Homenaje a Ángel Crespo en Cádiz

Angel Crespo afiche

LA REVISTA “CAMPO DE AGRAMANTE” RINDE HOMENAJE A ÁNGEL CRESPO

Jesús Fernández Palacios, Cádiz.

Jesús Fdez PalaciosLas revistas literarias han ocupado desde principios del siglo XX, coincidiendo con lo que se ha llamado “Edad de Plata” de la historia literaria española, un lugar de privilegio en los mejores años de este periodo. Sin algunas de estas revistas resultaría imposible escribir la historia literaria de buena parte del siglo XX hasta la Guerra Civil, tras cuyo dramático paréntesis, fueron muchas veces estas publicaciones las que sirvieron de enlace entre los escritores del exilio exterior e interior.

Recordemos en esa larga etapa que va desde 1919 a 1975, una serie de revistas emblemáticas que han quedado grabadas en la mejor historia de nuestra literatura. En las primeras vanguardias, entre 1919 y 1925, las revistas Grecia, Ultra y Horizonte, entre otras. En la llamada Edad de Oro de las revistas, en la década de 1926 a 1936, citaremos como ejemplos a: Revista de Occidente, Mediodía, Litoral, Carmen, Verso y Prosa, Gallo, Héroe, Isla y Caballo verde para la poesía. En los tres años de la guerra: Ardor, El mono azul y Hora de España. En la inmediata posguerra: Corcel, Espadaña, Escorial, Garcilaso, Postismo y La cerbatana. Luego, entre 1947 y 1959: La Isla de los ratones, Alcaraván, El pájaro de paja, Laye, Platero, La Calandria, Revista española, Acento, Ínsula y Cántico. Y en el último periodo de la dictadura, entre 1960 y 1975: La caña gris, Tragaluz, La mano en el cajón, Trece de nieve, Peña Labra, Marejada (en la que estuve implicado, con más pena que gloria), Antorcha de paja y La ilustración poética española e iberoamericana, algunas efímeras y otras que perduraron en su tiempo a pesar de las dificultades.

A partir de 1975, tras la muerte del dictador y la restauración de la democracia, rara fue la autonomía y hasta la provincia española que no tuvo su propia revista literaria. Para bien y también para mal, porque no todas fueron buenas y muchas de ellas no trascendieron del ámbito local. Algunas de esas revistas aún sobreviven a pesar de esta crisis económica que tantas cosas se está llevando por delante. Citemos en el largo periodo democrático algunas tan llamativas como Poesía, Renacimiento, Cuadernos del Norte, Quimera, RevistAtlántica de Poesía, Encuentros, Turia, Barcarola, Paraíso, la nueva época de Litoral, El maquinista de la Generación, Olvidos de Granada y un notable etcétera hasta llegar a Campo de Agramante que, como es lógico, se siente responsablemente heredera de esa magnífica tradición de revistas españolas.

Más allá de ditirambos al estilo Guillermo de Torre, que dijo: “en el principio fue la Revista”, o de descalificaciones al estilo Cernuda, que afirmó con su característico talante: “las revistas no son sino reductos de polizontes literarios” (y eso que tanto La caña gris como Cántico le dedicaron sendos números históricos); más allá de ambas posiciones tan radicales, las revistas literarias -hay que decirlo bien alto- resultan indispensables para obtener una visión realista del panorama creativo tal como éste va surgiendo y perfilándose en cada época, antes de que las instancias culturales (crítica, editoriales, premios e historiografía literaria) vayan acotando el campo con vistas a la determinación de cánones más o menos objetivos y perdurables.

Junto a esto, también debo rememorar unas acertadas e inquietantes palabras de dos reconocidos críticos españoles en la revista Quimera: Fernando Valls, que la dirigió con éxito durante varios años, y Domingo Ródenas, que acaba de publicar con Jordi Gracia una monumental Historia de la Literatura Española (1939-2010). Ambos reconocieron que “el revés de la historia literaria son las revistas. Y también son su cuneta, su campo de pruebas y su derrumbadero. A ellas van a parar los primeros tanteos y en ellas quedan fosilizados los fogonazos deslumbrantes y los traspiés ruidosos, las corrientes estéticas y las disidencias inmemorables, y en ellas se amontonan los nombres de quienes habían de prosperar y de aquellos que se tragó el olvido”.

Y ahora hablemos de la revista Campo de Agramante, cuyo reciente número 19, en homenaje al escritor Ángel Crespo (Ciudad Real, 1926-Barcelona, 1995) vamos a presentar en la Fundación Carlos Edmundo de Ory, en Cádiz; porque precisamente Ory y Crespo fueron compañeros de aventuras literarias durante los años de la posguerra y amigos en la vida. Una amistad que se hizo distante cuando Carlos se marchó a Francia y luego dos años a Perú, mientras Ángel se fue a vivir durante más de veinte años a Puerto Rico. Al regreso de ambos el reencuentro fue emocionante y de eso sabe mucho más que yo Pilar Gómez Bedate (viuda de Ángel Crespo) como testigo de ese momento en que los antiguos amigos se pudieron abrazar de nuevo. Un poema de Carlos Edmundo de Ory, “El amigo muerto”, que escribió en 1996, pocos meses después de la muerte de Ángel, da testimonio amoroso de esa amistad.

EL AMIGO MUERTO

Ángel te has ido antes que yo de aquí
la tierra que nos viera en un recodo
del río de la vida y de algún modo
de la ruta común larga de sí

Y yo que por desgracia te perdí
me estoy quedando con el llanto todo
mientras te hablo en verso que es el modo
mejor que alcanzo para hablarte a ti

Para decirte que te necesito
más fuerte que un suspiro tengo un grito
que hará reír a un muerto: ¡Ven, te llamo!

Y oye también las dos palabras mías
las solas que me bastan estos días
en mis labios sonando y son: te amo

Carlos Edmundo de Ory
(Thézy-Glimont, Francia. 25.9.1996)

Y ahora, hablemos un poco de Campo de Agramante que nació en el verano de 2001 con la frescura evocadora de una emblemática novela que enriquece la prestigiosa bibliografía del escritor José Manuel Caballero Bonald, quien por legítimas razones es titular de la Fundación que lleva su nombre y que, desde Jerez de la Frontera, alienta y patrocina esta revista. Una publicación dedicada al estudio y divulgación de la denominada “literatura del medio siglo”, a cuyo ámbito generacional pertenece el propio Caballero Bonald junto a otros nombres tan destacados como José Ángel Valente, Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo, Ángel González, Francisco Brines o Claudio Rodríguez, a los que ya hemos dedicado jugosas páginas en Campo de Agramante y, en los casos de Barral, Claudio y Valente, interesantes monográficos en la línea y con el mismo propósito del que ahora dedicamos a Ángel Crespo, de cuya adscripción a la llamada “literatura del medio siglo” no cabe la menor duda, a pesar de que algunos antólogos lo hayan excluido injustamente.

La revista Campo de Agramante cumple desde hace diez años con otro de los objetivos fundamentales de la Fundación: disponer de un órgano de expresión y comunicación escrita en el que se atienden con equilibrio los distintos géneros literarios y todos los temas relacionados con la literatura, como pueden ser las artes plásticas, la música o el cine. En los diecinueve números publicados hasta el momento, con más de 3.000 páginas cuidadosamente diseñadas, se encuentran recogidos lúcidos ensayos, artículos y entrevistas, epistolarios recuperados de escritores indispensables, obras poéticas y narrativas inéditas, fragmentos de diarios, numerosas reseñas críticas y un variado muestrario de ilustraciones de reconocidos pintores. La lista de colaboradores además de ilustre sería fatigosa de enumerar aquí y ahora. Sólo añadiremos para acabar que en el reciente número 19, ilustrado por el pintor Fernando Navarro y felizmente dedicado a nuestro querido Ángel Crespo, colaboraron con interesantes textos José Manuel Caballero Bonald, Antonio Colinas, Jordi Ardanuy, Ignacio García Crespo, Juan Antonio Masoliver Ródenas, Soledad González Ródenas, Clara Janés, Jaume Pont, Pilar Gómez Bedate (viuda de Ángel Crespo), Caterina Isoldi, Gareth Walters y José María Balcells, que fueron y lo siguen siendo amigos, buenos lectores, seguidores y especialistas en Ángel Crespo y en su prolífica Obra, con mayúscula, que abarca por igual la poesía, el ensayo y la traducción, en cuyos géneros destacó de manera sobresaliente.

[Jesús Fernández Palacios es director de la revista Campo de Agramante.]

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