Nuestra desgracia y la solución

Pedro Campos, La Habana

(DIARIO DE CUBA, 23/4/2016) A propósito de todo lo que ha ocurrido con este VII Congreso del PCC aparecen análisis diversos, todos con sus razones, tratando de explicar el salto en el vacío que acaba de dar esa organización partidista, la cual no alcanza a comprender que ya pasó su carnaval, que estamos en otra época por mucho que se quiera detener la máquina del tiempo, que ya no es posible hacer creer a la gente en el futuro si no hay presente, que el estatismo-asalariado nació herido de muerte y por tanto con vida limitada.

Y es lógico que la gente busque explicaciones, porque el PCC se ha tomado demasiado al pie de la letra lo del artículo 5to de la Constitución, —El Partido Comunista de Cuba, martiano y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista— y, efectivamente, se ha convertido en una traba irresistible para el desarrollo individual y social, simplemente porque no es martiano ni marxista.

Ahora no solo pretende el Congreso del PCC (mil cubanos) que Cuba sea y viva como ellos quieran, como ellos creen que debe ser el futuro, sino que además organizan planes de desarrollo para 15 años, cuando ninguno de ellos podría explicar qué pasaría mañana si EEUU —para “no seguir atacando a la revolución”, según el sentido dado por el canciller Bruno Rodríguez Parrilla a la visita de Obama—, decide echar atrás el proceso de normalización.

¿Cómo es posible hablar de planes económicos estratégicos en un país que hasta ayer basaba su desarrollo en lo que pudiera lograr en sus relaciones con el “enemigo histórico” y hoy prácticamente está batiendo tambores de guerra porque se siente agredido por su acercamiento diplomático?

Ojalá que EEUU no tome en serio las palabras del experimentado diplomático y siga adelante en sus planes para levantar el embargo y cooperar en el desarrollo del pueblo cubano. Pero en fin, al tema de marras.

Algunos achacan nuestra desgracia a la existencia de un Fidel Castro, al fatalismo geográfico, al clima, a Batista y su golpe de Estado, los cohetes atómicos rusos, la desaparición de Camilo Cienfuegos, la “flojera de los gobiernos americanos”, la caída de la URSS y el campo socialista, etc.

Sin embargo si analizamos cualquier fenómeno de los últimos 56 años, encontramos que todo gira en torno a la propiedad. Fue la incautación de tierras y propiedades en los primeros años de la revolución, lo que generó el aumento de la contrarrevolución, el agudo enfrentamiento en el seno de la sociedad, la actuación de EEUU contra el Gobierno cubano, lo que provocó la explosión de La Coubre, Girón, el Escambray, el acercamiento a la URSS y la crisis de Octubre y hasta el “período especial”.

Fue la concentración de la propiedad de la tierra y los recursos en manos del Estado, la que trajo o facilitó el desabastecimiento, la brigada Che Guevara, el fracaso de la zafra del 70, la destrucción de la industria azucarera y la ganadería, los fracasos de los grandes planes lecheros, cafetaleros, de plátano y otros, el abandono de la tierra al marabú, los fracasos de todos los planes quinquenales, el desastre de la vivienda y las vías de comunicación, y todo ese grupo de etc., que todos conocen. Fue lo que posibilitó la Constitución Estado-céntrica de 1976.

El PCC y su Gobierno se proponen planes y más planes que todos fracasan porque la propiedad estatal, en verdad de la burocracia, sobre la tierra, las fábricas, las empresas, los hoteles, y —muy importante— la fuerza de trabajo de la que disponen como esclava moderna (asalariada) o venden a empresas extranjeras o a países que la necesitan, no es capaz de generar interés en los productores, simplemente porque no satisface sus necesidades.

El Estado, entelequia que solo sirve a los intereses de la burocracia y a su auto reproducción, no valora ni le interesa valorar la fuerza de trabajo, que tiene a pululo, pues si lo hiciera, no podría sostenerse. El Estado-dueño actual, es la versión moderna de la esclavitud generalizada, de Mesopotamia y América, que José Martí identificó y rechazó como socialismo de Estado, en su inmortal La futura esclavitud.

Por eso el Partido-Gobierno-Estado es tan reiterativo en que “nuestro socialismo se basará en la propiedad estatal sobre los medios fundamentales de producción” y sustenta todo el sistema económico, político y social en ese modelo de propiedad. La “no-estatal” es accesoria.

Si no existiera esa concentración de la propiedad, no tuviéramos esa burocracia partidocrática y parásita que hace medio siglo controla el país, no fueran necesarios tantos ministerios y sus cientos de miles de burócratas para “controlar y dirigir” la producción, nadie podría pretender imponer nada a los demás que fueran también dueños de medios de producción, ni políticas arbitrarias de producción y precio, ni definiciones de cómo debería vivir.

En una sociedad de muchos, todos, propietarios individuales o asociados de medios de producción, nadie podría imponer nada a los demás y sería esa la base para la democracia soñada por Martí.

En fin que la concentración de la propiedad en el Estado ha sido nuestra desgracia y su socialización, nuestra solución.

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