Presentación de “Vertientes”, libro de Evelyn de Lezcano

Evellyh libroPresentación del libro de Evelyn de Lezcano el 5 de este mes en el Museo Poeta Domingo Rivero, en Las Palmas de Gran Canaria.

Un notable escritor cubano del siglo XX, Juan Marinello -por cierto, amigo personal de Federico García Lorca y de Miguel Hernández-, escribió unos bellísimos ensayos sobre poetas de la isla contemporáneos suyos y a esos textos los llamó “Ensayos en entusiasmo”. Las insuficientes líneas que leeré a continuación tienen en común con los textos de Marinello que han sido escritas también “en entusiasmo”.
Lo primero que deseo decirles es que no me cabe duda de que Evelyn de Lezcano es una poetisa a tomar en cuenta. Leer sus dos libros publicados ha sido para mí una experiencia jubilosa, y más aún: emocionante. Tengo la convicción de que asistimos al nacimiento, o ya al crecimiento de una voz singular y una voluntad creadora muy seria en el espacio de la poesía canaria, un espacio en el cual el verso escrito por mujeres ocupa un sitio cada vez más relevante, según mi mirada, que hace tiempo ha dejado de ser la de un forastero.
Por la alta temperatura emocional a la que Evelyn de Lezcano somete su cultivado y eficiente verbo lírico, en el que la audacia y cierto desenfado no son virtudes menores, es difícil no involucrarse en su muy personal mundo poético.
Tanto en su primer libro, el titulado HOMBRE, como en VERTIENTES, cuya aparición saludamos hoy, Evelyn de Lezcano nos hace participar en un soliloquio que en realidad es un intenso diálogo con sus obsesiones.
En HOMBRE, el diálogo lo mantiene con una sombra, con un fantasma venido de la memoria y que sólo aporta escenas punzantes y anécdotas agónicas y provocadoras -“costras”, los define ella, “que van puliendo las heridas”-.
En VERTIENTES, por el contrario, el diálogo -a trechos idílico, a trechos amargo, y siempre anhelante, como en los amores difíciles- lo mantiene la autora, no con un espectro del pasado sino con una entidad perennemente viva y omnipresente. Esta imperativa entidad es su paisaje nativo, el complejo universo insular ante el cual ella aparece, en su sugestivo texto, como jueza, víctima y cómplice al mismo tiempo, y al que, de súbito convertida en una vehemente romántica del siglo XXI, le concede el prodigio de ser su interlocutor y confidente. De esta manera, VERTIENTES adquiere la calidad de un poema de amor, de amor en vigilia, a la Arcadia atlántica que es su cercanía, insuficiente como todas las cercanías, pero asimismo su horizonte, promisorio como todos los horizontes.
Al cabo de tanta vida dedicada al oficio de opinar, me atrevo a decir que la manera óptima de “explicar” un poema -en el caso de VERTIENTES se trata de un poema que se despliega por todo un libro- es describir de alguna forma cómo, en tanto que lectores, lo hemos digerido y recreado. Los poemas no se agotan en sí mismos, no se detienen en sus bordes, no se muerden la cola. Los poemas son organismos vivos y expansivos, fragmentos de vida iluminados y en movimiento -“fragmentos a su imán” los definió José Lezama Lima-. Yo los concibo como ascuas que, al penetrar en quien se expone a ellas, se metamorfosean en otras iluminaciones. Esto, naturalmente, sólo lo consiguen los poemas dignos de tal nombre, que son los leales, en primera instancia, a su autor. Como los de Evelyn de Lezcano que he tenido la suerte de descubrir y el placer de comentar.
Manuel Díaz Martínez
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