Entre la realidad y el deseo

Manuel Díaz Martínez
(LA VOZ DE GALICIA, 19/12/2014) La parte más sacrificada y riesgosa de la batalla que, por las libertades en Cuba, libran los demócratas cubanos es la que corresponde a aquéllos que se enfrentan dentro de la isla a la dictadura de los Castro. Ellos son los que ponen los acosados, los presos y los muertos.
Que el Gobierno de Barack Obama haya aceptado normalizar las relaciones diplomáticas con La Habana -primer paso hacia otras presumibles acciones, como el levantamiento del embargo- sin escuchar a la disidencia y sin que el régimen castrista ni siquiera haya esbozado la promesa de iniciar una apertura política y respetar los derechos humanos pone de manifiesto la soledad que, en el plano internacional, rodea a la oposición cubana.
El anuncio, hecho el miércoles por Obama y el general Castro, de la reanudación de las relaciones entre EEUU y Cuba irrumpe en los medios una semana después de que alrededor de 240 activistas fuesen violentamente arrestados en la capital y otras localidades de la isla por la policía política para impedir que conmemoraran, en las calles de su país, el Día Mundial de los Derechos Humanos, establecido por la ONU, organismo al que Cuba pertenece.
Años atrás, los presidentes norteamericanos Carter y Clinton intentaron tirar el muro levantado entre Cuba y EEUU, y Fidel Castro saboteó, de manera brutal, esos esfuerzos. Castro no quería que a su fortaleza amurallada entrara el temido vecino. Además, el embargo era su coartada para culpar al enemigo externo -siempre tan útil para la propaganda- del desastre nacional. El régimen, ahora, ha cambiado de opinión porque se halla en coma económico y su actual proveedora, Venezuela, está al borde del colapso.
Quiero pensar que es positivo que, por las razones que sean, se haya roto la inercia de un conflicto enquistado durante más de medio siglo, del cual los ciudadanos de ambas naciones sólo han obtenido pérdidas y pesares. Considero apresuradas la euforia de unos y la decepción de otros, y, aunque mi experiencia directa con el castrismo me inclina a la cautela, me esperanza que la historia esté otra vez en movimiento. ¿Nos conducirá a una Cuba democrática, o a engendros híbridos como los de China y Viet Nam, o nos dejará varados en el marasmo que ya conocemos?  Es muy pronto para hacer predicciones. Nuestras preguntas las contestará el futuro inmediato, que no es precisamente diáfano.
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