Una poetisa injustamente olvidada

El pasado agosto se cumplieron 110 años de la muerte de la poetisa, prosista y traductora Mercedes Matamoros (Cienfuegos, 1851-La Habana, 1906), una de las voces femeninas más intensas y audaces de la poesía cubana. Para recordarla, comparto con ustedes dos sonetos suyos que revelan su talento y, sobre todo, su fuerte personalidad. El primero, “La muerte del esclavo”, fue escrito en 1879, siete años antes de que en Cuba se aboliera la esclavitud.

LA MUERTE DEL ESCLAVO
Por hambre y sed y hondo pavor rendido,
del monte enmarañado en la espesura,
cayó por fin entre la sombra oscura
el miserable siervo perseguido.
Aún escucha a lo lejos el ladrido
del mastín, olfateando en la llanura,
y hasta en los brazos de la muerte dura
del estallante látigo el chasquido.
Mas de su cuerpo de la masa yerta
no se alzará mi voz conmovedora
para decirle: –¡Lázaro, despierta!–
¡Atleta del dolor, descansa al cabo!
Que el que vive en la muerte nunca llora,
y más vale morir que ser esclavo.
TORMENTO
Yo no puedo vivir sin contemplarte,
ni puedo ser dichosa sin oírte;
¡alas no tengo yo para seguirte!
¡voces no tengo ya con que llamarte!
¡Quisiera ser voluble para odiarte;
quisiera tener fuerzas para huirte;
esquivez y desdenes para herirte;
orgullo y dignidad para olvidarte!
Mas no me atrevo ningún daño a hacerte
¡yo no puedo dictar fallo de muerte
Contra el tirano cruel que me tortura!
Medito mi venganza hora tras hora,
¡y en lo íntimo del pecho que te adora,
para ti, caro bien, solo hay dulzura!…
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