Relato sobre un país en pedazos

Recomiendo la lectura de este artículo, especialmente a quienes viven en España, donde 1.200.000 ciudadanos acaban de votar en las elecciones europeas a un partido recién creado, Podemos, dirigido por intelectuales chavistas convictos y confesos, colaboradores de Nicolás Maduro. Esos votos han hecho posible el contrasentido de que cinco de estos demagogos de extrema izquierda, apologistas de las ruinosas dictaduras venezolana y cubana, ocupen escaños en el Parlamento Europeo. MDM

Teódulo López Meléndez, Caracas

TeóduloUna nación en decadencia presenta síntomas obvios. Desde los crímenes que sacuden a la sociedad hasta la cotidianeidad oprobiosa, desde el ejercicio violento del hampa hasta la escasez de calidad de vida. En todos los ángulos tenemos ejemplos, desde la muerte de una estudiante de medicina por motivos fútiles hasta un niño disparándole a otro, desde un innegable repunte del hampa que mata por un teléfono móvil hasta los rostros deteriorados en largas colas para conseguir algo que comer.

El país está resquebrajado. No hay alimentos ni medicinas, no hay asistencia mínima en los centros hospitalarios ni la menor seguridad en las calles. Peor aún, desde el poder se habla un lenguaje demencial que ordena publicar vídeos donde supuestamente se incendia viva a una persona discapacitada o que promete, en recuerdo al caudillo, que en pocos años seremos una potencia. O que hace una petición a UNASUR solicitando se condenen sanciones al país que no son tales sino a miembros del régimen para encontrarnos que el organismo sudamericano acuerda condenar lo inexistente.

Sólo en un país decadente un régimen se puede permitir hablar desde una dislocación total. Sólo en un país desordenado los agentes políticos se pueden permitir llenar de sandeces las redes sociales. Sólo en un país donde el lenguaje se ha descaracterizado se pueden oír los lugares comunes como suprema oferta política y mostrar la desvergüenza como alta tribuna.

Este es un país con una economía hecha pedazos, con un Estado que debe a sus proveedores externos una suma superior a los 14 mil millones de dólares y que no puede pagar porque dilapidó los recursos, lo que demuestra que no habrá normalización del abastecimiento, sino puntuales arribos que pondrán a la gente a seguir corriendo hacia una cola. Destruido el aparato productivo, sin insumos primarios, con dementes que alegan que las líneas aéreas se marchan debido a que enrumban sus aviones hacia el mundial de fútbol de Brasil, mientras desde el poder enloquecido se insiste en el camino equivocado.

El país está desvencijado con apenas muestras de lucha y lucidez entre sectores juveniles, aunque evidentemente interferidos, algunos de ellos, por la partidocracia, pues de otra manera no se pueden entender algunos planteamientos como la solicitud de una Asamblea Constituyente, sustituyente de la protesta, o un reclamo para que los factores enmudecidos que se revuelcan en un diálogo inexistente asuman a plenitud el liderazgo de algo que no sea de ellos mismos y de sus propios intereses.

El continente da pena. Un gobierno norteamericano presa de sus dudas y complejos, una Sudamérica enterrados sus gobiernos en el lenguaje y en la práctica decimonónicos, una OEA abandonada como trasto inservible, unos gobiernos envejecidos que se alimentan de falsa astucia. En la soledad este país se hunde en sus deposiciones.

Los países no tienen fondo, pueden caer y caer hasta el punto de que uno de los detestables niveles anteriores parezca ante el nuevo como un período soportable. Cada día será peor. Vuelve la pregunta de si los pueblos piensan con el estómago, como reza ese aserto repetido hasta el cansancio, y entonces uno mide los indicadores económicos, los índices de inflación, el deterioro del salario real, la devaluación de la moneda y el porcentaje de escasez, y concluye desconocer los tiempos de este que ya no es más que pedazos.

Un observador puede prever las más serias consecuencias políticas inclusive sin olvidar las condiciones externas de un mundo al garete y en pésimas manos. Un hombre de pensamiento llama a regenerar tejidos, a formar piel nueva, a tapar los boquetes que esta desidia e ineptitud han horadado en el cuerpo de la república. Para ello hay que apelar a las ideas y a la decisión. Si seguimos en este ritmo que nos han impuesto los fatídicos actores de esta degeneración de la política ya no habrá nada a reconstruir. Hay que romper el juego perverso, mediante la insurgencia de quienes reclamen el liderazgo y lo arrebaten de las manos impúdicas a estos actores de vaudeville.

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