Nuevo aldabonazo por Ángel Santiesteban

Rafael Alcides, La Habana.
Rafael Alcides foto(CUBANET, 10/12/2014) De acuerdo con las leyes del actual gobierno cubano, el escritor Ángel Santiesteban, condenado a cinco años en julio del año pasado y ya con casi dos cumplidos, debería estar en libertad acogido a “la condicional”: amnistía parcial concebida para el sancionado que ha cumplido la tercera parte de su condena. La otra amnistía del régimen es la “licencia extrapenal”. De absoluta invención cubana, esta modalidad del indulto hace las veces de indulto pero no indulta.
Presos condenados a quince, veinte y veinticinco años han sido mandados para su casa un año o dos después de su reclusión. Eso sí, ambas amnistías son parciales, de modo que el antiguo sancionado no está en la cárcel pero puede estarlo de un minuto para el otro si al gobierno le pareciera. Tal vez sea ese miedo la prisión secreta por la que le permutaran la otra, la que deja malparada la imagen del gobierno en los foros donde se habla de derechos humanos y cuesta dinero en alimentos, ropas, custodios.
Pero a Ángel Santiesteban ni lo liberan, ni sus compañeros del gremio se han interesado en conocer la verdad de su caso. Yo mismo, equivocándome, escribí pidiendo clemencia para él cuando lo condenaron. Clemencia, porque escribí de oídas.
Equivocándome otra vez, afirme que Ángel no cumpliría la condena de cinco años que le había sido impuesta. Lógica equivocación en quien confiaba que los compañeros del gremio se movilizarían de inmediato y obtendrían una conmutación de pena o un nuevo juicio donde los abogados, ahora en poder de las garantías procesales que faltaran en el primer juicio, demostrarían la inocencia del laureado narrador y exitoso bloguero nada galante con el gobierno.
No hubo tal movilización y sí hubo, por el contrario, la cólera, el estallido de un poderoso grupo de damas de la UNEAC [Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba] que me atacaron con exquisitez, erudición y diestra saña, de repente investidas de una tan novedosa como sorprendente misión de campeonas de la justa en pro del cese de la violencia contra la mujer. Tan exhaustas, por cierto, tan maltrechas debió dejarlas dicho ataque, que cuando un anochecer, días más tarde, otro miembro del gremio, la actriz disidente Ana Luisa Rubio recibió en plena calle de manos de dirigentes del CDR [Comité de Defensa de la Revolución] de su cuadra una ejemplarizante lección con lesiones de hospital, las valerosas damas de la UNEAC no pudieron salir a defenderla: ni siquiera para una tímida esquelita de protesta donde ni por asomo aparecieran palabras molestas como “esparadrapo”, “mercurocromo”, “puntos”, hallaron aliento (porque inspiración tenían) aquellas formidables campeonas.
Ojo: no lo hacen por malo las damas de la UNEAC (que en lo personal me merecen el mayor respeto), ni tampoco los demás números del gremio, lo hacen porque inmersos en la laboriosa tarea de creación, y por consiguiente sin tiempo para salir a la calle a enterarse de la verdad como hice yo al descubrir mi error al pedir clemencia para Ángel, han cometido el error de tomar en serio las versiones oficiales. Sí, error.
Nunca olvidaré cuando en una asamblea a la que habíamos sido convocados de urgencia para las diez de la mañana en la sala Martínez Villena de la UNEAC, en los días de la Carta de los Diez, sombrío un dirigente de alto copete, sin duda engañado él también, nos leyó una declaración aparecida horas antes en el periódico Granma dando a conocer que la Carta de los Diez había sido redactada por Carlos Alberto Montaner. Por su calibre y términos, según se vería después pero que entonces sobrecogió a la masa, una apresurada declaración nacida del deseo de inutilizar el sorpresivo documento, demostrar más allá de toda duda razonable su carácter de arma contrarrevolucionaria fabricada por poderoso enemigo extranjero, ya que Carlos Alberto venía siendo (sigue siendo) el “coco” imperialista con que aquí se asusta a quien empiece a dudar del socialismo.
Tampoco olvidaré (puesto que fue entonces cuando me di cuenta de que este gobierno no tenía remedio) las palabras de mi amigo el poeta Manuel Díaz Martínez, firmante de la hoy histórica Carta, cuando por la noche fue a casa a desmentir la declaración: “¡Caramba -exclamó Manolo, apiadado de la pobreza de argumentos del actual gobierno cubano cuando de los justos reclamos de la oposición se trata-, hasta nos niegan el talento para escribir una carta.”
Compañeros del gremio, queridos escritores y artistas que durante veinticinco años compartieron con Ángel, que fueron sus amigos, que leyeron sus libros, que le tuvieron leal junto a ustedes en bodas, cumpleaños y velorios, compañeros cuyos nombres ya están en la historia: el día de hoy pasa pero no olvida. Lo que una noche hizo Judas, se recuerda todavía.
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