Camaleonismo

Camaleón.jpgEn estos días, contemplando el ruedo ibérico, me ha venido a la mente una anécdota que me contó el gran poeta Nicolás Guillén. Según Nicolás, hubo en su natal Camagüey, en tiempos de la República, un político que se hizo célebre militando en el Partido Liberal y, de buenas a primera, se declaró conservador. En vista de la perplejidad general, aprovecho, para explicarse, un mitin de su nuevo partido, y comenzó su intervención preguntando “¿Saben ustedes, queridos amigos, por qué, habiendo sido liberal toda mi vida, hoy me proclamo conservador?”, y el silencio que tal pregunta produjo fue roto por alguien que le gritó “Porque te vendiste, hijo de puta”. Contando esta anécdota me viene a la mente también que, allá por los años 40 del siglo pasado, había en Cuba un polítiquero leído y escribido que cambiaba de bandera como de calcetines y le puso una etiqueta chulísima al camaleonismo: “El permanente renuevo”. Ahora recuerdo que Fidel Castro, mientras estaba en la Sierra Maestra, se mostraba socialdemócrata –lean el Programa del Moncada y otros documentos suyos de entonces–, y tan pronto como agarró el poder dijo, urbi et orbi, desde la terraza del Palacio Presidencial, que era comunista, lo había sido siempre y lo sería hasta su muerte. Y esto era lo cierto. La prueba de que, al rectificar, no mentía está a la vista: un país arruinado con una población esclavizada.

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