Oración de Gettysburg

Abraham Lincoln, decimosexto presidente de los Estados Unidos, pronunció su más célebre discurso, conocido como “Oración de Gettysburg”, un dia como hoy, hace 153 años. Lo pronunció en el sitio, Gettysburg (Pensilvania), donde el ejército del norte democrático y unitario derrotó definitivamente al del sur esclavista y secesionista. Dos años más tarde, un fanático sureño asesinaría a presidente Lincoln, de quien el poeta Walt Whitman nos dejó esta imagen: “Veo al presidente casi todos los días, puesto que vivo por donde él pasa cuando va o viene de su residencia, en las afueras de la ciudad. Nunca se queda a dormir en la Casa Blanca cuando aprieta el calor, sino que lo hace en unas dependencias menos malsanas, a unas tres millas al norte de la ciudad, en el Hogar del Soldado, unas instalaciones militares de los Estados Unidos. Lo he visto esta mañana, hacia las ocho y media, en la avenida Vermont, cerca de la calle L, cuando se dirigía, a caballo, a su despacho. Siempre lo escoltan veinticinco o treinta jinetes, con los sables desenvainados al hombro. Dicen que esta guardia lo acompaña contra sus deseos, pero ha dejado que sus asesores impusieran su criterio. Ni los uniformes ni los caballos de la escolta llaman demasiado la atención. El Sr. Lincoln suele montar un caballo gris de buen tamaño y fácil manejo, y viste enteramente de negro. Remata la ropa, algo raída y polvorienta, un sombrero de copa también negro. Parece, por su indumentaria, y en todo, el más corriente de los hombres”.
ORACIÓN DE GETTYSBURG
Hace ocho décadas y siete años, nuestros padres hicieron nacer en este continente una nueva nación concebida en la libertad y consagrada al principio de que todas las personas son creadas iguales.
Ahora estamos empeñados en una gran guerra civil que pone a prueba si esta nación, o cualquier nación así concebida y así consagrada, puede perdurar en el tiempo. Estamos reunidos en un gran campo de batalla de esa guerra. Hemos venido a consagrar una porción de ese campo como último lugar de descanso para aquellos que dieron aquí sus vidas para que esta nación pudiera vivir. Es absolutamente correcto y apropiado que hagamos tal cosa.
Pero, en un sentido más amplio, nosotros no podemos dedicar, no podemos consagrar, no podemos santificar este terreno. Los valientes hombres, vivos y muertos, que lucharon aquí lo han consagrado ya muy por encima de nuestro pobre poder de añadir o restarle algo. El mundo apenas advertirá y no recordará por mucho tiempo lo que aquí decimos, pero nunca podrá olvidar lo que ellos hicieron aquí. Somos, más bien, nosotros, los vivos, los que debemos consagrarnos aquí a la tarea inconclusa que, aquellos que aquí lucharon, hicieron avanzar tanto y tan noblemente. Somos más bien los vivos los que debemos consagrarnos aquí a la gran tarea que aún resta ante nosotros: que, de estos muertos a los que honramos, tomemos una devoción incrementada a la causa por la que ellos dieron hasta la última medida completa de celo. Que resolvamos aquí, firmemente, que estos muertos no habrán dado su vida en vano. Que esta nación, Dios mediante, tendrá un nuevo nacimiento de libertad. Y que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no desaparecerá de la Tierra.
ABRAHAM LINCOLN
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