100 años de la “Antología de Spoon River”

Ant Spoon River libroEl abogado Edgar Lee Masters (Estados Unidos, 1868-1950) dedicó más tiempo y entusiasmo a la literatura que a las leyes. En un momento no muy tardío de su larga vida, abandonó las últimas por la primera y se convirtió en un escritor ermitaño. Me atrevo a decir que, además de ermitaño, obsesivo: según biógrafos suyos, hasta su muerte luchó con denuedo para superar con nuevas obras el libro gracias al cual lo recordamos hoy, Antología de Spoon River, de cuya primera edición se cumple un siglo en el presente año. Pero aquélla fue una batalla perdida, como la de Flaubert contra Madame Bovary. El culmen de cuanto escribió Masters son los imaginarios epitafios de las ficticias lápidas pertenecientes a los falsos difuntos que supuestamente reposan en el mítico cementerio de un pueblo que -poco importaría que existiera- él se inventó.
Mi descubrimiento de Antología de Spoon River se produjo mientras, animado por la ilusión de encontrar algo diferente, que me sorprendiera, exploraba una librería de Las Palmas de Gran Canaria. El nombre de su autor no me decía absolutamente nada, pero, tan pronto como leí, al pie de un estante de aquella librería, algunas páginas de esta obra de dudosa clasificación -¿narrativa?, ¿poesía?- me invadió el regocijo de haber dado con lo que a tientas buscaba. Libro raro, aún hoy, en su tiempo fascinó a unos cuantos poetas mayores, entre los cuales estaba Ezra Pound, quien lo recibió públicamente con un aleluya a nombre de la poesía norteamericana.
A mí lo que más me atrae en él, la razón por la cual siento no haberlo leído mucho antes, es la desinhibida sencillez con que desnuda la trascendencia de esa parte de la realidad que parece no tenerla: lo cotidiano. Los doscientos y tantos poemas-lápidas que nos dejó Masters en su genial ucronía de Spoon River configuran un coro de voces sin tiempo en el que todos cantamos.
Al cerrar el libro, advertí que faltaba la lápida del autor. He aquí el epitafio que para esa lápida propongo:
EDGAR LEE MASTERS
Yo, Edgar Lee Masters, abogado,
último difunto en merecer parcela
en el viejo cementerio de Spoon River,
fui notario leal y diligente
de casi todos mis vecinos en el pueblo,
hoy mis vecinos en la eternidad.
Tanto ellos como yo esperamos
que al contarte, caminante, quiénes fuimos
nos libres de perecer definitivamente.
Doy fe de la veracidad
de cuantas confesiones
mis vecinos más locuaces me han confiado.
Algunos, por prudencia o timidez,
prefirieron acogerse al silencio sepulcral,
y suyas son las lápidas en blanco.
Dedícales también un pensamiento.
MANUEL DÍAZ MARTÍNEZ

[Tomado de la revista Palimpsesto, Nº 30, 2015.]

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