Vaptzárov y otros recuerdos

Nikola Vaptsarov

Vaptzárov

Cuando me desempeñaba como Primer Secretario y Consejero Cultural de la embajada de Cuba en Sofía -entonces Bulgaria era una de las llamadas Repúblicas Populares del imperio soviético en el Este de Europa-, transité incansablemente por la hermosa geografía de ese país balcánico, dueño de una larguísima historia infeliz y habitado por gente enérgica, cordial y muy trabajadora. Una vez visité Bansko, población tendida al pie de las montañas de Pirin. Era invierno y una gruesa capa de nieve chispeaba bajo el sol y cubría tejados y paisajes. En esa ocasión subí a la montaña con unos amigos búlgaros y por primera vez en mi vida vi lobos: se movían taimadamente entre los ateridos troncos de un bosque cercano, siguiéndonos. Pero a Bansko no fui a ver nieve ni lobos, sino movido por el deseo de conocer el rincón del mundo donde vivió desde niño un hombre que, además de nobleza y coraje, poseía el don de la poesía en tan alto grado, que su único libro, Poemas del motor -título que alude a su empleo de fogonero de barco-, es como una biblia emocional para sus compatriotas. Por supuesto, a los búlgaros no tengo que aclararles que hablo de Nikola Vaptzárov. Hoy hallé entre mis papeles unos viejos apuntes míos sobre este entrañable poeta, fusilado en 1942 por los nazis que ocupaban su país y a los cuales se enfrentó. Junto a los apuntes estaban estos poemas suyos, traducidos no sé por quién:
AL PARTIR
A mi esposa.
Alguna vez vendré cuando tú duermas,
seré la visita que no esperas,
mas no me dejes fuera de tu cuarto,
¡no me cierres tu puerta por las noches!
Entraré despacio, suavemente,
a contemplar tu rostro en las tinieblas,
y cuando mis ojos se llenen de tu imagen,
sólo un beso furtivo y partiré.

LA LUCHA ES CRUEL
La lucha es cruel, es despiadada.
La lucha es épica, se dice.
Yo caí. Otro ocupará mi puesto,
¿por qué elegir sólo mi nombre?
Tras el piquete los gusanos vienen,
así es de simple la lógica en la vida.
Pero en medio del fragor de la tormenta,
y porque te quiero tanto, pueblo mío,
¡volveré a estar contigo, entre tus gentes!
NIKOLA VAPTZÁROV
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