Punto de vista

Toro de la VegaManuel Díaz Martínez

En el diario español ABC aparece hoy un texto titulado “Seis razones por las que la Tauromaquia es cien por cien ecología”. En él se expone la tesis de que gracias a la tauromaquia existe el toro de lidia, de cuya crianza se derivan beneficios ecológicos. Esta manera de razonar permitiría decir, por ejemplo, que el crimen es ciento por ciento Justicia porque gracias a él existen leyes de cuya aplicación viven los jueces. Es espeluznante que se justifique la muerte atroz de un toro, o de cualquier ser viviente, alegándose que fue escrupulosamente criado para sufrir tormento. Hoy la cultura se identifica –y ojalá hubiese sido así siempre– con la vida y los valores que la ennoblecen, no con el morbo de tradiciones crueles y, por tanto, retrògradas. Bastantes atrocidades hay en el mundo que nos amargan la existencia como para admitir, en calidad de espectáculos culturales, otras que deberían yacer en los museos y en las páginas de la historia de la misma manera como yacen, Deo gratias!, los combates de gladiadores y las piras de la Inquisición. Y puesto a este tema, saludo –aunque lo encuentro tímido– el decreto-ley mediante el cual el Consejo de Gobierno de Castilla y León ha prohibido alancear y matar al morlaco en el llamado Torneo del Toro de la Vega, uno de las “fiestas” taurinas más repugnantes, tanto como los “correbous” de Cataluña.

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