El bloguero se va, pero vuelve

AVISO A LOS LECTORES DE ESTE BLOG QUE VOLVERÉ A PONERLO EN MARCHA A FINES DEL PRESENTE MES, CUANDO REGRESE DEL VIAJE QUE INICIO HOY. SEAN FELICES Y CUIDEN SU PLATITA, QUE HAY CRISIS PARA LARGO.

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Elecciones en Venezuela: El inicio de la inconclusión

Teódulo López Meléndez, Caracas.

I

teodulo1He advertido sobre lo que comporta votar en dictadura. Basta mirar y oír para percibir con exactitud lo que esto significa. Cuando se producen los resultados se producen las reacciones del gobierno, variadas y aceleradas, como las del dictador Marcos Pérez Jiménez después de las elecciones para Asamblea Constituyente en 1952. He por ello observado que las líneas estratégicas deben estar previamente definidas. Toda posibilidad debe ser analizada y toda respuesta prevista. No sé si he sido escuchado.

Esta es una elección especialmente difícil y me refiero ahora a los resultados. Una conclusión previa incuestionable es que la disidencia al gobierno avanzará de manera notable. De allí en adelante es cuesta arriba hacer pronósticos. Hay variados elementos en juego, esto es, no podemos olvidar que estamos ante una elección regional y local donde afortunadamente –aunque de manera tardía– han aparecido en algunos lados las ofertas programáticas correctas, lo que puede inclinar a muchos electores. Por el otro lado, querámoslo o no, Chávez ha bajado a ser candidato múltiple incurriendo, por lo demás, en un abuso descarado sin antecedentes en buena parte del mundo y a un lenguaje amenazador que no encuentra antecedentes ni en las peores dictaduras africanas.

No se trata de caer o no caer en ese juego, el juego cayó, así de simple, de manera que el señor Chávez debe saber que cada voto que no se emita por su PSUV es un voto de repudio a él en persona. Es él quien ha plebiscitado una elección regional y frente a eso se ha seguido la táctica correcta, es decir, contestar con las necesidades de la gente (seguridad, vivienda, basura, etc.), pero, aún así, el juego cayó y el señor Chávez deberá atenerse a las consecuencias de sus procederes.

Parece innecesario ahora combatir la abstención. No encuentro a nadie que la proclame, como en los días del referéndum constitucional, donde este columnista libró, junto a miles, la dura batalla por llevar la gente a votar. Hay una intención firme de cobrar en las urnas electorales la afrenta y de precisar una respuesta contundente frente a este ejercicio impúdico del poder. Habrá que hacer sacrificios extras frente a un proceso que desde ya se ve lento. Terminará tarde esta votación y aún más tarde veremos resultados. Para ello hay que estar preparado con la tranquilidad propia del hombre alerta y con la conciencia adecuada de quien sabe lo que hay que hacer si se producen patadas sobre la mesa.

II

Este proceso electoral no concluye nada. Este proceso electoral es una estación en el camino. Ciertamente contribuirá a desmejorar al régimen en el control absoluto de los poderes locales y marca un hito en el desgaste sostenido del régimen, pero no es más que colocarse en un escalón superior para enfrentar la arremetida. Este hombre, cuyo único propósito y razón de ser es mantenerse eternamente en el poder e impedir la entrada del siglo XXI como Juan Vicente Gómez impidió la del siglo XX durante 36 años, deberá seguir siendo combatido con inteligencia y diseños muy precisos. Los bastiones que se conquisten deberán ser eficientes en cuanto a lo administrativo y a la eficacia, pero más allá deberán ser manejados con criterios muy diferentes como han sido manejados los que hasta ahora estuvieron en manos de la oposición. Se mantendrán Zulia y Margarita, pero en estos años desde allí no salió planteamiento alguno de respuesta a los desafueros del poder. Zulia y Margarita se multiplicarán por más, pero debe establecerse un clima que impida la pregunta de por qué el control en esos sitios no sirvió de nada para enfrentar el totalitarismo.

III

Si el mérito atribuible a Juan Vicente Gómez es del haber extirpado los alzamientos caudillistas, el mérito atribuible a Chávez fue poner una agenda social sobre la mesa, una que desperdigó, falsificó y desvirtuó, pero que puso. He repetido hasta la saciedad que aquí debemos partir del presente y no del pasado. Con detergente y esponja deberemos limpiar unos cuantos principios correctos que fueron enlodados. Esto deberán comenzar por entender los gobernantes locales nuevos –y los no tan nuevos y los viejos persistentes– que surjan de esta escaramuza electoral para la que nos preparamos. Hay que mirar hacia delante, no hacia atrás. Es el desafío de construir lo nuevo lo que debe presidirnos, no el de restaurar lo que atrás quedó. El ejercicio del poder local debe ser enseñamiento de nuevas maneras y anuncio del futuro. Hay que construir una democracia del siglo XXI, respetando de aquélla del siglo XX –ya ida con la era industrial y con la modernidad– sus principios básicos, como separación e independencia de poderes y vigencia plena del Estado de Derecho, sólo para mencionar dos, pero bajo la conciencia de la innovación desatada, de la imaginación floreciente que corresponde a la era postindustrial y a este desafío indefinido que se llama posmodernidad.

No es éste el momento para teorizar sobre esta democracia del siglo XXI, trabajo que cumplo a diario, pues estamos en una disyuntiva llena de peligros. Es sólo una consideración y una advertencia que exige prácticas democráticas distintas a quienes salgan electos y quieran hacer el porvenir. En el 2009 tendremos –si así se nos permite– otra elección crucial sobre la cual habrá que alertar a la gente con debido tiempo, pues Concejos Municipales y Juntas Comunales deberán merecer nuestra atención en grado sumo, dado que se trata del poder abajo, el más inmediato con la gente a la que hay que sacar del marasmo para señalarle un camino.

Si bien las lecciones en el camino a este proceso electoral se han quedado cortas, las que se den desde los puestos de gobierno conquistados no podrán serlo. Si se fracasa no habrá alternativa, como hasta ahora no la ha habido. Si del ejercicio de los resultados no se muestra otra actitud y otra manera, seguiremos en el mismo hueco de la inexistencia de una propuesta de país que enfrentar al totalitarismo. Eso sería lo peor que pudiese suceder.

IV

Los venezolanos votaremos el 23 de noviembre. Yo lo haré en el municipio Sucre, del estado Miranda, y por supuesto que lo haré por Carlos Ocariz para alcalde, por Henrique Capriles para gobernador y por Antonio Ledesma para Alcalde Mayor, como por los candidatos correspondientes al Consejo Legislativo y a los cargos de concejales mayores. Sin embargo, lo que sé es con qué tarjetas lo haré. Mis compatriotas deben aprender que tienen otra arma y es la escogencia cuidadosa de la tarjeta con que votan. Aquí hay más de uno que merece un castigo, como hay otros que merecen un premio. De manera que insto a los electores a votar, pero con el cuidado de saber hacerlo con las tarjetas de partidos o grupos independientes que se lo merezcan.

Estamos ya frente a este proceso comicial que es un ítem de mucha importancia, nadie lo puede poner en duda. Uno, no obstante, que es el inicio de una inconclusión. El proceso histórico que atravesamos no tiene un desenlace cercano, por el contrario, entra en una nueva etapa de graves riesgos y de sinuosos peligros. Más allá de los resultados y del comportamiento que tengan los electos, más allá de las marramuncias del régimen, y más allá de cómo enfrentaremos los posibles tsunamis de la coyuntura, lo que a mí me preocupa in extremis es la creación de un nuevo espíritu, la posibilidad de asumir –al fin– estrategias claras que nos lleven a un salto hacia delante, las posibilidades de abrir las compuertas de la imaginación creadora hacia una democracia del siglo XXI, la posibilidad de la emoción inteligente planteándole desafíos inimaginables al país, la conformación de un clima de avance que nos permita llegar a una conclusión que no es otra que la superación de lo presente partiendo desde él. El pasado no se construye, es historia. El desafío a los pueblos es avanzar. Preparemos el futuro con determinación y con una imaginación creadora desbocada. Así llegaremos a la conclusión, para inmediatamente someterla a escrutinio, pues la democracia es un eterno peregrinar en el conocimiento para la equidad, en la acción transformadora que no se anquilosa, en un cambio permanente e interminable por hacer justicia al hombre.

Max

Max y sus informantes, captados por Tovar.

Max y sus ayudantes, captados por Tovar.

Satisfaciendo la curiosidad de vecinos que me leen, presento a mi colaborador Max Estrella, corresponsal de este blog en el Callejón del Gato. Sevillano de nombre Alejandro María de los Dolores de Gracia Esperanza del Gran Poder Antonio José Longinos del Corazón de Jesús de la Santísima Trinidad, falleció completamente en Madrid en 1909, pero fue resucitado por un tal Valle-Inclán, gallego, demiurgo de Arosa, que lo admiraba y compadecía. Como fue salvado para la posteridad, le sobra el tiempo, y se alivia del eterno hastío ramoneando los bulos, rumores y cabreos que afluyen al mentidero más felino y ubérrimo de la Villa y Corte. Tiene la exquisita consideración, que no me canso de agradecerle, de firmar sus reportes con su heterónimo de resucitado: Max Estrella. Ah, y es ciego, por lo que oye mejor.

Un crimen de guerra semiolvidado

Un día como hoy, hace setenta años, la aviación de la II República bombardeó inmisericordemente la pequeña ciudad andaluza de Cabra, provocando un centenar de muertos, todos civiles. He buscado infructuosamente el motivo por el cual esa población, situada muy lejos de la zona de guerra y, por lo que he leído, sin ningún interés militar, sufrió tan sañudo castigo de los defensores del pueblo.

Hasta el eficiente buscador Google es mezquino en el aporte de datos sobre el bombardeo republicano de Cabra. La parquedad informativa general en relación con este hecho de la Guerra Civil contrasta notablemente con la abundancia de referencias al bombardeo nazifranquista de Guernica. Es ésta una demostración, otra más, de la supremacía de la izquierda sobre la derecha en materia de propaganda y manipulación de la historia.

En circulación el último número de la revista “Encuentro de la Cultura Cubana”

Encuentro de la Cultura Cubana llega a su número 50 tras doce
años de presencia continua. Desde el verano de 1996, sus editores
hemos mantenido y desarrollado la línea editorial trazada por su
fundador, el escritor Jesús Díaz. Tomando en cuenta la complicada
situación de Cuba y considerando «imprescindible un debate sobre
el presente, el pasado y el futuro del país», Jesús Díaz quiso que
nuestra revista tuviese «como objetivo primordial el constituirse en
un espacio abierto al examen de la realidad nacional».

Este proyecto —necesario, ambicioso e independiente— no habría
alcanzado el éxito del que hoy nos enorgullecemos si no hubiese
contado con la colaboración de centenares de valiosos intelectuales
y creadores cubanos, del interior de la Isla y de la diáspora, así
como de especialistas extranjeros, y con la confianza de las múltiples
instituciones de diversos países que lo han apoyado.

A lo largo de estos 50 números hemos tenido que superar incomprensiones
y ataques de personas e instituciones incapaces de aceptar
un proyecto que propugna una Cuba democrática —no tolerante,
sino inclusiva, porque asumimos a Cuba en su diversidad.

Los amigos, lectores y colaboradores han descubierto que Encuentro
puede ser ese sitio de reunión donde todos debatimos desde el respeto,
no desde el subterfugio, la descalificación o la obediencia, sin tener
que despojarnos de nuestra propia voz. Desde su fundación, la revista
ha estado abierta a todas las generaciones, tendencias, disciplinas y
estéticas, con la calidad como único salvoconducto.

Confiamos en que Encuentro de la Cultura Cubana siga siendo la
casa de todos, y aprovechamos esta ocasión para manifestar nuestra
gratitud a colaboradores, lectores y amigos.

(Editorial del presente número.)

¡Bienvenido, Mr. Barack!

mdm-foto1A un cubano ya no es fácil conquistarlo con discursos. Los cubanos estamos ahítos de discursos. Acaso más los de mi edad, que una vez vibramos con los del joven Fidel Castro.

Al mismo tiempo que me emocionaba la oración de la victoria pronunciada por el nuevo presidente de Estados Unidos –al que no le habría dado mi voto–, y me conmovía el fervor con que era recibida por millones de personas ilusionadas, me resultaba imposible apartar de mi mente la comedia de Berlanga Bienvenido, míster Marshall, así como las prometeicas soflamas de aquel otro líder victorioso que hace medio siglo, en nombre de una revolución que él no tardó en traicionar, repartía a manos llenas las más hermosas esperanzas entre los cubanos. He vivido bastante y me he equivocado lo suficiente para saber que, en los laberintos y cenagales de la historia, no hay esperanza sin frustración, y que, por lo mismo, aborregarse en torno a un político idolizado es merecer las burlas de Quevedo a los devotos de monjas.

Pero no se vive sin ilusiones. Hasta yo lo sé. A pesar del escepticismo que padezco, abro una interrogación junto al nombre del joven presidente Obama. Deseo que siempre quiera, y pueda, gobernar su gran país sin contravenir el espléndido discurso de antier, del cual entresaco estos fragmentos medulares:

  • Si todavía queda alguien por ahí que aún duda de que Estados Unidos es un lugar donde todo es posible, quien todavía se pregunta si el sueño de nuestros fundadores sigue vivo en nuestros tiempos, quien todavía cuestiona la fuerza de nuestra democracia, esta noche es su respuesta.
  • …nunca hemos sido simplemente una colección de individuos ni una colección de estados rojos y estados azules. Somos, y siempre seremos, los Estados Unidos de América.
  • Mientras estamos aquí esta noche, sabemos que hay estadounidenses valientes que se despiertan en los desiertos de Irak y las montañas de Afganistán para jugarse la vida por nosotros.
  • Pero siempre seré sincero con vosotros sobre los retos que nos afrontan. Os escucharé, sobre todo cuando discrepamos.
  • En este país, avanzamos o fracasamos como una sola nación, como un solo pueblo. Resistamos la tentación de recaer en el partidismo y mezquindad e inmadurez que han intoxicado nuestra vida política desde hace tanto tiempo.
  • Y a aquellos estadounidenses cuyo respaldo me queda por ganar, puede que no haya obtenido vuestro voto esta noche, pero escucho vuestras voces. Necesito vuestra ayuda. Y seré vuestro presidente, también.
  • A aquellos, a aquellos que derrumbarían al mundo: os vamos a vencer.
  • …esta noche hemos demostrado una vez más que la fuerza auténtica de nuestra nación procede no del poderío de nuestras armas ni de la magnitud de nuestra riqueza sino del poder duradero de nuestros ideales; la democracia, la libertad, la oportunidad y la esperanza firme.

Obama, in prima epistula

Teódulo López Meléndez, Caracas.

I

teoduloEn uno de los documentos más impresionantes de la historia del periodismo norteamericano en cuanto a apoyos electorales, la revista The New Yorker lo dijo todo sobre Barack Obama y sobre John McCain. Más allá, lo dijo todo sobre los Estados Unidos de América. La frase final de un documento que excedía a las meras simpatías por un aspirante a la presidencia para convertirse en una radiografía implacable y en un diagnóstico de una lucidez deslumbrante fue esta: “En momentos de calamidad económica, perplejidad internacional, fracaso político y moral golpeada, los Estados Unidos necesitan tanto elevación como realismo, tanto cambio como firmeza. Necesitan un líder temperamental, intelectual y emocionalmente en sintonía con las complejidades de nuestro atribulado planeta. El nombre de ese líder es Barack Obama”.

La sociedad norteamericana había producido el líder, aún antes del crack económico. Sólo una sociedad viva, inquieta y capaz de erguirse sobre su multiplicidad, sobre sus contradicciones y sobre sus gravísimos defectos, es capaz de producir el liderazgo asentándose sobre sus virtudes y sobre su capacidad de autogeneración. Ese documento memorable no hablaba de aislacionismo, hablaba de la mezcla de realismo y elevación; quienes piensen que los Estados Unidos de Obama entra en una especie de retraimiento andan muy equivocados. Donde entra Estados Unidos es en la percepción emocional de este atribulado planeta bajo la conducción de un líder temperamental e intelectualmente claro. El liderazgo de los Estados Unidos no disminuye, simplemente cambia.

La inteligencia echa pilotes sin necesidad de aspavientos. Quiero decir que quienes han asegurado que la campaña presidencial norteamericana transcurrió sin innovaciones programáticas, andaban absolutamente equivocados. Quienes aseguraron que los planteamientos de Obama o de McCain pasaban sin mayores distinciones, lo hicieron por incapacidad para percibir la terrible sinergia que estaba presente en la elección. Lo que allí se debatía era si los norteamericanos aplazaban el viraje por cuatro años (más no iba a durar la presidencia de McCain) o si lo asumían de una vez. El lado trágico de McCain lo encarnaba Sara Palin, con su conservadurismo perdido en las entrañas de una nación que hacía brotar viejos atavismos e incomprensión total del mundo presente.

Sin lugar a dudas el mundo estaba volcado hacia Obama, pero quienes comprendieron la trascendencia del momento y percibieron la emoción de lo que sucedía fueron los propios norteamericanos. Nunca había visto tanta, tanta entrega, tanta convicción de vivir en un momento estelar de la historia de los Estados Unidos. Un amigo mío, escritor norteamericano, conservador, republicano, claro producto de la Norteamérica blanca y protestante, me dejó sorprendido cuando desde su pequeño condado vecino a Los Ángeles me hizo saber su decisión: “Votaré por Obama”, dejó escrito simple y llanamente en un mail. Estados Unidos asumía desde ya la comprensión de este mundo del siglo XXI, qué duda cabía.

II

Hasta aquí la emoción de lo sucedido. Viene ahora la confrontación entre las ideas y la realidad. Nadie puede esperar cambios espectaculares, aún cuando la realidad económica los requiere de urgencia hacia el interior. Obama tiene hasta enero para conformar su gabinete. Ya tiene como vicepresidente a un hombre fogueado por décadas en la Comisión de Política Exterior del Senado, si se quiere un digno representante del establishment, una experiencia acumulada que le servirá de mucho. Los problemas puntuales son conocidos: la guerra en Irak, el desafío que representa Afganistán, pero el asunto es más grave y complicado; se trata de un nuevo lenguaje y de una nueva manera, de un abandono de las ínfulas imperiales, del ejercicio de un líderazgo basado sobre el diálogo y sobre la comprensión de los muchos problemas. Por ejemplo, entre los cerros de basura que se lanzaron sobre Obama en los últimos días de la campaña destacó la de la ultraderecha israelí que protestaba porque dos de cada tres judíos norteamericanos iba a votar por el senador de Illinois y no por la fórmula republicana. Alegaba la ultraderecha que Israel entraba en una suerte de peligro mortal. Lo único cierto es que Israel no entra en ningún peligro y Obama defenderá la integridad israelí, pero con una comprensión profunda del problema palestino. La ultraderecha no puede pretender que el problema palestino siga alargándose por años y que se mantenga una situación de guerra donde los cohetes de la ultra palestina de Hamas sigan cayendo e Israel se asiente sobre una represión militar constante. El problema palestino existe y hay que resolverlo. Hay un elemento de justicia pendiente: no es otro que la suerte del pueblo palestino que tiene perfecto derecho a un estado con fronteras perfectamente delimitadas y a vivir la vida sin sobresaltos y de una manera digna. La incomprensión rodeará al gobierno Obama sobre este punto específico, pero ya no se puede aplazar más la solución definitiva en una suerte de burla permanente. La sensibilidad de Obama sobre este asunto crucial del Medio Oriente y sobre varios más que aquejan al planeta, es donde se medirá esta mezcla de realismo e imaginación, de firmeza y de ruptura de los nudos gordianos.

Con América Latina hay asuntos puntuales y Cuba encabeza la lista. Entre los muchos manifiestos que recibí con motivo de esta elección estaba uno de una autodenominada Juventud Cubana en el exilio en Miami, donde se llamaba a un esfuerzo final para impedir la victoria del comunista Obama en el estado de Florida. En esos términos no se puede seguir funcionando con Cuba. Es hora de que Estados Unidos y Cuba se sienten a dialogar. Así como no se puede esperar un levantamiento unilateral e incondicional del errático bloqueo, tampoco se puede esperar que nada se mueva. El diálogo debe iniciarse y podrá ser todo lo lento que las circunstancias lo ameriten, pero deberá avanzar contra todas las dificultades. El espectáculo del tejemaneje sobre la eventual asistencia norteamericana a la isla con motivo de los dos últimos destructivos huracanes, no deberá repetirse jamás. Paso a paso deberá irse hacia delante: apertura política por apertura económica, liberación de presos por autorización de exportaciones norteamericanas, mejoría notable de los derechos humanos por aumento de los envíos de remesas en dólares de los cubanos-estadounidenses a sus familiares en Cuba. El diálogo entre Estados Unidos y Cuba debe abrirse, ese es otro de los imperativos históricos que ronda la presidencia de Barack Obama.

III

Sí, tal como lo decía The New Yorker lo que caracteriza a este mundo es la perplejidad. Este es un mundo que ha perdido el rumbo, que yace en la irresolución, sin aliento. Devolvérselo es la tarea de un líder carismático que ya no recurre a la prepotencia imperial sino al tono de la criticada palabra. Qué Obama hablaba muy bien, pero era sólo palabras, fue uno de los argumentos de Hillary Clinton en su memorable batalla contra Obama. La señora Clinton se veía rebasada en una lucha que había sido diseñada, hasta en los últimos detalles, para que ella la ganara. El joven senador negro (que algunos se empeñan en reiterar como mestizo buscando quién sabe que efecto) era sólo palabras, pero la señora Clinton no podía comprender que detrás del lenguaje arrollador de su joven oponente estaba un pensamiento, no podía entender que el lenguaje es el arma fundamental de un líder emergente. El lenguaje –está dicho hasta la saciedad– es fiel reflejo de quien lo emite, el lenguaje es la traducción a signos de una estructura mental. El lenguaje puede cambiar al mundo. En efecto, somos escritores por conocimiento del poder del lenguaje, de uno que en la pluma de un escritor puede ser endeble o aparentemente intrascendente, pero que en boca de un líder (de manera especial si lo es de la primera potencia mundial) va a tener un efecto de cambio capaz de modificar estructuras cerradas, de abrir ventanas hasta ahora tapiadas, de hacer correr un aire fresco que permita mirar las cosas de otra manera, aunque nadie perciba de inmediato la trascendencia de la modificación.

IV

Al desafío que el presidente Obama encarna habrá que adecuarse. Me refiero a los timoratos líderes europeos y a los enrevesados líderes latinoamericanos. No hablo de los líderes chinos porque esos están muy conscientes de lo que sucede. Y sobre Rusia hay que entender que desde que Rusia es Rusia resulta imposible ponerle un corsé para dificultarle la respiración. Hay que entender a Rusia como es, poco inclinada a prácticas democráticas abiertas, de manera que la prepotencia zarista de Putin no es muy difícil de comprender. Pero también sobre Rusia deben venir conversaciones ingentes. Estados Unidos y Rusia deben abrir un nuevo diálogo y establecer las bases de una nueva convivencia. Este paroxismo de una “nueva guerra fría” que por momentos se asoma en el escenario mundial es un absurdo y Estados Unidos, sin andar imponiendo democracia por el mundo a los coscorrones, tiene un papel clave que jugar en la evolución democrática de Rusia.

Un encuentro y una conversación posibles entre Obama y Chávez no deben asustar a nadie. ¿O es que alguien piensa que el presidente Obama se va a dedicar a avalar dictaduras? ¿O es que alguien piensa que Obama es el presidente de algún espacio extraterrestre y no de los Estados Unidos? Esa conversación podría ser muy perjudicial para Chávez. Como muy bien lo ha dicho el equipo del presidente electo de los Estados Unidos, aquí no se trata de sentarse a tomarse un café, aquí se trata de preparación detallada, de establecer condiciones para que el diálogo fluya, de preparar cuidadosamente los detalles.

La mirada de lo que será la presidencia de Obama hacia América Latina no está definida con claridad. Es aquí donde las ideas y las realidades quizás choquen con más fuerza. Creo yo, desconocido comentarista en la pequeña república que es Venezuela, que el primer movimiento deberá ser hacia Cuba, pero no puedo anticiparme a los primeros pasos del presidente Obama. De algo no tengo la menor duda: la nueva administración abrirá todo el abanico hacia América Latina. Toca a América Latina prepararse para una conversación fluida y sin tapujos que traerá beneficios, aunque también algunos encontronazos ineludibles. De ambas cosas se vive.

He repetido muchas veces que los siglos no comienzan cuando comienzan ni terminan cuando terminan. Cuando terminó el siglo XX puede generar una discusión interminable: quizás –decían algunos– cuando el hombre llegó a la luna, pero lo decían antes de que se revelaran todos los secreto del ADN, de que la cadena de la vida fuera mostrada como resuelta en todo su lenguaje, porque la vida está hecha de letras. Cuando comenzó el siglo XXI es hasta ahora objeto de silencio. Si alguien dice alguna vez que el siglo XXI comenzó cuando Barack Hussein Obama fue electo presidente de los Estados Unidos de América, porque cumplió su misión, se honraría a alguien que llegó a la cúspide del poder mundial y fue capaz de ejercer su magisterio a la altura de las expectativas desatadas y se honraría a la nación que lo permitió, a una nación que fue capaz de voltear su alma para enfrentar los desafíos de un mundo perplejo y de moral golpeada.