El Granero

Poesía Cubana antología

Hace poco más de un mes estuve en Cádiz y en esa ciudad que tanto amo encontré, en una librería que yo frecuentaba cuando vivía allí, un ejemplar de la edición facsímil que Renacimiento hizo en Sevilla, en 2008, de un libro aparecido en La Habana en 1937, publicado por la Institución Hispanocubana de Cultura -de la cual era presidente el sabio habanero Fernando Ortiz-. Este libro ha devenido una curiosidad histórica: La Poesía Cubana en 1936, más conocido, entre los intelectuales de la isla, por el sobrenombre de El Granero. Así lo definió Juan Ramón Jiménez porque no lo consideraba una antología, sino un acopio de textos representativos de la diversidad de tendencias que mostraba la poesía cubana de entonces. (Era el momento en que él y Zenobia estrenaban su exilio habanero.)

El 14 de febrero de 1936 se efectuó una gran lectura colectiva de poemas en el Campoamor, de La Habana. (Este hermoso teatro, abandonado durante años, se desplomó recientemente, provocando la muerte de un okupa). En una gacetilla publicada por aquellos días en la Revista Hispánica Moderna se informa de que “El día 14 de febrero se celebró en La Habana una fiesta poética bajo los auspicios de Juan Ramón Jiménez y la Institución Hispanocubana de Culura en la cual se leyeron poemas de varios autores cubanos y de habla española residentes en Cuba, seleccionados en un concurso previamente convocado. Formaron la Junta del certamen Juan Ramón Jiménez, José María Chacón y Calvo y Camila Henríquez Ureña. Todas las poesías leídas y otras elegidas por dicha Junta aparecerán en el florilegio La poesía cubana en 1936, que será publicado por la Institución patrocinadora del acto”. El libro, impreso en los talleres capitalinos de P. Fernández y Cía., lleva prólogo y apéndice de su promotor, Juan Ramón Jiménez, y un comentario final de Chacón y Calvo -fundador, con Ortiz, y luego director de la Academia Cubana de la Lengua-. Renacimiento ha añadido en su reedición un útil introito informativo de Javier Fornieles Ten.

En este granero se entremezclan semillas vanas, semillas prometedoras que se malograron, o no dieron todo lo que de ellas se esperaba, y semillas que se convirtieron en algunos de los árboles más altos del bosque, sin duda lozano, que es la poesía cubana del siglo XX. Entre éstos figuran Agustín Acosta, Eugenio Florit, José Lezama Lima, Emilio Ballagas, Mariano Brull, Nicolás Guillén, Dulce María Loynaz, Manuel Navarro Luna, Regino Pedroso, Virgilio Piñera y José Zacarías Tallet.

En su hermosísimo prólogo, calificado de “sapiente” por don Fernando Ortiz, un Juan Ramón recién llegado a Cuba, y sorprendido por el panorama poético insular, dice: “Es evidente, y yo que lo había entrevisto de lejos, lo he visto ahora de cerca, que Cuba empieza a tocar lo universal (es decir, lo íntimo) en poesía, porque lo busca o lo siente, por los caminos ciertos y con plenitud, desde sí misma; porque, fuera del tópico españolista, que era lo que podía sentir, lejos, de España, busca en su bella nacionalidad terrestre, marina y celeste su internacionalidad verdadera”.

Antología 1936

 

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