Poemas en La Isleta

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EL PESCADOR

¿Qué es un hombre sentado
frente al mar?

Pues un hombre
sentado ante ese abismo
no es más que un solitario
ante sí mismo.

Y su único remedio
es olvidar.

BORRASCA

De súbito me quedo
sin palabras:
el ventarrón levanta las arenas
y el mar entra con ímpetu
en las abras
para dejarlas de bramidos llenas.

EL HORIZONTE

Yo no me canso de vivir.
Espero
no cansarme jamás
de no morirme:
de buscar, ver, palpar, dudar,
sentirme
ardiendo mientras odio
y mientras quiero.

Yo prefiero estar vivo
mientras viva
y enteramente muerto
cuando muera:
me horroriza vivir
como el que espera,
y más si he de esperar
cuando no viva.

Acepto el designio
de ser hoy
rico de ayeres,
pobre de futuro.
El mar que veo frente a mí
es oscuro,
pero aún alumbra el día
donde estoy.

RECADO

Tengo un recado para ti,
Teresa.
Se ha puesto viejo
como un pergamino.
…Será mejor decir
que como un vino
que se hubiese añejado
en mi cabeza.

A veces
me sorprende la tristeza
con que ahora,
al final de mi camino,
con esa deuda a cuestas
peregrino
preguntando a mis sombras
por Teresa.

VECINOS

Muestran las olas hoy
la pesadumbre
de un día que se va
y se nos olvida,
y extienden a mis pies
la escasa lumbre
que la tarde abandona
en su partida.

Yo entiendo de las olas
el lenguaje
-¡somos vecinos
hace tantos años!-,
pero hoy no sé qué dicen:
su mensaje
tiene silencios
que me son extraños.

EL CUERPO DEL PEZ

Esa tarde hallé,
náufrago en la playa,
un pez que se moría.

Allá, en la raya
azul del horizonte,
se extendía
de aquella hermosa tarde
la agonía.

Pero el cuerpo del pez,
aún palpitante,
fue todo para mí
en aquel instante.

OLEAJE

Cuando el oleaje es
un caballo blanco
que galopa iracundo
por la orilla,
me asomo al pedregal
que truena y brilla
en el vientre espumoso
del barranco,
y hasta el pretil
donde asombrado miro
cómo el bárbaro oleaje
se desboca,
sube el temblor
de la golpeada roca,
cuya entereza ante la furia
admiro.

MANUEL DÍAZ MARTÍNEZ

(La Isleta, Las Palmas de Gran Canaria, 2014)

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