Entrevista en El Correo de Andalucía

NOCTURNIDAD POÉTICA

El Festival Iberoamericano de Poesía de Cádiz ofreció el pasado 21 de marzo el recital “Poesía y disidencia”, a cargo de los poetas cubanos Manuel Díaz Martínez y José Pérez Olivares. Este último ha sido recientemente galardonado con el IV Premio Iberoamericano de Poesía Hermanos Machado.

Pérez Olivares y Díaz Martínez en Cádiz.

Pérez Olivares y Díaz Martínez en Cádiz.

Emilio J. Gallardo Saborido/Jesús Gómez de Tejada
EL CORREO DE ANDALUCÍA (Suplemento Cultural ALADAR) 2/4/2014.

Desde hace ya algunos años, contamos en España (como residentes y nacionalizados) con dos de las voces poéticas más potentes y portentosas de la poesía cubana contemporánea: Manuel Díaz Martínez (Santa Clara, 1936) y José Pérez Olivares (Santiago de Cuba, 1949). Conversamos con ellos a raíz del atractivo Festival Iberoamericano de Poesía, que ha tenido lugar en Cádiz durante los días 20-22 de marzo, y junto al rumor tutelar de la noche del Atlántico.

¿Qué ha supuesto para vosotros esta nueva patria de acogida?

MD: Para mí ha sido, francamente, eso mismo que acabas de decir: una nueva patria. Cádiz fue mi primer contacto con España como exiliado. La vida de mi mujer y la mía en este país no puede decirse que hayan sido azarosas. Conozco historias de los primeros años de acomodamiento de muchos exiliados cubanos en España o en otros países que son verdaderamente siniestras. Nosotros tuvimos suerte. Ha sido una experiencia incluso enriquecedora, a pesar de los problemas. Uno en el exilio se incorpora a nuevas realidades, nuevas experiencias; son vidas, también son vidas.

JP: Prefiero emplear el término “nacionalidad”. Llevo 11 años viviendo en España. Adquirir una nueva nacionalidad supone una especie de aprendizaje que me ha obligado a asimilar mi condición de emigrante desde otro ángulo. Tengo que sobreponer la nueva condición a todo lo vivido y eso supone un proceso de adaptación.

La soledad es parte de la condición del emigrante y del poeta. En ese sentido, ¿qué pensáis de la poesía como diálogo con vosotros mismos y con los otros?

MD: El poeta cuando escribe está estableciendo un diálogo, que empieza consigo mismo y termina abriéndose hacia los demás. El poeta está hecho, entre otras cosas, de otros poetas, de otros hombres, de otros diálogos. En definitiva, la escritura de un poema presupone un deseo de comunicación, no sólo de catarsis. Aunque existe una voluntad de belleza, creo que lo fundamental es la voluntad de ser libre, de expresarse con absoluta franqueza, buscando el diálogo con el lector, que es quien lo termina cuando lo lee. El lector es el coautor de todos los poemas.

JP: En mi caso, escribo para mí. La necesidad de escribir me obliga ante todo a desprenderme de ese texto que está ahí exigiéndome que le preste atención. Escribir no significa hacerlo exclusivamente para uno mismo, sino desde uno. Si el texto no satisface al autor, es muy difícil que llegue a los demás. El poema, una vez que sale de la mano del escritor, se hace independiente.

MD: Soy de los que piensan que un texto es más rico cuanto más lecturas provoque.

JP: Exacto.

¿La poesía actúa entonces como un bálsamo sanador ante el futuro?

MD: Me gustaría que fuera así porque sería una acción positiva en relación con las necesidades del hombre de tener fe en que su vida puede ser mejor, en que este mundo será más habitable en algún momento. Si un poema provoca esa esperanza, esa nueva perspectiva más halagadora de estar en el mundo, debe ser siempre muy bienvenido y saludado.

JP: Creo que el poeta y el hombre son un poco diferentes. Como hombre cotidiano soy más pesimista, sin embargo como poeta mi visión se alarga. Es como cuando un coche cambia de luces cortas a largas. Siento un gran respeto por el hecho de escribir. Creo en la inspiración. Hay un momento clave en el que uno conecta con esa inspiración y aparece la luz del texto poético realizado. Eso no ocurre todos los días. Cuando se asume la conciencia del escritor, se entra en otra dimensión.

MD: Escribir un poema, pintar un cuadro, componer una sinfonía son actos trascedentes. No es como hacer cualquier otra tarea manual. Son actos trascendentes que van buscando una conexión con el espíritu del receptor. Los artistas en general nos planteamos la creación así. En caso contrario, en lugar de creación, estaríamos hablando de artesanía.

JP: Es imposible ser poeta las veinticuatro horas. Uno tiene sus momentos de iluminación, momentos en los que el ritual poético se puede llevar a cabo. Si ese ritual se convierte en un hecho demasiado cotidiano, pierde significado. Por eso digo que creo en la inspiración, que es la que hace que el hombre cotidiano se transforme inmediatamente en el poeta y pueda entonces iluminar esa zona de la palabra que es la que usamos todos los días. Todo hecho creador no puede ser eterno, tiene su momento.

Manuel, en uno de sus versos contradice a Bécquer cuando afirma que sin poeta no hay poesía.

MD: Efectivamente. La poesía en definitiva es una creación humana. No está en la naturaleza. Esta te ofrece su espectáculo grandioso, que puede ser muy estimulante y muy terrorífico, pero es el hombre quien, con esos elementos, hace el arte. Cuando hablo de la naturaleza, me refiero también a la sociedad. Si el mundo no contara con la mirada del hombre, sería como si no existiera. No habría conciencia de él. La conciencia es el hombre y la palabra la hemos inventado nosotros para poder expresar esa conciencia.

La conversación, animada, aún se extiende por un buen rato más. Las cercanas olas y las reflexiones de estos dos viejos amigos baten insistentemente en nuestros oídos recordándonos que estamos hechos de palabras y tiempo.

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