Punto de vista

La Historia demuestra que la democracia representativa es, con mucha diferencia, el mejor modelo de organización y funcionamiento del Estado. Pero es también el más vulnerable: en primer lugar porque garantiza a sus enemigos –que son tanto los corruptos como los demagogos– los mismos derechos y libertades que a sus adeptos; y en segundo lugar porque los partidos políticos, salvo en ocasiones excepcionales, actúan como sectas que con mejor o peor histrionismo anteponen sus intereses grupales –o sea, los de sus caudillos– a los de la nación. ¿Por qué nos asombra lo que estamos viendo hoy en el “ruedo ibérico”, que diría Valle-Inclán?
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