Cuba tiene una larga historia de censura al cine

Arturo Arias-Polo

(EL NUEVO HERALD, Miami, 7/2/2016) Hace 55 años, los secretos de la noche habanera salieron a la luz en PM, una pequeña película que mostraba cómo se divertía la gente de pueblo en los bares aledaños a la ciudad.

El cortometraje, realizado con modestísimos recursos por dos jóvenes desconocidos, Orlando Jiménez Leal y Sabá Cabrera, presentaba una imagen del cubano muy ajena a la que promovía la cultura oficial de entonces a través de los medios.

En 14 minutos no aparecían milicianos aguardando la invasión del enemigo imperialista ni consignas. Solo hombres y mujeres entregados al placer del baile, la música y el ron.

La película se estrenó en mayo de 1961 en el programa Lunes en Televisión, un espacio del suplemento cultural Lunes –que dirigía el escritor Guillermo Cabrera Infante–, del periódico Lunes de Revolución. Entre las reseñas favorables que recibió sobresale la que publicó en la revista Bohemia Néstor Almendros, quien a la postre se destacaría en Hollywood como director de fotografía.

Entonces nadie imaginaba que el estreno de PM diera paso a “el caso PM”, una vez que sus creadores pretendieron exhibirla en un cine especializado en cortos y noticieros que aún no había sido intervenido por el gobierno, cuyo administrador exigió la autorización del ICAIC (Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos).

Tras solicitar el permiso, Jiménez Leal y Cabrera recibieron la noticia de que su obra había sido confiscada por la institución, pese a que cumplía los requerimientos de la Comisión de Estudio y Clasificación de Películas, adscrita al ICAIC.

Sin embargo, a los ojos de la dirigencia del organismo, encabezado por Alfredo Guevara, el filme resultaba dañino para los intereses del pueblo cubano y la revolución.

“Antes de la revolución, en Cuba existía una comisión revisora de películas que las clasificaba, mayormente, por problemas morales. Determinaba si eran aptas o no para menores de edad. PM, que yo sepa, fue la primera censura artística y política en Cuba, después de la revolución. Y la más brutal”, recordó Orlando Jiménez Leal en la entrevista con el Nuevo Herald, en su casa de Miami.

Curiosamente, durante la dictadura de Fulgencio Batista, fue vetado y confiscado El Mégano (1955), un corto dirigido por Julio García Espinosa, que luego integró la dirigencia del ICAIC, junto al grupo que colaboró con él. La película muestra las condiciones infrahumanas de la vida de unos carboneros en la Ciénaga de Zapata.

La posterior proyección y el debate de PM convocado por el propio ICAIC, en la Casa de las Américas, fue antesala de una serie de reuniones presididas por Fidel Castro –a las que asistieron artistas, directores de medios y funcionarios del gobierno– que ocuparon la Biblioteca Nacional, los días 16, 23 y 30 de junio del mismo 1961.

Las intervenciones de Castro se publicaron bajo el nombre de Palabras a los intelectuales, un documento que condenaba toda creación artística que expresara un punto de vista diferente al oficial.

La frase concluyente: “Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada” estableció las reglas y definió la política cultural del gobierno en lo adelante.

“Sus palabras fueron una sentencia que se resume así: si no estás conmigo, estás contra mí. Y si no piensas como yo, eres enemigo. Aquello no era un diálogo, sino un monólogo”, evocó Jiménez Leal, que en ese momento experimentó “una sensación de angustia y profunda frustración” ante aquella “misa negra” donde tanto él como Sabá Cabrera pasaron a ser “los acusados”.

“Nos convertimos en ‘no personas’ ”, evocó el cineasta, que compara lo que le tocó vivir con la novela 1984, de George Orwell.

“Una de las experiencias más dramáticas que he tenido en mi vida es haber leído 1984, en pleno proceso revolucionarioy comprobar que no existían diferencia entre la realidad y la ficción”, aseveró.

Jimenez Leal salió de Cuba el 2 de enero de 1962. Su filmografía en el exilio incluye El super (1979), Conducta impropia (1984) y 8-A (1992), entre otros títulos.

Sabá Cabrera no continuó vinculado al cine. Se dedicó a la pintura. Falleció en Miami, en el año 2002.

Los pormenores relacionados con el polémico cortometraje aparecen en el libro El caso PM. Cine, poder y censura (Editorial Colibrí, 2012/ Editorial Hypermedia, 2014), una compilación de artículos coordinada por Jiménez Leal y el cineasta Manuel Zayas.

“A mi juicio, la pieza fundamental del libro es la transcripción de las conversaciones entre Fidel Castro y nosotros en la Biblioteca Nacional”, afirmó Jiménez Leal. “Leídos 50 años más tarde, esos textos resultan reveladores”.

El cineasta y escritor Fausto Canel, que también escribió una crítica favorable a PM en Lunes y estuvo en los debates de la Biblioteca Nacional, dijo que la prohibición de la cinta, “más que la simple censura de una creación artística, fue el momento en que el castrismo se decidió a controlar definitivamente toda la vida intelectual y artística del país. Maniobra que ahora sabemos que Castro y los [del] Partido Socialista Popular (PSP), de tendencia estalinista, tenían planeada desde hacía mucho tiempo”.

“La Habana intelectual estalló en llamas, cosa que los dirigentes no se esperaban, o por lo menos, no las esperaban tan altas”, rememoró Canel. “Por eso tuvieron que adelantar la estalinización del mundo intelectual. Para controlar las llamas”.

Años después, al cineasta le censuraron El final(1964), una de las historias que se incluiría en el largometraje Un poco más de azul.

“Ya por el título se ve que queríamos alejarnos de la aburrida arenga cinematográfica del ICAIC. Pero al final censuraron El final, y también Elena, la primera historia, de Fernando Villaverde”, evocó Canel, cuyas películas Desarraigo (1965) y Papeles son papeles (1966) no hace mucho se transmitieron por la televisión cubana, tras décadas de veto.

La censura siguió

En las décadas sucesivas a “el caso PM” muchos filmes fueron retirados de los circuitos de exhibición porque sus realizadores abandonaron el país, tal como ocurrió con El bautizo (Roberto Fandiño, 1967), La ausencia (Alberto Roldán, 1968) y Tránsito (1964), Un día en el solar (1965) y El huésped (1966), estas tres últimas de Eduardo Manet.

En otros casos, las cintas fueron mutiladas o estrenadas tardíamente por considerarlas inoportunas.

En la lista sobresalen Un día de noviembre (Humberto Solás, 1992), Una pelea cubana contra los demonios Hasta cierto punto (Tomás Gutiérrez Alea, 1971 y 1983) y Techo de vidrio (1982), de Sergio Giral, a quien ya le habían vetado el corto La jaula (1964).

“Nunca supe por qué. Me imagino que se debió a que no hacía reverencias al régimen. Solo era una historia de ficción sobre una esquizofrénica”, dijo Giral desde Miami.

Algunos documentales de Sara Gómez y Nicolás Guillén Landrián fueron borrados de la historia oficial.

En 1991, la película Alicia en el pueblo de Maravillas, dirigida por Daniel Díaz Torres, reeditó, de alguna manera, “el caso PM” 30 años después, cuando fue retirada de los cines a pocos días del estreno.

La historia transcurría en un balneario donde iban a parar los dirigentes “tronados” [destituidos].

“Después de la sentencia castrista con respecto a PM ese camino ya estaba trazado por el ICAIC. Ya todo era posible”, dijo Jiménez Leal.

Por su parte, el cineasta Manuel Zayas subrayó desde Nueva York que Alicia… se produjo en una época conocida como la ‘rectificación de errores’, versión tropical de la perestroika”, en que “ya la Unión Soviética y el campo socialista estaban en capilla ardiente y ni Fidel ni Raúl estaban dispuestos a aceptar una comedia sobre el gran disparate de su revolución tropical”.

“Estaban dispuestos a hacer desaparecer el ICAIC. Si durante mucho tiempo estuvieron convencidos, como decía Lenin, de que el ‘cine es la más importante de las artes’, cuando sucedió lo de Alicia…, intentaron dar marcha atrás y hacer volar por los aires el instituto de cine oficial. Desde entonces, el cine dejó de serles útil”, apuntó Zayas.

Juan Antonio García Borrero, crítico y fundador del blog Cine cubano: la pupila insomne, afirmó desde Camagüey que ambas películas “se igualan por haber sufrido la desproporción de una reacción oficial que las condenó a las sombras, pero las diferencias son notorias”.

PM estaba concebida desde la inocencia creativa, mientras que en Alicia… hay un interés expreso de intervenir críticamente ante la realidad. Que pasado el tiempo caigan en el gran saco de las películas censuradas es otra cosa, pero las intenciones a la hora de ser creadas fueron muy diferentes”, precisó García Borrero. “El que quiera entender de verdad lo ocurrido con PM debe ir más allá de ella, y volver a vivir la época, con todas sus pugnas y utopías”.

En 1995, la filmación del largometraje Cerrado por reformas, de Orlando Rojas, fue suspendida al tercer día por considerarse una obra contrarrevolucionaria.

“El rodaje se suspendió por una orden ejecutiva de Alfredo Guevara”, recordó Rojas desde Miami. “Y aunque el guion había sido premiado en 1994 en el festival de La Habana, el mismo que premió al de Fresa y chocolate (1994), se le consideró una película ‘muy lúgubre y pesimista”.

La trama abordaba los problemas de tres mujeres en el llamado ‘período especial’ por el que atravesó la economía cubana.

Manuel Zayas afirmó que “se han seguido censurando películas, pero siguiendo un tipo de censura de baja intensidad y no de forma tan escandalosa como cuando PM o Alicia…”.

“Cada día más, los que tienen capacidad de veto se van dando cuenta de lo escandaloso y contraproducente de la censura”, señaló Zayas. “Aunque están los dinosaurios ideológicos, enfrascados ahora en el control del internet y en frenar los reclamos de los cineastas que quieren una ley de cine”.

El crítico Alejandro Ríos añadió que La vaca de mármol (Enrique Colina, 2013) no tuvo distribución nacional. El documental trata sobre la vaca Ubre Blanca, un prodigio de producción de leche que fue utilizada por la propaganda del gobierno.

“Como tampoco la tienen las películas que se exhiben cada año en la Muestra de Cine Joven, que paradójicamente auspicia el ICAIC”, añadió Ríos, que sumó a la lista Monte Rouge (Eduardo del Llano, 2004) “que fue censurada por satirizar a la Seguridad del Estado”.

La serie Crematorio (2013), realizada de manera independiente por Juan Carlos Cremata, también se censuró.

El año pasado el cineasta tuvo que bajar de las tablas su montaje de El rey se muere, por mandato de las autoridades culturales que cancelaron su proyecto teatral El Ingenio.

El rey se muere versa sobre un personaje aferrado al poder por más de 200 años.

“La censura se consolida y refuerza”, expresó Cremata vía email. “Por disposición inalterable y sin previo aviso, la presidencia del ICAIC ha decidido inhabilitar nuestra cuenta de correo en esa institución. Se acentúa con ello la condena a convertirnos en no personas”.

Al referirse al caso PM, el cineasta manifestó que si la leyenda perdura, obedece a que “al prohibirla lo que hicieron fue magnificarla” y alentar a todos los que querían verla.

“Es la asquerosa política sucia de siempre y el despotismo de un estado que nació, y aún se consolida, inventándose enemigos por todos lados”, dijo Cremata.

¿A 55 años de “el caso PM” Jiménez Leal imaginó que su corto marcaría un antes y un después en la creación artística cubana?

“Filmar PM fue un acto de conspiración estética en medio de aquella cursilería revolucionaria con sus himnos solemnes y esas marchas heroicas tan difíciles de asimilar por el pueblo”, explicó el director. “Sabía que iba a divertir y a irritar a mucha gente. Pero nunca sospeché que trascendería tanto”.

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