El tardío fin del siglo XX

Slavoj Zizek

(EL MUNDO, España, 30/11/2016) Todos recordamos la escena clásica de dibujos animados: un gato camina sobre el precipicio y mágicamente sigue adelante, flotando en el aire; se cae sólo cuando mira hacia abajo y se da cuenta de que no hay suelo bajo sus pies… De la misma forma puede decirse que, en las últimas décadas, el socialismo cubano continuó viviendo sólo porque aún no se había dado cuenta de que ya estaba muerto. Soy crítico con Cuba no porque sea anticomunista sino porque sigo siendo comunista.
Está claro que Fidel Castro era diferente del tipo habitual de dirigente comunista y que la propia Revolución cubana era algo único. Su especificidad se interpreta mejor mediante la dualidad de Fidel y el Che Guevara: Fidel, el líder de verdad, la autoridad suprema del Estado, frente al Che, el eterno rebelde revolucionario que no podía resignarse simplemente a gobernar un Estado. ¿No es esto algo así como una URSS en la que Trotsky no hubiera sido rechazado como el architraidor? Imagínese que, a mediados de los años 20, Trotsky hubiera emigrado y renunciado a la ciudadanía soviética con el fin de alentar la revolución permanente en todo el mundo y que entonces hubiera muerto poco después, y que al poco de su muerte Stalin lo hubiera elevado al culto y que monumentos que conmemoraran su amistad proliferasen por toda la URSS…
Uno acaba por cansarse de las historias contradictorias del fracaso económico y del desprecio de los derechos humanos en Cuba, así como de la dualidad de la educación y la asistencia sanitaria constantemente evocada por los amigos de la Revolución. Uno se cansa incluso de la verdaderamente inconmensurable historia de cómo un pequeño país puede plantar cara a la mayor superpotencia (con la ayuda de la otra superpotencia, cierto). Lo realmente triste de la Cuba de hoy es una circunstancia claramente representada por las novelas del policía Mario Conde, de Leonardo Padura, ambientadas en La Habana de hoy: la atmósfera no es tanto de pobreza y opresión como de oportunidades perdidas, de vivir en un lugar del mundo al margen, en gran medida, de los enormes cambios económicos y sociales de las últimas décadas.
Todas estas historias no cambian el triste hecho de que la Revolución cubana no produjo un modelo social que tuviera algo que ver con el definitivo futuro comunista. Cuando visité Cuba hace una década, la gente de allí me mostraba con orgullo casas en ruina como prueba de su fidelidad al hecho revolucionario: «¡Mira, todo se está cayendo a pedazos, vivimos en la pobreza, pero estamos dispuestos a soportarlo antes que traicionar a la Revolución!». Cuando las propias renuncias se experimentan como prueba de autenticidad, tenemos lo que en psicoanálisis se llama la lógica de la castración. Toda la identidad político-ideológica cubana descansa en la fidelidad a la castración; no es de extrañar que el líder se llamara Fidel Castro.
La imagen de Cuba que se obtiene de alguien como Pedro Juan Gutiérrez (en su Trilogía sucia de La Habana) es reveladora: la realidad común de Cuba es la verdad de lo sublime revolucionario: la vida cotidiana de lucha por la supervivencia, desde la huida hasta las relaciones sexuales promiscuas violentas, de aprovechar el día sin ningún tipo de proyectos orientados al futuro. En un extenso discurso público, allá por agosto de 2009, Raúl Castro arremetió contra aquellos que simplemente gritan “¡Muerte al imperialismo estadounidense! ¡Viva la Revolución!” en lugar de comprometerse en un trabajo difícil y paciente. Toda la culpa de la miseria cubana (una tierra fértil que importa el 80% de sus alimentos) no se puede achacar al embargo de los Estados Unidos: hay gente ociosa por un lado, tierras vacías por otro, y no hay más que empezar a trabajar los campos… Si bien todo esto es obviamente cierto, Raúl Castro se olvidó, sin embargo, de incluirse a sí mismo en la imagen que estaba describiendo: si nadie trabaja en el campo, es evidente que no es porque sean unos vagos sino porque el sistema de dirección estatal de la economía no es capaz de ponerlos a trabajar. En lugar de arremeter contra el pueblo llano, Raúl Castro debería haber aplicado el viejo lema estalinista según el cual el motor del progreso en el socialismo es la autocrítica y ejercer una crítica radical del sistema que él y Fidel personifican. Aquí, una vez más, el mal está en la mirada sumamente crítica que percibe el mal por todas partes…
Entonces, ¿qué pasa con los izquierdistas pro-castristas occidentales, que desprecian a los que los propios cubanos llaman gusanos, los que emigraron? ¿Pero, con toda solidaridad hacia la Revolución cubana, qué derecho tiene un típico izquierdista occidental de clase media a despreciar a un cubano que decidió abandonar Cuba no sólo por el desencanto político sino también por culpa de la pobreza? En el mismo sentido, yo recuerdo a principios de los 90 a docenas de izquierdistas occidentales que con arrogancia me lanzaban a la cara cómo, para ellos, Yugoslavia todavía existía y que me reprochaban que traicionara la irrepetible oportunidad de mantenerla viva, a lo que yo siempre respondía que no estaba dispuesto, sin embargo, a conducirme en mi vida de una manera que no decepcionase los sueños de los izquierdistas occidentales. Gilles Deleuze escribió en alguna parte: “Si vous êtes pris dans le rêve de l’autre, vous êtez foutus”. Los cubanos han pagado el precio de estar atrapados en los sueños de otro.
Las aperturas graduales de la economía cubana al mercado son compromisos que no resuelven el punto muerto sino que tan sólo prolongan la inercia predominante. Después de la inminente caída del chavismo en Venezuela, Cuba tiene tres opciones: continuar vegetando en una mezcla de régimen del Partido Comunista y concesiones pragmáticas al mercado; abrazar de manera plena el modelo chino (capitalismo salvaje con gobierno del partido), o simplemente abandonar el socialismo y, de este modo, admitir la derrota total de la Revolución. Pase lo que pase, la perspectiva más triste es que, bajo la bandera de la democratización, se perderán todos los pequeños pero importantes logros de la Revolución, de la asistencia sanitaria a la educación, y los cubanos que escaparon a EEUU van a imponer una violenta reprivatización. Existe una pequeña esperanza de que se impida este retroceso extremo y se negocie un compromiso razonable.
¿Cuál es entonces el resultado de la Revolución cubana en su conjunto? Lo que me viene a la mente es lo que le sucedió a Arthur Miller en el Malecón de La Habana, donde dos chicos sentados en un banco cerca de él, manifiestamente pobres y necesitados de un afeitado, estaban enfrascados en una intensa discusión. Un taxi se detuvo al poco en la acera frente a ellos y de él salió una hermosa joven con dos bolsas de papel de estraza llenas de comestibles. La joven hacía malabarismos con las bolsas para abrir el monedero al mismo tiempo y un tulipán estaba oscilando peligrosamente en un tris de rompérsele el tallo. Uno de los hombres se levantó y le cogió una de las bolsas para sostenérsela mientras que el otro se le unió para sujetarle la otra bolsa, y Miller se preguntó si no estarían a punto de apoderarse de las bolsas y echar a correr. Nada de eso ocurrió; en su lugar, uno de ellos sostuvo delicadamente el tallo del tulipán entre su índice y su pulgar hasta que la joven pudo sujetar las bolsas con seguridad en sus brazos; ella les dio las gracias con una cierta dignidad formal y se alejó.
Éste es el comentario de Miller: “No estoy seguro de por qué, pero esta transacción me pareció digna de mención. No se trataba sólo de la galantería de estos hombres pobres de solemnidad, que era impresionante, sino de que la mujer parecía que se la tomaba como algo natural y en modo alguno extraordinario. Ni que decir tiene que no les ofreció ninguna propina, y tampoco ellos parece que esperasen ninguna, a pesar de la relativa riqueza de ella en comparación.
Después de haber protestado durante años por el encarcelamiento y el silenciamiento de escritores y disidentes por el Gobierno, me preguntaba si, a pesar de todo, incluso del fracaso económico del sistema, se había creado una corriente alentadora de solidaridad humana, posiblemente a espaldas de la simetría relativa de la pobreza y de la uniforme futilidad inherente al sistema, de la que pocos eran capaces de sacar cabeza a menos que escaparan navegando” (Arthur Miller, A visit with Castro, The Nation, 12 de enero de 2004).
Es en este nivel más elemental en el que se decidirá nuestro futuro; eso que el capitalismo global es incapaz de generar es precisamente esa clase de «corriente alentadora de solidaridad humana». Así pues, para concluir con el espíritu de que mortuis nihil nisi bonum [de los muertos nada (debe decirse), salvo lo bueno], esta escena en el Malecón es quizás lo más bonito que soy capaz de recordar de Castro.
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Slavoj Zizek, filósofo y crítico cultural, es profesor en la European Graduate School, director internacional del Birkbeck Institute for the Humanities (Universidad de Londres) e investigador senior en el Instituto de Sociología de la Universidad de Liubliana. Su última obra es Menos que nada. Hegel y la sombra del materialismo dialéctico (Akal).

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Sobre la literatura

En el artículo de Mario Vargas Llosa publicado hoy en el diario EL PAÍS, dedicado a Amos Oz, leo lo siguiente: “Cuando uno sigue la obra de un escritor como Amos Oz a medida que se va produciendo, se advierte la importancia de que la literatura se alimente de lo que son las preocupaciones y angustias –y también exaltaciones y alegrías, por supuesto– de la gente común, aquella que lee los libros y se reconoce en ellos, y, al mismo tiempo, ellos le permiten tomar distancia con ese mundo y encararlo desde una perspectiva de más alcance y más profunda. Eso es lo que ha sido siempre la gran literatura: una manera mejor de comprender todo aquello que constituye la vida, enriquecer la perspectiva de los hechos más íntimos y personales, y, también, por supuesto, de los colectivos, y la manera más efectiva de reemplazar los estereotipos, prejuicios y lugares comunes por ideas”. No sé de nadie que haya expuesto esta concepción de la literatura con más elocuencia y menos palabras que la periodista bielorrusa Svetlana Alexiévich, también premio Nobel: “La labor del escritor es sacar de la banalidad a la persona”.

DECLARACIÓN DE BOGOTÁ

2013-03-23Los escritores cubanos reunidos en la ciudad de Bogotá, participantes en el Primer Festival Vista de Colombia,

Teniendo en cuenta la situación de acoso, amenazas y persecución en que desarrollan su labor los artistas y escritores de la Isla que no comulgan con la ideología oficial o simplemente trabajan de manera alternativa,

Ante las continuas violaciones a los derechos de asociación y movimiento de los creadores independientes,

Ante el recrudecimiento de las actividades represivas del régimen vigente en la Isla, las cuales incluyen el secuestro de varios creadores en territorio cubano –casos de los escritores y periodistas Victor Manuel Domínguez, Roberto Quiñones Haces, Henry Constantín Ferreiro, Ileana Alvarez y Francis Sánchez, del escritor y activista LGTB Pedro Manuel González Reinoso, de la escritora y músico Lía Villares y del músico Gorki Águila, a quienes se les ha impedido viajar fuera de Cuba en los últimos 12 meses teniendo incluso sus documentos en regla y sus permisos y pasajes de avión ya pagados; y del escritor Ángel Santiesteban, que el 27 de abril pasó 24 horas en un calabozo de La Habana bajo falsas acusaciones de la policía política, que buscaba impedir su asistencia a la edición de este Festival Vista en la Universidad Sergio Arboleda, de Bogotá,

Conociendo, además, que la lista de creadores cubanos secuestrados por la dictadura en los últimos meses es más amplia (los nombres relacionados en esta declaración son solo los más conocidos o aquellos que en su momento han tenido más impacto mediático),

Acordamos:

a) Condenar la escalada represiva contra los escritores y artistas alternativos residentes en Cuba

b) Exigir al régimen cubano que respete el derecho de los escritores y artistas a crear en libertad, de conformidad con la Declaración Universal de los Derechos Humanos

c) Emprender una campaña internacional de denuncia que dificulte a la dictadura la implementación impune de sus violaciones

d) Pedir la solidaridad, en forma de firmas, de todos aquellos escritores y artistas cubanos, y de otros países, capaces de sensibilizarse con sus colegas retenidos por la fuerza en la Isla

La presente declaración continuará acumulando firmas de adhesión en las próximas semanas para luego circular en todos aquellos medios informativos que se hagan eco de ella, y será propuesta a la comisión de derechos humanos en Ginebra.

Somos conscientes de que, tras 60 años en el poder, el régimen vigente en Cuba ha tejido una vasta red de compromisos y apoyos a nivel internacional, en virtud de una ideología totalitaria. Pero no podemos permanecer impasibles ante el abuso de todo un Estado contra creadores cuyo único “pecado” ha sido pensar con cabeza propia y crear en consecuencia, en un país cuyas instituciones y leyes responden prioritariamente a los intereses del Partido Comunista y sus dirigentes.

Bogotá, Colombia. 30 de abril de 2018

Firmas en Bogotá (30 de abril de 2018):

Ángel Santiesteban-Prats (escritor, Cuba)
Armando de Armas (escritor, Cuba)
Armando Añel (escritor y editor, Cuba)
Faisel Iglesias (escritor, Cuba)
Luis Pérez de Castro (escritor, Cuba)
Rafael Vilches Proenza (escritor, Cuba)

Firmas alrededor del mundo (en progresión):

Aldito Menéndez (artista plástico, Cuba)
Alberto Lauro (escritor, Cuba)
Amir Valle (escritor, Cuba)
Ana María Valenzuela (escritora, Cuba)
Andrés Barca Díaz (fotógrafo y escritor, Cuba)
Ariel Aboal (fotógrafo y escritor, Cuba)
Arístides Pumariega (artista plástico, Cuba)
Armando Chaguaceda (historiador y ensayista)
Alejandro González Acosta (escritor, Cuba)
Armando León Viera (escritor y periodista, Cuba)
Alejandro Querejeta Barceló (escritor, Cuba)
Baltasar Santiago Martín (escritor, Cuba)
Carlos Alberto Dueñas (escritor, Cuba)
Carlos Alberto Montaner (escritor y periodista, Cuba)
Carlos Barrunto (escritor, Cuba)
Carlos Michel Fuentes (escritor y dibujante, Cuba)
Carmen Morales Ramírez (escritora, Cuba)
Daniel Carrazana (teatrista, Cuba)
Daniel Morales (escritor, Cuba)
Delio Regueral (fotógrafo, Cuba)
Denis Fortún (escritor, Cuba)
Francisco Alemán de las Casas (escritor, Cuba)
Jacovo Machover (escritor, Cuba)
Javier Iglesias (escritor y guionista, Cuba)
Joaquín Gálvez (escritor, Cuba)
Jorge Olivera Castillo (escritor y periodista, Cuba)
Jorge Sanguinetty (escritor y economista, Cuba)
José Antonio Navarrete (curador y editor, Cuba)
José Hugo Fernández (escritor, Cuba)
José M. Fernández Pequeño (escritor, Cuba)
Josep Rodríguez (escritor, Cuba)
Juan de Jesús Gutiérrez (artista plástico, Cuba)
Irasema Otero (cineasta, Cuba)
Isbel González (escritor y diseñador, Cuba)
Lilianne Ruiz (periodista y promotora, Cuba)
Lilo Vilaplana (cineasta, Cuba)
Luis de la Paz (escritor y periodista, Cuba)
Luis Felipe Rojas (escritor y periodista, Cuba)
Luis González (escritor, Cuba)
Luis Leonel León (editor y periodista, Cuba)
Mairym Cruz Bernal (escritora, Puerto Rico)
Mamela Fiallo (periodista y traductora, Ecuador)
Manuel Alberto Morejón (periodista, Cuba)
Manuel Díaz Martínez (escritor, Cuba)
Manuel Gayol Mecías (escritor y editor, Cuba)
Manuel Vázquez Portal (escritor, Cuba)
María del Carmen Ares Marrero (dramaturga, Cuba)
María Elena Faguagua (escritora y académica, Cuba)
María Eugenia Caseiro (escritora, Cuba)
Marlene Azor (académica, Cuba)
Massiel Rubio (escritora y actriz, Cuba)
Mayda Anias Martínez (escritora, Cuba)
Mayra del Carmen Hernández (editora, Cuba)
Mercedes Eleine Gonzalez (editora, Cuba)
Michel G. Nuñez (fotógrafo, Cuba)
Nereyda González (académica, Cuba)
Nonardo Perea (escritor y artista audiovisual, Cuba)
Norge Sánchez (escritor, Cuba)
Odette Alonso (escritora, Cuba)
Orlando Luis Pardo (escritor, Cuba)
Pedro Junco López (escritor, Cuba)
Rafael Almanza (escritor, Cuba)
Ramón Fernández Larrea (escritor, Cuba)
Rebeca Ulloa (escritora y promotora, Cuba)
Regina Coyula (historiadora y periodista, Cuba)
Tony Joaquín (escritor y guionista, Cuba)
Verónica Vega (escritora, Cuba)
Waldo González López (escritor, Cuba)
Yoaxis Marcheco (escritora y promotora, Cuba)

La ronda

Hoy, hurgando en la obra de Manuel de Zequeira y Arango (La Habana, 1764-1846), a quien le correspondió en suerte abrirle camino a la poesía cubana, releí su poema “La ronda”, que tengo por el pioner texto surrealista escrito en la isla. Y reparé que el día 15 del presente enero se cumplieron 210 años de la noche –la del 15 de enero de 1808– en la que, según Zequeira, ocurrió la pesadilla que describen las 26 perturbadoras décimas de su poema.

Verificada la noche del 15 de enero de 1808

Yo aquel subdito obediente
Que en grado superlativo,
Soy militar á lo vivo
Y esqueleto á lo viviente:
Yo aquel átomo paciente
Que de nada se lamenta,
Describiré la tormenta
Que con suerte muy contraria,
Yendo de ronda ordinaria
Sufrí en noche turbulenta.

A las tres de la mañana
Con viento septentrional
Salí desde el principal
A correr mi tramontana:
Un farol como campana
Conducia un granadero,
Y con el soplo severo
Que el norte consigo atrajo,
Andaban como badajo,
El farol y el farolero.

Con un silencio profundo
Como si nadie viviera,
Seguimos nuestra carrera
Como almas del otro mundo:
En el tiempo de un segundo
Llegamos á la Machina
Y al mirarnos de bolina
La centinela primera,
Dudando que cosa fuera,
Ni aun á hablar se determina.

No obstante, como concibe
Que todos ibamos muertos,
Con trémulos desaciertos
Gritando nos dá el quien vive:
De esta suerte nos recibe
La guardia llena de espanto,
Y sospechando entretanto
De mi vital subsistencia,
Para afirmar mi existencia
Tuve que implorar á un Santo.

Despues que entregué el marron,
Vi sirviendo de tintero
Un casco como mortero,
Y por pluma habia un cañon:
Al firmar, sin dilacion
Mi pluma luego se excita,
Y en la espesura infinita
Que el cañon tenia en su talla,
Una rígida metralla
En vez de tinta vomita.

Así que dejé el borron
De mi forma con gran gala,
Salí de allí como bala
Despedida de cañon:
Con tal precipitación
La luz del farol se apura,
De suerte que en tal tristura
Llegué en un decir Jesus
Hasta el muelle de la Luz
Por teórica congetura.

Al verme de esta manera
Envié luego á la ordenanza
Que encendiera sin tardanza
El farol y que volviera:
Con angustia tan severa
Hallándome solitario
Sin luz, me fué necesario
En esta lúgubre escena,
Como alma que estaba en pena,
Rezar el Santo Rosario.

Quiso Dios que sin tardanza
La ordenanza fué y volvió,
Y así se me recibió
Con arreglo á la Ordenanza:
No obstante, con desconfianza
El cabo el Santo pedia,
Y como mi fantasía
Rezaba llena de espanto
Por poco en lugar del Santo
Le soplo una letanía.

Desde aquí salí al instante
Con un impulso violento,
Llevando con tanto viento
Los honores de volante:
Cual difunto militante
A Paula llegué entretanto,
Y el cabo lleno de espanto
Sin mirar á mi respeto,
Quiso viéndome esqueleto
Soplarme en el Campo-Santo.

Viendo yo la tiranía
De estos impulsos atroces,
Procuré con muchas voces
Afirmarle que vivia:
Que era Ronda le decia
Por templar sus desaciertos,
Y él con los ojos abiertos
Siguió tal su trapisonda,
Que por poco vá la ronda
A parar entre los muertos.

Luego fui hasta la garita
Que de San José se nombra,
Que teniéndome por sombra
La centinela me grita:
El cabo se precipita
A saber quien era yo,
Y así que me recibió
Dejé allí la firma mía,
Que no la conocería
La pluma que la parió.

Salí desde aqui ligero
Con angustia muy crecida
Y para abreviar mi vida
Fui á parar al matadero:
Aquí me encontré un tintero
Rebozando en masacote,
Y allí empuñando un garrote
Que en vez de pluma encontré,
Sobre una tabla dejé
En cada letra un palote.

Con un triste desvarío
Fui siguiendo mi aventura,
Y sin tener calentura
Me iba muriendo de frio;
En este momento impío
Me acometieron traviesos
Dos mastines con excesos;
Pero por fin me dejaron
Porque sus dientes no hallaron
Ninguna carne en mis huesos.

Sufriendo un continuo yelo,
Mi carrera continué,
Y tanto que tropecé
Con un hueso, y caí al suelo:
La ordenanza con anhelo
Por ampararme se humilla,
Pues anduvo tan sencilla,
Tan ciega y tan torpe aquí,
Que por levantarme á mí
Va y levanta una canilla.

¿Qué no ves escomulgado,
Le dije muy aflijido,
Que me has dejado tendido
Sin saber lo que has alzado?
Entonces muy consternado
Me dijo: señor, confieso
Que anduve ignorante en eso,
Pero yo por no engañarme,
Siempre procuro inclinarme
Al mas grande aunque sea un hueso.

Mas ardido que una brasa
Con esta contestacion,
Camino sin dilacion
Hasta dar en la Tenaza:
De aquí mi espíritu pasa
A Puerta-Nueva de un salto,
Y con tanto sobresalto
La centinela me vió,
Que á un mismo tiempo me echó
¿Quién vive? ¿Qué gente? Haga alto.

Desde este puesto salí
Y fui á la Puerta de Tierra,
En cuyo lugar se encierra
Lo mejor que yo advertí:
Un capitan hallo aquí
Que extrangero parecia,
Y fué tal la algaravia
De su rara explicacion,
Que por pedirme el marron
El macarron me pedia.

Sufriendo un norte extremado
Tan airado continué,
De manera que llegué
A la Pólvora volado:
Salí al punto y alterado
Un perro con mil porfías
Se avanza á las barbas mias,
Pero yo con fieros modos
Con mis huesos y mis codos
Logré darle mil sangrías.

Pero lo que mas alabo
De tanta desdicha junta,
Es que en llegando á la Punta
De verme se asombra el cabo:
Despues de esto luego trabo
Con el oficial porfías,
Y él al ver las ansias mias,
Oyendo tocar campanas,
Me dice con voces llanas:
¿Son por tí esas agonías?

Hijo de tal, que malos
Crueles fines me deseas,
Le dije, ántes que tal veas,
Muera el pronóstico á palos:
Así premio los regalos
Con que me quiso obsequiar,
Y por no darle lugar
Al juicio que estaba haciendo,
Me fui al instante temiendo
No me mandase enterrar.

Siendo del viento juguete
Sin hallar en nada alivio,
Tuve que volverme anfibio
Para arribar al Boquete:
Por un pantano se mete
La ordenanza que me guia,
Que igualmente le seguia
A modo de gusarapo,
Y el soldado como sapo,
Fieros soplos despedia.

De esta suerte continuaba
Pensando yo no sé en qué
Y por no mentir diré
Que pienso que ni aun pensaba:
Tan extenuado me hallaba,
Tan triste y tan macilento
Con aquel frio y el viento,
Fué tal mi debilidad
Que me hallé sin voluntad,
Memoria, ni entendimiento.

Llegué á la Contaduría
Casi perdido el aliento
Donde me salió el sargento
A saber que me afligia:
Una triste alferecía
Le dije, tengo á mi lado,
Ha ocho años y asombrado,
No sé si entono de chanza;
Me preguntó en confianza,
¿Es usted beneficiado?

Sargento, señor bufon,
Repliqué con amargura,
Por desgracia ó por ventura
¿Tengo cara de capon?
Al concluir la expresion,
Salir quise cual saeta,
Cuando un soldado con treta
Asiéndome por detrás,
Ea, dice á los demas,
¿De quién es esta baqueta?

Repetirle gritos muchos
Fué mi confusa respuesta,
Que sinó, á la hora de esta,
Me hallo atacando cartuchos:
La ordenanza y yo muy luchos.
Volvimos al Principal,
Y aquel señor oficial,
Que era un joven mata-siete;
Quiso mandarme al gabinete
De la historia natural.

Estas son de mis desdichas
Las noticias y eficacias,
Que siempre serán desgracias,
Por ser de mis labios dichas:
Basten ya las susodichas
Fatigas de mi quimera,
Cese mi pluma grosera
En su tan cansado estilo,
Dejando pendiente el hilo
Al filo de otra tijera.

MANUEL DE ZEQUEIRA Y ARANGO

Texto tomado de la edición original.

Camus

Camus

Albert Camus

El pasado jueves 4 se cumplieron 57 años de la muerte de Albert Camus, ocurrida en un accidente de carretera, precisamente la muerte que él consideraba más estúpida. Llegué a París 48 horas más tarde, el Día de Reyes de 1960, cuando lo estaban sepultando. Mi pesar fue doble: en mi agenda de trabajo constaba el compromiso de entrevistarlo para el periódico cubano NOTICIAS DE HOY. Recordemos al gran Camus en esta fecha leyendo un breve poema suyo, sin título ni compasión:

“Le diré un gran secreto, querido:
no espere el juicio final,
él se realiza todos los días.”