Año de Miguel Hernández

MIGUEL HERNÁNDEZ
(Coplas buscando una voz)

En el campo,
a viento y cielo,
el pastorcito de cabras

el sueño trocó
en desvelo
y fue pastor de palabras.

En la cárcel
encerrado,
muriendo de su tristeza,

aquel rayo
vulnerado
se hizo silbo que no cesa,
silbo que no cesa.
que no cesa…

MDM

Antología de textos cubanos sobre Miguel Hernández

Miguel Hernández libro

La Fundación Cultural Miguel Hernández (Orihuela, España) publicó en 2009 el libro PRESENCIA DE MIGUEL HERNÁNDEZ EN CUBA. ANTOLOGÍA DE TEXTOS (1937-2008). La edición y la introducción estuvieron a cargo de Concepción Allende Vasallo y Aitor L. Larrabide. Como se explica en el porólogo, dicho volumen “es uno de los frutos de las I y II Jornadas Hernandianas en Cuba, desarrolladas entre 2007 y 2009 y organizadas por el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), el Ministerio de Asuntos Exteriores español y la Consejería de Cultura de la Embajada de España en Cuba”. Los editores subrayan que seleccionaron “más de cuarenta trabajos sobre el universal poeta oriolano, publicados desde 1937 [fecha del fallecimiento del poeta en una cárcel franquista] hasta 2008, con el propósito de “poner al alcance del lector interesado aquellos artículos representativos del devenir crítico hernandiano en Cuba”. Entre otros, se dan cita en este libro Nicolás Guillén, Alejo Carpentier, Juan Marinello, Enrique Labrador Ruiz, José Antonio Portuondo, Manuel Díaz Martínez, José Forné Farreres, Roberto Fernández Retamar, Víctor Casaus, Ricardo Viñalet, Luis Suardíaz, Tania Cordero, Amado del Pino y Roberto Méndez Martínez. El texto mío incluido en esta antología se titula “Entre la vida y la poesía (Notas sobre Miguel Hernández” y fue publicado en LA GACETA DE CUBA (La Habana, Nº 77, 1969).

Etcétera

George Orwell dice en su ensayo sobre Dickens: “La mayoría de los revolucionarios son conservadores en potencia, pues creen que todo puede solucionarse cambiando la forma de la sociedad, y una vez realizado ese cambio, como ocurre a veces, no les parece necesario ninguno más.” ¡He aquí una verdad fatídica expuesta con aplomo! La primera víctima de los revolucionarios victoriosos es la dialéctica. Los bolcheviques decretaron la Gloria Eterna para su régimen. Hitler mostró un destello de modestia al prescribir para el suyo un milenio de vida. Por ejemplo.

Lezama

El pasado día 9 se cumplieron 40 años de la muerte de José Lezama Lima. Para recordar al maestro, reproduzco una respuesta mía en la entrevista que Luis Manuel García Méndez me hizo en septiembre de 2011 para el periódico digital CUBAENCUENTRO.

“MDM: Conocí a Lezama en la década de los 50, en una emisora de radio situada en los bajos del Centro Gallego [La Habana], de la que él era asesor jurídico o algo así. Fue Branly quien me lo presentó. Pero mi amistad con el Gordo empezó cuando, al comienzo de la revolución, me invitó a su casa para explicarme, a propósito de unos comentarios inicuos que le propinamos Baragaño, Heberto Padilla y yo, que él tuvo un puesto en Bellas Artes en tiempos de Batista pero que nunca fue batistiano. Me convenció y le tomé afecto. Me sentí culpable ante los temores y la humildad de aquel hombre excepcional, obeso, asmático, pobre y que me doblaba la edad. Me reprocho muchas de las cosas que he hecho y una de ellas es haber atacado a Lezama, aunque si no hubiese sido por esa estupidez quizás no habría existido la amistad que hubo entre él y yo, una amistad que se estrechó cuando trabajamos juntos en el Instituto de Literatura y Lingüística de la Academia de Ciencias. Recuerdo que en esa época raro era el mes en que yo no le prestara dinero o me lo prestara él a mí para llegar al siguiente sueldo. Lezama estaba tan seguro de su valía intelectual, que jugaba con la posibilidad de que en algún momento tocara a su puerta “el viejito de Suecia”, y pienso que el hecho de estar convencido de la importancia de su obra lo salvó de la arrogancia y la inmodestia, unos excesos que no necesitaba. La lezamamanía, que él conoció cuando esa moda alboreaba, debe de haber sido para él una satisfactoria compensación por el Nobel que, como Borges, se quedó esperando.”

Lezama, yo, otros

[Foto: De izquierda a derecha: Manuel Díaz Martínez, Roberto Branly, César López, José Lezama Lima, Armando Álvarez Bravo, Fayad Jamís y Onelio Jorge Cardoso. La Habana, 1966, año en que se publicó PARADISO.]

A 50 años de “Paradiso”

PARADISO portada

Luis Cino Álvarez,  La Habana.

(CUBANET, 11/8/2016) No hay dudas de que la novela Paradiso, de José Lezama Lima, es la gran catedral de la literatura cubana. No obstante, muchos de los que presumen de haberla leído, lo más probable es que no hayan pasado más allá del capítulo VIII, aquel de las andanzas eróticas de Farraluque que tanto dio de qué hablar.

Fue precisamente aquel capítulo, con su homoerotismo, el que en 1966, cuando se publicó Paradiso, escandalizó a los comisarios culturales del castrismo, siempre con muy elevados niveles de moralina y machismo. El libro, calificado de hermético, pornográfico y otras cosas peores, fue proscrito, y no se volvería a reeditar hasta 25 años después. Su autor permanecería relegado hasta su muerte, el 9 de agosto de 1976.

Mediocres hacedores de “políticas culturales” condenaron al ostracismo a Lezama por los pecados de ser burgués, católico, incompatible con los códigos morales del castrismo-machismo-leninismo y políticamente poco confiable, particularmente después que formó parte del jurado que concedió en 1968 el Premio UNEAC al poemario Fuera del juego, de Heberto Padilla.

En aquellos días, Lezama escribía a su hermana Eloísa, en cartas que están entre los más patéticos testimonios de las secuelas del castrismo en el alma: “Vivo en la ruina y la desesperación”.

En aquellas cartas que durante 15 años escribió el genio de la calle Trocadero a su hermana en Miami, lamentaba la desintegración forzosa de su familia, la monotonía enloquecedora, el aislamiento inexorable, el agobio de ignorar la culpa que expiaba.

Luego de la rehabilitación póstuma de la figura de Lezama por la cultura oficial y su conversión en un enigmático escritor de culto sólo para iniciados, nos quieren convencer de que el autor de Paradiso nunca fue un enemigo de la revolución. Para ello, cada vez que se presenta la oportunidad, citan la ambigua invocación de Lezama al Ángel de la Jiribilla y aquel muy usado y abusado mareo teleológico del escritor, todavía deslumbrado por enero de 1959, cuando afirmó que “la Revolución Cubana significa que todos los conjuros negativos han sido decapitados”.

Para estas reinterpretaciones de Lezama, la cultura oficial se ha valido, entre otros, del periodista y escritor Ciro Bianchi, asiduo de la casa de Trocadero y discípulo del curso délfico. En sus artículos en el periódico Juventud Rebelde y en el extenso prólogo de Lezama disperso (Ediciones Unión, 2009), una recopilación de artículos y ensayos de Lezama, Ciro Bianchi ha dicho que Lezama exageraba en cuanto a las vicisitudes que pasaba y ha puesto en duda que las autoridades le hubieran negado de manera continuada e invariable el permiso para viajar al exterior: según él, Lezama no viajó y se condenó a la condición de “peregrino inmóvil para siempre” porque le tenía miedo a los aviones.

A pesar de que Ciro Bianchi llegó a culpar a los escritores de Lunes de Revolución del hostigamiento a Lezama, tuvo un atisbo de sinceridad, aunque sin mencionar nombres, cuando al referir el velorio de Lezama en el tercer piso de la funeraria de Calzada y K, escribió: “También y sin que se separaran un solo momento del féretro, los que fueron brazos ejecutores de la persecución contra Lezama. Algunos de los que asistieron no tenían nada que hacer allí como no fuera cumplir un compromiso oficial y simular, y a veces ni eso, un pesar que estaban muy lejos de sentir”.

En el prólogo de “Lezama disperso”, Ciro Bianchi Ross refiere la batalla campal que se produjo en los portales del Palacio del Segundo Cabo, sede del Instituto del Libro, cuando en 1991 se presentó la segunda edición cubana de Paradiso. La rebatiña de la muchedumbre impidió que la ensayista italiana Alexandra Riccio, el poeta César López y el propio Bianchi hicieran la presentación de la edición de Letras Cubanas de la novela. El libro tuvieron que venderlo a través de los barrotes de una reja. Todo un símbolo.

El revuelo por el libro no era para menos. Cuando se publicó un cuarto de siglo antes, en 1966, la tirada de 5 000 ejemplares se agotó en un abrir y cerrar de ojos. Muchos de los ejemplares fueron recogidos por las autoridades. Presuntamente y como era costumbre, fueron convertidos en pulpa.

Ahora, cuando Paradiso arriba a los 50 años y también se han cumplido 40 de la muerte de su autor, la cultura oficial sigue sacando réditos de Lezama y su obra. Ya se anuncia la próxima realización de un congreso, con la participación de académicos de ocho países, para conmemorar el medio siglo de la publicación de la más monumental de las novelas cubanas. Los anfitriones serán los mismos que en su momento la prohibieron. ¡Si tendrán gandinga! Puedo imaginar al Maestro revolviéndose en su tumba profanada.

Viruta

Cuando Pablo Iglesias era jacobino, decía que la guillotina es un instrumento de y para la democracia. Cuando devino bolchevique, habló de tomar el cielo por asalto y suprimir la prensa privada. Después, ya de chavista, dijo que las expropiaciones son democráticas y que “Cuba es una democracia ejemplar”. Desde hace unos días es socialdemócrata y adora a Zapatero. Estoy esperando que llegue a democristiano o Testigo de Jehová para sentirme menos intranquilo. Perdónenme, pero es que para los exiliados cubanos, y yo soy uno de ellos, la suspicacia es como una mosca cojonera.