemental en el que se decidirá nuestro futuro; eso que el capitalismo global es incapaz de generar es precisamente esa clase de «corriente alentadora de solidaridad humana». Así pues, para concluir con el espíritu de que mortuis nihil nisi bonum [de los muertos nada (debe decirse), salvo lo bueno], esta escena en el Malecón es quizás lo más bonito que soy capaz de recordar de Castro.
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Slavoj Zizek, filósofo y crítico cultural, es profesor en la European Graduate School, director internacional del Birkbeck Institute for the Humanities (Universidad de Londres) e investigador senior en el Instituto de Sociología de la Universidad de Liubliana. Su última obra es Menos que nada. Hegel y la sombra del materialismo dialéctico (Akal).

Sobre la literatura

En el artículo de Mario Vargas Llosa publicado hoy en el diario EL PAÍS, dedicado a Amos Oz, leo lo siguiente: “Cuando uno sigue la obra de un escritor como Amos Oz a medida que se va produciendo, se advierte la importancia de que la literatura se alimente de lo que son las preocupaciones y angustias –y también exaltaciones y alegrías, por supuesto– de la gente común, aquella que lee los libros y se reconoce en ellos, y, al mismo tiempo, ellos le permiten tomar distancia con ese mundo y encararlo desde una perspectiva de más alcance y más profunda. Eso es lo que ha sido siempre la gran literatura: una manera mejor de comprender todo aquello que constituye la vida, enriquecer la perspectiva de los hechos más íntimos y personales, y, también, por supuesto, de los colectivos, y la manera más efectiva de reemplazar los estereotipos, prejuicios y lugares comunes por ideas”. No sé de nadie que haya expuesto esta concepción de la literatura con más elocuencia y menos palabras que la periodista bielorrusa Svetlana Alexiévich, también premio Nobel: “La labor del escritor es sacar de la banalidad a la persona”.

DECLARACIÓN DE BOGOTÁ

2013-03-23Los escritores cubanos reunidos en la ciudad de Bogotá, participantes en el Primer Festival Vista de Colombia,

Teniendo en cuenta la situación de acoso, amenazas y persecución en que desarrollan su labor los artistas y escritores de la Isla que no comulgan con la ideología oficial o simplemente trabajan de manera alternativa,

Ante las continuas violaciones a los derechos de asociación y movimiento de los creadores independientes,

Ante el recrudecimiento de las actividades represivas del régimen vigente en la Isla, las cuales incluyen el secuestro de varios creadores en territorio cubano –casos de los escritores y periodistas Victor Manuel Domínguez, Roberto Quiñones Haces, Henry Constantín Ferreiro, Ileana Alvarez y Francis Sánchez, del escritor y activista LGTB Pedro Manuel González Reinoso, de la escritora y músico Lía Villares y del músico Gorki Águila, a quienes se les ha impedido viajar fuera de Cuba en los últimos 12 meses teniendo incluso sus documentos en regla y sus permisos y pasajes de avión ya pagados; y del escritor Ángel Santiesteban, que el 27 de abril pasó 24 horas en un calabozo de La Habana bajo falsas acusaciones de la policía política, que buscaba impedir su asistencia a la edición de este Festival Vista en la Universidad Sergio Arboleda, de Bogotá,

Conociendo, además, que la lista de creadores cubanos secuestrados por la dictadura en los últimos meses es más amplia (los nombres relacionados en esta declaración son solo los más conocidos o aquellos que en su momento han tenido más impacto mediático),

Acordamos:

a) Condenar la escalada represiva contra los escritores y artistas alternativos residentes en Cuba

b) Exigir al régimen cubano que respete el derecho de los escritores y artistas a crear en libertad, de conformidad con la Declaración Universal de los Derechos Humanos

c) Emprender una campaña internacional de denuncia que dificulte a la dictadura la implementación impune de sus violaciones

d) Pedir la solidaridad, en forma de firmas, de todos aquellos escritores y artistas cubanos, y de otros países, capaces de sensibilizarse con sus colegas retenidos por la fuerza en la Isla

La presente declaración continuará acumulando firmas de adhesión en las próximas semanas para luego circular en todos aquellos medios informativos que se hagan eco de ella, y será propuesta a la comisión de derechos humanos en Ginebra.

Somos conscientes de que, tras 60 años en el poder, el régimen vigente en Cuba ha tejido una vasta red de compromisos y apoyos a nivel internacional, en virtud de una ideología totalitaria. Pero no podemos permanecer impasibles ante el abuso de todo un Estado contra creadores cuyo único “pecado” ha sido pensar con cabeza propia y crear en consecuencia, en un país cuyas instituciones y leyes responden prioritariamente a los intereses del Partido Comunista y sus dirigentes.

Bogotá, Colombia. 30 de abril de 2018

Firmas en Bogotá (30 de abril de 2018):

Ángel Santiesteban-Prats (escritor, Cuba)
Armando de Armas (escritor, Cuba)
Armando Añel (escritor y editor, Cuba)
Faisel Iglesias (escritor, Cuba)
Luis Pérez de Castro (escritor, Cuba)
Rafael Vilches Proenza (escritor, Cuba)

Firmas alrededor del mundo (en progresión):

Aldito Menéndez (artista plástico, Cuba)
Alberto Lauro (escritor, Cuba)
Amir Valle (escritor, Cuba)
Ana María Valenzuela (escritora, Cuba)
Andrés Barca Díaz (fotógrafo y escritor, Cuba)
Ariel Aboal (fotógrafo y escritor, Cuba)
Arístides Pumariega (artista plástico, Cuba)
Armando Chaguaceda (historiador y ensayista)
Alejandro González Acosta (escritor, Cuba)
Armando León Viera (escritor y periodista, Cuba)
Alejandro Querejeta Barceló (escritor, Cuba)
Baltasar Santiago Martín (escritor, Cuba)
Carlos Alberto Dueñas (escritor, Cuba)
Carlos Alberto Montaner (escritor y periodista, Cuba)
Carlos Barrunto (escritor, Cuba)
Carlos Michel Fuentes (escritor y dibujante, Cuba)
Carmen Morales Ramírez (escritora, Cuba)
Daniel Carrazana (teatrista, Cuba)
Daniel Morales (escritor, Cuba)
Delio Regueral (fotógrafo, Cuba)
Denis Fortún (escritor, Cuba)
Francisco Alemán de las Casas (escritor, Cuba)
Jacovo Machover (escritor, Cuba)
Javier Iglesias (escritor y guionista, Cuba)
Joaquín Gálvez (escritor, Cuba)
Jorge Olivera Castillo (escritor y periodista, Cuba)
Jorge Sanguinetty (escritor y economista, Cuba)
José Antonio Navarrete (curador y editor, Cuba)
José Hugo Fernández (escritor, Cuba)
José M. Fernández Pequeño (escritor, Cuba)
Josep Rodríguez (escritor, Cuba)
Juan de Jesús Gutiérrez (artista plástico, Cuba)
Irasema Otero (cineasta, Cuba)
Isbel González (escritor y diseñador, Cuba)
Lilianne Ruiz (periodista y promotora, Cuba)
Lilo Vilaplana (cineasta, Cuba)
Luis de la Paz (escritor y periodista, Cuba)
Luis Felipe Rojas (escritor y periodista, Cuba)
Luis González (escritor, Cuba)
Luis Leonel León (editor y periodista, Cuba)
Mairym Cruz Bernal (escritora, Puerto Rico)
Mamela Fiallo (periodista y traductora, Ecuador)
Manuel Alberto Morejón (periodista, Cuba)
Manuel Díaz Martínez (escritor, Cuba)
Manuel Gayol Mecías (escritor y editor, Cuba)
Manuel Vázquez Portal (escritor, Cuba)
María del Carmen Ares Marrero (dramaturga, Cuba)
María Elena Faguagua (escritora y académica, Cuba)
María Eugenia Caseiro (escritora, Cuba)
Marlene Azor (académica, Cuba)
Massiel Rubio (escritora y actriz, Cuba)
Mayda Anias Martínez (escritora, Cuba)
Mayra del Carmen Hernández (editora, Cuba)
Mercedes Eleine Gonzalez (editora, Cuba)
Michel G. Nuñez (fotógrafo, Cuba)
Nereyda González (académica, Cuba)
Nonardo Perea (escritor y artista audiovisual, Cuba)
Norge Sánchez (escritor, Cuba)
Odette Alonso (escritora, Cuba)
Orlando Luis Pardo (escritor, Cuba)
Pedro Junco López (escritor, Cuba)
Rafael Almanza (escritor, Cuba)
Ramón Fernández Larrea (escritor, Cuba)
Rebeca Ulloa (escritora y promotora, Cuba)
Regina Coyula (historiadora y periodista, Cuba)
Tony Joaquín (escritor y guionista, Cuba)
Verónica Vega (escritora, Cuba)
Waldo González López (escritor, Cuba)
Yoaxis Marcheco (escritora y promotora, Cuba)

La ronda

Hoy, hurgando en la obra de Manuel de Zequeira y Arango (La Habana, 1764-1846), a quien le correspondió en suerte abrirle camino a la poesía cubana, releí su poema “La ronda”, que tengo por el pioner texto surrealista escrito en la isla. Y reparé que el día 15 del presente enero se cumplieron 210 años de la noche –la del 15 de enero de 1808– en la que, según Zequeira, ocurrió la pesadilla que describen las 26 perturbadoras décimas de su poema.

Verificada la noche del 15 de enero de 1808

Yo aquel subdito obediente
Que en grado superlativo,
Soy militar á lo vivo
Y esqueleto á lo viviente:
Yo aquel átomo paciente
Que de nada se lamenta,
Describiré la tormenta
Que con suerte muy contraria,
Yendo de ronda ordinaria
Sufrí en noche turbulenta.

A las tres de la mañana
Con viento septentrional
Salí desde el principal
A correr mi tramontana:
Un farol como campana
Conducia un granadero,
Y con el soplo severo
Que el norte consigo atrajo,
Andaban como badajo,
El farol y el farolero.

Con un silencio profundo
Como si nadie viviera,
Seguimos nuestra carrera
Como almas del otro mundo:
En el tiempo de un segundo
Llegamos á la Machina
Y al mirarnos de bolina
La centinela primera,
Dudando que cosa fuera,
Ni aun á hablar se determina.

No obstante, como concibe
Que todos ibamos muertos,
Con trémulos desaciertos
Gritando nos dá el quien vive:
De esta suerte nos recibe
La guardia llena de espanto,
Y sospechando entretanto
De mi vital subsistencia,
Para afirmar mi existencia
Tuve que implorar á un Santo.

Despues que entregué el marron,
Vi sirviendo de tintero
Un casco como mortero,
Y por pluma habia un cañon:
Al firmar, sin dilacion
Mi pluma luego se excita,
Y en la espesura infinita
Que el cañon tenia en su talla,
Una rígida metralla
En vez de tinta vomita.

Así que dejé el borron
De mi forma con gran gala,
Salí de allí como bala
Despedida de cañon:
Con tal precipitación
La luz del farol se apura,
De suerte que en tal tristura
Llegué en un decir Jesus
Hasta el muelle de la Luz
Por teórica congetura.

Al verme de esta manera
Envié luego á la ordenanza
Que encendiera sin tardanza
El farol y que volviera:
Con angustia tan severa
Hallándome solitario
Sin luz, me fué necesario
En esta lúgubre escena,
Como alma que estaba en pena,
Rezar el Santo Rosario.

Quiso Dios que sin tardanza
La ordenanza fué y volvió,
Y así se me recibió
Con arreglo á la Ordenanza:
No obstante, con desconfianza
El cabo el Santo pedia,
Y como mi fantasía
Rezaba llena de espanto
Por poco en lugar del Santo
Le soplo una letanía.

Desde aquí salí al instante
Con un impulso violento,
Llevando con tanto viento
Los honores de volante:
Cual difunto militante
A Paula llegué entretanto,
Y el cabo lleno de espanto
Sin mirar á mi respeto,
Quiso viéndome esqueleto
Soplarme en el Campo-Santo.

Viendo yo la tiranía
De estos impulsos atroces,
Procuré con muchas voces
Afirmarle que vivia:
Que era Ronda le decia
Por templar sus desaciertos,
Y él con los ojos abiertos
Siguió tal su trapisonda,
Que por poco vá la ronda
A parar entre los muertos.

Luego fui hasta la garita
Que de San José se nombra,
Que teniéndome por sombra
La centinela me grita:
El cabo se precipita
A saber quien era yo,
Y así que me recibió
Dejé allí la firma mía,
Que no la conocería
La pluma que la parió.

Salí desde aqui ligero
Con angustia muy crecida
Y para abreviar mi vida
Fui á parar al matadero:
Aquí me encontré un tintero
Rebozando en masacote,
Y allí empuñando un garrote
Que en vez de pluma encontré,
Sobre una tabla dejé
En cada letra un palote.

Con un triste desvarío
Fui siguiendo mi aventura,
Y sin tener calentura
Me iba muriendo de frio;
En este momento impío
Me acometieron traviesos
Dos mastines con excesos;
Pero por fin me dejaron
Porque sus dientes no hallaron
Ninguna carne en mis huesos.

Sufriendo un continuo yelo,
Mi carrera continué,
Y tanto que tropecé
Con un hueso, y caí al suelo:
La ordenanza con anhelo
Por ampararme se humilla,
Pues anduvo tan sencilla,
Tan ciega y tan torpe aquí,
Que por levantarme á mí
Va y levanta una canilla.

¿Qué no ves escomulgado,
Le dije muy aflijido,
Que me has dejado tendido
Sin saber lo que has alzado?
Entonces muy consternado
Me dijo: señor, confieso
Que anduve ignorante en eso,
Pero yo por no engañarme,
Siempre procuro inclinarme
Al mas grande aunque sea un hueso.

Mas ardido que una brasa
Con esta contestacion,
Camino sin dilacion
Hasta dar en la Tenaza:
De aquí mi espíritu pasa
A Puerta-Nueva de un salto,
Y con tanto sobresalto
La centinela me vió,
Que á un mismo tiempo me echó
¿Quién vive? ¿Qué gente? Haga alto.

Desde este puesto salí
Y fui á la Puerta de Tierra,
En cuyo lugar se encierra
Lo mejor que yo advertí:
Un capitan hallo aquí
Que extrangero parecia,
Y fué tal la algaravia
De su rara explicacion,
Que por pedirme el marron
El macarron me pedia.

Sufriendo un norte extremado
Tan airado continué,
De manera que llegué
A la Pólvora volado:
Salí al punto y alterado
Un perro con mil porfías
Se avanza á las barbas mias,
Pero yo con fieros modos
Con mis huesos y mis codos
Logré darle mil sangrías.

Pero lo que mas alabo
De tanta desdicha junta,
Es que en llegando á la Punta
De verme se asombra el cabo:
Despues de esto luego trabo
Con el oficial porfías,
Y él al ver las ansias mias,
Oyendo tocar campanas,
Me dice con voces llanas:
¿Son por tí esas agonías?

Hijo de tal, que malos
Crueles fines me deseas,
Le dije, ántes que tal veas,
Muera el pronóstico á palos:
Así premio los regalos
Con que me quiso obsequiar,
Y por no darle lugar
Al juicio que estaba haciendo,
Me fui al instante temiendo
No me mandase enterrar.

Siendo del viento juguete
Sin hallar en nada alivio,
Tuve que volverme anfibio
Para arribar al Boquete:
Por un pantano se mete
La ordenanza que me guia,
Que igualmente le seguia
A modo de gusarapo,
Y el soldado como sapo,
Fieros soplos despedia.

De esta suerte continuaba
Pensando yo no sé en qué
Y por no mentir diré
Que pienso que ni aun pensaba:
Tan extenuado me hallaba,
Tan triste y tan macilento
Con aquel frio y el viento,
Fué tal mi debilidad
Que me hallé sin voluntad,
Memoria, ni entendimiento.

Llegué á la Contaduría
Casi perdido el aliento
Donde me salió el sargento
A saber que me afligia:
Una triste alferecía
Le dije, tengo á mi lado,
Ha ocho años y asombrado,
No sé si entono de chanza;
Me preguntó en confianza,
¿Es usted beneficiado?

Sargento, señor bufon,
Repliqué con amargura,
Por desgracia ó por ventura
¿Tengo cara de capon?
Al concluir la expresion,
Salir quise cual saeta,
Cuando un soldado con treta
Asiéndome por detrás,
Ea, dice á los demas,
¿De quién es esta baqueta?

Repetirle gritos muchos
Fué mi confusa respuesta,
Que sinó, á la hora de esta,
Me hallo atacando cartuchos:
La ordenanza y yo muy luchos.
Volvimos al Principal,
Y aquel señor oficial,
Que era un joven mata-siete;
Quiso mandarme al gabinete
De la historia natural.

Estas son de mis desdichas
Las noticias y eficacias,
Que siempre serán desgracias,
Por ser de mis labios dichas:
Basten ya las susodichas
Fatigas de mi quimera,
Cese mi pluma grosera
En su tan cansado estilo,
Dejando pendiente el hilo
Al filo de otra tijera.

MANUEL DE ZEQUEIRA Y ARANGO

Texto tomado de la edición original.

Camus

Camus

Albert Camus

El pasado jueves 4 se cumplieron 57 años de la muerte de Albert Camus, ocurrida en un accidente de carretera, precisamente la muerte que él consideraba más estúpida. Llegué a París 48 horas más tarde, el Día de Reyes de 1960, cuando lo estaban sepultando. Mi pesar fue doble: en mi agenda de trabajo constaba el compromiso de entrevistarlo para el periódico cubano NOTICIAS DE HOY. Recordemos al gran Camus en esta fecha leyendo un breve poema suyo, sin título ni compasión:

“Le diré un gran secreto, querido:
no espere el juicio final,
él se realiza todos los días.”