Suelta la muleta y el bastón

A finales de los años 20 o comienzos de los 30 del siglo pasado, desembarcó en La Habana un controvertido médico vasco llamado Fernando Asuero, a quien entonces los periódicos españoles dedicaban páginas. Este galeno de San Sebastián llevó a Cuba una prodigiosa terapia de su invención: con sólo estimular el nervio trigémino, tocándolo con una varilla metálica, conseguía devolver el movimiento a los paralíticos. Según las crónicas, el doctor Asuero abandonó la isla, dejando allí una ilusionada y espesa clientela, cuando la Academia de Ciencias de Cuba dictaminó que era un charlatán. Mi tesis es que hizo las maletas cuando oyó este son de Miguel Matamoros.

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