Respuestas a Priscila Guilayn, corresponsal en España del diario brasileño “O Globo”

1. Es usted una figura importante de la generación de los 50 de Cuba. ¿Cómo la Cultura, en Cuba, se ha visto afectada por el régimen de Fidel Castro?

R. Como todos los regímenes comunistas, el de Castro ha pretendido reducir la cultura a la esfera de la propaganda ideológica, por lo cual hacer arte y literatura bajo este régimen ha sido una agonía. La imposición de un discurso único, con la correspondiente ausencia de libertad de expresión, es el peor escenario para la creación cultural, y éste es el escenario en que la cultura ha sido obligada a sobrevivir en la Cuba de Castro. Pero la experiencia cubana vuelve a demostrarnos que la cultura es un bastión que las tiranías nunca consiguen tomar íntegramente.

2. En 1991 usted ha sido uno de los firmantes de la Carta de los Diez intelectuales que le pedían a Castro la liberación de los presos políticos y una reforma en el régimen. ¿Cuál ha sido la reacción de Castro a esa Carta? ¿Qué ha sufrido usted (y sus demás compañeros firmantes de la misma carta) desde entonces?

R. La respuesta de Castro fue la de un gobernante negado a debatir civilizadamente con sus críticos, sobre todo si son cubanos: nos acusó de colaboración con “el enemigo imperialista”. “Traidores abyectos” nos llamaron sus periódicos, que no se atrevieron a publicar la Carta. Quienes la firmamos recibimos diversos castigos, desde la cesantía y la exclusión social hasta la cárcel. Todos tuvimos que exiliarnos.

3. ¿Cuál era su opinión hacia Fidel Castro y su manera de gobernar hasta entonces? ¿Su visión sobre Castro ha ido cambiando con los años?

R. Cuando Castro estaba en la Sierra Maestra y cuando se estrenaba como gobernante, su ideario, contenido en el Programa del Moncada y en sus soflamas de entonces, era el de un socialdemócrata. Después se declaró marxista-leninista y se alió con la Unión Soviética, y a partir de ese momento condujo la revolución hacia el estalinismo. La Unión Soviética lo respaldó económica y militarmente, garantizándole la existencia del modelo totalitario que le ha permitido practicar sin limitaciones el caudillismo de izquierda que con tanto éxito mediático protagoniza desde hace medio siglo. Cuando firmé la Carta, hacía tiempo que mi desencanto de la revolución era irreversible. Mis tropiezos con el régimen se remontan a 1967. Entonces formé parte del jurado que le dio el premio de la Unión de Escritores al poeta contestatario Heberto Padilla, premio que provocó el primer conflicto grave entre el régimen y los intelectuales. En 1968 fui sancionado por el Partido Comunista cubano por esto y por manifestar mi desacuerdo con la invasión soviética a Checoslovaquia, que Castro apoyó. A causa de esta sanción, estuve diez y seis años sin poder publicar ni una letra en mi país y sin poder viajar al extranjero.

4. ¿Cuáles han sido los mayores errores de Fidel Castro y sus actitudes más reprochables en su opinión?

R. Castro jamás se ha equivocado en su contra. Quiso ser el dueño de Cuba y lo consiguió sin cometer ni un solo error. Lo más dañino para Cuba de cuanto ha hecho es haber establecido un sistema rigurosamente autocrático, en el que su voluntad ha sido la primera y la última instancia de poder. Así, la inteligencia y la iniciativa personal del ciudadano, o sea, la fuerza creadora de la nación, quedó abducida por el líder omnímodo, cuyo nombre ha llegado a fundirse simbólicamente con el del país. No olvidemos la aberración, mundialmente generalizada, de que discrepar de Castro significa situarse contra Cuba. Por supuesto, un régimen de estas características sólo se construye mediante el falseamiento de la realidad, la divinización del adalid y la coacción sin límite.

5. ¿Qué, en su opinión, se puede sacar de positivo del régimen de Fidel?

R. La lección de que los caudillismos de izquierda son tan nocivos para las naciones como los de derecha, y que las libertades democráticas son imprescindibles para el progreso material y el equilibrio espiritual de los pueblos. Es una lección oportuna en estos tiempos latinoamericanos, en los que parece prosperar de nuevo el mesianismo populista.

6. ¿Cómo, cuándo y por qué ha tomado usted la decisión de exiliarse? ¿Y por qué en España?

R. Al firmar la Carta de los Diez y el Proyecto de Programa Socialista Democrático, fui echado de la emisora de radio en que trabajaba y quedé políticamente estigmatizado y a merced de la arbitrariedad castrista, por lo cual decidí emigrar. No me fue fácil hacerlo porque el Gobierno se negaba a darme el permiso de salida. Finalmente me lo concedió por gestiones del entonces presidente de la Xunta de Galicia, Manuel Fraga Iribarne, amigo de Castro. Decidí venir a España porque es un país de mi idioma, porque yo tenía una invitación para dirigir un curso de literatura en la Universidad de Cádiz y porque aquí cuento con muchas y buenas amistades.

7. ¿Desde el exilio, cuál es su ligación con Cuba? ¿Consigue usted (o lo desea) desconectarse de la actualidad política? ¿Sufre, se angustia o alimenta expectativas con relación a lo que está pasando y puede pasar?¿Desea usted volver a vivir a Cuba?

R. Mantengo correspondencia con colegas y amigos míos que siguen en Cuba. Por interés propio y también por mis obligaciones como director de la revista Encuentro de la Cultura Cubana estoy al tanto de lo que sucede en la isla, siempre con la esperanza de que de un momento a otro aparezcan señales inequívocas de la tan ansiada transición democrática. En cuanto a volver a vivir en Cuba, no tengo intención de hacerlo, salvo que mis hijas regresen. Soy ciudadano español, tengo setenta años y aquí me siento en casa.

8. Fidel Castro y los castristas insisten que Cuba es un país democrático, porque todos sus cargos son elegidos de manera directa y secreta. Sin embargo, el PCC es el partido único. ¿Qué opina usted?

R. Todos los castristas son elegidos para cualquier cargo de manera directa o indirecta y nada secreta por Fidel Castro. En Cuba no hay elecciones sino votaciones de candidatos al Poder Popular, que es un parlamento decorativo, designados o aprobados por el partido único. Léase la ley electoral cubana y se entenderá perfectamente lo que acabo de decir.

9. ¿El pueblo cubano, en general, ve a Castro como un demócrata? ¿El pueblo le apoya, le quiere, le admira? ¿O le teme?

R. En Cuba queda gente que apoya y admira a Castro y, además de su familia, habrá quien lo quiera, porque en el mundo hay público para todo. En Rusia hay nostálgicos de Stalin que salen en procesión con su retrato, y en muchos puntos del planeta, incluso en Estados Unidos, Hitler aún tiene seguidores. Me atrevería a afirmar que en Cuba o donde sea sólo los ignorantes y los muy ingenuos han de estar convencidos de que Castro es un demócrata. De lo que sí estoy seguro es de que en Cuba todos le temen, empezando por su hermano el general.

10. ¿Qué puede significar que un grupo plantee la formación de un nuevo partido político y solicite su registro legal? ¿Puede conllevar algún tipo de reprimenda? ¿O simplemente sería rechazado? ¿O no sería ni siquiera aceptado para trámite?

R. Muchos grupos opositores y de derechos humanos han hecho los trámites para legalizarse. Los funcionarios del Ministerio de Justicia les reciben los formularios, pero les dan una callada eterna por respuesta. El Gobierno, que no se compromete con una negativa explícita, prefiere mantenerlos en la ilegalidad para represaliarlos “legalmente” cuando lo estime oportuno.

11. ¿Cómo viven los opositores de Castro que no se han ido de Cuba?

R. Viven en el filo de la navaja, entre la calle, la cárcel, el hospital y el paredón de fusilamiento. Castro ha organizado partidas de porristas llamadas Brigadas de Respuesta Rápida, compuestas por policías vestidos de civil y partidarios del Gobierno armados con garrotes, cuya misión consiste en reventar a golpes manifestaciones públicas y reuniones de los opositores. Como la fuerza uniformada no interviene, parece que es “el pueblo indignado” (Castro dixit) el que se enfrenta a los discrepantes. Los opositores, los activistas de derechos humanos y los periodistas independientes son constantemente acosados por la policía política, que los detiene, registra sus domicilios y les confisca sus máquinas de escribir, sus aparatos de fax, sus libros, etcétera, y les orquesta “mítines de repudio” frente a sus casas. En marzo de 2003, tres jóvenes negros que robaron una lancha en La Habana para llegar a Estados Unidos fueron fusilados tras un juicio sumario ordenado por Castro, quien declaró que con estas ejecuciones enviaba un mensaje disuasorio a quienes pensaran secuestrar transportes para salir del país. Es decir, que el asesinato de esos tres infelices que no le dieron un pellizco a nadie fue el texto de un mensaje de terror.

12. ¿Cuál es la situación de la prensa en Cuba? ¿Es posible hacer periodismo independiente? ¿Ha habido libertad de prensa con Fidel?

R. Castro suprimió la prensa libre en Cuba en 1960, año y medio después de tomar el poder y luego de garantizar desde la Sierra Maestra que respetaría la libertad de prensa, e impuso un férreo dominio estatal sobre todos los medios de comunicación. Desde entonces, la única prensa en Cuba es la oficial, en la que, por supuesto, sólo se publica lo que el Gobierno quiere. Hace unos pocos años, desafiando el monopolio informativo del régimen, surgieron en la isla los periodistas independientes, auténticos kamikazes de la comunicación, cuyos textos, prohibidos en Cuba, son divulgados en el extranjero por el exilio cubano a través de Internet y otros canales. El periodismo independiente sobrevive pese al acoso implacable del Gobierno. Reporteros sin Frontera afirma que Cuba es, después de China, el país con más periodistas presos, y el primero en términos porcentuales.

13. ¿Sabe usted cuántos cubanos están actualmente en la cárcel por no compartir las mismas ideas políticas de Fidel Castro? En marzo del 2003, 75 opositores del régimen fueron encarcelados. ¿Desde entonces, han seguido las detenciones?

R. Según las denuncias que he leído últimamente, hechas por organizaciones de derechos humanos que operan dentro de Cuba, hay algo más de trescientos presos políticos en las prisiones castristas. No se dispone de una cifra exacta porque el Gobierno no facilita información al respecto, aparte de que no reconoce tener presos políticos en sus prisiones. Por otro lado, los periodistas independientes siguen siendo detenidos. Por ejemplo, en diciembre último, la policía detuvo a Raymundo Perdigón Brito en la ciudad de Santa Clara y a Ahmed Rodríguez Albacia en La Habana y, como siempre, les requisó sus enseres de trabajo.

14. ¿Cómo ve usted las reacciones de la Comunidad Internacional ante las actitudes represoras de Castro?

R. Por el mundo circula la creencia de que hay dictadores malos, como Pinochet, porque son de derecha, y dictadores buenos, como Castro, porque son de izquierda, y esta tontería forma parte del conjunto de factores que determinan la tibieza con que la comunidad internacional reacciona habitualmente ante la violación de los derechos humanos en el único país con dictadura que existe en América Latina. Sólo cuando en Cuba se comete un abuso espectacular, como el encarcelamiento masivo de opositores en 2003 y el sobrecogedor fusilamiento ese mismo año de tres secuestradores de un bote, la comunidad internacional reacciona enérgicamente, hasta que al cabo de unos días vuelve a fijarse más en los talibanes detenidos en Guantánamo por “el imperialismo” que en los demócratas presos en las infectas cárceles de “la Cuba revolucionaria”.

15. ¿Qué papel ha jugado, en su opinión, el embargo estadounidense, para que Cuba se encuentre tal y como está actualmente? ¿Es el embargo el gran culpable de que la economía cubana sólo haya descrecido en estos años?

R. El embargo estadounidense ha jugado un papel muy menor en el desastre económico cubano y, en cambio, ha proporcionado a Castro una magnífica coartada para cargarle a Estados Unidos la responsabilidad de ese desastre y, además, para reprimir a la oposición interna presentándola como colaboradora de “una potencia extranjera”. El embargo dura cuarenta años y en este lapso Cuba ha comerciado con más países que antes de la revolución, ha recibido créditos internacionales astronómicos que no ha pagado y que probablemente no pague nunca y, sobre todo, disfrutó de una beca soviética que se elevaba a la cifra de 5.500 millones de dólares anuales, más petróleo barato y otros insumos. ¿Qué hizo Castro con esos fabulosos recursos financieros? Guerras y guerrillas. Cuando se derrumbó la Unión Soviética y comenzó el llamado Período Especial, los cubanos constatamos que no teníamos ni agricultura ni industria. Sólo titulares de Granma, un ejército enorme, mucha policía y gritos de Patria o Muerte.

16. ¿Qué papel pueden jugar los presidentes de izquierdas para que el comienzo de la transición tarde más o menos? ¿Brasil, Argentina y Chile pueden hacer algo? ¿La ayuda económica y el apoyo político de Chávez es fundamental para Cuba en este momento? ¿Chávez, Evo Morales, Daniel Ortega y Rafael Correa tienen relevancia o peso político suficiente para influir contra una posible transición en Cuba?

R. Por principio, las democracias deberían favorecer la transición en Cuba. Parece lo lógico. Pero eso depende de la calidad moral, la tendencia política y los intereses de quienes gobiernan. Generalmente, para el político en el poder no cuentan tanto los principios como los fines. Los escritores y los artistas tendemos a sobredimensionar el papel de la ética en la política, de ahí nuestras repetidas perplejidades y decepciones. Los Gobiernos que usted cita, menos el de Chile hasta ahora, y los cuatro mandatarios que usted nombra están cerca o muy cerca de Castro y lejos o muy lejos de la oposición cubana, por tanto son obstáculos en el tránsito de la dictadura a la democracia en mi país natal. Pero ninguno, ni siquiera el Tío Rico McChávez con sus petrodólares, podrá impedir que Cuba se reincorpore, más tarde o más temprano, al sistema democrático.

17. ¿Ha cambiado algo desde julio, cuando Fidel nombró a Raúl Castro como presidente del Consejo de Estado?

R. Sí: ha aumentado el secretismo del régimen, se ha intensificado la represión policial y ha crecido la incertidumbre de los cubanos respecto a su futuro.

18. ¿Cree usted que Cuba ya ha entrado en un proceso de transición? ¿Cree usted en una transición con Fidel vivo?

R. Desde el triunfo de la revolución, es la primera vez que Castro no está visible ni ejerciendo oficialmente el poder. Esta novedad traza la frontera, por el momento sólo psicológica, entre un antes y un después en Cuba. Que esta frontera deje de ser un sentimiento o una expectativa y se convierta en un hecho objetivo depende de que Castro desaparezca. Sin Castro será imparable la descomposición del régimen, primera etapa del proceso de transición.

19. ¿Qué cree usted que pasará con la muerte de Fidel?

R. Raúl Castro y su corte intentarán mantenerse a flote todo el tiempo que puedan, para lo cual harán reformas económicas que alivien las severas condiciones de vida de los cubanos, sin hacer, mientras puedan evitarlas, reformas políticas que pongan en riesgo su permanencia en el poder. Lo más probable es que clonen parcial o totalmente los modelos chino y vietnamita. También buscarán la manera de entenderse con los norteamericanos, pero les será más fácil entenderse con los europeos. Cabe la posibilidad de que remodelen las relaciones con Hugo Chávez y no descarto que, al discutir sus planes, surjan discrepancias y hasta rupturas entre el general y sus subordinados. A la oposición interna, en tanto no se vean obligados a pactar con ella, le seguirán dando en la mera madre, como se dice en México. No me negará usted, estimada Priscila, que esta respuesta parece un oráculo de Ifá.

20. ¿Qué, en su opinión, ha hecho Fidel Castro a Cuba y a los cubanos? ¿Cuál es el legado de Fidel Castro?

R. Sobre este tema podríamos hablar largo y tendido, pero me limitaré a decir que a los cubanos Fidel Castro nos despertó con un sueño y nos abandona con una pesadilla.

21. ¿Un estadista, un líder, un dictador? ¿Quién es Castro en su opinión?

R. El mejor actor del siglo XX.

(2006)

Mientras traza su camino el caracol. Entrevista a Manuel Díaz Martínez.

Javier Bello (Universidad de Chile) y Ángeles Mateo del Pino (Universidad de Las Palmas de Gran Canaria)

Manuel Díaz Martínez (Santa Clara, Cuba, 1936) es de esos autores que escriben para inquietar, revolver y conmover, que son las cualidades que, según él, debe tener la poesía. Su constante curiosidad, su deseo de indagar y el ansia de descubrir le han conducido a la palabra para buscar en ella una forma de liberación, un reto, una magia que le permita asomarse a lo que hay de abismo en la cotidianidad de la vida. Esta curiosidad se materializa, como frutos dispersos, a lo largo de su existencia. Poeta, periodista, diplomático, miembro correspondiente de la Real Academia Española de la Lengua, editor, traductor…, son señales de una vida marcada por la necesidad constante de decirse y decir a los otros. Su intensa trayectoria literaria adquiere rostro en las numerosas obras que ha ido publicando como leves rasguños. La poesía tal vez sea el afán que más lo ha ocupado, prueba de ello son sus libros: Frutos dispersos (1956); Soledad y otros temas (1957); El amor como ella (1961); Los caminos (1962); El país de Ofelia (1965); La tierra de Saúd (1966); Vivir es eso (1968); Mientras traza su curva el pez de fuego (1984); Escritos al amanecer (1987); El carro de los mortales (1988); Memorias para el invierno (1995); Paso a nivel (2005); y las antologías Poesía inconclusa (1985); Alcándara (1991); Concerto Grosso (bilingüe español-italiano) (1996) Señales de vida 1968-1998; Antología poética (bilingüe español-italiano) (2001); Un caracol en su camino 1965-2002 y Un caracol en su camino 1965-2005. Sin embargo, también lo habita la lectura de los otros, aquellos con los que establece un diálogo y a los que reconoce como pares en el difícil ejercicio de la escritura. Sus ediciones comentadas son una buena muestra de esta labor crítica: Rimas. Gustavo Adolfo Bécquer (1993); Cartas. Severo Sarduy (1996); Vida de Flora y otros poemas. Virgilio Piñera (1999) y Poemas cubanos del siglo XX. Antología (2002). Sin olvidar otra de sus pasiones, el periodismo, que lo ha llevado a colaborar en la prensa, tanto local como nacional, así como a dirigir las revistas Espejo de paciencia (1995) y, actualmente, Encuentro de la cultura cubana. Pero la vida a veces tiene sus recompensas. Su quehacer creativo ha sido reconocido con premios tan importantes como el Nacional de Poesía de la Unión de Escritores y Artista de Cuba (1967), Premio Internacional de Poesía Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria (1994) y el Gran Premio Internacional de Poesía de la Academia Internacional Oriente-Occidente de Rumanía (1998), entre otros. Las muecas del destino lo han llevado de una isla a otra. Reside en Las Palmas de Gran Canaria desde 1992.

Pregunta: ¿Qué rasgos fundamentales definen su evolución como poeta a través del tiempo? ¿Ha sido la suya una palabra sometida al tiempo, como quería Antonio Machado?

Respuesta: Mi deseo de que la mía sea una “palabra en el tiempo” me parece que es lo que determina mi evolución como poeta. Recuerdo que, en un ensayo escrito hace muchos años, sostuve que no hay texto independiente de su autor ni autor independiente de su contexto. Me ha gustado aceptar los desafíos de esta fatalidad, una fatalidad que ha sido objeto de instrumentalización política y de algunos conatos de escamoteo retórico, como aquello del arte por el arte o, más reciente, lo de la autonomía del texto, etcétera. He luchado por alejarme de tales extremos por considerarlos falsificaciones de la expresión poética, que es, básicamente, el resultado de la libre confrontación del espíritu con el mundo exterior. A excepción de Paso nivel, de 2005, estos primeros años del milenio podrían considerarse como una etapa de recuento de su producción literaria, ya que han aparecido tres antologías y un libro de memorias, del que sabemos que pronto se publicará una edición corregida y aumentada.

P: ¿Considera Ud. que su obra se encuentra en una etapa de revisión tanto por su parte como por la de sus lectores y críticos?

R: Es natural que a un escritor que está entrando en su ocaso, que es mi caso, le dé por dejar la casa en orden, como dijo Virgilio Piñera pocos años antes de cerrar la puerta. Éste es el propósito que me animó a escribir mi libro de recuerdos [Un leve rasguño en la solapa, Logroño, AMG Editor, 2002] y hacer mi última antología [Un caracol en su camino, Cádiz, Editorial Aduana Vieja, 2005]. Incluso, al repasar ahora mis poemas les he hecho a no pocos de ellos correcciones y cambios formales pretensamente definitivos. Esas correcciones y cambios obedecen a mi incurable manía perfeccionista, pero soy consciente de que las antologías y las modificaciones de textos publicados responden al deseo, más o menos definido, de establecer un canon de la propia obra, o sea, de fijar los textos por los cuales nos gustaría ser evaluados. Ahora bien, los lectores me han demostrado que todos los poemas, aun los que apreciamos menos, encuentran un público. Recientemente, la escritora cubana Lourdes Gil, última esposa de Heberto Padilla, me dijo que Heberto repetía de memoria un poema mío que le gustaba, y es precisamente un poema que no figura entre los que quiero más. Por parte de la crítica hay nuevas aproximaciones a mi poesía. Hubo una muestra de ellas en el homenaje que me ofrecieron en Las Palmas de Gran Canaria, en mayo pasado, la Universidad de Las Palmas y la Fundación Mapfre Guanarteme.

P: ¿En este contexto, qué lugar han ocupado los homenajes que se le han
hecho en Salamanca y Las Palmas? ¿Qué importancia han tenido para Ud.
en lo literario y personal estos reconocimientos?

R: Con los años llegan los lauros, y yo los recibo con infinita gratitud, entre otras cosas porque amortiguan las impertinencias de ese tal Cronos, pero, sobre todo, porque te demuestran que no has vivido inútilmente. El homenaje en Las Palmas, al que ya me referí, y el que me dio en la Universidad de Salamanca, en junio de 2000, el Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana, son actos que me gustará recordar siempre. En el de Las Palmas, que fue ideado y dirigido por la profesora Ángeles Mateo del Pino, alguien que se ha ocupado mucho y bien de mi obra en los últimos años, se juntaron viejos y nuevos amigos, cubanos y no cubanos, todos valiosos y muy queridos por mí, que andan dispersos por el mundo. Desde La Habana, por ejemplo, vino Rafael Alcides, uno de los mayores poetas cubanos de hoy, amigo mío desde hace más de cuatro décadas y al cual
hacía catorce años que no veía. Ése fue un homenaje de alta temperatura
emocional.

P: ¿Qué lugar cree que ocupa su obra en el panorama cultural actual de Cuba, a pesar de su ausencia de trece años y los dieciséis años que estuvo
censurado dentro de la isla? ¿Cómo circuló su obra durante esos años?

R: Durante los diez y seis años (de 1969 a 1985) que estuve censurado en Cuba, mis libros dejaron de circular y mi nombre desapareció de las revistas y los periódicos cubanos. Lo mismo está pasando desde que en febrero de 1992 me exilié en España. No obstante, en Cuba hay poetas y críticos que no se han olvidado de mí. Prueba de ello es que me he visto representado en las últimas antologías publicadas en la isla: Doscientos años de poesía cubana, de Virgilio López Lemus [La Habana, Casa Editora Abril, 1999] y Las palabras son islas. Panorama de la poesía cubana del siglo XX, de Jorge Luis Arcos [La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1999]. López Lemus es un crítico que conoce bien mi obra, a la que ha dedicado dos ensayos, uno de los cuales es el prólogo a mi antología Alcándara, de 1991, el último libro mío publicado en Cuba. Arcos, como López Lemus, es un
estudioso de la poesía cubana, especialmente del grupo liderado por Lezama Lima. A este grupo dedicó un muy interesante libro titulado Orígenes: la pobreza irradiante. El gobierno de Castro da señales de ser más flexible que antes respecto a los poetas que pueden aparecer o no en las antologías que se hacen en Cuba. Nunca olvidaré que, hace veinticinco o treinta años, el poeta Raúl Luis quiso hacer en colaboración conmigo, para la editorial Letras Cubanas, una antología como la de Arcos y desistimos porque se nos prohibía incluir en ella a Heberto Padilla por ser un autor no grato al régimen.

P: ¿De qué manera cree que ha influido su obra en las generaciones poéticas posteriores? En este sentido, ¿podría decirse que ha ejercido mayor
influencia en la generación del 80 que en la promoción del 60? ¿Por qué?

R: Mi obra no ha influido en las generaciones poéticas que me han sucedido, y mucho menos en los poetas de los 80. Éstos le dieron la espalda al coloquialismo, que fue y de alguna manera sigue siendo mi cuerda formal. Es cierto que, en manos de algunos autores, el coloquialismo devino una caricatura de sí mismo, un grotesco malentendido. Los poetas de los 80 iniciaron una reacción que los condujo a un neobarroquismo cuya referencia más próxima es Lezama y que está en las antípodas de todo lo que estética e ideológicamente representó el coloquialismo en su apogeo, allá en los primeros años de la revolución. Quizás el más nítido ejemplo de esa reacción sea la obra de Ángel Escobar. Un caso muy interesante, como conjunción de lo coloquial y lo barroco, es el de la poesía de José Kózer. Kózer, un poco más joven que yo, es un poeta enormemente creativo
que se las ha ingeniado para barroquizar el coloquialismo. Repito que mi poesía no ha tenido eco, que yo sepa, en las generaciones posteriores a la mía; pero hay poetas jóvenes, de la isla y de la diáspora, que me escriben y muestran interés por lo que he escrito.

P: Más allá de las diferencias evidentes, ¿cree Ud. que exista una poesía de
rasgos diferenciados previa a la Revolución y una posterior a ella? De igual
manera, ¿sostiene Ud. que existe una poesía cubana de dentro y otra de
fuera?

R: Entre la poesía cubana previa a la revolución y la posterior al triunfo de ésta hay diferencias, pero dentro de una continuidad. Obviamente, la revolución determinó un antes y un después respecto de muchas cosas en Cuba, y en la poesía ocurrió lo que tenía que ocurrir dadas las circunstancias: hubo, inmediatamente después del triunfo revolucionario, un renacimiento del interés por lo social, interés que ya antes de 1959, en las décadas de los 20 y los 30, había irrumpido con fuerza en nuestra literatura vinculada a las vanguardias, con los poetas Agustín Acosta, Regino Pedroso, Nicolás Guillén y Manuel Navarro Luna formando parte del elenco de figuras principales, y se produjo, consecuentemente, en oposición a todo barroquismo y esteticismo, una reválida del lenguaje coloquial, el que también tuvo notables representantes en la República, como José Zacarías Tallet, Rubén Martínez Villena, María Villar Buceta y Virgilio Piñera. Mi generación, la del 50, protagonizó ese renacimiento temático y formal porque, como diría Milosz, se propuso “humanizar el canto” para acercarlo a “los nómadas del valle”. En cuanto a la segunda pregunta, pienso que las simetrías y asimetrías entre la poesía escrita en Cuba y la escrita por cubanos en el exilio es un tema atrayente que
tendrá que estudiarse como un avatar de la producción poética de los cubanos, de todos, en los últimos cincuenta años. Es un fenómeno de la poesía cubana, a la que percibo como un solo cuerpo. Y la percibo así porque tanto la escrita dentro de la isla como la escrita fuera tienen un eje común: la historia y la cultura de nuestra nación. Valiéndome de un título de José Lezama Lima, las veo como “fragmentos a su imán”.

P: ¿Podría Ud. darnos algunas claves de lectura que considere imprescindibles para acercarse a la poesía cubana contemporánea?

R: No sé cuáles puedan ser esas claves. Cuba es un país con una parte importante de su gente dispersa por el mundo. Había un chiste de cuando existía el campo socialista que presentaba a Cuba como un país que tenía su territorio en el Caribe, su población en Estados Unidos y su gobierno en la Unión Soviética. Bromas aparte, nuestra enorme emigración determina que la poesía cubana contemporánea se realice en diversos escenarios, hasta en otros idiomas, con lo que eso supone de variedad de orientaciones estéticas, matices lingüísticos, tendencias ideológicas, influencias autorales y qué sé yo cuántas cosas más. Cada comunidad cubana en el extranjero es como una provincia de nuestra nación, y entre las provincias de una nación hay diferencias. Quizás una clave de lectura sea tomar esto en cuenta.

P: ¿Considera Ud. que la cultura cubana se encuentra plenamente viva o ha
sufrido un proceso de estancamiento en los últimos quince años, después
del Periodo Especial?

R: Es difícil saber hasta qué punto está viva o estancada la cultura en un país como Cuba, donde la intelectualidad soporta el peso de un Estado omnímodo, omnipresente y restrictivo, dueño único y celoso de todos los medios de comunicación, de las editoriales, de las imprentas. No creo que la cultura actual en Cuba sea sólo lo que el Estado divulga o lo que los intelectuales de la isla sacan a la luz. Para medir la vitalidad de la cultura cubana en el eufemísticamente denominado Período Especial hay que esperar a conocer todo lo que se haya escrito para las gavetas. No olvidemos que cuando creíamos que la narrativa en la Unión Soviética era sólo lo que publicaban los reclutas del realismo socialista, Pasternak ocultaba en su datcha de Peredélkino el manuscrito de El doctor Zhivago. Dicho esto, subrayo que en Cuba hay poetas, narradores, dramaturgos y ensayistas de innegable valía, bastantes de los cuales son, desgraciadamente, o
turibularios de la dictadura o pacientes víctimas de ésta.

P: ¿Cuál manifestación de la cultura ha sobrevivido mejor a las circunstancias sociopolíticas del último medio siglo y de qué formas?

R: En la Cuba de Castro, ninguna manifestación de la cultura ha salido ilesa del dirigismo comunista. En sus comienzos, el régimen aspiró, igual que todos los de su estirpe, a convertir la cultura en una mucama eficiente y dócil de la propaganda ideológica, pretensión que ocasionó choques frontales con sectores de la intelectualidad. Uno de esos choques fue el Caso Padilla. De un tiempo a esta parte, el régimen, más experimentado, más sabio por viejo pero también por diablo, es menos pretencioso y, aparte de fagocitar maquiavélicamente a autores fallecidos que en vida detestó y vetó, admite que la mucama se tome algunas licencias siempre que no sea respondona.

P: ¿Qué pregunta no le gustaría que le hicieran? ¿Cuál no le han hecho nunca?

R: Éstas, por ejemplo. Pero me incitan a rescatar un simpático recuerdo de mi lejana juventud que viene a cuento. Después de oírle una conferencia espléndida en la Universidad de La Habana, me acerqué al gran ensayista cubano Jorge Mañach diciéndole “Doctor, perdone que le haga una pregunta indiscreta”, a lo que me respondió “Mire, joven, las preguntas nunca son indiscretas; el indiscreto podría ser yo al responderle”.

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Javier Bello, poeta y profesor de la Universidad Diego Portales (Chile). Ha
publicado diversos articulos y su poesía aparece antologada en numerosas
obras, tanto nacionales como internacionales. Es coeditor del Retablo de
Literatura Chilena en Internet y de la revista electrónica Cyber Humanitatis. Algunos de sus libros son: La noche venenosa (poesía) (1987). La huella del olvido (sonetos) (1989), El fulgor del vacío (poesía) (2002) y Desencanto personal. Reescritura de Canto General de Pablo Neruda (2004).

Ángeles Mateo del Pino, profesora de Literatura Hispanoamericana en la
Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Ha publicado numerosos
articulos en revistas nacionales e internacionales. Algunos de sus libro son:
Josefina Plá. Calendario de desengaños (Cuentos) (2002). Josefina Plá. El
verde dios desnudo
(poesía) (2003), y Nuevos tiempos. Nuevas lecturas. Una
mirada crítica
(Multiculturalidad y multidisciplinariedad) (coed., en prensa).
Actualmente prepara la edición crítica de Hombres sin mujer, de Carlos
Montenegro.