Camaradas

Gabo y FidelEl 1 de enero de 1999, Gabriel García Márquez y José Saramago asistieron, invitados por Fidel Castro, al acto principal de los festejos oficiales por el cuadragésimo aniversario de la tiranía, celebrado en Santiago de Cuba. En aquel acto, en el cual compartieron la tribuna con Castro, ambos portadores del Nobel escenificaron un reñido torneo de ditirambos dedicados al dictador. El torneo lo ganó Saramago, pero estuvo a punto de perderlo cuando García Márquez dijo que Castro “es un gran escritor”. La bufonada me hizo recordar que a Jorge Luis Borges -el inmenso Borges-, por cubrir de ditirambos a otro dictador, los académicos suecos le negaron el premio que concedieron al colombiano y al portugués.

Repugna y deprime la sumisión cortesana de García Márquez a un megalómano siniestro como Fidel Castro, a quien sirvió hasta el último momento sin importarle crímenes ni ruinas. Quien es amigo de un tirano es inevitablemente enemigo del pueblo que éste tiraniza, y no redime su culpa logrando que el Patriarca le quite la bota de encima a algún crítico que lo incordia. García Márquez tendió sus brazos protectores a varios intelectuales cubanos perseguidos por Castro, pero habría sido mucho mejor que nos hubiera ayudado a transformar en una democracia el Macondo con presos políticos que nos legó su amigo.

Por lo demás, lamento que Gabriel García Márquez haya cerrado para siempre su taller de fabulador.

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