Contra la visita a Francia de Raúl Castro

El dictador cubano Raúl Castro, invitado por François Hollande, tiene programada una visita a París a partir del 1 de febrero de 2016. Presidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros, Primer Secretario del Partido Comunista, General de Ejército (estas son sólo algunas de sus funciones oficiales), el hermano menor de Fidel Castro es un tirano de la peor ralea, que ejerce el poder desde hace 57 años, mucho más de medio siglo.

Raúl Castro es el hombre que, desde la toma del poder en enero de 1959, hizo antes que nadie fusilar a decenas de prisioneros en una noche en Santiago de Cuba después de un “juicio” bochornoso que duró menos de media hora. A lo largo de su mandato al mando de las Fuerzas Armadas y de la represión interna, hizo ejecutar, encarcelar y condenar al exilio a decenas de miles de opositores, junto con su hermano y con el Che Guevara, por medio de los tristemente célebres “Tribunales Revolucionarios” y otras jurisdicciones militares, que aún hoy siguen vigentes, como durante el “Caso Ochoa”, cuando varios altos oficiales fueron fusilados, o cuando tres jóvenes que intentaban abandonar su país fueron condenados a muerte en 2003, durante la “Primavera Negra”.

Fue él también quien ordenó, en 1996, el derribo de dos avionetas pilotadas por exiliados cubanos, cuya misión consistía en socorrer a los innumerables balseros que intentan salir de Cuba arriesgando sus vidas. En 2012, siendo ya Raúl Castro Jefe del Estado, uno de los dirigentes de la oposición, Oswaldo Payá, Premio Sajarov por los derechos humanos, y el activista Harold Cepero, fueron víctimas de un “accidente” de tráfico —provocado sin dudas por los esbirros del régimen—, causando su muerte. La oposición sigue siendo hostigada y reprimida. No pasa un solo día sin su conjunto de intimidaciones, de golpizas, de detenciones arbitrarias, de humillaciones y condenas, contra todos los que se apartan de la línea oficial.

Sin embargo, a pesar de ese siniestro balance, la administración norteamericana del presidente Barack Obama inició, en diciembre de 2014, un acercamiento que llevó al restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre los dos países y a múltiples demostraciones de amistad con el objetivo de convencer al Congreso, con mayoría republicana, de votar por el levantamiento del embargo. Por su parte, Raúl Castro, a pesar de algunas medidas tendientes a una liberalización parcial de la economía cubana, reforzó su sistema represivo.

François Hollande se introdujo en esa brecha, yendo incluso más allá cuando se encontró en La Habana, en abril de 2015, con un Fidel Castro casi moribundo. Olvidaba, así mismo, sus declaraciones pasadas, pronunciadas en 2003, que condenaban sin contemplaciones “un poder personal, incluso dinástico, rechazo a elecciones libres, censura, represión policial, encierro de los disidentes, en suma el arsenal completo de una dictadura”. Esa dictadura sigue en pie. Su meta es la de perpetuarse hasta el infinito, colocando en los puestos clave del poder a los herederos de la familia Castro, quienes no se intentan siquiera ocultarse cuando disfrutan de los placeres “capitalistas” en el exterior (vacaciones mediterráneas en yates lujosos, por ejemplo), demostrando de ese modo su indiferencia absoluta hacia la suerte de un pueblo sometido al racionamiento y a la represión.

Los más cínicos o los más ingenuos siguen justificando la perpetuación del régimen por sus avances en la salud y en la educación, que consisten en unas medidas adoptadas hace más de 50 años, cuya realidad dista mucho de lo que pretende la propaganda y de los resultados conseguidos por varios países pobres que obtuvieron esos progresos sin arruinar la economía y sin suprimir las libertades. Otros justifican el acercamiento por las perspectivas económicas, ocultando la realidad de un país sin ninguna justicia y sin la más mínima voluntad de desarrollo. Por esa razón, la deuda de Cuba con el Club de París, la mayor parte contraída con Francia, ha sido simple y llanamente cancelada.

Miles de cubanos siguen escapando del terror y de sus deplorables condiciones de vida intentando cruzar el Estrecho de la Florida o, más peligroso aún, aventurándose por innumerables países de América Latina antes de ser bloqueados en Centroamérica en su ruta hacia Estados Unidos

La única solución a ese estado de cosas sería el apoyo a la disidencia que podría colocar de nuevo a Cuba en la vía de la democracia y de la prosperidad.

El recibimiento de Raúl Castro en Francia solo servirá a consolidar su poder. Por ello, llamamos a todos los demócratas a denunciar esa invitación. Nada justifica esa estancia, que significa un insulto a la lucha por los derechos humanos en Cuba y una terrible falta moral del Gobierno y del Presidente de la República Francesa, insensibles a los sufrimientos del pueblo cubano y a sus aspiraciones a la libertad.

Jacobo Machover, escritor y académico cubano. Laurent Muller, presidente de la Asociación Europea Cuba Libre. Jesús Zúñiga, periodista independiente cubano refugiado en Francia.

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