Ley de vida

La Generación del 50 cubana va desapareciendo. En diez años, de 2010 a lo que va de 2020, se han despedido de este mundo once de sus miembros, en su mayoría conocidos básicamente como poetas: Francisco de Oraá (en 2010), Luis Marré (en 2013), Mario Martínez Sobrino (en 2016), Nivaria Tejera (en 2016), José Triana (en 2018), Carilda Oliver Labra (en 2018), Rafael Alcides (en 2018), Armando Álvarez Bravo (en 2019), Roberto Fernández Retamar (en 2019), César López (en 2020) y Pedro de Oraá (ayer).

Ezra Pound, la última entrevista

Grazia Livi

Grazia Livi: Ya sé que usted ve a muy poca gente. Todo el mundo habla de Pound como una figura lejana, casi mítica. Yo dudaba al venir a visitarle, me daba un poco de miedo.

Ezra Pound: ¿Miedo? Ya comprendo. Estropeo todo lo que toco. Siempre me he equivocado.

G.L: En el fondo estoy maravillada de que me haya recibido. Y me pregunto, ahora, lo que puede pensar un hombre como usted por la irrupción en su vida privada de personas de los grandes medios de difusión, como la televisión y la prensa.

E.P: ¿Debo responderle con un epigrama?

G.L: Si le parece…

E.P: No, voy a responderle con otra pregunta. ¿Prefiere vivir sola en una habitación o en una cloaca por donde pasen decenas de tuberías?

G.L: Sola en una habitación, naturalmente. ¿Entonces por qué me ha recibido?

E.P: ¡Oh! !Está muy claro!

G.L: ¿Acaso debo creer que le es completamente indiferente responder o no a mis preguntas?

E.P: Mire, toda mi vida creí que sabía algo. Después llegó un día extraño y me di cuenta de que no sabía nada. Y las palabras se han vaciado de sentido.                                                          

G.L: Quizá nuevos elementos se han introducido en la vida del hombre, como una fuerza viva. Me refiero a la mecanización creciente y a su influencia anti-poética y enajenante sobre la humanidad…

E.P: Sí, también. Pero al mismo tiempo creo que todo esto es temporal. Pienso que hay algo de germinal en la humanidad, que le puede hacer sobrevivir la mecanización. En suma, creo que una buena parte de la conciencia humana sobrevivirá, a pesar de todo y será capaz de luchar contra las fuerzas de la inconsciencia.

G.L: ¿Pero con qué medios? ¿El arte? En The spirit of romance escribió “el arte es un fluido que se mueve más allá y por encima de los hombres…”

E.P: ¡Oh, los medios! Yo no sé ya nada. He olvidado hasta el nombre de ese filósofo griego que decía que nada existe, pero que si algo existiese sería incognoscible, y que si se pudiera conocer, no se podría comunicar.

G.L: Tomándole al pie de la letra, ¿el mundo actual no es más que un magma en perdición, para el que no existe ninguna vía de salvación?

E.P: No. No es eso. El mundo contemporáneo no existe. No existe nada que no esté en relación con el pasado y con el futuro. El mundo actual es una fusión, un arco en el tiempo. Pero se lo repito, yo ya no sé nada. He llegado demasiado tarde a la incertidumbre total.

G.L: ¿Es una constatación o una verdad que le hace sufrir?

E.P: Es algo a lo que he llegado por el sufrimiento… Sí, por el sufrimiento.

G.L: Así, pues, si el mundo actual no existe, no existe, por lo tanto un hombre contemporáneo.

E.P: Eso es, no existe un hombre contemporáneo. Existe solamente un hombre que pueda tener una mayor consciencia de los errores.

G.L: Quizá no he comprendido bien, ¿errores u horrores?

E.P: Errores y horrores, ambos. Y los más imbéciles son los que creen que saben algo. Yo, por el contrario, sé que no sé nada…

G.L: Pero cuando usted escribió A Lume Spento, Lustra, cuando estudió a Confucio o durante su trabajo sobre la espléndida elevación de los Cantares, ¿tenía ya esa certeza?

E.P: Oh, sí, sí que la tenía. Efectivamente, y lo vuelvo a repetir, he llegado demasiado tarde a la duda.

G.L: Si hubiera alcanzado antes esta gran duda, ¿cómo hubiera encauzado su vida y obra?

E.P: ¡Hubiera evitado tantos errores! Tenía buenas intenciones que no he sabido realizar. He sido estúpido… La conciencia me llegó demasiado tarde, y demasiado tarde la certeza de no saber nada.

G.L: ¿Qué le ata al mundo desde que ha llegado a la suprema certeza de la incertidumbre?

E.P: Nada me ata a la vida, sencillamente, estoy hundido.

G.L: Y yo que imaginaba que el conocimiento puro, ese don de la vejez, proporcionaba la paz y la belleza.

E.P: Sí, puede aportar la paz. El mundo es supremamente maravilloso. Dios mío, todas estas cosas son puros clichés. ¡Me cansa tanto formular dos frases un poco difíciles!

G.L: Quizá nuestra discusión es un poco abstracta. Me gustaría pedirle que cambiásemos de tema. En Hugh Selwyn Mauberly se leen estos versos: “La época reclamaba un molde de escayola hecho sin pérdida de tiempo, un cine prosaico y, ciertamente, no de alabastro ni rima cincelada” Y también “mi celebridad de poco precio lo que de nuestra vida quedará”. A su edad, usted que ha descubierto tantos talentos nuevos, ¿qué consejo le daría a un joven poeta?, ¿qué cualidad necesita, en primer lugar?

E.P: Es difícil de decir, pero estoy seguro de que un poeta joven debe mantener siempre desvelada su curiosidad. Esto, desde luego, no le convertirá en escritor, pero puede salvarle de la aridez y de cosas peores. Sí, para hacer algo bueno es necesario conservar esta fuerza.

G.L: ¿Puede trabajar todavía, o le posee de tal modo la gran incertidumbre que hace inútil cualquier esfuerzo creador, sea el que fuere?

E.P: No, ya no trabajo… nada hago. Me he convertido en un iletrado y analfabeto. Me sumo a la letargia al comenzar el invierno. Para desgracia mía, no hago más que fomentar la glotonería y la pereza…Sí, me sumo a la letargia y contemplo… He elegido vivir en Italia, en Venecia, por el momento, como si la letargia o la contemplación fueran aquí más dulces que en otros parajes. ¿Por qué razones? Los italianos tienen una vitalidad, una espontaneidad curiosa… Llegué por primera vez a Italia a la edad de doce años, con mi tía, para visitar Venecia. Siempre he deseado regresar a ella. Por el momento aquí estoy. ¡Helo aquí! Esto me parece coherente…

G.L: ¿Pero le apetece viajar, visitar Italia, Europa?

E.P: ¡Ah, no lo sé! En cierto modo el retorno a Europa fue un “choc” para mí. Alguien ha dicho que soy el último poeta americano que vive la tragedia de Europa. Ahora me hablan de Sicilia, me dicen que debiera ir allí. Sí, ¿pero, cómo?

G.L: Me acuerdo que a los doce años recorrí Italia en tren y en automóvil. Hoy podría tomar el avión. ¿Le gustaría?

E.P: ¡El avión! Lo tomé una sola vez, en 1945. De Italia a los Estados Unidos, esposadas las muñecas…

G.L: Habiendo llegado a la incertidumbre total –que acaba de confesar– no veo de qué manera podría interesarle conocer nuevos aspectos de la realidad.

E.P: Así es. Ya no conozco más que mi letargia.

G.L: Recuerdo dos de sus mejores versos: “Tarde, muy tarde te conocí, oh tristeza, durante sesenta años fui de piedra, como la juventud”. ¿Qué hay en su letargia de hoy?, ¿tristeza o simplemente alejamiento, ausencia de pensamiento?

E.P: No pienso. Sólo tengo la certeza de mi gran incertidumbre. Dudo…

G.L: Entonces seguramente se dirá, al mirarme: ¿qué representa este rostro absurdo que pertenece a la realidad y que me hace preguntas como si yo también perteneciera a la realidad? Por lo tanto, le ruego que me excuse, si le he importunado con mis preguntas.

E.P: No, no se excuse. Usted pertenece al cosmos. Participa de su lógica, por esa minúscula parcela de verdad que él posee…Yo, por el contrario, ya no sigo siendo…

G.L: Ya no sigo siendo… ¿qué?

E.P: ¡Ah! No sigo siendo. He perdido el poder de llegar al fondo de mi pensamiento con palabras. Es todo tan difícil, tan inútil…