El periodista y la dictadura

Disidente cubano arrestadoEl periodista independiente cubano Yuri Valle Roca es arrestado por la policía el jueves 10 de diciembre en La Habana (foto: AFP)

Luia Cino Álvarez, La Habana.

(CUBANET, 29/2/2016) En un artículo que apareció el pasado 9 de febrero en la página digital ONCUBA, Lenir Rivero se quejaba de “los maltratos a profesionales de la prensa por parte de personas que, al sentirse aludidas en la crítica de un periodista, deciden vengarse a puñetazos o con amenazas”.

“En nuestra sociedad muchas más personas que lo deseable se adjudican el derecho de agredir física o psicológicamente a los periodistas”, lamentaba.

Denunciar un cambiazo de frijoles en las bodegas, un desfalco en una empresa o intentar tomar unas fotos en una tarima de un agromercado, pueden ser “actos arriesgados”, explicaba.

Como nos recuerda el propio autor del artículo que “Cuba, afortunadamente, queda fuera de las estadísticas de homicidios cometidos contra periodistas”, el lector pudiera pensar que exageró en el título. Pero no. Solo hay que seguir leyendo.

“Hay muchas maneras de matar a un periodista: inculcándole el miedo a través del maltrato físico, la burla o la censura; presionándolo para que omita datos de interés público o negándole la información solicitada; haciéndole creer medias verdades o aplaudiéndolo cuando recita medias mentiras”, explica Rivero.

En Cuba no hace falta matar a periodistas, porque como dijo algún colega, este régimen, desde sus mismos inicios, se encargó de matar al periodismo.

¡Si sabremos los periodistas independientes acerca de todo lo que refiere Lenir Rivero y más! Solo que no nos agreden peloteros enfurecidos, sino los agentes de la policía política y sus sicarios de las brigadas de respuesta rápida.

Pero no voy a referirme a la represión a que estamos sometidos los periodistas independientes, sino a los numerosos sinsabores que tienen que enfrentar los periodistas de los medios oficiales o de los que de tan complacientes casi lo son, que parecen ser los únicos periodistas que cuentan para Lenir Rivero. Y aun así, se quedó corto en el recuento de las vicisitudes que sufren…

Bajo una dictadura, resulta bastante ingenuo hablar de “la incapacidad para lidiar con la crítica y la opinión diferente”.

¿Cómo “asumir la función periodística con toda su dignidad” cuando la prensa se limita a repetir los argumentos oficialistas?

Luego de las exhortaciones del general Raúl Castro y el vicepresidente Díaz-Canel a hacer un periodismo más creíble y crítico siempre que sea responsablemente y en “el momento adecuado”, que no se sabe a ciencia cierta cuál es, los preriodistas oficialistas ya se atreven a tratar sobre la mala calidad del pan, los baches, las fosas reventadas, el ruido del reguetón a todo volumen en los lugares públicos, los altísimos precios en los agromercados (siempre culpando a los intermediarios), y si acaso, los abusos con las pensiones de los jubilados y de la Asistencia Social… Pero siempre con mucho cuidado.

No la tienen fácil los colegas de la prensa oficial. Además de la censura que les impone el Departamento Ideológico del Comité Central del Partido Comunista, se autocensuran para no buscarse problemas con sus jefes de redacción. Y encima tienen que soportar que un director de empresa de poca monta o cualquier pelafustán municipal –los ministros y otros pejes gordos son inaccesibles- les largue zoquetadas, les cuelgue el teléfono o les cierre la puerta en sus narices, y que lo mismo los policías que los administradores de las TRD se pongan nerviosos y les impidan tomar fotos. Y hasta corren el riesgo de que les tire un piñazo algún bodeguero o un pelotero demasiado susceptible, frustrado porque no se le ha dado la oportunidad de “desertar” e irse a jugar a las Grandes Ligas.

Como el régimen utiliza todas las formas de “matar” a los periodistas que señala Lenir Rivero y otras muchas más, no requiere mucho esfuerzo imaginar a los profesionales de la prensa en Cuba como muertos vivientes, zombies que imitan la fraseología de los jefes ventrílocuos. Y ni siquiera así, obedientes a la voz del amo y siempre aplaudiendo, están exentos de riesgos. Pero supongo que ninguno esperaba que el periodismo, ni siquiera el oficialista, fuese un lecho de rosas.

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