Bolívar vive y no es chavista

Bolívar afiche

PARQUE BOLÍVAR, 1959

¡Qué padre solitario en ecuestre
salto inmarchitable
en el centro de Caracas!
(Los árboles,
como siluetas de piedra,
custodian el silencioso brío de la tarde.)

Yo he llegado lentamente,
al socaire de la historia,
sobrecogido en mis pasos,
tanteando la inmensidad del saludo,
y he visto el bronce alado
–la tarde coronando su dignidad,
la historia barbullando
al abrigo del silencio–,
y he sentido en el hombro
el toquecillo irónico de la pequeñez
frente al brote duro del Libertador,
y en mi pecho ha saltado
la palabra de aquel viajero que llegó a Caracas
y saludó al héroe de bronce
sin sacudirse el polvo del camino.

Yo no he caminado aún,
pero quiero hacerlo como tú,
padre que saltas hacia el cielo
en medio de la soledad
deslumbrante y verde de Caracas.

Cuando me llevaron a ver la estatua de Bolívar, en Caracas, yo tenía veintitrés años y estaba en Venezuela de paso hacia Europa. Este poema comencé a escribirlo allí, en Caracas, y lo terminé en el barco. Está en mi libro Los caminos (La Habana, 1962). Hoy lo escribiría de otra manera, pero diciendo lo mismo. MDM

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