François Wahl

François Wahl
El 15 de septiembre pasado murió en París, con 89 años, François Wahl. En esa ciudad había nacido y en ella me lo presentó Severo Sarduy en 1960, cuando Severo y yo éramos vecinos en la Maison de Cuba de la Cité Universitaire. En aquel tiempo, François era un editor ejecutivo de la muy influyente casa editora Du Seuil y un reconocido filósofo vinculado a los estructuralistas de Tel Quel, la revista que dirigía Philippe Sollers y en la que publicaban Lacan, Barthes, la Kristeva y otras eminencias de aquella élite innovadora, entonces en apogeo, a la que Severo se incorporaría de la mano de su fiel amigo francés.
Mis recuerdos de François Wahl se centran en dos episodios de nuestra amistad: el primero, un viaje que él, Severo, el pintor cubano Héctor Molné y yo hicimos a Chartres, en los jardines de cuya fabulosa catedral paseamos y conversamos una mañana esplendorosa y tuvimos un encuentro inesperado y cordial con Konrad Adenauer, entonces canciller de la República Federal de Alemania, a quien le hice una foto que aún guardo; el segundo, una larga conversación en un café de Las Palmas de Gran Canaria, en compañía del profesor y crítico chileno Osvaldo Rodríguez, en 1998, cuando François vino a una exposición de la pintura de Severo en el Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM).
Ésa fue la última vez que nos vimos. Por supuesto, casi todo el tiempo hablamos de Severo -fallecido hacía cinco años-, el invisible invitado principal en aquella mesa, en la que saltó el asunto de la edición que hice y prologué en 1996 (publicada por la Editorial Verbum) de las cartas que Severo me había enviada a La Habana. François me repitió, quizás con más cariño, lo que me había expresado dos años antes en una misiva que conservo en mi archivo: “Cher Manolo, je dois commencer par des reproches. Il n’est pas permis de publier des lettres sans l’accord de l’auteur ou de ses représentantes: en l’occurence, Mercy(*) et moi; et notre intention n’est pas de le permettre, pour le moment. […] Tout cela dit, le livre m’a touché et sera utile pour toute la période de La Havane et de la Cité Universitaire auprès de ceux -aux USA surtout- qui travaillent sur les débuts de Severo. Et je t’en remercie”. (Querido Manolo, debo comenzar por reproches. No hay permiso de publicar cartas sin la conformidad del autor o de sus representantes, en este caso Mercy y yo, y nuestra intención no es la de permitirlo, por el momento. […] Dicho esto, el libro me ha tocado y será útil, para todo el período de La Habana y de la Ciudad Universitaria, a los que -sobre todo en USA- trabajen sobre los comienzos de Severo. Y yo te lo agradezco.)
(*) Mercedes, la hermana de Severo.
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