Nota al pie

AsteriscoEn España, azotada por la corrupción -la de sus tribus políticas en primer término-, es comprensible que predicadores de labia milagrera estén capitalizando la frustración y la ira de los ciudadanos, y que éstos, por desesperación, fatiga o ingenuidad -o por un cóctel de tales elementos-, los estén apoderando. La Historia muestra que este fenómeno es recurrente. En nuestros días contemplamos dos ejemplos clásicos: la Cuba de Castro y la Venezuela de Chávez. Casos demostrativos de que los países donde este fenómeno acontece salen del Purgatorio para entrar en el Infierno. Al Paraíso no se arriba jamás porque, al menos en la Tierra, no existe, nadie lo ha visto, por más que la mitología comunista se empeñara en que admitiésemos que resplandecía en la URSS y sus satélites. Lo que sí existe en nuestro planeta -de ello hay experiencias atendibles- es la posibilidad de cuidar la democracia para que no deje de ser, mientras no aparezca algo realmente mejor, la más soportable de las frustraciones políticas a las que nos ha conducido la condición humana.
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