Tzvetan Tódorov

(LIBERTAD DIGITAL-EFE, 8/2/2017) El franco-búlgaro Tzvetan Tódorov, premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 2008, deja a su muerte una vasta obra de notable impacto en el pensamiento de Occidente, en la que indagó acerca del poder de la empatía humana. Falleció a los 77 años tras sufrir una enfermedad degenerativa.
Tódorov ha contribuido en las últimas décadas a enriquecer el debate filosófico levantando cuestiones que están asociadas a la inmigración, el terrorismo o la xenofobia. “El enemigo se invoca en los discursos populistas demagógicos, a los que les encanta trazar ante un pueblo vengador un personaje culpable de todos los males que nos afectan. Pueden ser los inmigrantes de los países pobres o los musulmanes“, contaba el pensador en un artículo publicado en Le Monde en 2015.
“El neoliberalismo es un peligro muy próximo, porque, de momento, es la ideología de nuestros gobernantes. Hay otras ideologías que se perciben que son peligrosas, pero el neoliberalismo sustituye a la democracia, con lo cual nos encontramos en un régimen que ya no corresponde a la definición de democracia”, dijo Tódorov en una entrevista con Efe en 2014.
 “Logró vencer un enemigo de envergadura, el sistema del apartheid, sin verter una gota de sangre. Lo que hizo fue encontrar en sus enemigos ‘una luz de humanidad’ y comprendió las razones de su hostilidad y acabó por convertirlos en sus amigos”, sostuvo Tódorov sobre Nelson Mandela.
Escapó del régimen comunista búlgaro
Considerados sus trabajos un símbolo del espíritu de la unidad de Europa, del Este y del Oeste, y el compromiso con los ideales de libertad, igualdad, integración y justicia, Tódorov buceó en las relaciones de alteridad (condición de ser otro) después de haber huido del régimen comunista de su Bulgaria natal.
El pensador se mudó a París en 1963, cuando contaba con 24 años, y se doctoró en Psicología en 1966. Divulgador de los formalistas rusos, Tódorov estudió semiótica y exploró las teorías de la literatura fantástica. En 1973 obtuvo la nacionalidad francesa y continuó sus trabajos como profesor e investigador del Centro de Investigaciones de las Artes y el Lenguaje de la Escuela de Altos Estudios Sociales de París.
Influenciado por las obras del escritor ruso Vassili Grossman y el francés Germaine Tillion, publicó decenas de obras en sus vertientes como filósofo, lingüista, sociólogo, historiador, crítico y teórico literario.
Traducidas a más de una veintena de países, destacan entre sus obras Elogio de lo cotidiano (1998), un ensayo en el que sostenía que “la vida moderna e industrial lleva a la degradación de la vida cotidiana. Hoy no se admiran los gestos”, como aseguró años después.
El jardín imperfecto, Memoria del mal, tentación del bien –un excepcional análisis del siglo XX–, El nuevo desorden mundial: reflexiones de un europeo, Los aventureros del absoluto, El espíritu de las Luces y La literatura en peligro son otras de sus obras destacadas.
En los últimos años, publicó La pintura de la Ilustración. De Watteau a Goya (2011), Los enemigos íntimos de la democracia (2012) e Insumisos (2015), que repasa la labor de personajes como Malcolm X, Nelson Mandela y Edward Snowden.
Después del fallecimiento de Zygmunt Bauman, en enero de este año, la filosofía occidental ha perdido a otro de sus principales pensadores. En uno de sus últimos escritos, Tódorov demandaba cordura y moderación ante un mundo cada vez más imprevisible. “Cuidado con los dos extremos: no tenemos que avergonzarnos de elegir este camino del medio”, alertaba.
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