Nuevo poemario de Emma Romeu

Mi paisana y amiga Emma Romeu es una excelente poetisa, narradora y periodista. La conocí en Las Palmas de Gran Canaria hace unos años y aquí presenté uno de sus poemarios. Emma acaba de publicar en EEUU, donde reside, otro libro: DIARIOS, POEMAS Y CAPRICHOS DE UNA PRINCESA PEREGRINA (Editorial Alpispa, Massachusetts). A él pertenecen los textos que siguen, en los que reaparecen dos cualidades distintivas de la poética de esta autora: la plasticidad de su lenguaje y su desenfadado uso del humor.

EL TÚNEL DE LA HABANA

El Cristo de la colina lo bendice,

el Atlántico le peina las algas en el cráneo;

persistente entre las dos riberas de la buena bahía

el túnel de La Habana sigue atento al que pasa.

No es tan viejo mirado con mis ojos solidarios,

tiene sesenta años,

y siempre ha resguardado en lo posible su elegancia de Francia,

Societé de Grand Travaux de Marseille,

llevada a efecto con toque caribeño,

como el del buzo Juan, arcángel submarino.

Setecientos treinta y tres metros de estoicismo

resisten el chirriar de guaguas infelices,

el lamento de boteros subterráneos,

la humedad tan mañosa,

e insaciables pasiones del veleidoso mar

y residuos burlones.

Un gigante modesto, tenaz en su proeza,

es el buen túnel,

campeón en la más difícil modalidad del mundo,

la de sumar orillas.

 

FORTALEZAS DE LA HABANA

La más vieja fortaleza de La Habana de piratas ya no guarda el recuerdo, el Castillo de la Fuerza ahora se ocupa de que su giraldilla vigile a La Cabaña con quien por el amor de El Morro ha entrado en competencia. Por llamar la atención del alto faro, la frívola vecina a las nueve da la hora a cañonazos y se muestra seductora con fiestas de turistas.

El Morro no hace caso de esas rancias conocidas, ubicadas tan próximas, y sueña con una muy graciosa allá en el Almendares, la pequeña Chorrera. Para ella manda las señales de su faro, ansioso de que le lleguen entre los edificios que han tapado su vista.

En la otra dirección, el Torreón de Cojímar perdió los catalejos y confunde sardinas con marinos. Y junto a la bahía al Castillo de la Punta nadie lo toma en serio, tan visible y tan chato, pues se dedica al chisme con los que por él pasan camino al Malecón.

¡Está La Habana en un conflicto más grande que su propio Capitolio!

¿Qué sucede que andan todos distraídos de sus viejas funciones?, ¿qué tal si un día regresan los piratas? A ver quién cuida a quién en tanta escaramuza. Quizás ya se hallen cerca, quizás ya estén adentro con máscaras de brujos del carnaval de Oriente.

Mejor que se concentren las viejas fortalezas, los piratas arrasan, atrás no dejan más que arena y piedras e ilusiones perdidas. No hay más que leerlo todo en los libros de historia.

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